GUSTAVO TORNER. SÍ, ELOGIO DE LA ENTROPÍA 

GUSTAVO TORNER. SÍ, ELOGIO DE LA ENTROPÍA 

Texto publicado en el catálogo
TORNER ENTRÓPICO (31/03/2015-17/05/2015) 
Cuenca, 2015: Semana de Música Religiosa-Catedral de Cuenca 

 

Eres la habitación oscura / en la que se vuelve a pensar siempre.

Cesare Pavese

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GUSTAVO TORNER
Autorretrato
1952
Óleo sobre lienzo
37 x 28’5 cm
Colección particular

Un artista mira el mundo desde su estudio, recién iniciada la década de los sesenta, un lugar ubicado en la ciudad alta de Cuenca , suspendido en las alturas como los viejos monasterios griegos de Meteora, colgado del cielo.  Quedó atrás el duro destino de estudiante de Ingeniería de montes en Teruel, el paseo por sus lomas descarnadas y gélidas, el retiro en el estudio de la pensión turolense enfrentado a la paciente realización de las láminas de la ingente “Flora Forestal de España”, susurra la música clásica en la radio y es espejo el agua: el aguamanil se hiela, tierra baldía, resuenan los versos de Eliot en el silencio del tiempo de Teruel .   Ideal pasar de los días, ensimismado, para desentrañar los detalles  que permitirán tentar los misterios que se esconden entre el brezo, el pino y los acebos , escudriñando los misterios de las plantas, apresando la naturaleza.   Es el fabuloso allende: será posible caminar entre el frío nocturno como precio del comienzo verdadero; la salvación, en el sentido de la verdadera vida, está en el camino.   Es Novalis: “No hay nada más extraordinario que esa gran homogeneidad, esa gran simultaneidad de la Naturaleza.  Parece que esté presente en todas partes a la vez.  En la llama de la luz se encuentran actuando todas las fuerzas de la Naturaleza; de esa forma está presente y se metamorfosea por doquier, en los brotes de las hojas, de las flores y en los frutos, en medio del tiempo, pudiendo ser a la vez pasado y porvenir.  ¿Y quién sabe cómo actúa en la lejanía? ¿Y si el sistema de la Naturaleza contase con más de un sol en el universo, encontrándose atado por los hilos de la luz, por la corriente y por las influencias que nuestro espíritu puede apresar y que el espíritu del Universo expande en esta Naturaleza y la distribuye por otros sistemas semejantes?”

Mirada sobre la flora y las tierras, las cortezas y los tocones, los líquenes y las rocas, la naturaleza en derredor, vista con ojos de artista ya , un creador romántico. Romántico hipócrita, se definirá el artista precisando el sentido de dicha afirmación: “un romántico disfrazado de frialdad” .  Y llega 1953: retorno a Cuenca, misión cumplida, aún faltan algunos años para el “descubrimiento” de la ciudad, -su parte antigua, entonces un promontorio con un cierto abandono, barco varado en el mar de Castilla-, por los artistas abstractos.   Entre tanto, Torner mide en silencio, nos recuerda al Rimbaud que mira de soslayo la pequeña provincia.  En ella, en su quietud tan triste, definirse, transformarse, volverse otro hombre con el conocimiento de sí: “he sido devuelto al suelo con una tarea que buscar” , mirando las maravillosas imágenes, tal el poeta.

Soledad. Sigue la soledad.

