DANIEL VERBIS, RAZÓN, SINRAZÓN Y SENTIDO

DANIEL VERBIS, RAZÓN, SINRAZÓN Y SENTIDO

Texto publicado en el catálogo:
“Pintura-Pintura”
Madrid, 2007: Ámbito Cultural-El Corte Inglés, pp. 189-192
[Intervenciones de José Ramón Amondarain, Eduardo Arroyo, Felicidad Moreno, Daniel Verbis, en el contexto de ARCOmadrid 2007.  En colaboración con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid].

 

DANIEL VERBIS: RAZÓN, SINRAZÓN Y SENTIDO

 

La razón de la sinrazón es el lugar del sentido

Daniel Verbis, “Cactus interruptus”, Madrid, 2006

 

Es conocida la admiración lógica -casi hasta comunión- existente entre el trabajo de Luis Gordillo y el de Daniel Verbis (León, 1968).   Caminos entrecruzados y meándricos hallazgos en los dos casos, abanderados por la creencia ciega en la pintura y en la necesidad permanente de indagar más allá de la apariencia de las leyes consabidas que componen lo que comúnmente se conoce como realidad.  Arte-revelación entendido como azar vislumbrado, realización siempre a contracorriente.

Entre los dos artistas hay lazos que creemos son ya insoslayables.   También es verdad que el asunto ha sido ya tan dicho que parece conveniente iniciar otros vuelos en este escrito.   Algo parecido a lo que le ha sucedido al artista, quien desde esa admiración y algunas otras conocidas: Frank Stella o Sean Scully, ha derivado en la obtención de una personalísima voz propia, voz artística muy fin de siécle.  En el sentido de haber obtenido una catártica panoplia de gestos artísticos en los que siempre prevalece el dominio intelectual sobre lo creado, el hondo conocimiento de la historia del arte y, al modo del sabio reparto de la baraja, una nueva disposición del juego.   En ese juego -por cierto muy serio- Verbis parece contar con un elevado número de figuras.  Ése parece ser uno de los objetivos del arte en nuestros días.

Tanto Gordillo como Verbis son pintores amantes de la exhaustiva búsqueda de la palabra, pero no de cualquier palabra, sino de aquélla que se oculta en los intersticios del inconsciente.  Artistas elípticos, en este sentido su voz habla de la necesidad del pintor no de ser comprendido: sino de hablar, de escribir sobre su creación, quizás desde un punto de partida no exento de cansancio.   De la certeza de saber que nada de los folios escritos servirá, en el fondo, para ayudar a comprender sus creaciones.   Mas palabra necesaria.   No en vano Verbis será el autor de uno de los próximos textos de una importante exposición del sevillano.

Concluyendo con el arranque comparativo, que dijimos terminaba, hay que señalar la pasión por la eclosión irónica que se produce en los títulos de sus obras.

Para Verbis, el dibujo es idea y la palabra, “imágenes dibujadas, casi cosas”. O, en poéticas imágenes del artista: lo que se hace visible en el aire (“Cactus Interruptus”, reproducido en este catálogo).   Conjunción de trazos, escrituras de voces, bucles barrocos de pensamientos, deseo de revelar lo desconocido mediante los sueños del artista y sus enigmáticos lenguajes.     Deseo misterioso de alcanzar conocimiento, de ir más allá de las cosas, en el que el tortuoso ir y venir vuelve a ser la explicación de la que manaron las explicaciones.   Deseo, muy frecuente en los artistas, espiritual -y consciente- de búsqueda exasperada de aquello que se esconde bajo las banales apariencias de las cosas.

Pintores que parecen entender la palabra entonces no tanto como una justificación de su trabajo sino como una perentoria e insoslayable necesidad.  Palabra como evidencia y también vislumbración.    Voz que fluye, imparable, indetenible y sin censuras.   Voz exhibida sin reparos en las que mano, pincel, lienzo y cuerpo, vida y pintura forman un totus.   Tan compacto que a veces me han parecido sus palabras metáfora de los cloissonnés de hilos del propio Verbis: hilos de diversos colores que van y vienen, botones, fieltros, tejidos que navegan de lo hondo a la superficie y viceversa.   Fragmento parecería arrancado de un grueso y fosilizado “todo”.   Laberinto informal el expresado en sus series “Aquí te ovillo” (2005) o “Mohair” (2002).

