ANNETTE SCHOCK: ¿AL PUNTO? ¿SANGRANTE?

ANNETTE SCHOCK: ¿AL PUNTO? ¿SANGRANTE?

Texto publicado en el catálogo
ANNETTE SCHOCK. CARNE[S]
Badajoz: El Hospital, 2022.

 

ANNETTE SCHOCK: ¿AL PUNTO? ¿SANGRANTE?

 

Por supuesto, es una pregunta, como todo pregunta en esta tierra.

Yves Bonnefoy (2016)[1]

Lo que puede ser mostrado no puede ser dicho

Ludwig Wittgenstein (1921)[2]

En la repugnancia a los animales, la sensación dominante es el miedo a ser reconocidos por ellos en el contacto.

Walter Benjamin (1928)[3]

 

Estas imágenes planteadas al modo de un inagotable murmullo, del mundo y sus seres, en ocasiones ciertos objetos, ahora rostros animales representados como aquella voz ininterrumpida que, hablante, queda por escuchar, comunicante con el todo: pareciere liberasen desde su trasfondo huidizo el ímpetu de ese poder de ausencia.  Pinturas como acontecimientos fulgurantes que parecen revelar la verdad mediante el movimiento nervioso del dibujo, como si perteneciesen estas líneas a un Gran Libro, atendiendo ese abismo de algo que espera el nombre[4].    Intento de saciar la sed mediante unos trazos que, llegados de la mano de la pintora, tienen algo de arribar desde un habla eterna.  Como si sucediese la exclusión de un presente, empero en la verdad de esos movimientos fulgurantes de las líneas asistimos al llamamiento de su obra hacia un enérgico devenir, pareciese una artista que está impelida a dibujar sin fin, a sabiendas de que su existir, y el de estos animales o cuerpos, depende también de su poder de mirar y desvelar los enigmas mediante el dibujo.

Hay en la basílica de San Marcos, en Venecia, unos mosaicos que ornan la cúpula de la Creación.  De pie, la divina mano derecha tendida hacia las bestias que llegan en parejas sobre un fondo de oro[5], Aquel les puso nombre.  “Laudato sie, mi’ Signore, cum tucte le tue creature”, canta transido san Francisco, hímnico, pensando en los animales.   Y volví a John Berger, viendo estos rostros de animales de Annette Schock (Waiblingen, Baden-Württemberg, 1968), una artista acostumbrada al nomadismo vital con frecuencia bucólico, en proximidad a sus queridos animales con los que traba amistad y profunda conexión, ejerciente de un cierto et in Arcadia ego, quizás como forma de alejar el penar del mundo.   Contemplando cómo nos miran sus “Tres Gracias”, las amadas vacas austriacas de Eichenberg: Josephine, Adelheid y Susi, Santísima Trinidad Vacuna como una parábola de triple mirada, habitantes ahora de una exterioridad que lo sacude todo: nos observan quienes siempre son observadas[6].     Epifanía de unos animales hermosos, habitantes de un calmo paisaje junto al Lago Constanza, cuya personalidad la artista conoce y explica en detalle: “merecen ser retratadas”, sentenciará la creadora, extrayendo la confluencia de los términos “retrato” y “persona” de nuestro serio Diccionario capital[7]y extendiendo ella su significado hacia la animalia.  Nuestro pensar enfrentado al hallazgo de una dimensión esencial del mirar, aquellos ojos extraviados a quienes el contemplador debe mantener la mirada, el animal observado como a una distancia nunca saciada.

Así grandes pinturas como “Susi” (2018), ”Crazy Josephine I” o “Agnus Dei” (2020), de la serie “La Vaca Austriaca”, semejan ser muestra de su particular lectio desiderata pintada, o bien esos hermosos conjuntos de dibujos habitados por la representación de una multiplicidad de presencias animales (vacas, corderos, cabras, perros, cuervos, liebres o leones, entre otros) que casi podríamos titular “Miradas (de animales)”, realizados entre 2017 y 2022.   En ellos, en su especularidad, dando voz a la ausencia de palabras en las llamadas bestias, -diremos más bien: a su majestuoso silencio-, parece asistimos a la propuesta de tentar comprender algo que, atrayéndonos, se nos escapa en la inmensa noche de los seres humanos.  Bajo la apariencia de comprensibles pinturas, se halla en estas representaciones animales un centro de ilegibilidad, al cabo, el animal es un ser frente a nosotros, como escribía Jean Clair, a punto de devenir humano mas que jamás lo será, mostrando un misterioso lenguaje de antiguos sentires y huellas últimas cuyo origen nada sabemos[8], quizás por ello la consabida admiración de los santos por las bestias: “seul le regard des animaux est beau (…) comme le regard des dieux”[9].

