VOLAVÉRUNT CITOLER. COLECCIONAR. INSTRUCCIONES DE USO

VOLAVÉRUNT CITOLER. COLECCIONAR. INSTRUCCIONES DE USO

Texto publicado en el catálogo
ARTEA BIZIBIDE-ARTE COMO VIDA- COLECCIÓN CIRCA XX BILDUMA. PILAR CITOLER  (01/06/2012-26/08/2012)
Donostia, San Sebastián, 2012, Kubo-Kutxa
 

LOUISE BOURGEOIS  –  LE COLLECTIONNEUR

El coleccionista de narcóticos,
El coleccionista de bolsas que huyen y que no tienen fondo,
El coleccionista de cajas,
El coleccionista, que era mi padre, de manchas en su chaqueta.
If you analyzed the “manchas” you would know what he has eaten in the
   last week
El coleccionista de muñecas, ¡esa soy yo!
El coleccionista de vituallas,
El coleccionista de canciones, recuerdos y vestidos.

Coleccionista de libros que jamás lee,
El coleccionista de imágenes,
El coleccionista de dibujos…
Soy culpable de coleccionar dibujos, pensamientos escritos y
   sueños.
Los coleccionistas de casas: todas las casas en las cuales
se ha habitado.
Los coleccionistas de amigos y huéspedes.

El coleccionista de vecinos: ¡ los buenos vecinos, obviamente !
Los coleccionistas de animales,
Los coleccionistas de sueños y pequeñas chatarras, como clavos,
pequeñas cerraduras,
Coleccionistas de viejos trapos, véase  la cantidad de vestidos,
abrigos o capas que puedes tener…
Los coleccionistas de sombreros y zapatos,
Los coleccionistas de recetas,
Los coleccionistas de agujas: agujas para retomar, agujas para
enhebrar…
Y sobre todo, Los Coleccionistas de Profesores.
Los coleccionistas de profesores son importantes.

Los coleccionistas de… work of art.
¿Por qué digo esto en inglés?
De pinturas, de esculturas…
Los coleccionistas de niños…
Yo conocí a una mujer que era feliz cuando tenía un niño más. 
   Era algo in-fer-nal.  Tenía una manada de hijos y tan pronto los tenía,
   los abandonaba y tenía otro u otra.
Coleccionista de niños,
Coleccionista de cachivaches: esa es la casa de Jean-Louis.

Y los coleccionistas de retales de tapicerías.
Los coleccionistas de listas como esta que tenemos aquí.
Coleccionistas de soluciones imposibles.
Coleccionistas de promesas jamás…jamás prometidas…
¿Se hacen las promesas?
Coleccionistas de promesas,
Promesas de deudas y cuentas,
Los coleccionistas de regalos,
Los coleccionistas de viajes.

¿Y he mencionado al coleccionista de instantes felices?
Mi padre era un coleccionista de instantes felices que materializaba
en pequeños guijarros blancos que metía en una caja.

So, es evidente que el coleccionista que aparece en casa de los niños a
la edad de menos de un año, son coleccionistas “dispare sobre él”.

El coleccionista es patético, ¡pero es optimista compulsivo!
No piensa jamás en la tabula rasa.
Creo que es una defensa contra el miedo a la desintegración.
¡ Sí, así es !

Texto de Louis Bourgeois grabado en su domicilio de Nueva York el 26/XII/1997 por Brigitte Cornand y publicado con ocasión de la exposición “Colección de artistas” de la Colección Lambert en Avignon, 1/VII-30/X/2001.   Traducción de Alfonso de la Torre.

 

VOLAVERUNT CITOLER
[COLECCIONAR: INSTRUCCIONES DE USO]
por
ALFONSO DE LA TORRE

Sobrevolando el cielo allende lo humano,  “Volavérunt”, grabado de Goya de la serie los “Caprichos”,  es una de las recientes adquisiciones de la coleccionista Pilar Citoler[1].    Una serie, los “Caprichos”, con aspecto surrealizante y exceso visual que, como es bien sabido, fue emblema de la juventud de algunos artistas pioneros de la abstracción, y estoy pensando en creadores como Paul Klee[2]o Manolo Millares[3].

