ADRIANA ZAPISEK, BUSCANDO LO SUBLIME

ADRIANA ZAPISEK, BUSCANDO LO SUBLIME

Texto publicado en el catálogo
ADRIANA ZAPISEK, BUSCANDO LO SUBLIME
Madrid, 2020: Casa de Vacas, Ayuntamiento de Madrid.

 

ADRIANA ZAPISEK, BUSCANDO LO SUBLIME

Alfonso de la Torre

 

(…) Una forma plástica y estética que nos eleve.  Hacer volar la imaginación (…)[1].  

Adriana Zapisek, 1985

Lo visible apela a lo invisible[2].

Adriana Zapisek, 2011

Búsqueda de la perfección (…) la persecución de ese lenguaje visual puro[3]

Eduardo Mac Entyre, 1985

 

 

Siempre tras un ahondamiento conceptual donde la tensión creadora ejerce un papel fundamental, el trabajo creativo de Adriana Zapisek (Buenos Aires, 1949), desde un aspecto ordenado, aparece ante nosotros con la perplejidad y el vértigo que destila lo aparentemente sencillo.   Artista en permanente pregunta sobre el espacio, es creadora embargada de una deriva geométrica que tienta nuevas formas de mirar devenida pareciere su obra, en ocasiones, auténtica embriaguez al frecuentar hasta la extenuación el tenaz análisis de las formas, en incesante trabajo que con frecuencia es ejercido de modo serial.   Comenzó su trayectoria expositiva Zapisek hace más de treinta años[4], en un contexto fértil para la abstracción, Argentina su país de origen, un territorio, es sabido, extraordinariamente propicio para el desarrollo abstracto, en especial lo geométrico y normativo, algo simbolizado en la utopía MADÍ que había precedido su quehacer[5], puede entenderse así que algunos críticos subrayaran sus “amplitudes americanas”[6].   En este punto no está de más evocar que su familia materna sea de origen italiano, no lejos de la patria del “Abstraction-Création”[7], el extraterritorial Juan Del Prete[8].

No es por ello extraño, escribamos ya desde el comienzo, que durante toda su trayectoria los términos “geometría” y “generación” (de formas) hayan sido frecuentados[9]por el análisis de la obra de Zapisek.  El primero de ellos no le corresponde en su sentido lato sin más precisión pues, como iremos analizando, es su geometría portadora de un mundo propio, más bien digamos su obra se desarrolla mediante un medido concepto de la composición y la forma pictórica, por lo que debe ser cuidadosamente precisado.    Realmente, para tentar esta escritura afirmemos que, contemplando las más de tres décadas de trabajo de Zapisek, una de las cuestiones que puede concluirse es su trayectoria en extremo coherente ejerciendo una tarea que, antes que promover vanos asertos, se ha desarrollado planteando interrogantes, -quizás sea buen ejemplo que uno de sus cuadros de los años ochenta llevara por título “Tensiones” (1984)-, los principales refieren cuestiones en torno a la creación y autonomía de las imágenes.  Así ha de entenderse su trabajo mediante ciclos, en los que, coincidiendo con un momento vital o de pensamiento, “Feelings”, titulará una de sus series de mediados los ochenta, aborda con insistencia -en ocasiones mediante variaciones- la idea que dio origen de la serie.   Esos ciclos diversos son frecuentadores siempre de una geometría sensible, en ocasiones más arraigada al análisis provocado por una misteriosa naturaleza trasmutada en formas, antes que una revisión formalista de rigurosas posibilidades geométricas, otrora devolviendo al temblor del mundo imágenes rotundas o de mayor autonomía.   Algunos títulos seriales como el auroral “Eos” (1992-1993); “Gemas” (1991) o “Luces del Mediterráneo” (2010), retornan su pintura hacia aquellos ecos misteriosos de lo natural que nos evocan a Klee, sus geometrías musicales, y aquel hermoso libro de Novalis que ilustrara el pintor de Berna, “The Novices of Sais”[10], elogio del cristal considerado una geometría viviente y así, en palabras explicativas de la artista, “Gemas” serían “estructuras cerradas que giran sobre si mismas en el espacio”[11].

Esa indagación en lo espacial hace que Zapisek desmaterialice el mundo de lo real sometiéndolo con intensidad a las diversas visiones de su poesía visual, haciéndonos saber la fuerte impronta sensual[12] que gobierna el surgimiento de sus imágenes, así han de entenderse sus ciclos dedicados a sugerencias evocadas desde: “El Cantar de los Cantares” (2000); “Óperas” (2001-2002) o “Cuentos y leyendas polacas-Polska” (2007-2008).  Se encuentra Zapisek, en esa evocación de historias, con otras mujeres artistas que  han creado desde los relatos que llegaron, a veces por el aire, narraciones que fueron al oído susurradas, historias escondidas en un recodo del mundo, y pienso ahora en Siri Dekert o en Farideh Lasai, escuchando las historias que aquellas me contaron de las historias.  Los relatos que acariciaron otros oídos, evocando la obra de Fatima Mernissi, “Sueños en el umbral (1994)”, su lazo con “Las mil y una noches”.  Como Farideh, devuelve entonces Zapisek las historias al mundo, y como aquella podría escribir: aquí estoy, he custodiado cada cosa dentro de mí[13].

Otras series, que podemos calificar de metavisuales, nos desplazarán hacia las puras imágenes haciéndonos saber su estirpe verdadera de pintora-pintora y rigen ese extraordinario sentido de reflexión sobre su construcción, así han de entenderse “Núcleos Ikonos” (2014) o “Ensamble” (2016) que, como explica la artista, son “el fruto de mi investigación profunda sobre la forma, composición, armonía, color y movimiento de mis imágenes pictóricas.  Dichas obras son las matrices de mi siguiente serie ‘Vertientes’”[14].

