CRISTÓBAL POVEDANO:  UN CLASICISTA, POÉTICO Y ESPIRITUAL

CRISTÓBAL POVEDANO: UN CLASICISTA, POÉTICO Y ESPIRITUAL

 

 

 

FORMA-COLOR
CRISTÓBAL POVEDANO, c. 1970 (Inédito)

 

 

El cuadro nace del color.  Con los colores se expresan:

 

En el cuadro establezco un orden, una medida, una dinámica de colores, una realidad puramente plástica. La pintura solo consiste en colocar bien los colores. Debe ser una apoteosis del color.

Las líneas no pretendo que definan el dibujo, sino que sean protagonistas que irradien color. Quiero que con tonos cromáticos se cree una armonía análoga a una composición musical. Si encontramos misterio en la obra, puede que este solo sea el misterio de nuestra existencia. Creo que el arte se reduce a gozar de sí mismo, a la sensación de existencia.

Me interesa el arte que tiene muy presente las ideas, los conocimientos, la visión del mundo y de la sociedad actual. Aquel que toma en consideración todos los medios técnicos para concebir obras que, como dice Hegel respondan a los más altos intereses del espíritu humano, esas obras que llama de “uso espiritual”.

 

POVEDANO, Cristóbal.  Forma y Color (c. 1970). Inédito (mecanoescrito).  Reproducido en este catálogo.

  

Cristóbal Povedano en su estudio, Madrid, III/2021
Cortesía Galería Ansorena

 

CRISTÓBAL POVEDANO:

UN CLASICISTA, POÉTICO Y ESPIRITUAL

ALFONSO DE LA TORRE

 

[…] las formas que viven en el espacio y en la materia viven en el espíritu.  Henri Focillon[1]

 

PREÁMBULO CIRCA LOS AÑOS SETENTA

En 1977 citaba Cristóbal Povedano (Priego de Córdoba, 1933) a Gillo Dorfles observando que, de todas las funciones asumidas por el arte a lo largo del tiempo: “sagrada, religiosa, mítica, celebrativa, iniciadora, política, lúdica, la de ser ‘creador de objetos’ tiene un enorme valor actual”[2].  Y añadía nuestro artista que el arte debería, como tal, cumplir esa función totémica que había realizado el objeto siempre[3].   En este asunto era capital, proseguía, la “autonomía estética que se justifique por sí sola (…) un hecho plástico-cromático-ambiental que prolongue y amplie la pintura y escultura habitual”[4].    Su camino solitario, en eso que Roberto Calasso llamaría nuestro siglo inconsistente[5], el desdén por estar al día, quedaban subrayados por el artista mediante un hermoso tono declarativo: “sin importarme si marcho despacio o rápido, si son caminos ya recorridos por otros con fortuna o sin ella, o si son nuevos”, y concluía con otro lema de aire dandista, elevado casi como una soberana divisa: “sobrevivir airosamente”[6].

Aquella ampliación de la pintura y la escultura que mencionaba Cristóbal Povedano mostraba primero su carácter radicalmente moderno.  Era su extensión hacia el mundo, la llamada, entonces, integración de las artes, que en aquel tiempo frecuentaba las reflexiones artísticas que, en el caso de nuestro artista y su preocupación por lo arquitectónico, le derivaba a la llamada ekística[7].  De esta forma, era común que nuestros artistas proclamaran la necesidad de un arte integrador, lo que se constituía casi como la formación de una nueva consciencia estética capaz, parecía, de aplicar otro fin al antiguo arte abstracto, -abstracción arrebatada por lo lyrique o el informalismo más dramático, década atrás-, y no era muy distinto de viejas utopías que ya estaban presentes ese tiempo.   Equilibrio de la creación, la búsqueda de esa integración de las artes de estirpe bauhausiana en el siglo veinte, había sido con frecuencia erigida por los artistas vinculados a la geometría que, como es sabido, tuvo en la década de los setenta un extraordinario impulso en Europa, utopía bauhausiana cercenada por la violencia, elogiando nuestros geómetras aquella “línea postbauhausiana marcada por Max Bill”[8].    En todo caso, la energía normativa en aquel tiempo era consecuencia directa de su latencia en los años cincuenta compartiendo espacio, a veces pareciere arrebatado entre nosotros por una rutinaria historiografía, con el arte informal[9].    Nuestro artista había realizado en los primeros días de enero de 1971 su primera individual en un ambiente propicio, la Casa de Cultura de Cuenca[10], en donde presentó dibujos y collages de cartones que podrían inscribirse en un cierto postcubismo frecuentador de simetrías, contrastes en blanco y negro que no esquivaban la presencia de las líneas curvas.   Por todo lo anterior, quizás por ello no le importase al irredento kleeianoCristóbal Povedano la marcha por un camino propio: el menos transitado, “y eso supuso toda la diferencia”, a la manera del poeta Robert Frost[11]].