Levitanda mujer a lo Abramovic[4] en éxtasis entre la cacharrería, este Capricho que fascinara a Baudelaire, es también emblema de quien sueña sobre lo térreo levantando la mirada allende, a los arcanos interiores, tan extensos.  Pasmo místico de la que levita y cerrando los ojos en torno a sí misma nos parece simboliza la tarea de coleccionar y sirve tan poderosa imagen de pretexto para el inicio de estas líneas.   Coleccionar como forma de comprender el mundo y símbolo-capricho, el grabado de Goya, de una coleccionista con singular sentido que a esta obra, este mismo año 2012, añadió a su Colección Circa XX, creaciones ya más del siglo veintiuno: Cristina Iglesias, Reinhard Mucha, Adrián Navarro, Eduardo Nave, Gonzalo Puch, Alexandra Ranner o Richard Serra, por citar algunos ejemplos.

Nuestro tiempo de estupefacción es, también, tiempo de vértigo en las comunicaciones, en la difusión y transmisión de las noticias, ya fueren éstas banales o de importancia capital.    Quizás sea la época de la historia del arte en que más fácil ha sido conocer nuestro entorno artístico, exposiciones y artistas, mas también a los coleccionistas, algunos de los cuáles adquieren condición de personajes frecuentes en los medios de comunicación, simbolizado el ejemplo en el omnipresente y mundano Charles Saatchi o en la aparición de personajes hasta la fecha silenciosos (como ejemplo la presencia de François Pinault en el Palazzo Grassi y Punta della Dogana de Venecia desde 2005).

En un tiempo en el que tanto se conoce a los coleccionistas y, aún más, se difunde su raro quehacer, empero seres más singulares semejan ser y se subraya aún más la entropía de tan extraño proceder, el tormento de su sed de belleza[5], por citar al conocido Adam Verber, el personaje de “La Copa dorada” de Henry James, coleccionista de una época pretérita en la que se acariciaba la posibilidad de que belleza y verdad fueran unidas[6].  Existentes, los coleccionistas, desde tiempo inmemorial, no parece haber fuerza capaz de extinguirlos, antes aún: a pesar de ese estatus extraño, a medio camino entre la manía y la presumible locura por la depredación del objeto artístico, parecen ser considerados en nuestro tiempo con un aura especial.   Si en el pasado su existencia podía ser explicada como una rareza, casi como una anomalía, hoy su compañía parece aportar distinción a la monotonía de la rutinaria vida social.

Soberano acto de expresión individual en el fluir tan colectivo de nuestro tiempo, coleccionar es uno de los últimos actos supremos de verdadera libertad, no muy lejano el insobornable acto de recopilar objetos de arte del yo-creador, también inextinguible, que es proclamado por el artista.  Eso permite explicar el “ella es anarquista”, que se ha escrito en cierta ocasión, con conocimiento de causa, sobre Citoler[7].   Y es que, -como el Klee de “soy pintor”, en el puerto de Túnez-, un coleccionista erige su singular pasión no oculta ante los demás estableciendo un aserto inexpugnable: “soy-quien-recopila-belleza”.   Coleccionar es un hecho que no está, exactamente, vinculado a la posesión -sin más- del objeto, ni a la educación o a la fortuna.   La posesión de estos dos últimos elementos no garantiza, per se, convertirse en fino coleccionista.    Sino más bien es la capacidad de hacerlo durante mucho tiempo, como en este caso toda una vida, lo que permite alcanzar el estigma, la marca indeleble de la pasión recopiladora: el estatus de coleccionista.    Como le sucediere a Citoler, un coleccionista ha de dedicar al arte sus días con sus noches (a veces de zozobra) dejando de lado, en numerosas ocasiones, su vida personal.   Superadas las cuentas personales y atestados los espacios que habita, es ésta la crónica de la pasión del coleccionista por un elemento de la realidad: el objeto, pero no cualquiera sino uno singular, el objeto de arte.

