PILAR CITOLER.  DIFFERENT ORDERS (TOO)

PILAR CITOLER. DIFFERENT ORDERS (TOO)

Texto publicado en el catálogo
DIFFERENT ORDERS. REFLEXIONES EN TORNO A LA NUEVA COLECCIÓN DE PILAR CITOLER  (11/12/2015-24/01/2016)
Málaga, 2015: Universidad Internacional de Andalucía-UNIA-Edificio Mena
 

LOUISE BOURGEOIS  –  LE COLLECTIONNEUR

El coleccionista de narcóticos,
El coleccionista de bolsas que huyen y que no tienen fondo,
El coleccionista de cajas,
El coleccionista, que era mi padre, de manchas en su chaqueta.
If you analyzed the “manchas” you would know what he has eaten in the
   last week
El coleccionista de muñecas, ¡esa soy yo!
El coleccionista de vituallas,
El coleccionista de canciones, recuerdos y vestidos.

Coleccionista de libros que jamás lee,
El coleccionista de imágenes,
El coleccionista de dibujos…
Soy culpable de coleccionar dibujos, pensamientos escritos y
   sueños.
Los coleccionistas de casas: todas las casas en las cuales
se ha habitado.
Los coleccionistas de amigos y huéspedes.

El coleccionista de vecinos: ¡ los buenos vecinos, obviamente !
Los coleccionistas de animales,
Los coleccionistas de sueños y pequeñas chatarras, como clavos,
pequeñas cerraduras,
Coleccionistas de viejos trapos, véase  la cantidad de vestidos,
abrigos o capas que puedes tener…
Los coleccionistas de sombreros y zapatos,
Los coleccionistas de recetas,
Los coleccionistas de agujas: agujas para retomar, agujas para
enhebrar…
Y sobre todo, Los Coleccionistas de Profesores.
Los coleccionistas de profesores son importantes.

Los coleccionistas de… work of art.
¿Por qué digo esto en inglés?
De pinturas, de esculturas…
Los coleccionistas de niños…
Yo conocí a una mujer que era feliz cuando tenía un niño más. 
   Era algo in-fer-nal.  Tenía una manada de hijos y tan pronto los tenía,
   los abandonaba y tenía otro u otra.
Coleccionista de niños,
Coleccionista de cachivaches: esa es la casa de Jean-Louis.

Y los coleccionistas de retales de tapicerías.
Los coleccionistas de listas como esta que tenemos aquí.
Coleccionistas de soluciones imposibles.
Coleccionistas de promesas jamás…jamás prometidas…
¿Se hacen las promesas?
Coleccionistas de promesas,
Promesas de deudas y cuentas,
Los coleccionistas de regalos,
Los coleccionistas de viajes.

¿Y he mencionado al coleccionista de instantes felices?
Mi padre era un coleccionista de instantes felices que materializaba
en pequeños guijarros blancos que metía en una caja.

So, es evidente que el coleccionista que aparece en casa de los niños a
la edad de menos de un año, son coleccionistas “dispare sobre él”.

El coleccionista es patético, ¡pero es optimista compulsivo!
No piensa jamás en la tabula rasa.
Creo que es una defensa contra el miedo a la desintegración.
¡ Sí, así es !
Texto de Louis Bourgeois grabado en su domicilio de Nueva York el 26/XII/1997 por Brigitte Cornand y publicado con ocasión de la exposición “Colección de artistas” de la Colección Lambert en Avignon, 1/VII-30/X/2001.   Traducción de Alfonso de la Torre.
 

LOUISE BOURGEOIS-THE COLLECTOR

The collector of narcotics,
The collector of bags that leak and are bottomless,
The collector of cans,
The collector that my father was, of stains on his jacket.
If you analysed the “stains” you would know what he had eaten in the
   last week
The collector of dolls, that’s me!
The collector of foodstuffs,
The collector of songs, memories and clothes.

Collector of books who never reads,
The collector of images,
The collectors of drawings…
I am guilty of collecting drawings, written thoughts and dreams.
Collectors of homes: all the homes in which we’ve lived.
Collectors of friends and guests.

