TERESA NAVARRO: LA SOSPECHA DE LO INVISIBLE

TERESA NAVARRO: LA SOSPECHA DE LO INVISIBLE

Texto publicado en el catálogo
TERESA NAVARRO EL COLOR, LA IMPRESIÓN Y LA EXPRESIÓN  (04/12/15-28/12/2013)
Madrid, 2013: ATENEO DE MADRID, pp. 2-7
 

Signos, trazos, manchas contenidas, medidas escrituras sobre la superficie del plano de la pintura.   Atmósfera de un mundo pictórico que, pareciendo entretejer el tiempo con los materiales clásicos de la pintura destila, aun en su complejidad compositiva, despojados silencios rothkianos.   Bolsas de silencio, -tan necesarias, que diría Rothko[1], para arraigar y crecer-, la pintura de Teresa Navarro (Baza, 1949-Madrid, 2015)[2] muestra una artista verdadera, defensora de la fe en el trabajo, que ha hecho de la tarea pictórica su único objetivo desde hace casi treinta y cinco años volviendo, a diario, impenitente, a iniciar en su estudio la brega solitaria con la pintura.   No hay arte sin obsesión, sentenciaba Cesare Pavese y, -escondido su atelier bajo las copas de los árboles, contemplado a diario el cielo madrileño-, la disciplinada pintora ha permanecido inasequible a los avatares que la vida depara prosiguiendo, sin pausa, su tarea de pintora.  Desaparece, Teresa, cuando desciende a su estudio.  En verdad, es una artista.

Es posible escribir, para comenzar, que su creación se mueve en un mundo abstracto, que es vindicado con gozosa plenitud dentro de lo que, simplificando, se podría ordenar en la abstraction lyrique o, por reiterar otro término afrancesado que me gusta, l’envolée lyrique, la marejada, el arrebato, la compulsión lírica[3] o, dicho de otra manera y más sencilla, una mirada de esencia poética sobre la pintura que le llevará, por ejemplo, a titular uno de sus cuadros “Canción imaginada” (2006), buen término y casi definitorio de ese encuentro inefable, casi numinoso, entre poesía y pintura, algo que le es propio, “canción” e “imaginación” o, lo que es lo mismo, un inquietante y feraz acuerdo entre gesto y contención, de habitual reñidos en la historia de la pintura, y así el orden de la composición se encuentra en la pintura de Navarro con un gesto contenido, sometido al rigor mental, no estando exento su trabajo de la tensión consiguiente entrambos encuentros de apariencia dispar.   Atrevida tarea la de esta pintora, valeroso su quehacer capaz de acometer, sin más, un mundo despojado de formas y colores pues, ¿hay algo más difícil, en nuestro tiempo, que trazar signos o aplicar manchas sobre el blanco espacio de la superficie pictórica?.   Empero, es posible afirmar que su abstracción es extremadamente personal, con una composición y colorido singular, ofreciendo una gama cromática de un cierto ascendente natural, frecuentando verdes, malvas y tonos tierra, también unos azules destellantes, profundos, potentes, que le significan.   Colores todos ellos que pueden virar en ocasiones, como si tal cosa, desplazándose a un inquietante reino dominado por los grises, pareciendo a veces viajar desde el citado mundo del color refulgente al murmullo del gris polvoriento, que otorga a veces una luz como de plata vieja a sus pinturas, una luz distinta, grises de la promesa[4], y que también podrían remitir a la visión de una cierta extrañeza que embarga sus paisajes de intensidad luminosa.   Sabia utilizadora de esos grises, que la pintora promueve, escribía Josep María Cadena, “para expresarse con propiedad” y que le llevan a proclamar en uno de sus cuadros otra auténtica declaración titular de principios, que vuelve a recalar en la obsesión citada al comienzo, título con aire de fogón de la pintura, de alquimia que trasmutará la nada en gozosa inmensidad: “Algo morado, algo azul, algo gris, algo obsesivo” (2007).   Pues no es este el lugar para incontenidos delirios abstractos, para el gesto sin medida o para el arrebato sin más, sino el espacio calmo para un arte que, aunque ya dijimos exaltador del colorido, de una cierta joie de vivre que a veces parece revelar a la artista en una impresionista abstracta, muestra su deseo de ordenar el mundo pictórico, manteniendo para ello unas ciertas  estructuras en el marasmo del gesto, pudiendo así decirse que se trata de una abstracción contenida, en la que domina el sabio uso del color.   Desde la defensa de la pureza de estilo, a la búsqueda de lo que podríamos llamar, emulando a Nicholson, una claridad esencial[5], su pintura es entonces un arte que enlaza con la tradición pictórica heredera de los grandes nombres abstractos del siglo veinte, en especial pueden en su quehacer hallarse ecos derivados de la estela épica de la neoyorquina action painting, desde allá finales de los años cincuenta.  Citados ya algunos precursores, algunas otras hermandades serán mencionadas líneas adelante.