Si encontramos misterio en la obra, puede que este solo sea el misterio de nuestra existencia. Creo que el arte se reduce a gozar de sí mismo, a la sensación de existencia.

Cristóbal Povedano, 1970[12].

 

Estudiante de Arquitectura en Madrid[13], su nombre ha de sumarse a tantos artistas que encontraron en esa carrera una conexión con el mundo contemporáneo, mayor que la, por lo general, académica mirada desde los estudios de Bellas Artes, en la misma ciudad también emprendidos.   Así fue en el caso de Cristóbal Povedano que podría acompañar, pienso ahora, a otros artistas estudiantes de arquitectura tal el precedente mostrado en este Museo Francisco Sobrino, el colombiano Carlos Rojas[14], mas también a Palazuelo o Chillida, entre otros[15].   Esta mención nos obliga a evocar fructíferos encuentros entre arquitectos y artistas en la España de aquel tiempo, como los de Rafael de la Hoz y Francisco Javier Saénz de Oiza con Jorge Oteiza, el primero revulsivo de la Córdoba próxima de Cristóbal Povedano[16], también los de Rafael Moneo con Pablo Palazuelo o Fernando Higueras con César Manrique.

El paso por la Escuela de Arquitectura de Madrid le permitió estudiar a fondo las vanguardias del siglo veinte y se comprende el encuentro de su pintura con ciertas obras clásicas, vistas en el Museo del Prado, como aquel tránsito de la virgen de Mantegna[17]que Cristóbal Povedano devuelve con un paisaje a lo Richard Diebenkorn, que ahora veo resuelto en sintonía con algunas geometrías verdes y grises en esta exposición[18]

  O bien, singulares interpretaciones de los desnudos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.  Cristóbal Povedano siempre ha subrayado el conocimiento adquirido en la Escuela de Arquitectura de la Bauhaus, o el encuentro con artistas como Paul Klee[19] y la obra de arquitectos de nuevas formas de ver como Alvar Aalto o Richard Neutra.    En tanto, del mencionado acercamiento conquense, Cristóbal Povedano ha evocado frecuentemente su admiración por el hallazgo del trabajo de Pablo Palazuelo.   Con este compartirá aquellos años el desarrollo de una geometría fluyente, composiciones de líneas y planos asomando en los lienzos o dibujos, cadenciosamente, con frecuencia finamente delineados y aliviando las líneas rectas para semejar, en ocasiones, planos de delicadas aristas surgidos desde el extremo de la composición, como llegados de allende, desde el infinito del espacio de las formas.   Líneas visibles o invisibles que definirán límites mas también conciben superficies u otrora que, delineando la extensión de los vacíos, erigen a su vez los planos, como un reino intermedio del movimiento, a la manera kleeiana, surgimiento y delineación de lo infinito buscando el infinito.     Que, de alguna forma, coincidían en espíritu con pinturas palazuelinas de aquel tiempo como el magno “Omphale” (1962) contemplado por el pintor cordobés en el museo conquense y otras pinturas como “Arc” o “Landor” (1972) o su conocido ciclo de lienzos titulados “Orto” (1967-1972).

