CARMEN CALVO. SAN CLEMENTE LIBRITO

CARMEN CALVO. SAN CLEMENTE LIBRITO

Texto publicado en el catálogo
CARMEN CALVO, LO QUE SE HA SENTIDO HA SIDO LO QUE SE HA VIVIDO  (21/03/2013-02/06/2013)
San Clemente, Cuenca, 2013: Fundación Antonio Pérez-Museo del Objeto Encontrado
Elogio de la inteligencia añadida, Carmen Calvo parte de un impulso inicial, de una visión poderosa, fuerte y permanente, lo que podríamos llamar una visión ‘intensa,’ proponiendo la insoslayable necesidad de su realización.   Para Calvo crear es transmitir pulsiones que parecerían ubicarse en un lugar propio, desentrañamiento de un objeto, antes pasivo receptor de la mirada, ahora mirada introspectiva y anamnesis, término platónico que define la capacidad de dejar discurrir nuestra mente al azar de cada momento, aceptando su existencia ‘en sí’, contemplando su realidad más allá de nuestra propia condición.  Subrayando aquella percepción lacaniana de que en todo pasado hay una parte que es agua estancada.  Milagro de la vida, mas vivir, es sabido es un abismo y, precisamente en este punto, la referencia tenebrosa, la aludida capacidad de extraer belleza de la zozobra, nos permite recordar que las creaciones de Calvo son generadoras de desazón -y, por ende, de preguntas-, alta misión -esta de la interrogación- del arte.  Barrocos ejercicios de la inquietud, estética del desaliento, presididos siempre un descarado horror vacui, la celebración del barroquismo, la ceremonial reunión de objetos por lo general con un fuerte contenido simbólico y mención, por tanto, al inmediato vacío. Puesta en práctica del límite recordándonos cómo el arte de nuestro tiempo puede ser un ejemplar modelo de osadía: lo temerario es bello, parece suscribir Calvo.  Un temor, el de esta artista, que roza casi lo sacral, lo sagrado no ha desaparecido del arte, se ha convertido en irreconocible, camuflado en formas, intenciones y significaciones. Lo sagrado sobrevive sepultado en su inconsciente, es “religioso” en el sentido de que está constituido por pulsiones y figuras cargadas de sacralidad.  Creando, recopilando objetos, utilizándolos como elementos para componer sus cuadros, frente a tal titánico esfuerzo por llenar de cosas nuestro existir, Calvo parece conjurar  la presencia de la tiniebla mencionando empero, con tal abigarrado proceder en los extremos, la existencia poderosa de dicha nada acompañándonos.

Lacaniano tesoro de los significantes, la suya es una visión declaradamente sesgada, por completo sumergida en el objeto artístico, indagadora a veces de la interrogación en torno a una suerte obra de arte total que pelease por incluir la plenitud de los sentidos a la búsqueda de la compresión del propio yo.  Pues Calvo considera que su titánico esfuerzo por revelar el mundo es, también, además de melancolía o nostalgia irredentas, la muestra de su intento por comprenderlo, haciéndonos partícipes de tal afán, de tal brega incansable, vislumbra en su propuesta un mi-fuera-de-mi y vindica una suerte de renacer creador: yo soy otra, tal Rimbaud.   Es la emocionante ilusión por construir una vida, la incoherencia de elevar los signos en el espacio, con fruición, afán, desasosegadamente, sin aliento.  Aún a sabiendas de la mudez final.

Erigiendo una plástica “Comedia Humana” en la que se mencionarían ciertos elementos singulares ubica sus obras no tanto en lo que se conoce, simplificando, como “el mundo de lo visible”, sino más bien en el elogio de la periferia de la mirada.   Lo anterior explica le esté permitido no sólo un singular acceso a la puridad de la realidad, al corazón de esa verdad patente mas inaprehensible, sino más bien a la sugestión de la reconstrucción de la intimidad de la historia del cuerpo, recordemos nuestro único elemento de contacto e interpretación con lo que nos rodea.   Cuerpo que se relaciona con la realidad a través de un insalvable modo plástico mediante el intercambio incesante con los objetos exteriores: los recuerdos, los actos comunes o las sensaciones olvidadas.   Escrituras perdidas del interior, de su encuentro con la realidad la artista opta por la extrema emoción que supone la selección de lo que pervive en la memoria, mediante una visión no dogmatizada, una mirada flou, una suerte de percepción en suspensión y permanente evolución, una visión casi en fuga que alcanza en algunas de sus imágenes manipuladas condiciones de aparición paroxística.   Percepción deliberadamente deformante, distorsión de la mirada,  iconografía-anti-iconográfica que aborda el elogio no jerarquizado de los objetos que rodean o tradicionalmente han rodeado al cuerpo.   Pues los elementos que adiciona a sus creaciones frecuentemente pertenecen a un mundo singular, dentro de esa ley que ya es clásica desde el lenguaje surreal y que consiste en instalar un elemento de apariencia inocente, banal o usual, entre la realidad común, como si tal, convirtiendo acto seguido tal acción en una nueva realidad, esta vez perturbada.  Adición de un objeto cuya esencia, con frecuencia, es la de un elemento periclitado o fragmentario, remitente más a la inquietud de la tiniebla que a la luz. Recordatorio de la penumbra en la que viaja el subconsciente del mundo de los sueños, la nebulosa de la infancia, la oscuridad que se revela en la mirada al pasado, en definitiva alusiva a los impulsos y, también, los fracasos que constituyen el vivir.

Memoria, mirada convulsa y collage son notas que sirven para comprender el trabajo de Carmen Calvo.   No habiendo lugar para la inocencia del assemblage cubista, sino más bien esta artista declara con arrojo en sus obras cómo el creador de nuestro tiempo ha de aportar una nueva mirada sobre el mundo, una visión si cabe distorsionada que devenga, por qué no, en el elogio de la duda que supone cuestionar las apariencias.