PABLO PALAZUELO: VIAJE HACIA LO ILIMITADO

PABLO PALAZUELO: VIAJE HACIA LO ILIMITADO

Texto publicado en el catálogo
ARTE CONTEMPORÁNEO  EN PALACIO. PINTURA Y ESCULTURA EN LAS COLECCIONES REALES (20/10/15-28/02/2016)
Madrid, 2015: PATRIMONIO NACIONAL
 

Pablo Palazuelo de la Peña (Madrid, 1915-2007) concibió en el año 1978 las primeras pinturas del ciclo “EL NÚMERO Y LAS AGUAS”, al modo de una inicial tetralogía.   Dicha serie fue abordada cuando había transcurrido una década desde su retorno de Paris, en donde permaneciera entre 1948 y 1968 en un fértil aislamiento, y tras su primera exposición individual en España, que tuvo lugar en la madrileña galería Iolas Velasco, en 1973.   Junto a uno de estos cuadros de aguas y números le fotografió Jesse A. Fernández aquel 1978 en su estudio y, casi hasta el término de sus días, Palazuelo prosiguió reflexionando sobre dicho ciclo[1]que suponía, incluso desde su título, una verdadera declaración de los intereses de este artista, sempiterno indagador de las relaciones entre la naturaleza y el trabajo de lo visible, para los artistas el surgimiento de las formas.    Cualquier explicación en torno al ciclo “El número y las aguas” exige la atenta escucha de lo escrito, sobre este particular, por el propio Palazuelo: La vida orgánica -la vida nuestra- ha comenzado entre las aguas. La contemplación de las aguas suscita la imagen del espacio ilimitado, de un espacio primordial que se despliega en el momento en que el número innato entra en acción pasando de potencial al acto. El número se manifiesta, pues, conjuntamente con el espacio; el número se transforma moviéndose, y su movimiento engendra las configuraciones dimensionales que preceden a toda forma. Es espacio así imaginado y pensando es un espacio viviente, matriz fecunda de todos los signos, de todos los ritmos y de todas las formas y posibilidades y diferencias. La imagen dibujada es un conjunto autónomo de signos que tiene su propia dinámica interna, regida por una coherencia global y significante, y que constituye un sistema que posee su propia semiología. La obra (…) así estructurada es un organismo, una configuración viviente, puesto que contiene en potencia la capacidad de admitir una intervención exterior -una manipulación-, la cual puede activar su dinamismo interno a fin de que éste desarrolle los procesos de la transformación continua, de sus metamorfosis. Se trata, pues, de un vivir de las formas fecundas, puesto que el desarrollo de sus transformaciones implica la generación de lineajes y de familias de formas. El sistema de signos (…) deviene entonces el vehículo y, al mismo tiempo, el instrumento adecuado para el tratamiento de la información[2].

“EL NÚMERO Y LAS AGUAS XVII” (1995) es pintura que revela la constante meditación en la acción de pintar abordada por este creador, indagando en torno a la transfiguración de la expresión, ilusión por tentar desde el lienzo las sombras que errabundas vagan por el espacio.  Es esta la obra de un artista llegado a la abstracción tras el alejamiento, encerrado en su tour del número 13 de la rue Saint-Jacques aquellos veinte años, descubriendo en tan fértil encierro creativo, en tal extrañeza, el inmenso poder de la línea como constructora del universo de las formas[3]y, por ende, su universo creador.   Un poder que practicará incesante en lienzos, mas también dibujando sobre papeles diversos o creando formas mediante chapas metálicas.   Como sucede en la otra pintura, “SINENSIS IV” (1990), las formas parecen develar  un aire casi inmemorial, pareciere madurado tal una lenta vida orgánica, creación llegada al mundo por una oscura emanación[4].   “SINENSIS IV” es ejemplo de hasta qué punto las pinturas de Palazuelo evocan también el surgimiento de las formas en la oscuridad, portadoras éstas de una singular energía luminiscente debatiéndose entre las tinieblas.  “Sinensis” -explicaba Palazuelo- significa chino en latín; he aquí otro título que evoca ciertas formas del antiquísimo arte chino[5].   Palpitación bajo los signos, interrogación sobre la extensión de las formas en ese extraño centro invisible donde el número y la energía incandescen, Palazuelo presintió siempre el escalofrío del surgimiento de unas formas potentes y extrañas[6].   Muchas de sus obras han de considerarse, en sus palabras, estructuras o sistemas abiertos, unidades de multiplicidad perceptible que sugieren las modalidades de su posible transformación, lo que el artista llamaba su vitalidad latente.   “SINENSIS IV” es composición de planos desplegándose con aire nervioso en un espacio donde un color de fondo, con aire de no-color, compone los límites de las superficies, claridad émula de luz o de sombra, en penumbra, formas que crecen recordando, justamente así, el carácter milagroso de esta propuesta, su consistencia alzada desde la inmaterialidad.  Contemplación que, a través de la visión del artista, “es así transfigurada a imagen del alma que la transfigura”[7].

