CITOLER. 4 PREMIO DE FOTOGRAFIA. UNA BREVÍSIMA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA (Y LA PINTURA)

CITOLER. 4 PREMIO DE FOTOGRAFIA. UNA BREVÍSIMA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA (Y LA PINTURA)

Texto publicado en el catálogo:
“Cuarto premio internacional de fotografía contemporánea Pilar Citoler”, catálogo de la exposición del mismo nombre, Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí-Universidad de Córdoba, Córdoba, 2009

            UNA BREVÍSIMA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA (Y LA PINTURA)

 

La historia de la fotografía artística obliga a la mención de un tiempo, el nuestro, que en lo relativo a la creación tiene como uno de sus signos capitales la entropía.  Han sido, el pasado siglo y éste, tiempos de apofatismo y de vértigo entre medias de los cuales, melancólica, se erigiría -como si tal- la consumación de la quietud de un instante otrora hecho objeto y papel entre las manos: la fotografía.  Símbolo capital éste del humanísimo deseo de congelar las cosas para, quizás después, tras el vértigo, reflexionar en torno a ellas.   Elogio de la visión, metáfora suprema -desde el antiguo click del obturador o la cegazón del magnesio-, que refiere el tiempo, la fotografía alude, en su metáfora inapelable del fin de los días, al sempiterno anhelo, consustancial a la inteligencia, por detener las horas.

¿La pausa del tiempo?. Y es que, ¿hay entropía mayor que la búsqueda de las certezas desde la oscuridad del pequeño agujero por el que se mira en una caja negra?.    Símbolo éste también preciso de subrayar llegados a este punto, el del agujero por el que penetra la retina curiosa del voyeur.  Círculo ciego que recibe la mirada de quien, parapetado, escudriña a tientas deslizado en la negrura.  Mención así al spectator herido: quien contempla lo que sucede más allá del mundo desde la camera, a través del orificium  (recordemos el término ‘camera’ procede del latino “habitación”.  A su vez, ‘orificium’ es ‘boca’ y refiere también el ‘hacer’, suma de un lenguaje sustanciado a través del agujero).   La fotografía es emblema del mirar que también, a su vez, paradójicamente es el símbolo de la actitud del pintor de la vida moderna, mal que le pesara a su inspirador, Baudelaire.  Empero fotografiado en diversas poses, desde que lo hiciera en 1855 en su sillón con mirada ausente, quizás con un aire del disgusto tan moderno, por Felix Nadar (conservada esta imagen en el Musée d’Orsay)[1].

Ya dijo Benjamin, quien tanto colaboró en la construcción de la modernidad, refiriéndose a Atget, que en algunas de sus fotografías, la ciudad se puebla de intrigas, del misterio de un espacio para siempre ya deshabitado: fotografía de algo que no podemos ver, no-fotografía de la naturaleza.

Refulgir dibujado desde la caja negra, la fotografía.  Fulgor captado desde la cámara lúcida que dijera Barthes.   Luz hecha vida alucinada de donde surgirán, entre las sombras, las primeras prácticas fotográficas que hicieron a algunos, como al citado Charles B., el escritor amante de la fugacidad del tránsito, despotricar del ardid del bromuro.

Los nuevos artistas de la imagen, aparecidos casi a la par que la foto en movimiento, el cine, nacerían con el estigma de la pregunta, que resuena aún hoy: ¿serían fotógrafos o, tal vez, serían pintores?.  Mas… ¿serían verdaderos artistas?.

En el intento por descifrar los signos ocultos entre la realidad, -por algo también los alquimistas manejaron cámaras oscuras-, sabido es que la fotografía convulsionó al mundo de la pintura conduciéndola, empujando más bien, de modo irremisible, a una de las búsquedas más incesantes, en apenas un siglo, de las que tiene noción la ya vieja historia del arte.  La ‘misión’ de la representación asignada a la fotografía en el siglo diecinueve, sustrayéndola así de la pintura, conduciría a ésta hasta el mismo borde de la nada.   Cézanne, Monet o Dègas, son tres ejemplos de la primera consecuencia, influencia y respuesta al cuestionamiento del bromuro.   La representación de la ‘realidad’ había dejado ya de ser necesaria.  Los límites conocidos a los que abocaría esta reflexión, entre otras, serían la hegemonía de la abstracción primero, ya en el siglo veinte, y, de ahí, a un paso, la desesperanza minimalista, cuya tristeza aún nos acongoja.