Es capaz Zapisek de ejercer una cuidada pintura sobre lienzo, con óleo o acrílico, este a veces extendido mediante aerógrafo o bien, en nuestro tiempo, ejecutar complejas técnicas mixtas, o quizás desplazarse hacia inquietantes impresiones digitales. A la par que son de necesaria evocación los misteriosos monotipos, cuyos títulos devuelven a la naturaleza viajera desde el mundo exterior: “Paisaje” o “Mar”, hacia el “Viaje interior”, lo “Profundo”.  Parecieren embargados de una transida visión de la naturaleza como hicieron otros artistas radicalmente abstractos, estoy pensando en algunos creadores silenciosos por ella admirados: Mondrian o Ben Nicholson[15], por ejemplo.  Tal da que trabaje con acrílico o bien mediante el citado aerógrafo, ambas posibilidades funcionan estableciendo un modo formal de aire organicista y límites difusos, “masas flotantes”[16], escribirá Diéguez Videla, no impidiéndole crear, desde ese aire a veces impalpable, imágenes rotundas que, en cierto modo, nos obligan a recordar sus concomitancias con algunas zonas de la pintura de campos de color de clasicismo abstracto, con la pintura llamada “Hard-Edge”.   Es así artista rigurosa e inquieta, sometida su mirada a los misterios del ver, indagando en torno a qué cosa sea la imagen, su construcción o existir, y el desplazamiento que comportan los fenómenos de la creación de dichas imágenes hacia quien las contempla[17].  A la par que es preciso mencionar que sus diversos momentos pictóricos durante estas tres décadas antedichas se entienden bien, se relacionan inexorablemente con su trabajo actual a pesar de las distancias temporales.   En este punto no está de más recordar aquello que mencionamos en ocasiones sobre el estilo.   Esto es, cómo subyaciendo la misma forma de entender el arte este no tiene por qué concretarse en una única forma de hacer[18], algo que una vez que lo explicara Fernando Zóbel[19] en un inigualado texto, evita nuevas reiteraciones y concluimos: el hacer de Zapisek es consecuencia de su estilo de pensar[20], que en palabras de aquel:  “Me parece que no sólo tiene estilo, sino que tiene muchísimo estilo. Lo que ocurre es que la gente suele confundir la técnica particular –cierta forma de emplear materiales- con el estilo (…) no tiene un estilo de hacer, sino un estilo de pensar. Su hacer es consecuencia de su estilo de pensar, y para ese hacer tiene a su servicio y emplea toda una rica variedad de técnicas, desde las más tradicionales hasta las más originales y sorprendentes. Yo me atrevería a decir (quizás exagerando un poco) que, cada vez que se plantea la necesidad de hacer una obra, se inventa la técnica necesaria para hacerla. Sus conceptos cambian y con ellos cambian sus técnicas. Lo que no cambia es el proceso mental (un proceso mental argumentado en términos visuales, por supuesto). Ese proceso mental es el estilo (…) es un estilo claro, sutil, agudo, elíptico, atrevido, sensual y extraordinariamente inteligente. Una vez reconocido resulta inconfundible”.  Se trataría de “una especie de mirar lo de alrededor y luego pensar en lo que ves y comunicar el resultado.  Con las dudas y las ansiedades que todo ello conlleva (…) subyace la misma forma de entender el arte, lo que no tiene por qué concretarse en una única forma de hacer”[21].

 

GENERACIÓN DE FORMAS: LA AGITACIÓN DE LA VIDA

Hecha anteriormente la observación sobre su especial acercamiento a la geometría[22],  considero que la generación de formas que, una vez creadas, -con frecuencia curvulentas-, se desarrollan, transforman o mutan, le corresponde aún con pertinencia, como también lo es que su investigación suceda en buena lógica mediante los ciclos seriales referidos que en ocasiones son ciclos también en su seno generativos.  Esto es, un conjunto de obras genera otro nuevo ciclo, como relatamos así sucede en su serie “Núcleos Ikonos” (2014)[23] que, en palabras del artista, es “matriz” de la siguiente, “Vertientes”.

En el contexto español, escribir “generación de formas” nos traslada a considerar el trabajo de Pablo Palazuelo pues, como en el caso de este, Zapisek ejerce una búsqueda incesante en torno a la generación de unas formas pareciera buscando el reposo, generadas entre la turbulencia del espacio.   El espacio es un refugio y, como escribiera aquel: “así pues, privada de reposo, la idea del espacio parece buscar sin cesar el infinito de la augusta presencia (refugio), moviéndose, en el infinito interior de la impotencia humana obsesionada por una visión, en ocasiones agitada y otras flébil, siempre desconsoladamente dirigida, mas en vano, hacia lo ilimitado”[24].    En su agitación el arte propone también el olvido o el sueño de un nuevo comienzo: es “la nueva vida” que escribirá el artista mencionando el río mitológico que lleva al olvido: “La vida es sueño. In somnus est morte / In somnus est vita nova / Lethe-olvido”[25].  Sueños, sueños…, sueñan las líneas kleeianas, sueñan las pinturas de Zapisek proponiendo títulos letárgicos y energéticos en sus series[26], evocando ahora pinturas presentadas en sus primeras exposiciones a las que veo algo de sueño de vuelo[27]: “Fuga”, “Vuelo”, “Alas”, “Energía”, “Acento luminoso” o “Sensaciones en el infinito” eran denominaciones titulares donde Zapisek sentenciaba cómo el sueño y la visión poseen un carácter simbólico: existen y significan para nosotros, como escribía William G. Rusell[28].   La generación de formas deriva a otro concepto fundamental, el lineaje: aquellas formas, más que encontrarse, muestran su agitada vida, el lineaje, esto es, el permanente engendramiento de unas formas en otras, de tal forma que la imagen resultante conserva en su sangre pictórica el lineaje de una forma que fue original, se transmutó y ahora es esta, conservando la memoria de aquella.

