PEPE ESPAÑA : VUELTA AL ORIGEN

PEPE ESPAÑA : VUELTA AL ORIGEN

EXPOSICIÓN EN LAS SALAS DE LA FUNDACIÓN ANTONIO PÉREZ EN CUENCA Y MUSEO DE OBRA GRÁFICA DE SAN CLEMENTE.
DIPUTACIÓN DE CUENCA
FUNDACIÓN ANTONIO PÉREZ, CUENCA
Inauguración: 13 Septiembre-1 Diciembre 2013 
MUSEO DE OBRA GRÁFICA, SAN CLEMENTE
12 Diciembre 2013-2 Febrero 2014
Con la colaboración de la Fundación Pepe España, Aarau

 

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Pepe España, Cuenca, 1963

¿Cómo puede un artista haber sido protagonista, residir en un lugar capital del arte de nuestro tiempo, y parecer borrarse su memoria de ese tiempo y de su geografía?.   ¿Encontrarse con los personajes de aquella época en Cuenca, con artistas como Bonifacio Alfonso, Florencio Garrido, Luis Martínez Muro, Antonio Saura, Manuel Viola o Fernando Zóbel y parecer desvanecerse su recuerdo entre la historia?.

Ese parece haber sido el caso, hasta esta fecha, de José Luis Jiménez España, Pepe España (Málaga, 1930-Biel, Suiza, 2007), quien llegado a Cuenca ya en 1963 e instalado desde 1964, permaneció un decenio capital de esa ciudad, para marchar en los años setenta a Berna, residiendo finalmente en Suiza hasta su muerte, con frecuentes viajes a su Málaga natal.

Ubicado su estudio en el corazón del casco histórico conquense, calle de San Pedro número ocho, un estudio elevado sobre la calle, apenas accesible a las miradas, taller mirador sobre el paisaje de la ciudad, también sobre la planicie que se extiende allende el río, un lugar ignoto en el que este pintor afable permanecía encerrado, ajeno a las miradas, enfrascado en la pintura durante días.    Junto a los estudios de Zóbel, Saura, Bonifacio Alfonso o Luis Muro y la vivienda de Ángeles Gasset, a unos pasos de la actual casa de Antonio Pérez o frente a la de González Ruano, que luego habitara Gerardo Rueda[1], que César González Ruano describiera como “una auténtica isla de piedra, o tal vez como un barco anclado a la orilla de este antiguo mar abolido por cuyas montañas aún encuentran los pastores estrellas marinas y caracolas fósiles.  Los gruesos muros del palacio aíslan más todo.   De todo.  Y esa tozuda idea de aislamiento es la que me ha asomado a la iniciación del gran misterio conquense: que esto es una isla intemporal en el mapa español.  Intemporal dentro de su historia y de su arqueología”[2].  Conociendo a buena parte de los artistas de eso que hemos llamado “la aventura abstracta” -o “la poética de Cuenca”, el grupo de Cuenca, en definitiva-, la presencia en la ciudad del malagueño España fue muy relevante en ese tiempo, devenir capital para el lugar y para el desarrollo de las artes en nuestro país.   De ello dan buena fe algunos hechos simbólicos.

El primero, a mi juicio, es la entrega a Pepe España, por parte de Fernando Zóbel, de una de las cuarenta medallas conmemorativas de la inauguración del Museo, concebida en 1966 por Julio López Hernández[3].   El pintor España ha señalado en ocasiones su buena relación con Zóbel y el aprecio que este sentía por sus extraordinarias cualidades de dibujante, que serían subrayadas permanentemente por la crítica.  Algo que no es extraño si conocemos la pasión que el pintor de Manila sentía por el dibujo[4], defensor insistente -y coleccionista- del mismo, vindicación del dibujo frente a lo que citaría a veces como el “amable desprestigio” del mismo en nuestro país, elogio del dibujo de todos los tiempos.   Algo que le unía al pintor malagueño, defensor de aquella clásica máxima de Da Vinci de que el dibujo es la esencia del arte[5].

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Julio López Hernández, “Medalla conmemorativa de la inauguración del Museo”, 1966, Bronce fundido, Ø 95 mm.
Fotografía: Roberto Desiré
Cortesía de Julio López Hernández

 

Incluido en un libro muy de este tiempo, escrito por Federico Muelas, “Cuenca en volandas”[6], editado por esta Diputación conquense, también ha de considerarse muy relevante su presencia permanente en la actividad artística de la ciudad, una presencia plena.   Buen reflejo de ello son sus cuatro exposiciones individuales (1966, 1968, 1969 y 1971) en la Casa de Cultura de Cuenca[7] o en galerías de la ciudad, muy dinámicas en ese tiempo, como la Sala Toba[8] (1973) cuya exposición sigue a la de Miguel Ángel Campano, o su inclusión en colectivas, como la de 1970 en la Sala Honda[9] o en otra singular, organizada por la Diputación conquense, que se mostró ya en San Clemente[10].   A ello podríamos añadir otros hechos como el ingreso en las colecciones de la Casa de Cultura o, también, del Museo de Cuenca, en 1977, de un amplio conjunto de sus obras[11].   Otrosí, el amplio eco que su presencia en la ciudad ofreció la prensa de ese tiempo.

“Vuelta al origen” es, como se ve, título más que justificado, que refiere la vuelta a Cuenca este 2013 de la obra de Pepe España, pero también, ya veremos, cómo su estancia en la ciudad no fue un hecho baladí, sino que supuso un punto crucial en su devenir como pintor, que le serviría para incorporarse, de pleno, a las vanguardias al final de ese tiempo tras su procedencia de la pintura figurativa.  Su quehacer pictórico enlazaba, en especial a partir de 1970 con el conjunto de cuadros con título “La Cinta”, no tanto con los artistas abstractos conquenses sino, más singular, ofrecía una propuesta que miraba hacia el promisorio futuro de la década de los setenta, y el futuro tiempo “multicolor” que llegaba y a las nuevas generaciones formadas al amparo del singular proceso sucedido en torno a Cuenca.   Su estancia en la ciudad coincidió con los viajes de Simón Marchán Fiz[12], y las conferencias de este en Cuenca (a la par que sus inauguraciones en la ciudad en 1968 y 1971) tituladas, respectivamente, “Las últimas tendencias plásticas internacionales” y “Evolución de las tendencias representativas. 1960-1970”, charlas ilustradas con diapositivas y agitado debate según la prensa que supusieron, sin dudarlo, para el público conquense, la posibilidad de conocer, de primera mano, el vértigo que embarcaba al mundo del arte de ese tiempo, viajero desde el ocaso del informalismo que en cierta medida protagonizaba Cuenca, hacia nuevas tendencias representativas, en las que se aunaban restos del pop, arte conceptual y povera, y una cierta reflexión nihilista.  Agitado paisaje post-informal en el que el pintor España estableció una propuesta en extremo sugerente[13], es el mundo artístico convulso descrito bien en el panfleto artístico de ese tiempo, “Arte Último”, de Juan Antonio Aguirre[14].     Así, en la charla de ese 1968, Marchán Fiz realizó un auténtico repaso de lo que podrían llamarse “nuevas tendencias” artísticas: “el arte representativo y no representativo, el pop-art, movimientos ópticos, el cool-art y otras tendencias, tanto subjetivas como objetivas (…) la disertación fue complementada con la proyección de diapositivas en color que reflejaban las nuevas tendencias del arte”[15].