Sin embargo, es posible escribir que se trata de una tradición revisitada, muy llevada a lo propio, abstracción-a-lo-Navarro, pues forma, espacio y color, se convierten en un totus desde los que la luz y ciertos signos, elevados sobre un aire misterioso, organizan el espacio pictórico de sus pinturas o collages, sustanciado este espacio en un mundo de transparencias y atmósferas, que derivan en un personal sentido de la estructura del cuadro que a veces parece comportarse con aspecto de red, trama de signos soportados en la propia estructura que comporta el espacio del cuadro.  Referidas las “atmósferas”, -“Aire” (2012) titulará, precisamente, una de sus obras-, la plenitud de la pintura citada no es más que la vindicación del más absoluto goce del color, la mencionada joie que no esquiva la meditación.  Pintura sustanciada en un agitado plano de colores donde se sugiere un mundo fantástico, exaltador de la emoción, también de la sensación y el equilibrio surgido frente a un espacio intemporal.  Otrosí, a su pintura le iría bien el calificativo de “sideral”, caro adjetivo utilizado por José María Moreno Galván en el sentido de cósmico e intenso.    Podríamos definirlo, en uso aplicado a lo pictórico, como lo que es capaz de provocar honda e intensa reflexión intelectual desde la más despojada desnudez.

La pintura de Teresa Navarro puede, como vemos, calificarse de abstracta, mas insistiremos es contenida a pesar del despliegue de signos y extensiones de color,  siendo de rigurosa composición y preocupada por cuestiones afectas al trazo.  Colorista irremisible, ya lo citamos, su pintura ha tendido hacia la depuración del color, preocupada por la exégesis creativa y el uso de un despliegue contenido de medios: viaje entre exceso y contención, pues su actuar como pintora es trazado con pasos tan medidos como sigilosos: que nada estorbe, parece sentenciar, y así podríamos decir que algunas de sus pinturas tienen ese aire zen que parecen sugerir ciertos títulos de obras recientes: estoy pensando en pinturas como “Sobre tierras japonesas” (2007) o “Tibet” (2012).   Y viene pintiparada esta cita de Shitao que sigue, en la que pienso cuando veo su obra, declarada búsqueda espiritual de la pintura, elevación del espíritu dominando la superficie del cuadro: “En medio del océano de la tinta, asentar firmemente el espíritu; ¡que en la punta del pincel se confirme y surja la vida! En la superficie de la pintura, efectuar la metamorfosis; ¡que en el seno del caos se instale y brote la luz!.  En este punto, aun cuando el pincel, la tinta, la pintura, todo, quedara abolido, el yo aún subsistiría, existiendo por sí solo.  Pues soy yo quien me expreso mediante la tinta, la tinta no es expresiva por sí sola; soy yo quien trazo mediante el pincel, el pincel no traza por sí solo.  Doy a luz mi creación, no es ella quien puede darse a luz a sí misma”[6]. Pintura inabarcable, su presencia pictórica se alza con voz propia.