Evocando la primera exposición de 1985, Zapisek precisaba su acercamiento a la geometría, siempre desde la reivindicación de una esencia sensible: “el arte nos hace sentir cosas que, de otra manera, no podríamos percibir (…) todo lo que nos rodea es geometría pura.  Lo único que hay que hacer es trasladarla a un plano y alcanzar con ella una forma plástica y estética que nos eleve.  Hacer volar la imaginación (…)”[29].   No era extraño, por ello, que su maestro, el activo, activista y energético, Eduardo Mac Entyre[30], refiriera en la misma publicación la búsqueda espacial de aquella, donde “las formas, el dinamismo se conjugan hacia una búsqueda de la perfección (…) la persecución de ese lenguaje visual puro”[31].  Claro, Mac Entyre había sido artista fundamental en el desarrollo de las artes de la postguerra en Argentina, también devendría alguien capital en el desarrollo artístico y la defensa del quehacer de Zapisek, estudioso del Arte Concreto, la Bauhaus, Max Bill y Vantongerloo, él mismo practicó el llamado arte generativo con su correspondiente manifiesto[32]que funcionó como una corriente estética en el Buenos Aires de los años sesenta pudiendo considerarse Zapisek resuelta heredera[33].  En este punto es importante subrayar que, a lo largo de su trayectoria, nuestra artista estaría acompañada de reflexiones críticas de intelectuales centrales de la modernidad plástica argentina.   A Mac Entyre podemos sumar ahora la mención a Rafael Squirru y Albino Diéguez Videla quienes serían otros frecuentes veladores que glosarían con acierto su quehacer, como iremos viendo.

“Generativo”, escribirán Mac Entyre y Diéguez: a la fuerza y la energía de las formas aludirán, pues aquel término es “lo que tiene virtud de engendrar”, esto es: “procrear, propagar la propia especie, causar, ocasionar, formar”, la línea o la imagen son capaces de originar, por su dinamismo, una nueva forma, una vida, en sus palabras “proyectiva”, capaces de producir “la sensación de penetrar y de salir, ellos rompen el plano básico nuevamente, no se quedan adheridos a una superficie plana solamente. Ellos crecen y se disminuyen, se GENERAN progresivamente, ellos giran y vibran, giran en su propia forma y vibran al encontrarse entre sí. Ellos producen contraste y el claroscuro. Ellos adoptan un nuevo tipo de vida, ellos cobran una nueva identidad en el espacio”[34].   O, en palabras de Pirovano destiladas desde Vantongerloo, germen de aquel manifiesto: “‘Engendrar formas nuevas, reflejar el proceso generativo de las mismas, los fenómenos que lo provocan o estos mismos fenómenos en movimiento, evolucionando en continua transformación’”[35].

El asunto de la extensión de lo generativo debe hacernos mencionar en nuestro contexto la experiencia del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (CCUM), cuyo Seminario central refería en 1968, justamente, la Generación Automática de Formas Plásticas[36].    Buena prueba de ello será la “adopción” de Mac Entyre en los “Encuentros” de Pamplona (1972)[37], en donde participó en una de las exposiciones relevantes, sobre el particular: “Generación automática de formas plásticas y sonoras”[38], allí se encontraba Mac Entyre con la cultura más avanzada de su tiempo en el mundo, entre ellos, una de las figuras centrales era el asistente John Cage junto a David Tudor.

El arte generativo planteado desde el manifiesto de Mac Entyre contemplaba, también, algo nada baladí: el encuentro de la estética y la ética, como un modo de ser[39], y seguirá ocupando la trayectoria de Zapisek, si pensamos llegó a titular una de sus exposiciones de 2011[40].

Claro, en este punto es importante señalar que ciertos valores de MADÍ, un grupo nacido oficialmente en Buenos Aires en 1946, con un importante aporte del ideario artístico uruguayo, han pervivido y puede afirmarse que Zapisek queda así contextualizada tras el existir de los ancestros geométricos embargados en la poesía de las formas[41].   Así, el aspecto manual de sus realizaciones[42], la relación lúdica con el espacio[43]; la defensa de la invención meditada evocadora del impulso o, también, la separación respecto a otros movimientos representativos del siglo veinte tal el realismo o el simbolismo, al fin, quedaría la imagen “librada”, como escribirán los MADÍ.  Y, aún más: el rechazo del expresionismo o automatismo (y mira que en muchos de sus escritos hay ludus junto a cierto aire irracional), también les hará mostrar distancias del surrealismo, al que calificarán de entorpecedor[44]y antiguo[45].  Era un proceso imaginativo y cerebral, dirán jugando con la anfibología terminológica[46]en lo que será frecuente durante su desarrollo, su carácter habitualmente elogiador de la contradicción, el goce en la presentación de contrarios.  Fueron extremadamente sugerentes en su desinhibido viaje por la historia, rechazaban normas a la par que exhalaban permanentemente modelos para armar, reivindicaban la extrema invención en tanto aludían a figuras pasadas como Gropius, Kandinsky, Mondrian o Pevsner[47]. Sabiendo de la inmediata llegada de MADÍ a París se entiende el GRAV, el Groupe de Recherche d’Art Visuel, con ellos la internacionalización del shaped canvas y su vindicación norteamericana.  En MADÍ, era también frecuente la creación de un espacio pluridimensional mediante una cierta perspectivización y dinamismo que comparte Zapisek, pues también es el suyo un telos cinético que pregunta sobre el plano o la composición mediante su dinámico encuentro, la defensa de la pintura y la superposición como esencial forma creadora[48].

