JOSÉ MARÍA YTURRALDE: DEVORADO POR EL AMOR A LA PINTURA

JOSÉ MARÍA YTURRALDE: DEVORADO POR EL AMOR A LA PINTURA

JOSÉ MARÍA YTURRALDE: DEVORADO POR EL AMOR A LA PINTURA
Texto publicado en el catálogo
TRANSFINITO-YTURRALDE
Valencia, 2018-2019: Universitat Politècnica de València, pp. 28-33

 

La posibilidad de la geometría, la inquietante aporía sobre la posibilidad del arte, ha sido objeto de reflexión de este artista, poeta geómetra, vate elevando sus imágenes entre los enigmas de la percepción.  Trazador de misteriosas estructuras en el aire que hemos visto sobrevolando el mundo, casi ornitópteros que ahora se elevan en el espacio de esta sala Josep Renau de la Universitat Politécnica[1], José María Yturralde(Cuenca, 1942), ha reflexionado durante su amplia trayectoria en torno a lo que podríamos llamar el pensar geómetra.  Oh dicha de entender, podría nuestro pintor haber suscrito esta cita, casi plegaria de Borges pasada por su admirado Torner[2], sin excluir en el pensaraquel notorio componente poético.   Pues más que geómetra ardoroso o vindicador de la ortodoxia lineal, Yturralde ha sido poeta riguroso de las formas.  Semejare, antes que prosecutor de las teorías constructivas, que la verdadde este pintor contiene un fulgor platónico: veo figuras, ideas o sus arquetipos, formas con vocación de pureza, ensoñación de la trascendencia del orden.  Mas pareciere que, atravesadas por una suerte de destellante luz, solar o nocturna, es frecuentador Yturralde de una especie de belleza del sí y del no, un incandescente crepúsculo en el que volví a pensar repasando algunas geometrías borradas de James Bishop.

Eclipse de los planetas destilando una nueva fulgencia, muy en el cénit o donde muere el nádir, algo así como una luz tentada es el medio o enlace entre geometría y pálpito de las formas.   Ya escribí[3]que muchas de sus preguntas parecen estar simbolizadas en el conjunto de cuadros que portan títulos seriales en torno a “Figura imposible”, -varios de la colección del IVAM y de la propia colección de la Universitat, aquí expuestos-, oxímoron titular de pinturas con vocación corpórea realizadas a comienzos de los años setenta que siempre veo emparentadas con la vieja aspiración de Palazuelo, otro geómetra alquímico, capaz de soñar vuelos, cuando realice el “Rêve de vol” (1967-1977), ésta una de las primeras esculturasen homenaje al poeta del espacio, Bachelard.  Formas dibujadas en la extensión, volúmenes desplegados nerviosamente en el espacio, artista alumbrado por esa sed de infinitud: “Todo se dibuja, incluso lo infinito. Se quiere fijar el ser y al fijarlo se quiere trascender todas las situaciones para dar una situación de todas las situaciones[4], decía Bachelard, en su poética del espacio.

 

Entusiasta Yturralde, -joven y entonces pintor devorado ya entonces por el amor a la pintura, en palabras de Zóbel de allá por 1966[5]-, no desdeñó en su tiempo plantear el serio juego de las formas con cierta actitud visual irónica o sostenida en la distancia, que siempre acabo pensando porta una ascendenciaruediana, por ejemplo en obras como “Ritmo formas en blanco”(1966), ejemplo de dinamismo de lo inmóvil[6]y concentración silenciosa que no veo lejano del bodegón de cacharros del Zurbarán del Prado.  Mas también una suerte de conversión en esferas del mundo de los collages de cajas de cerillas del madrileño, aquel era pleno año de creación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca del que, joven, Yturralde fue verdadero protagonista[7].     Era nuestro primer museo democrático, impulsado por artistas en un acto museístico singular, algunos de ellos, como era su caso, poco más de veinte años. Algunas otras obras mostradas ahora, como “Movimiento espacio opuesto”, “Tensión lineal” o “Formación espacial”(tríada de un fructífero año objetivo: 1967), parecen referir indagaciones de estirpe geométrica también en la estela del Gerardo-Rueda-más-geómetra, mundo de formas contenidas y diagonales ficticias, una geometría inefable donde está presente un cierto temblor, espacio de no-geometría-exacta-pues-es-levemente-imperfecto, evocador de creaciones míticas del artista madrileño, tal las numerosas pinturas blancas de años parejos, mediados los sesenta (estoy pensando en la “Gran Pintura Blanca” (1966), del Museo conquense).

