HEY WALDO BALART: ECO-ECO[ ESPACIO Y LATIDO ]

HEY WALDO BALART: ECO-ECO[ ESPACIO Y LATIDO ]

Texto publicado en el catálogo
UN LUGAR INVENTADO/AN INVENTED PLACE
Madrid, 2019: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 28-53
[Intervenciones de Waldo Balart, Monika Buch, José María Cruz Novillo, Sabine Finkenauer, Beatriz Olano, César Paternosto en el contexto de ARCOmadrid 2019. En colaboración con Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte].

HEY WALDO BALART: ECO-ECO
[ ESPACIO Y LATIDO ]

 

Una objetividad sensible parece presidir el quehacer de Waldo Balart (Banes, 1931), un artista que, con frecuencia, añade en su escritura resonancias que le desplazan velozmente, y sin dudarlo, desde lo constructivo hacia lo espiritual. Arte creado por un hombre, vindicación de un gozoso misticismo en su mundo de líneas y planos, colores o sombras, tengo conmigo un pequeño catálogo-cuaderno extraído del anaquel, un librito afecto a las pequeñas cosas que pueblan el mundo: “Añoranzas” (2006) es el título, que se corresponde con una serie de sus obras y exposición vista donde fuere frecuente lugar de encuentro con el artista en Madrid, la galería Edurne . Sus primeras líneas, escritas por Balart, son apetecibles: mención a la no linealidad del tiempo y cita a Kafka, a lo que añade un compromiso ético con la creación: no se puede pedir más. Estamos frente a un artista que piensa (y su pensar conecta con el espíritu).
Franz me llevaría a recordar el trabajo de Waldo y aquello que explica Ricardo Piglia sobre la forma de leer la obra de Kafka. De este modo sería posible también entender el trabajo de nuestro artista: concentrando la mirada, invirtiendo la motivación y estableciendo nuevas correlaciones para, de este modo, tentar una nueva propuesta elevada en el espacio. Fusionando significado y significante , invertidas las relaciones, la visión establece otras nuevas que, privilegio del ver, en tan radicales condensaciones, llevan la visión al límite en un orden nuevo nacido de la inversión del sentido original . Como un sueño dirigido, antes que una investigación formal presidida únicamente por lo racional , ese orden podría ajustarse a lo que Balart señala como la tentativa de elevar la proyección en el espectador del sentimiento de un “espacio sensible motivado por la tensión o por la armonía de sus elementos”, pudiendo así “acceder a la espiritualidad a través del arte” .
Reposar sobre la tierra y volar . Como he escrito en alguna ocasión, esa parece ser máxima kleeiana de los artistas que utilizan la norma, bajo las diversas adscripciones de la fatigosa taxonomía de la historia del arte: constructivismo, arte normativo o geométrico, cinetismo y arte concreto. En su “Cuaderno de Paris” escribirá Palazuelo: “privada de reposo, la idea del espacio parece buscar sin cesar el infinito de la augusta presencia (refugio), moviéndose, en el infinito interior de la impotencia humana obsesionada por una visión, en ocasiones agitada y otras flébil, siempre desconsoladamente dirigida, mas en vano, hacia lo ilimitado” . Obsesión y anhelo, ansia de crear, desvarío, viaje sin límites, tentativa de revelar la realidad profunda surgida desde el reino oscuro de las vibraciones , entre la cámara de silencio del estudio del pintor. Contemplación concentrada tal sucede a Balart, quien pareciere querer desvelar los arcanos para proceder a una desformalización, esto es, tentar revelar el acceso a una verdadera visión, mediación del ser artista, la citada kandinskyana necesidad interior, intensa escucha tras la búsqueda de las formas. Bajo las imágenes se ocultan otras verdades y, en ese sentido, escribía también Klee, las apariencias son la suma de hechos aislados. Al cabo nunca podremos conocer todas las formas, porque no son legión, sino abismo .
Voces antiguas traídas al hoy las que proclama Balart, este artista infatigado: “belleza”, “misterio”, “fantasía”, “sensibilidad”, “espiritual”, “infinito” o “armonía”, verbi, estos y otros, que no perecen. Con ocasión de la presencia de la obra de Waldo en aquella exposición, “El trabajo de lo visible” , escribí que el misterio de los espacios fue siempre su preocupación permaneciendo, impenitente, indagando en torno a ethos de formas y líneas, proposiciones disciplinadas de un viajero en pos del conocimiento de la creación, considerando la reflexión interior como un elemento esencial, un pensar cuyo ahondamiento le ha arribado a un cierto misticismo de la creación: “considero al arte como un compromiso ético con la vida a través de la estética y como un camino del conocimiento en el cual la forma y la estructura en la obra de arte nos ofrecen el rigor y la disciplina, y el color la fantasía. Denomino a mis cuadros ‘proposiciones’ porque a través de ellos propongo una solución sensible, original y única en la cual significado y significante están fusionados sin ninguna referencia a cualquier objeto o realidad ajenos a ellos. Desarrollo mi trabajo sistemáticamente a través de series. Considero a la luz como el origen de los colores y a estos su cualidad. Al mismo tiempo son su estructura, medidos en longitudes de onda y frecuencias. Limito las formas que utilizo a figuras geométricas básicas con el propósito de estandarizar la forma y así enfatizar la relevancia del color y de la interacción de los diferentes componentes de la “proposición’” . Siendo la suya una radical incitación al pensar, pues Balart no sólo acomete el proceso de plantear la resolución de una idea sino que, a la par, ésta es tan pronto revelada como deconstruida, incansable, tras realizar el análisis de un extensísimo capítulo de lo que podríamos llamar el campo de sus posibilidades, una feraz convergencia en la sutil divergencia de las formas, un quehacer pictórico expandido en la interrogación también, en las preguntas sobre el vacío y sus límites, sobre las formas y sus fronteras, en la disquisición en torno al vasto espacio del afuera, más allá de la mera aplicación del color y que, de este modo, en tamaño desafío al elevar tanta pregunta, trasciende hacia el terreno de las metáforas y lo simbólico .

