PEPE DÁMASO - HERMANO PEPE

PEPE DÁMASO – HERMANO PEPE

Texto publicado en el catálogo
UNIVERSO MANRIQUE
Las Palmas de Gran Canaria, 2020: Centro Atlántico de Arte Moderno, pp. 309-334

 
HERMANO PEPE 
[ EN TORNO A LA CORRESPONDENCIA ENTRE CÉSAR MANRIQUE Y PEPE DÁMASO: 1955-1992 ]

por
ALFONSO DE LA TORRE

 

 

Te envío un abrazo para 1992 o para el 2497. ¡¡ Qué más da ¡!

César Manrique, carta a Pepe Dámaso, 1/XI/1990[1]

 

 

 

Tarjeta postal de César Manrique a Pepe Dámaso, 14 de abril de 1973:
“En un Jumbo sobre el Atlántico, camino de los Estados Unidos”.

 

 

 

¡¡ Felices Pascuas !! Que el año 1956 te entierre, pero de felicidad de amor y de poesía.  No olvidamos nunca a seres tan llenos de pureza como a Pepe Dámaso. Un abrazo muy fuerte de Manrique y Pepi[2].     Era la primera misiva que se conserva enviada por César Manrique (Lanzarote, 1919-1992) y Pepi Gómez (Josefa Gómez Miguel, Alcaudete de la Jara, 1911-Madrid, 1963) a José Dámaso (Agaete, 1933), una felicitación navideña ilustrada por el artista con un colorido monotipo y remitida, desde la casa de Rufino Blanco número seis, en Madrid, en diciembre de 1955[3].

Leyendo ahora lo anterior reviso la cronología de Dámaso, pues sabemos la fecha exacta del primer encuentro sucedido el 10 de diciembre de 1954 con ocasión de la exposición individual de Manrique en la galería madrileña “Clan”.   Está bien volver a transcribir el recuerdo pues Manrique, su hermano (claro, mayor), lo narraría luego.   Dámaso era, aquel día, un “extraño visitante”: “Yo vivía entonces en Madrid, sumergido en todo el ambiente de vanguardia; el encuentro se produjo precisamente cuando inauguraba yo mi primera exposición abstracta en la galería Clan; era el año 1954.  Entre la aglomeración de visitantes que se apretujaban en la galería el día de la inauguración, surgió repentinamente un extraño visitante, que mostraba un entusiasmo y un interés enormemente acentuado por la pintura, sorpren­diéndome sobremanera.  Su carta credencial fue ser canario y artista.  La impresión que me causó su capacidad de asombro, su espíritu de observación y su enorme interés por el arte, fue el primer motivo que surgió para el inicio de una amistad que ha durado permanentemente hasta hoy.  En Pepe encontré todas las cualidades de encantamiento ante la vida, con un concepto tan positivo y ejemplar –que yo mismo había descubierto de una manera intuitiva–; desde entonces estuve seguro de que su amistad sería un hallazgo, como se tienen pocos en la vida. Y así ha sido, realmente. Hemos llevado una gran amistad ininterrumpida en donde el arte ha ocupado el motivo principal de una comunicación aleccionadora y excepcional para entendernos de una manera profunda”[4].    Así titulé uno de mis textos sobre Dámaso, “El extraño visitante”[5].  Meses después les unirá otra aventura, también singular en aquella España cateta y gris de los cincuenta, un país de cardo y ceniza en palabras de Antonio Saura[6], el intento de encontrarse con Igor Stravinsky.   Como he escrito en alguna otra ocasión, aguardando a Igor quedó Dámaso[7].

Ah, esperar, esperar, venga a esperar.

La espera paciente ha frecuentado su historia como artista y queda patente en el conjunto de correspondencia que mantuvieron durante cuatro décadas, casi.   También he subrayado, insistiendo, en esa relectura del párrafo anterior de Manrique sobre el encuentro con Dámaso: el aspecto de éste de personaje no invitado a la escena, entre Ionesco y Beckett, aquello parecía una entrada teatral.

