BEATRIZ OLANO: IMAGINACIÓN RECLAMA IMAGINACIÓN

BEATRIZ OLANO: IMAGINACIÓN RECLAMA IMAGINACIÓN

Texto publicado en el catálogo
UN LUGAR INVENTADO/AN INVENTED PLACE
Madrid, 2019: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 162-195
[Intervenciones de Waldo Balart, Monika Buch, José María Cruz Novillo, Sabine Finkenauer, Beatriz Olano, César Paternosto en el contexto de ARCOmadrid 2019.  En colaboración con Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte].

 

BEATRIZ OLANO: IMAGINACIÓN RECLAMA IMAGINACIÓN

 

Encontré el pasado año en ARCOmadrid las obras de Beatriz Olano (Medellín, 1965), junto a las esculturas plegadas de John Castles en la galería bogotana Nueveochenta, poblando un muro, conjunto de creaciones compuestas a modo de un gran mural, una docena de pinturas-assemblagesde formato pequeño y mediano, en donde la artista desplegaba un auténtico ejercicio de diversas tentativas de abordar el espacio pictórico, también, pienso ahora, devino un ejercicio sobre la mirada puesto a prueba en el tráfago ferial.

Al encontrar sus obras había una primera resonancia de la utopía MADI, en ese modo de trabajar con relieves, formas geométricas, la atención al pequeño formato, su aire pluridimensional, el elogio del collage lígneo, una cierta ironía, la voz baja, mas también la superposición de formas schwittersiana.   Preguntas sobre el marco que contiene la propuesta artística, qué cosa sea la pintura y las formas ocupando e interrogando el espacio. Escapaba veloz Olano pues, como escribiremos, su arte se ha dirigido siempre a las preguntas, ha sido una creadora generadora de inquietudes y tentativas antes que axiomas, considerando el arte no es sólo un fenómeno perceptivo listo para la contemplación. “Alteridad” (2017), fue reciente exposición de Olano en aquella galería que insistía en la necesidad de contar con el arte como instrumento visual crítico, tal un dispositivo capaz de establecer otro-yo en quien contempla, también la artista se aherroja de sí misma para establecer sus formas en el espacio.   Junto a su actividad pictórica, esta artista ha realizado numerosas intervenciones en espacios, tanto públicos como privados, en lo que ha sido no tanto un proceso aislado sino, más bien, parte constitutiva, esencial, de su ser artista.   Olano ha mostrado una auténtica querencia por la ocupación de los espacios de lo real mediante líneas y planos, la invasión de los mismos -o más bien “toma” sería mejor escribir- con su geometría abstracta, que ha tenido siempre un aire expandido y construido, que he visto no lejano de aquellos poetas holandeses de la geometría, aquellos conversores del espacio en líneas, estoy pensando ahora en Pieter Jansz Saenredam o Pieter de Hooch.  Esa expansión, la citada verdadera ocupación de los espacios, tiene como mecanismo una cierta deconstrucción de planos o líneas para luego realizar una nueva reconfiguración que puede tanto extenderse sobre los muros como arrastrarse hacia los suelos, acariciarlos, crónica de un viaje entre frontalidad y perspectiva, en una extensión de planos o redes, estructuras y esquemas o tramas pictóricas, algo así como si en una imagen de un lugar prexistente superpusiéramos el acetato con una composición que quedara adherida en todos los elementos que ocupan lo real, sin importar la perspectiva.    Artista que otorga importancia a la evidencia de los sostenes de las formas, las líneas que componen la mirada, ella cita también el muro como un punto del espacio relevante, donde suceden los acontecimientos, a la par deviniendo cada lugar el ejercicio gozoso de una distorsión del mismo.   El espacio queda transformado así por la emergencia de las imágenes y, por tanto, trastornado, trastorno contagiado también al contemplador que transita entre las imágenes y las formas envolventes, entre sus falsas perspectivas.  Y ese arte, frecuentemente calificado de “resistente”, me parece es también un trabajo que incardina a Olano con otra parte de la historia del arte, estoy pensando en ciertos análisis tradicionales de la perspectiva aplicados al arte de Marcel Duchamp silencioso en la biblioteca de Sainte-Geneviève, visto por Jean Clair.   Mas, otrosí, en los trabajos de cinéticos y artistas interactivos que soñaron con la inmersión del contemplador en las formas creadas, la invasión del mundo por otras dimensiones, se me ocurren los prismas y espaciodinamismos de Schöffer, por ejemplo, bañando los muros expositivos e incluso a los espectadores con las luces reflejadas de sus prismas, tal habitantes interiores de un caleidoscopio.