El impacto recibido en nuestro pintor de esa ciudad castellana fue muy temprano, da buena fe de ello que ya en su exposición de 1963 en la Real Sociedad Económica de Amigos del País en Málaga, el artista muestre varias obras con temática conquense[16], lo cual es subrayado por la prensa:  “sus paisajes rústicos urbanos, sus expresiones pictóricas geográficas de la castellanísima y silenciosa Cuenca con su atrevido alpinismo urbano que sin miedo y poéticamente se mira en el espejo del río, ha sido plasmado por Jiménez España dejando el ir y venir de las líneas en sus juegos caligráficos y la sobriedad del color cumpliendo su sencillo cometido”[17].   A partir de este instante será frecuente que en las exposiciones sus obras reflejen el paisaje de Cuenca que parece haber impactado, notoriamente, el quehacer de Pepe España, muestra de la “borrasca de paisajes”[18], el aire descarnado que destila su aislamiento en el “silencioso y recogido” mundo conquense, donde ha hallado el “refugio para meditar y pintar” [19].    Algunos de sus dibujos de ese tiempo parecen recrear el efecto geológico sucedido en la hoz del Júcar, frente a su estudio, en especial los conocidos como “ojos de la mora”[20], oquedades tal cráteres que conforman una suerte de rostro con ojos hundidos, colgados en ese espacio singular y yermo y que Pepe España parece trasvasar a unos dibujos con aire de vanitas, confundiéndose la geología con la osamenta, esa era su participación en el libro de Muelas antes referido.   Tocones, moles pétreas, paisaje inefable, y es que el paisaje de Cuenca no era una cuestión, tan sólo, de los pintores del pasado.  Había fascinado ya a Wifredo Lam en su estadía conquense allá por los años veinte, haciendo de la arquitectura urbana de la ciudad uno de sus asuntos, “casas colgadas de la ciudad, tratadas con un cierto aire surrealizante, una luz delgada, y una ordenada composición(…).   También en algunas de las vistas conquenses hay un cierto aire a lo Friedrich: el paisaje toma un carácter espiritual, desaparece la estructura arquitectónica para instalarse un paisaje sinuoso, nada de sosiego, en permanente agitación y convirtiendo a las rocas conquenses, analizadas con hondura pictórica, como luego haría Torner, en algo más que mera materia mineral. Un paisaje a veces rozando la abstracción. Lam repitió el tema casi hasta la obsesión, recordando, entonces, algunas de su palabras poéticas, las que dice que buscan en lo hondo de la caverna del cielo[21].   El paisaje de Cuenca embargaría a nuestros abstractos: lo había manifestado Torner con unos primeros paisajes, circa 1948, de un aire a lo Durero, que se podrían relacionar -en la intensidad anímica y también en su hondura de concepción- con los trabajos de Lam sobre la ciudad antes descritos.  Torner recuperaría el paisaje en sus llamados cuadros de dos partes: una invasión magmática en una de ellas parece evocar el paisaje descarnado que el pintor contempla desde su estudio.  Dualidad de suelo y cielo, tierra y aire, lo terrenal y lo que se eleva en la esfera, es el horizonte sobre el que Saura escribiera: “durante muchos años he estado contemplando este mismo paisaje y el antifaz hipnótico entre las rocas sin percatarme que he estado pintándolo desde siempre”[22].  Es el paisaje, no nos alarguemos más, la vista, que fascinó a Muro, Sempere, Zóbel o Rueda, sirviéndose de él como motivo de algunas de sus obras.  Un paisaje que Pepe España pudo conocer también desde el paso por “El Molino”, un estudio campestre en plena naturaleza, en la carretera de la Cueva del Fraile, que tuvo un tiempo con la colaboración del mecenas Pedro Alegría.

Tampoco la reflexión provocada por la estancia en Cuenca es un hecho anecdótico para nuestro pintor, no.  Permitiría a Pepe España realizar una extraordinaria transformación en su quehacer, en sus modos de concebir la pintura y pasar de una mera narración de la realidad a través de sus obras, -personas, cosas y paisajes-, a percibir la pintura con intensidad: tal una perentoria necesidad,  “sentir la pintura de otra forma”[23]y, sin duda, influido por la agitada vida artística de la ciudad, tiene elogios para el Museo de Arte Abstracto Español, casi según se inaugure.  Así, el pintor malagueño califica de “interesante” la presencia del Museo de Arte Abstracto Español en dicha ciudad, que ha abierto el mes anterior a que pronuncie esas palabras, viviendo “rodeado de un círculo de amigos, escritores, pintores, músicos”[24]. Efectivamente, en Cuenca su estudio-atalaya es visitado por los pintores del momento.  Así, ya en 1964 relata las visitas de Antonio Gala y Manuel Viola[25].  Otros muchos personajes pasan por las fotografías que se conservan en ese tiempo, convirtiéndose su estudio en “un verdadero nido de artistas”[26].   Entre otros, Francisco Moreno Galván o José Menese, en 1969, con ocasión de un concierto en la Casa de Cultura conquense, músico éste vinculado a las artes plásticas desde su amistad con los Moreno Galván, los de la Puebla de Cazalla[27] y el aprecio que por él sentía, bien conocido, la galerista Juana Mordó.  En las fotos de ese tiempo hallamos también a Bonifacio Alfonso o Florencio Garrido, compartiendo horas en su estudio.

 

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De izquierda a derecha: Antonio Pérez Guerrero “El Sevillano”, José Menese, Pepe España, Carmen F. y Diego Clavel. Cuenca, 1969

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De izquierda a derecha: Diego Clavel, Pepe España, José Menese y Florencio Garrido, Cuenca, 1969

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De izquierda a derecha: Pepe España  junto a Francisco Moreno Galván  y Florencio Garrido, Cuenca, 1969

De alguna forma, el pintor España se convierte en transmisor de los hechos que suceden en Cuenca hacia ciertos ámbitos artísticos, en especial los de su localidad natal, subrayándose allí que “Jiménez España busca en la silenciosa Cuenca poemas para sus pinceles”[28].   Tras residir en la ciudad de las hoces casi desde hace cuatro años, recibir la frecuente visita de la escéptica crítica malagueña, a finales de 1967 adquiere un estudio propio que reforma con la ayuda del aparejador Ricardo Sáiz Verdú[29].  En muchos de sus trabajos recibe la ayuda técnica del omnipresente carpintero del Museo y sus artistas, el “señor artesano” le llamaba Zóbel[30], Domingo Garrote[31].  El pensamiento de Pepe España es claro, allí medita vivir largo tiempo: “he comprado un estudio en Cuenca, en la parte alta y antigua de la ciudad.  En Cuenca yo he pintado mucho, he hecho exposiciones que han sido muy apreciadas por todos y tengo grandes amigos.  Me voy a quedar durante un largo tiempo, quizá años, y allí quiero, si es posible, dar toda la madurez a mi obra (…) Cuenca es muy solicitada por todos los pintores y los más importantes tienen allí su casa y su estudio”[32].  O, de otra forma: “Cuenca es una ciudad que invita al trabajo, a la meditación, al reposo y al sosiego.  Todos estos elementos conjugados, influyen poderosamente en conseguir una labor que considero muy fructífera para mí”[33]

La prensa madrileña subraya su estadía en Cuenca cuando el artista expone en Madrid, en la galería Toisón, en 1968.   De alguna forma, proceder del retiro conquense es carta de presentación para la crítica madrileña, que ve la bulliciosa Cuenca, -“el lugar está lleno de pintores” había subrayado Zóbel-, desde la tranquila vida capitalina.  O, en palabras de Sánchez Marín, una ciudad “tan integrada en los movimientos actuales”[34].    El propio crítico había destacado en “Goya” que “los cuadros (…) le acreditan en la doble vertiente de lo dibujístico y lo pictórico. Desde su estudio en Cuenca, lugar donde callada y perseverantemente labora, Pepe España está aportando una obra del mayor interés, que reclama gran atención por los aspectos singulares que posee”[35].

