JOSÉ LUIS SERZO: SUBLIME VIOLENCIA

JOSÉ LUIS SERZO: SUBLIME VIOLENCIA

Texto publicado en el catálogo
JOSÉ LUIS SERZO. LAS TENTACIONES DE COURBET
Miengo: Sala Robayera, 2022.

 

JOSÉ LUIS SERZO: SUBLIME VIOLENCIA
[REFLEXIONES SOBRE EL CASO DE GUSTAVE SERZO]

 

¿Por qué no iba a ser la pintura una farsa si la vida también lo es?

Cuando la glotonería por vivir y la imposibilidad de hacerlo se encuentran, el conflicto sólo puede resolverse con violencia. El arte es esa violencia.
Pierre Michon

 

donde reina el deshacimiento eterno
Maurice Blanchot.

 

Ejerciente de un pensamiento extremo y libre, agente provocador él también, como un pintor liberado capaz de mostrarse ignorante de la posible bondad de un porvenir.  En tal renunciar a sí mismo semejare que la historia del artista José Luis Serzo (Albacete, 1977) sucede ajena a esta verdad, como la expresión de un don extraordinario que portase este pintor trágico capaz de escoger la acongojante dicha de la errancia en el afuera.  Salvaje crece la flor de su cólera[1], ejerciendo la pintura como una experiencia límite, en la tensión sin descanso, interrumpiéndose para escucharse.

Sí, donde habite el exceso, pensé contemplando el habla plural de este conjunto de creaciones de Serzo pobladas por las extrañas sacudidas del ser de Courbet[2], “el pintor más vigoroso del siglo XIX”, leí en un libro de Marcel Zahar[3]hasta ahora durmiente en el anaquel, quien también subrayaba la “violencia inigualada”[4]del ornanés.    El temor, el deseo, el placer y la culpa, el exceso mencionado, serán objetos declarados de la reflexión de Serzo, un pintor pensante y carnal, al cabo la pintura es el ejercicio supremo de la encarnación capaz de convertir el vacío que habita en estos nuestros cuerpos en objeto del deseo, por eso, como pintor de pieles se definirá, refiriéndose a ese compartir pieles de cuerpos y velos, lonas, telones o alfombras.

Capaz de convertir el espacio expositivo en un estado de alerta, pues pinturas, dibujos, esculturas o assemblages, casi site specific[5], o ciertas ordenaciones de sus dibujos en el lugar que funcionan como intervenciones espaciales[6], le permiten a Serzo establecer esa conversación infinita con Courbet[7], ars memorandi en una compleja narración que siendo de otro es suya, como una relación de invocación, tal un oleaje crepuscular.   Algo no extraño en un artista a quien, además de courbetiano, uno ve también como otro entrañable hijo de Goya, otro pintor a lo Millares rabioso[8].   Es Gustave Serzo artista habituado a la heteronimia, al transmutamiento en personajes diversos, a las “identidades fingidas”[9], a las historias de un continuo renacer[10].  En esa incesante reciprocidad queda convertido en una figura psíquica, dirá, como quien hubiese vislumbrado la posibilidad de viajar entre los pliegues del tiempo en una alfombra mágica que, deslizada a veces entre paisajes infernales, le permite aflorar “indefectiblemente aquí y allá, con distintos ropajes, en las sucesivas generaciones”[11].   Hermético, cabalista, alquimista, baudeleriano[12], obscuro o misterioso, tal da, borradura de sí mismo, un artista en un trance permanente en donde lo resultante muda a un habla que, siendo propio, invoca a otros, como una dramaturgia a dos voces.  Ejerciente también del desvío, la extrañeza y tentativa en el abismo, pues pintar y errar se encuentran aquí como la manifestación de quien gozoso no cejase en poner lo oscuro de los cuerpos al descubierto, y así hallar aquel lugar donde pudiese aparecer la verdad, aun a costa de perecer en tal titánico afán, en tan denodado embate.  Indeseada la calma en la pintura de Serzo, más bien pintura como una avalancha de estados iluminativos donde se revelaría dicha pintura y quedando poseído nuestro artista (otrosí, quienes contemplamos) por la agitada actividad del fuego de las imágenes, como una transmigración sin fin, exhaustos en tal viaje a los confines.  Pintura que es de la inmanencia: del deseo o su narración, las asociaciones y símbolos, los cuerpos agitados, expuestos, rebelados o desvelados hasta la extenuación, casi en una exaltación: devendrán estupefacientes imágenes.