Claro, su intervención en el espacio es heredera de los dibujos, de intensa vocación kleeiana(“Columna”, 2017), sueño de las líneas, dibujos frecuentemente construidos con collages de vinilos o cintas adhesivas de colores que emulan rutas en el papel (“Al cuadrado” o “Encuadre”, por ejemplo, ambos de 2012), travesías lírico-gráficas, recorridos realizados por las líneas, escrituras, seguimientos de ubicaciones o bien, otra interpretación, cosidos.    De ahí que pueda comprenderse que, en ocasiones, Olano desplaza la ocupación del espacio al marcado del mismo mediante signos, con frecuencia líneas, que pueden recorrerlo, como es el caso de “Room” (1995, Bard College, Nueva York).  O, ya citado Marcel, actitudes que veo casi postduchampianas, como el hermoso trabajo de generación de sombras portantes: “Reflejo” (2004, Sala de Exposiciones Academia Superior de Artes, Bogotá), que así veo herencia del Duchamp de “Fresh Widow” (1920) o el mítico cristalhecho mermelada “La Mariée mise à un par ses Célibataires, même (Le Grand Verre)” (1912, 1915-1923).   Pienso ahora que se comprende el trabajo de Olano leyendo algunos de los títulos de sus trabajos o intervenciones, que funcionan -veo- como un cierto ideario artístico, tal títulos como emblemas: “Apertura” (2006); “Colonización” (2006); “Hacia adentro” (2006); “Escenarios” (2009); “Exactitudes errantes” (2009); “Meeting” (2010) o “Desde adentro” (2011), por ejemplo.  En muchos de sus trabajos integra elementos encontrados o reciclados.

