EN EL PRIVILEGIADO ESPACIO DEL MUNDO  [SOBRE LA EXPOSICIÓN INFINITAS Y LAS OBRAS DE TERESA Y VERÓNICA NAVARRO]

EN EL PRIVILEGIADO ESPACIO DEL MUNDO [SOBRE LA EXPOSICIÓN INFINITAS Y LAS OBRAS DE TERESA Y VERÓNICA NAVARRO]

EN EL PRIVILEGIADO ESPACIO DEL MUNDO

[SOBRE LA EXPOSICIÓN INFINITAS Y LAS OBRAS DE TERESA Y VERÓNICA NAVARRO]

Alfonso de la Torre

 

 

   Ningún libro está rematado. ¿Tres veces he rehecho yo el mío? El sol se rodea de noche de estrellas y por la mañana de seres de plumas cuyo recuerdo conservamos.
Leer el centelleo de los astros del sueño, el aleteo y el rapto del pájaro, folio tras folio, ¿no es reconocer a la escritura la facultad suprema, que ostenta prioritariamente la muerte, de transformar el mundo, de legitimar la imagen del universo en sus múltiples e incognoscibles cambios?

Edmond Jabès.  El libro de las preguntas[1]

 

 

Infinitas, como dos senderos que, próximos, se bifurcan y semejan ahondarse en el horizonte.    La pluma cae, mecida es por el aire, evoca a aquella que estuvo en el mundo, fue una estrella.   El tiempo, la voz no pronunciada, la concentración, un mundo donde reina lo interior, son el soplo que recorre lo expuesto.  Y el espacio allende, misterioso, es ligero y hondísimo en las noches de verano, en su bóveda crecen, crecerán, estrellas y constelaciones que hablarán de ti, de mí, de aquellas.

Trabajo de dos artistas inquietas, su hacer, lo que conocemos como “estilo”, es consecuencia de su forma de pensar: Teresa Navarro (Puerto Lumbreras, 1953)y Verónica Navarro (Puerto Lumbreras, 1983)con quienes, conversando, rememoraba el hago, rehago y vuelvo a hacer de la Bourgeois.  ¿No serán ellas, también, culpablesde coleccionar pensamientos y sueños?[2].   A veces recuerdo uno de los libros de Louise, volví a hacerlo ahora: Oda al olvido, titulará uno de sus volúmenes ilustrados de 2002.   Haciendo, deshaciendo, rehaciendo, volviendo a hacer[3], listaba con frecuencia la paciente y excéntrica artista[4]cosas: colecciones, deseos, pensamientos, retahílas que emulaban castigos, letanías, olvidos, sueños, culpas o frustraciones, versos.   Lista tras lista, quedé pensando también en Camille Claudel, es otra de las plumas pintadas de la exposición.  Ya dije: historias aparte precisas de narrar, aún pendientes de relato, escondidas historias de artistas, microhistorias silenciosas viajeras entre la rabia y el deseo, en ocasiones impregnadas de una fuerte iconoclasia, frecuentadoras de una especial relación con las imágenes.

Preocupadas por el trabajo con las manos, Verónica o Teresa, concentradas tejen o construyen historias que son de siempre, a veces parecieren surgidas desde mínimos relatos, narraciones que fueron al oído susurradas, historias escondidas en un recodo del mundo.   Ah, por favor, ingrávidas vuelen otro par de plumas: pensaba en Siri Dekert o en Farideh Lasai, escuchando las historias que aquellas me cuentan de las historias.  La historia delirante de Jeanne Tripier, escribe-que-te-escribe.   Los relatos que acariciaron otros oídos, evocando la obra de Fatima Mernissi, “Sueños en el umbral (1994)”, su lazo con “Las mil y una noches”.  Y, ahora, sus propias historias, como una extensión más de aquellas.

Sabido es que en los sueños somos dioses, ellas reivindican, Infinitas, el arte como juego y exaltación, el arte como refugio.  La cultura hace que la vida valga más, cito a menudo a  Thomas S. Eliot, mas no sólo: el arte, replicarán ellas, es una perentoria necesidad, capaz de transformar lo cotidiano y calmar, frecuente, el dolor.  Pues saben también que es el arte sanación de dolores antiguos, ellas, artistas capaces de afirmar aquello de Farideh: aquí estoy, he custodiado cada cosa dentro de mí[5].

Crean obras para el mundo, para los otros.   Puestas en escenas silentes, como la que propone ahora Teresa, parecieren ciudades-merzbaucrecidas en la extensión de un lugar imaginario, suspendidas en el interregno del mundo, ciudad en ese espacio que vuela entre lo real y lo imaginario: son historias que no estarán jamás terminadas si no tiembla la voz del otro lado.

Y piensan que la cultura nos hará libres, será capaz de evitar antagonismos.  En la oscuridad se puede reescribir la historia, de tal modo que, devenidas diosas Nix o Nicte, habrán de continuar escribiendo historias en los libros, deberán adscribir nuevos seres a la infinitud de la bóveda celeste, noctígrafas, tejerán ahora tramas de nuevas constelaciones.   Imposible abarcar el conocimiento concluyen, no concluyendo.   Como Michaux, como Grihlo y la citada Tripier, tal Georges Noel o Millares escribiendo signos de aire, mención también a los logogramasde Dotremont, Teresa Navarro escribe textos que evocan grafías de Oriente.   Navarro disfruta en la acción de crear y escribir, sustanciada en dicho acto, allí asienta firmemente el espíritu, recordando a Shitao[6], océano de tinta que con frecuencia esquiva la legibilidad y llama a la sensibilidad de quien así, con esa disposición no-lectora, pueda leersus escritos, pues dicha escritura pertenece no tanto a su intelecto como a su espíritu y a lo sensible.  Es importante el signo, pero también el papel y la forma construida, la arquitectura del libro.

