JOSÉ MARÍA YTURRALDE: LA POSIBILIDAD POÉTICA DEL ARTE

JOSÉ MARÍA YTURRALDE: LA POSIBILIDAD POÉTICA DEL ARTE

Texto publicado en el catálogo
ON COLOUR
Madrid, 2015: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 224-233
[Intervenciones de Rosa Brun, Mitsuo Miura, Nico Munuera, Ángeles San José, Jordi Teixidor, José María Yturralde, en el contexto de ARCOmadrid 2015.  En colaboración con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid].

 

La posibilidad de la geometría o, en definitiva, la inquietante aporía sobre la posibilidad, otrosí, del arte, parece haber sido una de las reflexiones del poeta geómetra, vate también de los enigmas de la percepción, trazador de inventadas estructuras en el aire, José María Yturralde (Cuenca, 1942), quien ha reflexionado durante su amplia trayectoria en torno a lo que podríamos llamar el pensar del geómetra.  Oh dicha de entender, podría nuestro pintor haber suscrito esta cita de Borges pasada por Torner[1], sin excluir, en aquella actitud reflexiva un notorio componente poético.   Pues más que “geómetra” ardoroso o vindicador de la ortodoxia geométrica, Yturralde ha sido poeta de las formas semejare, antes que prosecutor de las teorías constructivas, que la verdad de este pintor es platónica: figuras, ideas y sus arquetipos, formas con vocación de pureza y ensoñación de la trascendencia del orden.  Más pareciere que, atravesadas sus nuevas formas por una suerte de destellante luz, solar o nocturna, es frecuentador Yturralde de una especie de belleza incandescente del crepúsculo.   Eclipse de los planetas destilando una nueva fulgencia, muy en el cénit o donde muere el nádir, algo así como luz tentada, el medio o enlace entre geometría y pálpito de las formas.

Alguna vez he referido que muchas de sus preguntas parecen estar simbolizadas en el conjunto de cuadros que portan títulos en torno a “Figura imposible”, varios aquí ilustrados, aporía titular de pinturas con vocación corpórea realizadas a comienzos de los años setenta, a las que siempre veo emparentadas con la vieja aspiración de otro geómetra alquímico, cuando realice el “Rêve de vol” (1967-1977), ésta una de las primeras esculturas de Palazuelo:  sueño de vuelo en homenaje al poeta del espacio, Bachelard.  Formas dibujadas en la extensión, volúmenes desplegados nerviosamente en el espacio alumbrando sed de infinitud: “Todo se dibuja, incluso lo infinito. Se quiere fijar el ser y al fijarlo se quiere trascender todas las situaciones para dar una situación de todas las situaciones”, escribe Gaston Bachelard en La poética del espacio” (1957).

Y no ha desdeñado Yturralde plantear el serio juego de las formas con el frecuentamiento de una cierta actitud visual irónica, una ironía que vemos de ascendencia ruediana, por ejemplo en obras como “Ritmo formas en blanco” o “Estructura” (ambas de 1966), dinamismo de lo inmóvil[2]y concentración silenciosa de las formas: una suerte de conversión en esferas del mundo de los collages de cajas de cerillas del madrileño, aquel era pleno año de creación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca del que, joven, Yturralde fue protagonista[3].    Algunas otras obras, como “Movimiento espacio opuesto”, “Tensión lineal” o “Situación límite en el espacio” (tríada de un fructífero año objetivo: 1967), parecen referir indagaciones de estirpe geométrica también en la estela del Gerardo-Rueda-más-geómetra, mundo de formas contenidas y diagonales ficticias, de una geometría inefable mas con un deje humano, espacio de no-geometría-exacta-pues-levemente-imperfecto, evocador de creaciones míticas del artista madrileño, tal las numerosas pinturas blancas de años parejos, mediados los sesenta (como la “Gran Pintura Blanca” (1966), del Museo de Arte Abstracto Español conquense o el elogio de diagonales, “Encrucijada” (1970), que ilustraría la cubierta del catálogo de su antológica andaluza de 1985)[4].