La reunión de objetos que afronta un coleccionista no está exenta de sufrimiento y dudas sobre lo coleccionado o lo que falte por alcanzar, mas entre el gozo del vivir-sin-vivir-en-mi y la desazón torna la vida del coleccionista quien su tarea le permite comprender algo del mundo que le rodea, percibiendo, de tal modo, la presencia de otras visiones de las cosas, otras culturas y personas.  Proceso, como se ve, en el que se entremezclan buenas y malas experiencias, aciertos y fracasos: aquellas obras que estuvieron cerca y no volverán, piezas que fueron vistas una vez y que ahora cuelgan en museos u otras colecciones quizás o, como le sucede a Citoler, el pensamiento sobre un par de ellas que se alejaron y que, qué penitencia, le remorderán siempre.  El coleccionismo exige una vida extraña[8], una vida nerviosa: ver mucho, leer otro tanto, viajar, estar a la expectativa, informarse permanentemente: al cabo una adicción, en este caso por el arte, que permite a otro coleccionista, el citado Saatchi, definirse como “artehólico”[9], en obvio juego de palabras que recuerda la sed.

Nerviosa, sí, pero defensora contundente de una ética del coleccionismo[10], reflexiva por tanto y encaminándose en muchas ocasiones sus pensamientos y palabras hacia el metacoleccionismo, frecuente indagadora de los enigmas irresolutos del origen de su pasión, Citoler ha explicado en ocasiones, densa y sugerentemente, su percepción a través de la tarea que le ha tocado en suerte, el coleccionismo, como algo capaz de revelarle un mundo distinto, algo que evoca un mundus alojado en una esquiva dimensión de la realidad.  O más que restricción oculta en un espacio perdido de la realidad, más bien ampliación de la misma, invención de un personaje otro, paseo a través de lo incomprensible, entre las sombras, a la búsqueda de la verdad más profunda del arte, recordando esa cualidad que parece revelarse en los coleccionistas tal es la ampliación de la visión mediante una mirada voraz que parece dirigirse a la inabarcable extensión del espacio: “Una cierta alteración mental sí hay que tener para ser coleccionista.  No se vive en la realidad, nos sumergimos en un mundo donde el conseguir o adquirir determinadas obras es un tema prioritario, que llega a obsesionarnos y, evidentemente, hay algo de patología, es indiscutible”[11].

En fin, sin los coleccionistas ciertos elementos que rodean la creación no tendrían sentido cabal: subastas, exposiciones, libros…, es posible que de su necesidad, a pesar de su rareza, surja ese aire de indispensabilidad que portan a su paso: los coleccionistas respiran arte, mas el arte no existiría sin los coleccionistas.  Quizás también de ahí provenga lo que antes hemos llamado su “aura” y que explica que puedan ser admirados, pero también mirados con un punto de temor.  Otrosí por ese carácter de soledad, cultivadores de mundos aparte que -escuchando a todos: artistas, marchands o conservadores-, les permite tomar luego decisiones propias.     El interés de los coleccionistas por el arte no es, exactamente, unidireccional.  Esto es, puede haber comenzado en un determinado tipo de objetos para luego viajar hacia el arte.  O permitir la convivencia de diversas convulsiones recopiladoras.   Haber  surgido del afecto a un artista o a un momento histórico, a un país o cultura determinados, o a la influencia de un marchand, o de un amigo, o bien combinar algunas de esas posibilidades.   Se ama el arte por razones diversas, no siempre fáciles de explicar, así como se ama en la vida.   Vida errante en el coleccionismo de instantes felices, como escribiera Louise Bourgeois[12], vida errante entre el miedo a la desintegración.

Hemos referido, en numerosas ocasiones, los avatares de cuatro decenios coleccionistas, -desde tiempos casi heroicos para lo contemporáneo en España, allá por los años setenta-, de Citoler.   Ese era un tiempo gris, muy gris (sin Museos de arte contemporáneo, apenas galerías ni revistas de arte, sin referencias internacionales, apenas coleccionistas del arte en ese tiempo, exigua crítica y muchas dificultades para la creación de los artistas) al que sólo ponía algún color la aventura, tan poderosa como singular, de ese museo democrático y riguroso que fue el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.     Al cabo era la aventura de otro coleccionista y flâneur, Fernando Zóbel, a la que se sumaría, entusiasta, una “joven discreta y activista”[13] de los nuevos tiempos: Pilar Citoler, quien se uniría, primero desde el coleccionismo de los artistas conquenses, a la aventura singular surgida junto a ese pequeño museo más bello del mundo, en palabras de Alfred H. Barr[14].   Llegando, a la par que su colección, a los tiempos multicolores de la transición en donde puede decirse que la coleccionista encontró acomodo entre el bullicio de pintores, críticos, músicos, diseñadores, etc.,  en definitiva en la efervescencia bendecida por la visita de Warhol a Madrid (a quien Citoler, empero, había conocido tiempo antes).