Palabra como arma, pero no una más, esencial voz la escrita no prescindible para mirar el cuadro.   Escritura la de Verbis en la que parecen hallarse algunos de los hallazgos surrealistas, esos capaces de provocar un choque esencial en el espectador: pintura realimentada por los luz-eros de la palabra.

Ese parece ser uno de los objetivos del arte: esperanza, luz o nostalgia frente al plano, vertiginoso y arriesgado, devenir cotidiano.   En definitiva entendimiento artístico el de Verbis en el que no parece disociarse la pintura de la palabra: todo es lo mismo: siempre en la pintura.    Sus palabras son pintura y ésta es frecuentada por las historias.   En ese sentido, y vuelta, también palabras.     Luz romántica la que se adivina -por ejemplo- en las raíces que se retuercen ad infinitum en la urna pecera.   También formoleica luz de atardecer de gabinete de museo de historia natural decimonónico, a la espera del sobrenatural milagro que invada la noche.

Ojo, las paredes tienen ojos, círculo, botón, animal ciego, visión lunar, oculistas, cielos circulares, espejo, bola, pupila, luzero, lupa, mi boca en tus ojos…ejemplos algunos de la pasión monotemática de Verbis por los ardides de la mirada.    No en vano Verbis ha manifestado su reverencia hacia Picasso y Duchamp.   Dos artistas que, por cierto, creemos están en lugar prioritario del imaginario de los demás artistas presentes en este programa artístico.

Ojo y espejo convexo, recordando la permanente llamada de John Ashbery a la confusión de los sentidos, llamada a la indagación, a la creación de duda como territorio más firme de la realidad, antes que a la petulante expresión de certitudes.   Llamada también al sentido atento, sentido ajeno a la lógica y ubicado más en lo irracional que en el transcurrir cotidiano, a la captación de lo que no está escrito, ni tiene lógica, ni sucede según lo previsto, recordando entonces las palabras del poeta sobre el poder visionario del azar, el poder visionario que también reivindica Verbis: “me gustaría reproducir la facultad que los sueños poseen de persuadirnos, de que un suceso determinado tiene un significado relacionado no lógicamente con él, o de que existe una relación oculta entre objetos dispares”.

Verbis enlaza con una amplia estirpe de pintores tejedores.  Pintores amantes de la metáfora del tejido y estoy pensando ahora en Manuel Rivera, quizás el que, desde otros presupuestos, se aproximó más a los bullones de hilos de Verbis.   Y vienen ahora a mi memoria un conjunto de bocetos de esculturas hechas por el granadino con amasijos prietos de nacarados alambres.   También estoy pensando en el escaparate de este artista de 1963, suerte de mariposa metamorfoseada (así se titulan gran parte de los cuadros del artista en estos años) de alas gigantescas, compuesto por tules, hilos, cuerdas y alambres.   Tejedor Verbis no sólo por el uso de hilos en sus composiciones que acaban siendo, más bien, cesarianas compresiones de telas.  Trabajos a los que, como al granadino, le es fundamental el lugar que los acoge, la caja translúcida en el caso de Verbis.

Y estoy también evocando sus grandes collages de lonas plásticas con roturas.   Collages producidos desde un indudable esfuerzo físico y en los que éste no es ocultado por la presencia de cortes rectificados, restos de pegamento o pentimentos.  Verbis parece no querer huir, como artista, de su humana condición.   Condición en la que late siempre el quebradizo aspecto humanísimo de la duda.   Millaresco Verbis, la pintura parecería arrancada de su soporte.   Como en el caso del canario, el bastidor puede ser visto por el espectador, algo que también es sabido hizo, mediante ignición, Joan Miró.