Ah, reposar sobre la tierra y volar[8], parece ser la máxima kleeiana que heredan al resurgir las formas palazuelinas de entre la nada.  “TOLTEC VIII” (1988) es escultura, como buena parte de las realizadas por Palazuelo, concebida en la fértil colaboración con el taller de Pere Casanovas en Mataró, integrada en un conjunto, bajo ese título, realizado entre 1985 y 2004. Escultura con aire totémico, es la suya una elevación de formas evocadoras de una ebriedad embargada de lo sobrio[9] y sed de las líneas.  Revela en ella Palazuelo la búsqueda incesante, inconsolable, que realizan las formas pareciera que buscando el reposo, generando nuevas formas entre la turbulencia del espacio.  Algo que ya había sucedido en sus primeras esculturas, aquella extraña flor, hoy desaparecida, mostrada a Eduardo Chillida[10] o, también, en “Ascendente (Un dado cubista)” (1954).  Ambas realizadas tras la visita al taller de Constantin Brancusi, en l’Impasse Ronsin, en Paris, en 1951.    La escultura manifiesta así, en palabras de Palazuelo que vuelven a enlazar con el agua: “de forma mucho más accesible el dinamismo de lo aparentemente estático, los tránsitos, que son los que constituyen la formación.   La quietud de todo ese movimiento me sugiere sensaciones semejantes a las que puede evocar el lento fluir del agua encalmada”[11].

Balanceo de los planos mas, a la par, deseo de introspección en el interior del espacio, energía del despliegue de lo extendido mas intensidad de lo que se adivina recóndito.   Formas que se interrogan, ya sea sobre las formas angulosas mas también sobre lo sinuoso, y análisis concentrado realizado por este imaginativo introvertido -en palabras de Tharrats[12]– o el pintor austero, en palabras de Joan Miró[13], versus el gramático para Bernard Dorival[14].

El espacio es un refugio y justamente en su “Cuaderno de Paris” escribirá Palazuelo en los años cincuenta: “privada de reposo, la idea del espacio parece buscar sin cesar el infinito de la augusta presencia (refugio), moviéndose, en el infinito interior de la impotencia humana obsesionada por una visión, en ocasiones agitada y otras flébil, siempre desconsoladamente dirigida, mas en vano, hacia lo ilimitado”[15].

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA EN ESTE ARTÍCULO

DE LA TORRE, Alfonso. Catálogo Razonado de pinturas y esculturas de Pablo Palazuelo.  Madrid-Barcelona: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museu d’Art Contemporani de Barcelona-MACBA, Fundación Azcona y Fundación Pablo Palazuelo, 2015.

DE LA TORRE, Alfonso. Claude Esteban y Pablo Palazuelo. Le partage des signes-La heredad de los signos. ⌠En torno a la correspondencia inédita (1976-1977) de Claude Esteban y Pablo Palazuelo durante la escritura de la monografía “Palazuelo”, Paris: Éditions Hermann-Université de La Sorbonne, 2014.

DE LA TORRE, Alfonso.  Pablo Palazuelo: Paris, 13 rue Saint Jacques (1948-1968).  Madrid-Alzuza: Fundación Juan March y Fundación Museo Jorge Oteiza, 2009-2010.

DORIVAL, Bernard.  Palazuelo.  Paris : “Derrière le miroir”, nº 22, Galerie Maeght, Éditions Pierre a Feu, 4/X/1949, s/p, p. 3

ESTEBAN, Claude-PALAZUELO, Pablo. Palazuelo.  Paris: Editions Maeght, 1980. Versión española de: Barcelona: “Ediciones 62”.

GROHMANN, Will.  Paul Klee.  Paris : Librairie Flinker-Trois Collines, 1954.   En sus ”Œuvres complètes”, Paris: Gallimard, t. II, Pléiade, 2001.

GROHMANN, Will. Paul Klee (1879-1940). Paris: Flammarion, 1955.

KLEE, Paul. Diarios 1898/1918. Editados y prologados por Felix Klee. México: Biblioteca Era. Serie Mayor, México.

MICHAUX, Henri. Escritos sobre pintura. Murcia: Colegio de Arquitectos, 2007.

PALAZUELO, Pablo. Cuando trabajo, me parece que estoy escuchando… Madrid: “El País- Artes”, año IV, nº 121, 6/III/1982.

PALAZUELO, Pablo-POWER, Kevin.  Geometría y visión.  Granada: Diputación de Granada, 1995.

PALAZUELO, Pablo. Pablo Palazuelo. Escritos. Conversaciones. Murcia: Colegio Oficial de Aparejadores y  Arquitectos Técnicos-Librería Yerba, 1998.

THARRATS, Juan José. Artistas de hoy.  Pablo Palazuelo. Barcelona: “Revista”, XII/1958.

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[1] Los cuadros de la serie “El número y las aguas” fueron realizados entre 1978 y 2000.  Vid.: DE LA TORRE, Alfonso. Catálogo Razonado de pinturas y esculturas de Pablo Palazuelo.  Madrid-Barcelona: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museu d’Art Contemporani de Barcelona-MACBA, Fundación Azcona y Fundación Pablo Palazuelo, 2015.

