PREMIO CITOLER-SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO

Texto publicado en el catálogo
Alfonso de la Torre, Soñar y saber que se sueña y querer despertar y no conseguirlo.  Sexto Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, catálogo de la exposición del mismo nombre, Universidad de Córdoba, Córdoba, 2012

 

SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO

Después de un día larguísimo, una jornada más en el hospital de reposo ‘Berghof’ en Davos, empero agotadora con el transcurrir de sus tiempos lentos y medidos ritos de descanso, finalizando la copiosa cena, Hans Castorp descendió a la sala de juegos.   Allí, entre otros entretenimientos, se hallaba un visor estereoscópico desde el que los enfermos podían “visitar” una desvaída Venecia, lánguida ciudad marina muy alejada de los fríos de la mágica montaña que recreara Thomas Mann.      Junto a lo anterior, un “caleidoscopio (…) que ponía en movimiento una fantasmagoría multicolor de estrellas y arabescos[1].   También otro artilugio visual en el que se introducían escenas cinematográficas.   No es extraño que dos páginas después, Castorp se preguntara: “¿ha experimentado usted alguna vez esa sensación de soñar y saber que se sueña y querer despertar y no conseguirlo?”.   Nada sorprendente que los primeros rudimentos ópticos, tempranos ancestros de nuestra fotografía, sirvieran de entretenimiento al moroso paso del tiempo de los enfermos del Berghof, muchos de ellos moribundos declarados, otros preparándose para caer en las garras del destino o el estreptococo, previa visita a otro artilugio fotográfico, la radiografía, en donde un Castorp alucinado, cual nuevo Hamlet de la modernidad sosteniendo en este caso la placa fotográfica, se preguntaría, -viendo sus entrañas y, entonces, ‘desnudando’ a su amada deseada, Claudia Chawchat-, el conocido “to be or not to be”.

Apenas unos meses después el reposo y la juerga habrían terminado.   Y la ilusión embriagada del comienzo de siglo, simbolizado en la Exposición parisina de 1900, que visitara Picasso, con sus juegos de luces y cines, vaticinadores de nuestros futuros parques temáticos.  Tocaba a su fin la ilusión decimonónica de que el progreso técnico, encarnado en los rudimentos ópticos, portaría consigo -como si tal cosa- la concordia ente los pueblos y la felicidad.

Llegada la guerra de 1914, la tranquilidad que invadiera el corazón de la Europa burguesa, había comenzado a temblar.   La luz de gas que acariciaba los muebles de fina marquetería viendo languidecer los tranquilos atardeceres, que con mimo describiera Sandor Marai, comienzan a desvanecerse.   El habitante del siglo veinte, casi según comience éste, comprenderá que la Guerra Total, la posibilidad de la destrucción en masa, en definitiva la proximidad del Apocalipsis-Aquí, se hallaba más cerca que nunca en la historia de la humanidad.   Y, además, nos lo contarían.   ¿Cuántas muertes tendrían que pasar hasta saber que mucha gente ha muerto?, cantaba Dylan…

La respuesta, sabemos, estaba soplando en el viento…En Ypres, junto a la frontera francesa, abril de 1915, el gas comienza a ser utilizado para matar o tullir a los adversarios que son gaseados por el contenido de millares de bombonas.   Es una muerte silenciosa, tecnificada.   Lance y óbito por sorpresa ante un arma hasta entonces desconocido que asoma, sin ruido, entre la paz de las primeras lomas salpicadas de verde tras el duro invierno.  Mezclado entre la bendita hojarasca del campo.   La muerte horrible y brutal de los enfrentamientos en siglos anteriores, el mar de lanzas de Ucello o el marasmo de Alejandro en Issos, visto por Altdorfer, se convierte ahora en deceso refinado.  Muerte invisible, en el sentido de no provocar sangre, mas el ultraje provocado por un fin consciente y parsimonioso. El padecimiento lentísimo hasta la final extenuación…El saber y la ciencia, la inteligencia que nos distinguiera de la bestia, son puestos al servicio de la destrucción total.

