SABINE FINKENAUER: FORTALEZA DE LA VOZ BAJA

SABINE FINKENAUER: FORTALEZA DE LA VOZ BAJA

Texto publicado en el catálogo
UN LUGAR INVENTADO/AN INVENTED PLACE
Madrid, 2019: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 132-161
[Intervenciones de Waldo Balart, Monika Buch, José María Cruz Novillo, Sabine Finkenauer, Beatriz Olano, César Paternosto en el contexto de ARCOmadrid 2019.  En colaboración con Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte].

 

SABINE FINKENAUER: FORTALEZA DE LA VOZ BAJA

 

Hay un cierto aire de geometría desinhibida y un formalismo delicado en el paciente quehacer de Sabine Finkenauer(Rockenhausen, 1961), creadora que me recordó aquello de la percepción distraída de Benjamin.  Una artista de la que siempre me conmocionaron sus pieles de color y tramas, una suerte de conjunto de papeles vistos hace unos años que se descolgaban de las esquinas, casi derramándose, me pareció entonces portaban un aire de composición firme mas con tentativa de leve, reloj blando daliniano, mostradas desde las paredes pero con un pliegue como si evidenciasen querencia por acariciar la tierra o bien asomarse a un surrealizante otro lado[1].    Tal si buscase la emancipación de la pintura, ha sido posible hallar su obra en frecuente mención del ras o el muro utilizando en sus creaciones lenguajes entre los cuales la red, la estructura o la trama, la superposición de líneas generadora de espacios, y dichos nuevos territorios distribuidos por el color, acaban siendo elementos frecuentados.    Fue en sus comienzos Finkenauer pintora-pintora, quizás siempre lo haya sido esta heredera pictórica de un cierto aire carnal de los lienzos de Philip Guston, aquellas obras de finales de los noventa por ella llamadas “Dress”, “Figure” o “Child”.   Eran pinturas desarrolladas con aspecto de grueso empaste que desvelaban la presencia de una creadora que me recordaba a ciertas actitudes románticas de puro expresionismo abstracto.

De las relaciones con el muro, las preguntas sobre el misterioso espacio, ahora hablan sus esculturas que, con frecuencia, se muestran desde la planitud y el elogio del murmullo, de la voz baja. Tal islas de claridad, un mundo povera, lígneo, a veces me ha recordado la fina escultura de nuestro mínimo catalán Villèlia o los hallazgos naturales de Ángel Ferrant, en obras como “Palos” (2016). O, en clave contemporánea, el arte de Mitsuo Miura.  Otrora una cierta música de los móviles de Calder, sus formas con rotundo aire celeste.  Sí, su geometría, de aire racional, -en este rememorador cuarteto que brotó en el texto, aquí mención ahora a los pliegues y formas del compromiso de Lygia Clark-, Finkenauer es capaz de tentar ese mundo formalista a la par que conservar un cierto aspecto organicista, pues algunas de las formas que concibe evocan elementos de la naturaleza:  pétalos, escamas, soles o lunas, racimos y jardines, términos declarados que lleva hasta sus títulos.

Junto a la pintura en soportes más o menos tradicionales, su obra está poblada por interrogaciones espaciales, con frecuencia sus ciclos creativos se muestran agrupados en conjuntos que parecen mencionar un cierto aire procesual o bien de serie: dibujos de conjuntos de cuadrados sobre los que se apoyan o presentan varios círculos (“Sin título”, 2016 o “Flor”, 2018); representación de varias formas circulares con un segmento o cuerda o, bien, las intersecciones entre ellos permitiendo la presencia de diversos usos o rellenos de color (los “Sin título” de 2017 o “Sin título”, 2018); formas dibujadas que me recuerdan recipientes en cuyo fondo quedan contenidos pequeños signos (“3 formas”, 2017); labios que construyen espacios de vida (“Casa”, 2015); dibujos de tramas en formatos diferentes, a veces con aire de concluidos y otros de aspecto procesual (el citado gran montaje “Las mantas”, 2013); óvalos tridimensionales y pintados (“Pétalos”, 2011) y cinco formas o muestrario (2010), todo ello revelando la tendencia de esta artista a ocupar sin complejos el vacío, a poblarle por sus formas y a preguntar, obviamente, a quien las contempla. Reflexionar sobre el espacio y su ocupación es, al cabo, mencionar también el tiempo, el suyo y el del otro u otra que, con quietud, quedó enfrente.

