PIERRE MATISSE Y MANUEL RIVERA, TRES DÉCADAS DE AMISTAD (1959-1987)

PIERRE MATISSE Y MANUEL RIVERA, TRES DÉCADAS DE AMISTAD (1959-1987)

Texto publicado en el catálogo
MANUEL RIVERA. DE GRANADA A NUEVA YORK, 1946-1960.  (24/02/2012-03/06/2012)
Granada, 2012: Centro José Guerrero, pp. 129-148

 

(…) mon espoir de pouvoir passer quelques jours tranquilles mais pas à Madrid, mais à Grenade[1]

Pierre Matisse a Manuel Rivera, 1962

Leyendo la correspondencia mantenida entre Pierre Matisse (Bohain, 1900-Saint-Jean-Cap-Ferrat, 1989)[2] y Manuel Rivera (Granada, 1927-Madrid, 1995)[3], ciento treinta y ocho elementos postales (cartas, telegramas o cablegramas y tarjetas postales), ninguno tan emotivo como la última misiva remitida por Rivera al galerista neoyorquino en 1987.   Época de escritura temblorosa sobre el papel, por lo general en francés, a veces mecanografiadas las misivas, eran años en que los contenidos de los mensajes tardaban al menos una semana en llegar desde América y España.   Tiempos  lentos ajenos a la inmediatez de nuestra época, siendo la correspondencia un valor importante y elemento decisivo en las relaciones interpersonales: tarjetas postales recordatorias de viajes y querencias, cuya ilustración trae los recuerdos de una faena taurina[4]; el verano en la isla de Giglio, solaz del mar entre pinares[5]; un viaje a Moscú y Leningrado, donde Pierre Matisse evoca Paris[6]; o la mención a la alegría de la Fête du Citron en Menton[7].   Forman  parte de la crónica de la vida del artista granadino Manuel Rivera, pero también del transcurso vital de Pierre Matisse: en la correspondencia se perfila el carácter de este, pero también de quienes serían sus dos mujeres en ese tiempo, Patricia y “Tana”[8].  Y la tarjeta recordatorio de su óbito, -esta vez será ya Gaetana, “Tana” Von Spreti, su último matrimonio-, junto a una fotografía de un anciano Matisse, en 1989, sentado en un barco acariciando a su pequeño perro blanco[9].  Y membretes, que son también evocación de viajes a Paris o Venecia, de largas estancias veraniegas junto a Niza, en su Villa “La Punta” en el extremo de la península de Saint-Jean-Cap-Ferrat, un lugar que describiera Millares con extraordinaria melancolía[10] o de la calma travesía del Atlántico, en 1962, a bordo del “RMS Queen Elizabeth”, como fórmula de establecer un tiempo de distancia entre las cosas, spleen navegante del galerista que elige esta forma de viaje para descansar de la agitación diaria, rememorando a la par un secular viaje: el de ultramar entre los dos mundos, Europa y América, un trayecto recordado por artistas como Miró o Giacometti, mas también por su propio padre, y trayendo a estas líneas ese calificativo de “barquero del arte”[11] aplicado a Pierre por sus frecuentes viajes allende el océano[12].

Aquella epístola final escrita por Rivera, un artista muy reconocido ya en los años ochenta, era el recuerdo de una relación entre galerista y creador, mas también la evocación de una amistad surgida desde la exposición dedicada a cuatro artistas vinculados a “El Paso” que, inaugurada el 15 de marzo de 1960[13], en su galería de Nueva York, tendría una nueva versión en el invierno de 1987[14].  Tras su carta quedaba el recuerdo de dos importantes exposiciones individuales del artista en esa ciudad y de la estrecha colaboración del galerista en proyectos expositivos en Norteamérica y Europa, principalmente en los inicios de la década de los sesenta[15].   Y era, antes que nada, mención a los duros comienzos, simbolizados en la exposición de los artistas españoles en la galería dirigida por Matisse durante cincuenta y siete años, en el distinguido y bullicioso Fuller Building, en el encuentro de la calle 57 y Madison Avenue[16].

“Pierre Matisse: las mejores pinturas y esculturas modernas”, era el anuncio publicitario aparecido en la prensa neoyorquina con ocasión de la apertura de su galería en 1931[17], evocando ahora a un galerista que quedaría, con el tiempo, integrado en la nómina histórica de los míticos marchantes del siglo veinte, reunido su nombre al de los Vollard, Kahnweiler o Maeght.   Un galerista que, en su condición de expatriado a América desde Europa, de trasterrado, simbolizaba el signo de los tiempos de la postguerra mundial, momentos en que el exilio, el desplazamiento de los creadores allende sus lugares de origen, era un hecho frecuente.   Matisse encarnaría, precisamente, la acogida de los artistas europeos en el complejo mundo norteamericano, que no sería solamente referida a su mercado, sino también es preciso subrayar aquí el conocimiento que para la sociedad artística de los Estados Unidos: artistas, coleccionistas o críticos, supuso la difusión que Matisse ejerció desde su galería.   Así sucedería con creadores simbólicos ejercientes en Francia cuya obra llegaba a su galería, tal eran los casos de Pierre Bonnard, Georges Braque, Jean Dubuffet, Alberto Giacometti, Marcel Gromaire o Georges Rouault.  También su estrecha relación con creadores originarios de Sudamérica como Matta o Lam.  No nos referimos solamente a la difusión de las obras sino que, con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, numerosos artistas llegaron a los Estados Unidos, como mencionaba una de las exposiciones míticas de Matisse en su primera época: “Artists in Exile” (1942)[18] y su galería fue enclave fundamental en el encuentro de los artistas de esta nueva diáspora del siglo veinte.

La última carta de Rivera también suponía un repaso emocionado de su amistad, pues la primera exposición había servido para que el granadino se convirtiera en artista de la galería reemplazando, como veremos, a Luis Feito, y era, también, una mención final: Matisse fallecería dos años después[19].   Censo vital, unas líneas de emoción en las que el artista no olvidaba la estrecha colaboración entrambos, mas también el afecto y apoyo en los momentos más difíciles.  En ella escribía su agradecimiento: “ha pasado mucho tiempo, desde nuestro primer contacto, he ido aprendiendo y envejeciendo y hoy tengo reconocimiento y honores.   Sin embargo está muy vivo en mí, nuestros años de colaboración y no puedo olvidar la ayuda y la amistad que en aquellos momentos me dio Vd.”[20].  Con verdadero afecto, la cita es literal, concluía la misiva.

La correspondencia entre Rivera y Matisse tuvo lugar entre 1959 y 1987[21], teniendo en los inicios de los sesenta (de 1960 a 1962) sus momentos capitales, vinculados a los grandes proyectos del artista en Nueva York: su individual de 1960 en la galería y las exposiciones colectivas en el Guggenheim y MoMA, en las que la obra de Rivera estuvo presente.   Coincidente también ese tiempo con lo que fue una dura negociación del contrato del artista con la galería, en donde el artista arriesgó, como veremos, lo suyo.  La correspondencia transcurre, obviamente, en paralelo al transcurso vital de los dos personajes.  En ella es posible seguir la agitada actividad de Pierre Matisse, entre Nueva York y Paris, principalmente, y sus diversas visitas a Madrid.   Una parte de este relato es la crónica de la llegada de Rivera “A  Nueva York”, el viaje del granadino a la capital del arte, que subraya el título de la exposición en el Centro Guerrero.   Ese viaje del 25 de octubre 1964, que sería su primer y único desplazamiento a Nueva York, acompañado de Juana Mordó, su galerista desde ese año[22].

Un lustro antes al encuentro de Rivera con el galerista, en 1954, fallecía Henri Matisse y la segunda parte de la década de esos cincuenta supuso un cambio radical en el compromiso de Pierre Matisse con el mundo del arte[23].  Había terminado el intercambio de cartas con su padre[24] que suponían un permanente balance de impresiones entrambos y una cierta tutela del pintor francés sobre el quehacer del hijo menor en Nueva York.   Desaparecido el pintor, una nueva familia, la de los artistas, tomaba importante parte del devenir y quehacer de Pierre Matisse pues en la relación con esa familia del arte tenía lugar capital, como han señalado los estudiosos de su quehacer, el contacto epistolar.   El galerista consideraba la correspondencia un elemento fundamental en su tarea diaria.   De ahí que la escritura de estas cartas sirva para revelar, en su extensión e intensidad, la dedicación en su factura, la precisión y la atención sobre lo que el otro desea saber o confirmar: “Chacun avait besoin d`être soutenu et, dans ce contexte, une lettre, un petit mot manuscrit, pouvait être décisif.  Entretenir une correspondance avec les artistes était donc important pour Pierre Matisse, et eux-mêmes y étaient très sensibles.   Pierre Matisse avait en outre appris, dès l’enfance, que l’écriture pouvait répondre à une besoin difficile à satisfaire uniquement de vive voix.  Il cherchait à reconstituer avec ses artistes une sorte de nouvelle famille, au sein de laquelle régneraient l’équité et la confiance réciproque.  Les échanges épistolaires lui semblaient être la source d’une vie plus enrichissante, et la lenteur imposée par les transports postaux était compensée par la densité des missives”[25].

