JUAN DEL JUNCO-SILENCIO DE AIRE, LUZ Y CIELO

JUAN DEL JUNCO-SILENCIO DE AIRE, LUZ Y CIELO

Texto publicado en el libro de la
Colección EL OJO QUE VES, nº4
Córdoba-Madrid: Universidad de Córdoba y La Fábrica, 2010, pp. 9-11
 
JUAN DEL JUNCO: SILENCIO DE AIRE, LUZ Y CIELO

Veo pasar una cigüeña con volar parsimonioso sobre mi cabeza, desde la terraza de casa.  Viajera quizás, pienso, hacia Alcalá de Henares, planeando sobre el cielo claro del verano, esa tela blanca del mundo, que diría Henri Michaux, el poeta ornitólogo… En este año, desde que fuera concedido el IV Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, he mirado al cielo más de lo habitual.  Rememorando las fotografías de pájaros, de memorias y viajes, de mundos extraños, de seres varados en tierras de nadie, concebidos por Juan del Junco.

Son las cosas del arte, que diría Robert Motherwell[1]: hemos pasado la vida mirando al mundo de la creación, de tal modo que ahora entendemos la realidad, o la soportamos algo más, a través de los ojos del arte.     Los pájaros han cruzado estos meses mi camino.   Releyendo el “Viaje al fin de la noche” de Louis-Ferdinand Celine, en donde uno de los personajes colecciona imágenes de pájaros, qué manía[2].  Y vuelvo a Michaux, a quien he encontrado en tierras queridas por Del Junco, visitando en 1979 al pintor Jorge Camacho, en la casa junto al Coto de Doñana, donde compartirán pasión por la ornitología con otros tantos personajes del mundo de las artes: Cornell, Claude Esteban, Graciela Iturbide, Messiaen, Michaux, Miró o Rivera.  Y los pájaros tristes, también diseccionados por Juan-Eduardo Cirlot en su “Diccionario de los Símbolos”: “todo ser alado es un símbolo del espíritu”, escribe el crítico.

Con ocasión de la concesión del premio escribimos sobre la obra de Del Junco que ésta mostraba a un artista acariciador de dudas antes que elogiador de certitudes, alguien que entiende aquella máxima del escritor portugués sobre que el poeta es un fingidor, en este caso de historias entrevistas, de enigmáticos personajes erigidos en narradores de metáforas… Quietud y sugerencias con rememoración proustiana, él mismo ha evocado en este punto recuerdos infantiles: el pruno del jardín y la caja de fotografías.  Ésta, verdadera caja de pandora de su casa familiar o “el principio”, como escribe Del Junco.  Así lo recuerda: “antes de lo digital en las casas existían cajas llenas de fotografías. Papeles duros y mates. La caja de mi casa era atípica: además de mis hermanas vestidas de flamenca, había nidos, grandes piedras, plantas, paisajes y aves, sobre todo, aves. Años y años pasando foto tras foto hace que todo ese imaginario se fije inexorablemente en la memoria. Ahí está el principio”.  Subrayemos también el frecuente elogio, en su trabajo, del observador.  Así, es común que sus historias sean narradas ubicadas en una suerte de no man’s-land, en donde seres varados en un tiempo, sin conversación, sin contacto, tiempo pareciere de otro tiempo anterior, -tiempo alejado del tiempo cotidiano-, conceden al espacio el aspecto de haber sido arrasado por la quietud de un tiempo distinto.

Como bien señalan Sema d’Acosta y Javier Hontoria en los textos de este volumen, el tiempo de Del Junco es el tiempo de la exploración del espacio interior y del horizonte del dentro, no de un espacio infinito, -un viaje “transreal”, que diría Michaux-, pues lo ilimitado -como dijera Octavio Paz- no está afuera sino adentro de nosotros mismo.   El pájaro crea la línea y el espacio a su alrededor: “por el momento/el vuela”[3], señalarían Michaux/Bonnefoy.  El poeta debe sobrevolar, tal gaviota, la tierra, aquí o acullá.  Silencio de aire, luz y cielo, dixit Paz.

 

ALFONSO DE LA TORRE

DIRECTOR DE LA COLECCIÓN “EL OJO QUE VES”

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[1] Robert Motherwell, « Statement, 1944 », « Partisan Review », XI, 1.  Recogido por Fernando Zóbel en su « Cuaderno de Apuntes sobre la pintura y otras cosas », Galería Juana Mordó, Madrid, 1974

[2] “A su hermana menor, por ejemplo, en la Universidad de Arizona, le había dado la manía de fotografiar los pájaros en sus nidos”, Louis-Ferdinand Celine, “Viaje al fin de la noche”, Edhasa, Barcelona, 1995, p. 122

[3] Henri Michaux,  “Lecture de huit lithographies de Zao Wou-Ki”, Euros et Godet, Paris, 1950