ARDE LA TIERRA EN EL AGUA OSCURA. EN TORNO A UNOS POEMAS INÉDITOS DE PABLO PALAZUELO

ARDE LA TIERRA EN EL AGUA OSCURA. EN TORNO A UNOS POEMAS INÉDITOS DE PABLO PALAZUELO

Texto publicado en el catálogo
TURIA, Nº 103. JUNIO-OCTUBRE 2012
Teruel, 2012, pp. 81-86
 

            ARDE LA TIERRA EN EL AGUA OSCURA
[EN TORNO A UNOS POEMAS INÉDITOS DE PABLO PALAZUELO]
Alfonso de la Torre[1]

 

“Ver lo no visto antes, conocer una parte de lo desconocido para mí”[2], esa parecía ser máxima de Pablo Palazuelo (1915-2007) para comprender el complejo sentido de la creación artística.   Mas no sólo a través de medios como la pintura o la escultura, sino que también la poesía, -otro de los elementos imaginantes, en sus palabras- permitiría lograr una aproximación certera al acto creativo, indisociable de éste como un instrumento más de acceso al conocimiento[3].  Al cabo, para Palazuelo, el mundo era forma mas también los objetos, los lenguajes verbales y plásticos o las formas reveladas por el artista suponían, también, la posibilidad de componer el mundo de las ideas.

Ahondar en las apariencias hasta el vértigo, convocatoria a lo que allende está, ocultándose.  Conocer como necesidad ineludible de tentar la realidad profunda, indagación en la penumbra, palazuelino reino oscuro de las vibraciones, crear para desbaratar lo aterrador del enfrentamiento a la vida, así poesía y pintura compartieron espacio del frenético quehacer de este artista empeñado secularmente en un fértil ensimismamiento creador.  Artista enzarzado no solo en el lienzo y el papel, mas también en otros numerosos mundos de pensamiento, desde el alejamiento en 1948 y encierro en su singular tour del 13 de la rue Saint-Jacques de Paris: el interés por la arquitectura, la literatura, el hermetismo o la alquimia, Oriente, la naturaleza o la ciencia y sus arcanos.   Así lo subrayaba el artista en 1958 cuando decidiera presentar un texto del poeta George William Russell, “L’architecture du rêve”[4], como introducción del proyecto expositivo individual en la galerie Maeght.  Sus palabras, que parecían referir la visión como una inextinguible llama, explicaban que las imágenes aparecidas en la conciencia del creador eran preexistentes y éste obligado a refundarlas, dotándolas de vida, movimiento y voz.   “Una criatura hay en mí”, subrayaba Russell, y tarea del artista, -quehacer o, más bien, condena- el del reo abocado impenitente al viaje, a la búsqueda “de todos los tesoros”, ese “mundo de oro que nos rodea”[5].  El aire luce alrededor, pero la tierra arde en el agua oscura, concluye Palazuelo[6].

Ese 1958 es el mismo año en el que Palazuelo realiza una de sus obras titulada “Mandala”, elogio, de nuevo, del abismo del viaje al centro interior.   Al dorso de su boceto del cuadro, anota versos del “Canto XXIII” de la “Divina Comedia” que refieren el encuentro, “herido de un fulgor”,  con “aquella visión nueva”[7].

Veloz repaso de sus preferencias poéticas: sabemos que en 1960 seleccionó un poema de Jorge Guillén, “Profundo espejo”[8], para ilustrar un número de “Derrière  le Miroir” dedicado a “Poètes, peintres et scupteurs”[9].  En 1961 Pablo Palazuelo fecha algunos de sus versos, que no publicará hasta seis años después en “Cuadernos Hispanoamericanos”, se trata de “Los Reinos” y “Metal”[10], mostrando en 1970 su prosa poética titulada “Jardin”[11].  En 1978 la revista “Guadalimar” publicó otro de sus poemas, “Huerto cerrado II”[12].  El pasado 2010 la Fundación Juan March abordó la publicación de una selección de escritos inéditos de sus llamados “Cuadernos de Paris”, el mayor compendio poético de este artista publicado hasta la fecha[13].

Subrayando algo ya dicho, en 1977 el artista señalaría que la creación no era sólo cuestión de formas plásticas.  La poesía, la filosofía o la ciencia eran “imaginantes”, y por tanto vías, también, citando a Bachelard, para el acceso al conocimiento[14].

“Avance en la penumbra en múltiples direcciones”, poesía crepuscular, como hemos señalado en otras ocasiones[15], su poesía es reflejo del incesante quehacer del creador, de donde surge, tras múltiples ensayos, la versión final, después de idas y venidas sobre los versos, infatigablemente movidos en diversas posiciones, nerviosos, hasta alcanzar un punto final, uno de sus posibles finales. Versos evocadores de la poesía hermética, invocadores de esa búsqueda sobre aquello que no está al alcance de la visión[16].   Algunos otros poetas citados: Georges Bataille, William Blake[17], Holderlin, Mallarmé[18], Novalis[19], Rimbaud[20], Sohravardi[21] o Valery[22],

En este punto, cita a poetas, es preciso referir su amistad intensa con dos grandes poetas franceses de su tiempo, habituados también a la reflexión sobre el arte, Yves Bonnefoy[23] y Claude Esteban[24].