Lugar, Cuenca, en el que las técnicas gráficas adquieren gran importancia por la presencia editora del Museo abstracto[36], un Museo que, por vez primera, pone en pie un incipiente “merchandising” del arte contemporáneo, algo que ahora está a la orden del día en los museos de nuestro tiempo: cuidados carteles, repertorio de postales, pequeñas ediciones de libros o cortas ediciones de grabados[37].  Eusebio Sempere y Abel Martín son responsables de la incorporación de la serigrafía al Museo, desde su llegada a España en plenos sesenta, realizándose la primera edición en 1964[38] y Antonio Lorenzo ha conocido las técnicas de grabado en Paris de la mano de Bernard Childs, a quien ha visitado en 1962[39].    Así puede explicarse que el único grabado concebido por nuestro artista sea realizado en 1968 en la ciudad, es Bonifacio Alfonso Gómez, “Bonifacio” quien, recién llegado ese año a Cuenca, le enseña la técnica[40] y Antonio Lorenzo lo estampa, presidiendo, como se ve, las paredes de su estudio[41].   Tres artistas juntos, a los que les unía, además, ciertas notas comunes, en especial la pasión por el signo, por la grafía, por una cierta estirpe elogiadora de la escritura trasvasada a la pintura.  Mundo con ecos de la surrealidad, combatientes de los medios expresivos, defensores de la aventura del pintar, del testimonio vigoroso del pintor: una pintura es buena cuando hay lucha, escribiría Bonifacio[42], tres artistas reunidos en la consideración de la figura como punto de partida de su especial deconstrucción de la pintura.

 

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Encuentro en el estudio de Pepe España: con Bonifacio Alfonso, Carmen Flores y Ángel Cruz.
Cuenca, 1969

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Encuentro en el estudio de Pepe España: con Ricardo Sáiz, Carmen Flores y Ángel Cruz.
Cuenca, 1969

A Pepe España, desde el impulso que su creación ha recibido del feral contacto conquense, se le toma en serio en la otra capital artística de nuestro tiempo, que ese tiempo es, sin dudarlo, Madrid.   Las críticas sobre su pintura pasan de ser locales, -de sus dos “tierras”, Málaga y Cuenca-, a nacionales.   Si hemos citado a Sánchez Marín en “Goya”, hemos de referir el impacto que su trabajo causa a otro crítico de ese tiempo, Joaquín Castro Beraza, al ver sus obras expuestas en 1968 en una céntrica galería madrileña: “Toisón”[43]. Y es que, sin dudarlo, ese año fue capital en el quehacer del pintor España.

Simón Marchán Fiz escribió el catálogo de su exposición en Cuenca, la mayoría obras creadas ese año y, por vez primera, el análisis sobre su trabajo deviene en artístico, intenso, inmerso en la crítica de arte, contextualizado con las corrientes de su tiempo, -alejado de la anécdota y de una cierta floritura del Sur, que hasta esa fecha había padecido el pintor España-, comenzando el último crítico citado su texto por una afirmación taxativa, a modo de aviso para el futuro: “la pintura de Pepe España no es juego esteticista y sedante”, para añadir que “las obras más interesantes son las últimas. El singular se abre a los demás, aunque sea negativamente. En éstas no se plantea de forma explícita el problema de la comunicación entre los seres, sino sólo implícitamente. El ser aislado se encuentra tal vez por causalidad con otros y, al proyectarse hacia ellos, no encuentra más que sombras insolidarias. Protesta sin obtener respuestas, ni siquiera ecos. Las sombras que podrían ser solidarias, o son indiferentes (con tonos neutros) o se vuelven amenazadoras (tonos rojos). Formalmente el singular solitario es siempre el personaje temático central. Sólo en algún cuadro varios seres corren el mismo destino, portando pesadas cargas. Sombras negras se ciernen sobre ellos, poderes invisibles les controlan. Tal vez, alguna vez se percaten de que podrían dominar a esas sombras, que ya no son las suyas, sino las de sus semejantes, aunque enemigos. La obra de España puede adscribirse al movimiento expresionista y como es frecuente entre nosotros, este expresionismo es trágico y de cariz realista. El problema, por tanto, es como hacer compatible un lenguaje plástico de índole subjetiva y vivencial con la objetividad concreta y la conciencia del realismo”[44].

La crítica percibe la singular posición de los trabajos del pintor malagueño pues nuestro creador se encuentra ya en otro camino, ha abandonado la figuración para instalarse en un mundo “adscrito al campo expresionista (…) un inquietante mensaje social”[45]. Él mismo redunda en la percepción de dicho cambio de estilo: “estos cuadros no van a parecer en absoluto por su realización, a lo (…) anteriormente realizado por mí”[46].

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Pepe España, Cuenca, circa 1972

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“La Revue Moderne des Arts et de la Vie”, Paris, 1/III/1970

Al interés que suscitan sus obras, se suman otros muchos críticos de ese tiempo. Es el caso de Manuel Augusto García-Viñolas[47], siendo internacionalmente su obra reseñada por “La Revue Moderne des Arts et de la Vie”[48] por Gislaine Brousse y Véra Manuelle: “sus curiosas composiciones merecen una atención particular.  En un enredo esquelético, en el que la desnudez es acompañada de una infinidad de telas de araña, puede leerse allí la robusta complejidad de un mundo en búsqueda, enfrentado a su propia fragilidad”[49].

En fin, ese exitoso tiempo en la construcción de su personalidad como artista, 1968-1969, se cierra con un lance de salud en el último trimestre de 1969, que le aleja temporalmente de Cuenca y, quizás tenga que ver con la utopía de instalar un estudio junto a Florencio Garrido[50] en plena naturaleza, próximo a la ciudad, en Palomera, que proyecta en 1971, justamente el año en que es reclamado desde Suiza con una beca para hacer sus trabajos.