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Cuenca. Vista desde el estudio de Gustavo Torner.  Luis Pérez-Mínguez, 1973

Un tiempo después, desde los primeros años sesenta, su vida tendrá como punto de partida una actitud reflexiva frente a la hoz del Huécar, -Pintor en Cuenca, señalará Raúl Torres en 1962 , recordándonos nuestro título “Torner entrópico”-, contemplando un paisaje hosco y muy hermoso, casi invadida la estancia donde pinta por las rocas, el cielo y las huertas en derredor, “con un ventanal que le mete el paisaje dentro de su casa” .  En la hoz, entre las huertas, ladran los perros en la noche.  Sigue la música y los libros.   Al alba cantan los gallos.  Tañen las campanas del atardecer y salmodian gregoriano, enfrente, en San Pablo, los padres paúles .   Dicho “quietismo” se revelará en algunos primeros lienzos figurativos relativos a paisajes, urbanos y naturales, que a veces veo émulos de ciertas vistas silentes de la Cuenca de Wifredo Lam , u otras inmemoriales de Carlo Carrá y que no estará reñido, -un buscado pintar torpe, con aire de inacabado (aprendido quizás de Cézanne)-, con una insaciable curiosidad intelectual y nerviosa serenidad.  Sobre dichas pinturas, y en relación a su creación, explicaría el artista:    “Desde esos cuadros a los de ahora no ha habido saltos.  Ha habido, en todo caso, unos intermedios en los que se va notando el paso a la abstracción.  Yo quería terminar esos cuadros con calidad pictórica al estilo antiguo, es decir, sin que se notara la pincelada (…).   Son cuadros poco terminados, lo que les da un aspecto de más modernos (…)” .  Vista desde la habitación, narración tal un travelling cinematográfico: “empieza uno pintando paisajes y cada vez se va acercando más al tema; esto sólo ocurre en Cuenca porque es un paisaje sin profundidad.   Se acerca aún más hasta que es un paisaje de áreas limitadas, todo esto con técnica tradicional.  Luego empiezan a usarse técnicas mixtas con nuevos materiales para después ir obteniendo los máximos efectos expresivos de estos materiales y técnicas (…) intentando conseguir esa expresión casi exclusivamente a través de la textura, o sea, el aspecto puramente material del cuadro (…)” .

“Eres la habitación oscura / en la que se vuelve a pensar siempre” , escribirá Pavese sobre Carrá, y ciertas otras obras de aquel primer tiempo torneriano enfrascado en su estudio no dudarán en mostrar algunas de sus lecturas o querencias juveniles, promisorios libros abiertos sobre Van Gogh  o Picasso , que se sumarán al frecuentado Cézanne: “uno de mis primeros cuadros fue una copia de Cézanne.  Cézanne es el primero que deja deliberadamente sin pintar un fragmento del lienzo, pero dando el cuadro como terminado.  Y eso indica que a él ya no le interesa el cuadro como ventana y sí como objeto.  Los cuadros han dejado de ser para él conceptualmente ventanas para convertirse en objeto donde el pintor pone cosas.  No quiere que sea un agujero abierto a una realidad por muy extraña que sea esa realidad, que podría ser en la Edad Media ‘la realidad no visible’, tipo cielo o infierno. Por eso estoy de acuerdo cuando se habla de que Cézanne fue un pionero de la idea actual de cuadro” .     Torner representa interiores, también fragmentos del estar, donde aparecen libros sobre arte y pintores, declarados, plasmados en admirativa plena lectura joven, depositados junto a la taza de té y la pipa, o los volúmenes abigarrados en los anaqueles.  ¿Será casual la elección del retrato de Van Gogh que se atormenta, con la oreja cortada? .  Nada hay casual en la obra de Gustavo Torner.

Elogio de la habitación para pensar .

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GUSTAVO TORNER
Bodegón de los bombones
1954
Óleo sobre lienzo
70’2 x 80’2 cm
Colección particular

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Bodegón del libro
1955
Óleo sobre lienzo
24 x 30 cm
Colección particular

Entonces, en apenas doscientos metros en derredor sucederá su mundo en las siguientes décadas, imaginario triángulo capital cuyos vértices serán dos lugares esenciales que luego “crecerán” a unos pasos: el Museo de Arte Abstracto Español de las Casas Colgadas y el Espacio Torner en la iglesia de San Pablo, contemplados ambos edificios ya en sus fotografías de 1955 entre el escorzo o la desrealización que propende la niebla .  Y, el otro vértice, la Catedral , tantos recuerdos infantiles que nos recuerdan al Rimbaud de: “de niño, ciertos cielos afinaron mi óptica” , que ya pintara en 1956 desde una vista insólita, tal creciendo entre las rocas, como una escultura que emergiere en el promontorio pétreo, es la Catedral  cuyas vidrieras -mencionando algunas de aquellas evocaciones de niñez-  ejecutará en los años noventa.   También en las proximidades estarán las casas de sus otros amigos artistas, a apenas metros.