1959 es el año fundamental en el encuentro entre Pierre Matisse y Manuel Rivera.   El galerista vino a España en enero y septiembre, viajes motivados por el encuentro con Joan Miró, artista fundamental de su galería, y al que expuso en innúmeras ocasiones.   Es evidente que en el primer viaje citado visitó la exposición de cuatro artistas de “El Paso” que presentara el activo Club 49[26] en la sala Gaspar de Barcelona, el mismo “Club” que impulsara el primer proyecto expositivo de Miró tras nuestra guerra, en 1949[27], y, al cabo, galería de Joan Miró de esos años.    La exposición de 1959 visitada por Matisse en Barcelona, como luego veremos, le sirvió como modelo de proyecto a exportar para su espacio expositivo de Nueva York, un año después[28].  En este punto es  preciso reseñar, como lo hemos hecho en otras ocasiones[29], que Miró no fue una casualidad en esta historia sino que se convirtió en frecuente adalid de los artistas de “El Paso” y que diversas fotografías de la época muestran su visita a la exposición de Gaspar y que, por tanto, de su mano, Matisse visitaría la sala barcelonesa de Consell de Cent[30].   Miró fue también ilustrador del número especial de “Papeles de Son Armadans” (1959), en el que evocaba a sus “amigos de El Paso en trayectoria hacia las fosforescencias grises de las alas de mariposa frotando de los huesos”, añadiendo que “hay que pintar pisando la tierra, para que entre la fuerza por los pies”[31].  La tutela de Miró hacia los artistas de “El Paso” y su influencia sobre Pierre Matisse redundaba en algo que ha sido referido en ocasiones, la frecuencia con que un artista respetado de su galería o un teórico servían de introductor a otros artistas que llegarían a Pierre Matisse Gallery: Miró lo haría también con Calder y Balthus le recomendaría a François Rouan.   Breton le enseñaría a Matisse la obra de Wifredo Lam y, en general, de artistas surrealistas que, como Tanguy o Carrington, llegarían también a su galería.    El neoyorquino había conocido las obras de Joan Miró hacia 1928, de la mano de Pierre Loeb[32].  La obra de Miró fue expuesta por vez primera en la galería de Matisse en 1932, permaneciendo el artista vinculado a su galería hasta su fallecimiento en 1983[33].   En cierta medida, Matisse se convirtió así en responsable del conocimiento de la obra de Miró en los Estados Unidos y, como sucedería en el caso de Rivera, su actividad no se limitó a la meramente galerística, sino que colaboró en la realización de proyectos expositivos que incluían su obra y, también, en la consideración de su trabajo de importantes museos norteamericanos.  Ese 1959, encuentro con Miró y “El Paso”, y por extensión con Pierre Matisse, este preparaba la exposición del catalán en su galería, una muestra dedicada a un portfolio sobre las “Constellations, 1940-1941” realizado con la colaboración de André Breton[34].   De tal modo, este tiempo supondría un año español de su galería pues en 1960, a la exposición de los cuatro artistas de “El Paso”, seguirían sin interrupción las exposiciones de Millares, Rivera y Saura[35].

Es también conocido que Rivera no estaba en la exposición de Gaspar en 1959, compuesta de cuatro integrantes del grupo “El Paso”: Rafael Canogar, Luis Feito, Manuel Millares y Antonio Saura.  Ellos eran los artistas, los “Cuatro pintores españoles”[36] a quienes, en principio, invitaba Matisse en octubre del mismo año a la exposición del grupo en Nueva York, ofrecimiento que se expresaba en una carta remitida por Matisse a Antonio Saura.  Sin embargo, el inexcusable compromiso de Luis Feito con Arnaud, su galería parisina, le impidió aceptar la propuesta del galerista norteamericano[37].   De este modo aparecía un nombre nuevo, el de Manuel Rivera, en el horizonte.

Rivera esperaba la visita de Matisse, cuando este realizara su viaje a España de septiembre de 1959, en el que el galerista contactó con los demás nombres propuestos.   El conocimiento del encuentro con Millares y Saura, y la ausencia de visita a su estudio, contrarió sumamente al artista granadino y así lo haría notar, con frustración contenida, en su primera carta de diciembre de ese año[38].  También parece claro que fueron los otros tres artistas de “El Paso” quienes tomaron la decisión de completar el cuarteto de artistas españoles con el nombre de Rivera, como así se desprende de la primera carta del granadino en diciembre de 1959: “me comunican hoy mis compañeros de “EL PASO”, que Feito no podrá tomar parte en la exposición de “EL PASO” que se propone Vd. celebrar en su Galería y que yo podría sustituirlo”[39], y así lo corroboraba Matisse días después: “j’ai demandé à vos amis de choisir un membre (fondateur) du groupe El Paso pour prendre la place de Feito en leur indiquant que ma préférence allait vers votre œuvre”[40].   En este punto es fundamental recordar la extraordinaria relación que Rivera mantenía con Manolo Millares, artista al que el granadino había conocido en 1953 en Santander[41] y con el que había pasado unos días en Córdoba en 1956, apenas llegado Millares a la península[42], con ocasión de la estancia temporal de Rivera en la ciudad[43], discutiendo sobre cuestiones artísticas en su domicilio de la carretera del Brillante y también recordaremos que el canario, con su frecuentado heterónimo “Sancho Negro”, había publicado ese mismo año el “Poema a Manuel Rivera”[44].   Millares y Saura se habían integrado ya plenamente, esto es: con contrato, unos meses antes al contacto epistolar de Rivera, en la galería de Pierre Matisse[45].   Su contratación significaba la fuerza para solicitar la llegada de Rivera a la galería pero también, como veremos, entrañaba limitar otra nueva contratación, y los compromisos consiguientes de compra de su obra, de un nuevo artista español.

Aparece también en la primera carta de Rivera al galerista algo que será fundamental para la negociación del contrato en los siguientes meses, su actitud firme frente a Matisse: sus obras, al no verlas el marchand en el viaje realizado en septiembre a Madrid, al no “interesarle” escribe rotundo el artista, se las había cedido a la galería parisina René Drouin[46].   Es pues el relato de un Rivera contrariado pero que, empero, durante ese mes de diciembre acordará ceder las cinco obras que participarían en la exposición colectiva de “El Paso”, remitiendo también Rivera[47] el texto de Juan-Eduardo Cirlot sobre su obra para ser reproducido convenientemente en el catálogo.  En fin, como iremos escribiendo, es evidente que característica del temple de Matisse era el buen conocimiento de los artistas, recordándonos una certera afirmación de Joan Miró: “Vous, fils d’un très grand peintre, savez mieux que moi ce que représente la vie d’un artiste”[48].    La correspondencia revela su paciencia y capacidad negociadora mas también la extraordinaria comprensión del complejo quehacer de los artistas.  En unos meses, tras tan insólita carta de bienvenida del granadino, Matisse tendrá a Rivera en la nómina de su galería, le visitará en su estudio de Madrid exigiendo, a la par, que Daniel Cordier sea su galerista en Paris, retirando de inmediato las obras de la galerie René Drouin.

Las estancias de Pierre Matisse en Madrid fueron seis, visitando a Manuel Rivera, entre 1960 y 1966[49], y siempre tuvieron por objeto el establecer los contenidos de proyectos expositivos en la galería.  Dos de esas visitas lo fueron acompañado de su segunda mujer Patricia O’Connell.

Así el cuatro de enero[50] de 1960 Pierre Matisse llega a Madrid, trasladándose desde el Hotel Ritz hasta los extramuros de la ciudad, el parque de La Quintana, donde vive Rivera[51].   Hasta allí llegarán, atravesando el barojiano vado del Abroñigal, meses después otros personajes ilustres de este tiempo: Frank O’Hara y James Johnson Sweeney.    Aquella primera visita debió resultar satisfactoria, cumpliéndose así una característica, más bien un ritual, que parecía imprescindible en la relación de Matisse con los creadores, en su personalidad como galerista, subrayando lo que Schneider llama la selección de artistas “por contagio”, la necesidad, para avanzar en la relación, de llegar a un encuentro personal con cada creador: “Le choix de ses artistes par Pierre Matisse ne s’est opéré pour des raisons théoriques ou esthétiques, mais par contagion. Un contact personnel, une certaine intimité humaine a, presque toujours, précédé l’adoption de l’œuvre”[52].

