EVA LOOTZ-LA NOCHE QUE VI UN AZUL QUE ERA ROJO

EVA LOOTZ-LA NOCHE QUE VI UN AZUL QUE ERA ROJO

PRESENTACIÓN DEL LIBRO
DE EVA LOOTZ:
“LA NOCHE EN QUE VI UN AZUL QUE ERA ROJO”
CÍRCULO DE BBAA, MADRID, 16/III/2009
[UNIVERSIDAD DE LEÓN-COLECCIÓN PLÁSTICA Y PALABRA-
DIRIGIDA POR JAVIER HERNANDO Y JOSÉ LUIS PUERTO
LEÓN, 2008]

 

El día en que Eva me pidió estas palabras, a modo de presentación de su libro, continué poco después con otra lectura que traía entre manos.   Las líneas por las que proseguí citaban inmediatamente a Bioy Casares quien, a su vez, parafraseaba a Bergson: “La inteligencia es el arte de encontrar –decía la cita- un agujerito por donde salir de la situación que nos tiene atrapados”.

Vds., quienes seguro son admiradores de la obra de Lootz, entenderán con naturalidad, como si tal cosa, la extraña coincidencia.   Si aceptamos que uno de los temblores que mueve la creación de esta artista es la tentativa de establecer un puente de la visión con ese universo otro que no es exactamente cuestión de fisicidades.    He dicho “puente de la visión” y les habré recordado a Vds. el “éter” que Delacroix estimaba era el vapor de la comunicación entre el creador y nos(otros).   El vapor capaz de trastornar el sentido, comunicando con ese universo agazapado y confundido con esta realidad, camino entonces de la solicitud de la hondura interior.

Este hecho es fundamental a la hora de enfrentarnos a la obra de Lootz.    Una obra cuyo lugar es un no-lugar ubicado en un no-tiempo.    Necesaria tierra de nadie -como ella mismo ha referido en ocasiones-.

En la obra de Lootz es también capital considerar que, estando dispuestas sus obras en lo que podríamos llamar extensos horizontes, espacios universales, concentra las mismas en una suerte de dimensión cerrada, al modo de pequeños universos en sí mismos.   Desde de lo que podríamos llamar una radicalidad (sobre la que también hemos de convenir, para los más serios, se podría definir como “estilo”), Lootz rememoraba las propuestas de Calvino para el próximo milenio: “cada vida es una enciclopedia, una biblioteca (de) estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles”.

 

Es sabido que una de las consecuencias del trabajo de Eva es el borrado de las fronteras artísticas (pintura, dibujo, escultura o instalación, proyecto real o utopía), dentro de lo que podríamos calificar, simplificando, con una voz muy contemporánea: “mestizaje”.   Esto es, puesto que la vida viaja en diversas, permanentes, e incontrolables direcciones, parece decir Lootz, también la obra de arte podría ser construida al modo de una obra que viajara, incesantemente, en diversas direcciones.   Como un río cuya agua, mecida al arrullo del pensamiento, va y viene. Defendiendo así el trayecto de la creación antes que su conclusión.

Trayecto en el que es fundamental considerar algo que anotó Eva, precisamente en uno de los dibujos de su serie “Derivas”: “la fuerza del pensamiento”.   Al cabo, el verdadero artista se siente inquieto siempre, descontento consigo mismo, eternamente insatisfecho de sus expresiones.    Es por ello que se pertrecha de un laboratorio al modo de un  territorio desesperanzado donde recrea el mundo en incesante y de antemano sabida inútil búsqueda, mas no por ello menos necesaria, de la palabra adecuada.

La palabra adecuada.