A partir de ese tiempo, su obra se encuentra plenamente integrada en la vida artística, tanto madrileña como conquense.  Faltando Sevilla, otra ciudad que, en esos años, tiene gran actividad en lo contemporáneo, pues será una de las extensiones de la influencia conquense, liderada por el contacto de Carmen Laffón con los pintores de la ciudad de las hoces y los frecuentes viajes de Zóbel, quien tendrá allí su estudio[51].  Allí llega en 1970 la obra de Pepe España[52] y el crítico de “ABC”, Manuel Olmedo, adivina el nuevo rumbo de su quehacer, en el que su obra, de tendencia expresionista, encuentra motivos abstractos inundados de una luz de carácter poético[53].  Su presencia en una colectiva en Cuenca, de ese mismo año, muestra algo del “aire” del nuevo tiempo conquense, eso que en ocasiones hemos llamado “la estela de Cuenca”, el efecto producido por la inauguración de un Museo que había comenzado su actividad seis años atrás: Gerardo Aparicio, Ángel Cruz, Mitsuo Miura y Luis Muro son algunos de sus singulares compañeros de ese viaje expositivo en la Sala Honda[54].

Pero sin lugar a dudas, como ya reseñamos, la incorporación de Pepe España a la pintura de su tiempo se produce con la serie de “La Cinta”, catorce cuadros realizados en 1970, a los que incorporará otras ocho pinturas realizadas ya en Suiza a modo de epílogo de la serie, en 1972,  titulada “La Serie de la Cinta Roja”.  En “La Cinta”, pinturas acrílicas sobre tablero, alejándose de otros soportes y medios tradicionales frecuentados hasta ahora, se produce un singular encuentro, muy acertado, entre diversas cuestiones que bullen en las corrientes artísticas esos años: mirada sobre lo pop, aire conceptual, nueva figuración, ecos de la imagen fotográfica, reflexión metafísica sobre el sujeto sometido al cerco de la cinta. Desde un primer hallazgo figurativo, algunos de esos cuadros llegan hasta la abstracción y parecen anunciar algo así como la narración de un suceso de reflexión en torno a cuál sea el objeto del arte, algo también muy de su tiempo: el cuadro dentro del cuadro, deviniendo algunos plenamente abstractos.   De formato en muchos casos cuadrado, algunos parecen apuntar reflexiones metartísticas: dentro del cuadro se pinta en ocasiones otro marco, una suerte de anuncio de caja o ventana, en cuyo interior se ubican otras formas: “pinto mis ideas”[55], subraya entonces taxativo el pintor España.  Cuadro dentro del cuadro, reduplicación de la imagen, ¿ventana o marco?, ¿pintura o espejo?, reflexión melancólica que ha viajado con la historia de la pintura: Sánchez Cotán, Vermeer, Dègas, Gauguin, entre otros.   Conciencia sobre el arte, indagación sobre qué sea ese enigma llamado imagen, reflexión sobre los límites, negación de los mismos.  Viaje de dentro a fuera o viaje de fuera a dentro.  Reflejo, en todo caso, que parece recordarnos que la imagen ha de referir siempre a otro lugar ignoto, pareciere que recuerdo desvanecido.  Este recurso se multiplica cuando el cuadro cobija en su interior la memoria de otra pintura, al modo de la sombra de una sombra, desafío en torno a lo fugaz y complejo del proceder artístico[56].

Las obras de “La Cinta” son recogidas en una pequeña publicación monográfica que escribe Simón Marchán Fiz[57], y que puede considerarse la “tesis” de las pinturas de “La Cinta”.  El crítico, que ha conocido a fondo a ese hombre, -taciturno y huidizo, mas afable; obsesionado con la pintura[58] pero amigable y tímido-, zanja con sentencioso acierto que esta serie supone un nuevo cambio de rumbo en el quehacer de España, un “hito” escribe, pues hay un “antes” y un “después” señalará también, y su artículo se convierte en “tesis” del asunto.       Renunciando a su querencia por un despliegue barroco de las líneas, dejando a un lado su tendencia a lo sinuoso, al elogio de la curva, a la abundancia escritural o sígnica, el pintor conviene en un ascesis de formas y medios expresivos, planteando lo que Marchán Fiz llamará “unas áreas cromáticas disciplinadas y sumisas”.   Creación que se subordina a las formas que el pintor España propone, el resultado tiene un aire abstracto, de hondo rigor geométrico, un “estilo” que sin duda le permite al crítico zanjar que supondrá la apertura de una vía “inédita” en el quehacer del artista, a la par que anuncia presagiador cómo su trabajo “sintoniza con los nuevos aires de la figuración objetiva, que marcará la década de los años setenta”[59].   Realizadas, ya se dijo, en el último semestre de 1970, anunciadas a la prensa en enero de 1971, Pepe España parece reservar la exposición de estas obras a un contexto adecuado, y no las mostrará hasta que llegue el momento.   Expone en dos ocasiones en La Laguna, en la sala Conca, ese 1971 y, entre tanto, las obras de “La Cinta” permanecen en su estudio.  Empero, el 15 de mayo de 1971 inaugura, en la Casa de la Cultura de Cuenca la exposición de estas pinturas, que son anunciadas en el título del proyecto: Pepe España-Serie de la cinta, y que tras el éxito indudable muestra luego en Málaga en el verano.  El año siguiente Pepe España llega, becado, a Weier Rothrist.  Será el comienzo de ese su segundo viaje artístico y personal ansiado[60], y definitivo, pues fallecerá en Suiza.

Esa reserva, hasta mostrar “La cinta” en Cuenca, parece redundar en la consideración de este artista afable, jovial y hondo, que se tomaba la vida tan en serio, y así ese 1971 declarará: “El arte es una gran responsabilidad.  Hacer arte es muy serio.  Cuando pinto, me encuentro indudablemente ante un problema del que trato de tomar conciencia”[61].

En fin, llegado a este punto, de tal claridad en su devenir como artista, parece lógico que la casa Rivella International le invitase, formalmente, en enero de 1972, ofreciéndole la posibilidad de hacer su trabajo en Suiza, que luego expondría individualmente.    Su inmediata marcha a Weier Rothrist y posteriormente a Berna, al estudio de Junkerngasse 13, supone el alejamiento definitivo de Cuenca y el abandono de un tiempo que, para su quehacer ha sido memorable.    En Junkerngasse, de nuevo entre los meandros de un río, el Aar que le acompañará en su trayectoria, otra vez entre edificaciones medievales y casas colgadas en terrazas ubérrimas[62], crecerá como pintor, incorporando muchos elementos de un lenguaje que había comenzando a fraguarse en la soledad conquense.   Me estoy refiriendo tanto al epílogo de “La Cinta” como a la serie de dibujos sígnicos que también iniciara en la ciudad de las hoces.   Llamadas las series de “Cuenca” y “Berna”, suponen la verdadera puesta en pie de una singular inteligencia de la grafía: signos que, al modo de una deconstrucción de la figura, se establecen con una caligrafía minuciosa, que le emparentará con una cierta escuela linealista, de pintores amantes de la línea, capaz Pepe España de establecer un discurso pictórico con la puesta en pie de una suerte de explosivo centro de líneas.   Frenético quehacer el de este tiempo, en el que la paleta se ha reducido al negro de la tinta con que realiza los signos, y unos controlados toques de color, de aire informal.    Signos que le emparentan con la herencia de las escrituras kleeianas; el automatismo del breve Wols; el despliegue de líneas del frenético Michaux; las caligrafías emuladoras de los inquisidores de Millares, el frenético Torquemada o, más cerca de nuestro pintor, el encuentro con las finas grafías disciplinadas de Ángel Cruz o el desparpajo del Bonifacio revisitante de los Cobra.  Algo que queda claro, también, en un par de dibujos que ahora han vuelto al origen conquense, me estoy refiriendo a su serie de “Cabezas de Cuenca”, de la que se muestran “Cabeza de niño” (1970) y “Pensador Marino” (1971) en esta exposición, dos obras también que parecen mirar hacia le Monsieur en face, en este caso de Pepe España, Antonio Saura[63].   Cabezas desmesuradas, con algo de elegíaco, de denodada brega con el signo y el color, retratos imaginarios sin cuerpo ocupando la totalidad del dibujo, que parecen estallidos de luz de aire brut, metamorfosis de un monstruo de signos lanzados a la inmensidad del espacio pictórico.