Escribir cartas nos obliga a evocar aquellos ejercicios antiguos realizados con parsimonia, el mundo se movía aún con lentitud.  En  esta correspondencia Manrique comienza a escribir con ímpetu, pero en ocasiones se levanta e interrumpe la escritura, va y viene, recibe a sus invitados, la noche le permite proseguir quizás otro día, incluso otro alguien retoma la carta con una coda de recuerdo.  Manrique va a un cóctel en la galería Biosca y vuelve para continuar: cartas, tarjetas postales, papeles de letra temblorosa, cuartillas con membretes de otros (de galerías internacionales con frecuencia).  Papel apresurado en la cafetería Brasilia, o heráldica del gran hotel ilustrado con soles y palmeras promisorias, excelencia del reposo en las ciudades u otras misivas mecanografiadas sobre un papel de calco delgadísimo.    Viendo estas cartas, en especial una hermosa que citaré, -hecha desde el barco “M-S.Blenheim” que cubría la ruta entre Londres y Madeira-, evocaba otras leídas  de Pierre Matisse en el vaivén del Queen Elizabeth pues cruzando el océano atendía el hijo de Matisse la correspondencia, creando así la necesaria distancia para escribir al mundo y alejarse de la brega de lo inmediato, qué melancolía, desde el vaivén y la nada del océano, el cielo con el plomo de las estrellas[8].   Y, tras la escritura, aguardar días hasta la llegada de otras epístolas. Un saludo en excurso al factor Roulin, con su gorra bordada: “Postes”, pintado por Van Gogh.  Llevaba y traía en Arles cartas de Theo y Paul Gauguin.   Tiempos  lentos, ajenos al vano vértigo del nuestro: mas quedan los rescoldos de aquel mundo pasado poblado por tarjetas postales evocadoras de viajes y querencias, fotografías con recuerdos, telegramas, recortes y tarjetones anunciadores, partidas de ajedrez[9]. Gozoso spleen quien elige viajar así, ultramar entre dos mundos atendiendo  epístolas que, reunidas en apenas una cajita de cartón polvorienta arrinconada en el estudio del artista, permiten reconstruir vidas de otros.  ¿Cartas de artistas? claro, he recordado las de Rimbaud a Demeny, directas tal filo de cuchillo y otros tantos amantes de la epístola: Cézanne o Van Gogh con su hermano; Rilke con Rodin; Benjamin o Berger; Ulises Carrión y Paz.  Paz con Gimferrer.  Palazuelo preguntándose con Claude Esteban.

“Querido hermano Don José de los Pepes Dámasos”; “Querido Trujillo y hermanastro Dámaso”; “Querido Don José Dámaso Trujillo, uno de los elegidos”; “De los Trujillos queridos en los Dámaso, por los Pepes”; “Los trujillos en los Agaetes con los Pepes del paraíso perdido en las noches de estrellas en Dámasos por los caminos lentos de palmeras en el olvido de las noches” y “Querido Sr. Trujillo de los Tauros 77”, tal vez “Querido Trujillo a secas”[10].  O, “Querido y mi mejor amigo”, quizás “Querido con el Dámaso. Querido sin los Dámasos. Querido con los Trujillos. Querido con el Tauro 77. Querido sin el Tauro. Querido con los 77 en la Isleta. Querido de todas las maneras”[11], son algunos de los múltiples rituales frecuentados en el inicio de estas cartas.  Otrora un vocinglero que resuena aún: “Huespeddddd”, “Queridoooo” o “Muchachooooo!!!”, son más comienzos clásicos.   Con frecuente exceso de los signos de admiración, cada carta diferente, un iniciar distinto: a mano, mecanografiadas e iluminadas, frecuentemente extensas pues no olvidemos era el relato de quien estaba fuera y narraba lo sucedido, a veces atropelladamente ante la cantidad de novedades durante un tiempo que fue, verdaderamente, agitado para Manrique.   E ilustradas, mención aparte merecen sus cartas-dépliants-collages, dietario y relato découpé y sincopado de un cierto psicoanálisis visual, alguno visualmente carnal y delirante.

Claro, las vidas de César y Pepe se entrecruzan en esas cartas.  Manrique narra deprisa, episodio tras episodio con su dinamismo habitual, coletilla frecuentada por el de Lanzarote.  Se marcha César, pronto, de Canarias a Madrid, y los remites de las cartas refieren sus residencias, en 1956 le leemos desde la calle Covarrubias número seis narrando la fastuosa inauguración de la casa, a punto de recibir visita de la tempestuosa Ava Gardner[12].  La inmediata ilusión del enclave de Camorritos (1959)[13], pinares y granito entre los neveros en invierno, allí se podrían ver las estrellas como en la isla de Lobos, dice César[14].  Llegaría la vida de solaz entre los pinos y el agua, con amigos, arcadiano y “monástico” en sus palabras[15].  Duró poco la felicidad, la vida se ocuparía de clausurarla por la muerte fulminante de la pobre Pepi.   Nos queda que alguien nos ayude a narrar esa vida misteriosa junto al gran César.