Entre otros, la fotografía desbarataría uno de los usos consabidos de la pintura, desde siglos atrás, el retrato.   Establecida la fotografía, se producía el abaratamiento de esta técnica frente a la morosidad, tan costosa, del posado en el estudio decimonónico del pintor.  Ciertos pintores como Ingres se pertrecharon de fotografías para indagar también en su quehacer.   Aunque éste, como Baudelaire, hubiera despotricado contra el género fotográfico y hubiese sido retratado, circa 1860 por el fotógrafo Pierre Lanith Petit.

En 1895 Dègas fotografiaba a Mallarmé y a Renoir, apareciendo él mismo, a modo de autorretrato, en un espejo[2], émulo del que realiza Manuel Sonseca en 1986, también éste en espejo mas sin cabeza, en la apertura de su libro ahora editado.   Monsieur Dègas se convertiría en uno de los primeros autorretratados de la historia de la fotografía, “como si un fantasma se tratara”, describiría la situación el poeta Valery….[3].  Dègas solo pensaba en la fotografía, murmuraban con temor algunos de sus próximos.   La fotografía había alterado así, por completo, el mundo de la pintura, el mundo del arte, llevando a éste a una quiebra de la que aún resuenan los ecos del desastre.   La pintura había muerto, clamaban los seguidores de Daguerre, en una expresión que -si bien exagerada-, con justeza conservaba en sus sustratos la mención a la convulsión que produciría la ‘fijación’ en el siglo XIX  de las imágenes a través de procedimientos fotoquímicos.

Para mí uno de los elementos que simboliza las controversias generadas por la fotografía sería la imagen captada por Niepce[4], considerado clásicamente uno de los ancestros de la fotografía.  Me estoy refiriendo a la fotografía de un silente bodegón circa 1822, al que habitualmente se ha titulado “La mesa puesta”, que anticiparía la quietud planteada por algunos artistas del pincel: Morandi en lugar capital.   Curiosa mención la de las primeras imágenes fotográficas, paradójicamente preocupadas en captar espacios silenciosos, lo que parecería haber correspondido siempre, en lugar prioritario, a la pintura.   Niepce llamaba a sus fotografías con una curiosa acepción, casi conceptual en su frialdad: “Puntos de vista”.   Alguno de estos puntos de vista, por ejemplo una imagen tomada desde su estudio en Saint-Loup de Varennes, visión de horizontes con tejados de líneas quebradas, casi sironiana, redundan en lo que hemos referido antes en torno a esa curiosa pasión que tuvieron las primeras pruebas fotográficas por la suplantación de la pintura[5].  Búsqueda de lo invisible entre las apariencias de lo visible,  elogio de lo silencioso, no era extraña esta actitud en un fotógrafo que había pasado su tiempo copiando, litográficamente, obras de arte.  Su mirada era, así, la de un pintor fotógrafo.  Como en nuestros tiempos la ha ejercido, capitalmente, David Hockney.

Aún desembocado en los albores del siglo veinte, la presencia de artilugios ópticos había sido consustancial a la práctica pictórica desde los tiempos del Renacimiento.  Pertrechados de marcos, espejos cóncavos, visores, lentes, cámaras obscuras y otros instrumentos prosecutores de la luz.   Sin embargo, la detención de imágenes no sucedería hasta la presencia de los ancestros fotógrafos que, en el fondo, proseguirían esas investigaciones hasta conseguir algo que nos es bien conocido y que es la sustancia, también, de la imagen digital: la detención de las cosas, la quietud de las imágenes.  Que uno de los fotógrafos de la historia fuera Lewis Carroll es extraordinariamente sugerente.  Él, el escritor de los espejos de Alicia, calificó en alguna ocasión el proceso fotográfico de “místico” y “terrible”.

En el fondo, la llegada de la modernidad en el mundo de la pintura tendría mucho que ver con el deseo de ciertos pintores de superar el mero registro de imágenes que llegaba con la fotografía.   El deseo de crear una nueva vía de la inteligencia que supusiese el alejamiento de la nueva fidedignidad de los bromuros.   Casi sin quererlo, lo que había sido un ‘instrumento’ de la pintura, quedó sumido en una suerte de incongruencia como fue la discusión sobre su sentido artístico.

