ALMALE-BONDIA-MAIDER LOPEZ - ÉPICAS SOSEGADAS

ALMALE-BONDIA-MAIDER LOPEZ – ÉPICAS SOSEGADAS

Texto publicado en el catálogo
ALMALÉ BONDÍA-MAIDER LÓPEZ

TRAZAaDOS

Martin Muñoz de Ayllón, 2018: AP Gallery

 

ÉPICAS SOSEGADAS

[TRAZAaDOS: ALMALÉ Y BONDÍA y MAIDER LÓPEZ ]

 

Relatos esparcidos en el mundo, mostrados tal fragmentos de historias que rescatara el viento.   Almalé y Bondía [Javier Almalé (San Mateo de Gállego, Zaragoza, 1969)  y Jesús Bondía  (Zaragoza, 1952)]refieren formas y anotaciones sobre su construcción, espacios para el ejercicio de la visión, posibilidades de lectura que, con frecuencia, citan el mundo de la pintura o el arte en general y ciertos artistas que, a su vez, contemplaron el paisaje, algunos que lo miraron con intensidad: Jean-Honoré Fragonard, Ian Hamilton Finlay,Jacob Izaaksoon van  Ruysdael o Johannes Vermeer, son faros potentes, reflejos en un ojo -pareciere a veces de azogue- que en series como “In Situ” (2010) acompañan el viaje, su singular avance en la penumbra en múltiples direcciones, cito a Palazuelo.    Un cuadro puede tomar la apariencia del mundo, ahora es palabra de Gombrich recogida por los artistas.  Decálogos rotos: marcos, espejos, tal vez ventanas, lugares por donde mirar, voces a través de otras voces, imágenes como accidentes tal nuevos fragmentos que ocupan y generan un campo gravitacional antes inexistente. Como exvotos o recuerdos que hubiesen resistido en los páramos de una nueva edad glaciar, dorados peces brillando como relámpagos.

Tampoco es extraña la cita al inquieto Georges Perec que los artistas acogen para explicar algunas de sus obras, pues son frecuentadores de lugares paradojales, semejare contemplados a través de un sistema de proyección, tal apartando la maleza, paisajes de la inquietud que, como en “Falso reconocimiento” (2011), emergen mediante un proceso de complejidad. Son los suyos paisajes mentales, sutiles y enigmáticos, declarados entre las fronteras o los ambiguos límites.  Entre ellos corre la voz del viento, tiembla el espacio visible, de sus cielos con frecuencia cae la bruma que baña de densa luz estos paisajes semejare atrapados cuando la tarde declina.   Proposiciones no objetivas, modos de pensar que con frecuencia quedan resueltos, -o arden más bien-, tal reflejos en el vidrio donde se elevan, a su vez, las imágenes.  Semejare verse la mueca de Duchamp (recordemos: una obra de arte es una máquina de significar), como si construyeran su obra entre un cierto secreto.  Imágenes de Almalé y Bondía que tientan con fortaleza el silencio, encontraron en los páramos el espacio de la ficción, anotando lo inexpresable tal viajeros prestos hacia la verdad, enunciación serena y secreta que muestra inesperados caminos encerrados en el bosque.   Como los versos de Finley, poemas que fueron construidos en el jardín, cuadrosalzados como otra ficción dentro de la ficción de lo real, tal se muestra en “Dar a ver” (2011).    Es una misteriosa decisión, esa elección de lo imaginario para construir su relato como creadores tentando un viaje entre la ocultación y la manifestación, a la búsqueda de unas ciertas grietas del entendimiento y del laberíntico acceso al mismo, formas de significar, muchas de esas huellas o imágenes fijadas en fotografías o bien vídeos que elevan Almalé y Bondía en el espacio parecen sutiles experimentos estéticos imprescindibles, iluminándose los unos a los otros tal el imperio de la extraña fuerza de las significaciones propias del arte.  La imaginación es una memoria, parecen sentenciar los artistas, una respiración propia.