El año 1971, pues, supondrá su marcha definitiva a Suiza, donde permanecerá, yendo y viniendo a su Málaga natal, durante otras tres décadas, siendo en este punto fundamental el encuentro, primero, con Andreas Röthlisberger[64] a quien ya encontrara en Cuenca y, después, con su mujer Rosmarie Laubscher.

De alguna forma, la consagración de su nombre en nuestro país, en el contexto artístico de ese tiempo, será la exposición individual dedicada a sus dibujos, 1974, en la galería de Fefa Seiquer, sala en la calle de Santa Catalina de Madrid, frente a su Ateneo, que, junto a Juana Mordó, fue una de las impulsoras de los artistas del grupo de Cuenca, recordemos es la galerista que acompaña al coleccionista norteamericano Doctor Amos Cahan en su estancia en Madrid[65].   María Josefa Martínez Seiquer sería singular lideresa de un grupo de artistas que no estaban tutelados por la omnipresente, en ese tiempo, Juana Mordó, con una cierta mirada filoconceptual.  Que el nombre de Pepe España fuera incluido en una nueva vuelta de tuerca colectivo en esa sala, bajo el título de Actualidad del informalismo (1974), que presenta en la inauguración Santiago Amón, redunda en lo dicho sobre hasta qué punto el pintor era considerado, en el Madrid de ese tiempo, un creador consagrado.

Manuel Augusto García Viñolas, Elena Flórez o Mercedes Lazo, críticos entonces muy activos, dedican amplios elogios a su obra, subrayando los dibujos.  Especialmente significativo me parece el juicio de Elena Flórez, quien sentencia que el quehacer de España supone una sorpresa frente a la fatiga del dibujo picassiano o el gesto del arte informal[66] o que García Viñolas subraye el espacio vacío que cuenta entre el agitarse sígnico de sus dibujos y considere su propuesta “muy válida”[67].

Pepe España tiene ya su estudio en Suiza, abandona Cuenca, donde expondrá individualmente en 1973, en lo que puede considerarse su último proyecto en la ciudad.     Tras su reconocimiento en la capital, su ciudad natal le dedica una amplia exposición en 1975 y otra en 1978[68].   El pintor que partió de Málaga con un claro referente figurativo, retorna veinte años después, con un estilo propio, habiendo sido protagonista de su tiempo.  Así lo recoge, incluso en su título, José Mayorga, uno de los habituales escritores sobre su obra en esos años: “este artista abstracto, pero comprensible; porque de todo su estilo se desprende la melodía de lo rítmico, la aliteración de líneas, de figuras geométricas que se aquietan en una parcela del cuadro, o se multiplican y retuercen, pero conservando una unidad, superior, en el cuadro en el conjunto, que sintetiza con ello un idioma de la plástica (…) ha encontrado en la abstracción otra fuerza interpretativa que no niega –sino que potencia- sus anteriores etapas figurativas”[69].  Tras el agitado tiempo en Cuenca, le esperarán una treintena de exposiciones individuales en Alemania y Suiza, y un extraordinario reconocimiento en centroeuropa.

 

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Pepe España, Autorretrato, c. 1965               Pepe España, c. 1980

Pasión por los cuévanos, por las cuencas vacías de los ojos, pintados desde los sesenta; por los retratos de personajes sin ojo; por los globos oculares monstruosos, deformes, de sus cabezas conquenses; por los ojos deliberadamente agigantados y únicos de algunos de sus retratos; por los retratados que ocultan alguno de sus ojos.   Al final de sus días, perdida la vista en 2001[70], el pintor España siguió pintando.   Nueve de esas pinturas de este lúcido pintor sin visión, se muestran ahora en Cuenca, con ellas es posible adivinar la estirpe de este artista de trazo adelagazado que, sin vista, transforma su pintura en una música de bandas verticales, muy en el aire, como él decía, de buscar la luz.   Enunciados aurorales, otrora nocturnos, siempre metaluminosos en sus títulos.

Asombra pensar el aire de vaticinio, de augur, que hay en su trabajo, este pintor de ojos ausentes, que ya en su exposición en el casino de Marbella presentaba un autorretrato cuyo ojo, casi el medio rostro, era velado: 1965; algo que también subraya José Mayorga, al llamarle “Polifemo de sí mismo”, en 1980[71], o Josef R. Rast cuando presente su obra en 1972[72]o Angelo Calabrese, 1997[73].  En este punto, un presagio similar al que otro artista, Victor Brauner, hiciera en los años veinte sobre la pérdida de su ojo, suceso acaecido luego en 1938; o el negro vaticinio, recuerdo también ahora, de Oscar Domínguez y su novia pianista, la polaca Roma, de manos cortadas.  Ojos, en Pepe, que ya Marchán Fiz adivinó, eran símbolo de petrificación: “su fondo vacío se identifica con su sombra”[74].

Concluyendo: si justificado es el título “vuelta al origen”, no lo es menos subrayar que es, pues, vuelta a Cuenca.

 

PEPE ESPAÑA VUELTA AL ORIGEN-1 web 11
Pepe España, Cuenca, circa 1970

 

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[1] “En la Semana Santa de 1964 tienen estudio en la ciudad, además del conquense “de nacimiento y convicción” -en palabras de Fernando Zóbel- Gustavo Torner: Rueda, Saura, Sempere, Lorenzo, Millares, Mompó y Gabino.   Una nota de Zóbel de estas fechas recuerda, además de los antedichos, a Pablo Serrano, Alberto Greco y Juan Adriansens en Cuenca: el lugar está lleno de pintores, absolutamente repleto”.  Alfonso de la Torre, “La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español”, Fundación Juan March, Madrid, 2006, p. 236.  Vecina, también, de Pepe España, la crítica Mercedes Lazo.  El asunto de la vecindad, y su estancia conquense, está referido con hermosa concisión también en: Rafael Alcalá, “Tránsito del pintor Pepe España”, Biblioteca General Corona del Sur, nº 4, Málaga, 1998, pp. 5-10

[2] César González Ruano, “Guía de Cuenca y principales itinerarios de su provincia”,  fotografías de Francisco Catalá Roca, Planeta, Barcelona, 1956

[3] Julio López Hernández, “Medalla conmemorativa de la inauguración del Museo”, 1966, Bronce fundido a la arena, Ø 95 mm.  Edición del Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca.