Puede decirse que no ha sido hasta bien avanzado el siglo veinte cuando se ha empezado a considerar la fotografía como un medio artístico de expresión.  En este punto, es esencial referir la intensa relación de la fotografía con las primeras vanguardias.  Muy en especial con el mundo surrealista.  Emblema de un feliz encuentro sería también el conocido diálogo entre Picasso y Brassai, esclarecedor para la historia del arte.  Así lo mencionaría también nuestro Manolo Millares, quien en 1958 escribiera un artículo referido a los enigmas, tan fundamentales en su pintura y en el arte en general, y que la fotografía era capaz de revelar, y nunca mejor dicho: “Es bien significativo el pensamiento del fotógrafo norteamericano Roman Vishniac, cuando escribe: “Las cosas visibles al ojo desnudo no son más que una parte insignificante del grandísimo y fascinador mundo en que vivimos”.  Realmente, nada más acertado. Porque lo desconocido –lo que no vemos- no existe en nuestra mente.  Y la introductora cámara nos propone –en el fantástico y vedado mundo de la histología, astronomía o geotectónica-, las palabras más exactas y válidas de un vocabulario de vigencia actual y proyección futura”[6].

En general pues, el uso que de la fotografía han hecho los artistas es muy intenso.   En fecha reciente recordábamos en Córdoba, “Modernstarts”[7] (3), el magrittiano guiño: “ceci n’est pas une photographie”[8].   Es suficiente la mención de los artistas que han utilizado la fotografía como punto de partida o elemento consustancial a su medio expresivo, partiendo de John Heartfield, dadaísmo o surrealismo, y desembocando en Warhol en lugar prioritario.

Quizás otro de esos puntos que es preciso mencionar por su carácter simbólico, sea el encuentro de Muybridge y Bacon.    Pionero fotógrafo el primero, estudioso del movimiento que ya apasionara al citado Dègas, y capital pintor de nuestro apofático siglo el segundo.   Que siglo y medio de distancia confluyan en la creación, refiere la importancia de estos encuentros.

Efecto de verdad y de locura. Reflexión sobre el tiempo, la nostalgia y la muerte.  Y el lenguaje que lo ronda, dijo Barthes era la fotografía.

El pasado 2009 tuvo lugar la cuarta convocatoria del PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER.   El Ayuntamiento de Córdoba y su Delegación de Cultura; la Fundación Cajasur; la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí de la Diputación de Córdoba y la Universidad de Córdoba través de su Vicerrectorado de Estudiantes y Cultura.  Todos ellos, con la cooperación del Parque Científico Tecnológico de Córdoba ‘Rabanales 21’, han impulsado un Premio plenamente consolidado en la llegada de este temprano 2010.

Es sabido que éste se presentó por vez primera en Paris en el marco de “Paris-Photo” en 2006.   De esta Feria, el principal evento europeo en el mundo de la fotografía artística contemporánea, recibió un indudable respaldo que fue reiterado el pasado año difundiéndolo de nuevo.  No en vano será preciso recordar algunas de las cifras que concita.   El pasado 2009, con Irán y el mundo árabe como invitados, “Paris-Photo” contaba con ciento dos expositores de veintitrés países.  En este ámbito mundial se quiso dar a conocer el Premio.  El éxito de la convocatoria parisina permitió su presentación haciendo extensiva su vocación internacional.  Afluencia record a esta Feria de 40.150 visitantes (frente a unos 37.000 del año 2008).   Siendo  la cuarta cita del Premio hay que decir que la respuesta ha sido excepcional habiéndose presentado ciento cincuenta y un artistas.

Con presencia de fotógrafos españoles, remitieron sus fotografías al Premio creadores de diversos países.  Por orden de densidad señalamos: México, Argentina, Italia, Chile, Portugal, Alemania. Austria, Estados Unidos, China, Francia, Perú, Suiza y Venezuela    La mayoría de los fotógrafos que han concurrido tienen una consolidada trayectoria.

El PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER, es sabido, no nació como un premio más al uso.  Es uno de los de mayor dotación económica y entre sus objetivos se encuentra el apoyo indudable a esta manifestación artística de nuestros días.    Supone el inicio de una colección de fotografía contemporánea que albergarán las instituciones convocantes.    En sus tres ediciones anteriores ha sido ganado por Begoña Zubero (2006); Félix Curto (2007) y Manuel Sonseca (2008)   A ellos se suma ahora, en su cuarta edición, Juan del Junco (Jerez de la Frontera, 1972).