 

POESÍA VERDADERA Y CONSCIENCIA

Otro personaje fundamental que siguiera críticamente a lo largo de su trayectoria el quehacer de Zapisek fue Rafael Squirru[49], autor también de uno de los primeros textos sobre la artista donde, desde la defensa de una intuición poética, aseveraba la capital importancia de lo espiritual presente en las formas de Zapisek: “logra la artista hacer vibrar el color con rara potencia y una limpidez cristalina que casi nunca se ve disminuida.  Es esa pureza de tonos y de gamas lo que sorprende (…) se trata de colores interiorizados (…)”[50].

Es frecuente así que su pintura, con esa fuerte impronta poética, surja de la catarsis, en sus palabras, de la apertura de la imaginación de la artista[51] tras lectura de algunos poemas o textos de hondo sentido lírico.  Ella ha citado en ocasiones a la polaca Wislawa Szymborska[52], o bien pueden ser su inspiración textos que están en la cultura de la humanidad, bíblicos como los que proceden de “El Cantar de los Cantares” que da título a una de sus temblorosas y emocionantes series, coincidente con otras pinturas que Paul Klee dedicara esa obra[53], realizada tras el dolor destilado en “La mirada de Dios”.   O resultantes de evocaciones musicales, como el caso citado de “Feelings” o bien, finalmente, estar ancladas en el recuerdo inmemorial de su ancestral infancia polaca[54].

 

Cielo delicado y juego iridiscente de la verdadera poesía, la conciencia como una serie de destellos espaciados, esta artista parece indagar sobre un posible alfabeto óptico imbuido de la fragilidad de las apariencias que construye, deconstruye y plantea reconstruir en una nueva-otra realidad donde el color, un color constructivo[55], es elemento capital, un color esgrimido con la exhibición de una extraordinaria fuerza.    Poesía y consciencia, mundo de la representación en cuestión, preguntas que realiza Zapisek sobre las dimensiones del espacio, verdadera realidad que, una vez transformada, deviene más bien una poética perceptiva, un fulgor, un estado del pensamiento.    El espacio queda transformado así al emerger sus imágenes y, por tanto, trastornado, una conmoción que es desplazada también al contemplador que atiende las imágenes.  El trabajo de Zapisek deviene una verdadera experiencia perceptiva, con frecuencia apreciada en su creación por el diálogo entre la obra y el sentido esencial de su discurso, al utilizar formas geométricas dotadas de una tensión[56] de extraordinaria complejidad:   preguntas en torno a la propia creación, la estructura, la posición de las formas en el mundo, el poético poder de la repetición, las variaciones, el encuentro de contrariedades, interrogantes en torno a lo temporal, la estructuración de las superficies visuales o la transformación incesante.    Así, resulta evidente que la propuesta de ver de Adriana Zapisek podemos decir cuestiona la propia mirada, las ideas heredadas sobre las imágenes, inclusive la evidencia de lo real devuelve el espacio poblado con imágenes que convierten el lugar en un universo poblado por una luz no-visible encontrada con la energética sombra[57], a la par que queda erigida la energía que esta procura, esa rara potencia que citaba Squirru[58], o “una fuerza interior instintiva, un elemento raro de encontrar en los geométricos”, en palabras ahora de Diéguez[59], siendo capaz Zapisek de revertir los procesos visuales tradicionales procediendo a la transfiguración del espacio, significar un más allá que es no tanto para el ojo como para el espíritu, de ahí que la artista insista en los factores sensibles.   Cuestionada la idea de la pintura, escapando desde los límites por los que ha transcurrido la historia del arte de nuestro tiempo, su quehacer ha sido articular una estrategia de secretos signos, un espacio ardiente en el sentido de su calma tensa, un lugar que, a modo de un corte entre lo visible, eleva el tiempo que vive el artista, mas también otros tiempos.

Recuerdo maternal, en la serie “Óperas”, en sus palabras: “es mi pequeño y humilde homenaje a mi querida Madre nacida en Italia y emigrada a la Argentina junto con mi padre polaco, luego de la Segunda Guerra Mundial.  Flora, mi madre, amaba las óperas y las cantaba con su hermosa voz de mezzosoprano teniendo un amplísimo repertorio que sabía de memoria mientras yo escuchaba y las tarareaba acompañándola. Mi infancia transcurrió (soy hija única) escuchando a Beniamino Gigli, Maria Callas, Tito Schipa y los Oberek, Polkas y Estudios de Chopin por parte de mi padre polaco” [60].  Ahora es certera la pregunta: “¿Lo que vemos es cómo lo vemos o como Adriana Zapisek insinúa que es?”[61].   Y si arde la imagen, -como pienso sucede por ejemplo en el ciclo de Zapisek mencionado-, es verdadera, escribiría Rilke o, como también nos recuerda Didi-Huberman citando a Benjamin: “la verdad […] no aparece en el desvelo, sino más bien en un proceso que podríamos designar analógicamente como el incendio del velo […], un incendio de la obra, donde la forma alcanza su mayor grado de luz”[62].  Llegando a este punto, no parece extraño que Squirru refiriera también el aire orientalizante del trabajo de la pintora, subrayando que “pertenece a la categoría de artistas que conoce y practica esa importante iluminación”.   A eso se refería también Albino Diéguez Videla cuando subrayase “la mente iluminada” de Zapisek, cuyos trabajos “no ocultan una puesta en escena muy estricta y sostenida por la clara relación fondo-forma”[63], es lo que Squirru llamaba “su irrebatible fuerza”[64].   Este crítico, uno de los más constantes seguidores del trabajo de Zapisek mencionará también el carácter metafísico y místico de su pintura[65], como lo hará Diéguez[66].