Y encontrarme con la animalia de Annette Schock me condujo a la relectura de “¿Por qué miramos a los animales?”[10], de John Berger, también a las fotografías de vacas plácidas de Jean Mohr[11].  Aquel, acostumbrado a los paseos por el campo, refiere la marginación cultural de los animales y cómo su alusión suele tener que ver con la desaparición.  Algo revelado en el abandono de los animales por el crecimiento capitalista, la separación de hombre y naturaleza que muestra su símbolo en la secular tristeza de los zoos y su epitafio: la nostálgica mirada sobre ellos.  Antes de esa ruptura “los animales se encontraban con el hombre en el centro del mundo, del mundo de cada hombre (…) los animales entraron por primera vez en la imaginación como mensajeros y promesas (…) el ganado tenía funciones mágicas, oraculares unas veces, sacrificatorias otras (…) los ojos de un animal cuando observan tienen una expresión atenta y cautelosa (…) el hombre toma consciencia de sí mismo al devolverla.  El animal lo observa a través de un estrecho abismo de incomprensión, pero no idéntico (…) el animal tiene secretos que (…) están específicamente dirigidos al hombre (…) pero la falta de un lenguaje común, su silencio, siempre garantiza su distancia, su diferencia, su exclusión con respecto al hombre”[12].   Al cabo, el animal fue la primera temática de la pintura, ya en las cuevas milenarias, recordando aquel rebaño como un cíclope bufo y aquellas bestias innombrables de Lascaux, por utilizar la palabra de René Char y Georges Bataille[13].  No hay una palabra para esa oscuridad de la caverna poblada de imágenes resistentes, pues muchas se nos revelan (animalia y vegetalia, signos o marcas geométricas, huellas) pintadas en el espacio con precisión y hasta nombradas las sombras.  Nosotros somos parábolas del último bisonte, en verbo de Jorge Oteiza[14], aquellos animales eran, ya entonces, exilio y reino. 

Recogiendo el legado de otras pintoras de animales, evoco aquí a la mítica Rosa Bonheur[15], nuestra creadora es viajera desde el dibujo en blanco y negro del carboncillo, pasando por algunas pinturas de exaltado color fauve, pues es Annette Schock una extraordinaria e infatigada dibujante, dominando el uso de dicho carboncillo tanto en el papel como en el lienzo, al que añadirá frecuentemente pintura acrílica.   Veo rembrandtiana a Schock, en ciertos dibujos suyos que parecen trasladarnos a regiones extrañas, pues crecen brotando desde la nada del fondo del soporte, líneas que conservan un aire presto, rítmico, como procedentes de un ojo que escucha esa circulación del artista.   ¿Son recuerdos? ¿Imágenes en espacios de permanencia? ¿Espacios dibujados que retienen el presentimiento? ¿O, es la imaginación donde crecen islotes de ausencias? Secreto poder del dibujo de esta dibujante a conciencia, artista de conciencia también pues sabemos estos no son retratos de bellos animales, siéndolo, sino más bien la exposición de una aporía como un double blind, lírica hermética de lo mostrado velado por la indecibilidad de quien porta un tiempo sin destino, como el imperativo de tentar traspasar el umbral de la bella representación: vemos lo bello, luego acabará en los platos.

En ocasiones son pinturas más saturnianas, como un tizne corpóreo, una mancha líquida corporeizada que me devuelve al tintero negro de Henri Michaux y así la figura queda construida por la transformación de quienes la contemplamos, seremos también transformados.  No son búsquedas sino más bien la liturgia de un perpetuo desvío hacia la esperanza deseante de una presencia, apariciones y vislumbres de rostros animales que se establecen en el soporte como una suspensio mystica.   Expresión de fuerzas que corresponden a estados de conciencia, como dejando ver el extrañamiento de una realidad que Annette Schock presintiera existe, perforada, al otro lado de lo real.   La soledad animal, nuestra soledad, que nos constituye.  Como un afuera, estas presencias, tal una visión iluminadora de un instante de belleza que estuviese detrás del mundo.