Y por primera vez los camarógrafos ocupan posiciones en los campos de batalla  que ya  no abandonarán, y el conflicto será a partir de entonces conocido por todos.   Hemos visto a los muertos yacer ateridos en los campos mientras últimas nieves y el viento agitaban sus delgadas ropas.  Mientras los caballos patean sus estertores últimos y las ciudades son evacuadas por la llegada de las nubes tóxicas.   Habitados deshabitados.  Mundo aún en el bitono tan real, que recuerdo decía Wenders, del cine negro.

A partir de ese instante, las imágenes del siglo veinte recorrerán primorosamente la geografía del horror, modelando también una escenografía del pánico que no es preciso siquiera datar, por su pervivencia, casi consustancial, con nosotros: del hongo atómico a los niños en huída pavorosa y de ahí al cuerpo acribillado del Ché en el lavadero.  De los días de llamaradas de napalm en Vietnam a los osarios de Kampuchea.   Y de aquí, faltará poco, a las contemporáneas juergas en Abu Ghraib, estas ya más recientes.

¡Oh siglo veinte!.   Del que dice Georges Steiner es “uno de los más crueles y derrochadores de esperanza de la historia humana”[2].  Recuerdo desgarrado, el de la memoria y el dolor, que nos transfiere la literatura contemporánea: “es este estar-allí ausente, en los campos de concentración, en el baldío de un planeta mancillado, lo que se articula en los textos maestros de nuestra época”[3].

La fotografía permite construir un nuevo y misterioso real que pareciere transitar, como si tal cosa, entre los pliegues de la realidad más frecuentada, propuesta de imágenes que evita el desvanecerse habitual de éstas, sumergidas en la maquinaria inexorable del tiempo, e invita a la construcción de un cierto conocimiento de lo que nos rodea.  Ofrecer certezas detenidas, planteando a la par las razones del por qué ese y no otro fragmento nos recuerda el “vivo”, -como decía Barthes-, “luego existo” -y por ello “veo, ergo fotografío”-, elevando este nuevo pathos pensante el artista visual de nuestro tiempo.   Ya hemos escrito en alguna otra ocasión que contemplar el mundo a través de las  imágenes que promueve la fotografía es, también, ver el mundo en su sentido lato, esto es: ofrecer el lenitivo de una propuesta para comprenderlo.  Pues captarlo mediante la invisible óptica fotográfica supone, al cabo, redimir un espacio hasta la fecha inexistente: en la medida no sería conservado por la memoria.   Utilizando un contradictorio término fotográfico, una fotografía es capaz de revelar una realidad que se habría construido al modo de un agujero negro, y ofrecer lo que se ha llamado una ética de lo visible, originada en la contemplación subjetiva, en la actividad del yo.   La subjetividad con la que el fotógrafo se apropia del mundo, es aquello que diferencia una mera representación testimonial ejercida a través de las imágenes (que, empero, no pasará a la historia del arte), del artista visual, ese que utiliza la fotografía como una herramienta, imparable, para proporcionarnos propuestas visuales.  Los grandes fotógrafos del siglo veinte, cuyas imágenes han sido conservadas en los gabinetes de los museos, son aquellos que han establecido una conexión particular, una relación distinta, con las personas y espacios del tiempo en que vivieron, revelándolos bajo una apariencia distinta.   Enfrentados así a las imágenes convencionales de su tiempo, que apartan con una suerte de exclamación: “noli me tangere”.

Deslizándose por las páginas de la obra colosal por la que comenzamos a escribir la imagen quieta, -tal un sueño, describe el protagonista-, una ilusión de lo vivido invadiendo el ambiente de la mórbida quietud, del obligado reposo, preguntando y deteniendo a su vez el tiempo, que corre veloz.    Es sabido que “La montaña mágica” supone una de las más inquietantes reflexiones escritas sobre el tiempo.  La presencia de esa vida estereoscópica entremezclándose con vida y muerte, no puede considerarse casual y sí presagiadora de la privilegiada posición de uno de los principales medios artísticos del tiempo del nuevo arte, la fotografía, una forma otra de mirar: la que permitiría acceder, de un modo singular, a zonas de la realidad cuyo acercamiento no sería posible con la mirada general, frecuentemente cansada, ejercida sobre el mundo.   La fotografía recopila fragmentos de un universo de por sí inabarcable, ese horizonte tan extenso que conocemos sincréticamente como ‘realidad’, mundo trasvasado en imágenes quietas, de seres o cosas, paisajes y ciudades, elementos fragmentarios de lo que nos rodea.   Jirones, pedazos de las cosas, a sabiendas de que el conocimiento, vastísimo, no permite extensiones y sí fracciones, resquicios desgajados, no sin malinconia, ese pathos generalizado que refiriera Sontag, de dicha realidad, summa de evocaciones mágicas no muy alejadas tampoco, por cierto, de las reiteradas visitas al fonógrafo que Castorp descubriría, cautivo ya, al final de dicha novela.   Imágenes y música, dos elementos que en 1924 Mann adivinaría pervivirían, en la extrañeza subrayada de su descubrimiento, en el alma de la visión artística hasta nuestros días.