Citando confluencias debe citarse un encuentro otro, poco baladí, el que la coleccionista tuvo con Michel Tapié, una de las grandes amistades coleccionistas de Citoler.    Tapié hizo parte de su último recorrido vital y crítico de Oriente a Occidente pasando por Madrid[15], y en este último lugar cruzó sus caminos con la coleccionista creadora de Circa XX.  El crítico del arte otro insufló en la coleccionista el aprecio por los informalistas de Oriente, el llamado grupo ‘Gutai’, lo que permitió la llegada de artistas como Atsuko Tanaka (1932), Yukihisa Isobe (1935),  Takashi Suzuki (1948) o Sofu Teshigahara (1900-1979) que se incorporaron entonces a su colección otorgando así a esta otra de sus singularidades[16], a la par que se emparentaban con lo que era uno de los lechos naturales de la colección, los artistas de la vanguardia abstracta surgidos en España en torno a los años cincuenta, tanto los vinculados a “El Paso” como los que a veces hemos definido como “la generación del silencio”[17], los conquenses mas también los que ejercieron su labor ajenos al ruido, solitaria y silenciosamente.

 

PILAR CITOLER POR LUIS PÉREZ-MÍNGUEZ, MADRID, 2004

Retratada por Luis Pérez-Mínguez con una cámara fotográfica colgada al brazo, tampoco debe olvidarse su pasión por el coleccionismo de fotografía, algo que no es reciente sino que ha caminado a la par que el resto de las obras que componen su colección[18].   No en vano una de sus primeras amistades intensas en el mundo artístico fue un gran fotógrafo, Jesse Fernández, a quien trató en los años setenta y cuyas obras componen un corpus importante de la colección.   También parecía vislumbrarlo otro artista capital de la colección, por intensidad y número de obras, Wolf Vostell, cuando retratara en 1979 en una de sus obras a Pilar Citoler enfangada en la pintura con un aparato fotográfico.   Su pasión por los fotomontajes décollés de Vostell, por las obras de este artista que conservan restos de fotografías arrancadas, manipuladas por el creador, en una suerte de laceramiento de lo desencolado[19], debe también mencionarse en este punto[20].

Ubicada pues, como hemos escrito en otra ocasión, en una suerte de quicio de la historia[21], Pilar Citoler descubre Cuenca, “la joie de l’oeil et de l’esprit” que subrayara Cartier-Bresson[22], y nuestra anarquista, la discreta activista, será una de las sophisticated tourists que Zóbel reclama en sus escritos de Harvard desde la locura de su aventura conquense[23].   Alojada en Cuenca en la casa que fuera de un pintor también coleccionista, Eusebio Sempere, cuya línea de horizonte divide la vista del Júcar, su contacto con el Museo será fundamental para aprehender el que entonces era un nuevo mundo del arte hispano, que empezaba a mirar hacia el horizonte de lo internacional.

Coleccionista de mirada incansable, luego encontrará a Juana Mordó[24], la primera persona que traspasa el museo conquense el 1 de julio de 1966.  En su galería, unos años después, comprará un cuadro de José Caballero[25].    Será el que oficialmente es considerado, también por ella, primer cuadro de una Colección, cuarenta años después conocida como “Circa XX”, una pintura de un círculo blanco.   Elemento geométrico de la perfección, totalidad y plenitud, símbolo de lo celestial, es sabido el círculo representa, también, la eternidad.     Como escribimos en fecha reciente, la certeza final sabida es acicate inteligente para la labor de quien recopila las creaciones artísticas, en el deseo, ha explicado Citoler, de “paliar esa gran tragedia que es la vida y la certeza de la muerte”[26].