Se eleva con ímpetu mediante sus dibujos de mujeres, interrogando tanto sobre el cuerpo como la soledad que, en ocasiones, le cercó[16].   Admiradora de la historia del arte, en especial del arte de nuestro tiempo, en todo caso ella me recordará su admiración por artistas dibujantes (dibujantes del dolor, también, piensa uno) como Alberto Giacometti, Horst Janssen, Annette Messager o Egon Schiele.    Diversas tipologías le sirven de modelo, constituyendo prácticamente otro núcleo familiar, desde la más delgada y atlética, hasta aquella otra más gruesa.  U otra más, modelo capaz de exhibir las carnes sin reparo.    Dibujadas con insistencia, a veces anotadas con levedad en un crecer vertiginoso del dibujo, los estudios donde trabaja Annette Schock están poblados por centenares de dibujos que refieren la preocupación de nuestro tiempo por el cuerpo y sus medidas, transmitiendo además su experiencia (y dolor) personal como quien crea así un vínculo secreto[17].   Dibujos trazados persiguiendo el instante presente, algunos con apenas unas líneas u otrora nacida la luz desde el interior del dibujo (rembrandtiana, dije), entre torbellinos de líneas.  Como escribió Jacques Dupin de Giacometti[18], coincide Annette Schock horadando la profundidad, que aspira, desvela y muestra activa entre las líneas.  Búsqueda sin fin del dibujo, es como si de su interior se expresase una fuerza, un fluido viajero hacia la luz, tal una intimidad expuesta.   “Movimiento”, titula así un conjunto de dibujos de 2013, expresando un veloz estar de la modelo, fragmentos y ritmos sobre papeles de diversas calidades y soportes variados, he visto alguno dibujado sobre papeles de cocina.   Cuerpos en duplo acercándose, u otros separándose, así sucede en los cósmicos “Feuerhexentanz” (2017) y “Ciao Bella” (2014), donde las modelos parecen establecerse extáticas en un espacio inefable. Otros dibujos muestran algo semejante al resto fosilizado de un cuerpo, breve aparición en el papel de la huella, las marcas corpóreas de lo que estuvo, evocando las antropometrías kleinianas, convertido lo que fue en permanencia.  En tanto dibujos como “La flaca” (2012), nos devuelven hacia aquella admiración de Schock por la obra de Egon Schiele.

Más que certezas, sus obras son fulgurantes vislumbres de posibles verdades.   Imágenes dinámicas, en perpetua variación, pues frente a la vana certeza, Annette Schock encuentra lo múltiple y lo diverso, complejas imágenes interrumpidas que recopila en una sucesión de interrupciones que no son una pausa, sino la tentativa de un encuentro múltiple del sentido que permita ofrecer la posibilidad de cierta comprensión de lo real.   La artista establece esa zona de temblorosa suspensión de imágenes entrecortadas que permite a quien contempla erigir su propio relato.  O, a la manera de Grandville en su “Vida privada y pública de los animales”: “Buenas noches pues, querido lector.  Vete a casa y cierra tu jaula; que duermas bien y tengas felices sueños.  Hasta mañana”[19].

¿Y cómo comprender la creación de Annettte Schock, esa búsqueda de lo misterioso invisible a través de animales y cuerpos de mujeres?   Leyendo a Roberto Calasso, pensé que compartió con Schock la intuición de que el mundo contemporáneo debería ser observado a partir de aquello que no tiene, lo perdido, y entre esas pérdidas, la más decisiva “es la que ya nadie parece recordar o percibir y que sin embargo resulta decisiva: la relación con lo invisible, con el misterio, con lo divino”[20].   Tres formas de nombrar lo mismo, de esta forma, Schock parece asumir que, en este tiempo extraviado, su papel como artista es señalar ese núcleo vacío, aun a contracorriente del pensar general, la pintura como una defensa frente a un mundo presto a prescindir de lo invisible, señalando esa pérdida.

 

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NOTAS AL TEXTO

[1] BONNEFOY, Yves. Juntos todavía (Ensemble encore, 2016). Ciudad de México: Sexto Piso, 2019, p. 165.