El pasado 2011 tuvo lugar la sexta convocatoria del PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER.   Un premio impulsado por  la Universidad de Córdoba y que cuenta entre sus socios con: Ayuntamiento de Córdoba y su Delegación de Cultura; Fundación Caja Rural y la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí de la Diputación de Córdoba.  Todos ellos, con la cooperación del Parque Científico Tecnológico de Córdoba ‘Rabanales 21’, han impulsado un Premio plenamente consolidado en la llegada de este temprano 2012 (www.premiopilarcitoler.es).

Es sabido que éste, como ha recordado en ocasiones la coleccionista Pilar Citoler, se presentó por vez primera en 2006 en Paris en el marco de “Paris-Photo”.   De esta Feria, el principal evento europeo en el mundo de la fotografía artística contemporánea, recibió un indudable respaldo que fue reiterado el pasado año difundiéndolo de nuevo.  No en vano será preciso recordar algunas de las cifras que concita.   El pasado 2011, con África como invitado, “Paris-Photo” contaba con ciento diecisiete expositores y dieciocho editores de veintitrés países.  En este ámbito mundial se quiso dar a conocer el Premio.  El éxito de la convocatoria parisina permitió su presentación haciendo extensiva su vocación internacional.  Afluencia situada en torno a los cincuenta y un mil visitantes, este año en su nueva ubicación en el Grand Palais.  Siendo la sexta cita del Premio hay que decir que la respuesta ha sido excepcional habiéndose presentado ciento ochenta artistas, siendo uno de los de mayor número de candidatos al Premio.

Con presencia de fotógrafos españoles, remitieron sus fotografías al Premio creadores de muy diversos países y continentes.  La mayoría de los fotógrafos que han concurrido tienen una consolidada trayectoria.   El PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER, es sabido, no nació como un premio más al uso.  Es uno de los de mayor dotación económica y entre sus objetivos se encuentra el apoyo indudable a esta manifestación artística de nuestros días.    Supone el inicio de una colección de fotografía contemporánea que albergarán las instituciones convocantes.    En sus ediciones anteriores ha sido ganado por Begoña Zubero (2006); Félix Curto (2007), Manuel Sonseca (2008), Juan del Junco (2009) y Karen  Knorr (2010).  A ellos se suma ahora, en su sexta edición, Jorge Yeregui.

PREMIO CITOLER. SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO web
Begoña ZUBERO
STASI Nº 5
2005
Original scala/digiform
109 x 158 cm

 

También es el origen de una serie de monografías sobre los artistas visuales premiados que es ya referencia en el mundo de la fotografía contemporánea.  El primer volumen, editado en 2008 dentro de la colección “El ojo que ves”, fue dedicado a Begoña Zubero (Bilbao, 1962).  De laboriosa ejecución, fue realizado bajo la tutela de Ediciones del Umbral, incluyendo un extenso ensayo de Ramón Esparza: “Lo surreal y lo real” y Alfonso de la Torre “La luz de la memoria”.   El libro de Félix Curto (Salamanca, 1967), segundo volumen por tanto de la colección fue impreso en Córdoba en Gráficas San Pablo.   Trabajado cuidadamente por el propio artista, incluía un texto del crítico Abel H. Pozuelo con el título “Siguiendo la estrella”.

La monografía de Manuel Sonseca (Madrid, 1952), tercera, bajo el título “Manuel Sonseca en blanco y negro”, contaba con una entrevista del artista realizada por Alejandro Castellote y un texto de Juan Manuel Bonet titulado: “Manuel Sonseca, peatón con Leica”.   Todo el volumen, bilingüe como la totalidad de la colección, fue impreso en Brizzolis y bajo el cuidado editorial de Mauricio d’Ors.   El cuarto libro, presentado en 2011, dedicado estuvo a Juan del Junco (Jerez de la Frontera, 1972), conteniendo un texto de Javier Hontoria (“Filopatria de las imágenes”) y Sema d’Acosta (“Taxonomías”).   Fue realizado bajo el extraordinario cuidado de Alberto Martín e impreso en Salamanca por Gráficas Varona.