The collector of neighbors: good neighbors of course!
Collectors of animals,
Collectors of dreams and of bits of metal, like nails, small locks,
Collectors of old clothes, i.e. the quantity of dresses, of coats, of capes
you might have…
Collectors of hats and footwear
Collectors of recipes,
Collectors of needles: darning needles, stitching needles…
And above all, The Collectors of Professors.
Collectors of professors are important.

Collectors of… work [sic] of art,
Now why did I say that in English?
Of paintings, of sculptures…
Collectors of children…
I knew a woman who was only happy when she had another child. It was
ab-so-lute hell. She had a bunch of kids and as soon as she had them, she
abandoned them, and had another little boy or girl.
Collector of children,
Collector of bric-a-brac: that’s Jean-Louis’s place.

And collectors of fragments of tapestry,
Collectors of lists like the one we have here.
Collectors of impossible resolutions,
Collectors of promises never… never promised…
Are promises made?

Collectors of promises,
Of promises of to pay debts and bills,
Collectors of gifts,
Collectors of journeys.

And have mentioned the collector of happy moments?
My father was a collector of happy moments that he materialized as
small white pebbles that he put in a can.

So, it’s obvious that the collector who appears to children under the
age of one, are “pull to him” collectors.

The collector is pathetic but he is so optimistic so compulsive!
He never thinks of starting over from scratch.
I think it’s a defense against the fear of disintegration.
Ah, that’s how it is.
Text by Louise Bourgeois recorded at her home in New York on 26th December 1997 by Brigitte Cornand and published on the occasion of the “Collections d’artistes” at the Collection Lambert in Avignon, France, July 1 –October 30, 2001.
PILAR CITOLER.  DIFFERENT ORDERS (TOO)

ALFONSO DE LA TORRE

  

La sociedad se empeña en hacer sentar cabeza a la fotografía, en templar la demencia que amenaza sin cesar con estallar en el rostro de quien la mira.

Roland Barthes, “La cámara lúcida”, Paidós, Barcelona, 1989, pp. 174-175

 

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Wolf VOSTELL
Retrato de Pilar Citoler con cámara fotográfica
1979
Técnica mixta: fotocomposición sobre lienzo, óleo y cámara fotográfica sobre lienzo
54 x 43 (x 12,5) cm.

Mil novecientos setenta y nueve.  Madrid.   Había ya menos de un millón de cadáveres (según aquellas estadísticas).  Llegaba, lento, el tren de los tiempos -cantaba Bob Dylan-[1], y asomaba un nuevo mundo del arte en España, -era la esperanza de un mundo multicolor, se dijo, en contraposición a la negra patria cantada por los artistas de lo informal, muchos de ellos representados en “El Paso”-,  del que una coleccionista joven y desinhibida sería testigo privilegiado.  Tenía, apenas, ese 1979, Citoler cuarenta años de edad y un extraño artista alemán, llegado a España allá por los sesenta, especialista en pegar y despegar, encolar y desencolar, –décollage, vocablo con aire de aviador del arte era su término querido-, decide retratar a nuestra coleccionista[2].  Lo hace encolando una cámara fotográfica sobre su rostro fotografiado en la estación de tren de Zaragoza, alusión a la fotografía sobre la fotografía, –plantando dicho objeto o artefacto sobre la faz, sería mejor escribir-, casi como una agresión, ¿herida o condena?, el artilugio se adhería más concretamente sobre la parte inferior de su cara, nariz y boca, quedando chorreado el rostro también con pintura.   Frenesí encolador que parecería retratar otro frenesí, quedarán libres, tras el ataque, los ojos y el otro ojo, el del objetivo de la cámara.  Será un singular retrato, muy premonitorio, de la coleccionista, quien quizás por ello lo ha seguido conservando en su actual Nueva Colección.    Era el encuentro entre fotografía y pintura, el retrato de quien ya en aquellos años llevaba casi una década reuniendo objetos de arte, entre ellos fotografías.  Retrato pues de un trastorno feraz, el coleccionista, y de un símbolo provocador de lo que Barthes llamaba el inmenso desorden, lúcida la cámara que invadía el retrato vislumbrando un tiempo del futuro.  Tiempo no inmovilizado, el que sugiere el artista con su imagen de Citoler, sino más bien tiempo predestinado a un acontecimiento que llegará.  Estalla la cámara en el rostro de quien la mira.