[4]  Manuel Fontán del JuncoCelina QuintasDaniel Sepúlveda, “A life lived through drawing.  The sketchbooks of Fernando Zóbel”, “Master Drawings”, vol. 51, nº 1, Londres-Nueva York, 2013, pp. 87-104

[5] La cita y el encuentro con Zóbel están narrados por Pepe España y recogido en el documental: “Pepe España. Ein Leben für die Kunst-Ein Portraät von Valerie Hefermehl”, Fundación Pepe España, 2008.  “Conocí a los abstractos -subraya en esta película el pintor- y, entre ellos, yo era el único que hacía un realismo expresionista”.

[6] Con Prólogo de Gerardo Diego, Diputación de Cuenca, Colección Almenara, 1968.  La participación de Pepe España, en p. 27

[7] Casa de Cultura, Pepe España, Cuenca, 15-30 Julio 1966; Pepe España expone en Cuenca, Cuenca, 2-15 Noviembre 1968; Pepe España. Pintura 1969, Cuenca, 2-15 Noviembre 1969 y Pepe España-Serie de la cinta, Cuenca, 15-31 Mayo 1971

[8] Sala Toba, Pepe-España, Cuenca, 10-31 Octubre-(3 Noviembre 1973)

[9] La sala era dirigida, en ese tiempo (1969-1971), por el artista Luis Muro (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1937). En ese tiempo un artista que conoció y trató a Pepe España.  Muro se hallaba próximo, en su quehacer artístico, tras retornar de Londres, a experiencias conceptuales. Conversaciones del autor con Luis Muro. 2 y 3/VII/2013.

[10] Sala Honda, Aparicio, Casado, Cruz, Escutia, España, Forriol, Giménez, Miura, Muro, Olivares, Pérez, Sahuquillo, Cuenca, 25 Julio-23 Agosto 1970 (colectiva) y Diputación Provincial de Cuenca, Exposición de Artes Plásticas-Semanas Culturales de Primavera, Motilla del Palancar, Huete, Cañete y San Clemente (Cuenca), 1970 (colectiva).

[11] El asunto está referido en nuestra Cronología, en esta publicación.

[12] En este texto queda reseñado que fue fundamental, en el devenir de Pepe España, su encuentro con Simón Marchán Fiz.

[13] Conferencias de Simón Marchán Fiz, bajo el título “Las últimas tendencias plásticas internacionales” (2/XI/1968) y “Evolución de las tendencias representativas. 1960-1970” (15/V/1971).

[14] Juan Antonio Aguirre, “Arte último. La “Nueva Generación” en la escena española” (1969), Reedición facsimilar de Alfonso de la Torre, con textos complementarios. Dos volúmenes. Diputación Provincial de Cuenca-Fundación Antonio Pérez, Cuenca, 2005

[15] AAVV, “Exposición de Pepe España”, “Diario de Cuenca”, Cuenca, 3/XI/1968

[16] Real Sociedad Económica de Amigos del País, Óleos y dibujos. J. Jiménez España, Málaga, 1963

[17] Francisco López Martín, “José Jiménez España y sus obras, en la Sociedad Económica de Amigos del País”. S.f. Artículo de prensa en archivo del artista (sin especificarse medio de publicación). También lo subrayaba Leovigildo Caballero, “Jiménez España, en la Económica”. S.f. Artículo de prensa en archivo del artista (sin especificarse medio de publicación).

[18] Francisco Zueras, “Pinturas de Jiménez España”, “Informaciones”, Córdoba, 26/I/1965

[19] Francisco López Martín, “Exposición de Jiménez España en el Casino Municipal de Marbella”, VIII/1965. S/f. Artículo de prensa en archivo del artista (sin especificarse medio de publicación). Posiblemente “La tarde”, Málaga.  “Jiménez España es un pintor costumbrista, un pintor de almas corrompidas y viciadas por los azares de la vida.  Es un pintor que nos muestra plásticamente crudas y dramáticas páginas de un descarnado libro de Carrere (…) Y es que Cuenca, ciudad de poetas, es un pequeño mundo, silencioso y recogido, que invita a la profunda meditación, a las más hermosas y bellas abstracciones del espíritu”.

[20] “(…) páramo cuasi metafísico, extendido hacia el infinito, iluminado en la noche por la Osa Mayor, dominado por montañas de aspecto monstruoso y amenazante, los “ojos de la mora”, desierto castellano no exento de una nota surreal”.  Alfonso de la Torre, “Gerardo Rueda. Sensible y moderno.  Una biografía artística”, Ediciones del Umbral, Madrid, 2006, p. 35

[21] Alfonso de la Torre, “La poética de Cuenca”, Centro Cultural de la Villa de Madrid, Madrid, 2004, pp. 13-14

[22] Ibíd. p. 20

[23] Rafael Herrero, “Jiménez España, un pintor que eligió Cuenca para desarrollar su arte”, 3/VIII/1966, p. 4. Artículo de prensa en archivo del artista (sin especificarse medio de publicación). Escribe Rafael Herrero: “hemos visto la exposición que Jiménez España ha montado en la Casa de Cultura (…) en sus cuadros notamos cierta influencia conquense”.  Ibíd.

[24] Raúl de Montemar, “Crónica de Madrid-Pepe Jiménez España y la presencia de Málaga en Cuenca”, “Hoja del Lunes”, Málaga, 1/VIII/1966

[25] Manuel Robles López, “Pepe España pintor.   Diálogos desde la distancia” (1997-1998), Málaga, 1998 (Inédito), p. 20.   Archivo de la Fundación Pepe España.

[26] Raúl de Montemar, “Pepe España va a llevar Los Verdiales a Cuenca”, “Hoja del Lunes”, Málaga, 28/VIII/1971

[27] Procedentes de La Puebla de Cazalla (Sevilla).   En el estudio de Pepe España en Cuenca se grabó uno de los inefables capítulos de “Rito y geografía del cante” (RTVE, 1971-1973), con la presencia de Diego Clavel y José Menese, entre otros.

[28] Rafael Herrero, “Yo sé de Jiménez España”, texto en el catálogo de la exposición: Casa de Cultura, Pepe España, Cuenca, 15-30 Julio 1966.  Francisco López Martín, “Perfil pictórico de nuestra ciudad”, Málaga, 12/X/1966. Artículo de prensa en archivo del artista (sin especificarse medio de publicación).  “(…) llega hasta Cuenca, y corre por sus descosidas calles, por sus penitentes faroles. Admira las rocas agrietadas por donde la hiedra, con pretensiones de grandeza, se aúpa y aúpa las casas del Castillo. Le impresionan las destartaladas fachadas, las puertas con mujeres tricotando, las zagalas que lavan en el río o que hacen encaje de bolillos en la acera. Le interesa el niño del parque que, llenos sus dedos de arena los lleva hasta la nariz para después chuparse el moco”.