[2] WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus 4, 1212.  La edición consultada: Madrid: Alianza Editorial, 2003, p. 84.

[3] BENJAMIN, Walter. “Guantes”.  En Calle de sentido único (1928). Cáceres: Periférica, 2021, p. 25.

[4] BONNEFOY, Yves. Juntos todavía (Ensemble encore, 2016). Op. cit. p. 29

[5] CLAIR, Jean. Terre Natale.  París: Gallimard, 2019, p. 167.

[6] Y, en palabras de Annette Schock: “En los últimos años he vivido mucho tiempo en Austria. Las vacas y ovejas de la granja de al lado de mi casa me miraban todos los días por encima de la valla del jardín y en algún momento empecé a dibujarlas, me fascinaban los diferentes personajes y sobre todo sus expresiones faciales y miradas”.  Escrito de la artista.

[7] Todas las acepciones de nuestro Diccionario de la Real Academia Española, aplican el término “retrato” a las personas.

[8] CLAIR, Jean. Terre Natale.  Op. cit., p. 162.

[9] Ibíd. p. 166.

[10]BERGER, John. Mirar (1980).  Barcelona: Gustavo Gili, 2001, pp. 9-31.

[11] Me estoy refiriendo al conocido.  BERGER, John-MOHR, Jean. Otra manera de contar.  Barcelona: Gustavo Gili, 2007.

[12] BERGER, John. Mirar (1980).  Op. cit. pp. 10-11

[13] “La Bestia innombrable cierra la marcha del gracioso rebaño, como un cíclope bufo / […] Así se me aparece en el friso de Lascaux, madre fantásticamente disfrazada / La Sabiduría con los ojos llenos de lágrimas”. CHAR, René. La Bête innombrable.   En “La Paroi et la Prairie”.  París: GLM, 1952. Mencionado también: BATAILLE, Georges.  Lascaux ou la naissance de l’art.  Ginebra: Skira, 1955

[14] OTEIZA, Jorge. Existe Dios al noroeste.  En “Poesía”.  Alzuza: Fundación Museo Jorge Oteiza, 2006, p. 481. “Yo el último parábola / del último bisonte / Él último del rebaño-tótem de Altamira”.

[15] Marie-Rosalie Bonheur (Burdeos, 1822-Thomery, 1899).  Vid. la pintura “Highland Raid” (1860), del National Museum of Women in the Arts, Washington, que me devolvió hacia Schock.

[16] Dibujos que, en el aire de movimiento captado evocan ciertas interrogaciones de Eadweard Muybridge y que, yendo al caso español, podrían emparentarse con las bailarinas hechas rasgo de Marta Cárdenas, pintora también de animales en la paz de los campos.

[17] Son las palabras de Annette Schock, explicativas de sus intenciones: “¿Acaso las mujeres nos reducimos a un trozo de carne para satisfacer el punto de mira de algunos hombres, acaso no tenemos otros valores y cualidades por los que podemos definirnos? ¿Es normal que una mujer de éxito que no nos cae bien sea inmediatamente criticada por su aspecto o sus kilos de más, hacemos lo mismo con un hombre en una posición similar? ¿Adónde nos llevarán nuestra manía de la belleza y nuestros intentos, a veces ridículos e incluso desfigurantes, de preservarnos y nuestra lucha de toda la vida por mantener el peso ideal? ¿Qué imagen de la belleza se nos da en la publicidad, en el cine y por parte de los influencers? ¿Qué hacemos cuando envejecemos, se derrumba nuestra visión del mundo porque ya no se nos percibe como mujeres atractivas?”.   Escrito de la artista.

[18] DUPIN, Jacques.  Giacometti.  Madrid: Fundación Juan March, 1976.

[19] GRANDVILLE, Jean Jacques.  Vida privada y pública de los animales 1840-1842.  Lo cita BERGER, John. Mirar (1980).  Op. cit. pp. 122-23.

[20] CALASSO, Roberto.  Citado en: DOBRY, Edgardo. ¿Existe un sistema Calasso?.  Barcelona: Anagrama, 2022, p. 69.  En este punto, animales y personas, uno debe mencionar el hermoso libro de Calasso: CALASSO, Roberto.  El cazador celeste.  Barcelona: Anagrama, 2020.