PABLO VALBUENA: SIN REPOSO

PABLO VALBUENA: SIN REPOSO

Texto publicado en el catálogo
LIGHTHOUSE-CASA DE LUZ
Madrid, 2012: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 152-165
[Intervenciones de Eugenio Ampudia, Ruth Gómez, Fran Mohino y Pablo Valbuena, en el contexto de ARCOmadrid 2012.  En colaboración con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid].
 

Así pues, privada de reposo, la idea del espacio parece buscar sin cesar el infinito de la augusta presencia (refugio), moviéndose, en el infinito interior de la impotencia humana obsesionada por una visión,
en ocasiones agitada y otras flébil, siempre desconsoladamente dirigida, mas en vano, hacia lo ilimitado.   
Pablo Palazuelo, “Cuaderno de Paris”, 1953. Inédito.  Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo

 

Liviandad y misterio.  Jeroglíficos de luz surgiendo entre otro laberinto: el de nuestras devastadas ciudades.   Cartografía de los objetos y conformación de un dibujo, surgimiento de una forma.  Comenzar estas líneas interrogándose sobre el quehacer de Pablo Valbuena (Madrid, 1978) obliga a referir esta aventura de esencia inmaterial que elogia lo construido, arte de un creador de líneas heredero de aquellos, tantos, artistas que soñaron siempre con líneas y extraños fulgores venidos de donde no se sabe[1].   Líneas expandiéndose en planos dinámicos y que, haciéndolo, intangibles, evocan la ilusión de un nuevo mundo tridimensional, rememorando las reflexiones que sobre el diagrama en el arte hiciera Deleuze[2].    Una creación, la de Valbuena, que cita también con frecuencia una cierta escritura que la luz parecería revelar en el aire: haces, rasgos de luz, líneas que se desplazan con aire caprichoso en el espacio, emulando, parece a veces, el vértigo de los fluidos, un viaje de la nada sobre la nada: la materia incorpórea -el torrente de sus partículas- sobre la aparente nada del espacio hasta construir las redes que conformarán una nueva entidad.   Es también usual en su trabajo, como el que ha creado para la madrileña Puerta del Sol, “N 40 25 01 W 03 42 15 [soleado quince de mayo]”[3], que realice un planteamiento casi titánico, -recordando el tiempo es materia del arte, revelado en el espacio- cual es reflexionar sobre la incidencia de la luz, del inmenso sol, ese elemento intangible en el que no es habitual reparar.   Enfrentándose al paso del tiempo o, lo que es lo mismo, reflexionando sobre su paso, el trabajo de Valbuena abocará, de este modo, a revelar la percepción sugestiva de una realidad distinta.   Misterio y melancolía de las calles, que diría De Chirico, juego de presencias y ausencias, de luces y oscuridades, de plenitudes y vacíos, la realidad propuesta por Valbuena contiene un punto muy perturbador, como sucede en su intervención de 2012, al plantear el juego de visualizar la compresión del tiempo y la aceleración de la luz revelando así que bajo el orden, aparentemente reiterado, de las cosas, subyace el abismo de un inquietante orden otro.  Un abismo que se nos escapa.

Meditación en torno a los enigmas de la luz, indagación sobre la posibilidad de transfiguración de formas de fulgor impalpables, ilusión por tentar espacios desconocidos que vagan incandescentes por el espacio, para este artista el trabajo creativo se realiza no tanto en el espacio físico, en el espacio real en el que se mueven las cosas, como en ese otro punto ignoto en el que sucede la percepción de quien contempla sus obras.  Por tanto, su arte es un arte de dudas sobre lo que percibimos, más que de certezas y, en cierta medida, -sugiriendo que lo que llamamos ‘realidad’ no es más real que el inasible espacio que construye el aire-, Valbuena propone que lo que percibimos, lo que cada persona percibe, no deja de ser una construcción mental de lo real que nuestro artista pone a prueba con sus obras.   Misterio del espacio, blanchotiana locura de la luz, lo suyo es indagar en torno a tensiones de líneas y de sombras, surgimiento y ocultación de volúmenes, subrayando la posibilidad de reconvertir el espacio en una suerte de ámbito distinto, ineludible tal condición de su viaje de la mano del tiempo.  Valbuena reflexiona también sobre uno de los conceptos más transitados de nuestra historia del arte, la perspectiva, evocando las líneas que viajan en los espacios dechiriquianos, entendida esta cuestión desde esa acepción de Bonnefoy que tanto nos gusta, “el espacio rumoroso, significante, sagrado, el espacio geométrico, la exterioridad, la nada”[4].  Como el prosecutor de aquellos inefables espacios, Valbuena acentúa las líneas de huida grabando las cosas de manera fantástica, delineando los contornos de las cosas, las existentes u otras aparecidas, en el espacio.    No es pues extraño que emparente su deseo con aquella vieja ambición de los pintores por atrapar la luz: Degas, Constable o Hopper vienen ahora a estas palabras, como tantos otros pintores empeñados en pintar la luz casi como un elemento corpóreo, en el ángulo de una pared, sobre las líneas de un tejado, flameando hasta constituir el paisaje.