Verbis millaresco, como este último es un apasionado del tejido, que utiliza dentro de su repertorio habitual: también es sabido que la humilde tela de sarga fue el material básico con el que construyó sus obras Millares.    También les une la pasión por la adición de objetos sobre el lienzo.  Es sabido que el leonés ha añadido a sus lonas, en ocasiones, dispares objetos, y estoy pensando ahora en su “El artista destripacorazones abre las puertas y se da consuelo” (2004-2005).   Preocupado por el asunto del bastidor, una de sus temáticas investigadoras, Millares escribía a Enrico Crispolti en noviembre de 1960: “Yo sigo trabajando intensamente pensando en nuevos problemas que tengo y que se refieren más concretamente a la supresión del bastidor y a unas obras que no vienen a ser ni cuadros ni esculturas”.  No en vano ciertas obras del canario utilizan el bastidor como materia pictórica, bastidor a veces en su puridad completa, bastidor asomándose entre los huecos de los horadados cuadros.  Y estoy pensando en obras como “Objeto negro” (1968-1969), “La Mina” (1966-1968) o “Tríptico” (1964).

En todo caso lo cierto es que el devenir artístico de Verbis va y viene.    Que su obra, imparable y sinuosa, explora en muy diversas cuestiones.    Instalación, pintura mural, dibujo, fotografía, escultura, collage, proyección… En un transcurso que parecería sentir como necesario en sus muy diversos vericuetos.   En ese sentido puede decirse que su obra se enraíza con una cierta escuela mental presente en la pintura y no sólo contemporánea, sino de todos los tiempos.   Una escuela que no tiene porqué restringirse al pensamiento ordenado o constructivo.   Piénsese, a este respecto, en la obra de Gustavo Torner, otro -duchampiano por cierto- pintor “mental” cuya obra ha caminado de la geometría más pura y sensible al más romántico paroxismo conceptual.   Los casos de pintores capaces de cambiar de registro permanentemente, subyaciendo el rigor conceptual, no son tan raros.   Piénsese también en el fértil imaginario del citado Duchamp.

Ya hemos escrito en otras ocasiones que es sabido que el estilo en un pintor no siempre consiste en ser reconocido por un patrón formal repetido hasta la saciedad y que provoca el fácil reconocimiento del iniciado o del coleccionista.  No seré el primero que señale no hay que confundir técnica -un cierto uso de materiales comunes- y estilo.   La obra de Verbis es la de un pintor mental.    Su estilo -nunca carente de tensión- no es tanto una forma de hacer sino que éste proviene de su estilo de pensar.  Como tantos artistas de lo que antes he llamado “la escuela mental”, pone a su servicio una cierta disparidad de técnicas, unas más tradicionales: dibujos, fotografías o pinturas. Y otras deslumbrantemente sorprendentes y estoy pensando en sus pausados y ordenados graffitis, arrebujamientos de papel de aluminio, esculturas de espuma o en sus psicodélicas compresiones de hilos textiles o plastilinas.  Aún cambiando las reflexiones, y por ende, la disparidad técnica, provocando la apariencia caótica, permanece siempre ese proceso mental que ancla sus raíces en cuestiones de tipo visual.  En él es fundamental considerar que son muchas las reflexiones, desde esa honda raíz metafísica que venimos vindicando, que pueden afectar a un creador.  Sin romper, por ello, antes al contrario, la unidad de su estilo.

Botones cosidos con la mano.  Plastilina que, torpemente, los niños ensayan con las manos.  Polvo que se escapa entre los dedos.  Gota que pende de la mano con suavidad.  Hilos enhebrados por dulces yemas. Círculos sublimes en los que, de nuevo, parece estar el necesario temblor de la muñeca en su giro impecable.   Sus collages de tejidos que obligan a citar los papiers decoupés de Matisse vuelven a insistir en la factura manual, a veces con restos de dudas, de equivocaciones, de pasos andados y desandados.    Algo poco habitual en un artista que sabe manejar como nadie la certeza del proyecto visualmente implacable, en el que nada escapa al azar.   Sus melancólicos collages de mariposas y flores de recortes ensayan una nueva vía de indagación de este artista.   En tiempos, los que corren, en los que parece que la torpeza real y la ignorancia artística se convierten en un plus, no muy distante de lo que a diario nos sirve el catártico mundo real, Verbis parece ofrecer este grupo de obras adscrito a lo que podría llamarse “el laboratorio de las dudas”.