Vida sin vivir en ella, de nuevo el éxtasis por el que comenzamos, el arte así sería parte de un camino, -estoicismo, por lo que se ve, placentero-, hacia lo que trasciende.

 

MESA DE PILAR CITOLER.  MADRID, 2007
SELECCIÓN DE EXPOSICIONES DE LA COLECCIÓN CIRCA XX-PILAR CITOLER
2002:
CIRCA XX, Centro de Exposiciones y Congresos de Ibercaja, Zaragoza.

2004:
FRAGMENTOS: ARTE DEL XX AL XXI Cultural de la Villa de Madrid
CONTEMPORÁNEA-ARTE, Sala Amós Salvador, Logroño.

2005:

CIRCA XX. UNA COLECCIÓN PARTICULAR, Palacio de la Diputación Provincial de Cádiz SEÑAS DE IDENTIDAD. COLECCIÓN CIRCA XX, Palacio Episcopal, Málaga
CLAVES DE ARTE-COLECCIÓN CIRCA XX. Sala PuertaNueva, Universidad de Córdoba.

2006:
CIRCA XX-MIRADAS SOBRE LA COLECCIÓN-LA VANGUARDIA INTERNACIONAL, Museo de Navarra.

2007:
EL OJO QUE VES, Palacio de la Merced, Córdoba y Café Moderno, Pontevedra
NO HAY ARTE SIN OBSESIÓN, Fundación Antonio Pérez (Cuenca) y Museo de Obra Gráfica de San Clemente (Cuenca) y sede de Ferrol de la Fundación Caixa Galicia.

2008:
LA ILIMITADA ENERGÍA DEL PAISAJE, Exposición en el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, (Aragón)
LENGUAJES DE PAPEL, Círculo de Bellas Artes y Sala de la Comunidad de Madrid (Madrid) y (2009): Sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca / Sala Saura-Salas de exposiciones del Centro Cultural del Matadero.

2009:
MODERNSTARTS-ARTE CONTEMPORÁNEO EN LA COLECCIÓN CIRCA XX-PILAR CITOLER, Exposición en Vimcorsa, Palacio de la Diputación, CajaSur y Teatro Cómico Principal. Córdoba

LOS ARTISTAS DE LA ÉPOCA INFORMALISTA EN ESPAÑA. COLECCIÓN CIRCA XX, Centro Cultural Palacio de la Audiencia. Soria-Fundación Duques de Soria.

2011:
LA CIUDAD MAGNÍFICA, Centro Andaluz de Fotografía, Almería

2012:
SALA KUBO-KUTXA (KURSAAL), ARTE como vida, San Sebastián

Alfonso de la Torre, Volavérunt Citoler (coleccionar instrucciones de uso), catálogo de la exposición “Arte como vida/Artea bizibide Colección Circa XX-Pilar Citoler”, Sala Kubo-Kutxa, San Sebastián, 2012, pp. 16-21

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[1] “Volaverunt”.  Aguafuerte, aguatinta  y  punta seca. (219 x 152 mm). Plancha 61 de la serie de “Los Caprichos”. Sobre papel no verjurado con márgenes (315 x 215 mm) y antes del biselado de las planchas.  2ª edición de 1855.  Harris 96 III, 2.

[2] “578]  (…) (1904) Del 15 al 25 de octubre estuve en Munich, donde visité varias veces el Gabinete de Grabados en Cobre. (…) Fenomenales me parecieron las obras de Goya: los Proverbios, los Caprichos y especialmente los Desastres de la guerra. Lily me obsequió muchas fotos de cuadros de Goya”. Paul Klee, “Diarios 1898/1918”, editados y prologados por Felix Klee, Biblioteca Era, Serie Mayor, México, 1970, pp. 192-193.  También debe mencionarse, en este punto, la admiración de Salvador Dalí por los “Caprichos”.