 

Y he pensado a veces, viendo ciertas imperfectas-líneas-puras de antiguas geometrías de Yturralde, en los tajos en el espacio de Fontana, hendidura y silencio, pues aquel ha planteado el lirismo de nuevos geómetras alejados de la ortodoxia constructiva, reivindicando lo que Aguirre llamó “una valiente pobreza de medios (…) realizada de manera impecable (…) la sencillez, la limpieza y el orden son tres notas fundamentales para definirla”[8].   Más bien emparentado Yturralde con una cierta ebriedad del mirar, una malinconiade las formas: “quién se atrevió a decir que en el constructivismo no hay lugar para la poesía. Qué ingenuidad tan grande. Aquí está la prueba”[9], escribió también Juan Antonio Aguirre con ocasión de la exposición del conquense, ese 1967, en la galería Edurne.  Pensamiento en torno a los enigmas del espacio pictórico y las estrategias, incluso los juegos visuales de ficticios volúmenes que, a pesar de aquella “imposibilidad”, de tal carácter ficcional, no están exentos de rotundidad pues mediante ellos es posible reflexionar sobre la posibilidad, de nuevo, de las formas, pareciere entrevistas desde la caverna.  Semeja ser metageómetraYturralde, creador de desplazamientos y fingimientos que no esquivan, tampoco, la intriga de la relación con el ardiente vacío siempre desde aquella dimensión poética: los recursos de la norma le permitirán la construcción de formas a la par que el uso distinguido del color arribar a un decálogo de preguntas impregnadas de lírica.    Tempestad de blancura, las de “Ritmo” o “Estructura” (1966), emparentada con la defensa del collage realizada por muchos artistas conquenses, ya se dijo, mas monocromía a veces también muy en el mundo vindicado por Otto Piene y los de “Zero”, goce de la inmemorial escuela de artistas que han reflexionado sobre formas visuales de lo compacto monocromo, pienso también en artistas latinoamericanos como Sérgio de Camargo oNedo[10]o tantos otros: Malevich, Newman, Nevelson, Noël, Klein, Reindhardt o Still, extensa la lista de  la cofradía monocroma.  Ha sido un creador, Yturralde, elogiador de lo-lleno-monocromo pero sin excluir la reflexión, muchas veces por oposición, sobre la variación y el vacío, la serialidad, también en torno a las formas o ángulos, en presencia de lo que Aguirre llamó un color de refinado matiz[11].

 

Artista indagador de formas visuales, ha sido frecuentador de los contrastes de energía pareciendo buscar la bipolaridad, la tensión máxima, la luz más despojada encontrada con la oscuridad más honda, algo que pudimos comprobar en su última exposición en Madrid[12].    Creador Yturralde con algo de la radicalidad y urgencia de algunos que, pienso en Kline, jugaron con el dramatismo de los colores extremos.   Pero también filósofo de las formas, impulsor de consciencias, pues en su quehacer no debe desdeñarse el intenso ejercicio de preguntas, investigación y ethos, interrogación permanente sobre el espacio y la posible plenitud, inquietudes devenidas pensamiento poblado por lo científico y poético.  Recientemente lo hemos comentado con ocasión de su participación en el hermoso libro: “Is the universe a hologram?”[13]donde Yturralde participa relatando metafísica y arte.    Ello me ha llevado a recordar las palabras de Vicente Aguilera Cerni: “Desde la racionalidad geométrica a la psicología de la percepción, desde el espacio-tiempo a la concordancia con las leyes naturales, Yturralde se encamina irresistiblemente hacia la creación de la consciencia para la apreciación de los estéticos. Lo que comporta un nuevo proyecto donde los objetos creados, cualquiera que sea la dimensionalidad y su universo reivindican para lo humano su horizonte de lo universal, su concordancia con la naturaleza y su búsqueda de la plenitud”[14].  Su objetivo declarado ha sido el enfrentamiento a los problemas espaciales de la pintura que permitieran, de este modo, una mejor comprensión, otrosí, del espacio, inserción de formas en esa extensa nadamultidimensional que no descarta, también, la búsqueda de emociones  considerando que el vacío del espacio “no es pasivo, sino que está lleno de posibilidades y de ideas”[15].