Aire de escisiones desplegadas en el espacio desde una cierta concentración muy energética para dirigirse, de inmediato, a algo que me ha recordado un rêve de vol  palazuelino, ascensión y sueño de vuelo, el recuerdo a Gaston Bachelard.   Palpitación e interrogación sobre la extensión de unas formas potentes y extrañas, eleva Olano imágenes que, sin desdeñar también cierto aire musical, de notación, reposan en la tierra y vuelan, tal ritmos se despliegan los planos.    Formas extendidas en el espacio o bien pareciere en introspección en el interior del mismo, tal si propendieren a una cierta energía previa al inmediato despliegue.  Herencia de los viejos cubistas, podría también pensarse en ciertas imágenes y proposicionesde Lygia Clark, la energía toma forma para componer y discutir el mundo: la artista eleva las formas y sueña con aquellas energías que serían huella de misteriosos acordes, revelados en el objeto artístico o bien en la intervención del espacio.  Superposiciones y construcciones pobladas por un rumor poético no exento de las tensiones sucedidas al instalarse las formas en el enigmático espacio que parecieren a veces, en tal agitación, de inmediato desplazarse hacia el vacío.    Composiciones y superposiciones que se preguntan por la propia estructura del hecho artístico, viajan entre la despojada soledad del muro, la pintura y el espectador, plantean el serio juego de las formas, llenos o vacíos, ángulos y espacios.  Serialidad que excluye la repetición, son los suyos fragmentos viajeros, construcciones trabadas como una cuidadosa forjadora que revelare, mediante sucesivas aproximaciones, el sueño de la agitada vida de las formas.  Antisolemne, mediante versos lineales que fueron escritos con lo mínimo, elevado el color, ejerce Olano un quehacer expandido pero que no excluye la concentración que subraya aquel reposar sobre la tierra y volarque viera Grohmann en Klee[1].  Y pienso ahora que, desde aquella cierta estirpe bauhausiana, le hubiera estado permitido a Beatriz haber suscrito algunas de las leyes del Manifiesto “Art Concret” (1930)[2]: espiritualidad de la creación; supremacía de los valores plásticos, planos y colores, rigor en la técnica y esfuerzo por la claridad absoluta.  Pues, al cabo, Olano investiga sobre la imagen y su percepción, plantea preguntas sobre las relaciones del contemplador frente a la obra de arte, los efectos de la superposición de formas y líneas en el plano o su encuentro con lo real mas, antes que una cinética o una descarnada artista óptica, Olano me recuerda a la cofradía de pintores escriturales, esto es, aquellos artistas que parecen derivar sus búsquedas a una cierta grafía que tentara comprender nuestra conciencia, el ritmo del transcurrir, el espacio o tiempo.    Búsqueda incesante de las líneas pareciera que buscando el reposo, generando formas, los citados ritmos erigidos entre la turbulencia del espacio, este un refugio, tal escribirá Palazuelo: “así pues, privada de reposo, la idea del espacio parece buscar sin cesar el infinito de la augusta presencia (refugio), moviéndose, en el infinito interior de la impotencia humana obsesionada por una visión, en ocasiones agitada y otras flébil, siempre desconsoladamente dirigida, mas en vano, hacia lo ilimitado”[3].    Aventuras de líneas, estructuras geométricas elementales preguntándose por la poética del movimiento, sus obras tienen algo de una agitada vida propia, un espacio activado que resulta ser dialéctico pues se encuentra, palpitante, directamente con la retina, pareciere sometido el espectador a situaciones críticas.   El trabajo de Olano es una experiencia perceptiva, con frecuencia apreciada en su creación por el diálogo entre la obra y el espacio, herencia minimalista desde un sentido esencial de su discurso, utilizando formas geométricas básicas.  Artista independiente, libre mas ensimismada, su tensión deviene una extraordinaria complejidad.   Preguntas en torno a la propia creación, a la estructura, a la posición de las formas en el mundo, el poético poder de la repetición, las variaciones, el encuentro de contrariedades, interrogantes en torno a lo temporal, la estructuración de las superficies visuales o la transformación incesante.

Investigación sobre el espacio no exenta de una mirada melancólica e irónica, paradojal también, inclusive sobre el propio acto de ver, algo que veo representado en la visión de “Interior” (2011) una enigmática y escherianapintura que me acaba recordando las falsas perspectivas de Gerardo Rueda.   Intensa mas emocionada actitud de observación, aire enigmático e imprevisible portan muchas de sus creaciones pues, además del citado espacio en torno, reflexiona Olano sobre la percepción, viajando a lo que se extiende allende.   Siempre desde un ahondamiento conceptual donde la tensión creativa ejerce un papel fundamental, formas que, desde un aspecto ordenado, aparecen ante nosotros con la perplejidad y el vértigo que destila lo aparentemente sencillo.   Artista en permanente pregunta sobre el espacio, es Olano creadora embargada de una deriva geométrica que tienta desde nuevas formas de mirar, deriva devenida pareciere, en ocasiones, auténtica embriaguez frecuentando hasta la extenuación el tenaz análisis de las formas, en incesante trabajo.   Indaga en rincones pareciere escondidos de la percepción y la memoria, semejase también preguntando en torno a la capacidad para ver. A través de pequeñas menciones, muchas de sus intervenciones en el espacio parecen subrayar o modificar dicho espacio, a la par que somos invitados a compartir esa singular experiencia estética que, además de referir el espacio, introduce otros elementos como la temporalidad, mediante la percepción de los leves cambios que se anotan en él.   De tal modo, en tal huida de lo grandilocuente, Olano parece sentenciar cómo un lugar mínimo del espacio puede concentrar el mundo.