 

Cristóbal Povedano
Interpretación por Cristóbal Povedano del cuadro de Andrea Mantegna. El Tránsito de la Virgen/The Death of the Virgin. Ca. 1462
c. 1960
Óleo sobre tabla
32,3 x 26 cm.
Colección del artista

 


Cristóbal Povedano
Ejercicio de desnudo en el Círculo de Bellas Artes, Madrid
c.1960
Gouache y lápiz sobre cartón
10,8 x 8 cm.
Colección del artista

 

Maestro de las finas transiciones formales, de aquello que se ha citado de Alban Berg sobre las transiciones ínfimas[20].  Pues de alguna forma Cristóbal Povedano introspecciona lo hondo del espacio, en tanto sucede el energético desplegar de lo extendido.  Vuela el ave del azur, presente lo intenso recóndito.     Sus formas interrogándose sobre lo angulado, mas también sobre lo sinuoso, con un aire capaz de un análisis concentrado que no excluye lo que parece, en ocasiones, un latir lúdico. Por ello, también con los conquenses ha coincidido Povedano en el uso ocasional de marcos históricos incorporados a sus obras, que a uno le devuelve al “Verde con marco neorrenacentista” (1965) de Gerardo Rueda en la colección de nuestro primer museo democrático, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca o a aquel “El testamento de Felipe II” (1967).   Siendo también frecuentes los usos de esos enmarcados resonantes por Gustavo Torner en sus llamados homenajes, piénsese en “Homenaje a Cranach” (1966) u “Homenaje a Galileo” (1968).

Artista visitante de exposiciones, perseverante y discreto frecuentador de las galerías y museos, omnívoro contemplador de las formas modernos de su siglo, la presencia de Cristóbal Povedano en nuevos proyectos expositivos de la Transición fue frecuente, estoy pensando en una tríada simbólica: sus exposiciones individuales en la Galería Ovidio (1976 y 1978), la cuidada antológica en 1980 en las salas de exposiciones del Ministerio de Cultura en la Biblioteca Nacional[21], o su participación en la colectiva de la Galería de Fernando Vijande, “Propuestas objetivas” (1985)[22]en cuyo catálogo el artista se acompañó, era una hermandad espiritual, de un hermoso texto de Henri Focillon: “Las formas en el espíritu”[23], que comenzaba con ese texto que inicia este nuestro: “estas formas que viven en el espacio y en la materia ¿no viven primariamente en el espíritu?  O, más exactamente todavía ¿no viven verdadera y únicamente en el espíritu, pudiéndose reducir su actividad exterior a la huella de un proceso interno.  Sí, las formas que viven en el espacio y en la materia viven en el espíritu”[24].

Con ocasión de aquella exposición retrospectiva, el pintor y crítico José María Iglesias, severo pope geómetra, calificaba su pintura de “una de las más bellas de nuestro panorama.  Su color en expansión, el mundo imponderable en el que nos sume, la textura del material elegido y la lograda por el pintor durante su trabajo, la adecuación de tonos y las líneas o relieves que provocan líneas de sombra, engarzan de tal manera que constituyen un todo indivisible en cada obra”[25].    Reivindicaba Iglesias el color como uno de los elementos capitales de su trabajo pues al cabo, como explicaría Cristóbal Povedano, “el cuadro nace del color (…) En el cuadro establezco un orden, una medida, una dinámica de colores, una realidad puramente plástica. La pintura solo consiste en colocar bien los colores. Debe ser una apoteosis del color”[26].  Quedábamos así colmados de paz[27] mediante el uso de un color y ritmo equilibrados[28], un colorido “tan grave, tan delicadamente impuesto, tan armoniosamente compartido, tan gozosamente trabajado”, redundará José de Castro Arines[29].   Se trataba, escribiría Manuel Augusto García-Viñolas, de “un bellísimo despliegue de la luz en el espacio”, habitado por “el ángel de la exactitud”[30], que no excluía, en palabras de Juan Antonio Aguirre “cierta sensualidad”[31].