Nos parece que uno de los símbolos de ese torneriano estar en la entropía es el dibujo al pastel (1955) que refleja su estudio en la antigua casa familiar, aún en la parte baja de la ciudad.  Las metáforas, dice Torner, sirven para entender ciertas cosas del mundo : un interior, -apenas muebles: la estantería citada repleta de libros, una mesa y una alfombra- donde mira al paisaje, pues desde la sellada habitación el artista invade la estancia de obras pintadas con imágenes de la naturaleza, una de ellas se apoya en una silla.  La puerta de la cámara está cerrada.    El título es complacientemente tautológico: “Interior”.

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GUSTAVO TORNER
Interior
1955
Dibujo al pastel sobre papel
50 x 32 cm.
Colección Gustavo Torner

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GUSTAVO TORNER
La ventana

1954
Óleo sobre lienzo
60’3 x 50 cm
Colección particular

Pero no dejará dudas de su singular ensimismamiento, tan energético, tan creativo, embargado en la tarea -antes citada- de buscar: “Hay, ante todo, -escribirá Torner- un amor al mundo, a la naturaleza” .  Otros símbolos de estos años de iniciación: una pintura con título “La ventana” (1954), lienzo de planos, aire cubista y geometría, nada extraño pues es una atmósfera que pervivirá en toda su obra: la conversión, la interiorización de lo visto, las maravillosas imágenes transustanciadas en formas casi geométricas, mas el artista sigue en el estudio, tal muestra la carpintería y las vistas de Cuenca; ese nuevo título sigue refiriendo ese asomarse desde el taller, alojado en el interior, ofreciendo otra nueva tautología: es la ventana. “Desde la ventana”, reiterará ese asomar desde dentro en otro cuadro de 1955 . Otro conjunto de vistas pintadas parecen buscar no tanto un reflejo verista de lo real como el espacio escondido entre la sombra , no estamos en el mundo -dirá Rimbaud también- la verdadera vida está ausente .   Goce del rincón intemporal, del pasaje obscuro bañado por la luz inmóvil, el lugar que sería elegido por cualquier poeta para escribir.  Elogio de la severidad de líneas y planos, al cabo, el despojado espacio fugitivo dondequiera lugar, la búsqueda del misterio de lo cotidiano que permita a este creador entrópico “interpretar el mundo” , pareciendo así, vuelvo a citar a Pavese, mostrar el estremecimiento ante las cosas en derredor, el pavor no exento de goce que es recibido al sentir que vibra el día: “Estremece sentir la mañana que vibre, / virgen, como si nadie estuviese despierto” .  Voluntad de no ser moderno, artista en retardo, contemplador inquieto en declarada voluntad de ubicarse al margen de la búsqueda de lo nuevo, que reitera rechazando taxativo la alianza formal e impostada con lo moderno , a través del elogio del rincón umbrío e inmóvil tal una metáfora visual (dixit Zóbel) que le permitirá, desde un enclave apartado llegar a lo universal.  Pues evocar emociones a través de la contundencia serena de determinadas formas pictóricas, ese parece ser el objetivo siempre de nuestro excéntrico artista entrópico .