El artista era Wolf Vostell[3], uno de los creadores que Citoler ha coleccionado con mayor intensidad, frecuentador de ese territorio impuro y melancólico en donde se encuentran las imágenes fotográficas, o en movimiento, con lienzo o soporte y pigmentos[4].   Algo que había sucedido desde antiguo en la obra del artista alemán, si pensamos en su pionero accionismo en Plakatphasen[5] en la Plaza de Cataluña (1960) o en su presencia, junto a un televisor-décollage, en el Salón de Mayo barcelonés de 1962.

No era extraño el encuentro entre este artista visionario, amante del uso de la fotografía para sus obras, él mismo autorretratado con cámara, y la coleccionista, quien en ese tiempo había fijado su atención sobre otros creadores vinculados a la imagen, los artistas del mundo pop norteamericano elogiadores mediante imágenes rotundas: la silla eléctrica o el retrato de Marilyn; las brochas de Rosenquist; las visiones de Lichstenstein o Rauschenberg o, en el ámbito español, nuestro Equipo Crónica y sus Meninas perversas.  Coincidía aquel año 1979 que sirve de pretexto a esta escritura con la exposición que poco antes le había dedicado el Ministerio de Cultura español a Vostell en el nuevo Museo de Arte Contemporáneo[6].  Arte es vida y vida puede ser arte, había escrito Santiago Amón en el texto introductorio a dicho catálogo.  A la par que “el mundo está en crisis a causa de un exceso de estímulos que difícilmente puede digerir”, sentenciaba en dicha publicación el artista que se retratara junto a Marcel Duchamp, adivinando el mundo este que llegaría.  Quedaban claras sus dotes visionarias: “Cuando se logre ir directamente del cerebro al televisor, y del televisor al cerebro (…) plasmado en forma de corriente electrónica, será posible esa visualización del pensamiento que hoy juzgamos milagro” y Amón le dedicaba, ya entonces, el calificativo de “impuro”, que nosotros hemos ya utilizado.  No era el único artista impuro de la colección, de hecho una exposición sobre la coleccionista, en 2009[7], nos permitió abrir un capítulo propio de artistas impuros.  La impureza es esencia de la creación de un buen conjunto de artistas a los que podríamos calificar de polífagos.   Atención: “Ceci n’est pas une photographie”, magrittiano guiño titular a creadores reunidos por el carácter híbrido de su creación, su capacidad para pertrecharse de los más dispares medios de expresión, la querencia objetual,  la frecuencia con la que son viajeros del dibujo o el collage a la fotografía y, desde esta, nueva vuelta, retornando a mencionar la técnica descubierta por los cubistas, sin olvidar el variado uso de materiales.  Artistas a los que podría declararse así, orgullosamente, de impuros, excelencia en la impureza, frecuentadores de un contumaz polifaguismo de las formas, de las técnicas, de los objetos, de la historia del arte o de la memoria visual, elevando su particular declaración de principios: creemos un nuevo mundo para, acto seguido, ponerlo, como si tal cosa, en cuestión.    La mención a una triada de nombres presentes en aquella exposición ayudarán a comprender la cuestión: Carmen Calvo, Christo o Darío Villalba[8].  El “Bunker TV” (1990) de Vostell, ya citado en nuestras notas, presidía, memorable, impenitente emisor de niebla el monitor, esta exposición, al modo de arqueológico homenaje al tiempo pronosticado por Wolf que llegaría y que entonces, veinte años después de su creación, era hoy.

