ATLAS ALLENDE, TAL UN ALBUM DE CONSCIENCIA

ATLAS ALLENDE, TAL UN ALBUM DE CONSCIENCIA

Texto publicado en el catálogo
Patricia Allende. Abstractio

Rubielos de Mora: Museo Salvador Victoria, 2021.

 

ATLAS ALLENDE, TAL UN ALBUM DE CONSCIENCIA

[ EN TORNO A LA EXPOSICIÓN ABSTRACTIO DE PATRICIA ALLENDE ]

 

Mi casa comunica con las fuerzas / que perforan los mundos y los alzan / en la cima furiosa de esa sombra / sin principio ni fin que me alimenta[1].

Juan-Eduardo Cirlot, 1953

On voit les forces errantes[2]

Quangdz

 

Los pensamientos hechos imagen, las abstractio de Patricia Allende presentadas en el Museo Salvador Victoria, devienen imágenes surgidas desde el mundo y más allá de lo que este nos ofrece.   Tentando el acercamiento a la esquiva verdad de las imágenes tiene sentido mencionemos lo inasible, lo oscuro, lo más allá, lo misterioso, en definitiva las leyes secretas y lo desconocido que también nos gobiernan.   Destruye la mirada, como rezará uno de los títulos, cierra los ojos Allende para ver y, no-viendo, ello no le impide que todo el sistema tiente aproximarse al alzamiento de la verdad mediante sus imágenes nómadas y misteriosas.  La exposición de tal verdad, sí, es temblorosa, llena de proposiciones que son inexplicables, como rescoldos de la visión o intensas condensaciones de imágenes, en muchas ocasiones marcadas por un fuerte carácter de desposesión.  Como resucitadas de cualquier asignación son instantes, fragmentos de lo real, destellos escandidos, pedazos de lo invisible.   Procede Allende al incendio del velo de la imagen de tal forma que esta, entonces, alcanza su mayor grado de luz, como fulgurantes fragmentos espaciados, muestra de una verdadera realidad que, una vez transformada, deviene más bien una poética perceptiva, un fulgor, un estado del pensamiento.    Conminación a imaginar invocando los sentidos ocultos ante los innumerables tiempos e instantes que tejen mirada y pensamiento, de tal forma que nos encontramos ante imágenes que piensan, aquellas denkbilder de Walter Benjamin, pensamientos en sueños en una deriva imaginante.

¿Y cuál es la estirpe de los relatos de esta artista?.  Innumerable, podríamos citar los “Cohetes” baudelaireanos; el mágico y omniuniversal “El borrador general”, de Novalis; “El libro de los pasajes” de Benjamin o la “Crónica de los sentimientos” de Alexander Kluge.   O los “Atlas” que han poblado el mundo del arte, recuerdo ahora los del inefable Warburg, el misterioso de Gerhard Richter o la “Autobiography” de Sol LeWitt: pensamientos tal incandescencias, la estampida de fragmentos de fuerzas poéticas.  Ardientes las imágenes de Allende, refulgiendo los secretos, mencionemos los éclairs y étincelles de Man Ray; los misteriosos pedazos del mundo de Brassaï; las vistas de la naturaleza en travelling de Torner; los exercices de la pureté y fosilizaciones de Raoul Ubac o las rocas de Cartier-Bresson.  Una innumerable lista de artistas que caprichoso enumero: Étienne Beothy; Théodore Brauner; Paul Facchetti; André Garimond; Arthur Siegel; Otto Steinert; Jean-Pierre Sudre o Maurice Tabard, tanta es esa larga cofradía de misteriosos.  Llega tarde, a mi memoria, aquel “Élevage de poussière” (1920) de Duchamp.