La historia del arte ha representado secularmente el dolor y la muerte, ¿por qué rechazar la entrada en la casa del dolor?, dixit Dante.   Por qué impedir que el dolor pise la casa del arte.   Pues el dolor puede también ser memoria catártica, en palabras de nuestra artista, cuando refiera su ciclo “La mirada de Dios” (1995): “fue la serie más sentida y dolorosa que he hecho en mi vida porque tuve tres años de pérdidas tremendas, entre ellas la partida de mi querido padre. Y así releí la Biblia luego de tantos años, para fortalecerme y superar esos tristísimos tiempos e hice una catarsis con esta serie.  En ella trabajé sobre las tres únicas religiones monoteístas: judía, católica y musulmana como también algunas filosofías: hinduista o budista, por ejemplo”[67].   Lo hermoso no es más que el comienzo de lo terrible, sabemos ya que cantaba Rilke y Zapisek lo transmutará en su serie “Vuelos” (2004-2018).

Lección de abismo no lejana, por cierto, de aquel elogio de la violencia que cantara Kafka, pues el dolor nos ilumina también: “La guerra, además de quemar y desgarrar el mundo, también lo ha iluminado”.  Flor del mal, dolor presentido por Baudelaire como una nueva belleza capaz de reunir cielo y abismo, esplendor e infierno, ocaso o cielo.   Zapisek crea imágenes surgidas desde la impresión causada por acontecimientos de nuestro tiempo, que subraya en el título con la fecha y el lugar: Nueva York, Bagdad, Londres, Barcelona o Madrid, son los lugares donde se pudo contemplar el horror, así señalará: “plasmo los cruentos acontecimientos, a partir del año 2000, que se producen en nuestro mundo (…) trabajé sobre el impacto que dichos hechos me produjeron en su momento”[68].

Soledad y silencio, pinta una artista, el mundo es creado, a la par que otro mundo, lo real, se desvanece.

Abordará nuestra artista, en los últimos tiempos, contemplo el ciclo “Vertientes”, un repertorio de extraordinarias imágenes que produce mediante impresión digital.   El resultado podría calificarse de un misterioso reino intermedio, constituyendo así un extraordinario conjunto donde las formas parecen palpitar frente al contemplador, casi presidida la serie por un cierto deje orientalizante, pienso ahora en la conmocionante imagen evocadora de antiguas heráldicas, pensando en su “Family tondo” (2015).

Zapisek asume que pintar es establecer un sistema autónomo de relaciones estructurales, elevando en sus pinturas lo que podría denominarse un territorio de energía, mediante una constante investigación e interrogación sobre las relaciones formales que pueden establecerse en el espacio es la suya una experiencia interiorizada portadora de cierta estirpe sobrenatural, lo que le hará referir que su intención sería despertar “algo sublime en su interior (…) lo visible apela a lo invisible”[69], nos recordará desde una estirpe que vemos kleeiana, fiestas de formas, llegará a escribir casi homenajeando al pintor de Berna[70].   Pintura como puesta en práctica de intensos ejercicios formales donde Adriana reflexiona sobre el proceso que afecta a la constitución del objeto estético y los problemas formales del mismo, su deseo de apresar lo que es fugaz[71], conducente ese pensamiento a plantear la reflexión sobre los intersticios estructurales, en torno a como en la imagen creada hay un espacio interpuesto entre esta y el contemplador.   Sabemos ya que el resultado de esa falla es la imagen artística, una forma que permanece abierta a la interpretación, inconclusa en el mundo.  “Vivimos en un mundo de enigmas”, el espacio es misterioso: cabizbajo sentenció Henri Michaux[72], convertido su imaginar paseante en cuadritos kleeianos.      Muchos de los dibujos, pinturas o estampaciones misteriosas de Zapisek portan ese aire inmemorial, surgidos desde una impresión poderosa, la evocación de lugares, instantes musicales, leyendas de la Polonia paterna, sensaciones desde un paisaje que le conmocionó, evocan también el surgimiento de las formas en la oscuridad, portadoras éstas de una singular energía luminiscente debatiéndose entre las tinieblas, interrogándose por la extensión de las formas en ese extraño centro invisible donde el número y la energía incandescen.   Viaje entre el mundo misterioso de lo visible sobre la alfombra voladora nabokoviana, palpitación de los signos, las imágenes del mundo de la naturaleza parecieren evocar la botánica carnescente de Georgia O’Keefe, además de esa evocación de lo vegetal, hay formas que parecen fluctuar como el agua o la atmósfera, tal un paseo entre lo compacto y lo fluido que nos recuerda la afirmación de Klee cuando señala con tino la capacidad del misterio en el arte: “ciertas cosas pueden pasar bajo nuestros pies, existen regiones donde otras leyes son en vigor, para las que sería preciso encontrar nuevos símbolos (…) el reino intermedio de la atmósfera donde su hermano más pesado, el agua, nos da la mano y se entremezcla para que podamos llegar, acto seguido, al gran espacio cósmico”[73].

Entre el repertorio de lo visible, vuelo de la imaginación en búsqueda de lo sublime, en palabras de Zapisek[74].

 

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N O T A S    A L   T E X T O

1 ZAPISEK, Adriana. Texto (“El arte nos hace sentir cosas”). Buenos Aires: Fundación Banco Patricios, 1985.

2 ZAPISEK, Adriana.  Pensamientos sobre mi obra. Madrid: Colegio Mayor Argentino Nuestra Señora de Luján, 2011

3 MAC ENTYRE, Eduardo.  Adriana Zapisek. Buenos Aires: Fundación Banco Patricios, 1985.

[4] Fundación Banco Patricios, Adriana Zapisek. Pinturas, Buenos Aires, 3 Octubre-18 Octubre 1985.   La primera pintura de la exposición se fecha en 1984.

[5] Vid. a este respecto: DE LA TORRE, Alfonso. Universo (y universalismo) MADÍ (A la poética conquista del espacio). Caracas-Madrid: Galería Odalys, 2019.