 

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Luis Pérez-Mínguez, retrato de Pilar Citoler (Madrid, 2004)

 

Citoler, también fotógrafa habitual, -así la retrató Luis Pérez-Mínguez[9] con su cámara, bien sujeta de su mano izquierda, junto a una “Bóveda para el hombre” de Pablo Serrano en su colección[10]-, hizo compatible coleccionar pinturas en soportes más o menos tradicionales, también escultura y dibujo, con una primera colección fotográfica que iría creciendo con el paso del tiempo hasta convertirse en una de las más relevantes colecciones de fotografía y vídeo contemporáneo.   Otro punto casi mítico de su colección, y de su relación con la fotografía, es un nombre propio, Jesse A. Fernández[11], el artista cubano, extraordinario fotógrafo, autor de míticos retratos de artistas en su estudio como los de Bacon, Dalí, Duchamp o De Kooning, con quien Citoler mantuvo una excelente relación en el Madrid de los setenta, convirtiéndose en una de las grandes coleccionistas españolas de este artista, hoy venerado y hasta hace poco un desconocido raro más.   Ella lo explicaba en 2008, con ocasión de una ponencia impartida en el CAF-Centro Andaluz de la Fotografía: “quizás el primer artista que me hizo admirar la fotografía contemporánea, y cuyas fotografías coleccioné, fue Jesse A. Fernández.   Es sabido que Jesse fue en la década de los 50-60 fotógrafo de Esquire, Life, Time o The New York Times.   El fotógrafo amigo de Cabrera Infante que llegó a España en los años setenta y al que me unió una extraordinaria amistad.  De él conservo fotografías-retratos de artistas y un extraordinario conjunto de originales para el conmovedor libro que publicó en Paris en 1980: ‘Les Momies de Palerme’.   Es sabido que Jesse, además de fotógrafo, era artista ‘total’.    Amante de un género muy personal en el que combinaba fotografía, dibujo, objeto, caja corneliana con indudable vocación escultórica.   Ello explica que mi colección tenga un importante grupo de obras de Jesse Fernández”[12].  En esta misma comunicación la coleccionista sentenciaba con una rotundidad que es sello de su personalidad firme: “coleccionar fotografía es una forma de vivir.   Forma parte de una pasión que siempre he sentido por la contemporaneidad, por el hoy.  Así se entiende que desde la pintura mi colección haya viajado, sin abandonar jamás la primera, hacia la fotografía.  También que ahora lo haga hacia el vídeo contemporáneo, que ocupa otra de mis pasiones actuales. En las que tampoco oculto la adquisición de algunas obras híbridas que viajan desde el vídeo hacia el mundo de la instalación.   ¿Hacia dónde va entonces mi colección?.  No me es posible, como sucede con la vida, les aseguro, predecirlo”[13].

Desde las primeras exposiciones de su Colección, hace más de diez años (2002)[14], la fotografía ocupó un lugar prioritario.  Así, en 2004, bajo el título de “La realidad como engaño”, pudo verse una amplia selección de sus fondos fotográficos integrados en la exposición “Fragmentos”, desarrollada en el Centro Cultural de la Villa de Madrid[15].  Marcos-Ricardo Barnatán escribía en el catálogo de dicha muestra bajo el sugerente título de “La mirada incansable”: “Después de muchos años de llorar en un rincón su papel de Cenicienta del mundo del arte, la fotografía parece haber encontrado su príncipe azul. La moda de incorporar la fotografía a las tradicionales colecciones de pintura y escultura se ha desatado, incluso consiguiendo ser la protagonista en exclusiva expulsando a sus ‘anacrónicas’ hermanas.    Bajo el nombre sugerente de ‘La realidad como engaño’ se muestran fotografías de jóvenes españoles como el también pintor José María Ballester, María Zárraga, Alicia Martin o Javier Vallonrat y obras de artistas extranjeros muy conocidos como Joseph Beuys, Per Barclay o la gran Grete Stern”[16].  Por su parte, Estrella de Diego subrayaba, con ocasión de la exposición de Circa XX en el madrileño Círculo de Bellas Artes, “Lenguajes de Papel” (2008), en donde se incluía un buen capítulo de fotografías cómo “el arte producido después de los años sesenta privilegia el papel por su idiosincrasia, por su énfasis en un proceso que, en numerosas ocasiones, deja tras su paso apenas poco: una estela en el recuerdo y un rastro físico –dibujo, fotografía– del antes o del después de lo ocurrido, del proceso. Otra vez cumplen los papeles su función de testigos del rastro, de cuaderno de bitácora: lo que iba a pasar, lo que tuvo lugar. Es la cuestión de los productos y los procesos artísticos que planteaban ya a mediados de la década los martillos –o las sillas– de Kosuth, inicio de tantos asuntos de lo moderno.  Lo que la obra muestra son tres versiones de un martillo: la fotografía, el objeto real y una fotocopia de la definición de martillo –papeles contra tangibilidades” [17].  En fin pues, que numerosos teóricos han analizado el capítulo fotográfico de esta colección, destacándose, en este punto, el excelente artículo escrito por Esparza  para “Modernstarts”[18].