Y hemos llegado, al cabo estamos en un acto de presentación de un libro, bellísimo por cierto, a uno de los lugares capitales de Lootz: la palabra, sempiternamente presente en su obra, palabra significante, pero también palabra-dibujo.   Palabra-dietario y palabra-idea.  Palabra enigma-Palabra sugerencia.  Palabra susurrada y grito.   Palabra fragmento y palabra como un mundo.  Palabra presente y palabras eliminada…

Pues hay algo de michauxniano en su búsqueda, evocadora del conocido: “palabras, palabras, palabras” de Henri Michaux.    “Escribir, escribir, escribir”, escribirá Lootz en uno de sus dibujos de este libro, que acaba rememorando el también a veces citado  “piensa para escapar” del primero.

Tras la permanente agitación de las palabras, que a veces son dispuestas con paroxismo similar a aquel, Lootz parece querer buscar algo que no está, exactamente, en el roce de la mirada.   O más bien eso que ha escrito ella y que creo también fundamental, la búsqueda de “la mecha que se adivina ardiendo bajo la arena”.   O lo que Piedad Solans llama en su magnífico prólogo a este libro: “Sondear lo invisible”.

 

Es, al cabo, la esencia romántica de la poesía de la utopía del símbolo y la vindicación de la intuición.   Romanticismo muy contemporáneo: la búsqueda a sabiendas, nihilista, de que la búsqueda no tendrá conclusión.  Eso que a veces Eva ha definido como “la imposibilidad de hacer una obra”.   Sobre este particular, siempre que pienso en Eva, me gusta una cita de Paz también sobre Michaux: “una larga y sinuosa expedición hacia algunos de nuestros infinitos en busca siempre de otro infinito”.

Empero es posible afirmar que es una de las artistas que con mayor rigor ha acometido el intento por “rodear”, en el sentido de “sitiar”, las preguntas que se acercan a eso que Torner definiera en tiempos como “el corazón de la manzana”: el objeto y sentido del arte.

El libro que hoy presentamos podríamos decir que es un ejemplo, muy bello, de reflexión metacreadora.   Libro borgiano e infinito pues cada página abre a una página-otra, todo preguntas, algo como el espejo que se refleja en el espejo.   …Citaremos entonces, cita inefable llegados a este punto, el espejo de Carroll, esa suerte de mareante espejo por el que Eva nos introduce, haciéndonos caer a un mundo de tonalidades azules y rojas.

Libro de libros, he dicho: Dietario a veces, como en “Volterra”, de un septiembre de 1998 en la casa de misterioso nombre “Podere Cellina”,  homenajeador, es frecuente que dos de las temáticas en sus dibujos sean la mujer y la música.   Y que sus  historias estén atravesadas por historias y personajes que pueden ir desde un calendario o una comida, que recuerda el pie en la tierra, a esquivas reflexiones.

Hay algo en Eva de mirada como negación, como un deseo de desandar el camino a que, con crueldad, nos aboca la mirada.    El ya citado “piensa para escapar” puesto que, como nos refiere Lootz, “La verdad es mejor que nada” (1999).  Inicio silogista, apropiado de Bourgeois, de otro de los libros.  Álbum de imágenes líquidas evocador de la ciencia y la explosión atómica.    El primero de los dibujos, contiene una frase inacabada en torno a la belleza (“la belleza, ese ‘objeto’ imperecedero, es siempre un momento en el tiempo”). “La ciudad de las palabras” (2000) es libro de redes: árboles, jeroglíficos, ramas, categorías, planos de ciudades…

“La noche en que vi un azul que era rojo” tiene algo, en su título, de elogio de una revelación  (2003).   De guiño magrittiano a la confusión de los sentidos.   De libro presentimiento de tragedias: el tibio azul convertido en rojo.  ¿De desconsuelo quizás?

 

Se abre con un dibujo “Que cada dolor diga su nombre”.   Libro en el que en varias ocasiones se dibujan horizontes de piedras, es evocador de aquella otra noche  memorable del verso de Celso Emilio Ferreriro: “O longa note de piedra”, “ella trabaja en la cantera del dolor”, escribe Lootz evocando a Carlos Drummond de Andrade: “En medio del camino tenía una piedra/tenía una piedra en medio del camino/ tenía una piedra/en medio del camino tenía una piedra”.

