JANINE GIROD, ARTISTA VIAJERA Y LÚCIDA

JANINE GIROD, ARTISTA VIAJERA Y LÚCIDA

Texto publicado en el catálogo
PURANAS, JANINE GIROD (13/12/2013-26/12/2013)
Madrid, 2013: Galería Pepe Pisa
 

Por la ventana miraba Joseph Nicéphore Nièpce (1765-1833), a quien la historia de la fotografía considera el primer fotógrafo contemporáneo, mediado el siglo XIX.  Descubierta la posibilidad de congelar imágenes, la camera obscura se deslizaba presta desde el estudio hasta asomar su mirada, era 1826, hacia qué fuere ese misterio que se hallaba más allá de nuestra ventana.  Noel Lerebours, hacia 1840, confeccionaba sus álbumes “Excursiones daguerrenienes: las ciudades y monumentos más notables del globo”, viajes que emulaban viejos grabados y Henri Fox Talbot exploraba los misterios escondidos entre las hojas y los árboles, allá en la naturaleza.   Gustave Le Gray mostraba despojadas imágenes del mar de Sète, y la ilimitada energía del paisaje.  Sin dudarlo, ha sido el viaje uno de los grandes temas que han abordado los artistas visuales desde el origen de la fotografía, casi al grito de veamos qué sucede fuera.  Y entre los lugares elegidos por los artistas, piénsese en el Egipto visto por Georges Bridges, en lugar capital los exóticos, algo que nos permite comenzar esta historia.   Al cabo, el viaje supone el inicio de una tarea del espíritu: la mirada enderredor.

Janine Girod es buena conocedora, desde siempre, del arte de nuestros días, fina observadora, apasionada por lo contemporáneo en todas sus manifestaciones, irredenta mujer de su tiempo, artista inquieta, ha viajado desde hace años a la India, desde donde nos trajo ya otra extraordinaria colección de imágenes, recopiladas en un bello libro con el título de “India” (2012), una India, según la autora, “inenarrable, inefable”.

“Puranas”, el conjunto de fotografías que ahora presenta en Pepe Pisa, desde su título refiere un aire hermético, aporía que parece explicar lo que no es sencillo de describir mediante palabras.  “Puranas” son antiguos textos hindúes en sánscrito que parecen tener un cierto propósito de entender el mundo, a través de un lenguaje conciso.   “Puranas” serían, entonces, puranas de nuestro tiempo, las imágenes de Girod, buen término para definir, también, lo que está más allá de las apariencias, lo que, como dice la autora, escapa a las palabras.

Del texto de Janine, escrito en su libro antes citado, la artista mencionaba la pasión en su tarea viajera y cómo, capital, capturando instantes cuya intensidad sólo era posible apreciar a posteriori, percibía que dicha mirada detenida imponía “la conciencia de un tiempo que en presente se escapa”.  Viaje inteligente e iniciático, como dice la autora, que ha impulsado a otras artistas mujeres, y estoy pensando en la India mágica vista por Karen Knorr, las imágenes que presenta ahora Janine son de un inquietante despojamiento.   Viaje expectante de quien ve lo que el ojo no ve, ejercicio del pensamiento que deviene en el reflejo de formas y objetos, en muchas ocasiones en repetición de los mismos, las imágenes atrapadas por Janine desvelan un mundo de inefable aire plástico, de gozoso colorido, de una luz densa y pareciere en suspensión.  De alguna forma, sus fotografías parecen afrontar el intento de desvelamiento de lo que se encuentra más allá del propio viaje, sus arcanos y silencios, un mundo pareciere revelado, como si fuese analizado y mostrado en una vez que fue primera.  Como un milagro, una revelación de cosas distantes o voces no dichas.  Perplejidad despojada frente a los enigmas de la realidad.   Obvio es mencionar, en justicia, que la labor emprendida por Girod es harto arriesgada, no exenta de una cierta osadía creadora, pues afronta el desvelamiento de lo lejano que muestra próximo, a la par que ofrece la distancia de una observadora inteligente.  Janine es artista de nuestro tiempo, mas no una flâneuse diletante, viajera no a la búsqueda desesperada o melancólica de belleza sino, más bien, interrogándose conmovedoramente sobre la hondura del mundo que le rodea.   El viaje, la multiplicidad de lugares, la movilidad del artista, son la esencia de la creación de nuestro tiempo y lo que la teorética ha llamado las dislocaciones del sujeto posmoderno en nuestro tiempo muestran una nueva atención por el viaje y la movilidad.   Pienso en Robert Walser, el escritor paseante e impenitente, el defensor del tránsito como esencia del vivir, cuando veo las fotografías de Janine, considerando que quizás viajando, como hizo toda su vida, ahora con el objetivo fotográfico, la cámara más lúcida que nunca, haya descubierto no países, ni nuevos territorios, sino que nos desvela, no sin temblor, la propia esencia que nos constituye.

ALFONSO DE LA TORRE