Frecuentador Cristóbal Povedano de una voz baja que, doy fe, podría compararse a la de aquel artista que proclamó aquello de “es fundamental proponerse seriamente no estar al día”[32].   Otrosí, defensor del misterio y los enigmas en la obra de arte, propósitos que se han constituido en objetivos declarados por este pintor prieguense[33]tan frecuentador de un contumaz alegato del misterio, expresado en ese verbo que citamos: “Si encontramos misterio en la obra, puede que este solo sea el misterio de nuestra existencia. Creo que el arte se reduce a gozar de sí mismo, a la sensación de existencia”[34].

Sus reflexiones le encarnan así en una geometría más sensible que ortodoxamente normativa: “me gusta incorporar elementos o referencias que me han impresionado en mi vida cotidiana”[35], alejándose entonces de lo excesivamente riguroso[36]lo cual, como verdadero geómetra sin patria, le conduciría a un sugerente espacio propio, capaz de construir composiciones que, sin esquivar lo analítico, aquella seráfica exactitud, a la par incorporaba su admiración por la geometría y, piensa uno, el colorido, latentes en la naturaleza.

Y también, entre todo su pensamiento, subrayemos su relación con lo musical, la querencia por la evocación de armonías en sus obras: “quiero que con tonos cromáticos se cree una armonía análoga a una composición musical”[37], lo cual nos deriva a la rememoración que, sobre la relación entre formas musicales y plásticas, nos deriva al Klee, músico y pintor, también a la utopía kandinskyana expresada en su “Sonorité Jaune”[38].  Mención a nuestros músicos vinculados a la vanguardia abstracta, estoy pensando en Cristóbal Halffter, Tomás Marco o Luis de Pablo relacionándose con los conquenses[39], no en vano, diría Iglesias sobre la pintura de Cristóbal Povedano: “todo en ella es armonía.  Fugas y contrapuntos, siguiendo con un lenguaje no vanamente tomado del musical, se alternan sabiamente”[40].

 También el temblor poético y magnificencia de su paisano Góngora ha sido revisado en algunas propuestas[41] o que, tras mencionar a Velázquez, Zurbarán o las geometrías del Quattrocento, otrosí a Braque, nuestro artista homenajee a José Victoriano González en una de las pinturas ahora expuestas.  En tanto realiza esta declaración casi constituyente: “me interesa lo clásico, pero lo clásico para mí también es el cubismo de Juan Gris (…) es verdad que me reconozco muy clásico (…) pero no es una cuestión de época.  Es simplemente que aún hoy manejas nociones clásicas como la proporción y te sigues sorprendiendo de lo bien que resultan.  Son lecciones que están por encima de modas o épocas históricas (…) en realidad no creo que la pintura (…) esté descubriendo cosas constantemente.  Con el tiempo, por supuesto, hay cambios y avances, pero tiendo a pensar que nos dedicamos más bien a dar vueltas y vueltas sobre los mismos temas (..) creo avanzamos dando pequeños pasitos y recreándonos”[42].