Narrará, prolijo, sus viajes y, como diría Díaz Plaja, sus almuerzos o encuentros con gente importante, ahora recuerdo algunos momentos hilarantes como aquello de escribir a Dámaso haber conocido en un coc-tail (sic) en Madrid a “Charton Helston (que no sé cómo se escribe)”[16].  También asistimos al vertiginoso crecimiento como artista, inmerso en la capital del informalismo que despuntaba a finales de los cincuenta, su amistad con Oteiza con quien se fotografía frente a su mural del Hotel Fénix[17]visitando el serio artista vasco de las fiestas locas de Covarrubias, quizás amenizada por los chiquillos de “Los Flaps”[18] cantando “El vagabundo de la playa”, ese canto a la soledad, al spleen, aquella letra que se regodeaba en la ostrenanie “un vagabundo quiero ser / por la playa quiero caminar”.   Son la banda sonora, en 1963, de una fiesta, “con ritmo trepidante” durante el: “Homenaje al pintor José Dámaso”, con ocasión de la exposición sin cuadros de este del Ateneo de Madrid, aquí demostró Manrique ser, verdaderamente, un amigo extraordinario de Dámaso.  Relatará también Manrique el encargo de los murales de Barajas (1958)[19], sus encuentros en París y el viaje a Nueva York.  La multa y estancia en el calabozo, verano de 1962, por indecoro en el baño, impuesta por un “guardia siniestro”[20].   El reportaje del NO-DO, en diciembre de ese año, que Manrique interpretó como la posibilidad de desagravio: españoles, feliz navidad[21].  O la tristísima y rápida muerte de Pepi, que comienza a anunciarse un agosto de 1963, por el padre de Waldo Díaz Balart.   Morirá unos días después, dirá César, con razón, “como fulminada por un rayo”[22].  Con quien tanto quería.  Pobre Pepi, siempre recordada en la ubérrima terraza de Covarrubias, sus geranios que cuidaba con mimo.

Temprano hallamos la percepción del futuro sostenible de Lanzarote y, ausente, su permanente nostalgia de las islas canarias se repetirá durante este largo epistolario.  Algo simbolizado en la exposición que, sobre Lanzarote, organizara Manrique en la sala Neblí de Madrid (1959): la personalidad de aquel territorio lunar era “arrebatadora” y, desde allí, anunciaba su interés en darle un extraordinario impulso a la isla, será  la primera misiva en la que aparece esa idea[23] luego confirmada por el relato de la visita de Fernando Higueras al lugar, en marzo de 1962: “lo que se va a hacer en Lanzarote, puede ser extraordinario, ya que la propia naturaleza de la isla ayuda a la realización, para que todo, tenga el mismo espíritu”[24].   Bienvenidos a Lanzarote y restantes canarias: serían las Islas Felicidad[25].

Y, en algunos casos, en especial en algún viaje en barco, moroso entre las aguas, la detención para la escritural reflexión filosófica sobre lo que había sido su amistad.  El vaivén del agua mece la letra.

Entre mis cartas favoritas, la detallada e hilarante narración de una fiesta en 1960 en un palacete de Venecia a la que acude con Luis Feito, con ocasión de su presencia ese año en la XXXX Biennale.  Allí están, entre otros:   Fautrier, Kline, Burri, Hartung o Zoran Music.  Y Vedova, quien le invitará al día siguiente a otra nueva fiesta[26].  Tiempo después recordará Dámaso otra varia veneciana: su encuentro con Luchino Visconti y el pálido Tadzio, rodando “Muerte en Venecia”.

 

Realmente el punto de inflexión de las cartas lo marca Nueva York, ese viaje de unos dieciocho meses iniciado el 10 de diciembre de 1964 y el “espectáculo grandioso”[27] que allí contempla que incluye, sin dudarlo, libertad en todos los ámbitos, también la sexual, nunca vista por Manrique quien queda francamente trastornado, fue, en sus palabras, lo más trascendente de su vida[28].   Llega Manrique a esa barbaridad, son sus palabras[29], que es un Nueva York nevado, y allí ve filmografía de Warhol en el Village, con  Waldo Balart y Alberto Greco[30], este dando gritos.  Tres horas de película con Jean Harlow comiendo un plátano tuvo que ser un, otro, espectáculo.

“Mis emociones e impresiones han sido tan extraordinarias que no puedo contarte nada, ya que creo que mi realidad es imposible describirla a través de letras. Solamente la emoción y grandiosidad de la llegada con esta monstruosa ciudad es inaudita y fuera de todo lo previsible. No se puede decir, hay que verlo para poder creer en tanta barbaridad de proporciones ya que todo lo que se ha visto en revistas y noticieros, no tiene nada que ver con la potente realidad”[31].   Qué lorquiano el relato agitado de César, días y noches pasmado ante la visión de la gran ciudad.  Había “negros como panteras en el dancing[32], capaces de hacer ruborizar a César cuando visite en Long Island un club gay[33].