De aquellas preguntas sobre el espacio, -quizás “Corner” (2010) sea ejemplo más latente-, muchas tienen que ver con la ubicación de sus obras en los ángulos o en los límites (reales o visuales) de los espacios expositivos, voz del lugar cuya energía es absorbida por su creación, contención y límites en una  dulce mas firme ocupación, como desplazando las preguntas desde las formas concebidas hacia la totalidad del mundo, algo que reiterará en piezas como “Sample” (2010) donde el muro tramado y la obra al pie se mimetizan o, ejemplo supremo, el hermoso “Soul” (2010), la negación del ángulo recto, otro nuevo y espiritualpoema en el que reposa el universo de nuestros ojos.  Brotes, la irrupción de las formas en el espacio como en “Petals” (2010) muestra cómo es creadora que interpreto a veces pintando relatos, tal si su obra se impregnase de una fuerte memoria literaria, algo que quizás tenga también que ver con el fuerte poso del dibujo en su obra, un dibujo que parece también palpitar en sus pinturas o formas tridimensionales, dibujando en el espacio. Artista con querencia hacia lo híbrido, es capaz de hacer esculturas pintadas, casi dibujadas en el espacio con cordeles o alambres.  Son los casos de, por ejemplo, “Head” (2007), “Dress” (2010) o “Princess” (2010).   La pared es lienzo, el papel deviene plano sobre el que elevar formas, cruce de los caminos en un quehacer paradojal donde -a su vez- el espacio es la maqueta en donde suceden sus acontecimientos.   Otra paradoja sin duda, preciso mencionar, es el momento donde las obras parecen situarse a modo de estante o ménsula del muro de la galería, como redundando la necesidad de ser contempladas: son las construcciones apoyadas que denomina “Untitled” (2010), alguna con aire de espejito-espejito mágico de la casa Madí, otras con círculos evocadores de fases lunares, tal si tentase el juego con lo que es considerado sencillo ornamento.  Nuestra artista semeja referir los encuentros entre las formas y los colores. Indagación expresiva a sabiendas que el siglo veinte, ya desde el cubismo y las experiencias de los constructivistas, habría acabado con los materiales considerados “nobles” en el arte y con el rictus frecuentado en la historia del arte.   La Guitarra(1912-1913)[2]de Picasso y la presencia constructiva de los humildísimos materiales quedaba en la historia como ejemplo de la tentativa de ocupar el espacio con materiales esenciales.  Bienvenido el ready-made, devenido el collage, -más bien mejor sería escribir transformado-, en una nueva herramienta en el espacio, el assemblageo ensamblamiento de las formas en el propio espacio, mas no sólo ocupándolo, sino, en definitiva, construyéndolo.  He recordado a Carmelo Arden Quin; Auguste Herbin; Jorge Riveros o Fanny Sanin y las tramas de Gego, viendo las escrituras de Finkenauer.

Himnos celebrando lo tangible y lo presente, a veces sus gigantescos pétalos, los círculos erigidos en los ángulos del lugar expositivo, semejan misteriosos tótems, elevación de formas en el espacio pareciere casi esquivas, inaprehensibles, aquí pero allá, encontradas con lo contemporáneo mas pertenecientes a otra esfera de lo real, temblorosa interrogación sobre el espacio, allí también parecen evocarse ciertos constructores del mundo moderno a los que Finkenauer mira (Mondrian, Vantongerloo o Elsworth Kelly, por ejemplo) y, casi de inmediato, parece olvidar.  Estoy pensando en las pinturas ajedrezadas, los muy kleeianos“cuadrados mágicos” de Kelly, hoy reunidos en la colección del MoMA tal “Colors for a Large Wall” (1951)[3], o “Spectrum Colors Arranged by Chance II” (1951)[4].   Penetrar en sus secretos, indagar en lo metavisible, Sabine propone misteriosas representaciones sin título, semejare elevadas entre las fuerzas cósmicas para después ahondar en su propio mundo interior.  Será este el que quede revelado en las nuevas formas que surjan y no tanto la experimentación.

“Apilar unos elementos -escribe Sabine Finkenauer sobre el proyecto ‘Entre paredes’ que ha realizado para su intervención en Preciados- es la forma más primitiva de construir, un juego primario que los niños descubren espontáneamente. Así construimos las paredes entre las que vivimos, que delimitan nuestro espacio privado y nos protegen de lo externo. Frente a su desnudez las manipulamos, las tapamos y las agujereamos en un afán creativo, como diría Vilém Flusser, o en sus propias palabras: ‘…consideradas desde un punto de vista estético, las paredes son los límites de un escenario sobre el cual se desarrolla la tragedia del humano afán por alcanzar la belleza’. También mi escaparate es un pequeño escenario que nos ofrece la visión simbólica de una pared entre paredes”[5].

Preguntándome pregunta Finkenauer y recordé las preguntas del objeto invisiblede Giacometti[6], en su soledad radical y despojamiento.  Tal ser orante implorando en el vacío llegó aquella misteriosa afirmación de Breton sobre estos: “it’s the battle against the Angel of the Invisible”.      Finkenauer construye casi como demiurga, semejando observar tangencialmente la tradición contemporánea, mostrando su capacidad para concebir un mundo propio, distinguido.   Pertenece Sabine a la estirpe de artistas de imaginación introvertida.   Familiar, pero sin despegarse de ese hondo costado introvertido y hermético, con sus vestidos engalanados por las tramas o líneas[7]engaña las apariencias, tentando la representación del mundo pero declaradamente abstracta, rotunda mas líquida, sus montajes parecen elevarse con soltura entre lo máximo o lo mínimo, el pequeño objeto aupado en la peana y el gran formato.     La composición casual en el suelo, evocando la sombra o la marca efímera que deja la luz que entrara por el tragaluz, en un día oscuro.   Sombras al ras de la tierra, invadidas de color, como zonas de reserva.  Esquinas, altos, bajos, asomándose u ocultándose, apareciendo al bordear la sala, crecen sus creaciones en el mundo, con aire de germinación de las formas, incesante brota.   También, algunas de sus obras pueden ser asaltadas por un cinetismo de personal raigambre, como sometido a la pulsión-Finkenauer,  embargada de un aire hiperactivo, tal revelan ciertas fotografías impregnadas de la hiperactividad de su estudio.