Evocando, las imperfectas líneas puras de ciertas geometrías de Yturralde, los tajos en el espacio de Fontana, los cortes en los lienzos y en el silencio, aquel planteaba el lirismo de nuevos geómetras alejados de la ortodoxia constructiva, reivindicador este pintor de lo que Aguirre llamó “una valiente pobreza de medios (…) realizada de manera impecable (…) la sencillez, la limpieza y el orden son tres notas fundamentales para definirla”[5].   Más bien emparentado Yturralde con una cierta ebriedad del mirar, una malinconia de las formas: “quién se atrevió a decir que en el constructivismo no hay lugar para la poesía. Qué ingenuidad tan grande. Aquí está la prueba”[6], escribió también Juan Antonio Aguirre con ocasión de la exposición del conquense, ese 1967, en la madrileña galería Edurne.   Pensamiento en torno a los enigmas del espacio pictórico y las estrategias, incluso los juegos visuales de ficticios volúmenes que, a pesar de aquella “imposibilidad”, de tal carácter ficcional, no están exentos de rotundidad, mediante los que es posible reflexionar en torno a la posibilidad, de nuevo, de las formas, pareciere entre vistas desde la caverna.  Metageómetra parece Yturralde, creador de desplazamientos y fingimientos que no esquivan, tampoco, la intriga de la relación con el ardiente vacío siempre desde una dimensión poética: los recursos de la norma le permitirán la construcción de las formas y el color arribar a un decálogo de preguntas impregnadas de lírica.    Tempestad de blancura, la del “Ritmo” o “Estructura” (1966) de Yturralde, emparentada con la defensa del collage realizada por muchos artistas conquenses, a veces también muy en el mundo de monocromías, relieves y luces de Tommasello, goce de la escuela de los artistas que han reflexionado sobre las formas visuales de lo compacto, pienso también en artistas de Latinoamérica como Sérgio de Camargo o Nedo[7].  Creador Yturralde elogiador de lo-lleno-monocromo pero sin excluir la reflexión, muchas veces por oposición, sobre la variación y el vacío, la serialidad, también en torno a las formas y ángulos, o la presencia de lo que Aguirre llamó un color de refinado matiz[8].

Artista indagador de formas visuales, frecuentador de los contrastes de energía pareciendo buscar la bipolaridad, la tensión máxima, la luz más despojada o la oscuridad más honda, creador Yturralde con algo de la radicalidad y la urgencia de algunos que, como Kline, jugaron con el dramatismo de los colores extremos.   Pero también filósofo de las formas, impulsor de consciencias pues en su quehacer hay algo de investigación y ethos,  pregunta permanente sobre el espacio y la posible plenitud o, en palabras de Vicente Aguilera Cerni: “Desde la racionalidad geométrica a la psicología de la percepción, desde el espacio-tiempo a la concordancia con las leyes naturales, Yturralde se encamina irresistiblemente hacia la creación de la consciencia para la apreciación de los estéticos. Lo que comporta un nuevo proyecto donde los objetos creados, cualquiera que sea la dimensionalidad y su universo reivindican para lo humano su horizonte de lo universal, su concordancia con la naturaleza y su búsqueda de la plenitud”[9].  Su objetivo declarado ha sido el enfrentamiento a los problemas espaciales de la pintura que permitieran, de este modo, acercarse a una mejor comprensión, otrosí, del espacio, inserción de formas en esa extensa nada multidimensional que no descarta, también, la búsqueda de emociones  bajo la consideración de que el vacío del espacio “no es pasivo, sino que está lleno de posibilidades y de ideas”[10].

En sus últimas obras pareciere que las formas, o la actividad de estas, viajan hacia la desaparición, luz en un cénit que se extingue, así sucede en algunas que ilustran estas palabras: “Postludio”, “Deneb” (ambas de 2009) o “Dawn” y “Polux” (2012), aproximación a una suerte de espacio que estuvo en el origen, encuentro entre el caos y el vacío, el desorden y la nada.  Guiño también a tantos creadores que han reflexionado sobre el espacio: Malevich, Newman, Reindhart o Rothko y sus bolsas de silencio, que me gusta citar con frecuencia[11].   A ello parece referirse “Eclipse”, la intervención realizada por el artista, en la que, desde la nada de la negrura, del fondo infinito de la caja oscura, emerge la forma cuadrada, confundida forma y presencia espectral entre aquella nada.  Imaginación del tiempo, geometría y obscura atmósfera, emoción o norma, caos y orden, marcial sosiego, pareciere un embate en donde se revelan contrarios, algo que siempre ha estado presente en el quehacer de Yturralde, un hacer presidido, semejase, por una suerte de trágica tensión, esa especie de búsqueda infatigada de la verdad y trascendente belleza.  Tal si indagase entre ocultas verdades que él tienta hacer emerger utilizando la luz, revelación entre las tinieblas, asistiendo a un combate entre formas de ensueño y las sombras.   Oscuridad evocadora de los “Black and Greys”, de una negra luz rothkiana, mencionados a veces por Yturralde, pero no tanto como “vacío” ni espacio extinto sino, más bien, por ser portadores de un vigoroso silencio en el que parece quedar el artista en atenta escucha, semejare que deseoso de colaborar en el acto de la aparición de las formas, a la búsqueda de la verdadera visión.

Yturralde acude a un proceso de simplificación de las formas, geometría convertida en energía, nuevas imágenes que parecen creadas tras la eliminación de las imágenes preexistentes en el mundo de lo real, pareciendo subrayar la incapacidad de las teorías para explicar el cotidiano devenir, a la par que, para este artista, tal sencillez es la forma de acceder a lo complejo.  A la verdad.