 

¿Qué es lo inmemorial, extraño, que uno quiere conocer?.

 

NOTA SOBRE LOS VERSOS TRANSCRITOS

Los poemas de Pablo Palazuelo que ahora presenta “Turia” son inéditos. Procedentes de uno de sus llamados “Cuadernos de Paris”, fechado en 1961. Han sido transcritos por Alfonso de la Torre.

Con estas líneas expresamos nuestro agradecimiento a José Rodríguez-Spiteri Palazuelo, Presidente de la Fundación Pablo Palazuelo.

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[1] El autor desea hacer constar su agradecimiento a la Fundación Pablo Palazuelo y a su Presidente, José Rodríguez-Spiteri Palazuelo.

[2] Pablo Palazuelo a Kevin Power, “Geometría y visión”, Diputación de Granada, Granada, 1995, pp. 14 a 23

[3] Así lo señalaba Claude Esteban: “Yo sé que, por tus lecturas primero, por tu vida, por la atención que has prestado después a otras formas de expresión intelectual y plástica, has roto el círculo -y sin duda, el cerco- de una cultura puramente hispánica”. Claude Esteban y Pablo Palazuelo, “Palazuelo”, Editions Maeght, Paris, 1980, pp. 14 a 23. Versión española de “Ediciones 62”, Barcelona, pp. 41-77.  El asunto es tratado en el Capítulo “El lugar”.  Palazuelo refería el asunto de su preocupación por las culturas orientales que, en sus palabras, extenderían su influencia a la poesía andaluza y a poetas como Miguel Hernández:

[4] George William Russell, “L’architecture du rêve”,  en  “Palazuelo”, “Derrière le miroir”, nº 104, Maeght Éditeur, Paris, 1958. El texto lleva por título “Candle of vision”.

[5] « Il y a quelque chose, une créature en moi, qui va d’un tel train qu’à vouloir la suivre je m’essouffle, condamné á n’être toujours qu’un traînard derrière cette voyageuse qui peut, elle, remonter l’infini des temps et en revenir chargée de tous les trésors de ses périples entre deux battements de mon cœur ». Rusell, en Ibíd.  El texto está reproducido en : Alfonso de la Torre, “Pablo Palazuelo, 13 rue Saint-Jacques (1948-1968)” , Fundación Juan March-Fundación Museo Jorge Oteiza, Madrid-Alzuza, 2010-2011, p. 232

[6] Pablo Palazuelo, Ibíd., pp. 138-139

[7] “Qual e` ‘l geometra che tutto s’affige / per misurar lo cerchio, e non ritrova, / pensando, quel principio ond’elli indige, / tal era io a quella vista nova: / veder voleva come si convenne / l’imago al cerchio e come vi s’indova; / ma non eran da cio` le proprie penne: / se non che la mia mente fu percossa / da un fulgore in che sua voglia venne”.  Dante Alighieri, “Divina Comedia”, Canto XXIII anotado por Pablo Palazuelo en un dibujo en torno a “Mandala” (1958).

[8] “PROFUNDO ESPEJO: Entró la aurora allí. Se abrió el espejo. / Soñaba la verdad con otra vida. / Pero tan fiel al punto de partida / Por lo profundo se alejó lo viejo / Que, latente en la fábula el cotejo, / Aun más puras se alzaron en seguida / Las formas. Y hecha gracia la medida,  / De sus esencias fueron el reflejo. / Mientras, las sombras se sentirán densas / De su acumulación y su reposa. / La verdad inventaba a sus expensas”.  Vid. siguiente nota al pie.

[9] “Derrière le miroir”, “Poètes, peintres et sculpteurs”, nº 119,  Maeght  Éditeur, Paris, 1960, con ocasión de la exposición celebrada en la Galerie Maeght, Poètes, peintres et sculpteurs (Georges Braque, Marc Chagall, Wassily Kandinsky, Fernand Léger, Joan Miró, Alberto Giacometti, Jean Bazaine, Pierre Tal-Coat, Raoul Ubac, Pablo Palazuelo, Eduardo Chillida, François Fiedler, Alexander Calder), Paris, 1960

[10] Victor Nieto Alcaide, “Pablo Palazuelo. La pintura como conocimiento”, Cuadernos Hispanoamericanos, nº 215, Madrid, 1967, p. 13

LOS REINOS

Extrema

pulsante

iridiscente

radiante

fuente

 

Extrema

pulsante

oscura

simiente

 

METAL

Salta aún

astringente

oscuro

ardor

 

Vibra aún

cristalina

sonora

contracción

[11]          “ Después de la noche, al alba, lentamente, los ángulos se modificaron. Entonces, avancé por la penumbra, en múltiples direcciones.