El que se presenta este año, analizando el quehacer de Karen Knorr (Frankfurt Am Maim, 1954), ha sido escrito por Quentin Bajac, Conservador Jefe de Fotografía del Centro Pompidou (“Karen Knorr y la fotografía británica de los años 80”); Kathy Kubicki, artista y editora (“La práctica fotográfica de Karen Knorr”) y Alfonso de la Torre (“Karen Knorr (o) la transfiguración visual del lugar común”).   Ha sido realizado bajo el cuidado de Ediciones del Umbral y Javier Caballero e impreso por Gráficas La Paz y como los anteriores será distribuido internacionalmente por “La Fábrica”.

Como señalamos cada año, no se trata de convocar y premiar, sino de dar un apoyo sin dudas a la fotografía contemporánea.    En torno a él se realizan numerosas actividades: se consolida la serie de monografías y se realizan exposiciones tanto del premio como del artista premiado ese año.

PREMIO CITOLER. SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO web 2
Felix CURTO
Sin título/Serie Menonitas
2007
Fotografía en color montada sobre dibond Papel Infinity RC
161 x 107 cm (158 x 105 cm)

PREMIO CITOLER. SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO web 3
Manuel SONSECA
Berlín
2008
Negativo blanco y negro sobre papel Hahnemühle fine art baryta 325 gr
120 x 80 cm

PREMIO CITOLER. SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO web 4
Juan DEL JUNCO
T. (LA CORCHUELA)
2008
Lightjet Print sobre foam
125 x 154 cm.

PREMIO CITOLER. SOÑAR Y SABER QUE SE SUEÑA Y QUERER DESPERTAR Y NO CONSEGUIRLO web 5
KAREN KNORR
Flight to freedom
2010
Digital Photograph/Ink Jet
Hahnemühle Fine Art Archival paper
122 x 152 cm

El jurado de este Premio estuvo en 2012 presidido por Pilar Citoler, coleccionista creadora de la Colección Circa XX, y contó entre sus miembros con los fotógrafos  Karen Knorr, ganadora de la anterior edición junto a Bleda y Rosa (María Bleda y José María Rosa), Premio Nacional de Fotografía 2008, autores de la fotografía que difundió la VI edición del Premio.   También a Norberto Dotor, fundador de la Galería Fúcares y y quien suscribe.

Como miembro del Jurado tengo que subrayar el apoyo que hemos recibido de las instituciones, muy en especial por parte de la Universidad su magno Rector, José Manuel Roldán Nogueras y el Vicerrector de Estudiantes y Cultura, Manuel Torres Aguilar.  Mención, finalmente, al Directora de Cultura de esta Universidad, Carmen Blanco Valdés.   También a todo el equipo universitario, infatigable colaborador, simbolizado en los nombres de Cristina Coca, Carmen Jareño y Ana Isabel Aranda González.

Tenemos que añadir que las deliberaciones del jurado, ante el extraordinario conjunto de fotografías presentadas, fueron en extremo laboriosas y llenas de una gozosa insatisfacción poco habitual en los Premios.   Es sabido que la labor de los jurados en muchos certámenes no pasa de ser una búsqueda de aguja artística en pajar desordenado.   No fue el caso.

Agradecimiento pues, también, a todos los artistas presentados y muy en especial a los seleccionados quienes han aportado, además de la excelencia de su trabajo, sus reflexiones sobre el mismo en esta publicación.

La vocación del Premio tiene un doble sentido: su contemporaneidad y su deseo de internacionalidad.   No es un Premio destinado al hallazgo de nuevos valores artísticos sino más bien se desea subrayar una trayectoria ya consolidada dentro del mundo de la fotografía contemporánea.   Es sabido que es misión insoslayable de cualquier certamen similar el aportar luz sobre trabajos silentes o no del todo conocidos.