Misticismo de lo irracional, un misticismo que resulta incendiado y babélico, siendo capaz de revelar el artificio imprescindible que supone el aquelarre de la pintura.   Pintura en aquel estado de alerta, mas también elogio del trabajo y de la salvación, expresión de la violencia de quien decidiere aquel desvío de permanecer en vela perpetua mediante un sinfín de imágenes desplegadas, a veces casi expelidas en el tropel de aquel exceso bajo el portentoso dominio de diferentes técnicas y formas, con frecuencia abruptas y difíciles de explicar.  Pues exige Serzo seamos cómplices del deseo de prodigio y emancipación que también demandara Georges Bataille para el arte.  Sabedlo: esta de Serzo es otra manera de ver, la propia de quien marcha furioso hacia el abismo de la luz derramando a su paso escenas en la obscuridad, aquí y acullá esparcidas.  Mas también teatro y alegoría, juegos, “humor gigantesco”[13], tentaciones, temores y deseos, phasmas, apariciones o sueños (que “son”)[14], artificios sobre los artificios sobre los artificios sobre.    Como un predicador oracular de la pintura, consciente de que la oscuridad es aquel lugar verdadero donde puede reescribirse la historia y revocar el tiempo, tal si tentase un renacimiento perpetuo, parece el pintor consciente de que la verdad del arte es ese supremo ejercicio del artificio, que aquí vemos ejemplificado en la construcción “En el humo de la pipa” (2022), verdadero merz-Serzo, catedral furibunda de lo carnal y las imágenes exaltadas, como la expresión de una región adversa donde se produce la apertura a la complejidad.  Donde Serzo, buscándose a sí mismo, como quien crea y se impugna acto seguido, se reconoce.

Como aquel deseo del Theatrum Pictorium (1660) de David Teniers, joven, por compilar las imágenes del arte de su tiempo, tal aquel Archiduque representado sepultado por sus propias pinturas[15], Serzo es creador de un cúmulo de historias complejas con diversas capas de significado[16], capaz de transmutar, en sus palabras, “una pintura de piel-es (las de la pintura, la de sus desnudas figuras), de telones ¡cómo no!, de velos, desvelos y veladuras; de carne re-creada, imaginada, icónica, espiritual y figuras vaporosas; diluyendo con ligereza tabúes ancestrales y actuales, que permitan manipular a voluntad una memoria personal y colectiva. Practico con esta serie una pintura, una vez más, neo-barroca, sin dejar de ser mística y sacralizada, llena de deseos propios y ajenos, incluso prohibidos. Pretendo activar una valentía a contrapelo de libertad luminiscente. Traer a la luz los oscuros encuentros que incesantemente tienen Eros y Thánatos dentro de cada uno de nosotros”[17].

Tal recordaba Maurice Blanchot, la obra de arte no es más que una violencia indistinta que tiende a mostrarse y ocultarse, a exaltarse en un espacio que se abre, proclive a la retirada en la profundidad de la disimulación, “la obra es entonces la intimidad en lucha de momentos irreconciliables e inseparables, comunicación desgarrada entre la medida de la obra que quiere la imposibilidad, entre la forma en que ella se recoge y lo ilimitado donde se rehúsa, entre la obra como comienzo y el origen a partir del cual ya nunca hay obra, donde reina el deshacimiento eterno”[18]. Y, entonces, como hombre trágico, ejerciente de la verdad de quien busca la coherencia en una visión trágica del mundo, Serzo vive la extrema tensión de los contrarios y los acontecimientos, en tanto danza con la excelsitud de Courbet sobre las ruinas humeantes del mundo. Pareciere que, impulsado violentamente a pintar, este verdadero iconólatra exaltador de la anarquía del claroscuro, nos ofrece la belleza salvaje de esta pintura como un allanamiento. Y en esa violencia propende una fuerza de intimación con quienes, impávidamente, contemplamos.