Concentración silenciosa de las formas, las activadoras obras de Finkenauer parecen recorrer un repertorio de diferencias: su labor creadora consiste en indagar la diferencia como disfrutando de ese existir en otredad.   Haciendo compatible la introspección, un cierto hermetismo donde ahondar para -de inmediato- salir, casi emergiendo veloz, con un deseo de abandonarse en pos de lo que queda por investigar, pintura o escultura privada expuesta, una mesurada poética de la seducción reveladora de la fortaleza de la voz baja.   Así, sus pinturas y esculturas, también las ocupaciones del espacio, se originan en la presencia más que en el gesto, siendo sus formas tentadoras de lo que germina en el espacio del mundo y buscadoras, siempre, de un fluir en el crecimiento desde dentro, tentando la austera serenidad y la necesidad de búsqueda de una impresión profunda.   Pensando formas en el espacio, esquivando relatos conocidos, su cadencia silenciosa no le impide que le esté reservada la posibilidad de vislumbrar, mercurial, el mundo de las formas, a la par que ejerce un permanente arte de la reserva.  Finkenauer es poeta de las formas que parece tanto estudiar con aire analítico, hondo, con extraordinaria intensidad, como desplazarse entre ellas, planteando un ciertoejercicio de lo mínimo, lo completo y lo liviano, los espacios contradictorios capaces de  llamar a un sentido emocionado de la experiencia estética.  Elogia lo aparentemente sencillo, empero procediendo a una ardua elaboración, esa emotividad sometida a una extraña intensidad que indaga en rincones pareciere perdidos de la percepción y la memoria, semejase también preguntando en torno a la capacidad para ver.   Creación de notoria vocación relacional pues muchas de sus obras, a través de pequeñas menciones, parecen subrayar o modificar el espacio, a la par que El Interlocutor es invitado o invitada a compartir esa singular experiencia estética que, además de referir el espacio, introduce otros elementos como la temporalidad, mediante la percepción de los leves cambios que se anotan en él.   De tal modo, en tal huida de lo grandilocuente, Sabine parece sentenciar cómo un lugar mínimo del espacio puede concentrar el mundo.  Una cierta conformación del yo a través de los procesos y la experiencia con el objeto artístico, mediante las extrañas experiencias sensoriales a las que Finkenauer somete al espectador, principalmente preguntas sobre lo lleno y lo vacío, lo que retorna o lo que crece hacia el exterior, que nuestra artista considera es objeto de la experiencia artística.

Presencia en el vacío (título de una de sus exposiciones que mencionamos), con delicadeza, Finkenauer puede hacer compatible los dibujos o pintura de lienzos con elementos que componen un mundo de voluntad escultórica, estoy pensando en piezas como “Tree” (2018).   Hermosas pinturas que viajan entre lo rotundo y lo delgado delicado, dotadas de un color tal que hubiese recibido, posada del invierno, la escarcha.  Lo patente o lo que parece desvanecerse, composiciones del citado aire líquido o bien formas rotundas evocadoras del silencioso mundo de Aurélie Nemours.  Pinturas en Marienbad, que en ocasiones semejan traslación de algunos de sus puzles, sensoriales tramas de color rellenadas con la paciencia de Pablo Klee, que acaba también evocando el despliegue de un paciente y mental origami.  Pues esta artista semeja ir y venir desde lo bidimensional al plano, como si todo su quehacer se sintetizara en ese interregno, el ir y venir entre las preguntas.

 

_____________________________

[1]Galería Rafael Pérez Hernando, A presence in the void. Sabine Finkenauer, Madrid, 10 Septiembre-21 Noviembre 2015.   “Las mantas” (2013), instalación de doce dibujos.

[2]Pablo Picasso “Guitar” (1912). Cartulina, papel, cuerda y alambre, MoMA y “Still life with Guitar” variant state (1913).  Cartulina, papel, cuerda, alambre, y cartón recortado, MoMA-Nueva York.

[3]1951. Óleo sobre lienzo, 64 paneles, 240 x 240 cm. MoMA, Nueva York. 1067.1969.a-b

[4]1951. Collage de papeles adheridos y lápiz sobre papel, 97.2 x 97.2 cm. MoMA, Nueva York.  500.1997

[5]El texto se reproduce en esta publicación.

[6]Alberto Giacometti, Hands Holding the Void (Invisible Object).  1934 (c. 1954-55), Museum of Modern Art, MoMA, Nueva York (Louise Reinhardt Smith Bequest, 775.1995).

[7]Me estoy refiriendo a sus pinturas “Dress” (2002).