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GUSTAVO TORNER
Plazuela de San Andrés (Cuenca)
1955
Óleo sobre lienzo
60’2 x 73 cm
Colección particular

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GUSTAVO TORNER
Barrio de San Miguel II
1955
Óleo sobre lienzo sobre táblex
65 x 57 cm
Colección particular

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GUSTAVO TORNER
Desde la ventana
1955
Óleo sobre táblex
29 x 36 cm
Colección particular

Hipersensible creador capaz de componer las metáforas de su creación, pintor de mirada analítica, que expresara -ya citado- Zóbel: “Su mirada es sutil, hipersensible, y analítica; siempre busca y a veces encuentra. Busca el misterio en lo cotidiano y cuando lo encuentra se ve obligado a inventar la metáfora visual capaz de recrear y expresarlo” . “Obsesionado acaso por la poesía de los suelos” , señalaría también temprano Juan-Eduardo Cirlot quien, al cabo, en ese mirar hacia abajo, refiere de nuevo la entropía, la visión hacia dentro, también, su “devolución al suelo” buscando la tarea .

Tantas veces hemos referido ese estar quieto de tantos pintores, meditando entre cuatro paredes en torno a los misterios de lo visible.   El artista varado gozoso en la vía Fondazza o aquel otro, rasgando lienzos desde la soledad de su estudio en Milán.   El mundo que cabe en una habitación.   Invención de la soledad, viaje alrededor de una sala, mundo de los encierros de artistas, tal al intenso año de Van Gogh en Arles o el de Morandi en Bolonia.   La habitación en la que éste viviera y trabajara durante más de medio siglo .   El lavadero en el terrado de la casa familiar de Figueras o el molí de la Torre, donde Dalí juega a ser un genio .   Palazuelo en su tour Saint-Jacques , tal Hölderlin en la torre de Tubinga.  Elogio de los estudios solitarios, habitaciones de tiempos suspendidos pintadas por Rembrandt, Vermeer, Friedrich o Hopper, y a la que ahora podríamos añadir el torneriano dibujo sobre papel titulado “Interior”.

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Sala de Exposiciones del Palacio Provincial, Institución Fernando el Católico, Gustavo Torner. Naturalezas vivas al aire libre, Zaragoza, 28 Febrero-12 Marzo 1958

INAGOTABLES REGIONES

Il y a dans le rapport de ces régions quelque chose d’inépuisable et de mystérieux.  Il y a une qualité qui ne parvient pas à son terme.  Il y a plusieurs régions étagées, enfermées (…) ou au contraire sur le piédestal de roc, de lumière et d’abstraction, tout en haut.  Entre ces lieux-là comme les seuils du ciel où les masses glaciaires et les pointes écaillées sont situées sur les bords d’un paysage décharné et heureux (…) la roche argentée de ligne classique et dans l’ouverture immense des eaux vertes : il croit, si son esprit lui est entièrement favorable, ressentir l’esprit de Dieu immanent dans de tels objets (…).