Escritos que también me trajeron las descripciones locas y poéticas, la hermosa sonoridad de los poemas a la hora de comer de Frank O’Hara.  Un saludo a su editor, John Bernard Myers[34], tanto Manrique como Dámaso le trataron a consecuencia del viaje.  “Yo siempre he sido un extranjero en España y de repente encuentro el país donde pertenezco (…) Todo lo que tú has soñado, ya está aquí resuelto, y el huespederio es algo de caerse de espaldas con todas las razas en efervescencia”[35]: aquello fue algo “sobrenatural”[36], un no-parar. En Nueva York Manrique encuentra, entre otros, a Tennessee Williams o Kim Novak, también a Afro, Fernando Botero, Elaine de Kooning, Conrad Marca-Relli, Larry Rivers o Frank Stella, a Catherine Viviano, quien será su galerista, y sufre diversas penas amorosas, al encontrar “al SER”, de las pieles oscuras, como lo describe en una “carta epatante”, escribirá no sin razón[37].    Muchas de las cartas de Manrique a Dámaso, como leemos, son de un explícito oscuro, quizás para intentar paliar la posible vigilancia de la correspondencia o, pienso ahora, indiscreciones de gente que escribirá en el futuro.  Manrique tenía una honda percepción de su pervivencia en el tiempo.

El SER quedará temprano en el recuerdo, el corazón de César era un va-y-ven. Amistad con Waldo Balart y con Mauricio Aguilar, sabremos de la compra de su casa entre el East y el West Village[38], sentenciando: “para mi Canarias, Lanzarote y New York”[39].  Mas pronto llegará otra cierta ciclotimia, esta viajera y después, enseguida más bien, el arribo de su aburrimiento total, acabásemos: “la Babilonia de este planeta”[40] era de una crueldad atroz, capaz de destrozar al ser humano, siguen siendo sus palabras: había que marcharse de allí enseguida, el hombre, en Nueva York, era “como una rata”[41].   Sucederá en mayo de 1966: “New York me entusiasma, pero también se llega al límite humano de resistencia. La lucha es de una crueldad sin límites, y lo que llevo registrado en la mente será imborrable”[42].   Volverá  a la ciudad con ocasión de sus exposiciones individuales en la galería de Catherine Viviano, tras la de 1966 (1967 y 1969).

 

Narración recurrente de los éxitos que se van produciendo en la vida de Manrique, mensajes reiterados a terceros próximos entrambos, frecuenta las cartas el flujo de la impaciencia y, en ocasiones, un tono atrabiliario hacia Dámaso, con dudas he retirado la voz “déspota” de este escrito: Pepe hazme esto; Pepe atiende a lo otro; esperaba Pepe me felicitases; -unas sandalias canarias Pepe, aquí va la plantilla-; Pepe caramba que te lo expliqué; Pepe el mundo, que está ahí fuera; Pepe qué éxito; Pepe este recado; no me contestas Pepe; Pepe te dije; aprende Pepe a ser mejor amigo; he soñado por ti Pepe[43].  Me esperas Pepe…“Espera”, sí, hay mucha espera por parte de Dámaso en estas cartas.   Y la ilusión de este, otra forma de espera, de poder avanzar en un futuro junto a César, su hermano mayor pues le separaban catorce años.  Dámaso parece ver la vida a través del cristal tornasolado de Manrique.   Transcurrió, entre tanto, esa vida.  Ya lo hemos contado en alguna ocasión, Dámaso transmite a Canarias las novedades que César le señala y le impulsa también al viaje.   Deviene el de Agaete su corresponsal en Canarias, evocando al Westerdahl viajero, transmisor a las islas del mundo moderno allende.    Llegados a este punto es bueno rendir homenaje, con tanto agradecimiento, a la obsesión de Dámaso por el archivo de su vida que nos permite hacer estas reconstrucciones.   Manrique ya lo subrayó: “Dámaso posee un amplio archivo de nuestra correspondencia, por su obsesión de guardar cualquier acto señalable”[44].

