JOSÉ MARÍA CRUZ NOVILLO. ATENTA ESCUCHA

JOSÉ MARÍA CRUZ NOVILLO. ATENTA ESCUCHA

Texto publicado en el catálogo
UN LUGAR INVENTADO/AN INVENTED PLACE
Madrid, 2019: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 98-131
[Intervenciones de Waldo Balart, Monika Buch, José María Cruz Novillo, Sabine Finkenauer, Beatriz Olano, César Paternosto en el contexto de ARCOmadrid 2019.  En colaboración con Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte].

 

JOSÉ MARÍA CRUZ NOVILLO. ATENTA ESCUCHA

 

La consciencia, dijo imaginación.   Es un fragmento de un verso reciente, pensando en las imágenes.  Construye nuestro artista, inquieto, las formas: pintadas, esculpidas, dibujadas, erigidas, tintadas, ensambladas, proyectadas, musicadas o vaciadas en el espacio.   Tiempo o  forma, el color y los ritmos aplicados devienen, aun de conciencia silenciosa, lugares que evocan la tentativa de la armonía, en especial cuando contemplamos la complejidad de la extensa obra del artista como un corpus, todo-él-uno sometido a la intensidad de las variaciones.    Armonía del pensar, es la suya una armonía propia que hace devenir el mundo hacia una geometría de la extrañeza.  Terminaba de leer a Piglia[1]cuando topé con estas palabras: la realidad nunca está dada, siempre es intrigante, por eso el artista la convierte en objeto de una investigación permanentemente, generadora de búsquedas.   Ensanchemos la mirada, propone José María Cruz Novillo(Cuenca, 1936), escuchemos las líneas y formas extendidas en el tiempo.  Tentemos al azar.   Escuchemos el mundo.

Sí, en lo infinito del espacio, en las innúmeras posibilidades, encontramos las formas mas ¿cómo expresaremos el cuándo?

El contemplador de la obra de Cruz Novillo percibe que las imágenes creadas portan ese elemento temporal que constituye el acontecimiento.    Claro, hay en su quehacer de décadas permanente afán de atenta escucha, dejar hablar a la intensidad de las extensiones en el espacio tentando el avance en la penumbra en múltiples direcciones, tal narrara aquel otro geómetra[2].  Es capaz Cruz Novillo tanto de elevar formas como forjar acto seguido la tentativa de su disolución, un viaje que permitirá el restablecimiento de nuevas presencias, aquello de las palabras de Klee: “todo mi alrededor desaparece, y surgen las obras como por sí solas”[3].   Espacios tentadores del vacío, tal sucede en obras como “Cuádruple Diafragma Tres 2280” o “Cuádruple Diafragma Tres 66” (1999), o tensiones del concepto como en el tembloroso y delgadísimo “Diafragma Uno Expandido 338-14” (1999), que casi me ha recordado un autorretrato de Jesse Fernández, cilicio suspendido, “Le corps brûlant” (1974), o ciertas obras lígneas de Miura y Schlösser.    Fragmentos de un proceso inacabable, e inabarcable, los restos de su hechura, tentativa desplazada entre las sombras, al cabo una nueva errancia de nuestro artista puesto que, no olvidemos, “la verdad auténtica está en el fondo, por lo pronto invisible”[4].

Sí, sobre sí mismo da la vuelta sin hallar descanso Cruz Novillo, pensando, he recordado las-preguntas-sobre-las-preguntas del libro de Edmon Jabès.    Hastío en el hastío del mundo, quedará un nuevo mundo a elaborar.   Sucesos visuales, sin cese traza Cruz Novillo propuestas que nos derivan vertiginosas hacia los límites.  Unos límites que expande, tal si no temblase el mañana, un espacio devenido fantástico, sin fin, pues supone la imposibilidad de concluir la visión, la sensación abrumadora de que nada quedó fijado y que todo está por ver.  Vivirá su música, una eternidad.  Como una tensión que se meciera hacia lo inabarcable del reino de las posibilidades, emblema son sus “Diafragmas dodecafónicos”, tal el “Diafragma dodecafónico 8.916.100.448.256, opus 14”.