[29] Ricardo Sáiz Verdú (Cuenca, 1917-2004).  “Y no solamente es noticia por esto, sino porque, y después de grandes esfuerzos, ha encontrado un estudio en Cuenca. Lugar que será de trabajo y tertulia, de borracheras intelectuales, de madrugadas con cazalla, de buenos amigos. Nos alegramos infinito. Cuenca, los conquenses, contamos con un nuevo huésped. Bien venido sea”.   “Claudio”, “Pepe España”, “Diario de Cuenca”, Cuenca, X/1967. S/f, artículo de prensa en archivo del artista

[30] Fernando Zóbel, en el Primer Catálogo del Museo, “Colección de Arte Abstracto Español. Casas Colgadas. Museo. Cuenca”,  Cuenca, 1966

[31] Su familia conserva dos obras de España, fechadas en 1968 y 1969, en su colección.  Conversación con Antonio Garrote. 27/VI/2013

[32] Raúl de Montemar, “El malagueño Pepe España, tras el éxito de su exposición en Madrid, monta estudio en Cuenca”, “Ideal”, Granada, 2/XI/1967, s/p

[33] Raúl de Montemar, “La ‘Serie de la Cinta’ se fue para las Islas Afortunadas”, “Ideal”, Granada, 3/I/1971.

[34] Venancio Sánchez Marín, “Crónica de Madrid”, “Goya. Revista de arte”, nº 87, Madrid, X-XI/1968, p. 198

[35] Venancio Sánchez Marín, “Crónica de Madrid”, “Goya. Revista de arte”, nº 86, Madrid, IX-X/1968, p. 123

[36] Sobre la importante labor editora del Museo de Cuenca, que disponía de un taller de estampación a disposición de los artistas, escribe Arturo Sagastibelza en  “Las ediciones del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca” (Universidad Complutense. Madrid, 1997, p. 28): “la largueza y amplitud de este empeño editorial, ejercido -no lo olvidemos- desde un pequeño museo privado, carente de los recursos económicos y burocráticos de una institución oficial, no puede dejar de asombrarnos. El Museo había conseguido no sólo la mejor y más coherente colección de arte abstracto español contemporáneo, incomparable con los desmadejados intentos de los museos oficiales, sino la creación de una verdadera vida cultural en torno a él, de una actividad editorial increíblemente rica y selecta, y todo ello gracias al entusiasmo de un reducido grupo de pintores ajenos a la oficialidad”.    José María Ballester también destaca en “Los años 60, parte de nuestra identidad” dicha labor editora: “su impacto fue enorme en una sociedad -hay que decirlo- que no salía de su asombro.  Puede afirmarse que fue en este museo -con sus numerosos visitantes, sus ediciones de obra gráfica, sus tarjetas postales y sus catálogos- donde el arte abstracto español dejó de ser elitista y minoritario para convertirse en fenómeno de masas” (“Madrid. El Arte de los 60”. Comunidad de Madrid, Madrid, 1990, p. 92).  Julián Gállego en “Carpeta de Aniversario”, escribe que “las cuidadísimas ediciones de libros y estampas realizadas en las propias “Casas Colgadas” han extendido el nombre de Cuenca a los coleccionistas más exigentes del mundo entero” (“ABC”. Madrid, 6/VI/1991).  El propio Fernando Zóbel declaraba en 1978 que “cuando se creó el Museo, hace quince años, no existía en España interés por la obra gráfica.  No había forma se llevase algo sobre papel (…).  Diez años más tarde en España (…) la obra gráfica ha inundado y creo que en ese cambio de actitud del público ha cumplido un gran papel el Museo de Arte Abstracto de Cuenca” (“El País”. Madrid, 8/III/1978).

[37] Alfonso de la Torre, “La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español”, op. cit.

[38] Ese año se realiza la primera serie de serigrafías del Museo con obras de: Antonio Lorenzo, César Manrique, Manuel Millares, Manuel Hernández Mompó, Gerardo Rueda, Eusebio Sempere, Gustavo Torner y Fernando Zóbel.     La de César Manrique es la primera de las editadas, en los primeros días de 1964.  Transcribimos el texto introductorio del  “Catálogo de la obra gráfica editada por el Museo de Arte Abstracto Español. 1963-1973” (inédito): “Aunque el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca no abrió sus puertas hasta 1966, sus obras de planificación, transformación y alguna de sus actividades, entre ellas las ediciones de obra gráfica, se empezaron a preparar en 1963”.

[39] Antonio Lorenzo, Gerardo Rueda y Fernando Zóbel viajaron en octubre de 1962 a París.  A partir de ese momento Lorenzo comienza a interesarse por el grabado, ocupándose de algunas de las primeras ediciones gráficas del Museo de Arte Abstracto Español y de los artistas vinculados a éste.  En ese viaje visitan al artista ruso-norteamericano Bernard Childs (1910-1985), quien les inicia en las técnicas del grabado [narrado por Lorenzo en “Antonio Lorenzo. Obra gráfica 1959-1992”, catálogo de la exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Bilbao, 1992, p. VII. Éste fecha el encuentro en 1960.  El catálogo de la exposición de Zóbel en el MNCARS (2003) documenta el encuentro en 1962 basándose en lo escrito por Zóbel: “Antonio y yo viendo grabar a Childs. Le impresionan los aguafuertes de Antonio –‘only two weeks’.  Detalle: desde entintar una plancha hasta que acaba de pasarla por el tórculo tarda dos horas y media.  No desperdicia movimientos.  Entinta con espátula y limpia con papel de periódico.  El proceso de entintar es como si pintara cada plancha.  No hay cosa más bonita que ver a alguien hacer algo que sabe hacer de veras.  Bernard usa más la cabeza en entintar una plancha que la mayoría de los pintores que conozco emplean en pintar un cuadro. (No le gusta el aguafuerte, lo encuentra indirecto).  Salimos a la calle atontados, con la cabeza llena, y nos vamos a Charbonnel a comprar materiales” (p. 218)].  Adquieren el primer tórculo del Museo de Arte Abstracto Español.    Bernard Childs, a quien Zóbel vuelve a visitar en mayo de 1967, será nombrado conservador del Museo de Arte Abstracto Español, según relata el segundo catálogo editado por el Museo (1969).

[40] “Una de las primeras consecuencias para Bonifacio de su instalación en Cuenca (…) fue su iniciación en el mundo del grabado, a cargo de un veterano en esas lides, Antonio Lorenzo, otro de los miembros destacados del grupo de Zóbel y del Museo (…)”.  Lectura aconsejable para comprender este tiempo es: Juan Manuel Bonet, “Bonifacio o el combate por la expresión”, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2006.  Ibíd. 13

[41] Esta imagen se reproduce en nuestra cronología. Un texto autógrafo al dorso del grabado así lo certifica: “Primer grabado que hice, me lo enseñó Bonifacio en casa de A. Lorenzo.  Cuenca, 24/8/1968”

[42] Juan Manuel Bonet, op. cit. p. 11. “Una pintura es buena cuando en ella hay lucha. La pintura es siempre la gran aventura a vida o muerte, en la que se puede ganar o perder. La pintura no es sólo cuestión estética o arte decorativo: es algo que forma parte de la vida, es expresión, es testimonio, es permanencia, y mucho amor” (Bonifacio Alfonso).  El uso del término de “combatientes”, le pertenece también a aquel autor.