Entre todas sus cartas, transcribo un párrafo de una de mis favoritas, es de 1971 y, sin embargo, tiene un aire de sabio resumen, como señalé viajero hacia el destino futuro: “¿Será verdad? ¿Será posible todo lo que nos ocurre en este maravilloso experimento que se llama la vida? (…) ¿Será un sueño de algo desconocido? Ahí está la clave.  Siempre queremos desnudar en qué consiste la verdad.  Nadamos en ella.  Nos perdemos, pero creo que lo verdaderamente importante es hacer con la máxima libertad el juego de la vida.  Hagamos de ella el experimento más hermoso y libre.  Descarguémonos de todas las recetas, de toda posible tara, de todo MIEDO, sobre todo el MIEDO.  Aceptemos nuestro destino con la valentía de un gran héroe.  Entonces, ¿puedes imaginarte lo que podremos?.  En nuestras manos está el poder escoger en bandeja, lo que realmente queramos elegir.  La vida puede ser, y es, una gran maravilla.  Todo depende de ti mismo.  Hay pocos seres que han tenido esta clara conciencia, y no sé si será la herencia recibida a través de miles de años de experiencia de nuestra humanidad llena de sufrimiento y frustraciones por miedos escondidos.  Ahora creo ha llegado la hora a la generación actual de la gran ruptura, del primer grito. (…) Ahora espero los acontecimientos del futuro, pero lo importante es llenar cada minuto de nuestra existencia con experimentos que merezcan la pena, concentrándonos para conocer profundamente cada instante con todo el gran misterio de lo desconocido. Lo importante, es tomar la vida como un experimento tomando de ella todo lo que nos ofrece de manera positiva pudiendo elegir su gran poesía y canto (…)”[45].  Y, muy hermosa también, esta otra ya de 1990: “Siempre tenemos extensos temas interminables para el diálogo. Y ahora, ya estamos en un momento de madurez para poder inventarnos cualquier situación que queramos.  Lo importante es tener conciencia de saber que existimos una sola vez, sin saber para qué, poniendo ante este profundo dilema, una situación de saber, que todo se pierde en la noche de los tiempos, y que realmente existe la duda de si existimos de verdad.  No hay que darle importancia a todos esos momentos de posibles fracasos, o inesperadas tragedias.   Todo es asumible, cuando se tiene esa plenitud de serenidad del conocimiento estéril de la existencia. Si todos los argumentos son posibles elige el que más te satisfaga. Lo único que nos puede colmar de satisfacción, aunque creo que tampoco tiene importancia, es dejar un rastro como marca de tu vida.  Así por lo menos tenemos que adoptar una postura ingenua y optimista en nuestra intimidad creacional, por el placer que representa el trabajo del Arte y la Belleza, como escudo defensor ante la ignorancia, la agresividad y la ordinariez reinante.  Cada día siento más placer en mi estudio y en la contemplación de toda esa energía desconocida y llena de misterio de la Naturaleza que tanto me enseña abandonándome en esa corriente, para no tropezar y poder sentir su lenguaje en donde me siento identificado”[46].

 

Queda siempre en las cartas de César, en especial en los momentos más difíciles, el deseo de cambiar la agitación social del mundo del arte y las ciudades que visita por la aspiración a encontrarse con el solaz de la vida de Pepe Dámaso en Agaete, su valle, el frescor de Tamadaba, la playa negra del Puerto de las Nieves con su antiguo Dedo de Dios, “sus aguas azules y sus acantilados”[47], las amistades conscúpicas (es voz frecuentada por aquel) y la luz solar.  Siempre había sido tan feliz en Canarias[48], allí estaba, en sus palabras, su verdad estética.  También: la sincera amistad que parece añorar Manrique desazonado en el camino del éxito y la frecuentación de la vida social más rutilante, en especial en los inicios de los sesenta cuando actrices, cantantes, toreros y una cierta farándula había tomado la vida social madrileña de esa época, eran los reyes de aquel tiempo.   Aquí recordé aquello de Antonio Hernández: canzonetistas, caricatos, actores, eran el maná de afrecho[49].

Y mención aparte a las tarjetas postales: la belleza de aquella España de paisajes no hollados y sus islas bellas, mas también el vértigo de lo sucedido allende transmitido en las imágenes que portan las postales: unos tajos en los cuadros de Fontana;  una imagen de la película de “The Cabinet of the Doctor Caligari”; un fauno de Antibes; un museo curvo en Nueva York; el Museo Léger en Biot o la despampanante belleza, en sus palabras, de los rascacielos neoyorquinos.

Llegado César en los noventa “al valle bíblico de Haría”[50], sus últimas cartas inciden en las reflexiones sobre su relación con la naturaleza, en proximidad a la inauguración del Jardín de Cactus. Vuelta al origen, son cartas militantes sobre la necesaria sostenibilidad de las Canarias y, así, la última carta de César a Pepe, 20 de mayo de 1992, sucede durante su presencia en Sicilia durante un Congreso de la UNESCO[51], representando a las islas (de la felicidad) y acaba refiriendo al futuro.  Claro, es fácil ahora interpretar, pero resulta difícil no sustraerse de un cierto recogimiento al leer algunas de esas últimas cartas de los últimos años, en las que César parece escribir visionario, tal si se fuese casi, desde un más-allá-de-aquí.