Aunque la pintura de Cristóbal Povedano encaje con ciertas corrientes de arte constructivo y geométrico desarrolladas en España, para quien escribe tiene mayor interés su fértil deriva, que podría ubicarle en un contexto internacional.  En donde su obra, pensando en aquellas composiciones que Cristóbal Povedano realiza extendidas allende los planos pictóricos, evocan esculturas que hubiesen sido desplegadas en sus planos.  Pinturas o assemblages desarrollados como un crecimiento espacial capaz de emparentarse con trabajos como los de Jack Bush, Ellsworth Kelly, Kenneth Noland, Jules Olitsky o Frank Stella, ejemplos que llegan ahora a mi memoria pensando en Cristóbal Povedano, adscritos a eso que Clement Greenberg llamó, wolfflinianamente, postpainterly abstraction.   Más intensamente poético, con ese “su armonioso tejer de poesía”[43], como le calificó Castro Arines, desde una exquisita sensibilidad siempre subrayada[44]. Empero con algunos de aquellos artistas coincide nuestro creador, por ejemplo en la evasión de la cuadrangularidad del soporte, pinturas en muchos casos alejadas de la condena de su perímetro continuo, transformando la literalidad pictórica de ciertos cuadros por, más bien el shape, la forma física y material.  Una arquitectura compositiva capaz de derivar hacia imaginativas ilusiones formales, extendidas desde la anterior ortogonalidad del cuadrado o rectángulo hacia el desarrollo de una nueva teatralidad espacial, pienso ahora en aquellos “Irregular Polygons” las arquitecturas polícromas de Stella, años sesenta.   Al cabo pintura como desarrollo de una personal geometría de la extrañeza, pues el plano de la visión queda convertido en una experiencia que muestra que las cosas quizás no sean lo que son y, en su apertura imaginal, devenir distintas, proponiendo un espacio habitado por fugas geométricas reveladoras de un intervalo entre representación y el acontecimiento, el creador o su luz de sentido.

Capaz de frecuentar nuestro artista la línea recta, mas también ejerciendo con frecuencia la integración de lo curvo en su obra, arcos y sus segmentos, algo que sucede tanto en tondos extralimits como “Cara y cruz” (2000), y en obras que uno ve como resonantes de la hiperimaginación del mencionado Max Bill, tal los trabajos de Cristóbal Povedano: “Dovela en clave amarilla”;  “Curva salomónica” o “Lied en color”, triada de 2006.

Trabajando con frecuencia mediante series o ciclos, pinturas de planos firmes delineados con la presencia del pulso de la mano, a veces transmitido en delicadas delineaciones que recuerdan el pincel fue sostenido por un hombre que pinta en tanto habita el mundo.  Perenne e infatigable buscador de belleza[45], es capaz de abordar composiciones de gran complejidad, con frecuencia pintadas ahora silenciosamente en la delicada intimidad de su hogar.  Un hogar en donde vive recogido y en silencio, este pintor armonioso pintando, escuchando (triste) entre las estancias la voz amada, perdida, de quien se ausentó.   Otrora los planos quedan inmersos en un mar calmo de grises.  Entre sus querencias la realización de formatos de marcada verticalidad[46], sus conocidas “Columnas”, que podrán ser pintadas o bien mostrar su grácil nervadura erigiéndose en la tridimensión del espacio o bien realizar pinturas de extrema horizontalidad[47].   Como reinantes en un espacio intermedio, entre lo plano y la tridimensión, sucedía tal si algunas de sus pinturas aspiraran a integrarse en el espacio tridimensional, como un sueño de vuelo, auténtica necesidad e ilusionante exigencia el traslado de sus reflexiones en los planos pictóricos a lo tridimensional.  Despliegue de las formas desde la ilusión de la pintura al espacio real, símbolo de este movimiento del artista donde sucede la apertura de una dimensión espacial.     Por ello no sorprende el encuentro entre pinturas y esculturas, pues cobra especial sentido, como si ciertas formas pintadas, de notoria aspiración corpórea, se hubiesen concentrado en el país Tridimensionalia[48], como un impulso imaginante que otorgase el poder de expandir las limitaciones de la visión; como ejemplo sus esculturas brancusianas, como columnas sin fin, su ciclo titulado “Columna vertebral” (2016), también las llamadas “Torre de acero” (2003/2004), los torregarciescos “Músico” (2003) o el conjunto “Tresequis” (2003/2004).

