CARLOS EVANGELISTA: EXACTITUD Y LATIDO

CARLOS EVANGELISTA: EXACTITUD Y LATIDO

Texto publicado en el catálogo
Inédita modulación [circa los años ochenta ]
Madrid: Galería ARTE 92, 2022.

 

CARLOS EVANGELISTA: EXACTITUD Y LATIDO

 

Una geometría no exenta de un raro encuentro entre solemnidad y ludus.    Voz baja resonante, rigurosa y precisa, portadora del raro don de la claridad.    Goce de lo exacto, este artista buscador de un extraño espacio de pulcritud que no ha excluido la presteza al encaminar nuevos viajes compositivos.  Acostumbrado a la sobriedad de los sentidos latos, es frecuente que su espacio sea el de las preguntas por venir, hermoso el silencio que parece ocultarse en algunas de sus composiciones, otras nuevas meditaciones en imágenes.  Desde un bello decir monocorde, expone ahora doce composiciones y tres esculturas, tituladas por el artista como “Composición temporal (8)” (1981-1987) y “Evolución (4)” (1985).  Concebidas de modo genérico como “Módulo” o “Modulación”, son composiciones realizadas entre 1981 y 1987, en las que se estudian diversas variantes formales bajo la forma cuadrada.

Inéditas modulaciones que representan lo que ha sido una de las normas del singular quehacer de Carlos Evangelista (Salamanca, 1943), el trabajo serial, la investigación por conjuntos sometidos al análisis de lo que podríamos llamar el campo de sus diversas posibilidades formales.  Son composiciones de una extrema complejidad ocultada, portadoras de una exactitud formal de diversos latidos, entre ellos, el uso refinado del color sometido a imperceptibles gradaciones que deviene una belleza con aire de inexplorada.

Junto a ellas, los numerosos estudios que conducirán hasta las pinturas, apuntes en papeles milimetrados, álbumes de dibujo o collages con apuntes de color, fotografías procesuales o pequeñas maquetas.  También su deriva escultórica, así la pieza tridimensional “Evolución” (1987) con dos maquetas y los dibujos que con ella se relacionan.  Refiriendo sus esculturas, ya escribí sobre el aire de construcción que considera una reimaginación del espacio[1], un mundo de preguntas en torno a lo perceptible y la relación entre la armonía y los secretos que encierran las formas, la posibilidad de que una conjunción de planos en el espacio devenga un espacio dinámico.  Esculturas que parecen establecerse en el espacio con aire de necesidad, una ilusionante exigencia el traslado del duplo de pinturas con planos pintados, casi homenajeadores a De Stijl y Vantongerloo, hacia un despliegue de las formas desde la ilusión pictórica al espacio real, como simbolizando este movimiento del artista hacia la apertura de una dimensión espacial, como un impulso imaginante que otorgase el poder de expandir las limitaciones de la visión.     Desde un “equilibrio indispensable”[2], “Evolución”, aquel ciclo de Evangelista, parece anunciar la posibilidad de un inmediato despliegue, tal una impulsión de planos suspendidos, rêve de vol, esperante el trance de su revelación.   Como un ave del azur elevada desde el plano solar, esta escultura.

Las modulaciones diáfanas que Carlos Evangelista presenta en “Arte 92” son un conjunto prácticamente inédito, pues mostradas algunas en 1984 en una sala institucional[3], permanecieron, silenciosas, casi cuatro décadas en su estudio.   Mencioné al comienzo su aire lúdico, me gusta aquel sentido trascendente del término: “más radical que cualquier otra verdad”[4]. Como creador de una moderna intemporalidad, Carlos Evangelista pertenece a una generación de geómetras españoles cuyo quehacer se situaba verdaderamente en un contexto internacional, como quien porta una indomable anomalía geómetra.     En aquella España de los setenta y ochenta estas obras, en una “línea postbauhausiana marcada por Max Bill”[5], epigonales de ciertas actitudes del arte mínimal, eran anunciadoras de una rotunda modernidad en un país que, desde lo muy-gris-postguerra, viraba hacia lo multicolor-hoy, en tanto quedaba atrás el desgarramiento de la brava veta del arte informal que parecía, más bien, engarzar con lo secular negro de la decimonona España Negra, hasta con el chiaroscuro del Siglo de Oro.