Allende suma relatos inscritos en los pliegues del mirar que son erigidos mediante una propuesta de deconstrucción de lo real, imágenes donde parecen elevarse secretos signos, un espacio ardiente en el sentido de aquella tensión primero mencionada, un lugar que, a modo de un corte entre lo visible, revela formas impasibles, imágenes portadoras de herméticos poderes, parecieren signos tendidos sobre el abismo[3].    En el caos insoportable del aluvión contemporáneo de imágenes fijadas, Allende erige su personal cosmos, escogiendo ciertos fragmentos del mundo natural con los que construye un imaginario propio como un álbum o atlas de consciencia.     Pasiones y obsesiones que fragmentan el eterno regreso de lo idéntico, en sus palabras, la búsqueda de la mirada sincopada de lo real, “llegando a lo subjetivo y al pensamiento final de la realidad”[4], utilizando ese nexo común que es la naturaleza concluirá citando a Goethe: “Aquel al que la naturaleza comience a desvelarle su secreto manifiesto, experimentará un anhelo irresistible por conocer a su más digno interprete: el arte”[5].

El Atlas-Allende es territorio donde se erigen incertezas de imágenes dinámicas, en perpetua variación, vindicando “símbolo e improbabilidad”[6].   Frente a la vana certeza, Allende introduce su atlas de consciencia[7], en donde se encuentra lo múltiple y lo diverso, complejas imágenes interrumpidas que recopila en sucesión de interrupciones que no son una pausa, sino la tentativa de un encuentro múltiple del sentido que permita ofrecer la posibilidad de cierta comprensión de lo real.   La artista establece esa zona de temblorosa suspensión de imágenes entrecortadas que conllevará a cada contemplador a erigir su propio relato.   Como una heurística, sucede la invitación al descubrimiento frente al simulacro de lo real, desplazándonos hacia el surgimiento de relaciones, al pensamiento no canónico, quedando el contemplador sumergido en el desafío de una contemplación activa que promueva la emersión de una nueva visión.

Un sistema de símbolos e imágenes interiorizadas, como un círculo cósmico cerrado con los que propone Allende ver como nunca, magia[8], como los instantes activados por un puñado de luciérnagas que iluminaron el espejo de agua en la noche de aquel verano.

Ir más allá, escribe entonces transida la hermana que vio a Patricia en la tiniebla amniótica, avanza Allende en la penumbra en múltiples direcciones[9], le dije, como aquel artista hermético.  Y llegó hasta mí, pensando en la casa de las imágenes de Allende, cuál podría ser la verdadera pertenencia de Patricia: su obra comunica con las fuerzas que perforan los mundos.    Eternizando momentos o fragmentos que fueron fugaces, proponiendo otros pareciere surgidos desde la inmateria, abrazando en sus títulos dicho elogio de lo que fue memoria desvanecida, los sueños, el vagar del cosmos, lunas o constelaciones.   Repertorio de las fuerzas errantes, Allende sentencia cómo lo suyo, más que certezas, son phásmas, fulgurantes vislumbres de posibles verdades.   Permitiéndonos al fin ver aquello que jamás fue escrito.

 

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NOTAS AL TEXTO

[1] CIRLOT, Juan-Eduardo.  Segundo canto de la vida muerta. Barcelona: Alcor, 1953.

[2] QUANGDZU-(POUVOURVILLE, Albert de). L’esprit des races jaunes-Le traité des influences errantes.  París: Bibliothèque de la Haute Science, 1896.

[3] PALAZUELO, Pablo-ESTEBAN, Claude. Palazuelo. Paris: Éditions Maeght, 1980, p. 147.

[4] ALLENDE, Patricia.  EFTI-Escuela de fotografía. 20 años de historia.  Madrid: EFTI, 2008. También anteriores palabras de Allende en el párrafo.

[5] Son palabras de Patricia Allende a este autor, 16/III/2020.

[6] ALLENDE, Patricia.  EFTI-Escuela de fotografía. 20 años de historia.  Op. cit.

[7] Citará Allende a Vilem Flüsser: “la filosofía de la fotografía es necesaria para elevar la práctica fotográfica a la conciencia”. En Ibíd.  Se refiere a: FLÜSSER, Vilém. Una filosofía de la fotografía.  Madrid: Editorial Síntesis, 1999.

[8] “Imagen comprende magia”, en: ALLENDE, Patricia.  EFTI-Escuela de fotografía. 20 años de historia. Op. cit.

[9] DE LA TORRE, Alfonso.  Pablo Palazuelo. Poemas.  Madrid: Ediciones del Umbral-Colección Invisible, nº 1, 2015-2016.