2017-ENTREVISTA-LA CRÍTICA DE ARTE-POR EDUARDO VIERA

EDUARDO VIERA
ALFONSO DE LA TORRE, Entrevista en torno a la crítica de arte
28/IV/2017

 

  1. ¿Cómo es el día a día de un comisario y crítico de fotografía?

Trabajo. Podría ser la respuesta corta.

A lo que habría que añadir una cierta capacidad para un encuentro multidisciplinar (y hasta vital) con el objeto artístico: el estudio, la lectura, la visita a exposiciones, el encuentro con artistas. Una vida para el arte, podríamos concluir. Siendo también fundamental el conocimiento de la piel del mundo, especialmente en nuestro tiempo de abundancia de imágenes que titilan, he escrito, impenitentes en el mundo.   Sólo un bagaje heterodoxo y complejo, documentado y desinhibido, permitirá acercarse a la fotografía de nuestro tiempo.

 

  1. ¿Qué tiene que tener un comisario?, y por otra parte, ¿un crítico?

Creo que nuestro trabajo es fundamental, y preciso de reivindicar, frente a una cierta abulia del conocimiento, y proclamas que a veces refieren la posibilidad de colgar objetos de arte sin establecer ideas.     Un comisario puede poner luz, ya se dijo antes, sobre lugares o personas, períodos históricos, caminos desviados, a los que la historia, a veces injusta, ha oscurecido.   Inclusive a grandes artistas, que padecen el corta-y-pega de los trayectos consabidos.   Peor en ocasiones, la rutinaria exposición del artista conocido, que la búsqueda de nombres poco transitados.   Crear ideas, promover -a veces incluso a través de una cierta provocación argumental- la búsqueda del conocimiento, ofrecer el rigor como una forma de acercamiento a la obra de arte.   Y que la poesía amenace el historicismo.   Reflexionar sobre al arte es acercarme también, permítaseme, al conocimiento de lo desconocido que hay en mí (G. W. Russell).

  1. En España son muy pocas las publicaciones sobre fotografía en los diarios generalistas, ¿cree que restan valor a ésta frente a otros ámbitos de la cultura?

No lo creo.   Los diarios generalistas no atienden demasiado a la cultura, en general.

Mas no ha de haber problema: los creadores, y quienes les analizamos, somos gente resistente. Crear es un acto de resistencia. El artista es un forastero, decía Herbert Read. Piglia escribía que el artista, el creador, semeja a veces el delincuente: gusta de la oscuridad y el silencio.   En todo tiempo el arte, felizmente, ha sido un consuelo frente al pensamiento único. El contacto con la creación nos libera de la frecuente estulticia del mundo.

 

  1. Se habla mucho de la desaparición de la fotografía tal y como la conocemos por la expansión de internet y los nuevos dispositivos digitales, ¿cree que llegará a existir un futuro sin imágenes en papel o usted le augura un futuro mejor?

Coincidió que, en estos días, leía a Duchamp y acabé pensando que mucha de la fotografía contemporánea tiene algo de duchampiano pues hay u cierto elogio de lo no-retiniano, planteándose un verdadero reto sobre el mundo de las apariencias y su fatua consideración de “realidad”.   En ese sentido, el verdadero creador, también hoy, esquiva la promiscuidad de imágenes de nuestro tiempo. Precisamente es tal realidad la que los artistas visuales, la fotografía, decide plantear desde un personal punto de vista, y el mundo que nos rodea, la realidad ordinaria, deviene un espacio en suspensión. Magia de las apariencias, belleza extraída de la nada que, junto a nosotros, desapercibida pasa, podríamos señalar también que mucha de la fotografía de nuestro tiempo no es, sensu estricto, fotografía, sino fuegos del pensar al aplicarse el pensamiento, la inteligencia por tanto, a las imágenes. En este punto sería bueno citar algo que es sabido, el riesgo que comporta tal decisión por escoger imágenes cuya singularidad es, precisamente, la obligatoriedad de reflexionar, cada sujeto contemplador, sobre qué sea ese misterio que son las imágenes.   Tal reflexión plantea así un mundo nuevo, universo de imágenes y espacios de aire difuso, como suspendidos en un sueño, visión no exenta de zozobra al plantear el engaño que sea la realidad y su supuesta claridad.

 

  1. ¿Qué consejo o pautas daría a un futuro crítico o crítica de fotografía?

Que observe cómo la historia del arte ha sido un continuo relato preguntando sobre la representación, la construcción de las imágenes (las apariencias), deviniendo el propio relato, su construcción, historia del arte. Por cierto, no siendo, exactamente, tal escribimos antes una narración de la claridad revelada sino que más bien aquella ha venido siendo frecuentada por una especial cofradía de artistas que hicieron de la inquietud de las imágenes objeto de su quehacer (polvo y niebla, informa o mundos inciertos, temblor y deformidad, conmoción o suspensión de las imágenes, fragmento o mirada intensa).   Claro, la forma de mirar sobre el mundo ha de ser autoexigente y despojada, radical, sin complacencias: será la forma de tentar el acceso a aquella verdad. Esa puede ser la proclama necesaria: el deseo de tentar más allá de las apariencias. Los grandes artistas visuales cuyas imágenes han sido conservadas en los gabinetes de los museos, son aquellos que han establecido una conexión particular, una relación distinta con seres y espacios del tiempo en que vivieron.   Este es nuestro tiempo, un tiempo colapsado por la estulticia de la profusión de las imágenes, y los críticos nos encontramos con el vértigo del abuso de estas asolando sus días, que hemos inmediatamente de apartar para pasar a concentrarnos en la tarea. Antes que elevar las certezas en el territorio creativo, es preciso analizar la creación como un espacio extenso de preguntas, un álbum de hermosa extrañeza

 

  1. Como crítico, ¿qué debe tener una fotografía para ser considerada buena?

Que plantee, antes que evidencias, la incertitud del espacio entorno, promoviendo entonces una cierta suspensión de la realidad. A los artistas, en el pasado ocupados de mostrar la supuesta apariencia objetiva de las cosas, toca ahora la ardua tarea de mencionar una existencia otra, invisible existir convertido en una suerte de rescoldo que perduraría escondido entre el mundo de las formas, sublimación del mundo de lo sensible o realidad que, fingiendo o con el aire indolente de lo desapercibido o tocado por la aparente inocencia, se esfumaría como agua entre los dedos convirtiéndose así en otra realidad no visible.

 

  1. ¿Es España un país en el que la fotografía toma relevancia o está a la cola frente a otros países europeos?

Personalmente opino que uno de los grandes dramas de las artes plásticas contemporáneas españolas, y por ende la fotografía, es su escasa difusión.   Tanto en el interior (véanse los programas culturales (in)existentes en la televisión o la ausencia de atención a las artes en numerosos medios escritos) como, aún peor, hacia el mundo internacional.   Este último asunto es, casi una ‘lacra’ de nuestra cultura plástica cuyo origen, muy posiblemente, esté en la escasa atención que, históricamente, el Estado ha prestado al arte contemporáneo desde el siglo XX.   Hasta hace tres décadas no tuvimos museos de arte contemporáneo (MNCARS, 1992).

               Nuestra frecuente ausencia de foros internacionales, no esquiva, siempre ha sido así, la presencia de grandes creadores en el ámbito fotográfico. Lamentable pero cierto.   La cultura plástica española ha sido un territorio de rupturas y fragmentos. Así seguimos.