Una gramática pictórica que devuelve a Cristóbal Povedano, declarado pintor de todos los días, nulla dies sine línea, a convertirse en un verdadero clasicista pragmático, siendo posible encontrar al concienzudo conocedor de la historia de la arquitectura y las formas contemporáneas, con la fina sensibilidad destilada desde una notoria malinconia cordobesa.  De lo espiritual en el arte[49], sí, retorno también a aquel propósito por el que comenzamos: el cuadro como un objeto, bello, que aislado de la contaminación expresiva permitiese considerar el espacio de la pintura como una reconstrucción, una expansión vertiginosa de lo imaginal.  Una creación donde lo invisible prevalece sobre lo visible.

Atención, contempladores, frente a estas obras de Cristóbal Povedano reclama su potestad lo numinoso.

 

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NOTAS AL TEXTO

[1] FOCILLON, Henri.  La vida de las formas y  Elogio de la mano (1934).  Madrid: Xarait Ediciones, 1983.  Traducción de Jean-Claude del Agua, la edición mencionada.  Texto en las páginas dedicadas a Cristóbal Povedano en el catálogo “Propuestas objetivas”, p. 104.

[2] POVEDANO, Cristóbal.  Texto en Forma y medida en el arte español actual.  Madrid: Dirección General del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos, 1977, pp. 120-121.  En la exposición presentó el artista una tríada de obras, vid. p. 38.   Se refería nuestro artista a la conocida tesis de Dorfles: “Objeto natural y objeto artificial” DORFLES, Gillo. Objeto natural y objeto artificial.  En Naturaleza y artificio. Barcelona: Lumen, 1971: “Quizás -decía Dorfles- entre los primerísimos impulsos que el hombre se siente inclinado a satisfacer está el de crear objetos”.

[3] POVEDANO, Cristóbal.  Texto en Forma y medida en el arte español actual.

[4] Ibíd.

[5] GUERRERO, Carlos-HERRALDE, Jorge (Ed.). Para Roberto Calasso. Barcelona: Editorial Anagrama, 2022, p. 17.

[6] Se colige, ambas citas de: POVEDANO, Cristóbal.  Texto en Forma y medida en el arte español actual.  Op. cit. El “sobrevivir airosamente” lo era citando a su admirado Richard Neutra.

[7] La Ekística es una disciplina que ha reflexionado sobre problemas contemporáneos revisados desde principios muy antiguos.  Reflexionando sobre la prevalencia humana para establecerse en un lugar determinado de asentamiento.   Varias pinturas de Povedano en este tiempo de finales de los setenta llevaban por título “Ekística” y “Hábitat”.

[8] GIL, Julián. La vigencia del “No-Grupo de Madrid”.  En el catálogo de la exposición: Casa de Cultura, Propuestas objetivas, Zamora, 18 Marzo-13 Abril 1986.

[9] A esa latencia, también en el arte español, hemos dedicado algunos escritos, también a la expansión del mundo moderno en los años cincuenta desde Córdoba.  Vid. DE LA TORRE, Alfonso.  Oteiza.  Del arte oficial al silencio.  En La sombra de Oteiza en el arte español de los cincuenta. Alzuza-Zaragoza: Museo Oteiza-Ibercaja, 2007.

[10] Casa de Cultura, C. Povedano expone en Cuenca, Cuenca, 1-15 Enero 1971.

[11] FROST, Robert.  El camino no elegido.  En “Un valle en las montañas” de: “Poesía completa”. Ourense: Linteo poesía, 2019, pp. 193-194.  Gracias a Javier Pérez, que me descubrió ese poema concreto.

[12] POVEDANO, Cristóbal.  Forma y Color (c. 1970). Inédito.  Reproducido en este catálogo.

[13] Entre los profesores recordados, Cristina Molina Petit, profesora de Estética y Composición de la ETSA de Madrid.  Conversación con este autor, 16/VI/2022.

[14] Quedaba explicado en: DE LA TORRE, Alfonso.  Carlos Rojas. Habita el tiempo.  Guadalajara: Museo Francisco Sobrino, 2022. Entre 1953 y 1954, Rojas realizó estudios de Arquitectura y Bellas Artes en Bogotá.