También es el origen de una serie de monografías sobre los fotógrafos premiados que  se pretende sea referencia en el mundo de la fotografía contemporánea.  El primer volumen editado en 2008, dentro de la colección “El ojo que ves”, fue dedicado a Begoña Zubero (Bilbao, 1962).  De laboriosa ejecución, fue realizado bajo la tutela de Ediciones del Umbral, incluyendo un extenso ensayo de Ramón Esparza.   El libro de Félix Curto (Salamanca, 1967), segundo volumen por tanto de la colección fue impreso en Córdoba en Gráficas San Pablo.   Laboriosamente trabajado por el propio artista, incluye un texto del crítico Abel H. Pozuelo con el título “Siguiendo la estrella”.

La monografía de Manuel Sonseca, por tanto la tercera de las editadas y que se presenta ahora coincidiendo con su exposición en la Sala Puerta Nueva, bajo el título “Manuel Sonseca en blanco y negro”, cuenta con una entrevista del artista realizada por Alejandro Castellote y un texto de Juan Manuel Bonet titulado: “Manuel Sonseca, peatón con Leica”.   Todo el volumen, bilingüe como los anteriores, ha sido impreso en Brizzolis y ha estado al cuidado editorial de Mauricio d’Ors.

No se trata de convocar y premiar, sino de dar un apoyo sin dudas a la fotografía contemporánea.    En torno a él se realizan numerosas actividades: se inicia una serie de monografías y se realizan exposiciones tanto del premio como del artista premiado ese año.

El jurado de este Premio estuvo en 2009 presidido por Pilar Citoler, coleccionista creadora de la Colección Circa XX, Presidenta también del Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y contó entre sus miembros con los fotógrafos Manuel Sonseca, Txomin Badiola y Antonio Tabernero.   En el jurado estaban también presentes Soledad Lorenzo, galerista; Mariano Navarro, crítico de arte y quien suscribe.

Como miembro del Jurado tengo que subrayar el apoyo que hemos recibido de las instituciones: el Ayuntamiento de Córdoba y su Alcalde Andrés Ocaña; su Primer Teniente de Alcalde de Relaciones Institucionales y Cultura, Rafael Blanco Perea y el Coordinador General de Cultura,  Luis Lorenzo Seco.  Mención a la Fundación CajaSur, presidida por Santiago Gómez Sierra y a su Vicepresidente, Salvador Blanco Rubio, y al Director de la Fundación, José Rafael Rich Ruiz.

Apoyo extraordinario, también, de la  Diputación, a través de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, su Presidente Francisco Pulido Muñoz, su Vicepresidente, José Mariscal Campos y el Gerente, Diego Ruiz Alcubilla.  También por parte de la Universidad su magno Rector, José Manuel Roldán Nogueras y el Vicerrector de Estudiantes y Cultura, Manuel Torres Aguilar.  Mención, finalmente, al Director General de Cultura de esta Universidad, Octavio Salazar Benítez.

Tenemos que añadir que las deliberaciones del jurado, ante el extraordinario conjunto de fotografías presentadas, fueron en extremo laboriosas y llenas de una gozosa insatisfacción poco habitual en los Premios.   Es sabido que la labor de los jurados en muchos certámenes no pasa de ser una búsqueda de aguja artística en pajar desordenado.   No fue el caso.

Agradecimiento pues, también, a todos los artistas presentados y muy en especial a los seleccionados quienes han aportado, además de la excelencia de su trabajo, sus reflexiones sobre el mismo en esta publicación.

La vocación del Premio tiene un doble sentido: su contemporaneidad y su deseo de internacionalidad.   No es un Premio destinado al hallazgo de nuevos valores artísticos sino más bien se desea subrayar una trayectoria ya consolidada dentro del mundo de la fotografía contemporánea.   Es sabido que es misión insoslayable de cualquier certamen similar el aportar luz sobre trabajos silentes o no del todo conocidos.

En este sentido todos los miembros del jurado consideraron que otorgar el Primer Premio de esta IV Edición al quehacer y trayectoria de Juan del Junco redundaba, con extrema justicia, en el objetivo antedicho.  Así lo hizo constar el jurado en el acta de modo unánime.  El premio se le otorgaba: «en consideración a la trayectoria artística y su inserción en el discurso dela fotografía contemporánea y además el Jurado ha apreciado especialmente la creatividad de sus propuestas visuales, su capacidad narrativa y sus estrechos vínculos con la naturaleza y el conocimiento científico».