Matisse seleccionó y adquirió en firme, tal lo haría durante todo el tiempo que duró la relación con el artista, un conjunto de cinco obras para su inmediata exposición[53], empero descartaba, en los inicios de ese 1960, un mayor compromiso, tanto por falta de espacio, como por los abundantes compromisos ya adquiridos, quizás refiriéndose a la realización de los dos contratos citados a Millares y a Saura[54].   En la correspondencia se revela la existencia de otras negociaciones de Rivera con dos galerías neoyorquinas, Grace Borgenicht[55], por la presentación de Porter A. Mc Cray[56], y Gress Gallery, que además el artista utilizó como elemento valedor en la negociación.   En fin, lo que queda claro revisando la correspondencia de Rivera es que entre 1959 y 1960, además de esta correspondencia con Matisse, tuvo lugar una concatenación de misivas que mostraban el indudable interés de los norteamericanos por su obra.   Algo que era consecuencia lógica del éxito de la muestra de sus mallas metálicas en São Paulo (1957) y Venecia (1958), de su extraordinaria repercusión crítica internacional y que había motivado el que Alfred H. Barr escribiera a Rivera en marzo de 1959 refiriéndole la adquisición de una de sus piezas de São Paulo por Nelson Rockefeller[57], uno de los más ilustres patronos del Museo[58].   También es relevante, en este punto, el papel desarrollado por este Museo y por el citado Mc Cray en la apertura de las exposiciones temporales hacia nuevas zonas del arte, dentro de una estrategia política y cultural de los Estados Unidos en donde además de España se miraba hacia Latinoamérica.

Según la correspondencia mantenida con el granadino, Matisse esperó hasta la llegada, algo más tardía que los restantes, de los cuadros de Rivera a Nueva York, retrasando una semana la inauguración de la exposición de los cuatro artistas de “El Paso”[59] y las pinturas serían vendidas de modo inmediato[60], como así le escribe el marchante el mismo día inaugural, anunciando también la visita de Frank O’Hara a la exposición del Fuller Building de modo previo a su viaje a Madrid[61].   Un telegrama de Millares a Rivera revelaba la expectación que había causado la obra del granadino: “coleccionista neoyorquino importante ofrece doscientos”[62].  El éxito de la presencia de las obras de Rivera en Pierre Matisse fue total, vendidas así las obras remitidas y solicitando el galerista diez nuevas de modo inmediato[63], requerimiento tramitado por Matisse en lo que podríamos llamar el formato de “emergencia”, esto es: carta y telegrama inmediato, algo que será recurrente cuando Matisse tenga que comunicar algo con urgencia.

Tras el primer desplante de Matisse, en su visita a Madrid, la espera paciente de Rivera ponía en pie su capacidad negociadora. Las prisas derivadas del éxito indudable de sus obras era su baza a jugar, ‘ahora o nunca’ debió decirse, y la ejerció con firmeza. En carta del 26 de marzo escribe a Matisse exigiendo el contrato.  Al principio lo hará con dulzura y explayándose en la escritura: “Le agradezco mucho su ofrecimiento de compra de mis obras, pero yo quisiera estar en su Galería de forma más permanente, ya que de otro modo me sería muy difícil que otra galería me ofreciera contrato al poder ofrecer Vd. mi obra también al mismo tiempo.  Yo estoy dispuesto a firmar con Vd. un contrato con la exclusividad para Vd. de mi obra en los Estados Unidos. Ahora que la Galería conoce mis obras, creo que será más fácil decidir sobre este punto que cuando Vd. estuvo en Madrid.   Por otra parte y si Vd. me ofrece contrato, yo no le exigiría, sí la Galería no dispone de tiempo, de una inmediata presentación con exposición personal”[64].   Pero acto seguido, al día siguiente, tras la extensión verbal que permite la carta, un telegrama, más lacónico, dejaba clara la apuesta de Rivera, siguiendo la fórmula carta-mas-telegrama aprendida de Matisse: “Dispuesto cederle-obras-contrato exclusiva stop venderselas sin contrato-cierra posibilidades-otras galerias.stop”[65].  A lo anterior se sumó la coincidencia de la visita a su estudio, en las mismas fechas a esta tensión epistolar, de Frank O’Hara y James Johnson Sweeney[66] organizadores de las exposiciones en el MoMA y Guggenheim, quienes seleccionaron un conjunto de obras para las mismas.  Un encuentro anunciado en diciembre de 1959 por el citado Mc Cray[67] que se produciría el 22 de marzo de 1960.   Rivera conocía, por vez primera, que un conjunto de cartas (a las que habría de llamar, siguiendo el lenguaje del juego más bien ‘triunfos’), estaban ahora en su mano: galerías, conservadores, críticos y coleccionistas se interesaban por su obra.  La tensión duró poco, apenas tres días.  Matisse no replicará los contenidos de las misivas recibidas sino que se limita a aceptar con displicencia el acuerdo, señalando lacónica y detalladamente sus condiciones.    El 30 de marzo un telegrama de Matisse anuncia está listo para el contrato: “suis pret pour contrat deux ans renouvelable pour minimun vingt oeuvre par  annee avec exposition saison 1960-61 stop prix bases sur prix elpaso letter suit mejores saludos”[68].  La carta posterior[69] de Matisse insistía en lo comunicado con brevedad en el telegrama, a la par que contenía un nuevo elemento en la negociación, la exigencia de Daniel Cordier[70] como su galerista parisino y, por extension, europeo, algo que aceptaría sin reservas Rivera[71].  También tenía otro elemento singular, el compromiso para la difusión de su obra internacionalmente[72].   La respuesta de Rivera, tras la dureza de la espera, esos tres días que debieron ser inolvidables para el granadino, fue emotiva y cumpliría, sin dudarlo, con el elogio que Matisse hacía de la aventura epistolar como ese lugar de crecimiento sustancial de su familia de artistas:  la “nobleza” mostrada por Pierre Matisse en el acuerdo, llegados a este punto, era el acontecimiento más importante de su vida artistica[73].

A partir de este instante, puede decirse que la zozobra terminó, tanto para Rivera, como artista cuyas obras tuvieron una excelente acogida en los Estados Unidos, como para Matisse, cuyos esfuerzos fueron encaminados entonces a la correcta organización de los proyectos expositivos en los que participara Rivera, sin olvidar la venta de obras a numerosos coleccionistas e instituciones norteamericanas.  También fue capital Matisse en el encuentro de la obra del granadino con la crítica estadounidense, como fue el caso de Emily Genauer[74] habitual de “New York Herald Tribune”, coleccionista de la obra de Rivera y buena amiga de éste.  “Es mi hombre”, había escrito[75] esta con ocasión de la inauguración de  “Four Spanish Painters: Millares, Canogar, Rivera, Saura” el 15 de marzo de 1960,  a cuya apertura asiste O’Hara[76], reseñándose la misma tanto en el citado “New York Herald Tribune” como en “New York Times”.  Por su singularidad nos gusta siempre reseñar las líneas que le dedicara a Rivera el luego minimalista Donad Judd, esta vez en funciones de crítico de “Arts”[77].   Esta exposición colectiva serviría de introducción de la obra de Rivera en el mundo norteamericano quien, concluyendo el mismo año, inauguraba su individual de veintitrés pinturas recientes en diciembre con Pierre Matisse[78].   Como se observa repasando este fructífero año neoyorquino, la presencia de Rivera en Pierre Matisse Gallery deviene fundamental para participar en las exposiciones que tienen lugar en el verano en los dos principales museos neoyorquinos pues, además, las obras del artista granadino proceden de su depósito: The Solomon R. Guggenheim Museum, con el título “Before Picasso; After Miró”[79] y The Museum of Modern Art, “New Spanish Painting and Sculpture”[80].   Ambas muestras supusieron un extraordinario despliegue crítico, por extensión e intensidad, en donde no estuvo ausente la discusión sobre la presencia de los artistas que llegaban desde la España de Franco, ni sobre si su carácter era novedoso o, por el contrario, continuador de la tradición pictórica española[81].  Algunas de estas crónicas permitieron a Rivera desde España conocer imágenes del montaje de la exposición, pues “Time” publicó una hermosa fotografía de Ben Martin con la sala dedicada a la obra de Rivera, compartiendo espacio con Feito y Chillida[82].