Al cabo, las obras de Maider López o Almalé y Bondía que se muestran dentro de la extensión del paisaje refieren al paisaje, su ilimitada energía, en las traídas palabras de Robert Rosenblum en “Lo sublime abstracto (“ARTnews59”, II/1961).    Paisajes de la interrogación, escenario de las preguntas que allí se ubican, el contemplador de las extensiones del mundo deviene un descifrador ahora.

¿Qué ver?  Pues percibimos cómo, cada vez, el ojo humano sirve menos para acreditar lo real y afrontar el conocimiento.  Enigmático mirar en la temblorosa pieza videográfica “Basoa” (2017), de Maider López(San Sebastián, 1975), morosas imágenes tal visión ejercida por un testigo absorto que contemplara desde el secreto el mundo que tienta el bosque, otra posibilidad de aprehender lo real.   Silencio abierto, lo que estaba por decir queda en suspenso, como en ciertas escrituras de Kafka.   Narradora estupefacta ante una realidad que no parece del todo comprenderse, lo imaginario resta alojado en un interregno: entre nosotros y las imágenes que contemplamos, y quien mira con lentitud las verticales de los troncos enfrente, mostrando así la posibilidad de participar en la construcción de su misterioso relato.  Una narración que parece componerse de una summa de acontecimientos inesperados, que quizás llegarán o que se presienten.   Estructura y belleza de esa parte inventada, hecha fuerte en el silencio que puebla el relato, quizás sea otra imaginación quien reclame la interpretación.   Ficción construida de hechos reales, en sus palabras, de aire objetivo, el conjunto de trabajos fotográficos “Zoom In” (2016): “crea un dialogo entre lo específico y lo general, marcando el paisaje a través de baldosas de color, que señalan el punto de vista desde el cual podemos encontrar ese mismo color en un elemento específico del paisaje. Los colores son buscados con precisión a través de la relación directa con la naturaleza en el taller con los estudiantes de bellas artes de Nevşehir creando el catálogo de colores de la zona”.    Artista acostumbrada a marcar lugares, a los desplazamientos, a mostrar movimientos de los seres al albur de los sucesos, al planteamiento de preguntas incómodas, las mismas que componen el paso de los días, semeja en “Zoom In” buscar en las tablillas de color la resolución de preguntas sobre la incertidumbre de la representación, el temblor que semeja ser la vida y, a su vez, ello le permite construir enigmáticos relatos que son planteados con aire de sencillez, voces como líneas de sombra, escenas no exentas de una serenidad que asusta, algunas tan inquietantes como el alejamiento de la muchacha aupada en el árbol, tal si eso pudiese permitir comprender el mundo.  Tentando la construcción de estructuras de sentido sobre las que elevará mundos complejos, escenarios que servirán para presentar su acción, lugares que son paradojas y que extiende en sus imágenes como temas musicales que retornan sin explicar dicha acción, tal monólogos que marcaran el paso del tiempo.  Relato y fotografía como forma de comunión.  Nadando en otra de sus metáforas-vídeo en movimiento, ya sea en círculos o en línea, como en sus obras “Piscine Saint Georges” (2014), es la suya la elevación de una épica sosegada pues misión de la artista es examinar cuáles sean las fronteras de la conciencia y, como en un mundo temporalmente en mute, es el suyo elogio del hermetismo de lo que pareció mostrarse con sencillez, la apariencia del mundo, la existencia de una convergencia secreta de las cosas en una atmósfera de extraño silencio que no aleja la tensión, pues la complejidad de su creación tiene que ver con los signos que nos revela y con sus posibilidades combinatorias de tal modo que es este, también, un narrar dramático, como si el relato sucediera entre paréntesis: esto es, exponer los acontecimientos a la par que muestra la posición de un observador que asistiera a la elevación de las preguntas, -(cerca) aquí la lucidez, allá (lejos) lo que llamamos realidad-, de tal modo que desvela lo complejo de lo real: presentar los hechos y mostrar la búsqueda del sentido, la narración de la incertidumbre a través de lo que podríamos llamar vibraciones.

Contemplando el trabajo de estos creadores, he recordado aquello que escribirá, ah pobre Felice Bauer, a su amado Franz: “Realmente hay en él un incurable desorden, y es preciso acercarse mucho para ver algo”.