He recordado aquel libro de Barthes, “L’empire des signes”, ella velos lenguajes escribiendo esos libros donde se desliza una escritura de aire automático que, pienso ahora, vuelvo a pensar, evoca las costuras por las que vaga la tinta en los bordados.   Ciudades de letras construidas, libros que emulan torres o murallas, pequeñas ciudades emocionales y del saber.    Escribir, decía Jabès, es la facultad suprema.

El conjunto de obras de la exposición Infinitas, visto así, se convierte en un relato, algo así como un dietario que ha sido construido a través de la compleja generación de enigmas, donde a veces se entrecruza ciencia y poesía, matemática o azar, lo sensible con una compleja maquinaria del ver.   Las voces de Alicia con la del serio Borges, yuxtaponiendo capas de significados, planteando preguntas que son expandidas como un inmenso registro de lo sensorial, en el contexto de su exposición “Infinitas” ellas se desplazan entre lecturas, amistades, admiraciones y vida.  Vida.    Relato expandido y experiencial devenido también una maquinaria resistente ante el mundo:el arte como una forma de resistencia y acción ante lo que nos rodea y que, tomando a quien contempla, nos desplaza. Creación con aire performático, debemos hallar las relaciones o completar los vacíos, ampliar las preguntas tal una narración que mostraseuna verdad o su negación, una pérdida.

El camino es corto en el tiempo, largo en el espacio que abarcan nuestros brazos, es nuevamente Edmond Jabès, en su libro de preguntas.  Contempla lo real nuestra artista, recorta paciente el mundo, Verónica Navarro construye desde la nada que estuvo.   Estoy pensando también en su tarea como impulsora de ideas, tal el comisaríado de proyectos sobre los fractales, leves y rotundos, buscando, en sus palabras, tender aquel puente de la visión que refiriera Delacroix.   Fractales a la búsqueda de “imaginar mundos inexplorados y mágicos”[7]con recortes superpuestos al modo de una tridimensionalidad casi zen, elevada desde lo leve, que me hizo recordar esos diamantes que transpiran ciertos desiertos africanos en la noche, refulgiendo.    O bien en las decalcomanías, producto de unas escrituras, nuevamente la pasión por el signo, que estuvieron en el muro, que pintaron otros y que ella transfiere con su permiso al papel, vera iconade la cal, eco del sonido del mundo, sinestesia de lo leve.  Saludos a Brassaï[8]y al Tàpies/Valente de “Comunicación sobre el muro”.   Con el artista catalán coincide también Verónica, creando  obras que emulan los pasos, los pies y el andar, metáfora del desplazamiento, la fatiga y el bregar cotidiano.  Viendo aquellas transferencias de escrituras en el muro, siento estamos ante espejismos fósiles de nuestro tiempo[9].

Exposiciones suyas como “Menudo punto” (2013), han supuesto un relato experiencial, un viaje por los límites de los signos o las cosas, paradoja o metáfora, y pienso ahora que en su obra hay un fuerte componente de creadora que ha elegido como territorio placentero la desposesión, algo que parece quedar simbolizado en su querencia por lo ligero, por lo que evanesce, y así muchas de sus obras son, realmente, antes que elogio de lo sólido o la materia, un fluir imparable de preguntas sobre el enigma de lo visible, en torno a la presencia de la imagen en el espacio tembloroso del mundo.   Son revelación y enigma, capaz de preguntarse, a cada paso, sobre la propia necesidad de conocerse.

Espacio privilegiado en el mundo, el construido por estas artistas, se cruzó estos días Alejandra Pizarnik conmigo: “mi afición al silencio me lleva a unir en espíritu la poesía con la pintura; de allí que donde otros dirían instante privilegiado, yo hable de espacio privilegiado”.    Ah, privilegio del mundo.

 

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[1]JABÈS, Edmond.  El libro de las preguntas.  Madrid: Ediciones Siruela, 1990.   La edición consultada.

[2]Soy culpable de coleccionar dibujos, pensamientos escritos y sueños. Texto de Louis Bourgeois grabado en su domicilio de Nueva York el 26/XII/1997 por Brigitte Cornand y publicado con ocasión de la exposición “Colección de artistas” de la Colección Lambert en Avignon (1/VII-30/X/2001).   Traducción de este autor, publicado en: DE LA TORRE, Alfonso. Artea Bizibide-Arte como vida. Circa XX. San Sebastián: Kubo Kutxa, 2012.

[3]Se percibe la cita dela intervención deLouise Bourgeois en Tate Modern, Londres (12 Mayo-26 Noviembre 2000): “ I Do, I Undo, I Redo”.

[4]Lucy Lippard, organizó en 1966 la fundamental exposición “Eccentric Abstraction” en la galería neoyorquina Marilyn Fischbach Gallery.

[5]MARTÍNEZ DE AGUILAR, Ana.  Farideh Lashai: he custodiado cada cosa dentro de mí.  Madrid: Museo del Prado, 2018.

[6]Shitao, “Dadizi tihuashi ba” (Meishu Congshu III, 10).

[7]NAVARRO, Verónica.  Fractal. En catálogo “Fractus”.  Águilas: Ayuntamiento de Águilas.

[8]“Quiero calcar algo, ¿tengo tu permiso?”, era el título de una de sus exposiciones (Centro Puertas de Castilla, Murcia, 2007).

[9]Me estoy refiriendo a obras e intervenciones suyas como “3,64% = Invasión” (2007) o el proyecto “Horma/Forma/Norma” (2008-2010).