Fotógrafo más de dudas que de certitud, artista de historias entrevistas, de personajes convertidos en narradores de metáforas, de quietudes… su obra es, así, en extremo sugerente.   Fotografía transustanciada en alegoría, coleccionista de realidades de ensoñación, la obra que presentó a este Premio « La Corchuela », de 2008, muestra a dos personajes, pareciere vagando en un espacio junto a una rama de árbol.   Fotografía hecha sin retoques, con una cámara de formato medio, contempla la narración de una historia escondida, tras el follaje de una rama de árbol que pareciere navegante o flotar en el ambiente.  Perteneciente a la serie « El naturalista y lo habitado: trazas, huellas y el artificio del artista «  es obra enigmática, indagadora de los misterios que nos circundan, dentro de lo que él ha destacado como el deseo de subrayar las ‘asintonías’ en las que vivimos.

Con algo de rememoración proustiana, como señala en dos de los epígrafes de su texto, en este catálogo, dedicado a evocar dos recuerdos infantiles, el pruno del jardín y la caja de fotografías, ésta verdadera caja de pandora de su casa familiar o “el principio”, como escribe Del Junco.  Así lo evoca : “Antes de lo digital en las casas existían cajas llenas de fotografías. Papeles duros y mates. La caja de mi casa era atípica: además de mis hermanas vestidas de flamenca, había nidos, grandes piedras, plantas, paisajes y aves, sobre todo, aves. Años y años pasando foto tras foto hace que todo ese imaginario se fije inexorablemente en la memoria. Ahí está el principio”.

Subrayemos también el elogio, algo que ha sido frecuente en su trabajo, del observador.  Así, la historia narrada parece ubicarse en una suerte de no man’s-land, un paisaje de resonancia urbana, de ladrillo y soportal de periferia, ubicado en « La Corchuela », junto a Dos Hermanas y Los  Palacios (Sevilla), espacio poblado que ha arrastrado consigo muchas de las penurias de nuestro tiempo.   En ese lugar dos varones, pareciere detenidos en dicho espacio, con algo de la quietud de las estatuas dechiriquianas.   Seres varados en un tiempo, sin conversación, sin contacto, tiempo pareciere de otro tiempo anterior, tiempo alejado del tiempo cotidiano.   Espacio arrasado por la quietud de un tiempo distinto.

Los  otros nueve fotógrafos seleccionados, que presentaron fotografías fechadas entre 2008 y 2009 fueron: Juan Baraja, Lidia Benavides, America Méndez, Linarejos Moreno, Manuel Muñoz, Rosa Muñoz, Eduardo Nave, Felipe Talo y Laura Torrado.    Éstos explican sus intenciones creadoras en el catálogo junto a la fotografía presentada al Premio y muestran sus obras en la Sala Puerta Nueva de Córdoba entre los meses de febrero y marzo de 2010.

El Premio, es sabido, se vincula al nombre de la coleccionista Pilar Citoler.   Colección la suya que muestra el transcurso de la historia de la fotografía.   El pasado año 2009 tuvo lugar la muestra “MODERNSTARTS-ARTE CONTEMPORÁNEO EN LA COLECCIÓN CIRCA XX-PILAR CITOLER”, que se desarrolló en diversas sedes cordobesas entre 17 de enero y el 29 de marzo).   Exposición muy concurrida, tuvo lugar en las salas expositivas de CajaSur, Diputación, Vimcorsa y Teatro Principal.

Subrayando tan sólo las dos exposiciones que tuvieron como eje principal la fotografía, bajo el título de “Dentro/Fuera”, ésta se planteó en dos salas contiguas de CajaSur, mostrando fondos de la colección fotográfica de Circa XX (excluyendo el vídeo y alguna otra obra aneja que mostrada en el Teatro Principal).    Viaje fotográfico, del exterior al interior, simbolizado en una parte del título de la exposición “Dentro/Fuera”, tanto monta, y que se resumiría en obras que analizaban tanto el retrato como el mundo exterior en las fotografías.

“Ceci n’est pas une photographie”, en el Teatro Principal, ofrecía -desde una cierta y provocadora ironía- un paso más, al analizar a los artistas que han utilizado la fotografía como recurso pictórico…viaje desde la fotografía hacia el mundo de la pintura y la videocreación contemporánea.