Así sucede en su proyecto: “Distorsio”, en palabras de la artista, un lugar inventado en distorsión, al que vi, reiterando ahora le dije, un aire de paisaje holandés y fractal: “Un lugar imaginado. Un lugar encantado”.    Rutas. Imágenes fluyentes. Fugas hacia los ángulos, a lo Olle Bærtling, cajas de colores,pinturas que se apoyan como objetos en los muros, ironía (como en “Todo un cuento” (2017)), regletas o escalas, Olanohace visibles otros espacios antes inexistentes, crea y erige lugaresno pensados hasta ese instante.  Misterio del espacio, reflexionando con aire hipersensible y sutil, analítica, construye metáforas visuales cuya técnica parece haber descubierto en cada ocasión que precisa alcanzar su sistema de expresión.  Pintora gramática, abastecida de signos devenidos escrituras, sus redes son poblados de acordes, signos poéticos, estados poéticos que inundan el espacio. Con algo de líneas en fuga, como trazando pistas sobre las paredes o superficies de lo real, muchas de las líneas que extiende Olano en los muros acababan recordando esas guías que conducen el dolor o el tránsito: hospitales y aeropuertos, o la agitada vida del ir y venir: autopistas, parkings, rutas de llegada. Es el suyo, sí, un viaje, entre el orden y la entropía[4], en la herencia de una cofradía de artistas despojados, Ad Reindhardt, Victor Vassarely  o Josef Albers podríamos citar.  Reflexiona sobre el movimiento, interrogándose a través de unos ciertos acontecimientos sensoriales por lo que parece fuese una dimensión perdida no exenta de misterio, donde el pensamiento, la reflexión sobre el incansado desplazamiento de las formas, ocupa un lugar relevante.

Es preciso dejar que la mirada y el contemplador hagan el trabajo, de tal forma que cada pintura pueda ser interpretada de formas diferentes: en el fondo, crear es concebir proposiciones, tal una cámara de resonancia, semeja decir nuestra artista, el depósito de una secreta energía poblada por interrogaciones, a la par que espera la reclamación de las imágenes por otra imaginación, esta de quienes miramos.   Artista que parece indagar también sobre un posible alfabeto óptico imbuido de la fragilidad de las apariencias.  Apariencias que frecuentemente construye, deconstruye y plantea reconstruir en una nueva-otra realidad en donde el color es elemento capital de mundo-Olano, un color esgrimido con la exhibición de una extraordinaria fuerza.

 

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[1]GROHMANN, Will.Paul Klee (1879-1940).  Paris : Flammarion, 1955, s/p.

[2]Suscrito por, en este orden en el manifiesto: Otto Gustav Carlsund, Theo Van Doesburg, Jean Hélion, Léon Tutundjian y  Marcel Wantz.

[3]PALAZUELO, Pablo. Cuaderno de Paris, 1953. Inédito. Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.

[4]El sentido de “entropía”, lo hemos analizado en: DE LA TORRE, Alfonso. Torner, sí, elogio de la entropía.  Cuenca: Semana de Música Religiosa de Cuenca, 2015.  Allí explicamos que, en el arte contemporáneo, como ahora hacemos con Kujasalo, la entropía refiere un  permanente mirar hacia dentro como signo de su quehacer en el que confluyen, con naturalidad, caos y equilibrio creador, orden y complejidad, obteniendo de dicho difícil equilibrio, su singular orden creativo. Las relaciones del término con la ciencia, y el interés de Kujasalo, coinciden con la revisión conceptual que con frecuencia citamos ARNHEIM, Rudolf.Entropy and art: and essay on disorder and order(1971), donde se refiere cómo, revisando la complejidad de lo real, puede destilarse otra armonía.