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[1] Texto de Gustavo Torner para la exposición en la “Institución Fernando el Católico” en Zaragoza, 1958. Gustavo Torner, “¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir!”, texto extraído del catálogo: “Torner”, Ediciones Rayuela, Colección Poliedro,  Madrid 1978, pp. 7-8.  La cita es de Jorge Luis Borges, “La escritura de Dios” (“El Aleph”, 1949).

[2] Juan Antonio Aguirre, texto para el catálogo “Yturralde”, Galería Edurne, Madrid, 1967.  “Déle usted a un artista el mínimo de elementos, las formas más puras, menos emocionales; oblíguele a un orden; déjele que actúe: y ya verá usted. He aquí una de las razones por las que me entusiasma la obra de Yturralde: con lenguaje de limitadísimo vocabulario y rigurosa sintaxis, ha conseguido realizar una obra plástica que es –permítanseme las expresiones- tan profunda y divinamente poética como lo puedan ser las de Gerardo Rueda y Eusebio Sempere, ambos representantes del mejor constructivismo lírico que se hace en España”. Ibíd.

[3] Fue nombrado Conservador Agregado de dicho Museo.

[4] La exposición retrospectiva: “Gerardo Rueda: Colección particular (treinta años de pintura)” se mostraría en el Centro Cultural Manuel de Falla de Granada, Salas del Ayuntamiento y Posada del Potro de Córdoba, concluyendo en el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla (1985-1986).

[5] Juan Antonio Aguirre, “Yturralde”, Revista  Artes, n º 83,  Madrid, Marzo de 1967. Pp. 38-39

Reproducido en: Juan Manuel Bonet, Fernando Huici y Teresa Millet, “Colección Juan Antonio Aguirre en el IVAM”, Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM. Valencia, 1996 (en pp. 100-101).

[6] Ibíd. “A Yturralde, compañero de Teixidor en la curaduría conquense, a quien presentara en su exposición de Edurne (1-20 Marzo de 1967) le dedicaría un artículo en el ochenta y tres de la revista, el mismo mes.   En el catálogo de Edurne, Aguirre comparaba la obra de Yturralde, tan profunda y divinamente poética, con la de los maestros Sempere y Rueda”.  Alfonso de la Torre, “Juan Antonio Aguirre y la reivindicación conquense ‘Arte Último’ un libro multicolor”, en “Arte último. La “Nueva Generación” en la escena española” (1969), Reedición facsimilar de esta obra con textos complementarios. Dos volúmenes. Diputación Provincial de Cuenca-Fundación Antonio Pérez, Cuenca, 2005, p. 31

[7] Sérgio de Camargo (Rio de Janeiro, 1930-1990), un artista que pareció gozar de lo compacto.  Creador elogiador de lo-lleno-monocromo pero sin excluir la reflexión, en muchas veces por oposición, sobre la variación y el vacío, también en torno a las formas y ángulos.  Y a veces, otrosí por opuestos, le veo como pensante en torno a lo que Millares llamaba la dimensión perdida, los enigmas del otro lado del cuadro, resueltos en una suerte de gozoso horror vacui: manan las formas desde un centro ignoto.     Otro de la escuela monocroma, también otro practicante de las figuras imposibles, de los misterios de las formas que navegan en la pureza del blanco, misterios y variaciones de los universos en paralelo ha sido Nedo (Nedo Mion Ferrario, Milán, 1926-Caracas, 2001).

[8]COLORES: negro, gris oscuro, gris claro, azul ultramar, azul pálido, verde esmeralda, amarillo limón, cadmio naranja, bermellón, blanco. En general tonos de refinado matiz. Predominan los cuadros monocromos, Salvo contadas excepciones no existe degradación ni interpolación”.  Ibíd.

[9] Vicente Aguilera Cerni,  “Figuras Imposibles”, Galerie de L’Université, Paris, IX/1979

[10] Ferrán Bono, “El IVAM muestra la evolución hacia “el umbral del vacío” de Yturralde”, “El País”, Madrid,  23/XII/1999

[11] “Cuando era joven el arte era una práctica solitaria: no había galerías,  ni coleccionistas, ni críticos, ni dinero.  Sin embargo, era una edad de oro, pues no teníamos nada que perder y sí toda una visión que ganar.  Hoy ya no es lo mismo.  Es una época de inmensa abundancia de actividad y de consumo.  No me atrevo a aventurar cuál de las dos circunstancias sea mejor para el arte.  Sin embargo, sí sé que muchos de los que se ven impelidos a este modo de vida buscan desesperadamente bolsas de silencio en que arraigar y crecer.  Todos esperamos que las encuentren”.  Mark Rothko, “Aceptación del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Yale”, 1969.  En: “Mark Rothko.  Escritos sobre arte (1934-1969)”, Paidós Estética, Barcelona, 2007, p. 219 (Procede de “Papeles de Bernard J. Reis, 1934.1979”, Archivos de Arte Americano, Smithsonian Institution, Washington D.C.)