También en España  la noticia de las dos exposiciones en Nueva York provocó un auténtico revuelo, simbolizado en la muestra previa que tuvo lugar en la galería Biosca de Madrid y su extraordinaria repercusión en prensa[83].    Matisse dedicó los meses de abril y mayo de 1960, como se revela de la correspondencia intensa de estos dos meses, a coordinar el transporte y las dificultades aduaneras de las obras, solventadas puntualmente por la hacendosa “Casa Macarrón”.  Él fue también el encargado de comunicarle  la adquisición de una de sus obras por el Museo Guggenheim, mediante el procedimiento que al comienzo llamamos de emergencia[84].

Durante un par de semanas Rivera visitará los Estados Unidos, por  primera y única vez[85], entre la última semana de octubre y primeros de noviembre de 1964[86].  Invitado al domicilio neoyorquino de Pierre Matisse[87], con ocasión de su visita al Carnegie Institute en Pittsburgh, prefiere alojarse con el “pintor norteamericano José Guerrero, nacido en Granada”[88] y en donde pasa unos días inolvidables, como se relata también en las “Memorias” publicadas por esta Diputación de Granada[89].     El viaje a Nueva York tuvo por objeto estar presente en la inauguración en Pittsburgh en cuyo Carnegie Institute se mostraba su obra, resultando premiado en el Certamen, lo que le supuso un nuevo reconocimiento en la sociedad artística  norteamericana[90].  Retornado a Nueva York, agasajado en una fiesta por Pierre Matisse, Rivera llega a conversar con Leo Castelli quien le ofrece formar parte de su galería.  El éxito de ese su único viaje a los Estados Unidos quedaba simbolizado en la tarjeta postal remitida por los Guerrero a Rivera en enero de 1965, ilustrada con el paseo de un torero, triunfal, por el ruedo felicitándole por el Premio obtenido en Tokyo, en la “The 3rd international young artists exhibition, Europe-Japan”.   En la vuelta al ruedo del diestro, en el anverso de la postal[91], se simbolizaba el éxito de este pintor granadino, devenido, con todas las de ley, pintor reconocido en Norteamérica.

La correspondencia iría decreciendo con los años.   El último proyecto expositivo individual de Rivera en Pierre Matisse tuvo lugar en 1966, mostrando veinticuatro pinturas[92].   Las difíciles circunstancias de la vida norteamericana, mediados los años sesenta, hicieron que no volvieran a repetirse esos años prodigiosos, para Rivera, circunscritos al periodo 1960-1961.  En 1967 una carta de Matisse anuncia las dificultades de la galería[93], donde se suma la inestabilidad política y la aparición de nuevas corrientes artísticas que parecen dejar de lado la trayectoria expositiva de Pierre Matisse.  Este se sincera, como pocas veces con Rivera, en una carta que deja de lado el lenguaje que había sido  habitual hasta la fecha, tan solo relativo a su relación artística: “une époque de marasme extraordinaire, la Bourse allait mal et tombait de plus en plus bas.  Le Viet Nam, l`histoire du livre sur la mort d’un Président, etc, et nous avons eu très peu de ventes.   Et puis il y a la querelle des Pop, Op, Kin, etc…”[94].

Varias veces le sugirió Rivera a Matisse la visita a España, ya fuere mediante estancias más largas, aprovechando sus viajes a nuestro país o como un modo de serenar su ánimo.  Será Matisse quien muestre su interés en llegar hasta Granada, ¿recordando quizás el viaje de su padre de 1910?.  En 1962, coincidiendo con el descanso de Matisse a bordo del “RMS Queen Elizabeth” y la revelación de su fatiga, le escribe Rivera: “Yo estaría muy contento si Vd. viniera a Madrid a final de año o primeros del año próximo y sobre todo me gustaría que descansara un poco en España, olvidando por unos días los negocios. Tengo verdaderos deseos de que pasemos unos días tranquilos sin hablar para nada de Arte” [95].  A lo que Matisse responde : “C’est aussi mon espoir de pouvoir passer quelques jours tranquilles mais pas à Madrid, mais à Grenade ou vous devez connaître de bons petits coins”[96].  Unos días después le señala el artista con entusiasmo: “¡Qué gran placer sería para mí poder llevarle a cada bello rincón de mi Granada!, le garantizo unos días tranquilos e inolvidables. Esperemos que este proyecto se pueda realizar”[97].

Sabido es que nunca llegó a realizarse el viaje de Pierre Matisse por tierras granadinas acompañado de Manuel Rivera, el encuentro que ahora evoca esta exposición[98].

 

BIBLIOGRAFÍA

Para la realización de este texto se ha consultado:

-John Russell, “Matisse.  Père & fils”, Éditions de La Martinière, Paris, 1999

-William M. Griswold y  Jennifer Tonkonvich (cronología de Alessandra Carnielli y Margaret Loudon), “Pierre Matisse and his Artists”, The Pierpont Morgan Library, New York, 2001

-Pierre Schneider, “Pierre Matisse, passeur passionné ”, The Mona Bismarck Foundation-Editions Hazan, Paris, 2005 La versión española de este texto puede consultarse en “La colección Pierre & Maria-Gaetana Matisse en The Metropolitan Museum of Art, Nueva York”, Museo Picasso, Málaga, 2007

Sobre la relación de Pierre Matisse con los artistas de “El Paso” se ha escrito en: Alfonso de la Torre, “Manolo Millares, Vestigio y ceremonia.  A far cry.  Sobre la presencia de la pintura de Millares en los Estados Unidos”, Acquavella Galleries, Nueva York, 2006.

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[1] Carta de Pierre  Matisse a Manuel Rivera. 8/XI/1962.  La cita se recoge en extenso, y traducida, al final de este texto.

[2] Henri Matisse tuvo dos hijos con Amélie Noellie Parayre, Jean (1899) y Pierre (1900)

[3] Nuestro agradecimiento, comenzando este texto, lo es de modo encarecido a Maria Isabel Molestina, Reader Services Librarian, Reading Room, The Morgan Library & Museum.   Gracias a la cooperación de  The Morgan Library & Museum hemos podido recomponer la totalidad de la correspondencia entre Rivera y  Pierre Matisse.   Ellos conservan el legado del galerista.

Esta correspondencia se ha podido revisar gracias al trabajo hecho en dos direcciones.   El citado en The Morgan Library & Museum y en el legado custodiado por la Familia Rivera, ordenado con ocasión de la realización de su “Catálogo Razonado”.   Rivera conservaba copia de buena parte de las cartas por él remitidas y, obviamente, las enviadas por Pierre Matisse.  En el caso de la ausencia de alguna de las cartas se ha consultado el archivo de The Morgan Library & Museum.   Sobre el carácter meticuloso de Rivera con la correspondencia tenemos el testimonio de Fernando Zóbel: “No esperaba encontrar un estudio tan ordenado. El más ordenado que he visto en mi vida. En mi vida. Incluso escribe las cartas por contestar en su mesa de trabajo”. La visita se produjo en 1963.  Fernando Zóbel en “La ciudad abstracta. 1966: el nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español”, Fundación Juan March-Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, 2006, pp. 60-61

[4] Tarjeta postal de Patricia Matisse a Manuel Rivera. 9/I/1964.

[5] Ibíd. 18/VIII/1964. La de la isla de Giglio es también de esta segunda esposa del galerista.

[6] Tarjeta postal de Pierre Matisse a Manuel Rivera. Sin expresión exacta de fechado. 1965.  Posiblemente marzo.

[7] Ibíd. Sin expresión exacta de fechado. 1966.

[8] Pierre Matisse tuvo tres matrimonios.  El primero, en 1929, con Alexina o “Teeny” Sattler  (Cincinnatti, 1906 – Villiers-sous-Grez, 1995), separándose en 1949 (casaría después con Marcel Duchamp); el segundo con Patricia O’Connell Kane, esposa de Roberto Matta, con quien permanecería hasta el fallecimiento de ésta en 1972.  En 1974 se casaría con una colaboradora alemana, Maria-Gaetana o “Tana” von Spreti (Viena, 1943-Nueva York, 2001).  Rivera conoció a Patricia, quien acompañó a Pierre en alguno de sus viajes a España, y mantuvo con esta una cierta relación epistolar.  De esta correspondencia se infiere que trató  a Patricia mas no conoció a Tana. Tarjeta postal de Tana Matisse a Manuel Rivera. 22/X/1989: “espero conocerte un día cuando yo vaya a España”.

[9] Tarjeta postal de Tana Matisse a Manuel Rivera. 22/X/1989.