[3] (1933). “De aquí mis primeros recuerdos de mi conciencia artística.  Me paso grandes ratos viendo unos libros de “Museos famosos de Europa” que entonces había comprado mis padre (tenía entonces siete años) (y) un tomo de la Editorial Labor sobre arte italiano.    En cuanto a la pintura española, andaba raspando al Goya de los Fusilamientos y, en especial, el tan importante libro de los aguafuertes “Los Caprichos” y “Desastres de la guerra” editado por Espasa-Calpe, que tan honda huella me dejó”. Manolo Millares, “Manolo Millares.  Memorias de infancia y juventud”, IVAM  documentos, vol I, Instituto Valenciano de Arte Moderno, Valencia, 1998, p. 31

[4] The Kitchen. Homage to Saint Therese” (2009).  Nos referimos a las diversas  fotografías en color y en blanco y negro que Abramovic realizó Gijón sobre Santa Teresa de Ávila.  El proyecto fue producido por Laboral y Principado de Asturias.

[5] De algo parecido, de sed, semeja hablar el término “artehólico” aplicado a Saatchi: “Me llamo Charles Saatchi y soy un artehólico”, Phaidon editores,Londres-Nueva York, 2010.

[6] Estamos citando a Theodor Adorno, “Los museos y las multitudes sedientas”, en “Después del fin del arte-El arte contemporáneo y el linde de la historia”, Paidós Estética, Barcelona, 1999-2010, p. 241

[7] Judith Benhamou-Huet, « Après Franco, l’art avait le goût de la liberté », « Les Echos », nº 19364, Paris, 4/III/2005, p. 6 : « Une amie assise près de la collectionneuse souffle : « Elle est anarchiste ».  « L’anarchiste » (…) trouve dans l’art une échappatoire semble-t-il vitale ». Ibíd.

[8] Lo tomamos del conocido  libro de Albin Michel, “L’étrange docteur Barnes-Portrait d’un collectionneur américain”, Editions Albin Michel, Paris, 1993.

[9] En el citado libro-entrevista a  Saatchi: “Me llamo Charles Saatchi y soy un artehólico”, op. cit.

[10] Citoler ha comparado en ocasiones su sentido ético del coleccionismo al del Conde del Minimalismo, Panza di Biumo, y su frase por ella citada como esencial: “no creo ser diferente de los demás.  Lo que yo amo puede ser amado por muchas otras personas (…) Este es el placer más grande.  No hay nada más bello que compartir con muchas otras personas este amor. Creo que el don más grande que el arte me está dando es este placer, el placer de ver cuánta gente ama lo que yo amo.  Esto es lo más bello”. De una entrevista de Christopher Knigh con Giuseppe Panza en Los Angeles, “Archives of American Art-Smithsonian Institution” (1985), reproducido en “Colección Panza”, Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1988

[11] Juan Oliver, “Entrevista a Pilar Citoler”, “AZ”, Zaragoza, Nº 7, 2008, p. 38

[12] Nos estamos refiriendo a “Le Collectionneur”, de Louis Bourgeois grabado en su domicilio de Nueva York el 26/XII/1997 por Brigitte Cornand y publicado con ocasión de la exposición “Colección de artistas” de la Colección Lambert en Avignon, 1/VII-30/X/2001.   Traducción del autor desde las versiones inglesa y francesa del poema.

[13] Judith Benhamou-Huet, op. cit. “Une poignée d’activistes commençait à insuffler l’air de l’affranchissement esthétique.  Parmi eux, une jeune discrète (…) Pilar Citoler (…) a su faire très tôt des choix radicaux en matière d’art”.

[14] El “Saturday Review” de Nueva York publicó el 25 de noviembre de 1967, un extenso artículo: “Cuenca”, recogiendo la visita de Alfred H. Barr y su comentario: encontrarse frente al “más bello pequeño museo del mundo”.

[15] Alfonso de la Torre, “De Oriente a Occidente pasando por Madrid.   Un homenaje al Michel Tapié español”, catálogo de la exposición “Una colección particular. Circa XX”, Diputación de Cádiz, Cádiz, 2005, pp. 14-21.  Reproducido en el catálogo de la exposición “No hay arte sin obsesión”, Fundación Antonio Pérez (Diputación Provincial de Cuenca)-Ayuntamiento de Cuenca-Fundación Caixa Galicia, Cuenca-A Coruña, 2007, pp. 257-267

[16] Y que posiblemente justifica que la colección haya proseguido incorporando piezas procedentes de las nuevas manifestaciones del arte oriental.   Entre otros nombres de la contemporaneidad destaquemos en Circa XX  las obras de Nobuyoshi Araki (1940), Do-Ho-Suh (1962), Keiji Kawashima (1963) o Liang Yuanwei (1977).