Así, podríamos relacionar a Navarro con una particular escuela pictórica que ha hecho del signo y del color, un elemento de trabajo.  Y estoy pensando en otra artista, Sarah Grilo, esa pintora concentrada y alejada del mundanal ruido, creadora de un arte de sutiles grafismos.    Signos de Navarro que a veces, recuerdan, como titula uno de sus cuadros, “En la pared” (2008), la poesía escondida que puede hallarse en ciertos graffitis urbanos, irremisiblemente ya vindicados para el arte de nuestro tiempo por la luz surrealista en las fotografías de Brassaï[7].

En todo caso, en sus exposiciones de los últimos años[8], también parece Navarro referir su particular forma de entender la pintura en un mundo, el del arte, proclive a la proclama de certezas, al navegar, como hace ella, con severidad, con concentrada austeridad, entre la sutileza de los diversos matices de gris, con declarada vocación de elevar gestos de interior.   Las(sus) certezas, de este modo, pasan a convertirse en interrogaciones  y, en toda su obra, sobre el signo o el color, siempre ha existido un elemento común: el sentido constructivo, un aire ordenado.   Pintora pues tendente a un cierto recogimiento, muy fértil, inmersa en su mundo interior, -como advirtiera también, sagaz, Cadena[9]-, es, empero, solemne en la intensa envergadura de sus obras, incluso solemne en el pequeño formato de cierta zona de sus trabajos que tienen a veces, a pesar de la delgadez del formato, un aire monumental, como sucede en el conjunto de tríadas de dibujos que expone ahora en el Ateneo, mostrando es pintora crédula en el trabajo diario del estudio como esencia de su ser de artista.  Su reconocido sentido abstracto es ejercido con libertad-libérrima, si se nos permite, y no le impide hacer guiños, muchas veces surgidos desde diversos matices en el título, a cuestiones que aproximan su trabajo a una mirada sobre lo primitivo o lo tribal, algo que es sabido se encuentra en el origen de lo contemporáneo.   Ello sucede en diversos ciclos de su obra, tales a los que llevan por título “Mujeres” (2009-2010)[10] o los expuestos “Paso de cebra” (2012).   Con predilección por la singularidad de formatos horizontales[11] y verticales[12], dotados de una cierta ‘delgadez’ en el concepto.

Se trata de una meditación no exenta de audacia, -ni de “Divertimento”, como titula alguno de sus cuadros-, pues es capaz de combinar un aire grácil con enrevesadas formas de aire danzarín, propuesta de una pintura fluida pero que a la vez porta un componente de quieta densidad, de ralentización glacial de los signos, al cabo portadora de un cierto riesgo al plantear obras en las que la luminosa eclosión del color difumina las fronteras entre lo lleno y el vacío.   El cuadro pasará a mostrarse así en gozosa irrupción de los signos que se establecen en el lienzo, al modo de una epifanía de destellos de infinitud, de una disciplinada tempestad de color.   Obras que parecen exceder entonces los límites de la representación, pintura más allá de la pintura, las creaciones de esta artista son, más bien, nostalgia de un absoluto, pareciendo recordar la fragilidad de las apariencias o, quizás, preguntarnos sobre una  plenitud anterior.     ¿Hay algo más misterioso que la claridad?, preguntaba el poeta Valéry.   Hierofanía luminosa en un tiempo, el nuestro, proclive al apofatismo, sus cuadros portan un gozoso aire abstracto, son tan contundentes como exactos, y es que esta artista ha entendido siempre la pintura como una suerte de venturosa claridad,  incandescencia destilada entre la pureza de la línea y del color, al modo de un lírico destino, un sagrado embate con la luz.  Un diálogo con un aire casi empíreo frente a la pintura.     Escribió Cadena, en el texto que venimos citando, que en “el hacer pictórico de Teresa Navarro hay el afán de construir a partir de lo que aparece contradictorio. Su abstracción no es de las que descomponen lo existente para hallar el espíritu, sino que parte del mismo para que en nuestro ánimo podamos hallar la felicidad de sabernos intérpretes de la propia vida en relación con los demás. Continuamente construye y, aunque en ocasiones se muestra irónica con su condición de mujer –fijémonos en cuadros como ‘Mujer sentada con gran tocado’, ‘La más elegante’ y ‘No te conformes’- lo hace siempre dentro de su viaje en busca de la verdad, de la paz, de la permanencia de las ideas más nobles. En lenguaje simbólico creo que la pintora sigue una vía regia, la directa y más recta posible hacia la mayor presencia del espíritu de la luz a través del color”[13].