[43] Joaquín Castro Beraza, “Pepe España”, “Revista Don Quijote”, Madrid, 17/X/1968, s/p

[44] Simón Marchán Fiz, “La pintura de Pepe España no es juego esteticista y sedante”, texto en el catálogo de la exposición: Casa de Cultura, Pepe España expone en Cuenca, Cuenca, 2-15 Noviembre 1968

[45] AAVV, “Pepe España, expone en la Galería Toisón”, “Dígame”, Madrid, 15/IX/1968

[46] Raúl de Montemar, “El pintor malagueño Pepe España expone el día 30 en Madrid”, “Ideal”, Granada, 21/IX/1968, s/p

[47] Manuel Augusto García-Viñolas, “Los concursos nacionales de Bellas Artes”, “Pueblo”, Madrid, 9/VII/1969.  Hay, además, correspondencia con el crítico en archivo del artista.

[48] Revista parisina dirigida por Gaston Janet.

[49] Gislaine Brousse y Véra Manuelle, “En Espagne. Concours National des Beaux Arts de Madrid”, “La Revue Moderne des Arts et de la Vie”, Paris, 1/III/1970, p. 34.   Traducción de este autor.

[50] Conversaciones del autor con el artista Florencio Garrido (Almería, 1946), 2 y 3/VII/2013

[51] No puede dejar de citarse la influencia que el Museo de Arte Abstracto tuvo sobre la joven pintura sevillana, simbolizada en la presencia de Carmen Laffón con los conquenses. En ese tiempo se funda el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla (XI/1970) galerías como La Pasarela (I/1965) o Juana de Aizpuru (1970) y Zóbel adquirirá estudio en la ciudad (1968).   En Sevilla trabajan entonces, entre otros, artistas como Gerardo Delgado, José Ramón Sierra, José Soto o Juan Suárez.   Como se ha señalado, estos pintores reúnen las influencias conquenses con la veta lírica del expresionismo abstracto.  La obra de Antonio Bonet Correa, “Sevilla: Panorama artístico del siglo XX” (en “Los Andaluces”, Ediciones Istmo, Colección Fundamentos, 68, Madrid, 1981) analiza con brillantez e intensidad este asunto. Fernando Zóbel instala en 1968 su estudio, compartido con Carmen Laffón y José Soto, teniendo en 1971 estudio propio.  Vid. también a este respecto la entrevista: Juan Manuel Bonet, “Encuentro con Fernando Zóbel”, “El Correo de Andalucía”, Sevilla, 14/XI/1970.

[52] Galería Moratín, Pepe España, Sevilla, Mayo-Junio 1970

[53] Manuel Olmedo, “Pepe España, en la Galería Moratín”, “ABC”, Sevilla, 4/VI/1970, p. 23

[54] Sala Honda, Aparicio, Casado, Cruz, Escutia, España, Forriol, Giménez, Miura, Muro, Olivares, Pérez, Sahuquillo, Cuenca, 25 Julio-23 Agosto 1970 (colectiva)

[55] Raúl de Montemar, “La ‘Serie de la Cinta’ se fue para las Islas Afortunadas”, op. cit.   “Cuenca es una ciudad que invita al trabajo, a la meditación, al reposo y al sosiego.  Todos estos elementos conjugados, influyen poderosamente en conseguir una labor que considero muy fructífera para mí”.  Ibíd.

[56] Vid. a este respecto: André Chastel, “Le tableau dans le tableau”, Flammarion, Paris, 2012

[57] Esta monografía fue editada para las exposiciones sobre la serie “La cinta”, careciendo de lugar exacto de destino. Simón Marchán Fiz, “Pepe España. La Serie de la Cinta”, Gráficas Martín, Madrid, 1970

[58] Conversación del autor con Simón Marchán Fiz. 5/VII/2013

[59] Simón Marchán Fiz, “Pepe España. La Serie de la Cinta”, op. cit.

[60] Nos referimos a que, desde 1962, Pepe España había venido refiriendo su interés en el contacto internacional de su obra.  En: Leovigildo Caballero, “Nada de abstracción, dice Jiménez España”, 1962. S/f. Artículo de prensa en archivo del artista (sin especificarse medio de publicación).  Está referido en nuestra Cronología.

[61] AAVV, “Pepe España”, “La Tarde”, Santa Cruz de Tenerife, 16/III/1971.  El asunto de la “seriedad” del quehacer pictórico volverá a referírselo a: A. Parra, “El realismo crítico de Pepe España”, op. cit.: “(…) el artista tiene una gran responsabilidad cada vez que muestra su obra.  Yo al menos así lo creo y me paso la vida encerrado en mi estudio, estudiando y pintando mis cuadros.  (…) la pintura (…) es algo muy serio”.

[62] El pararelismo entre Cuenca y Berna, está subrayado por Pepe España en: Rafael Alcalá, “Tránsito del pintor Pepe España”, op. cit. p. 10

[63] Obviamente, guiño a Antonio Pérez y al texto que sobre éste escribiera Antonio Saura, titulado justamente: “Le Monsieur d’en face”.  En Antonio Saura, “Retratos imaginarios 1989”, catálogo de exposición Galería Fandos, Valencia 1989.

[64] Andreas Röthlisberger es el actual Presidente de la Fundación Pepe España.

[65] En 1964 visita España el Doctor Amos Cahan quien adquiriría una importante colección, unas trescientas obras, de pintura española de la época.   Los cuadros se hallan actualmente en la colección de la Fundación Juan March.

[66] Elena Flórez, “En la galería Seiquer los dibujos de Pepe España”, “Goya”, nº 120, V-VI/1974, p. 397

[67] Manuel Augusto García-Viñolas, “Pepe España”, “Pueblo”, Madrid, III/1974

[68] En 2007 fue nombrado Académico Correspondiente en Suiza por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.

[69] José Mayorga, “El orden en la abstracción de Pepe España”, “Sur”, Málaga, 1975. S/f. Artículo de prensa en archivo del artista.

[70] Los problemas habían comenzado en 1990, con la pérdida del ojo derecho.

[71] José Mayorga, “Pepe-(Pepe=José)-España, un instante en el aire, un tiempo en la eternidad de la línea”, “Sur”, Málaga, 17/II/1980

[72] “De golpe el ojo se para, donde en el cuadro falta un ojo- y ahora se ha hecho la identificación: el espectador forma parte del cuadro”m Josef R. Rast, presentación de la exposición: Rivella International, Pepe España, Málaga, Weier-Rothrist, 20 Mayo-10 Junio 1972 (en archivo de la Fundación Pepe España)

[73] “Y resalta ese anonimato con su soledad bajo la luz cruel, artificial, también implacable porque determina presencias alusivas convertidas en fantasmas, sombras de sí, testigos mudos de una condena a lo efímero de la crónica, al dolor privado, al ojo vacío de pupila en cuyo fondo se anula toda visión (…) Al caer los emblemas morales y naturales, los seres humanos se vuelven marionetas, siluetas encuadradas en el contexto industrial, en el rigor de una lógica consumística que decepciona a las propias cosas. También ellas en su desolación parecen pedir una función estable a ese rostro sin ojos,”.  Angelo Calabrese, “Pepe España-Momentos en la vida de un artista”, Verlag Sauerländer, Aarau-Frankfurt am Main-Salzburg, 1987, pp. 28-32

[74] “Llama la atención el grupo de cuadros donde sólo aparece el individuo en compañía de su sombra. El singular se petrifica, los ojos se convierten en ventanas, cuyo fondo vacío se identifica con su sombra”. Simón Marchán Fiz, “La pintura de Pepe España no es juego esteticista y sedante”, op. cit.