[2]  PALAZUELO, Pablo. Pablo Palazuelo. Escritos. Conversaciones. Murcia: Colegio Oficial de Aparejadores y  Arquitectos Técnicos-Librería Yerba, 1998, pp. 79-80.

[3] Algo que había comenzado a referir en los numerosos dibujos realizados mediados los años treinta (1933-1936), en Oxford, cursando estudios de Arquitectura en The Oxford School of Arts and Crafts.  Vid.: DE LA TORRE, Alfonso. Para un retrato de Mr. Paul Palazuelo en Oxford.  En  DE LA TORRE, Alfonso. Catálogo Razonado de pinturas y esculturas de Pablo Palazuelo, op.cit. pp. 23-31.

[4] La cita, casi textual, es de Henri Michaux, (“Aventures de lignes”, que se incluía en “Passages”), prefacio al libro sobre Klee de Will Grohman, en su versión  francesa, de 1954, que conocía Palazuelo: GROHMANN, Will.  Paul Klee.  Paris : Librairie Flinker-Trois Collines, 1954.   En sus ”Œuvres complètes”, Paris: Gallimard, t. II, Pléiade, 2001, pp. 360-363.  En español lo hemos consultado en: MICHAUX, Henri. Escritos sobre pintura. Murcia: Colegio de Arquitectos, 2007, pp. 101-106.

[5] PALAZUELO, Pablo-POWER, Kevin.  Geometría y visión.  Granada: Diputación de Granada, 1995, p. 45.

[6] En carta de Pablo Palazuelo a Eduardo Chillida. Paris, finales de diciembre de 1951.   “(…) Trabajo (…), sobre todo dibujos, pues preveo un gran cambio, necesito entrar más profundamente, una emoción mucho más intensa y pura, y hay momentos que tengo como fiebre y escalofríos al presentirlo.  Por ahora no llego, pero la cosa está ahí, estoy seguro, si no, no lo sentiría como lo siento”.    Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.

[7] Pablo Palazuelo, en su respuesta a la carta de Claude Esteban “El soplo”.  ESTEBAN, Claude-PALAZUELO, Pablo. Palazuelo.  Paris: Editions Maeght, 1980. Versión española de: Barcelona: “Ediciones 62”, pp. 146-150. Selección en: Madrid: “Cuadernos Guadalimar”, nº 17, 1980.  Reproducido por Cortesía de Christine Jouishomme, 13/X/2011.  Vid., sobre este particular: DE LA TORRE, Alfonso. Claude Esteban y Pablo Palazuelo. Le partage des signes-La heredad de los signos. ⌠En torno a la correspondencia inédita (1976-1977) de Claude Esteban y Pablo Palazuelo durante la escritura de la monografía “Palazuelo”, Paris: Éditions Hermann-Université de La Sorbonne, 2014.

[8] GROHMANN, Will. Paul Klee (1879-1940). Paris: Flammarion, 1955, s/p.

[9] KLEE, Paul. Diarios 1898/1918. Editados y prologados por Felix Klee. México: Biblioteca Era. Serie Mayor, México, p. 148: “Qué cosas tan terriblemente sobrias son éstas: el lienzo, el fondo el colorido.  No son mucho más atractivos el tratamiento de la línea y el de la forma.  Por encima de todo la luz, el efecto espacial gracias a la luz”, dixit Klee.

[10] El asunto está tratado en: DE LA TORRE, Alfonso.  Pablo Palazuelo: Paris, 13 rue Saint Jacques (1948-1968).  Madrid-Alzuza : Fundación Juan March y Fundación Museo Jorge Oteiza, 2009-2010.

[11] PALAZUELO, Pablo. Cuando trabajo, me parece que estoy escuchando… Madrid: “El País- Artes”, año IV, nº 121, 6/III/1982, cit. p. 3.

[12] “Palazuelo es un auténtico ejemplo de imaginación introvertida. Sus pinturas, elaboradas lentamente –en alguna parte hemos leído que no produce más de media docena de cuadros por año- suelen ir acompañadas de títulos que invitan serenamente a la meditación (…)”. THARRATS, Juan José. Artistas de hoy.  Pablo Palazuelo. Barcelona: “Revista”, XII/1958.

[13] En 1951, Miró escribe a Palazuelo celebrando su reconocimiento y señalándole “tuve ocasión de ver unas telas suyas que me impresionaron mucho. Encontré en ellas toda la fuerza racial española-austeridad de Zurbarán i (sic.) ascetismo de los místicos, con sus destellos de sensibilidad y eso en sentido universal, claro está”. Correspondencia.  Joan Miró (Folgaroles, 9-Barcelona) a Pablo Palazuelo de 31/X/1951.  Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.

[14] “Grammairien comme Juan Gris et poète comme Miró, j’ai confiance que Palazuelo comptera un jour parmi les meilleurs peintres d’un pays qui en a tant donné á son art national d’hier et à l’art français d’aujourd’hui”. DORIVAL, Bernard.  Palazuelo.  Paris : “Derrière le miroir”, nº 22, Galerie Maeght, Éditions Pierre a Feu, 4/X/1949, s/p, p. 3.

[15] PALAZUELO, Pablo. Cuaderno de Paris. 1953. Inédito.  Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.