Sara Zambrana escribía recientemente en un arduo y completo trabajo de investigación sobre su colección, que Citoler “ejemplo único de este modo de entender el coleccionismo artístico, en el que coleccionar significa difundir el arte. Quiere ir más allá de la mera contemplación solitaria y egoísta implícita en todo coleccionista, desea generar disfrute e intercambio cultural colectivos. Además, como independiente, moderna y espiritual coleccionista, se ha ganado verse incluida en ese “brillante e inesperado papel desempeñado por un grupo de mujeres durante la década de los 70 y de los 80 en la modernización de las estructuras museísticas españolas” y su sistema artístico y que, en su caso, continúa hasta nuestros días”[19].

Y es que, realmente, la atención de Citoler por la fotografía tiene mucho que ver con una mirada, muy especial, muy diferente, también marginal en el sentido de no referir caminos trillados, sobre el arte de nuestro tiempo, una visión no transitada por el manido imperio de los nombres tan común en el coleccionismo de bajo vuelo y sí considerando la esencialidad del papel como elemento supremo del acto creador, algo que referimos en extensión con ocasión de la exposición en el Círculo de Bellas Artes madrileño, antes citado[20].   En fin, han sido muchas las exposiciones que han permitido contemplar su colección fotográfica.  Diversas del conjunto de la misma, con capítulo dedicado a la fotografía y algunas otras más específicas.  Entre ellas, por su intensidad, merecen destacarse “El ojo que ves” (Córdoba/Pontevedra, 2007); “La ilimitada energía del paisaje” (San Juan de la Peña, 2008); “La ciudad magnífica” (Almería, 2011)[21].   Si la primera era una selección clásica de fondos fotográficos de la coleccionista,  la segunda refería -desde el título[22]– la vinculación de sus obras con el paisaje, como origen del mundo moderno, en la línea de las conocidas tesis de Rosenblum.  “La ciudad magnífica” analizaba con hondura la relación entre la ciudad contemporánea y la fotografía deslizada desde la representación hacia el arte: el mundo llamado moderno.  Acogidas bajo el bretoniano lema: “Era una ciudad magnífica -un modelo de temporada (…)”[23], entonces escribimos: “Bienvenidas las imágenes de la ciudad al mundo del arte: los callejones y escaparates, cabarés y plazas, nieve y lluvia bañando el adoquín, el mundo en suspensión retratado por Eugène Atget.  Los carteles luminosos de “Mazda” sobre los grandes bulevares parisinos, vistos por Jacques-André Boiffard para “Nadja” (1929).  ¡ Bienvenidos edificios, calles, comercios, vehículos y peatones, tránsito, farolas y neones -qué conmoción a Tristan Tzara-, luces de la ciudad…pasen a la cirlotiana pizarra de la noche !. La errancia, decía Breton, no es inútil, y vagar por las calles, con la vista despierta, es un acto del arte. Encuentro con las luces bonaerenses de Horacio Coppola, mas también las calles oscuras, susurrantes, pareciere que en territorio de nadie, vistas por Brassaï o Edward Steichen.  Nieve, en la Quinta Avenida, retrató Alfred Stieglitz.  Locura de la música de los tranvías transitando con su música chirriante, días y tardes ebrias de gin, llameantes de electricidad, que cantara Apollinaire[24]”.