Reviso aquellas otras palabras que escribí sobre Evangelista: un viaje entre lo infinito buscando el infinito[6].   Composición de planos desplegándose con aire nervioso en el espacio y presencia del color definiendo los límites de las superficies, sus obras concebidas desde un complejo análisis de posibilidades, elevándose así los signos entre la introspección y el despojamiento, incluyendo un cierto hermetismo que parece propender a una amplificación de ese silencio.   Ese mundo de ritmos formales a veces parece evocar las composiciones musicales, sutil y atrevido, el espacio no es la nada sino que es energía e intensidad, parece señalar Evangelista, un espacio pleno de incógnitas donde se desarrollarán los procesos formales.  El suyo es un interregno de reflexión, cuajado de interrogaciones y dudas que, tal irradiaciones, componen la necesidad de una ambigüedad plena de preguntas como radical incitación al pensar.  Arden las imágenes, pues al cabo, en su obra no sólo se acomete el proceso de plantear la resolución de una idea sino que, a la par, ésta es tan pronto revelada como deconstruida en una continuada exploración de las formas mas, para Evangelista, cada una de sus composiciones deviene un mundo que también se autoexplora.

¿Qué habrá más allá de los límites, más lejos del fin, para tentar acercarse a vislumbrar lo desconocido?

Y concluyendo, pienso ahora que Carlos Evangelista es un artista cómodo en la desaparición, al que le vendría bien aquello de Blanchot: “¿Cómo haremos para desaparecer?”.  Algo que encaja con su aire distraído y su conocida pertenencia a aquel “No-Grupo de Madrid”[7].   Visitando a Evangelista en su estudio, aquella cápsula alejada del espacio y del tiempo mirando la cornisa del Manzanares, pensaba en la reflexión de Wyndham Lewis: “The greatest artists come to us from the future […] from the opposite direction to the past”[8].  Desde el futuro llegado.

 

________________________________

NOTAS AL TEXTO

[1] DE LA TORRE, Alfonso.  El trabajo (y el anhelo) de lo visible. Madrid-Caracas: Galería Odalys, 2014-2015, p. 26

[2] IGLESIAS, José María.  Carlos Evangelista. Caracas: Galería Graphic/CB2, 1992

[3]Caja España, Carlos Evangelista. El poder aforístico de la geometría, Zamora, 20 Febrero-6 Marzo 1988.

[4] KAUFMANN, Fritz: “el libre juego del artista no es mera imaginación sin fundamento.  El fundamento de la verdad artística es en algún sentido más radical que el de cualquier otra verdad.  Esta verdad artística es de carácter trascendente”.  La cita llegó desde la publicación: Galería Fernando Vijande, Propuestas objetivas, Madrid, 8 Mayo-15 Junio 1985, p. 96.

[5] GIL, Julián. La vigencia del “No-Grupo de Madrid”.  En el catálogo de la exposición: Casa de Cultura, Propuestas objetivas, Zamora, 18 Marzo-13 Abril 1986.

[6]  DE LA TORRE, Alfonso.  Derivas de la imaginación (otras visiones de la geometría). Madrid-Caracas: Galería Odalys, 2020-2021

[7] GIL, Julián. La vigencia del “No-Grupo de Madrid”.  Op. cit. Aquí quedaba explicado: “apoyados en una tradición constructivista con muchos años de historia (…) la potencia creadora para lograr avances independientes (…) formas de pensamiento originales”.

[8] LEWIS, Wyndham. Wyndham Lewis. The artist. From ‘Blast’ to Burlington House. Nueva York: Haskell House Publishers, 1971, p. 346.