[6] POCIELLO, Teresa.  Adriana Zapisek.  Buenos Aires: “Óleo y mármol. Periódico nacional e internacional de las artes plásticas”, Año 1, nº 1, V/1986.

[7] Del Prete colaboró en el número 2 de la revista-cuaderno citada.  París: Imprimerie de Montmartre, 1933, il. b/n p. 7

[8] Juan del Prete (Vasto, Chieti, 1897-Buenos Aires, 1987).   “Si luego citamos ciertos nombres de las vanguardias literarias, pueden sumarse también ahora en Argentina experiencias aisladas mas extremadamente fértiles como las de Esteban Lisa, Juan del Prete, Xul Solar o Emilio Pettoruti”, escribiimos en: DE LA TORRE, Alfonso. Universo (y universalismo) MADÍ (A la poética conquista del espacio).  Op. cit. p. 15.  Citado también por: SQUIRRU, Rafael.  La pintura geométrica de Adriana Zapisek.  Buenos Aires: “La Nación-Bellas Artes”, 10/I/1987.   En este artículo Squirru recoge la admiración de Zapisek por la obra de Picasso: “a partir de allí ya estaba elegido el camino de la modernidad”.  Ibíd.

[9] Galería Estudio de Arte, Proyección del arte generativo, Buenos Aires, 1984.  Y, en lo relativo a geometría: Espacio de Arte-Galería Trench, Arte geométrico, Buenos Aires, 1984; Acervo Estudio de arte, Pintores geométricos, 1984; Banco Patricios, Arte geométrico, Buenos Aires, 1985.

[10] NOVALIS. The Novices of Sais.  Nueva York: Curt Valentin Ed., 1949 (Prefacio de Stephen Spender. Traducido del alemán por Ralph Manheim.  Ilustrado con sesenta dibujos de Paul Klee.  Frontispicio de André Masson). Esa relación de las composiciones de Zapisek con el cristal era recordada por: FACCARO, Rosa.  Adriana Zapisek. Meridianos. Buenos Aires: “Clarín”, 28/VII/1990.  También por: SQUIRRU, Rafael. Lucidez y fuerza creativa en la obra de Adriana Zapisek.  Buenos Aires: “La Nación”, 24/II/1990.

[11] Conversación de la artista con este autor (24/I/2020).

[12] También en SQUIRRU, Rafael. Lucidez y fuerza creativa en la obra de Adriana Zapisek. Op. cit.

[13] MARTÍNEZ DE AGUILAR, Ana.  Farideh Lashai: he custodiado cada cosa dentro de mí.  Madrid: Museo del Prado, 2018.

[14] Conversación de la artista con este autor (24/I/2020).

[15] El asunto de la fascinación de la naturaleza en el arte contemporáneo está tratado en: DE LA TORRE, Alfonso. Nicholson y Rueda.  Frente al Mar [ Ben Nicholson-Gerardo Rueda.  Confluencias ]. Madrid: Galería Leandro Navarro, 2013.

[16] “Las masas flotantes -en su geométrica abstracción- parecen superar la superficie y evocan imágenes primordiales extraídas de un mundo a punto de caer en el olvido (…)”. DIÉGUEZ VIDELA, Albino.  La irrebatible fuerza de la verdad.  Buenos Aires: Galería Van Riel, 1989.   Reproducido en: Varsovia: Galeria Zapiecek, 1994.

[17] Este asunto lo refiere: SQUIRRU, Rafael. Lucidez y fuerza creativa en la obra de Adriana Zapisek.  Op. cit.: “(…) prolongando nuestra vista más allá de los límites del cuadro; significa esto que invaden el espacio circundante (…)”.

[18] En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones. Valencia: Pretextos, 1996, p. 119.

[19] ZÓBEL, Fernando.  Pensando en Gustavo Torner. En: Torner. Madrid: Ediciones Rayuela, Colección Poliedro, 1978, pp. 3-6.

[20] Ibíd.

[21] En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones.  Op. cit. p. 119.

[22] “Los grandes campos de color siguen el ritmo de composiciones, donde juegan curvas y rectas con precisión que nos atreveríamos a calificar de matemática”. SQUIRRU, Rafael. Adriana Zapisek. Buenos Aires: Galería Federico Ursomarzo, 1986.

[23] “Es el fruto de mi investigación profunda sobre la forma, composición, armonía, color y movimiento de mis imágenes pictóricas.  Dichas obras son las matrices de mi siguiente serie ‘Vertientes’”, en tanto que esta última serie: “Son los últimos trabajos que estoy realizando y que tratan sobre la “deconstrucción” de mis “Núcleos” y su nueva construcción con las técnicas digitales reutilizando dichos fragmentos pero desde otra óptica y punto de vista. Por consiguiente el camino de la reconstrucción de las nuevas obras digitalizadas es infinito”. Conversación de la artista con este autor (24/I/2020)

[24] Pablo Palazuelo, “Cuaderno de Paris”, 1953. Inédito.  Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.

[25] Pablo Palazuelo, “Cuaderno marrón”, c. 1961-1963. Inédito.  Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.  Ese asunto, como vimos, el del “olvido”, fue citado por DIÉGUEZ VIDELA, Albino.  La irrebatible fuerza de la verdad.  Op. cit.

[26] Ordenados cronológicamente, estos son algunos de sus ciclos seriales: Feelings: Gemas: Eos; El Cantar de los Cantares; Óperas; Cuentos y leyendas polacas-Polska; Luces del Mediterráneo: Núcleos Ikonos y Ensamble.