Pasean los personajes de las novelas de Jane Austen de una casa a otra, pareciendo empero permanecer varados preguntándose en la agitación de su pensar. Planteando Balart su obra a modo de ciclos, interrogaciones que parecen ser partes de un todo antes que capítulos cerrados, habitaciones transitadas de una u otra casa. Me explica Balart toda su vida creativa a través de un esquema que apenas ocupa una página. Le señalo que ese esquema tiene un aire visual, como un poema dadá, uno de esos poemas con aire de itinerario que construían Theo van Doesbourg o Tristan Tzara.
En la ruta de su vida, las “Pinturas Negras” (1996-1999) [algunas ilustran estas páginas (“2 x 2 module, 1 .4., 70º”, 1996; “Dibujo 4. 4 x 4 module, 1.3.5.6.7., 55º (Longing nº1)”, 1998; “Longing for Cuba”, 1998 y “3 x 4 module, 1.3.5.7., 75º. Red square”, 1999)], eran definidas por Waldo como un espacio de imposición del negro donde nociones como profundidad, misterio o infinito, son planteados al modo de una dialéctica donde lo positivo y negativo, el espacio abierto o cerrado, funcionan en una cierta tensión que considero siempre discursiva pues, a mi parecer, los diversos periodos creativos del disciplinado Balart son todos ellos, incluso el conjunto de su obra, realmente, proposiciones, una obra planteada al modo de la extensión serial de un conjunto de ejercicios formales concebidos con extrema intensidad y seriedad pareciere que a la búsqueda de la tentativa de un espacio de una-dimensionalidad-otra, que a veces pienso pueda ser herencia de las preguntas de su profesor Peter Forakis, en el Nueva York de los sesenta. Y pienso ahora que el aire de las proposiciones de Balart, terminología compartida con Lygia Clark, está poblado por el rumor poético mas, también, por las tensiones que elevan las formas, devenidas energía y número
Viaje hacia los límites del mundo plástico, Balart ejerce esa interrogación sobre las formas al modo de conjeturas formales, esto es, con frecuencia eleva preguntas, eco-eco, de tal modo que en muchas ocasiones quedan suspendidas en el aire dichas proposiciones, ecos de su voz hermosamente vagando en el espacio, no cerrando el sentido por el que se iniciara el camino de las preguntas. Sí, su creación tiene algo de epifanía, jeroglíficos antes que logos, un planteamiento de ejercicios sobre los que, en tentativa y diversidad, pareciere no revelarse el sentido inmediato, ejerciendo una aparente distanciación de las preguntas desde la que surgieran las formas, algo así como un permanente juego entre visión e interrupción, persistencia y fragilidad, hondura o distracción, pregunta y propuesta. Espacio y latido. Y vuelta a un nuevo ejercicio.
Quizás un ejemplo límite de lo que decimos, verdadero eco-eco, sea su práctica interactiva significada, entre otras, en “The Sculpture of Light” (2002 y 2016) , obras donde la presencia del espectador interviene en las sombras de luz que se proyectan. Podríamos inscribir a Balart en esa sociedad que propuso Duchamp: “Société anonyme des porteurs d’ombres”, también de alguna forma convertido en heredero de la antigua tradición del “Ars magna lucis et umbrae” del fosforescente Kircher. La sombra parece transformarse y devenir en luz, investirse entonces, sugiere Balart que la sombra puede ser luz o el universo pluridimensional. Claro, las historias del mundo están tejidas con nuestra propia vida y para nuestro artista muchas de las categorías del arte son experienciales: “no vemos el ‘espacio’ del mundo, vivimos nuestro campo visual, no vemos los ‘colores’ del mundo sino que vivimos nuestro espacio cromático” . Perforan las sombras el mundo, he recordado al Cirlot de: “Mi casa comunica con las fuerzas / que perforan los mundos y los alzan / en la cima furiosa de esa sombra /sin principio ni fin que me alimenta” .