Como en un monólogo interior, una máscara fulgurante que sirviera para marcar el paso de las horas, no desdeña viajar entre las imágenes, las representativas, en muchos casos son imágenes de la historia de la pintura, sus admiraciones, fijaciones o bien imágenes poderosas, algunas de ellas destiladas desde el cine.    De memoria cito a Van der Weyden, Zurbarán, Courbet o las propuestas de Malevitch, estas con frecuencia imbricadas en su filiación elogiadora del cuadrado.   Tal revelando parte de la trama, la inteligencia de Cruz Novillo consiste en erigir, sobre esas estructuras de sentido, mundos irreales y complejos.    Tembloroso detalle de territorio planetario, otrora, los fragmentos misteriosos de sus primeras esculturas[5].   Suenan a silencio.  Un universo gozosamente desbordante, abstracto, sin límites, tentador de una música (para ver, música, para escuchar) que es también hipnótico sonido de lo imposible e infinito.  Sumido con frecuencia en el delicado vértigo de la variación, que se erige como símbolo del pensar.  Paradojal otrora, su melodía sucede en cascada y queda hermanado en la estampida de preguntas que formulara su calmo amigoMarcel pues antes que explicar, expande y disuelve las relaciones, disgrega el sentido.   Entre la reflexión sobre las formas o el color, la interrogación en torno al espacio e, incluso, su puesta en cuestión, eleva nuestro artista intensas reflexiones conceptuales que veo no tanto una elección como la declaración de su propia estupefacción.   No servirán los símbolos ya establecidos en el mundo: hay otras leyes.  Y otras regiones.   Pensemos.   Soñemos.

Nuestro artista, quien no en vano participó en un complejo proyecto expositivo bajo el título “El trabajo de lo visible” (2014)[6], acomete el proceso (el anhelo) de resolver una idea en tanto es deconstruida tras realizar el análisis de un extensísimo capítulo de lo que podríamos llamar el campo de sus posibilidades.Deriva imaginante, una búsqueda  realizada allende la razón, es Cruz Novillo otro imaginativo introvertido[7], creador que nos invita a la desrealización de las apariencias en aras a la construcción de su otro mundo, siendo capaz de revelarnos el proceso que acontece y las derivas que pudieron trazarse en el camino, ora revelación ora deconstrucción, quizás variación.  Pareciere Cruz Novillo no cejar en la infatigada búsqueda de la idea que, hasta en algunos de los títulos de sus proyectos expositivos, en su lenguaje, logra ese aire de verbalizar el ritmo de una imagen: “cro-no-cro-mo-fó-ni-cas”[8].    Cro-cro,no-mo-no-mo, crono-cromo-fono, tal un poema verbal, poesía sonora enfatizada que evoca la luminaria del caligrama:  pinto para exaltaros, parece cantar Cruz Novillo remedando la ebriedad de monsieur Apollinaire-de-la-guerra[9].    Y, en tanto sucede la búsqueda y despliegue de las ideas, en su avance en la penumbra, en su tentativa multidireccional, queda el camino poblado por rescoldos, tal un interregno aesthetico, sensación y percepción, un espacio crecido sin esquivar el ludus, creación que se eleva entre el goce del riesgo y, desde el conocimiento, la extensión del placentero juego (en el sentido serio del término “play”).  Sin por ello descartar el ofrecimiento de la trascendencia ante la constitución de ese nuevo mundo, que es dado al contemplador a compartir.  Pintura en trance de ser revelada pero que no desdeña el aire hermético, portando títulos que parecen invocar algo que no estuviera al alcance de la visión y encontrado así su quehacercon lo desconocido misterioso que hubiere crecido como una epifanía, tentando revelar formas que vagaron por el mundo, surgiendo nuevas otras, recordando aquello de los acordes potentes y extraños que serán habitados por quien los contemple, así transmutado el contemplador, en un trance, en conciencia resonante del artista.

Claro, escribiendo este texto pensé en el mundo de las correspondencias musicales de Baudelaire, en “Les fleurs du mal” (1857). O en Klee y su constante investigación de las estructuras del lenguaje musical, Klee ese país fértil que dijera Boulez[10].   Y tantos otros, Ellsworth Kelly pienso ahora.  En fin,llegó a mi recuerdo una nota de un “Cuaderno” palazuelino: “es bajo la progresión rítmica del tiempo como nacen las formas”[11]y pienso en tantos encuentros con la música.  Desde luego, la tentativa de aquel por abordar la “Sonorité Jaune” de Kandinsky, circa 1953, quien escribe, casi con un murmullo revelador de arcanos, que:“al visitar su casa pude ver que su biblioteca contenía obras de teosofía y otras obras sobre la correspondencia de los colores con los sonidos”[12].