Crear supone proponer la esperanza de la claridad mas planteando enigmas, el pálpito de otras presencias, -activación de espacios, gusta en explicar Valbuena- revelación donde otrora se aupara el vacío, tal es la misión del artista.  Signos que sitúan a quien lo contempla en la senda del camino que retorna hacia él mismo.  El arte, al cabo un diálogo misterioso con el Universo promueve los enigmas y Valbuena delinea los espacios físicos, elevando eso que antes llamamos una nueva cartografía de los objetos, en un viaje que puede ir, lento, moroso, desde la abstracción de las líneas, hacia la desaparición o a la delineación del espacio o la representación de una estructura, un elemento intangible de aspecto corpóreo. Trompe l’oeil contemporáneo de las cosas que parecen ser nuevamente reveladas con la luz de su presencia para pasar a componer, -pareciere que taxonomizando su proceso creativo, la conformación de sus líneas, ángulos o esquinas-, la elongación nueva del espacio que entonces parece portar una cierta intangibilidad.  Es Valbuena artista de grandes proyectos en espacios públicos pero, haciendo convivir tal querencia de un modo -como gusta en señalar- no jerarquizado con el amor por las cosas pequeñas, con el rumor que incandesce en el pequeño espacio escondido en la galería o centro de exposiciones, la esquina aherrojada o la carpintería innoble en la que nadie repara, el fortuito encuentro con una forma creciendo, cual rescoldo, agazapada en el rincón.  Eso que le hemos oído calificar, corpóreamente, como los espacios intersticiales.    Un espacio que desecho en ocasiones de su peso, desmaterializado, es interrogado por nuevas líneas de luz, superpuestas a la realidad, que parecen demandar sobre la percepción que se tiene del mismo. Vaivén de las líneas, flujo del surgimiento, moroso, en ida y vuelta, de la luz.

Erigir un trazo de luz en el espacio supone proponer un territorio de meditación sobre lo no formulado.  Proponer un signo, una epifanía luminosa de acordes extraños que eleva la posibilidad de la poesía.     Conversación trazada en el espacio, como en la imposible plenitud del primer día o lo que, en definitiva, parece ser una de las lecturas del quehacer de Valbuena, la poética, la mención a su intento de repoblar el mundo de los objetos con el primer misterio elemental, la luz, el misterio de lo que nace en el espacio, hierofanía de la revelación de un nuevo mundo elevado sobre la nada.

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[1] “Paul Klee, Cours du Bauhaus-Weimar 1921-1922. Contributions à la théorie de la forme picturale”, Éditions des Musées de Strasbourg-Editions Hazan, Paris, 2004.  “Cours VII” 27/II/1922, nota 94, en la edición citada, en p. 127. La cita es: “Comme une étincelle venue d’où on ne sait où”, que hemos traducido recientemente: “Como un fulgor venido de donde no se sabe”.

[2] Gilles Deleuze, “Pintura. El concepto de diagrama”, Editorial Cactus, Buenos Aires, 2007.

[3]El trabajo de Valbuena en Sol se relaciona  con otros trabajos tales a:

N 402439 W 034137 (Entramado). Plaza de las Letras, Medialab Prado. Madrid, ES. 2007
N 520437 E 041900 (the Hague City Hall). The Hague, NL. 2008
N 375902 W 010748 (Ayuntamiento Murcia). Murcia, ES. 2009
N 191851 W 991107 (MUAC). Museo Universitario de Arte Contemporáneo, UNAM, Ciudad de México, MX. 2010
N 402528 W 034243 (Madrid Abierto). Madrid, ES. 2010
N 510250 E 034342 (Vooruit). Almost Cinema/Vooruit. Ghent, BE. 2010
N 275700 W 822741 (Poe Garage). Florida, US. 2011

[4] Yves Bonnefoy, “Georges Chirico”, en “Diseño, color y luz”, en “La nube roja”, Editorial Sintesis, Madrid, 2003, p. 342.