KAREN KNORR, INDIA SONG

KAREN KNORR, INDIA SONG

Texto publicado en el catálogo
KAREN KNORR. INDIA SONG (10/09-2015-15/10/15)
Madrid, 2015: GALERÍA SLOWTRACK

 

INDIA SONG, Karen Knorr

10.09.2015 – 15.10.2015

karen knorr web 2

 

Llevo tiempo contemplando estas imágenes.

Veo silencio en las obras de India Song, la serie fotográfica de la artista Karen Knorr (Frankfurt am Main, 1954).

También contemplo un lugar que siendo de éste, no parece del mundo. Y una luz que, a fuer de distinta, semeja otra. Destilada, pareciere, desde una sobrecogedora claridad. No humana.

Siendo, ese incandescer quieto, una invitación al desplazamiento interior, trazar nuevos viajes mentales en un mundo nuevo con aire de haber sido embargado por el sueño.  ¿Realidad o ficción?, tal da la cuestión: animales quietos en extraordinarias estancias de la India, personajes así convertidos, casi, en actores de un teatro cristalizado, fragmento de una acción detenida que acaba deviniendo representación abstracta que suplanta lo visible.

Parece, en las imágenes de India Song, que hemos descubierto la escena que sucedía en secreto. A la par que se nos recuerda, en tal quietud no exenta de tensión, precisamente, los secretos lazos que nos unen, indisolubles, a ese misterio de lo visible.  Imágenes donde la vida y la estatua, el latido y lo mineral parecen, en ocasiones, confundirse. Imágenes que, preguntándose sobre las imágenes, en esa conversación quieta, -a veces veo en su obra un ceniciento aire balthusiano-, plantean un nuevo mundo, escenas sumidas en espacios de aire letárgico, pérdida del sentido, visión no exenta de inquietud preguntándose sobre qué sea la realidad y su supuesta claridad.

Oh silencio. Cada lugar es un enigma. El palacio estuvo poblado otrora de colores y secretos. Verde esmeralda, rojo de jugo de frambuesa, pulquérrimos azules, vidrios… Los colores expresan inefables sueños del espíritu dixit Kandinsky. Posa el animal en estancias que parecen sentir el bisbiseo de pies que lo atravesaron con firmeza, rumores o risas huidizas.

Karen Knorr ha sido, en su dilatada y reconocida trayectoria, artista frecuentadora de una cierta teatralización de lo real, proponiendo otrora la artificialiación del retrato mas siempre inmersa en un gozoso clasicismo hecho de antinomias, y que le ha otorgado un cierto carácter radical, pues vive el arte de tensiones y muere de distracciones, de Zóbel es la cita ahora. Desde esa suerte de mirada oblicua que es la ficción, su obra está embargada por un profundo sentido de la concentración, un recogimiento que deviene una especie de silencio augural, transformándose esa imagen en un contenedor de energías que pareciere indagar, precisamente, -condena de las imágenes más bien entonces-, sobre su misterio y su poder de evocación, aquello que está más allá de la realidad.

Sosegado arte de la unidad y del todo, creación que esquiva la penumbra, es antes bien meditación sobre las cosas sutiles que sustentan nuestro viejo mundo.  Karen Knorr ha abordado una reflexión, -que ha recorrido sempiternamente su trayectoria-, en torno a la función de la imagen y su capacidad para generar atributos simbólicos, recordándonos ese sentido que Barthes otorgaba a las imágenes como un lugar de resistencia, un espacio inefable para la transfiguración, para la resurrección de un mundo otro. Desmesura secreta, mas es el tiempo, también, otro tema capital que aborda esta artista visual quien, al emprender la resurrección de ese nuevo cosmos de imágenes, promueve así una extraordinaria reflexión sobre el devenir de las horas. El mismo tiempo que nos desliza, paso a paso, en el abismo. Placeres de la imaginación, como escribía Karen al pie de una imagen de una de sus series, “Connoisseurs” (1986-1988).

¿Serán los contempladores de estas imágenes quienes sueñan?.

Cada imagen parece proponer su enigma, el acceso a una especie de profundidad entreabierta. En la serie India Song, que Knorr ha abordado desde 2008, -muchas de las presentadas ahora en Slowtrack son de hace apenas un año-, Karen se pregunta por los espacios y los rituales padecidos en ellos y, de alguna forma, no hay inocencia, vuelve a inquirir en planteamientos de sus antiguas series, tal “Belgravia” (1979-1981) o la adorada “Gentleman” (1981-1983), sobre las relaciones que en ellos se crearon. ¿Fotografías?, no. Más bien estrategias visuales que asumen la representación del deseo o los mitos seculares. Vieja aspiración de los artistas desde siempre pues al cabo, tras esa apariencia de imágenes exactas, bajo tal encantamiento, como escribimos, Karen Knorr consigue horadar las apariencias con dulzura mas sin piedad, y crear, desde la adopción de elementos de la realidad, un nuevo espacio en el que se despliega una desconocida plenitud, una suerte de epifanía transfiguradora del lugar común.

 

ALFONSO DE LA TORRE

[Alfonso de la Torre fue comisario de la exposición retrospectiva dedicada a Karen Knorr en la Universidad de Córdoba,  con ocasión del Premio Pilar Citoler, otorgado a la artista en 2011].