En este sentido todos los miembros del jurado consideraron que otorgar el Primer Premio de esta VI Edición al quehacer y trayectoria de Jorge Yeregui redundaba, con extrema justicia, en el objetivo antedicho.  Así lo hizo constar el jurado en el acta de modo unánime.  El premio se le otorgaba por ser “EL VALLE. PISCINA MUNICIPAL LOBRES”, de la Serie “PAISAJES MÍNIMOS”.  Subrayando el jurado que el premio se otorgaba a este artista “por considerar que la propuesta confirma una exploración conceptual sobre el valor simbólico que adquiere la naturaleza en la ciudad contemporánea”.   Se indicó cómo también, en palabras del artista, esta serie documenta nuevos espacios naturales cuya presencia urbana admite múltiples y contradictorias interpretaciones que oscilan entre el compromiso medioambiental y el ‘Greenwashing’”. Tal escribe Yeregui en el catálogo, “la progresiva concienciación medioambiental y la atracción que despierta “lo exótico” en el habitante urbano han potenciado la construcción integrada de estos pequeños ecosistemas estancos (Paisajes mínimos) en la ciudad del siglo XXI. Operaciones muy elaboradas que se integran en la cotidianeidad de sus habitantes. Se trata de fragmentos reconocibles del paisaje natural, construidos dentro de la arquitectura, de topografías vegetales que nacen del terreno a modo de pliegue y albergan un programa funcional en su interior, de espacios que reproducen un hábitat con medios tecnológicos e incorporan su mantenimiento al del propio edificio”.

Cadencia de imágenes silenciosas que, por contra, mencionan siempre valores extraordinarios, alusión permanente a la diferente concepción del tiempo que enfrenta el desasosegante tiempo humano, y su compulsión civilizadora y el mundo vegetal.  Una cierta entropía de la visión, indagación sobre el mundo verde como testigo que conlleva a que muchas de sus creaciones ofrezcan una suerte de suspensión temporal.   Algo esto último, es sabido, fundamental en la creación, pues es desde ese punto de síntesis y de eliminación de lo accesorio, de deliberada búsqueda del despojamiento donde ha de surgir la obra creadora, como tras un misterioso sigilo.   ‘Belleza’, la que promueve Yeregui, propulsora de inquietudes y que tiene que ver con el sentido aludido por el surrealismo y que se extenderá inapelable hacia la creación a partir del siglo veinte: una belleza no exenta de pavor y, por ende, sobrecogedora, plena de misterio.  Belleza convulsa, o no sería, es sabido proclamaron los seguidores de Breton.   No vamos a insistir en la importancia que el mundo de la naturaleza ha tenido en la creación contemporánea y obviaremos, por consabidas, las referencias a las discutidas tesis de Robert Rossenblum en torno a la relación de ésta con el mundo de la creación.   Nueva dimensión de otro orden posible es el trabajo de Yeregui en torno al mundo vegetal, como elemento superviviente entre los azares del asfalto, una suerte de paisajes mentales ofrecidos al espectador.   Visión del desasosiego representada en sus imágenes, que portan siempre una acongojadora descarnación desde la urbe que parece inherente a la estirpe verdadera de los artistas silenciosos.   Un recogimiento tan propio, de saturada luz dramática, un estilo reflexivo, ‘mental’, y caracterizado también por la coherencia en su trayectoria y plena de rotundidad en sus propuestas creativas.

Los  otros fotógrafos seleccionados, que presentaron fotografías fechadas entre 1998 y 2011 (una buena parte de este último año) fueron: Colectivo MR (Ricardo Ramón Jarne-Marina García Burgos Benfield); Anna Fox; Álvaro Laiz García; Wendy McMurdo; Esteban Pastorino Díaz; Joana Pimentel; Rubio Infante y Paco Valverde Gámez.

Éstos explican sus intenciones creadoras en el catálogo junto a la fotografía presentada al Premio y muestran sus obras en la Sala Puerta Nueva de Córdoba entre los meses de febrero y mayo de 2012.