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[1] Es un verso de: BERNHARD, Thomas. In hora mortis/Bajo el hierro de la luna.  Barcelona: DVD Poesía, 1998, p. 15.

[2] “La figura del pintor Courbet, me permite (desde hace años y por muchos motivos, muchos de ellos inexplicables todavía) seguir jugando con su esquinada y ciertamente hiperbólica figura, al resultarme un personaje esquivo, subversivo y sugestivo, y que estoy seguro, de seguir vivo, a día de hoy seguiría siendo transgresor y-o provocador en muchos sentidos”. José Luis Serzo.  Texto inédito: “Las tentaciones de Courbet.  De los sueños y temores de Courbet”.

[3] ZAHAR, Marcel. Gustave Courbet.  Madrid-Buenos Aires-México: Aguilar de Ediciones, 1950, p. 5.

[4] Ibíd. p. 16.

[5] Refiriendo obras como “La creación secreta” o “En el humo de la pipa” (2022).

[6] Estoy pensando en su reciente exposición en la galería Álvaro Alcázar, José Luis Serzo-‘Las tentaciones de Courbet’, Madrid, 24 Marzo-21 Mayo 2022.

[7] “(…) unir mi pequeña voz a la gran conversación de la historia del arte”. ESTRADA, Javier. José Luis Serzo expone un brillante diálogo con sus sombras en la galería Álvaro Alcázar. Revista Placet, 03/2022. www.revistaplacet.es

[8] Refiriéndose a “El Paso”, la voz de Millares: “Eran artistas enteros, hijos entrañables de Goya, Zurbarán o Picasso, conscientes de un pasado a recoger, limpio como un hueso, y de un futuro que nutrir con la ibérica rabia por delante”. MILLARES, Manolo. El Paso, acta de presencia.   Vich: “Inquietud Artística”, Año V, Nº 15, VII/1959, pp. 4-6.

[9] PARREÑO, José María.  Entrevista a Joan Mateo, “El iniciado”.  En “El iniciado: Proyecto Babel XXI. ‘Los símbolos de un obrero hermético’”.  Gijón: Museo Barjola, 2018, p. 13.  Ahí, Serzo se pone en relación con los artistas de diversas identidades, que ejemplifica con el caso de Zush/Evru.

[10]  Era el subtítulo de su exposición.  CAB, Centro de Arte Caja de Burgos, Archimétrica.  Historias de un continuo renacer, Burgos, 7 Febrero-20 Septiembre 2020.

[11] PARREÑO, José María.  Entrevista a Joan Mateo, “El iniciado”.  Op. cit. p. 14.

[12] Además de las connotaciones entre la pintura de Courbet (o Serzo) y la escritura de Baudelaire, ahora lo evocó a través del raro (anti)retrato de este por aquel. Portrait de Gustave Courbet, 1848.  Musée Fabre, Montpellier.

[13] ZAHAR, Marcel. Gustave Courbet.  Op. cit. p. 12.

[14] “(…) los sueños no significan, los sueños son”. PARREÑO, José María.  Entrevista a Joan Mateo, “El iniciado”.  Op. cit. p. 16.

[15] Me estoy refiriendo a la pintura de David Teniers en el Museo del Prado: El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas (1647 – 1651)..

[16] GUTIÉRREZ, M. Jesús. Espacio Serzo, pequeña síntesis de un museo, un centro de arte y una galería en Morille.  Valladolid: “El Norte de Castilla”, 24/I/2020.

[17] José Luis Serzo.  Texto inédito. Op. cit.

[18] BLANCHOT, Maurice.  La bestia de Lascaux.  El último en hablar (1982-1984).  Op. cit.