Pierre Jean Jouve

Cuarenta y cuatro fotografías, hechas en Cuenca por Torner durante mil novecientos cincuenta y cinco.  Las expondrá en su ciudad en 1955 y, algo más tarde, en Zaragoza, convirtiéndose así aquella en una de las primeras exposiciones de fotografías, con sentido artístico, realizadas en la languideciente España de la postguerra .    El asunto de las fotografías no deja lugar a dudas: es la naturaleza, sólo la naturaleza vista en un viaje, mención de nuevo al travelling, que va desde la distancia (paisajes: campos y rocas) a, otrora, la proximidad deformante: rocas agrietadas, tocones, líquenes, cortezas de árbol, viejas maderas, muros y graffitis o inscripciones… También hay algo de querencia por aquella desrealización citada en otras fotografías en las que muestra el paisaje, esa región inagotable y misteriosa, en una mayor extensión: la niebla, un matorral, la noche o el agua que, corriendo, parece transformarse, desvelando algo así como una presencia de la naturaleza .   En mi opinión, estas fotografías devendrán fundamentales  para ese veloz cruzarlo todo, que dijera Antonio Saura: “¡Qué barbaridad!, lo que hacías antes y a qué velocidad estás cruzando todo”, pudiéndose así colegir que esa mirada en torno será, justamente, la que le lleve, tan veloz, a la naturaleza, “sólo Naturaleza” .  Algo que abordará en su inmediato “abandono” de la pintura sobre la superficie del lienzo o el papel pues, a partir de los primeros años sesenta con sus conocidos como cuadros de dos partes o composiciones binarias, el collage devendrá una presencia fundamental en su quehacer.  Desde los cuadros de materias que parecen compactas, magmáticos mas de nervioso estar, a veces pareciendo haber sido quebrados por su propia fuerza interior, como los presentes en la exposición: “Plateado I” (1959); “Ratón” (1959); “Azules” (1960) o “Blancos, grises, marrones” (1960).  Y de ahí a cuadros en los que la superficie parece dividirse entre horizonte y tierra, presentando frecuentemente contrastes entre ambas zonas.  Es usual que la parte baja quede poblada por materias que servirán para propulsar sus ideas: tierras con raíces, chatarras, elementos  o telas metálicas, fragmentos lígneos, feldespato y cáñamo, como los raramente vistos, ahora en esta exposición: “Negro – Azul y blancos” (1960); “Rojo – Marrón gris”.  O el muy raro, tan de cruda y enmarañada presencia: “Blancos – Azules” (1961). O el, también mostrado, que fuera del coleccionista Amos Cahan: “Diversas texturas blancas” (1962), que veo tan próximo al inefable “Rosáceo-Verdoso” (1962) que presidiera la casa madrileña de Gerardo Rueda, también emparentados los “Gris, con rojo”, y “Fuera de serie o Marrones y blancos”, todos ellos -tan misteriosos, a veces oscurísimos, otrora refulgentes, siempre refinados, de dramática eficacia- de ese año parece crucial: 1962.    Lo explica con claridad este artista capaz de expresarse con lúcida precisión, como pocos en nuestra historia del arte (que sabemos, por él, no existe ): “debió ser la primera vez cuando a una superficie lisa, con un color plano, le añadí una chatarra envejecida.   El proceso artístico es totalmente misterioso.  A veces se tiene clara conciencia de lo que se quiere hacer, pero cuando la obra está terminada y se considera válida, también intuitivamente, su validez puede no corresponder a la intención inicial.  En aquel caso, me interesaba exponer la potencia de la materia en sí –la realidad, lo existente- y el tiempo, su otra medida, y la forma más rotunda era la más sencilla: pegar esa materia, emblemática, sea encontrada o muy buscada, pero nunca manipulada, al lado de una superficie inerte, lisa e incluso hasta antinatural por el color y textura elegidos, color y textura que en esa masa no se darían nunca en la naturaleza” .