[10] Este lugar fue visitado por Manolo Millares y Elvireta Escobio el 21 de septiembre de 1969.  Con melancolía lo describía el pintor canario: “Una casa hermosa por la que uno va derecho, como un autómata, hacia la gran cristalera que se abre a una enorme  terraza colgada sobre el agua.  Al fondo, la bajada de los Alpes Marítimos casi hasta el Principado de Mónaco, y en toda la cortada que entra al mar las tres carreteras: la Cornisa Alta, la Media y la Baja, culebreando por las verduras”. “Memorias de infancia y juventud” (IVAM documentos, vol I, Instituto Valenciano de Arte Moderno, Valencia, 1998, p. 140).  Allí -rodeados de obras de Picasso, Miró, Matisse, Giacometti, revela Millares-, en presencia de Patricia, conversan largamente sobre pintura, Castilla, Fray Luis de León… Cuando marchan “el sol se mete ya por detrás de los riscos de Niza y Cap Ferrat, como un lagarto brumoso sobre un azul oscurecido, queda atrás” (Ibíd, p. 141).

[11] Pierre Schneider, “Pierre Matisse, passeur passionné ”, The Mona Bismarck Foundation-Editions Hazan, Paris, 2005. La versión española de este texto puede consultarse en “La colección Pierre & Maria-Gaetana Matisse en The Metropolitan Museum of Art, Nueva York”, Museo Picasso, Málaga, 2007, p. 21.  Sobre las relaciones de los artistas citados con el cruce del Atlántico, vid. Ibíd. pp. 33-34.

[12] Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera, con el membrete citado. 7/X/1962. Desvelando el barco es lugar para tomar reposo : “Après quelques jours de repos sur le bateau je commence à rependre mes esprits qui avaient été mis à grande épreuve depuis mon retour de Madrid. Après demain je serai à New York ou m’attend le travail furieux de la remise en route de la galerie”.  En Ibíd.

[13] Pierre Matisse Gallery, Four Spanish Painters: Millares, Canogar, Rivera, Saura, New York, 15 Marzo-9 Abril 1960.  Pierre Matisse Gallery, 41 east 57 st.-New York

[14] Pierre Matisse Gallery, Four Spanish Painters: Canogar, Millares, Rivera, Saura, New York, 17 Noviembre-12 Diciembre 1987

[15] Las exposiciones individuales de Rivera en Pierre Matisse Gallery tuvieron lugar en 1960 y 1966: Manuel Rivera. Recent Paintings, 6-23 Diciembre 1960 y Manuel Rivera, “Los espejos”, 8-26 Noviembre 1966.  Matisse colaboró decisivamente en los dos proyectos colectivos sobre arte español que tuvieron lugar en Nueva York en 1960: The Solomon R. Guggenheim Museum, Before Picasso; After Miró, 21 Junio-21 Julio 1960 y The Museum of Modern Art, Frank O’Hara-New Spanish Painting and Sculpture, 20 Julio-25 Septiembre 1960 (itinerante en los Estados Unidos).  También colaboró en la presencia de Rivera en el Carnegie Institute en tres ocasiones: 1961, 1964 y 1967:  The 1961 Pittsburgh International Exhibition of Contemporary Painting and Sculpture, Department of Fine Arts, Pittsburgh, Gallery C, 27 Octubre 1961-7 Enero 1962; The 1964 Pittsburgh International, Exhibition of Contemporary Painting and Sculpture, Pittsburgh, Gallery Q, 30 Octubre 1964-10 Enero 1965 y 1967 Pittsburgh International, Exhibition of Contemporary Painting and Sculpture, Pittsburgh, Gallery N-2, 27 Octubre 1967-7 Enero 1968. Ya se han recordado los proyectos vinculados a “El Paso” de 1960 y 1987.

[16] John Rusell, “Three worlds of 57th street; The World of Art”, “The New York Times”, New York, 24/IV/1988

[17] Pierre Schneider, “Pierre Matisse, passeur passionné ”, op. cit. p. 9

[18] “A partir de 1941 llegaron a América célebres artistas europeos que huían de la guerra: Marcel Duchamp, Marc Chagall, Jacques Lipchitz, Mondrian, y muy especialmente, los surrealistas y su autocrático líder André Breton.  Fue un ‘shock’ para los artistas locales, acostumbrados a viajar a Europa en busca de las figuras importantes”.    Mark Stevens y Annaly Swan, “De Kooning: An American Master”, Alfred Knopf, Nueva York, 2004, p. 169.    Citado en castellano en “La colección Pierre & Maria-Gaetana Matisse en The Metropolitan Museum of Art, Nueva York”, op. cit. p. 79.

Vid. John Russell, “Matisse.  Père & fils”, Éditions de La Martinière, Paris, 1999, pp. 201 y ss : “Artistes en exil, 1939-1945 ” : “ce titre était lourdement chargé de connotations pathétiques.  Le mot ’exit’ avait une résonance bien amère pour certains et l’exposition s’inscrivait pleinement dans l’actualité ”.  Ibíd. p. 201

[19] Pierre Matisse fallecería el10/VIII/1989 en Saint-Jean-Cap-Ferrat.

[20] 16/XII/1987.  Carta de esa fecha en archivo del artista.  Como todas las demás, son inéditas, publicándose una selección en esta edición.

[21] Este es el recuento de los elementos postales remitidos entrambos: 1959: 4; 1960: 55; 1961: 15; 1962: 11; 1963: 9; 1964: 8; 1965: 10; 1966: 10; 1967: 5; 1968: 5; 1969: 1; 1970: 1; 1972: 1; 1973: 1; 1974: 1; 1987: 1.

[22] En ese viaje coincidió también con Pablo Serrano y Manolo Millares.  Allí conoció a Hans Hartung y Alicia Peñalba y trató a coleccionistas como Patrick Lannan o Frank H. Porter.   También a Leo Castelli, quien, según narra Rivera en sus “Memorias”, le propuso contrato. Manuel Rivera, “Memorias 1928-1971”, Diputación de Granada, “Los Libros de la Estrella”, nº 30, Granada, 2007, p. 129.  Juana Mordó había abierto su galería en Madrid el 20/III/1964.

[23] Vid. John Russell, “Matisse.  Père & fils”, op. cit. pp. 379 y ss : “Quelques artistes autour de Pierre Matisse, 1954-1990 ”.

[24] Según Russell, padre e hijo Matisse intercambiaron durante la estancia de Pierre en Nueva York unas ochocientas cartas.  En Ibíd.

[25] John Russell, “Matisse.  Père & fils”, Ibíd. p. 383.  “Todo el mundo tenía necesidad de ser ayudado y, en este contexto, una carta, una pequeña palabra manuscrita, podía ser decisiva.   Mantener una correspondencia con los artistas era pues importante para Pierre Matisse, y ellos mismos eran muy sensibles a ello.    Pierre Matisse había aprendido además desde la infancia que la escritura podía responder a una necesidad difícil de satisfacer solamente de viva voz.   Buscaba a reconstituir, con sus artistas, una suerte de nueva familia, en el seno de la cual reinase la equidad y la confianza recíproca.   Los intercambios epistolares le parecían ser la fuente de una vida enriquecedora, y la morosidad impuesta por los transportes postales era compensada por la densidad de las misivas” (Traducción del autor).

[26] La actividad de “Club 49”, originada en la actividad de Rafael Santos Torroella a través de “Cobalto”, en el ámbito catalán fue incansable, y muy pionera en la España de finales de los años cuarenta.   Promotores de los llamados “Salones del Jazz” (1951-1953), auspiciadores de la visita de Michel Tapié (6/III/1957) y de la exposición “Otro Arte”, mostrada también en 1957 en la Sala Gaspar.

[27] En las Galerías Layetanas, Barcelona, entre el 23 Abril-6 Mayo 1949

[28] Sala Gaspar, Exposición de 4 pintores del grupo “El Paso” (Rafael Canogar, Luis Feito, Manuel Millares y Antonio Saura) Presentada por el Club 49 de Barcelona, Barcelona, 10-23 Enero 1959. Escribirá así Matisse, refiriéndose a su proyecto de exposición de “El Paso” que: “La forme de cette exposition avait été arrêtée d’après celle de la galerie Gaspar de Barcelone”.  Carta de Pierre Matisse a Rivera. 8/XII/1959

[29] Entre otras en: Alfonso de la Torre, “Manolo Millares, Vestigio y ceremonia.  A far cry.  Sobre la presencia de la pintura de Millares en los Estados Unidos”, Acquavella Galleries, Nueva York, 2006, p. 16: “Entre otras muchas exposiciones realizadas por “El Paso” es preciso citar una muy fundamental que tuvo lugar en 1959 en la barcelonesa Sala Gaspar, Exposición de 4 pintores del grupo El Paso (Rafael Canogar, Luis Feito, Manuel Millares y Antonio Saura).  Una exposición en la que los jovencísimos pintores presentes reciben el aplauso de un consagrado -ya sexagenario- Joan Miró, como han atestiguado numerosas fotografias del artista barcelonés junto al “Cuadro 42” (1959) de Manolo Millares.  Fue Miró quien recomendó la obra del artista canario a Pierre Matisse como lo atestigua un telegrama de ese 1959 remitido por Miró a Millares.    Precisamente puede decirse que la presentación de Joan Miró a Pierre Matisse Gallery, en donde se realiza en 1960 la exposición “Four Spanish Painters”, coincide con el fin de la actividad pública del grupo “El Paso” (que publicará la última carta, la número 15, en mayo de ese año).   Supone, también, el comienzo de una larga relación de Manolo Millares con la galería del hijo de Henri Matisse”.