Verbis ha indagado en las más variopintas materias.   Parece ser esencia del creador de altos vuelos su capacidad para extraer algo de la nada.  Mucho más aún si esta nada es la aherrojada.   El resto abandonado, la materia humilde, la silenciosa voz de los objetos, en apariencia, más ajenos de la experiencia artística: papel de aluminio, virutas de bronce, alambres, restos de maquinaria…

Y ahora no estamos pensando en objetos ajenos a la vida artística pero, sabido es, asumidos ya por ésta (ya hemos citado recortes de periódico o papeles entre el material recurrente del collagista contemporáneo).    En diversos momentos Verbis ha utilizado plastilina, tizas, hilos o botones.   Labores algunas de las citadas unidas a la silenciosa actividad de seres que durante siglos han vivido en el lado laborioso, también menos brillante, de la historia.  Materiales humanos -algo que nos obliga a emparentarle con Millares- generadores de necesarias ilusiones, las que permiten mullir el paso del tiempo: la plastilina con la que el niño levanta momentáneos frágiles ídolos.  Así, Verbis crea series como “El artista camuflado” (2001-2003).

O los botones o hilos que arrebujados, al modo de una desordenada caja de costura, bullen lisonjeros en sus cuadros.   Mas no es exactamente de materia informe de lo que habla el artista.   Sus composiciones hablan de algo esencial y básico en el arte, la capacidad de crear emoción desde la nada.   La posibilidad de, desde la oscura nada de un amasijo de hilos negro, hablar, por ejemplo de amor.  Y estoy pensando en una obra, vista en fecha reciente, en la que el bullón de hilos evocaba la carnalidad de la mujer. Búsqueda, a través de materia y color, desde la defensa del artista de que “el color es una parte de los fenómenos que dan vida y distraen de la muerte” (Daniel Verbis, Íbid.).   Color entendido como el placer donde las ideas se rinden.

Arte el de Verbis que viaja del barroquismo retórico a la exaltación silenciosa de lo mínimo.   Arte así en defensa airada de la duda, fértil maná éste del que mana a borbotones su creación.  Arte divertido, humor con ácido regusto, también vindicador del sentido más serio de lo que está en juego en la vida.   Otrosí, de lo culto, de la cita no dicha, pero también de la intuición poética.  En la creencia, escribe el artista que “la intuición construye el conocimiento por resonancia” (Daniel Verbis, op. cit.).   Verbis, así, organiza y refleja el misterio de la creación y suple el horror producido por la intuición adivinatoria de los misterios cósmicos.  El artista produce preguntas, muchas ya realizadas, en un nuevo contexto, preguntas reinventadas, imágenes creadas de nuevo cuyo significado, este también, puede reinventarse ad infinitum: así es (si así os parece).

Escribe Verbis en la introducción que ha escrito para este programa: “No soy conceptual no porque no tenga ideas, sino porque suelo estar dispuesto a dejarme llevar por ellas, a rehusarlas e ir más allá. En cierto sentido no puedo evitar pensar que el arte es una máquina que va en contra de las ideas, como la vida es una máquina que va en un sentido contrario a mi propia vida, alejándome de lo que quiero. Si me permiten una confesión menos retórica, como artista hago un esfuerzo para que el arte no desarbole todas mis ideas, incluyendo el deseo”.

 

“Daniel Verbis, razón, sinrazón y sentido”, texto extraído del catálogo Pintura, pintura, Madrid, Febrero 2007, pp, 189-192.