El Premio, es sabido, se vincula al nombre de la coleccionista Pilar Citoler.   Colección la suya que muestra el transcurso de la historia de la fotografía.   Entre otras muchas exposiciones que han tenido lugar en Córdoba, relativas a su colección, hay que reseñar la última, celebrada en 2009, bajo el título: “MODERNSTARTS-ARTE CONTEMPORÁNEO EN LA COLECCIÓN CIRCA XX-PILAR CITOLER”.   Exposición muy concurrida, tuvo lugar en las salas expositivas de CajaSur, Diputación, Vimcorsa y Teatro Principal.    Subrayando tan sólo las dos exposiciones que tuvieron como eje principal la fotografía, bajo el título de “Dentro/Fuera”, mostrando fondos de la colección fotográfica de Circa XX (excluyendo el vídeo y alguna otra obra aneja que mostrada en el Teatro Principal).    Viaje fotográfico, del exterior al interior, simbolizado en una parte del título de la exposición “Dentro/Fuera”, tanto monta, y que se resumiría en obras que analizaban tanto el retrato como el mundo exterior en las fotografías.  “Ceci n’est pas une photographie”, en el Teatro Principal, ofrecía -desde una cierta y provocadora ironía- un paso más, al analizar a los artistas que han utilizado la fotografía como recurso pictórico…viaje desde la fotografía hacia el mundo de la pintura y la videocreación contemporánea.   El pasado 2011 una selección de su colección fotográfica se mostró en el Centro Andaluz de Fotografía (CAF), en Almería, bajo el título “La ciudad magnífica”.

En 2005 Pilar Citoler recibió el Premio ARCO al coleccionismo privado en España y en diciembre de 2007 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.   Presidió el Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía entre 2005 y 2010.

Sobre lo antes citado, el apoyo otorgado por Pilar Citoler al Premio de Fotografía cordobés, escribió la coleccionista con ocasión de su presentación en Paris hace unos años unas palabras que, aunque ya citadas en otras ocasiones, merecen ser reiteradas: “supone depositar vuestra confianza en el presente y en el futuro del Premio, apostando por una empresa llena de ilusión, en la que todos deseamos tenga la proyección que merece como premio español, dentro y fuera de nuestras fronteras. Vuestro apoyo, reflejado en esta presencia, es decisivo para su consolidación e importancia futura (…) como instituciones vivas y solidarias, de máxima influencia en la sociedad cordobesa, deciden unir esfuerzos para divulgar la cultura más actual y hacer patente su vocación y trayectoria universalista.  El trabajo de ambas Instituciones es amplio y tenaz.  Han elegido dentro de las Artes Plásticas un Premio de Fotografía para hacer patente su interés por las técnicas artísticas más actuales y vanguardistas.  Córdoba, ciudad de encantos, poética y mágica, donde cada calle y rincón es un mensaje constante de su legado cultural y artístico, quiere trascender de su propia herencia, cargada de historia, y persigue una nueva dimensión: el encuentro y búsqueda de la modernidad.  Bisagra de culturas, heredera de siglos de civilización y con el don de la concordia y la yuxtaposición, respetando la esencia de cada una, ha engrandecido el pensamiento y el alma de sus gentes.  Generosos, activos, afables, imaginativos y siempre anteponiendo la amistad, por encima de toda adversidad.  Partiendo de todo ello, Córdoba quiere transmitirnos su riqueza de sentimientos, su visión de la vida y su grandeza.  La creación  del Premio Internacional de Fotografía, no es más que el reflejo de todo ese potencial anímico, de su vocación de entrega y transmitirnos su visión de futuro. Córdoba apuesta por esa modernidad apoyándose en la fuerza y seguridad que dan, sus siglos de historia y cultura”.

“Larga vida al Premio Internacional de Fotografía Contemporánea, podremos concluir si, como se colige de lo anterior, es, antes que nada, fruto de esfuerzo -y la ilusión- de todos”, ha escrito Citoler sobre el Premio.   Queda todo el futuro por hacer pues es sabido que el Premio prosigue su andadura y se preparan nuevas presentaciones de la séptima convocatoria bienal.   Premio que nace con el éxito de las ediciones anteriores, el entusiasmo de las instituciones convocantes, su indudable presencia internacional y el apoyo de la coleccionista que da nombre al Premio.

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[1] Las citas a la obra de Thomas Mann son de la edición de “La montaña mágica”, Plaza y Janés Editores S.A., Barcelona, 3º Edición, 1987, vid. p. 89 y ss.

[2] Georges Steiner, “Presencias reales”, Ediciones Destino, Barcelona, 1991, p. 277

[3] Ibíd. p. 278