“Nudos” es la serie en la que Balart ha trabajado en los últimos años, quizás continuidad natural de sus trabajos ortogonales, siendo corpus que ha de relacionarse con su intervención en Preciados, “Dos universos paralelos de rayos de energía cromática comunicados”. Proposiciones de este artista disciplinado y metódico, quien “parte de una reflexión sobre los Universos paralelos que quizás existan y que para mí representa una fantasía dentro del ámbito intelectual por lo que la he integrado en mi quehacer cotidiano porque llena todas mis expectativas sensibles y cumple con mis necesidades racionales. (…) Vivimos inmersos en la luz y es ésta la que nos da la vida y nos permite sentirla. Al discriminarla dividiéndola en sus componentes cromáticos, que al mismo tiempo es lo que nos permite describir nuestro entorno, me siento que soy un agente activo y que estoy seleccionando un pedazo de vida y ofreciéndolo para que se pueda utilizar sensiblemente. En cada serie trato de descubrir un nuevo giro misterioso dentro de este laberinto lleno de colores mágicos que represento a través de mis visiones numéricas y donde después de una reflexión profunda y en un tiempo inconmensurable aparece una solución que es a la vez sensible y racional y que al traducirla en materia cromática se convierte en mi obra” .

Pinta el mundo Balart y permanece el rumor del existir de los arcanos y ciertas de sus obras recientes se desplazan hacia una poesía muy musical. Conjunto de obras, aquellos “Nudos”, donde los títulos han adquirido mayores resonancias entre poéticas, dadá (¿nuevamente, será posible?) e irónicas, aunque pienso también que Balart ejecuta un proceso de desmaterialización de las relaciones entre obra y título, sometiendo al encuentro entre pieza creada y nominación a un proceso de fricción, antes que elogiar el correlato (a modo de ejemplos: “From Havana to Madrid in a ray of neutrinos”, 2012; “Glacé chocolate”, 2012; “Green field”, 2014; “Let’s talk about the Republic”, 2017; “Orange invasión” 2017 o “Verde que te quiero verde”, también de 2017).
Así, se transformó el signo, invadió el lugar, separado de sí mismo.
Mudez, como espacio de latido.
Construyó Balart, en silencio durante años que es su vida, una obra secreta.