Con ocasión de la muestra “El ojo que ves” cuyo machadiano título, habrán adivinado los lectores, dio origen a la colección de libros que hoy editan, ejemplarmente, la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía y la Universidad de Córdoba[25], se escribió algo que enlazaba el primer cuadro adquirido por la coleccionista, una pintura de aire ocular, y su interés por la fotografía: “Obvio es decir que el título de esta exposición alude a algo antiguo, y enunciado por Machado, el ojo que ves no es ojo porque lo veas: es ojo porque te ve.   Ojo, el fotográfico, implacable y secreto.   Implacable en la medida es capaz de extraer de la realidad instantes efímeros, convertidos tras la detención fotográfica, en eternos.  También lo es por su capacidad de “congelar” fracciones que posiblemente puedan pasar desapercibidas para el otro “ojo”, el anatómico.   Ojo que ve, ojo curioso, ojo testigo, ojo-espejo, ojo-creador: el objetivo, la impresión fotográfica en general, ha sido capaz, a través de la historia, de referir los más extraordinarios procesos artísticos.  Moderno ojo infatigable también en el sentido que la técnica, antigua, parece no agotarse con el advenimiento de otras nuevas técnicas. Ojo como captación del momento extraordinario, tan caro a Cartier-Bresson, pero también ya hemos dicho: ojo-creador, el ojo de las fotografías de Man Ray o Grete Stern.   O la evolución, de nuestro siglo XXI, de la visión del fotógrafo, en muchos casos cada vez más incurso en el mundo de la pura creación a través del instrumento fotográfico y nuevas tecnologías afines.  Esta colección ejemplifica, de modo señero, lo que ha sido el transcurso de la historia de la fotografía.   Desde sus ejemplos más antiguos (la primera fotografía, cronológicamente es una “rayografía” de Man Ray de 1924 a la que seguirían las imágenes de Buenos Aires de Coppola de 1936) hasta la actualidad de ayer.  Es sabido que Pilar Citoler comenzó su colección en los años setenta (…) con una obra de aspecto ocular, un círculo, de José Caballero.  Desde esa fecha ha seguido coleccionando con intensidad, sin perder de vista jamás el horizonte de la contemporaneidad.    Su colección ha abarcado muy diferentes frentes artísticos.  En sus rarezas, lo hemos mencionado hasta el hartazgo, la visión, muy certera, sobre el arte internacional, y una extraordinaria intuición, fuera de toda duda, para conformar una colección desde el conocimiento más profundo del arte.  En su colección ocupan lugar de privilegio la fotografía y el vídeo contemporáneos, tanto nacional como internacional.   Fotografías de los pioneros antes reseñados, pero también ejemplos muy diversos de los nombres más representativos de de hoy.  Ya se dijo que, no en vano, una de sus primeras amistades intensas en el mundo artístico fue un gran fotógrafo, Jesse A. Fernández, a quien trató en los años setenta.  Ojo que ve, queda claro, el de la fotografía.   Anticipador ojo contemporáneo el de la coleccionista que, visto lo que sigue en esta pequeña selección de recientes adquisiciones, colegimos que parece haber sentenciado con María Zambrano que la vida no tiene sentido si no es con la muestra a los demás de lo hecho durante toda una vida, circa siglo veinte, de compulsiva y muy silenciosa labor coleccionista.   Como Zambrano, Citoler reconoce que es a los demás a quienes merece la labor de considerar el interés de lo realizado, existir es -tras el devenir amargo de la rutina de los días, recordado otrora por la coleccionista- ofrenda generosa a los demás: El existir es ante todo, voluntad de ex-istir, de salirse de (María Zambrano, “La mirada originaria”, 1981)”[26].

Y llega ahora “Different Orders”, la exposición que la UNIA-Universidad Internacional de Andalucía propone en Casa Mena, su nueva sede en la ciudad de Málaga.   Órdenes diferentes, o propuestas -reglas o modos- distintos de crear, surge del título de un conjunto de imágenes expuestas de la artista Ana Roldán.   Aquí es utilizado simbólicamente, tanto por el que, tras las líneas anteriores, queda claro “afecta” a la coleccionista como en el sentido de “apertura” -o muestra de diferentes registros- de algunos de los trabajos más contemporáneos que se hallan en su colección fotográfica, en la Nueva Colección de Pilar Citoler, tautológico título que damos a las obras de reciente ingreso en la colección de esta esencial coleccionista de imágenes, así a lo Louis Bourgeois, de nuestro tiempo.

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[1] Bob Dylan publicó el disco “Slow train coming”, este 1979.