[30] Juan Portolés Juan, “Noticias”, “Arte vivo”, nº 2, Valencia, III-IV/1959, il. b/n s/p.  Fotografía en la que aparecen Rafael Canogar, Antonio Saura y Manolo Millares junto a Joan Miró, durante la exposición.

[31] Papeles de Son Armadans dedicado a “El Paso”, Año IV, tomo XIII, nº 37, Madrid-Palma de Mallorca, IV/1959, pp. 16-19 (s/p).  La dedicatoria poética está firmada el 16/III/1959.  Ibíd.

[32] Pierre Loeb (Paris, 1897-1964), creador de la Galerie Pierre, quien regaló una obra del artista catalán a Matisse. Joan Miró, “Pintura Painting”, 1927-The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.  Donación de Pierre Matisse en memoria de Pierre Loeb, 1984.

[33] Anécdota poco baladí, recordada por John Russell, es la detención de Pierre Matisse en 1945 en intento de llegar a Barcelona a un encuentro con Miró, atravesando Andorra a pie Vid. John Russell, “Matisse.  Père & fils”, op. cit. pp. 249 y ss : “Rentrée de Miró, 1942-1948 ”.  Las visitas de Miró, de ese tiempo, tuvieron también que ver con su trabajo mural de la Harkness Commons (Dining Room) en la Universidad de Harvard (1960).

[34] La exposición tuvo lugar entre el 17 de Marzo y el 11 de abril de 1959.    Coincidiría con la publicación de algunas de las “Constellations” en un facsímil editado por Pierre Matisse, en una caja acompañadas de un texto de André Breton: “Proses parallèles”.

[35] Luego referiremos Four Spanish  Painters.   A esta exposición le siguieron, continuadas: Manolo MILLARES Recent Paintings, (12 Abril-7 Mayo 1960); Manuel Rivera. Recent Paintings, (6-23 Diciembre 1960) y Antonio Saura, Paintings and Drawings (6 Marzo-1 Abril 1961).  El año 1961 concluía con una nueva exposición dedicada a Miró.

[36] “C’est à dire en limitant le nombre des exposants à quatre, Canogar, Feito, Millares et vous même  (…) En conséquence l’exposition ne sera pas présentée sous le nom du groupe mais comme : ‘Quatre peintres espagnols”.  Carta de Pierre Matisse a Antonio Saura, 3/X/1959.  Citada por: William M. Griswold y  Jennifer Tonkonvich (cronología de Alessandra Carnielli y Margaret Loudon ), “Pierre Matisse and his Artists”, The Pierpont Morgan Library, New York, 2001, p. 249.   Obviaba Matisse que el catálogo de la exposición portaba, el logotipo y título de “El Paso” en su cubierta.

[37] “Matisse origininally included Feito in the exhibition, but when difficulties arose, he approached Rivera about taking his place ”.  William M. Griswold y  Jennifer Tonkonvich (cronología de Alessandra Carnielli y Margaret Loudon ), “Pierre Matisse and his Artists ”, op. cit. pp. 249-250.

[38] “Cuando Vd. vino a Madrid tenía dispuestas 7 obras para mostrárselas a Vd (…)”. Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse, 1/XII/1959.

[39] Ibíd.

[40] Carta de Pierre Matisse a Rivera, 8/XII/1959

[41] I Congreso de Arte Abstracto, Santander, 1-10/VIII/1953.   La importancia del encuentro de los artistas en este Congreso está referida en nuestra Cronología de esta publicación.

[42] El matrimonio Millares había viajado a la península el 15/IX/1955.

[43] Realizando los murales de la Universidad Laboral de Córdoba

[44]  “Punta Europa, nº 10, Madrid, X/1956, pp. 144-147.

[45] “Pierre Matisse met Millares in 1959 and son thereafter began to make plans for an exhibition of his work and that of other member of the El paso group.  On 9 October 1959 Matisse wrote to Millares to “confirm the terms of our arrangement according to which the Pierre Matisse Gallery would become your exclusive agent in the United Sates and acquire from you half of your entire production ”.   Como sucedería con Rivera, el resto de su producción debería ir dirigida a la galería Daniel Cordier de Paris.  William M. Griswold y  Jennifer Tonkonvich (cronología de Alessandra Carnielli y Margaret Loudon ), “Pierre Matisse and his Artists ”, op. cit. p. 130.  Respecto a Saura: “As early as October 1959 (…) Matisse has offered him a contract ” (carta del 8/X/1959).   “The terms of ther agreement were modified following a frank discussion that took place during Saura’s early 1961 visit to New York”.  Ibíd. p. 252.

[46] “Cuando Vd. vino a Madrid tenía dispuestas 7 obras para mostrárselas a Vd. pero como entonces no le interesó, las envié a la Galería René Drouin que es la que me representa en Paris”.  Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse, 1/XII/1959.  La parisina galerie René Drouin, tras cerrar el espacio de la Place Vendôme, abierto en 1939,  se situaba en el 5 de la rue Visconti, desde 1954.  Fue galería decisiva en el impulso de las vanguardias.  La correspondencia certifica la realidad de la afirmación de Rivera, cuyas relaciones con Drouin comenzaron en octubre de ese 1959.   Cartas de René Drouin a Manuel Rivera: 17/X/1959 y 22/III/1960.

[47] Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse, 16/XII/1959.

[48] William M. Griswold y  Jennifer Tonkonvich (cronología de Alessandra Carnielli y Margaret Loudon ), “Pierre Matisse and his Artists ”, op. cit. p. 164. : “Vd., hijo de un muy gran pintor, sabe mejor que yo lo que esto representa en la vida de un artista”

[49] El 4(5)/I/1960; 3/I/1961 y 20/IX/1961 (esta última acompañado de Daniel Cordier); 30/IX/1962 y 11/I/1964 (acompañado de Patricia); finalmente, en la segunda o tercera semana de enero de 1966.

[50] Algún otro elemento en la correspondencia podría fechar este encuentro un día después, 5/I/1960.

[51] En ese lugar, Plaza de las Dos Castillas número tres, vivirá desde 1954 y hasta finales de 1960 en que cambiará su domicilio a la calle de General Yagüe.

[52] Pierre Schneider, “Pierre Matisse, passeur passionné ”, op. cit. p. 22.  Añadiendo : “La rencontre entre marchand et artiste s’opère souvent de façon indirecte, mais toujours par contagion ou, en quelque sorte, par capillarité ”, Ibíd. p. 23

“La elección de artistas por parte de Pierre Matisse no se llevó a cabo por razones teóricas o estéticas, sino por contagio.  Un contacto personal, cierta intimidad humana precedió casi siempre a la adopción de la obra (…) El encuentro entre marchante y artista a menudo se realiza de modo indirecto, pero siempre es por contagio o, en cierto modo, por capilaridad”. Versión española de este texto puede consultarse en “La colección Pierre & Maria-Gaetana Matisse en The Metropolitan Museum of Art, Nueva York”, op. cit. pp. 45 y 47.

[53] Cartas de Pierre Matisse a Rivera relativas a su adquisición de las obras.  Cartas de 22 y 30/I/1960; 18/II/1960 y 15/III/1960.  Junto a una pintura antigua, definida en la correspondencia como “Peinture ancienne”, las otras cuatro obras, de 1959, eran: “Metamorfosis (Orfeo)”; “Metamorfosis (Petenera)”; “Metamorfosis (Tótem)” y  “Metamorfosis (Zorongo)”.

[54] El 22/I/1960 Matisse le escribe a Rivera : “je ne vois pas mal heureusement comment la galerie pourrait prendre des responsabilités vis à vis d’un nouveau peintre avec les engagements que nous avons déjà. C’est uniquement une question de manque de place, de temps à consacrer à la présentation de chaque œuvre et alors l’impossibilité de la présenter comme le peintre est en droit de le demander.  Croyez bien que je regrette beaucoup ne pouvoir vous avoir dans la galerie d’une façon plus permanente ”. Algo reiterado en un telegrama remitido por Matisse cuatro días después : “mille excuses pour tardive reponse stop impossible trouver possibilite vous proposer contrat stop vous etes livre avec borgenicht ”. Rivera explica en sus memorias: “Algo debió ocurrir en Madrid o Nueva York, pues el 26 de enero me telegrafía diciéndome que le es imposible hacerme un contrato; tengo la impresión de que actúa con ciertas presiones”.  En: Manuel Rivera, “Memorias 1928-1971”, op. cit. pp. 107-108.  Sobre la final contratación subraya Rivera: “Matisse ha jugado muy seguro y yo también”.  Ibíd. p. 108.