[27] “FUERZA, porque en realidad la hacen al querer producir la sensación de despegarse y de querer penetrar en el plano básico y ENERGIA porque en sus desplazamientos y vibraciones la producen”, se escribirá en el “Manifiesto Arte Generativo” (1959), que de inmediato referiremos. También Chierico escribirá: “(…) protagonismo de la línea recta que (…) convoca la metáfora del vuelo”. CHIERICO, Osiris. Adriana Zapisek (“Siempre se me ocurre pensar”).  Buenos Aires: Galería Pozzi, 1988.

[28] “Nous inférons cela du fait que le rêve et la vision assument parfois un caractère symbolique et une signification qui nous est personnelle. Ils nous disent nettement : “Pour toi seul nous existons”, et nous ne saurions concevoir ce qui est vu comme étant le reflet de quelque chose qui vivrait dans une autre sphère”.  RUSSELL, George William. L’architecture du rêve. París: “Derrière le miroir”, nº 104, Maeght Éditeur, 1958.

[29] ZAPISEK, Adriana. Texto (“El arte nos hace sentir cosas”). Op. cit.

[30] Buenos Aires, 1929-2014. Sobre esa influencia de Mac Entyre, vid.: “una elección que más allá de lo que significó como afirmación de un inicial reconocimiento de la propia realidad, sirvió para clarificar ideas, abrir posibilidades, estimular la visión personal del problema, guiar hacia el descubrimiento de una gramática plástica que definiera visualmente sus objetivos y dejarla en libertad exactamente en el momento preciso.  CHIERICO, Osiris. Adriana Zapisek (“Siempre se me ocurre pensar”).  Op. cit.

[31] MAC ENTYRE, Eduardo.  Adriana Zapisek.  Op. cit..

[32] Eduardo Mac Entyre y Miguel Ángel Vidal, “Manifiesto Arte Generativo” [1959] en: Arte Generativo, cat. exp. Buenos Aires, Galería Peuser, 1960, las mayúsculas en el original.  Tomaron el nombre desde un ensayo de Ignacio Pirovano (1909-1980) sobre la obra de Georges Vantongerloo, luego lo referimos.  Su influencia derivó hacia las nuevas corrientes geométricas, cinéticas y ópticas.

[33] Esa influencia sería subrayada especialmente en: SQUIRRU, Rafael. Adriana Zapisek, strength and delicacy. Buenos Aires: American Women’s Club, 1990.

[34] Las citas antedichas en este párrafo proceden de: Eduardo Mac Entyre y Miguel Ángel Vidal, “Manifiesto Arte Generativo” [1959].  Op. cit.

[35] PIROVANO, Ignacio. Georges Vantongerloo (1886-1965): el gran creador belga de nuestro tiempo.  Buenos Aires: 1965. Prosiguiendo: “al meditar sobre estas proposiciones de Vantongerloo capaces de engendrar belleza en sí mismo en vez de tomar como hasta entonces temas o motivos ya existentes, formas ya generadas, ya formadas, propuse al volver de Europa en 1950 denominar “arte generativo” el que se propone crear siguiendo estas motivaciones, este campo virgen en que Vantongerloo es de los primeros que se aventura a explorar”.

[36] El Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (CCUM) fue formalmente creado el 13/I/1966 e inaugurado oficialmente el 7/III/1969, aunque ya en 1968 tituló su primer seminario sobre: “Seminario de Generación Automática de Formas Plásticas” (18/XII/1968).  Pienso que, de alguna forma, todo ese bagaje ha de relacionarse con el Doctorado en Bellas Artes de uno de sus componentes, José María Yturralde, retornante al término “generación” de Adriana: “Una propuesta de generación sistemática de estructuras compositivas” (1986).

[37] Fueron organizados por José Luis Alexanco y Luis de Pablo, su fechado es el mismo que la exposición que se cita en la próxima nota.

[38]  Encuentros de Pamplona (Hotel Tres Reyes), Generación automática de formas plásticas y sonoras, Pamplona, 26 Junio-3 Julio 1972.

[39] MAC ENTYRE, Eduardo. Proyección del arte generativo. Buenos Aires: Estudio de Arte, 1984: “Estética y ética están perfectamente conjugadas en una manifestación de totalidad, se percibe la unidad”, Ibíd.

[40] Colegio Mayor Argentino Nuestra Señora de Luján, Adriana Zapisek-Arte generativo, Madrid, 4-18 Octubre 2011.

[41] Una buena contextualizan la hace: FACCARO, Rosa.  Pintura constructiva.  Dos generaciones. Buenos Aires: “Clarín”, 28/IV/1990.

[42] Zapisek lo hará inclusive conservando un aire dibujado cuando, en ocasiones, trabaje con soportes fotográficos.

[43] “Verdaderas fiestas de formas y colores que parecen danzar al compás de una música plena de vida y alegría que brota desde lo más profundo”. SQUIRRU, Rafael.  La pintura geométrica de Adriana Zapisek.  Op. cit.

[44] TORRES-GARCÍA. Joaquín.  Con respecto a una futura creación literaria.  Buenos Aires: “Arturo”, nº 1, Verano 1944, p. 36.

[45] Esto último dirán en el número segundo de la revista MADÍ (X/1948).

[46] En Ibíd.

[47] En Ibíd., mención a Max Bill, Herbin, Kupka o Magnelli, también reproducidos en el tercer número (X/1949), entre otros, seguirán en los demás números, pareciere influencia parisina.

[48] Estoy refiriéndome al artículo de este autor, “Un aspecto de la superposición”,  en el segundo número de MADI (X/1948).

[49] 1925-2016, fue creador del MAMBA, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, 1956.   Escribió, entre ese 1987 y 2004 numerosas reflexiones críticas sobre Zapisek.

[50] SQUIRRU, Rafael. Adriana Zapisek. Buenos Aires: Galería Federico Ursomarzo.  Op. cit.