 

En sus obras de los últimos tiempos pareciere que las formas, o la actividad de estas, viajan hacia el desvanecimiento, luz en un cénit que se extingue, así sucede en algunas expuestas: como el impresionante conjunto de “Postludio” (2004 y 2006). O, también, en: “Deneb” (2009); “Dawn” o “Izar” (2012); “Tsich” o “Sheat” (2015).    Aproximación a una suerte de lugar que estuvo, pienso ahora en tantos creadores que han reflexionado sobre el espacio como una maquinaria de resistencia, algunos de los monocromos citados.  O en Rothko y sus bolsas de silencio, que cito con frecuencia[16].   A ello parece referirse el ciclo “Eclipse” (1987) donde, desde la nada de lo obscuro, del fondo infinito, emerge la forma cuadrada, confundida forma y presencia espectral entre aquella nada.  Imaginación del tiempo, geometría que surge en la atmósfera, emoción o norma, caos y orden, marcial sosiego, pareciere un embate en donde se revelan contrarios.  Algo que siempre ha estado presente en el quehacer de Yturralde presidido, semejase, por una suerte de trágica tensión tal una búsqueda infatigada de la verdad en pos de la trascendente belleza.  Tal si indagase entre ocultas verdades que tienta elevar utilizando la luz, revelación entre las tinieblas, asistiendo a un combate entre formas de ensueño y las sombras.  Oscuridad evocadora de los “Black and Greys”, de una negra luz rothkiana, mencionados a veces por Yturralde, pero no tanto como “vacío” ni espacio extinto sino, más bien, portando un vigoroso silencio, quedando el artista desplazado en atenta escucha, semejare deseoso de colaborar en el acto de aparición de las formas.  Tentando la verdadera visión.

 

Preguntas sobre la percepción, qué cosa sea el ver, pareciere que refiriendo también el tiempo e indagando en torno a color o estructura, sucede ese inquietante viaje que no cesa, de lo encerrado a lo que se despliega.   Crear, sostiene Yturralde, es pensar en crear: es referir el enigma de lo (in)visible.   Canta Yturralde abnegado, con algo de música serial, concentrado y tenso, pareciere a la búsqueda de nuevos campos de visión.  Pienso y he escrito que ese abnegado cantar quizás sea uno de los caminos más emocionantes que le quede a la pintura en nuestro tiempo, su posibilidad de supervivencia.  Ahondador del espacio, Yturralde parece proponer que la mirada y el contemplador hagan su trabajo, al cabo un cuadro sería una cámara de resonancia, una secreta energía poblada por interrogaciones, pensamientos arborescentes, recuerdo a veces a Robert Desnos[17], a la par que espera otra imaginación reclame las imágenes, el despliegue de las ideas, la ampliación de las preguntas.  En su avance en la penumbra, en su tentativa multidireccional, queda el camino poblado por rescoldos, tal un interregno aesthetico, sensación y percepción, sin descartar el ofrecimiento de la trascendencia ante la constitución de ese nuevo mundo, que es dado al contemplador a compartir.   Pintura en trance de ser revelada pero que no desdeña el aire hermético, portando títulos que parecen invocar algo que no estuviera al alcance de la visión mas encontrado su quehacercon lo desconocido misterioso, crecido como una epifanía, tentando revelar formas que vagaron por el mundo, surgiendo nuevas otras, recordando aquellos acordes potentes y extraños habitados por quien los contempla, devenido el contemplador en conciencia resonante del artista.

 

Alegórico, ensimismado en misterio y extrañamiento tal el ejercicio gozoso de una poética alteridad, su exploración acaba refiriendo melancolía y deseo, también los propioslímites de la percepción, tal elevandosin reparo el juego de las ilusiones como una exigencia de la energía motora de la creación.   Yturralde acude así a un proceso de simplificación de las formas, geometría convertida en energía, nuevas imágenes que parecen creadas tras la eliminación de otras preexistentes en el mundo de lo real, y subrayando la incapacidad de las teorías para explicar el cotidiano devenir pues, para este artista, tal sencillez es la forma de acceder a lo complejo.  A la verdad que le devora.

 

 

NOTAS AL TEXTO

 

[1]“Estructura volante. Serie Cubos” (c. 1976).

[2]TORNER, Gustavo. Presentación.  Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1958.  Gustavo Torner, “¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir!”, en TORNER, Gustavo.  Torner.  Madrid: Ediciones Rayuela, Colección Poliedro,  1978, pp. 7-8.  La cita es de Jorge Luis Borges, “La escritura de Dios” (“El Aleph”, 1949).

 

[3]Me refiero al texto publicado por este autor con ocasión de su participación en el programa de intervenciones de ARCOmadrid con Ámbito Cultural: “On Colour” (2015).  La obra creada por Yturralde tenía por título “Eclipse”.  DE LA TORRE, Alfonso.  José María Yturralde: la posibilidad poética del arte.  Madrid: “Ámbito Cultural-El Corte Inglés”, 2015.