[2] Pilar Citoler (Zaragoza, 1937) es coleccionista de fotografía contemporánea, recibió en 2005 el Premio ARCO al coleccionismo privado en España y en diciembre de 2007 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.   Presidió el Patronato del MNCARS.  Doctora Honoris Causa por la Universidad de Córdoba (2013), en  2014 recibió el Premio Arte y Mecenazgo de La Caixa al Coleccionismo Privado en España. Su Colección Circa XX quedó integrada en el Gobierno de Aragón (2014).    Es impulsora del Premio Bienal Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, que este año ha cumplido su octava edición, y que es reconocido, internacionalmente, bajo el impulso de Junta de Andalucía y Universidad de Córdoba.  A la par, su Fundación promueve el Concurso fotográfico de la Alliance Française.   Su Nueva Colección cuenta con un significativo número de pinturas, esculturas, video y fotografía.  De este último capítulo se presenta ahora una selección en Casa Mena.

[3] Leverkusen, 1932-Berlin, 1998.

[4] Además de esta obra, son varias las creaciones de Vostell que coleccionó Citoler que tienen relación con la fotografía: “Prince Phillippe (Ziklus “Regen” nr. 3-Nach Tizian)” (1976); “Sin título (“Compás”)” (1977); “Violette (o) Casanova en Venecia” (1978); “Bunker T.V.” (1990) o “Tauromaquia” (1991).  Omitimos el recuento de otras obras en las que no hay presencia fotográfica.

[5] Wolf Vostell, fue autor, en agosto del año 1960, de la acción titulada “Plakatphasen” (“Fases de carteles”, acción sobre carteles).  Es el año en el que ha aparecido “Phasen”, su primer libro de “décollages” y textos visuales de Jürgen Becker con prólogo de Max Bense.  Acción émula de otra, “Skelett”, realizada en Wuppertal en 1954.  Vostell sería por cierto uno de los padres del arte efímero.   Ya mediados los cincuenta había concebido trabajos de este tipo.   En 1958, residente en Paris, había realizado las primeras demostraciones de sus “Dé-coll/ages” en las calles integrando al público casualmente reunido.   En 1962 invitaba a los impávidos espectadores del barcelonés VI Salón de Mayo a participar, escribiendo, arrancando o borrando sobre uno de sus “décollages”.  Vid.: Alfonso de la Torre, “1960-1972, el arte-ceniza-(en el lugar (no) común Una aproximación desde España a las primeras experiencias del arte de contexto”, en “Espacios Imaginados”, “Ámbito Cultural-El Corte Inglés”, Madrid, 2006.

[6] Sala de Exposiciones del Museo Español de Arte Contemporáneo, Vostell, Madrid, XI-XII/1978.

[7] Nos referimos a la exposición en cuatro sedes de la Colección de Pilar Citoler, bajo el título genérico de “Modernstarts”, Teatro Principal, Córdoba, 2009.

[8] Para comprenderlo mejor, he aquí la lista completa de los “impuros” expuestos en “Ceci n’est pas une photographie” (2009): José Manuel Broto; Carmen Calvo; Christo (Christo Vladimirov Javacheff); David Díaz; Jorge Galindo; Eva Lootz; Christopher Makos; Antoni Miralda; Tony Oursler; Robert Rauschenberg; Adolf Schlosser; Juan Ugalde; Darío Villalba; Wolf Vostell y Andy Warhol.

[9] Madrid, 1950-2014.

[10] Pablo Serrano, “Bóveda para el hombre” (1961), Escultura de bronce patinado, 51 x 47 x 50 cm.  En la Colección de Pilar Citoler

[11] La Habana, 1925-Paris, 1986.

[12] Pilar Citoler, “Comunicación”, “Primer Encuentro Internacional de Centros de Fotografía”, CAF-Centro Andaluz de Fotografía, Almería, 1/VI/2008.  Inédito, en archivo de la Fundación Pilar Citoler.

[13] En Ibíd.

[14]  Su colección se mostraría, en diversas selecciones, desde 2002 en el Centro de Exposiciones y Congresos de Ibercaja, “Circa XX”, Zaragoza, 18 Octubre-8 Diciembre 2002. Un intenso y pormenorizado detalle sobre este particular puede leerse en:  Sara Zambrana,”Reflexiones en torno al coleccionismo de arte contemporáneo en España: Pilar Citoler y la colección Circa XX como caso de estudio”, Universidad Complutense, Madrid, 2015.