 

No dejó de ser un artista escribiendo, redactando y describiendo los espacios transitados nos muestra el de Lanzarote una especie de making-of, él ve y lo que encuentra se convierte en una construcción con aire de sinestesia, el vértigo de lo que sucede narrado luego en el sosiego, en otra obra que parece haber sido construida en el diálogo entre estas dos personas, él y su hermano.

Además de lo que narra Manrique, lo externo, hay un dentro en estas cartas, una historia oculta que queda entretejida bajo la superficie.   Recordaba aquel relato de Nabokov, “Signs and Symbols”, en el que queda resonando en el teléfono que no es cogido, la voz de la llamada, ahora.   Leamos de puertas adentro, pues regresaste Manrique, estas entre nosotros.  Estas cartas te recomponen, como esos hologramas que rescatan voz y cuerpo de quien estuvo.   Acabo pensando, concluyendo, que el tiempo -sí querido César- el tiempo es un criminal[52].

 

Lucio Fontana
Concetto Spaziale-Attese, 1959
Postal de César Manrique a Dámaso desde Venecia
19 de julio de 1960

 

Lucio Fontana
Concetto Spaziale-Attese, 1959
Postal de César Manrique a Dámaso (para su entrega a Manuel
de la Peña) desde Milán
19 de junio de 1960

 

 

[EPILOGO]

Entre los años 2009 y 2010, se digitalizó la correspondencia entre César Manrique y Pepe Dámaso, que transcurre desde 1955 hasta unos meses antes de su fallecimiento en 1992[53], procediéndose a su digitalización y una cuidadosa ordenación.   En torno a 2010 hice una primera lectura de aquel vasto conjunto documental compuesto, principalmente, de unas quinientas cartas y un centenar de tarjetas postales, junto a telegramas, fotografías, programas de exposiciones o teatro, recortes, textos u otros elementos escritos.   Piénsese se trata de ese número de cartas, pero que luego quedan sustanciadas, cada una, en varias hojas hasta generar unos dos mil documentos.   Son el resultado de una larga vida en amistad, casi cuarenta años, entre Manrique y Dámaso.  Estamos transcribiendo manual y pacientemente, desentrañando la -a veces- endiablada grafía de César, con la ayuda de Rosa Juanes, la totalidad de las cartas que, a la par, voy clarificando, cotejando, releyendo y anotando.  Esperamos su pronta, por necesaria, edición.   Ya he escrito otras veces que este corpus de correspondencia es un recorrido imprescindible no sólo por la historia de una amistad extraordinaria, dos seres que amaron ser libres en aquel tiempo de cardo y ceniza (repito con Saura)[54] sino por nuestra propia historia del arte, la de Canarias y España, pero también la del complejo siglo veinte.

                                                                                                     

 

 

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N O T A S    A L    T E X T O

[1] 1990-11-01, a pesar de la apariencia incongruente, la carta es de la fecha que mencionamos.

El código establecido en nuestro archivo permite comprender la fecha: año-mes-dia.

[2] 1955-12-20.  Formato: Tarjeta felicitación navideña incluyendo un monotipo estampado, firmado por César Manrique.   Firmado en el ángulo inferior derecho: “Manrique”. Remitida por César Manrique. Rufino Blanco, 6. Madrid. A Sr. Don José Dámaso Trujillo. Plaza General Franco. Agaete. Gran Canaria. Fechado: Matasellos del 20 de diciembre de 1955.  Transcripción cortesía de Rosa Juanes.  La numeración de las cartas permite conocer su fechado: “Año-Mes-Día”. (N. del a.).

[3] Si se permite la disgresión, la imagen puede evocar ya el Diablo de Timanfaya.

[4] MANRIQUE, César.  Introducción.  En Dámaso.  Las Palmas de Gran Canaria: Edirca, 1989, pp. 11-29.

[5] DE LA TORRE, Alfonso. Pepe Dámaso. El extraño visitante.  En José Dámaso. Obras desde 1951. Santa Cruz de Tenerife-Puerto del Rosario: Caja Canarias, Centro de Arte Juan Ismael, 2009.

[6] SAURA, Antonio. Viola y Oniro (1936).  Reproducido en: Madrid: “Cuadernos Guadalimar”, nº 31, 1987, p. 6.