Aire pictórico evocador de un espacio cósmico, tensión de la pintura surgida en una extraña suspensión del tiempo, sus formas y colores componen un universo creativo de aspecto atmosférico, a veces como apariciones asomándose a una hondura cósmica, algo así como ofrecer un orden en las cosas o, lo que es lo mismo, elevar un cierto orden entre la pintura y el tiempo.  Citamos para comenzar a Rothko, concluyen sus palabras.  Él escribió aquello sobre cómo el curso de la obra de un artista, a medida que avanza en el tiempo, debe ser hacia la claridad, hacia la eliminación de todos los obstáculos entre el pintor y la idea, entre la idea y el espectador y alcanzar dicha claridad será, inevitablemente, avanzar hacia la comprensión del quehacer creador.

Puesta en entredicho de lo obvio, la pintura de Teresa Navarro menciona la sospecha de la existencia de lo invisible, de lo que se oculta en el mundo de la realidad.   La emoción de la percepción que es resuelta a través del universo de los signos pictóricos que le permite captar y transmitir al mundo la experiencia percibida, adivinando la impalpable certeza de las cosas.   El arte no expresa lo visible, sino que hace visible lo inefable, es la voz de Paul Klee[14].

 

BIBLIOGRAFÍA SOBRE TERESA NAVARRO (SELECCIÓN)

-Mateo Berrueta Echave, “La creación infinita de Teresa Navarro”, en “Teresa Navarro”, Centro Municipal de las Artes, Alcorcón, 2006, p. 5

-Mateo Berrueta Echave, “La desfiguración de la forma con la potencia del color”, en “Teresa Navarro”, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Alicante, 2009, pp. 5-9

-Mateo Berrueta Echave, “¿Quién es Teresa Navarro?”, en “Teresa Navarro”, Ateneo de Madrid, Madrid, 2009

-Josep María Cadena, “Teresa Navarro: El color como expresión íntima”, en “Teresa Navarro”, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Alicante, 2009, pp. 11-17

-Josep María Cadena, “Teresa Navarro y la voluntad de volver a lo primigenio”, en “Teresa Navarro”, Ateneo de Madrid, Madrid, 2009

-Joan Lluís Montané, “Teresa Navarro, la imaginación del gesto y la recreación de los estadios sutiles”, en “Teresa Navarro”, Centro Municipal de las Artes, Alcorcón, 2006, pp. 3-4

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[1] “Cuando era joven el arte era una práctica solitaria: no había galerías,  ni coleccionistas, ni críticos, ni dinero.  Sin embargo, era una edad de oro, pues no teníamos nada que perder y sí toda una visión que ganar.  Hoy ya no es lo mismo.  Es una época de inmensa abundancia de actividad y de consumo.  No me atrevo a aventurar cuál de las dos circunstancias sea mejor para el arte.  Sin embargo, sí sé que muchos de los que se ven impelidos a este modo de vida buscan desesperadamente bolsas de silencio en que arraigar y crecer.  Todos esperamos que las encuentren”.  Mark Rothko, “Aceptación del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Yale”, 1969.  En: “Mark Rothko.  Escritos sobre arte (1934-1969)”, Paidós Estética, Barcelona, 2007, p. 219 (Procede de “Papeles de Bernard J. Reis, 1934.1979”, Archivos de Arte Americano, Smithsonian Institution, Washington D.C.)