[15] Frente a esos, nuestro artista ha permanecido, durante toda su vida, realizando trabajos vinculados a la arquitectura, colaborando con diversos estudios de arquitectos.  Entre otros, los estudios de Joaquín Díez Rasines, Rafael Olalquiaga o Arturo Ramírez Laguna.

[16] El asunto quedó tratado, con amplitud en: DE LA TORRE, Alfonso.  Oteiza.  Del arte oficial al silencio.  En La sombra de Oteiza en el arte español de los cincuenta. Op. cit.: “Ciudad renovadora en lo literario, en su seno se concebirá el grupo ‘Cántico’ y De la Hoz y García de Paredes crearán posible insuflar la idea de la cooperación entre arquitectos y artistas en un proyecto común que, aunque iniciado años atrás, no se comenzó a concretar hasta ese año al principio citado”.

[17] Andrea Mantegna. El Tránsito de la Virgen/The Death of the Virgin. Ca. 1462. Técnica mixta sobre table. 54,5 × 42 cm  Museo Nacional del Prado, Madrid

[18] Me estoy refiriendo a la pintura “Sin título” (2022).

[19] Ya se mencionó, Cristóbal Povedano me contó el acceso a la bibliografía kleeiana durante su paso por la Escuela de Arquitectura.  Conversación con este autor, 16/VI/2022.

[20] Debo esta alusión a Joan Gómez Alemany. ADORNO, Theodor W. Monografías musicales. Akal, Madrid, 2008.  Se cita en: DE LA TORRE, Alfonso-GÓMEZ ALEMANY, Joan. Correspondencia (2018-2022).  Valencia: EdictOràlia, 2022, p. 133.

[21] Salas de Exposiciones. Ministerio de Cultura. Dirección General del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos, Cristóbal Povedano, Madrid, Marzo-Abril 1980.   La exposición contenía cuarenta y una obras fechadas entre 1978 y 1980, varias de ellas realizadas sobre papeles milimetrados y cuyos títulos conservaban, en muchos casos, resonancias arquitectónicas.

[22] Galería Fernando Vijande, Propuestas objetivas, Madrid, 8 Mayo-15 Junio 1985.  Dicha exposición, como constaba en el bello catálogo diseñado por José Luis Alexanco, había sido promovida por la Comunidad de Madrid. La antes mencionada exposición homónima, con variantes en la nómina de artistas mas parecía “desconectada” de la anterior, tuvo lugar: Casa de Cultura, Propuestas objetivas, Zamora, 18 Marzo-13 Abril 1986.

[23] FOCILLON, Henri.  La vida de las formas y  Elogio de la mano (1934).  Op. cit. pp. 104-107.

[24] Ibíd. p. 104.

[25] IGLESIAS, José María.  Cristóbal Povedano: abstracción y construcción sensible.  En “Cristóbal Povedano”.  Madrid: Ministerio de Cultura, 1980, p. 8.

[26] POVEDANO, Cristóbal.  Forma y Color.  Op. cit.

[27] Era la terminología utilizada por: CASANELLES, María-Teresa.  Cristóbal Povedano.  Madrid: “Hoja del Lunes”, 7/IV/1980.

[28] CONDE, Manuel.  Cristóbal Povedano.  Madrid: “El Punto de las artes”, 2-8/X/1987.

[29] CASTRO ARINES, José.  La poética de Povedano.  Op. cit.

[30] GARCÍA VIÑOLAS, Manuel Augusto.  Povedano.  Madrid: “Pueblo”, 16/IV/1980.

[31] AGUIRRE, Juan Antonio. Artículo en “Bellas Artes 77”, c. 1980.  Sin documentar.  En archivo del artista.

[32] Obvio, me estoy refiriendo a Gerardo Rueda.  Vid. DE LA TORRE, Alfonso.  Gerardo Rueda. Sensible y moderno. Una biografía artística.  Madrid: Ediciones del Umbral, 2006, p. 92.

