FÉLIX CURTO-SIGUIENDO LA ESTRELLA

FÉLIX CURTO-SIGUIENDO LA ESTRELLA

Texto del programa de mano:
“Félix Curto: Siguiendo la estrella”
Sala Puerta Nueva-Universidad de Córdoba-Fundación Rafael Botí, Colección “El Ojo que ves”, Córdoba, 5-II/8-III/2009
 
UNIVERSO CURTO

 

La obra de Félix Curto es la de un creador deseoso de exceder los límites de los territorios.    Fotógrafo cuyo ojo mira de soslayo hacia el cine, también a la pintura, sus creaciones fotográficas tienen un íntimo poso de pensamiento en el que la poesía y la literatura están siempre presentes.   No en vano muchos de sus trabajos han de leerse, no tanto ser ‘vistos’, al modo de relatos o microhistorias referidos en intensa clave literaria.   El estilo de Curto es, así, no tanto un ‘estilo’ fotográfico, esto es: la compilación de técnicas e imágenes captadas por el diafragma de su Nikkon, como un certero estilo de pensar con el que, de este modo, su obra pasa de la mera y manida narración fotográfica hacia la intensidad del mundo del arte.

Su universo supera los límites de la fotografía convencional.  Por otro lado, jamás estuvo propiamente en ella, sino que su mundo está poblado de pequeñas historias halladas on the road, que frecuentemente se entrelazan, van y vienen, hasta conformar un especial e identificable “Universo Curto”.

En este universo, heredero de ciertas notas pop, parece esencial su pasión por la realidad situada al margen de la historia transitada.  La defensa de un espacio, en muchas ocasiones repleto de la cosmogonía de lo doméstico, poblado por perdedores que, sabido es, son al cabo los que conforman buena parte de la verdadera historia no-narrada del mundo.

Artista romántico, en el sentido de su defensa de lo prístino y de la utopía de los ideales a contracorriente, muchos de sus referentes son también conceptuales.  Como puede ser la recreación fotográfica sobre elementos ya preexistentes o el rescate objetual.  La música es otro de los ingredientes fundamentales que aportan una especial luz a su trabajo.   Su defensa del objeto, tanto ‘encontrado’ como intervenido nos recuerda que el mismo existe –como decía nostálgicamente Jacques Lacan- por la permanente búsqueda del objeto perdido y Félix Curto parece estar sometido a este agotador proceso, sabedor también de la afirmación de Ramón de que todo lo material y lo inmaterial puede ser objeto de metáfora.

En cierta medida hay cuestiones que podrían inscribirle en la estela de los artistas beat, algunas de las antedichas y también su pasión por el viaje como emblema vital.     Como los beat, el ritmo de Curto defiende la esencia de los perdedores y con aquellos guarda notas tales a una cierta visión serena sobre las cosas, también un deje apasionado por una naturaleza panteísta.

En el viaje de Curto es fundamental considerar la construcción del mismo no en la tierra, sino más bien en permanente fuga de la realidad.   Su intención es aprehender una esfera misteriosa de las cosas que se hallan alejadas de los ojos, instalándose así en los inalcanzables límites del pensamiento.   Para Curto el camino, al modo de la máxima kavafiana, es tan fundamental como el arribo a una inexistente Itaca.

Su trabajo excede también el territorio hispano: sus fotografías han mirado frecuentemente hacia el territorio mexicano, quizás como emblema del  paisaje no hollado y, en ese sentido, metafórico.

Así puede entenderse también su reflexión sobre la comunidad menonita, una de cuyas fotografías fue la ganadora del II Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler en 2008.   Esta comunidad es un referente que Curto analiza como reducto de una actitud distanciada del mundo y no contaminada por la tristeza de la civilización que hiciera a Walter Benjamin clamar contra el dolor que se agazapaba tras el comercio de los pasajes parisinos.

Como si nada, mostrando ese inalcanzable y exiguo mundo menonita, Curto expone, con crudeza, el miltoniano mundo perdido y, por tanto, el intenso dolor de nuestra civilización.