[7] Manrique asiste al concierto de Igor Stravinsky en el Teatro Monumental de Madrid, acompañado de Dámaso que no logra acceder al mismo. El 25 de marzo de 1955 retrató Juan Gyenes a Stravinsky, dirigiendo a la Orquesta Nacional de España.

[8] DE LA TORRE, Alfonso.  Pierre Matisse y Manuel Rivera, tres décadas de amistad (1959-1987). En:  Manuel Rivera. De Granada a Nueva York, 1946-1960. Granada: Centro José Guerrero, 2012, pp. 129-148.

[9] DUCHAMP, Marcel. Afectuosamente Marcel.  Correspondencia de Marcel Duchamp.  CENDEAC: Murcia, 2014.  Carta de Duchamp a Louise y Walter Arensberg, III/1919, pp. 79-81.

[10] Cartas: 1964-12-22; 1965-06-01; 1960-12-28; 1968-10-23 y 1967-07-03

[11] 1966-03-28

[12] 1956-08-18

[13] 1959-07-27.  Anuncio del alquiler de una próxima en tanto se construya la suya.

[14] 1959-07-27

[15] 1959-10-01

[16] 1960-12  Por ello en esa carta lo escribirá de formas diferentes.

[17] 1956-08-18

[18] 1957-07-17 y 1957-11-19.  Los Flaps fue un grupo musical formado por estudiantes de ingeniería aeronáutica, lo que explicaba el nombre del grupo. El asunto de la exposición sin cuadros y esta fiesta quedó tratado, con amplitud en: DE LA TORRE, Alfonso. Pepe Dámaso. El extraño visitante. 

[19] 1958-05-12

[20] 1962-09-19

[21] NO-DO, 1043-C. “Felicitación de navidad de tres artistas”, 31/XII/1962.

[22] 1963-08-06.  Fallecería el 12 de agosto de 1963, en la Clínica madrileña de la Concepción, al lado de César.

[23] 1959-04-13: “Ahora también estoy preparando la exposición de homenaje a Lanzarote que será en Neblí, que actualmente quizá sea la sala de más prestigio y hermosa de Madrid, con conferencia de Luis Fernández Fuster, aquel chico que te presenté en el Puerto, cuando fuimos a comprar al mercado ¿Te acuerdas? Las fotografías son verdaderamente impresionantes, de Barceló, muchísimas de ellas nuevas, que tu no conoces, y algunas ampliadas en formato gigante de 3 m. x 1,50 que son fantásticas.  Muchas en color, y la conferencia será ilustrada con diapositivas en color, y será también proyectado un documental en color sobre Lanzarote. Así es que creo será estupendo creyendo que le voy a dar un impulso extraordinario al nombre de la isla, ya que vale la pena, por su personalidad arrebatadora”.  También en 1965: “A Lanzarote lo podemos transformar en algo fuera de serie y de un gran estilo y personalidad. Yo ya por lo menos a las autoridades las he cambiado y tienen una mentalidad estupenda. -Creo que el Jameo del Agua está quedando de dar gritos”. 1965-05-09.  El subrayado es de Manrique.

[24] 1962-03-25

[25] “Tengo infinidad de proyectos para nuestro futuro en las Islas de la Felicidad, y en nuestras manos está el saber hacer de nuestras existencias algo por lo que verdaderamente valga la pena vivir”. 1965-01-08

[26] 1960-07-18

[27] 1964-12-22

[28] 1965-03-14

[29] 1964-12-22

[30] Andy Warhol, “Harlot” (1965).  Carta: 1965-01-10.

[31] 1964-12-22

[32] 1964-12-22

[33] “La otra noche nos fuimos otra vez a Long Island para bailar en un sitio todo absolutamente de lesbianas y de homosexuales, y no sabes lo que era aquello. Fuera había como 200 cochazos. Yo estaba nervioso, ya que era un impacto, y nunca había visto nada semejante. Mi debut fue que estando muy nervioso, diciéndole a Waldo y a mi primo Manolo que aquello casi no me gustaba, y entre tanto vino un negro con un gran estilo con jersey rojo, y como una pantera, me sacó a bailar. Yo no quería y me puse todo rojo ¡asómbrate!”.  1965-02-12.

[34] John Bernard Myers (1919-1987) colaborará con Dámaso en tanto esté vinculado a la neoyorkina Tibor de Nagy Gallery (1951-1970).   Myers visita Lanzarote, en agosto de 1965 encontrándose con Pepe Dámaso, César Manrique, Manolo Millares, Elvireta Escobio y Francisco Rojas Fariña.  Myers sería el editor de numerosos poetas de la Escuela de Nueva York: John Ashbery, Barbara Guest, James Schuyler, Kenneth Koch y el último: O’HARA, Frank.    Frank O’Hara: Poems From The Tibor de Nagy Editions 1952-1966.  Nueva York: Tibor de Nagy, 2006).