…Allí donde la forma declina como sol poniente al occidente de la materia…

La naturaleza se imita a sí misma incansablemente y de esta manera se especializa, se individualiza cada vez más hasta llegar a la creación de formas nuevas. La metáfora es el término final de una misteriosa auto-imitación que de este modo llega a constituir una ley. Una ley natural que suscita en el hombre -aquí resonador-, una fuerza que a su vez puede provocar, reforzar y dirigir aquella ley.  Paris, 1961 »     Pablo Palazuelo, “Jardin”, “Chroniques de l’Art Vivant”, nº 10, Editions Maeght, Paris, 1970.   Ese mismo año publicó también un poema “Homenaje a Georges Bataille”, dentro de un artículo titulado “Notas de Trabajo” en: Pablo Palazuelo,“Derrière le Miroir”, nº 184, Paris, 1970, p. 23.  Traduction d’Anne-Marie Albiach

[12] “Palazuelo: estudio para un poema-Huerto cerrado II”, “Guadalimar”,  Año III, nº 28, Madrid, I/1978 

ESTUDIO PARA UN POEMA. HUERTO CERRADO II

Enmurallado, quieto, envuelto, recogido.

El frutal morado, el aire, el tiempo vivo.

El dorado granado, el lento poliedro amarillo.

 

Enmurallado el frutal, morado, rojo granado.

El aire quieto, recogido, amarillo dorado.

El tiempo vivo, lento, poliedro envuelto.

 

Enmurallado, quieto, envuelto,

el frutal morado,

el aire recogido,

el tiempo vivo.

Lento poliedro amarillo, dorado fruto granado.

 

Enmurallado el frutal dorado.

Quieto el morado granado.

Envuelto el aire recogido.

El tiempo lento, vivo poliedro amarillo.

 

El aire quieto

el tiempo lento

el dorado, envuelto, vivo poliedro amarillo,

[13] “Pablo Palazuelo, 13 rue Saint-Jacques (1948-1968)” , op. cit. pp. 117-188

[14] “Observo, en el catálogo de Barcelona, que has dedicado dos esculturas a la memoria de Bachelard y sé que vas a prologar la de Madrid con un poema de Hölderlin. ¿Cabe cifrar en la filosofía y en la poesía la aproximación más certera a las cuestiones del arte? Pablo Palazuelo: Aunque la exégesis poética, o la filosófica, no fueran únicas posibles, si creo que son las que mejor permiten aproximarnos al arte y a su más profunda comprensión. La poesía, la filosofía, incluso la ciencia, son fundamentalmente imaginantes, consecuencia misma de imaginar. La imaginación conoce. Como dice Bachelard, “la imaginación provoca (produce) el pensamiento”.  Santiago Amón, “Conversación con Pablo Palazuelo: ‘Crear es transgredir’”, “El País”, “Arte y pensamiento”, Madrid, 4/XII/1977, pp.  VI-VII

[15] Alfonso de la Torre, “Pablo Palazuelo: poesía crepuscular (circa 1953)”, en “Pablo Palazuelo, 13 rue Saint-Jacques (1948-1968)”, op. cit. p. 112

[16] Refiriéndose al impacto de Palazuelo al encontrarse con Claude d’Yge y los consejos recibidos de éste: “El joven se llamaba Claude d’Yge y había escrito La nueva asamblea de filósofos químicos y Antología de la poesía hermética”.  José Andrés Rojo, “El artista ve lo que los ojos no ven”, en “Libertad de exposición. Una historia del arte diferente”, Ediciones El País, Madrid, 2000, pp. 349-352

[17] Claude Esteban y Pablo Palazuelo, op. cit. p. 78

[18] Ibíd. p. 86

[19] “Me interesaban especialmente los escritos de pintores como Mondrian, Kandinsky y Klee. Sin embargo, me sentía más cerca de Klee que de ningún otro. Recuerdo la impresión que me produjo la lectura de Los discípulos de Sais, de Novalis, ilustrada con dibujos de Klee. También dedicaba bastante tiempo a lecturas sobre biología, física o cosmología”. Pablo Palazuelo, “Entrevista de Francisco Calvo Serraller”, “El País”, Suplemento Artes, Madrid, 6/III/1982

[20] Claude Esteban y Pablo Palazuelo, op. cit. p. 23

[21] Ibíd. p. 12

[22] Valario Adami conoció a Palazuelo en 1969 y entre sus recuerdos compartidos se halla la poesía de Paul Valery (conversación con Adami, 30/XI/2009).

[23] Bonnefoy prologaría el número de “Derrière le Miroir” dedicado a Pablo Palazuelo.  “Un héritier de Rimbaud”. En la revista citada: Nº 229, Paris, V/1978

[24] El asunto de la  amistad e influencias Esteban-Palazuelo ha sido tratado en “Claude Esteban: le travail du visible”.  Vid. Alfonso de la Torre: “Pablo Palazuelo y Claude Esteban: la heredad de los signos”, Université de la Sorbonne, Paris, 2011.