[51] “Seguí releyendo la Biblia y pasé a los Salmos del Rey Salomón que me fascinaron y que abrieron otra vez mi imaginación leyendo tan bellos poemas dedicados al amor y la belleza de la Sulamita”. Conversación de la artista con este autor (24/I/2020).

[52] Es el caso del ciclo homónimo al poema de Szymborska, “Amor a primera vista” (2012), incluido en “Fin y principio” (1993), de aquella. Conversación de la artista con este autor (24/I/2020).

[53] Hacia 1921 Klee realizó dos cuadros con escritos, cuyo texto proviene de la versión que su padre, Hans Klee, hizo de “El Cantar de los Cantares”:   “Que él me bese / con el beso de su boca / pues más dulce que el vino aromático es tu amor, / aromáticos huelen tus ungüentos.  Tu nombre es / como óleo derramado / por eso te aman las jóvenes mujeres”.  Las pinturas “Nº 142.1ª Versión” y “Nº 179-2º Versión”

[54] “Como no podía ser de otra manera, también hice un humilde homenaje a mi padre polaco plasmando algunas leyendas y cuentos polacos que las abuelas contaban a sus nietitos en esas largas tardes y noches invernales eslavas”. Conversación de la artista con este autor (24/I/2020).

[55] DIÉGUEZ VIDELA, Albino.  El color constructivo de Adriana Zapisek.  Buenos Aires: “La Prensa-Suplemento dominical”, 27/IV/1986.

[56] En ello insistirá: MASTROMAURO, Osvaldo.  Zapisek: ‘Traslaciones’.  Junín: “La Verdad-Sección Artes & Oficios”, 16/VII/1995, p. 3: “Sus texturas, que alteran itinerarios visuales posibles, remiten a mayor tensión de la materia pictórica”.

[57] “En avances ascendentes hasta angular el color como en una fotoemisión de luz o de sombra”.  POCIELLO, Teresa.  Adriana Zapisek.  Op. cit.

[58] Este asunto quedará fijado también en: SQUIRRU, Rafael. La gracia poderosa de Adriana Zapisek.  Buenos Aires: “La Nación”, 28/VII/1990, refiriendo que “une la gracia a la potencia”. Volverá a insistir en: Ayer y hoy, potencia y calidad.  Buenos Aires: “La Nación”, 17/VI/1995, señalando: “la palabra que viene a la mente, evocando sus imágenes es ‘potencia’”.

[59] DIÉGUEZ VIDELA, Albino.  El color constructivo de Adriana Zapisek.  Op. cit.

[60] Conversación de la artista con este autor (24/I/2020).

[61] DIÉGUEZ VIDELA, Albino. El arte generativo de Adriana Zapisek.  Buenos Aires: “La Prensa-Suplemento Cultural”, 22/X/1989.

[62] BENJAMIN, Walter. Origine du drame baroque allemand (1928).  París: Flammarion, 1985, p. 28.

[63] DIÉGUEZ VIDELA, Albino.  La irrebatible fuerza de la verdad.  Op. cit.

[64] SQUIRRU, Rafael. Adriana Zapisek.  Beijing:  Galería Wang Fu-Embajada de la República Argentina, 1995.

[65] “Adriana Zapisek es un espíritu inquieto y a la vez movedizo, que la lleva a desplazarse no sólo en el espacio físico (…) sino también en el espacio metafísico (…) A medida que avanza en su propia interioridad, Adriana introduce nuevos elementos, de inspiración mística que con gran esfuerzo logra integrar al plano, que es el cable a tierra que no debe abandonar el artista pintor”. SQUIRRU, Rafael. Adriana Zapisek, una lucha que brinda la paz.  Buenos Aires: Galería Arroyo, 1997.

[66] DIÉGUEZ VIDELA, Albino.  El color constructivo de Adriana Zapisek.  Op. cit.

[67] Conversación de la artista con este autor (23/I/2020). “Fue en esa época, 1995, cuando retomé la lectura de la Biblia inconscientemente, como quien se abraza a una tabla de salvación y fue así que surgió esta Serie tan sentida para mí. Me interné y aboqué en el estudio de las tres religiones monoteístas del planeta: judía, católica y mahometana (por orden de aparición) y también de algunas filosofías como la hinduista y budista. Su lectura me ayudó a reencontrar mi eje que tenía perdido en esos años de sufrimiento. A esta Serie le siguió la Serie “El Cantar de los Cantares”, también inspirada en la Biblia con los Salmos del rey Salomón a la sulamita. Salmos bellísimos y eróticos”. Conversación de la artista con este autor (10/V//2020).

[68] Conversación de la artista con este autor (2/IV//2020).

[69] ZAPISEK, Adriana.  Pensamientos sobre mi obra. Op. cit.

[70] SQUIRRU, Rafael.  La pintura geométrica de Adriana Zapisek.  Op. cit.  Sobre su interés por la danza, y su admiración por formas musicales en Indonesia, lo referirá en unas palabras que se hallan en: AAVV.  Warna kontras dari Adriana, Dandung dan Trip.  Minggu: “Bisnis”, X/1995.  Sobre la musicalidad en su pintura, vid. también: GENÉ, Enrique.  En Galería Forma.  Buenos Aires: “Arte al Día”, año XI, nº 95, XII/2001.

[71] ZAPISEK, Adriana.  Pensamientos sobre mi obra.  Op. cit.

[72] MICHAUX, Henri. Paul Klee.  Paris : Éditions Gallimard, 1950.

[73] KLEE, Paul. Cours du Bauhaus-Weimar 1921-1922. Contributions à la théorie de la forme picturale.  Estrasburgo-París: Éditions des Musées de Strasbourg-Editions Hazan, 2004. “Cours V” 30/I/1922, nota 64, en la edición citada, en p. 96.   La traducción es nuestra.

[74] ZAPISEK, Adriana.  Pensamientos sobre mi obra. Op. cit.