Al cabo, sentenciará este creador, “la naturaleza lo es todo” .  Un viaje, por cierto, este en torno a la naturaleza, no disímil del emprendido por otros radicales de la abstracción en nuestro tiempo, estoy pensando en algunos artistas admirados: Mondrian o Ben Nicholson , Rueda o Zóbel.  Cruzarlo todo para, quizás, seguir quieto (en el sentido de continuar durante toda su trayectoria en torno a símiles reflexiones) : “creo que nunca ha habido un corte, ni siquiera desde el principio de mi actividad como pintor (…) me inicié con unas láminas de botánica, muy detallistas.  Después de eso, mis primeras obras como pintor eran paisajes.   En el año 1958 realicé, en una galería de Cuenca, una exposición de fotografía, algo inusual para la época, cuyo tema eran las cortezas de árboles.   Después, siguiendo con las pinturas de paisajes, Cuenca me ofrece un paisaje singular, nada común, que no tiene horizontales, vista la colina desde el otro lado del río.  Es todo verticales, como en el cuadro de la catedral de Cuenca, vista desde atrás: la catedral y las rocas llegando hasta el río, todo marcado por verticales.  Entonces resulta que mi evolución es como un travelling de cine, te vas acercando a la roca, ves los líquenes, el moho,  las porosidades, y pintas la roca del tamaño del cuadro.  Luego te planteas hacerlo con el mismo material, roca triturada, y además someterlo al mismo proceso de la intemperie: le ha llovido, se ha secado, le ha corrido barro, le sale moho, líquenes.  Y esas son mis obras de los años cincuenta, en los que, valga la frase, llegué a la abstracción por una acentuación del realismo.   Luego, para que lo real parezca más real, se le añade un trozo no real, en los cuadros de las dos partes.  Un fondo de un color que en la naturaleza no se da nunca en un tamaño tan grande, como de un lienzo de dos por dos metros.  Aquí se presenta la naturaleza, la materia en su estado bruto; luego vendrá la naturaleza ya elaborada, objetos ensamblados (…) lo que quiero decir es que nunca he dado saltos en el vacío (…) los grandes artistas, lo que en definitiva hacen con su arte es preguntarse qué es el mundo, y buscan analogías.  Hay una constante en mi obra, consciente o inconsciente, una cuestión obsesionante que es que la realidad es algo que se ve, pero también que no se ve, que no se conoce (…) es el juego de la apariencia, de la percepción, las cosas no siempre son tal como las percibimos” .

 

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GUSTAVO TORNER
1959
Librería Galería Machetti de Cuenca. Mosaicos concebidos por Torner en fachada (50 x 200 cm aprox. c. u.).

O, lo que viene a ser lo mismo, subyaciendo la misma forma de entender el arte no tiene por qué concretarse este en una única forma de hacer , algo que, una vez que lo explicara Fernando Zóbel , en su inigualado texto sobre Torner, evita nuevas reiteraciones: su hacer es consecuencia de su estilo de pensar .  O, en las mismas palabras del artista: “una especie de mirar lo de alrededor y luego pensar en lo que ves y comunicar el resultado.  Con las dudas y las ansiedades que todo ello conlleva (…) en todas mis obras subyace la misma forma de entender el arte, lo que no tiene por qué concretarse en una única forma de hacer .

“Buscamos plenitud” , sanación de las heridas, escribirá en 1958, es el misterioso poder que la certera palabra presiente, la esperanza que presienten todas las tradiciones, “que el hombre está a medio camino entre Dios y la oscuridad de la materia; que él lleva una chispa de de Dios; y, además, que él es libre.  El hombre puede decidir su salvación” .

Fenomenología de lo sagrado y postulación de la poesía en el arte, defensa de la creación artística como una ética, puro fulgor, es buena conclusión la palabra de nuestro artista.   Estamos en la Catedral de Cuenca.

Y, ¿qué pide Torner al arte?.  (Es Torner entrópico, recordemos).  Se pregunta a sí mismo. “Gustavo Torner entrevista a Gustavo Torner” y se responde: “una nueva medida del hombre.  No una mera habilidad manual, aunque sea extraordinaria.  Ser testigo de la excelsitud de ser hombre. Que me enseñe a ver la riqueza del mundo, a entenderlo un poco más, a saborearlo un poco más, o incluso a odiarlo.  La magia del arte puede hacer que coexista lo terrible y lo sublime a la vez, porque plantea más profundas preguntas.  El arte no enseña con respuestas, sino con la ampliación de las preguntas” .   Preguntas que, tal arcanos, quedan, resonando en el aire, frente al paisaje solitario.

 

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Exposición en la Galería Machetti, Torner, Cuenca, 22 Agosto-4 Septiembre 1959

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FERNANDO ZÓBEL
Estudio de Gustavo Torner, 10 de noviembre de 1963, con el cartel (a la izquierda) de su exposición en la
Dirección General de Bellas Artes, Pequeña antología, Madrid, 1963
Dibujo. Tinta sobre papel
26 x 21 cm.
Colección particular

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Gustavo Torner
Cuenca, diciembre de 1962