En 2005 Pilar Citoler recibió el Premio ARCO al coleccionismo privado en España y en diciembre de 2007 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Sobre lo antes citado, el apoyo otorgado por Pilar Citoler al Premio de Fotografía cordobés, escribió la coleccionista con ocasión de su presentación en Paris hace unos años unas palabras que, aunque ya citadas en otras ocasiones, merecen ser reiteradas: “supone depositar vuestra confianza en el presente y en el futuro del Premio, apostando por una empresa llena de ilusión, en la que todos deseamos tenga la proyección que merece como premio español, dentro y fuera de nuestras fronteras. Vuestro apoyo, reflejado en esta presencia, es decisivo para su consolidación e importancia futura.  La Universidad y la Diputación de Córdoba (…) como instituciones vivas y solidarias, de máxima influencia en la sociedad cordobesa, deciden unir esfuerzos para divulgar la cultura más actual y hacer patente su vocación y trayectoria universalista.  El trabajo de ambas Instituciones es amplio y tenaz.  Han elegido dentro de las Artes Plásticas un Premio de Fotografía para hacer patente su interés por las técnicas artísticas más actuales y vanguardistas.  Córdoba, ciudad de encantos, poética y mágica, donde cada calle y rincón es un mensaje constante de su legado cultural y artístico, quiere trascender de su propia herencia, cargada de historia, y persigue una nueva dimensión: el encuentro y búsqueda de la modernidad.  Bisagra de culturas, heredera de siglos de civilización y con el don de la concordia y la yuxtaposición, respetando la esencia de cada una, ha engrandecido el pensamiento y el alma de sus gentes.  Generosos, activos, afables, imaginativos y siempre anteponiendo la amistad, por encima de toda adversidad.  Partiendo de todo ello, Córdoba quiere transmitirnos su riqueza de sentimientos, su visión de la vida y su grandeza.  La creación  del Premio Internacional de Fotografía, no es más que el reflejo de todo ese potencial anímico, de su vocación de entrega y transmitirnos su visión de futuro. Córdoba apuesta por esa modernidad apoyándose en la fuerza y seguridad que dan, sus siglos de historia y cultura”.

“Larga vida al Premio Internacional de Fotografía Contemporánea, podremos concluir si, como se colige de lo anterior, es, antes que nada, fruto de esfuerzo -y la ilusión- de todos”, ha escrito Citoler páginas atrás de éstas.   Queda todo el futuro por hacer pues es sabido que el Premio prosigue su andadura y se preparan nuevas presentaciones de la quinta convocatoria para este recién iniciado 2010.   Premio que nace con el éxito de las ediciones anteriores, el entusiasmo de las instituciones convocantes, algunas de ellas incorporadas felizmente este año, su indudable presencia internacional y el apoyo de la coleccionista que da nombre al Premio.

 

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[1] Félix Nadar, Charles Baudelaire en el sillón, 1855.  Revelado único sobre papel salado a partir de un negativo destruido, 28 x 16,5 cm.  Musée d’Orsay

[2] Edgar Dégas, Auguste Renoir y Stéphane Mallarmé, XII/1895, 39 x 28,5 cm. Museum of Modern Art, New York

[3] Paul Valery, Dègas, danse, dessin, Ambroise Vollard Ed., Paris, 1936

[4] Joseph-Nicèphore Niepce (1765-1833)

[5] Casa de Campo de Le Gras, 1826

[6] Manolo Millares, “La fotografía en el arte actual”, “Punta Europa”, Sección “Nueva galería Punta Europa”, nº 36, Madrid, XII/1958

[7] Exposición de la Colección Circa XX-Pilar Citoler

[8] Esta muestra incluía a los artistas: Aggtelek, Chema Alvargonzález, Lidia Benavides, José Manuel Broto, Carmen Calvo, Christo (Christo Vladimirov Javacheff), David Díaz, El Perro, Jorge Galindo, Ruth Gómez, Alex Haas, Eva Lootz, Christopher Makos, Antoni Miralda, Fran Mohino, Yasumasa Morimura , Grace Ndiritu, Álvaro Negro,  Tony Oursler, Alexandra Ranner, Robert Rauschenberg, Fernando Renes, Juan Carlos Robles, Charles Sandison, Adolf Schlosser, Juan Ugalde, Darío Villalba, Wolf Vostell y Andy Warhol.