[15]  Centro Cultural de la Villa de Madrid, “Fragmentos: arte del XX al XXI”, 11(23) Marzo-16 Mayo 2004.

[16] Marcos Ricardo Barnatán, “Una mirada incansable, La colección de Pilar Citoler”, catálogo de la exposición “Fragmentos: Arte del XX al XXI”, Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2004, pp. 11-13.  Reproducido en el catálogo de la exposición “Contemporánea-Arte.  La luz, la tiniebla, el ámbito y la memoria”, Cultural Rioja-Sala Amós Salvador, Logroño, 2004, pp. 152-153

[17] Estrella de Diego, “Papeles”, catálogo de la exposición “Colección Circa XX, Pilar Citoler, Lenguajes de papel”, Círculo de Bellas Artes-Comunidad de Madrid, Madrid, 2008, pp. 19-22

[18] Ramón Esparza, “Umbrales”, catálogo de la exposición “Modernstarts-Arte Contemporáneo en la Colección Circa XX-Pilar Citoler”, Sala Vimcorsa, Palacio de la Diputación, CajaSur y Teatro Cómico Principal, Córdoba, 2009, pp. 279-289

[19] Sara Zambrana,”Reflexiones en torno al coleccionismo de arte contemporáneo en España: Pilar Citoler y la colección Circa XX como caso de estudio”, op. cit. p. 53. La cita incluida en su frase es de: María Bolaños Atienza, “Patrimonio en femenino”, Ministerio de Cultura, Madrid, 2011, p. 41.

[20] Alfonso de la Torre, “Del noli me tangere del dibujo a la melancolía del collage [Algunas reflexiones en torno de la obra sobre papel en la Colección Circa XX]”, catálogo de la exposición “Colección Circa XX, Pilar Citoler, Lenguajes de papel”, op. cit. pp. 25-38.

[21] El ojo que ves, Exposición en el Palacio de la Merced, Córdoba (18 Enero-28 Febrero 2007) y  Café Moderno, Pontevedra (16 Marzo-9 Junio 2007); La ilimitada energía del paisaje, Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, Huesca (22 Diciembre 2007-9 Abril 2008) y La ciudad magnífica, CAF-Centro Andaluz de Fotografía, Almería (23 Junio-18 Septiembre 2011).

[22] Es sabido que la frase que titulaba la muestra pertenecía a Robert Rosenblum (1927-2006) en “Lo sublime abstracto (“ARTnews59”, nº 10, Nueva York, II/1961, pp. 38-41).   Rosenblum fue el crítico que estableció contemporáneamente la conocida tesis que relacionaba el nacimiento de la abstracción pictórica con el espíritu del paisaje, muy en especial el paisaje del siglo XIX y la tradición romántica del norte de Europa y América.   Un viaje, el propuesto por Rosenblum, que partiría desde los hielos de Friedrich y concluiría con la pintura lunar de Gottlieb o los imponentes campos de color rothkiano.   Para Rosenblum, tan impreciso e irracional como los sentimientos que trataba de nombrar, lo sublime podía aplicarse tanto al arte como a la naturaleza: de hecho, una de sus expresiones capitales sería la pintura, la representación, de paisajes sublimes.

[23] André Breton y Paul Eluard, “Dictionnaire abregé du surréalisme”, Galerie Beaux Arts, Paris, 1938.   Edición española de Ediciones Siruela, Madrid, 2003, pp. 29 y 30.   La voz « ciudad » aparece firmada por Georges Hugnet.

[24] Guillaume Apollinaire en “Alcools”, “Soirs de Paris ivres du gin / Flambant de l’électricité / Les tramways feux verts sur l’échine / Musiquent au long des portées /De rails leur folie de machines”

[25] Ambas son también impulsoras del Premio Bienal Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, que se ha fallado recientemente en su octava edición.

[26] Alfonso de la Torre, “El ojo que ves”, catálogo de la exposición “El ojo que ves”, Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí-Universidad de Córdoba y Fundación Caixa Galicia, Pontevedra, 2007, pp. 17-33.