[2] Habiendo trabajado con intensidad, durante casi cuatro décadas inmersa en el mundo de la pintura, y por tanto defensora de un trabajo basado en la constancia en la presencia en el estudio, la conocida máxima kleeiana “soy pintor”, su ya dilatado quehacer fue reconocido tanto por la crítica como por su presencia en diversas salas expositivas realizando, en especial durante los últimos años, numeras exposiciones en instituciones públicas, entre las que destacarían las producidas por el Ateneo de Madrid (2013 y 2007), Centro Municipal de las Artes de Alcorcón (2006) o las realizadas en diversas sedes de la CAM (2009).    Junto a su habitual presencia (individual o colectiva) en salas de exposiciones privadas y Ferias artísticas fue estudiosa de las técnicas artísticas destacando su extraordinario conocimiento del grabado.  Colaboró también en el comisariado de exposiciones y en la gestión artística (Ateneo de Madrid).

[3] (Exposición) L’Envolée Lyrique.  Paris, 1945-1956, Musée du Luxembourg, Paris, 26 Abril-6 Agosto 2006

[4] Josep Maria Cadena, “Teresa Navarro y la voluntad de volver a lo primigenio”, en “Teresa Navarro”, Ateneo de Madrid, Madrid, 2009, s/p

[5] Citado por Norbert Lynton, “Ben Nicholson”, Phaidon Press Limited, Londres, 1993, p. 45

[6] Shitao, “Dadizi tihuashi ba” (Meishu Congshu III, 10)

[7] Y otros artistas de los signos y el color en nuestro país: José Guerrero, Joan Hernández Pijuan, Manuel H. Mompó o Albert Ràfols Casamada.

[8]

-Caja Mediterráneo, Alicante y Murcia, 2009

Catálogo con textos de Mateo Berrueta, “La desfiguración de la forma con la potencia del color” (pp. 4-9) y Josep María Cadena, “Teresa Navarro: el color como expresión íntima” (pp- 11-17), Alicante, 2009, 52 pp.

-Ateneo de Madrid, Sala Santa Catalina, Madrid, 5-23 Noviembre 2007.  Exposición mostrada posteriormente en Burgos (2008).

Catálogo con textos de Josep María Cadena “Teresa Navarro y la voluntad de volver a lo primigenio” y Mateo Berrueta, “¿Quién es Teresa Navarro?”, Madrid, 2007, 24 pp.

-Centro Municipal de las Artes, Alcorcón, 7-30 Noviembre 2006

Catálogo con textos de Joan Lluis Montané “Teresa Navarro, la imaginación del gesto y la recreación de los estadios sutiles” (pp. 3-4) y Mateo Berrueta, “La creación infinita de Teresa Navarro” (p. 5), Alcorcón, 2006, 24 pp.

[9] “(…) su pintura es perfectamente advertible que se inmersa en el mundo interior”.  Josep Maria Cadena, “Teresa Navarro: El color como expresión íntima”, en “Teresa Navarro”, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Alicante, 2009, pp. 11-17

[10] Así “Mujer con moño y dos casas” (2007); “Mujer con influencias occidentales” (2009); “Mujer con la A en verde” (2009); “Mujer joven con bolsillos en el baby” (2009); “La más elegante” (2009) o “Mujer sentada con un gran tocado” (2009).  Otras obras de la serie “Mujer” se muestran en la exposición actual, tales a “Mujer, “Mujer clásica”, “Mujer con peto azul”, “Mujer saco”, “Mujer con tirantes rojos” o “Mujer organizada”.

[11] Tal es el caso de obras como “Horizontal 1” (2011), la serie, de aire colorista y mineral, “Paso de cebra” (2012), “El 30” (2012) o “Volando un poco”.

[12] Como los expuestos “Pareja”.

[13] Josep Maria Cadena, “Teresa Navarro: El color como expresión íntima”, op. cit.

[14] Paul Klee, “Schöpferische Konfession”, en “Tribüne des Kunst und Zeit”, Vol. XIII, Kasimir Edschmid-Erich Reiss Verlage, Berlin, 1920.