La energía y el número presiden los destinos del Cosmos, recuerdo decía Claude Esteban.   En la intersección del tiempo, encontrado con el espacio de las pinturas de Cruz Novillo, surgen bandas de color, espectros o diafragmas, elementos circulares o elípticos que parecen portar su condición ocular.   Y la citada aplicación de títulos con aire objetivo refiere una complejidad que pareciere calma su piel sensible.  Preguntas sobre las dimensiones del espacio, en torno a los pliegues o los elementos constructivos. Verdadera realidad, una vez transformada deviene una poética perceptiva, un fulgor, un estado de consciencia.     La forma activa el espacio, dejando la marca de la experiencia y los sueños.    Indagación sobre el vacío, dibujo en el espacio, preguntas ensimismadas lanzadas, incesantes, a dicho espacio.  Resonantes las preguntas que traza en sus pinturas, evocando a erratumMarcel[13].

Si, nuestro artista crea planteando interrogaciones esperando, semejare, que las imágenes fueren reclamadas por otra imaginación, preguntas sobre la representación o sobre la vana verdad, si no concibiendo con aparente sencillez elementos que son conducidos hasta los límites.

Tienta conocer Cruz Novillo, algo de lo desconocido que hay en él.

 

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[1]PIGLIA, Ricardo.  Los diarios de Emilio Renzi.  Años de formación.  Barcelona: Anagrama, 2015, p. 301.

[2]DE LA TORRE, Alfonso. Pablo Palazuelo.  Inextinguible llama.  Poemas (Antología).  Madrid: Ediciones del Umbral, 2015-2016.  “Después de la noche, al alba, lentamente, los ángulos se modificaron. Entonces, avancé por la penumbra, en múltiples direcciones. Allí donde la forma declina como sol poniente al occidente de la materia (…)”.PALAZUELO, Pablo. Jardin (1961).  París: “Chroniques de l’Art Vivant, nº 10, Editions Maeght, 1970. 

[3]KLEE, Paul.  Diarios 1898/1918. Editados y prologados por Felix Klee.  México: Biblioteca Era-Serie Mayor, 1970, p. 449.

[4]Ibíd. p. 436

[5]Me refiero a las obras llamadas “Fragmento de primera escultura”, de 1986-1987.

[6]DE LA TORRE, Alfonso.  El trabajo (y el anhelo) de lo visible.  Madrid-Caracas: Galería Odalys, 2014-2015.

[7]  THARRATS, Juan José. Artistas de hoy.  Pablo Palazuelo, Barcelona: “Revista”, XII/1958.

[8]Me refiero a la exposición que, bajo el título “Obras cronocromofónicas” tuvo lugar en el Museo Francisco Sobrino de Guadalajara, el pasado 2018.

[9]APOLLINAIRE, Guillaume.  Calligrammes.  Poèmes de la paix et de la guerre (1913-1916).  Paris: Gallimard, 1925. “J’écris seulement pour vous exalter” (p. 11).

[10]BOULEZ, Pierre (Paule Thévenin).  Le pays fertile. Paul Klee.  París : Editions Gallimard, 1989

[11]Luc Benoist, anotado por Pablo Palazuelo en su “Cuaderno de Paris” (1953).  Lo hemos citado en un texto que refiere el encuentro de Kelly y Palazuelo: DE LA TORRE, Alfonso.  Pablo Palazuelo.  La oración silenciosa.  Fuenlabrada: CEART, 2013.

[12]PALAZUELO, Pablo-POWER, Kevin. Geometría y visión.  Granada: Diputación de Granada, p. 17.

[13]Marcel Duchamp compuso en 1913 dos piezas musicales: Erratum Musicaly La Mariée mise à nu par ses célibataires même./Erratum Musical.  Tentativa de aprehender las cualidades musicales a través de lo sensible, casi música conceptual.