[33] FERNÁNDEZ, Óscar.  Una conversación con Cristóbal Povedano.  En “Cristóbal Povedano. Geometría de los estados de ánimo”. Córdoba: Ayuntamiento de Córdoba, 2016, p. 25: “(…) a mí me gusta darle importancia a la cosa científica, programada, pero también a lo intuitivo, a la emoción del color (…) lo que me convence siempre ese esa cierta cosa que, desde el equilibrio, tenga cierto misterio.  Sin ese algo que no se puede explicar, a la pintura le falta algo, se queda incompleta”.  Otrosí: “En Velázquez hay también eso que tienen los grandes pintores, un enigma.  No se agota nunca”, Ibíd. p. 27.

[34] POVEDANO, Cristóbal.  Forma y Color (c. 1970). Inédito.  Reproducido en este catálogo.

[35] “(…) me muevo mucho entre la abstracción y lo normativo.  Porque, en el fondo, todo está ahí”. FERNÁNDEZ, Óscar.  Una conversación con Cristóbal Povedano.  Op. cit. p. 26.

[36] “(…) me gusta tenerlo todo pesado y equilibrado.  Pero dentro de un límite (…) tampoco quiero ser demasiado riguroso”.  Ibíd. p. 26.

[37] POVEDANO, Cristóbal.  Forma y Color.  Op. cit.

[38] Nina Kandinsky encargó en 1953 a Palazuelo el estudio de la trasposición mediante formas para la La Sonorité Jaune (1909) de Kandinsky, el artista que, quizás, con más insistencia reflexionó sobre el posible trasvase de las formas musicales y sonidos a formas plásticas. Aquel trabajó en numerosos dibujos preparatorios, finalmente, no llegarán a ejecutarse.

[39] PABLO, Luis de. Gerardo Rueda. Una pintura frecuentemente musical.  Madrid: Galería Theo, 1985.

[40] IGLESIAS, José María.  Cristóbal Povedano: abstracción y construcción sensible.  Op. cit.  En este contexto musical, ha de citarse el “Concierto-Homenaje al artista Cristóbal Povedano”, en la Casa Museo Niceto Alcalá Zamora, Priego de Córdoba, el 27/VIII/2020.

[41] Estoy pensando en la bella exposición dedicada a Góngora.  Pescadería Vieja, Cristóbal Povedano, Jerez, 23 Noviembre-15 Diciembre 1995.

[42] FERNÁNDEZ, Óscar.  Una conversación con Cristóbal Povedano.  Op. cit. p. 27.

[43] CASTRO ARINES, José.  La poética de Povedano.  En “Cristóbal Povedano”.  Madrid: Ministerio de Cultura, 1980, p. 4.

[44] IGLESIAS, José María.  Cristóbal Povedano: abstracción y construcción sensible.  En Op. cit., p. 6.

[45] ROS, Almudena. Cristóbal Povedano.  Madrid: Galería Ansorena, 2021.  Es interesante esto que añade la autora: “en las cosas que le rodean, en su vida cotidiana (…) incluso algunas de sus obras están realizadas con materiales de desecho, encontrados por casualidad, restos de nuestra forma de vida excesiva que él sabe mimar y transformar en obras de arte”.  En Ibíd.

[46] Pinturas como “Partitas en re menor” (1992); “Rinconada 7” (1995-1996), “Arbotante” (1996); “Rinconada 8” (1996); “Homenaje a Josef Albers” (2004); “Valencia II” (2019) o “Pilar minimal” (2020).

[47] Los casos de pinturas como “Grulla azul III” (200) o “Pináculo” (2015).

[48] Juego de palabras de este autor con aquel país de: ABBOTT, Edwin.  Planilandia.  Una novela de muchas dimensiones (1884).

[49] “Aquel que toma en consideración todos los medios técnicos para concebir obras que, como dice Hegel respondan a los más altos intereses del espíritu humano, esas obras que llama de ‘uso espiritual’”. POVEDANO, Cristóbal.  Forma y Color.  Op. cit.