[17] El término lo utilizamos ya en 1986.  En “Gerardo Rueda: bodegones (1985-1986)”, Galería Estampa, Madrid, 1986, pp. 9-12.

[18] En este punto ha de citarse el impulso del Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, que promueve, en su VII Edición, la Universidad de Córdoba.  Hasta la fecha han participado en él unos ochocientos artistas y ha sido ganado por: Begoña Zubero (2006), Félix Curto (2007), Manuel Sonseca (2008), Juan del Junco (2009), Karen Knorr (2010) y Jorge Yeregui (2011).  Recientemente pudo verse una selección de su colección fotográfica en el Centro Andaluz de Fotografía, bajo el título “La ciudad magnífica” (2011).

[19] Obviamente en el juego con el término estamos recordando a Villeglé.

[20] Pilar Citoler, “Comunicación en el Centro Andaluz de Fotografía”, Almería, 1/VI/2008: “Sin pretenderlo, como sucede todo lo importante en la vida, he percibido con el paso del tiempo que otro de los puntos de interés de mi colección, tiene también que ver con la fotografía.   Si antes he citado a Jesse como uno de los artistas importantes de mi colección, otro sin duda es Wolf Vostell, el artista del décollage.  Un artista, Vostell, al que me unió una gran amistad y del que he coleccionado numerosas piezas.  Su técnica es en muchos casos heredera de los procesos fotográficos, pues es sabido que Vostell adhería imágenes fotográficas que utilizaba a su capricho, un capricho por lo general “lacerante”, pues las fotografías parecen haber sufrido un doloroso proceso temporal.  Adición de objetos y fotocomposiciones, algunas también de vocación surrealizante, en numerosos casos añade fotografías a la que luego pega objetos, metales, pinturas y hasta cámaras fotográficas, como en el caso del extraordinario: Prince Phillippe (Ziklus “Regen” nr. 3-Nach Tizian) (1976). En los años setenta Vostell realizó un cuadro con una fotografía-retrato de mi persona.  Sobre el mismo situó una vieja cámara, a modo de collage que, sin quererlo, ha acabado simbolizando algo de mi trayectoria”.

[21] Alfonso de la Torre, “Un arte otro (en la Colección Circa XX-Pilar Citoler”, Fundación Duques de Soria, Soria, 2009.

[22] Henri Cartier-Bresson, visita al Museo de Arte Abstracto Español. Cuenca, 15 de febrero de 1983 (Libro de firmas del Museo)

[23] “The city seems to be growing again after several centuries of shrinkage. The Museum of Abstract Art, completed in 1966 and unique of its kind, draws its relatively modest quota of sophisticated tourist. Mass tourism has fortunately avoided Cuenca and probably will continue to do so, since the city is not “on the way” to anything else and therefore poses a problem for efficient tour directors. It remains a comparatively unspoiled and delightfully quiet corner in an increasingly frantic world”.   Fernando Zóbel, “Cuenca. Sketchbook of a Spanish Hill Town”.  Philip Hofer Books.  Walker and Company, New York.  In association with the Department of printing and graphic arts of the Harvard College Library, Cambridge, Massachusetts, 1970

[24] A los nombres de Michel Tapié y Zóbel, citando ahora galeristas, debe recordarse su amistad con la galería Ynguanzo.

[25] “El andaluz perdido”, 1969 (Óleo sobre lienzo 99,5 x 81 cm.).

[26] “Tienes que paliar esa tremenda sensación que todos tenemos constantemente.  El arte es un camino a la trascendencia”, Juan Oliver, “Entrevista a Pilar Citoler”, “AZ”, Zaragoza, Nº 7, 2008, p. 38.  Con el recuerdo juanramoniano, también borgiano, de que los objetos de arte sobrevivirán a los coleccionistas y que, como dice Saatchi: “lo que sobrevive es el arte”. Charles Saatchi: “Me llamo Charles Saatchi y soy un artehólico”, op. cit. p. 4