Libro de textos y, no es muy usual, de tachaduras. Libro de llagas dolorosas.   Ella misma escoge una de Jean-Luc Nancy: “‘Por la llaga se escapa el sentido’, gota a gota, horriblemente, irrisoriamente quizás, incluso serenamente, ¿acaso gozosamente?”.  U otra michauxniana que traduzco  y citamos antes: “escribir, escribir, escribir…para encontrarse o perderse en el bosque del lenguaje”.   Final épico, contemporánea tragedia, en “Angry Drawings” (2002-2006) en el que los dibujos, expresionistas, tienen algo de munchianas bocas, confundidas oquedades: bocas, vaginas, ojos, gritos…fragmentos después de la batalla…

Fuerza que no leve sino más bien frenética, la que como se ve, recorre estremecedoramente este libro de libros, donde es frecuente el permanente viaje de lo ascético a lo barroco, de lo máximo a lo, en apariencia, menor. Del discurso, como el que sirve de título a la obra, al haiku, mas permaneciendo siempre, en todos los casos, una pulsión extraordinariamente intensa.

Artista de difícil aprehensión, pues es su voz la poética, la conmovedora e intensa luz de la metáfora, la obra de Lootz aborda desde diversas perspectivas un mundo creativo sutil, a veces delicado u otrora perturbador mas siempre suntuoso, en el sentido de ímpetu generador de imágenes.   Mundo, a la par, extremadamente complejo y que, nueva contradicción, parece fluir con extrema simplicidad.  Como un río. Dicha aparente sencillez oculta una infinidad de sofisticados mecanismos creativos en los que la reflexión y sus símbolos ocupan lugar prioritario.

Obra fragmentaria, aficionada Lootz a los ríos, también de palabras, merece –si Vds. me lo permiten- un capítulo de fragmentación crítica: noche, lengua, lana, tierra, parafina, estaño, fieltro, lacre, agua fría, crin, recipiente, arena, lo que fluye, llama, plomo, cera, hielo, madera, agua clara, agua oscura y mercurial, poso, recipiente, camino, luz, tijeras, umbral, copa, vegetación, pluma, río, manos, cuchillo, campana, noche, pies y zapato…

 

Eva Lootz cita en una de sus series incluidas en este libro, “La verdad es mejor que nada”, a una poetisa finlandesa, Edith Sodergran, de vida efímera y tuberculosa y arruinada (San Petersburgo, 1892-Raivola, 1923).  Quiero leerles dos poemas a modo de conclusión cuya poesía muy visual “sitia”  también el mundo inestable de Lootz.   Evocando ese emblema que Eva podría llevar en su escudo heráldico, junto a parafinas y arenas por ejemplo: “Ut pictura poesis”

EL ANSIA DE LOS COLORES

Porque soy pálida amo el rojo, el amarillo y el azul,
la gran blancura es melancólica como el crepúsculo
en la nieve,
como cuando la madre de Blancanieves a la ventana se sentaba
anhelando también para sí el rojo y el negro.
El ansia de los colores es el de la sangre. Si tienes sed
de belleza
cerrar debes los ojos y mirar en tu propio corazón.
Pero la belleza teme al día y a las miradas excesivas.
Pero la belleza no soporta el ruido ni los movimientos excesivos –
no debes llevar tu corazón hasta los labios,
perturbar no debemos los nobles anillos de la soledad y del silencio, –
¿se puede hallar algo más grande que un enigma sin resolver
y con extraños rasgos?
Taciturna seré toda mi vida,
una habladora es como el gárrulo arroyo que a sí mismo se traiciona,
un árbol solitario seré yo en la llanura,
los árboles del bosque perecen de ansia después de la tormenta,
debo estar sana de pies a cabeza y tener dorados rayos en la sangre,
debo ser inocente y pura como una llama de húmedos labios.

 

Alfonso de la Torre