[4]Es Gaston Bachelard en La poética del espacio” (1957).

[5]La afirmación es del 2/I/1966.  ZÓBEL, Fernando.  Diarios (1964-1967).  Vol. 8, p. 98, pro manuscripto.   Cortesía de la Fundación Juan March, Madrid (29/XI/2018). Nuestro agradecimiento.   Otra anotación, en el primer encuentro con Zóbel, refiere este su carácter, “rebosante de entusiasmo” (10/VI/1965).

[6]AGUIRRE, Juan Antonio. Yturralde.  Madrid: Galería Edurne, Madrid, 1967.  “Déle usted a un artista el mínimo de elementos, las formas más puras, menos emocionales; oblíguele a un orden; déjele que actúe: y ya verá usted. He aquí una de las razones por las que me entusiasma la obra de Yturralde: con lenguaje de limitadísimo vocabulario y rigurosa sintaxis, ha conseguido realizar una obra plástica que es –permítanseme las expresiones- tan profunda y divinamente poética como lo puedan ser las de Gerardo Rueda y Eusebio Sempere, ambos representantes del mejor constructivismo lírico que se hace en España”. Ibíd.

 

[7]Fue nombrado Conservador Agregado de dicho Museo.

[8]AGUIRRE, Juan Antonio.  Yturralde.  Madrid: Revista“Artes”, nº 83,  III/1967. Pp. 38-39

 

[9]Ibíd.“A Yturralde, compañero de Teixidor en la curaduría conquense, a quien presentara en su exposición de Edurne (1-20 Marzo de 1967) le dedicaría un artículo en el ochenta y tres de la revista, el mismo mes.   En el catálogo de Edurne, Aguirre comparaba la obra de Yturralde, tan profunda y divinamente poética, con la de los maestros Sempere y Rueda”.  DE LA TORRE, Alfonso. Juan Antonio Aguirre y la reivindicación conquense‘Arte Último’ un libro multicolor.  En “Arte último. La “Nueva Generación” en la escena española” (1969)”. Cuenca: Diputación Provincial de Cuenca-Fundación Antonio Pérez, 2005, p. 31.

 

[10]Sérgio de Camargo (Rio de Janeiro, 1930-1990) y Nedo (Nedo Mion Ferrario, Milán, 1926-Caracas, 2001).

 

[11]“COLORES: negro, gris oscuro, gris claro, azul ultramar, azul pálido, verde esmeralda, amarillo limón, cadmio naranja, bermellón, blanco. En general tonos de refinado matiz. Predominan los cuadros monocromos, Salvo contadas excepciones no existe degradación ni interpolación”.  AGUIRRE, Juan Antonio.  Yturralde.  Madrid: Galería Edurne.  Op. cit.

 

[12]Galería Javier López & Fer Francés, Logos y mitos, Madrid, 2018.

[13]PLASENCIA, Adolfo (et al.).  Is the universo a hologram?.  Scientists answer the post provocative questions / (interviews by) Adolfo Plasencia; foreword by Tim O’Reilly. Cambridge: Massachusetts Institute of Tecnhology, 2017, pp. 375-391.   Nuestro agradecimiento al artista.

 

[14]AGUILERA CERNI, Vicente. Figuras Imposibles.  París: Galerie de L’Université, IX/1979.

[15]BONO, Ferrán.El IVAM muestra la evolución hacia “el umbral del vacío” de Yturralde.  Madrid: “El País”, 23/XII/1999.

 

[16]“Cuando era joven el arte era una práctica solitaria: no había galerías, ni coleccionistas, ni críticos, ni dinero.  Sin embargo, era una edad de oro, pues no teníamos nada que perder y sí toda una visión que ganar.  Hoy ya no es lo mismo.  Es una época de inmensa abundancia de actividad y de consumo.  No me atrevo a aventurar cuál de las dos circunstancias sea mejor para el arte.  Sin embargo, sí sé que muchos de los que se ven impelidos a este modo de vida buscan desesperadamente bolsas de silencio en que arraigar y crecer.  Todos esperamos que las encuentren”.  ROTHKO, Mark. “Aceptación del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Yale”, 1969.  En:ROTHKO, Mark.  Escritos sobre arte (1934-1969).  Barcelona:Paidós Estética, 2007, p. 219 (Procede de “Papeles de Bernard J. Reis, 1934.1979”, Archivos de Arte Americano, Smithsonian Institution, Washington D.C.).

[17]“Nous sommes les pensées arborescentes qui fleurissent sur les chemins des jardins cérébaux”.  DESNOS, Robert. Corps et biens. París: Gallimard, 1930, p. 83.