[55] “Your work has come to my attention in the last few weeks from three different sources: Princess Zalstem-Salessky, Mr. Porter McCray, and Mr. Jose Vergara. I now have a great many photographs and have also seen reproductions of your work in “Quadrum” and I am extremely interested in representing you in America”. Grace Borgenicht, carta a Manuel Rivera, 12/XII/1959, que citaba la referencia de Mc Cray para preguntar sobre la galeria.

[56] Porter A. Mc Cray, Jefe de exposiciones itinerantes del MoMA, volverá a referirse cuando citemos el proyecto expositivo de 1960.

[57] Carta de Alfred H. Barr de 27/III/1959, respondiendo a otra de Rivera del 7/III/1959.

[58] Y no por dicho centro artístico, lo que provocó un cierto malentendido durante algún tiempo. La obra de Rivera ingresaría en el Museum of Modern Art unos años más tarde   En 1963 el MoMA adquiriría “METAMORFOSIS (BLASÓN)”, 1960.  La historia de las diversas confusiones surgidas desde la traducción del título de esta obra están narradas en: Alfonso de la Torre y Marisa Rivera, “Catálogo Razonado Pinturas. Manuel Rivera”, Fundación Azcona y Diputación de Granada, Madrid, 2009, nº cat. 218, il. col. p. 158

[59] ”Celles ci sont bien arrivées (par avion) et à temps pour être incorporés dans le catalogue que je vous prie de trouver ci-joint. Naturellement je n’aurais pas fait l’exposition sans vous et nous avons été obligés de la reculer d’une semaine pour attendre vos œuvres. Enfin tout va bien, l’exposition fait très bien et j’en suis très content ! ”.  Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera, 15/III/1960.

[60] Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera.  24/III/1960.

[61] “Mr. O’Hara is coming soon to Madrid la semaine prochaine. Je dois le voir cet après midi. À bientôt et avec mes souvenirs les meilleurs”.  Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera, 15/III/1960. O’Hara conocía bien la obra de Rivera pues había coincidido con la misma durante la IV Bienal de São Paulo (1957).

[62] Telegrama de Manolo Millares a Rivera. 3/VI/1959

[63] Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera.  24/III/1960 y telegrama del 25/III/1960.

[64] Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse. 26/III/1960.

[65] Telegrama de Manuel Rivera a Pierre Matisse. 27/III/1960.

[66] La presencia de Sweeney con O’Hara está certificada en la correspondencia con Rivera: “En las visitas a mi estudio de Mr. O’Hara y de Mr. Sweeney, no les di ningún precio sobre mis obras”. Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse.  9/IV/1960.  Sweeney volvería a encontrarse con Rivera en Madrid el 26/I/1969.

[67] 11/XII/1959: “YESTERDAY EXHIBITIONS COMMITTEE CONFIRMED SPANISH SHOW FOR OPENING MUSEUM MODERN ART JUNE 27TH STOP FRANK OHARA PLANS ARRIVE SPAIN LATE FEBRUARY TO SELECT ARTIST AND THEIR WORKS STOP REGARDS=MCCRAY MODERNART+”.

[68] Telegrama de Pierre Matisse a Manuel Rivera. 30/III/1960.

[69] Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera.  2/IV/1960

[70] “Cordier, qui est de passage à New York et a beaucoup aimé vos œuvres dans l’exposition, me dit qu’il vous a écrit pour vous proposer un arrangement permanent pour vous représenter en Europe. J’en suis très heureux et j’espère que cela pourra se faire. Vous savez peut-être que nous nous partageons l’œuvre de Dubuffet et Millares, qui ont des contrats avec nos deux galeries, et je trouve que ce serait très agréable de travailler tous les trois ensembles. Dans ce cas je serai d’accord avec lui pour prendre toute votre production ”. Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera.  2/IV/1960.  La relación de Cordier y Rivera no se materializó en exposición alguna en la galería, si bien mantuvo un amplio depósito de obras entre 1960 y 1961, visitando varias veces a Rivera en Madrid.

[71] El 14/IV/1960 Pierre Matisse le insiste a Rivera sobre el compromiso con Daniel Cordier: “Il s’agit de notre avenir”, sentenciará el galerista. El 19/IV/1960 se produjo el acuerdo con Cordier (carta de Manuel Rivera a Cordier de esa fecha), que quedaría certificado en la primera visita de Daniel Cordier al estudio de Rivera, que se produjo el 18/VII/1960.

[72] “La galerie s’engage également à faire figurer vos œuvres dans les expositions à travers les Etats-Unis et à les faire connaître du grand public, ainsi qu’à les faire reproduire dans les revues d’art ”. Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera.  2/IV/1960

[73] “Ante todo quiero decirle que al entrar yo en la galería Pierre Matisse, lo considero como el acontecimiento más importante de mi vida artística y que me es imposible expresarle todo mi agradecimiento.  Estoy completamente de acuerdo con las condiciones de contrato. Vuestras condiciones me parecen perfectas y yo me comprometo a cumplir mis obligaciones de la mejor manera.  Las mejores obras de mi producción serán para Vd., es del mejor modo que yo puedo responder a vuestra nobleza”. Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse. 5/IV/1960.

[74] Vid. referencias biográficas de Genauer en nuestra Cronología, en esta publicación, que también repasa los encuentros con Rivera de esta importante crítica norteamericana. Vid, también: Stuart Preston, “Spanish Conformity”, “New York Times”, New York, 20/III/1960, p. 20

[75] Emily Genauer, “Four spanish painters”, “New York Herald Tribune”, Nueva York, 20/III/1960.  “Rivera is my man.  He ‘paints’ his pictures of layers of wire mesh so delicately adjusted and related they’re soft and mysterious and beautiful as spider’s webs”.  “Rivera es mi hombre.  “Pinta” sus cuadros de capas de malla de alambre tan delicadamente ajustadas y relatando son suaves y misteriosas, como las telas de araña” (Traducción del autor).

[76] Carta de Pierre Matisse a Manuel Rivera. 9/IV/1960.

[77] El artículo está reproducido en la selección de textos críticos en esta publicación.  Donald Judd, “In the Galleries: Four Spanish Painters”, “Arts”, vol. 34, nº 7, New York, IV/1960.   (Reproducido en: Donald Judd, “Complete Writings”, The Press of the Nova Scotia-College of Art and Desing-New York University Press, Nova Scotia-New York, 2005)

[78]  Pierre Matisse Gallery, Manuel Rivera. Recent Paintings, New York, 6-23 Diciembre 1960.

[79] The Solomon R. Guggenheim Museum, Before Picasso; After Miró, New York, 21 Junio-21 Julio 1960.  Rivera participó con obras de 1960, una de las cuales fue  la adquirida por el Museo, de modo previo a la aperture de la muestra: “Metamorfosis (Blasón)”; “Metamorfosis (Espejo)”; “Metamorfosis (Pequeño Sol)” y “Metamorfosis (Tiempo)”

[80] The Museum of Modern Art, Frank O’Hara-New Spanish Painting and Sculpture, New York, 20 Julio-25 Septiembre 1960. Rivera participó con: “Metamorfosis” (1959) y cuatro obras de 1960: “Metamorfosis (Buhonero)”; “Metamorfosis (Heráldica)”; “Metamorfosis (Homenaje a Bach)” y “Metamorfosis (Vicente Escudero)”

[81] Refiriéndonos al ámbito norteamericano esta es una selección de artículos en torno a las dos exposiciones de Nueva York: Frank O’Hara, “Pintura y escultura españolas de hoy”, “Atlántico-Revista de Cultura Contemporánea”, Nº 16, Casa Americana-Servicio de informaciones Usis de la Embajada de los Estados Unidos de América, Madrid, 1960, pp. 35-44

Emily Genauer, “Guggenheim Is Exhibiting Spanish Art”, “New York Herald Tribune”, Nueva York, 21/VI/1960

John Canaday, “Art: Spaniards Aplenty.  Painters represented at Guggenheim Museum and at Berta Schaeffer”, “New York Times”, Nueva York, 21/VI/1960, p. 29

Emily Genauer, “New York Museums On a Spanish Kick”, “New York Herald Tribune”, Nueva York, 26/VI/1960