[35] 1965-02-12

[36] “En New York estoy fascinado y esto que estoy viviendo no se puede contar. He tenido una enorme suerte en todo, y algunas veces creo en algo sobrenatural, ya que todo lo que me ha ocurrido, no es nada normal”. 1965-06-01

[37] 1965-04-09

[38] “Tengo ya casa privada y estudio en New York y en pleno Manhattan entre el East y West Village, con un estudio dormitorio salón de estar, cuarto de baño y una gran cocina con todos los adelantos. Este apartamento estudio está situado en el nº 65 de la 2ª Av. esquina 4 Street”. 1965-04-09

[39] 1965-02-12

[40] 1966-03-04: “Para vivir siempre, puedo catalogar New York, como un castigo planeado para destrozar al ser humano”.

[41] 1966-03-12

[42] 1966-05-10.  O, en el mismo sentido: “Pepe New York es algo que no te lo puedes ni figurar. Algunas veces su crueldad es atroz. Otras veces es increíblemente maravilloso. Es un contraste continuo, pero al mismo tiempo es apasionante. De todas formas pienso, y ahora me encuentro con una madurez y seriedad para darme cuenta mejor que nunca, que como nuestras islas NO HAY NADA.  Mi futuro está ahí definitivamente y junto a ti, y al lado de otros amigos que respiren nuestro mismo aire, para encontrar nuestra VERDAD que es la única. New York es una purga que hay que pasar, ya que te fragua de cierta manera, haciéndote ver las cosas con una dimensión más exacta”. 1965-01-20.

[43] “(…) lo que tú has soñado y yo también”. 1965-04-09

[44] MANRIQUE, César.  Introducción.  En Dámaso.  Op. cit.

[45] 25/X/1971. M-S.BLENHEIM-Londres-Madeira.  Carta de César Manrique, quien llega desde Noruega.

[46] 1990-11-01

[47] 1959-01-18

[48] “Ahora Pepe, y creo más que nunca, siento verdadera nostalgia por lo verdadero de las cosas. Por la pureza de las gentes. Por la desnudez de mi paisaje, y por mis amigos, y por ti sobre todo. (…) Esos atardeceres cálidos. Esa indolencia… Mi última conclusión es que el HOMBRE en Nueva York es como una rata. Es tremendo, pero me parece así. Todo el mundo tiene un rostro impenetrable y lleno de tristeza. El hombre no fue creado para esta artificialidad. Hay una imperiosa necesidad de volver a la tierra. Palparla. Olerla. Todo eso es lo que siento. No te creas que por decirte todo esto, han sido por amarguras. Todo lo contrario. Todo no podido ser para mí más extraordinario. He aquí la paradoja. Cambia todo esto, por minuto la de Lanzarote. ¿Porque será? No lo sé. Siempre en Canarias he sido tan feliz. Creo que en el fondo es como querer recuperar el Paraíso Perdido. Está creo que es la razón”. 1966-03-12.  O, también: “Yo ahora quiero trabajar en Lanzarote. Pero ya, a priori, se que voy a un medio primitivo como extremo. Pero lo que no se puede soportar es la medianía. Ahora Lanzarote significa para mí el comienzo del mundo, y encontrar como por primera vez, la belleza de la Naturaleza, y bañarme en ella para refrescar mi espíritu. Esta es solamente la razón. Además allí está mi verdad estética”. 1966-03-28

[49] HERNÁNDEZ, Antonio. Una promoción desheredada: La poética del 50.  Madrid: Zero Ediciones, 1978, pp. 54 y ss. “(…) cayó sobre la piel del toro como un maná de afrecho, corporeizado en toreros, bailaoras, canzonetistas, caricatos…eran los reyes de la época”

[50] 1990-03-03

[51] Convegno Internazionale “Isole 2000”,  Giardini Naxos, 19/23 Mayo 1992. “Empieza una nueva conciencia, y creo que en Canarias es ya urgente saber mirar mejor lo que hemos realizado, para poder enmendar lo que nos queda. Siempre hemos visto muy claro la panorámica general de nuestras preciosas islas, sabiendo cuales han sido sus tremendo errores y chapuzas”. 1992-05-20.

[52] 1956-08-18

[53] Este autor comisarió su exposición retrospectiva, José Dámaso.  Obras desde 1951, en Caja Canarias.  Santa Cruz de Tenerife, inaugurada el 30/VI/2009.

[54] SAURA, Antonio. Viola y Oniro (1936).  Op. cit.