AAVV, “The joyless spaniards”, “Time”, New York, 8/VIII/1960, p. 60

Carlyle Burrows, “Spain, on Upgrade Again, Shows New Trends in Art”, “New York Herald Tribune”, Nueva York, 24/VII/1960

Jerrold Lanes, “Spain in the swim”, “Arts”, Nueva York, IX/1960

AAVV, “Guggenheim art intrigues Nehru”, “The  New York Times”, Nueva York, 2/X/1960

Porter A. Mc Cray y Frank O’Hara, “La joven pintura y esculturas españolas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York”, “Correo de las artes”, Año IV, Nº 28, Barcelona, XI/1960

Dorothy McCardle, “Show Is Wired for Sound”, “The Washington Post”, Washington, 2/XI/1960

Leslie Judd Ahlander, “Spanish Art on View”, “The Washington Post”, Washington, 6/XI/1960

Betty Beale, “Iran’s heir toasted here; Spain’s new art explosive”, “The Evening Star”, Washington, 2/XI/1960

Emily Genauer, “The New and Lively”, “New York Herald Tribune”, Nueva York, 18/XII/1960, p. 19

[82] Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse, en la que le señala haber visto artículo de “Time” en el que se reproducen sus obras, señalando observa se trata de “un montaje bastante original”.  19/VIII/1960. Se refiere Rivera al artículo “The joyless spaniards”, “Time”, New York, 8/VIII/1960, p. 60.  La “originalidad” del montaje aludía, probablemente, a la inserción de las obras de Rivera en unos huecos a modo de hornacinas luminosas.  La fotografía se reproduce en nuestra publicación.

[83] Galería Biosca, Los artistas seleccionados por el Museum of Modern Art en Nueva York, Madrid, 7-24 Junio 1960

En España las exposiciones en Nueva York fueron también ampliamente referidas.  Entre otros artículos: Ángel Zúñiga, “Una notable exposición de pintores españoles contemporáneos, en el museo Guggenheim”, “Diario de Las Palmas”, Las Palmas de Gran Canaria, 5/V/1960, p. 10

Santiago Arbós Ballesté, “Pintores seleccionados por el Museo de Arte Moderno de Nueva York”, “ABC”, Madrid, 12/VI/1960, p. 75

Ramón Faraldo, “Abstractos a Nueva York”, “Ya”, Madrid, 15/VI/1960

Luis Figuerola-Ferretti, “Pintura española contemporánea en Nueva York”, “Arriba”, Madrid, 18/VI/1960

Manuel Sánchez Camargo, “Artistas españolas en el Museum of Modern Art, en Nueva York”, “Hoja del Lunes”, Madrid, 20/VI/1960, p. 8

AAV (“Efe”), “Jóvenes pintores españoles despiertan gran interés en Nueva York”, “La Nueva España”, Oviedo, 23/VI/1960, p. 1

AAVV, “Exposición de Pintura española en el Museo Guggenheim de Nueva York”, “Correo de las Artes”, Barcelona, VIII/1960

[84] Pierre Matisse a Manuel Rivera.  Carta y telegrama de 22/VI/1960

[85] Sobre las razones para no realizar dichos viajes explica Rivera en sus “Memorias”, refiriéndose a la individual de 1960, que decide no ir a Nueva York porque “el hecho me acobarda, y el viajar lejos y desconocer el idioma”.  Manuel Rivera, “Memorias 1928-1971”, op. cit. p. 111.  En el caso de la muestra de 1966: “tampoco he querido asistir a esta segunda exposición en Nueva York.  Tengo miedo a lo que se organiza en torno a un artista, por mi pasada experiencia en el anterior viaje.  Será un gran cansancio y una pérdida de tiempo y por otra parte Nueva York está lejos”, Ibíd. pp. 134-135

[86] Llegado a Nueva York el 25 de octubre, sabemos que coincidió con las elecciones norteamericanas de ese año, celebradas el 3 de noviembre.   Debió permanecer  hasta, aproximadamente, el día 10, según se desprende de sus “Memorias”.

[87] 21/X/1964.  Telegrama de Pierre Matisse desde Nueva York, invitándole a Rivera a su casa en esta ciudad, con ocasión de su visita: “esperamos recibirle nuestra casa newyork antes de carnegie(…)”.   Rivera visitará su galería al día siguiente a su llegada, el 26/X/1964, cenando también en el domicilio del galerista.

[88] 21/X/1964. Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse (NY).

[89] Manuel Rivera, “Memorias 1928-1971”, op. cit. El relato sobre su estancia en Nueva York está referido en las pp. 121-130. Rivera había conocido a Guerrero ese mismo año 1964, coincidiendo en Córdoba, con Millares y Rivera. Por las imágenes inaugurales, Rivera, Millares y Guerrero, coincidieron el 16 de mayo de 1964, con ocasión de la exposición celebrada en la: Círculo de la Amistad, Galería Liceo, Manuel Rivera, Córdoba, 16-31 Mayo 1964.

[90] The 1964 Pittsburgh International, Exhibition of Contemporary Painting and Sculpture, Pittsburgh, Gallery Q, 30 Octubre 1964-10 Enero 1965.  El 29 de octubre Rivera visitó la exposición en la que obtendría el Kaufmann’s Purchase Award, el premio de mayor dotación económica (2.500 $) del Certamen, por la obra “Metamorfosis (Homenaje a Kafka)”, de 1964, que pasaría a integrarse en la colección del museo citado.   El premio fue cobrado por Matisse, depositario del cuadro, lo que provocó el apelativo de “El lobo”, por Rivera.  Vid. Manuel Rivera, “Memorias 1928-1971”, op. cit. p.129. Quizás este reconocimiento explique la carta del Alfred H. Barr Jr. (Director of the Museum Collections) alusiva a la integración de una de sus obras en la colección del MoMA:  “May I take this opportunity to tell you that we are delighted to have this work by you in our Collection”.   Alfred H. Barr (1902-1981), director (1929-1943) del MoMA, visitaría el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca el 25/XII/1966 y, obviamente encontraría allí las obras de Rivera.   En el momento de su visita es director de colecciones de dicho Museo (1947-1967). Afirma encontrarse ante “el museo más bello que había visto nunca”. El 3/III/1970 escribirá a Zóbel su impression ante las obras expuestas: “is surely one of the most admirable, indeed brilliant, works of art: a remarkable balance of painting, sculpture and architecture”.

[91] 21/I/1965. Tarjeta postal remitida desde Nueva York, entre otros, por José y Roxanne Guerrero

[92] Ya se ha referido la exposición individual “Los espejos”.  Además su obra participaría en diversas visiones colectivas en Pierre Matisse Gallery tales a: Selections 1967, 6 Junio-Septiembre 1967; First showing of paintings-sculpture-drawings, 19 Diciembre 1967-20 Enero 1968 y Group Exhibition: Summer Show (Butler, Canogar, Francis, Hantaï, Maelver, Marini, Martin, Millares, Miró, Riopelle, Rivera, Saura, 11-28 Junio 1974.

[93] Que ya habían sido anunciadas el 19/IX/1962.  Carta de Pierre Matisse desde Saint-Jean-Cap-Ferrat en la que refiere dificultades en el comercio de arte debido a la crisis económica general.

[94] Carta de Pierre  Matisse a Manuel Rivera. 26/IV/1967.  Sobre la situación del mercado del arte en los Estados Unidos reflexiona Rivera en sus “Memorias”; “Nueva York está en plena crisis.  No tiene nada que ver con la euforia pasada.  América tiene muy graves problemas políticos y económicos y el mercado del arte se ha venido abajo.  No hay dinero o este no se mueve.  Los nuevos movimientos pop y op han creado confusión en los medios del arte.  Algunas galerías han cerrado.  En Paris ha sido caótico.  Todo se ha hundido y Cordier ha cerrado su galería a la vez que lo han hecho otras muchas (…).  Manuel Rivera, “Memorias 1928-1971”, op. cit. p. 135

[95] Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse. 23/X/1962.

[96] Carta de Pierre  Matisse a Manuel Rivera. 8/XI/1962. “También es mi esperanza poder pasar unos días tranquilos, pero no en Madrid, sino en Granada donde debéis conocer bellos pequeños rincones” (traducción del autor).

[97] Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse. 12/XI/1962.  Hay otra carta posterior de Manuel Rivera a Pierre Matisse, 6/V/1967, en la que le aconseja “realizar juntos un viaje a Andalucía”.

[98] El deseo de volver a reencontrarse, en esos años de distancia, fue manifestado en diversas ocasiones por Rivera.  Carta de Manuel Rivera a Pierre Matisse.7/X/1970, en la que expresa  los deseos de “reanudar nuestra vieja amistad y sobre todo de verlo a Vd. de nuevo”.