CITOLER-II PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER

CITOLER-II PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER

Texto publicado en el catálogo

Alfonso de la Torre, Segundo Premio Internacional de Fotografía Contemporánea Pilar Citoler, catálogo de la exposición del mismo nombre, Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí-Universidad de Córdoba, Córdoba, 2007

 

II PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER

 

Segundo año en que se convoca el PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER.   La Diputación de Córdoba, a través de su Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, y la Universidad de la ciudad, son las instituciones que han impulsado una vez más, con renovado entusiasmo, un Premio que puede decirse este año se ha consolidado plenamente (www.premiopilarcitoler.es).

Es sabido que éste se presentó por vez primera en Paris en el marco de “Paris-Photo”.   De esta Feria, el principal evento europeo en el mundo de la fotografía artística contemporánea, recibió un indudable respaldo que fue reiterado el pasado año 2007 difundiéndolo de nuevo.  No en vano será preciso recordar algunas de las cifras que concita.   El pasado año 2007, con Italia como país invitado: ciento cuatro expositores de diecisiete países; ochenta y tres galerías y veintiún editores; cuarenta mil visitantes.  Más de diez mil coleccionistas y superando los mil periodistas especializados.   En este ámbito se quiso dar a conocer el Premio, ante todo el mundo.  El éxito de la convocatoria parisina permitió su presentación sin vacilaciones y hacer extensiva la vocación internacional del mismo.   Al ser su segunda cita hay que decir que la respuesta ha sido excepcional, siendo más de doscientos el número de artistas presentados.

Con una abundante presencia de fotógrafos españoles, remitieron sus fotografías al Premio fotógrafos de diversos países.  Por orden de densidad señalamos además: Argentina, Italia, Alemania, Francia, Portugal, Méjico, Inglaterra, Islandia, Sudáfrica e Israel.

Parece tópico y casi al uso, mas es bien cierto.   La mayoría de los fotógrafos que han concurrido son reconocidos y tienen ya una indudable y sólida trayectoria.   La sola consulta de las actas del Premio -y de los fotógrafos presentados- da buena fe de hasta qué punto la convocatoria puede considerarse un éxito, más aún si sabemos la mocedad de este Premio.

El PREMIO INTERNACIONAL DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA PILAR CITOLER, es sabido, no nació como un premio más al uso.  Es uno de los de mayor dotación económica y entre sus objetivos se encuentra el apoyo indudable a esta manifestación artística de nuestros días.    Supone el inicio de una colección de fotografía contemporánea que albergarán las instituciones convocantes.

También es el origen de una serie de monografías sobre los fotógrafos premiados que  pretendemos se convierta en referencia en el mundo de la fotografía contemporánea.  El primer volumen ahora editado, dentro de la colección “El ojo que ves”, ha sido dedicado a la ganadora de la anterior edición, Begoña Zubero (Bilbao, 1962).  De laboriosa ejecución, y tras un año de cuidados editoriales, ha sido realizado bajo la tutela de Ediciones del Umbral, incluyendo un extenso ensayo de Ramón Esparza.   No se trata de convocar y premiar, sino de dar un apoyo sin dudas a la fotografía contemporánea.    No sólo se dota económicamente, sino que en torno a él se realizan numerosas actividades: se inicia una colección, también una serie de monografías, exposiciones, etc.

El jurado de este Premio estuvo este año presidido por Pilar Citoler y contó entre sus miembros con Begoña Zubero y Pablo Juliá, ambos fotógrafos y éste Director del Centro Andaluz de la Fotografía.   En el jurado estaban también presentes Pablo Suárez, Director General de Museos de la Junta de Andalucía, Alberto Anaut, Director de Photoespaña y de la Galería La Fábrica y quien suscribe.

Como miembro del Jurado tengo que insistir en el apoyo que hemos recibido de la Diputación, representada por el Vicepresidente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, José Mariscal y de la Universidad, y su magno Rector, José Manuel Roldán.

Tenemos que añadir que las deliberaciones del jurado, ante el extraordinario conjunto de fotografías presentadas, fueron en extremo laboriosas y llenas de una gozosa insatisfacción poco habitual en los Premios.   Es sabido que la labor de los jurados en muchos certámenes no pasa de ser una búsqueda de aguja artística en pajar desordenado.   No fue el caso.

Agradecimiento pues, también, a todos los artistas presentados y muy en especial a los seleccionados quienes han aportado, además de la excelencia de su trabajo, sus reflexiones sobre el mismo.

La vocación del Premio tiene un doble sentido: su contemporaneidad y su deseo de internacionalidad.   No es un Premio destinado al hallazgo de nuevos valores artísticos sino más bien se desea subrayar una trayectoria ya consolidada dentro del mundo de la fotografía contemporánea.   Es sabido que es misión insoslayable de cualquier certamen similar el aportar luz sobre trabajos silentes o no del todo conocidos.

En este sentido todos los miembros del jurado consideraron que otorgar el Primer Premio de esta II Edición a la obra de Felix Curto (Salamanca, 1967) redundaba, con extrema justicia, en el objetivo antedicho.  Buena prueba del interés suscitado por su obra y trayectoria es que Curto ya había sido seleccionado el pasado año.

Curto es un artista cuya labor se inicia mediados los años noventa y que ha hecho de los espacios naturales de México su habitual lugar de trabajo, junto a la Patagonia y España, creando una suerte de romántico viaje fotográfico, con deliberada vocación de autenticidad, muy a lo Kerouack.  Las fotografías de Curto están pobladas, en apariencia in absentia, de la cultura contemporánea.  Evocación de lo recordado del viaje como experiencia iniciática.  Moderno artista nómada, algo post-dadá, defensor del viaje interior, del sueño “a la orilla del camino” (sicum el artista).  Individual y silenciosa aventura en paisajes desérticos que acaba convirtiendo a sus fotografías en una suerte de ilusión mística.

Camino perdido y errante el que parece retratar este fotógrafo de imágenes silentes y quietas, quizás movidas por la tibia luz del viento.   Naturaleza a veces habitada por el fragmento de un vehículo, una señal, un resto de una carretera.   Evocación frecuente la de Curto de tendencia fetichista pues es usual que de muchos de esos viajes retorne con inverosímiles fragmentos u objets trouvés que aporta a sus exposiciones, de ahí lo de “post-dadá” y en los que siempre se halla una luz muy literaria.

El pasado año presentó a este Premio la fotografía “Il Sorpasso”, que formaba parte de su trabajo “When the Music is over” (2006) en el que insistía en su conocida máxima reivindicadora del viaje como experiencia iniciática, desde la defensa a ultranza de la realidad que se construye con los recuerdos y la memoria.   Fotografía evocadora de la película homónima de Dino Risi (1962), homenaje por tanto de Curto a un cierto imaginario contemporáneo en el que caben los más diversos repertorios: The Doors, Lynyrd Skynyrd o Tarkovsky.       

La fotografía premiada este 2007 forma parte de un proyecto llamado “Menonitas” y es fruto de la convivencia de Curto con integrantes de esta comunidad en Guatraché, en la Pampa argentina. Sus imágenes constituyen fragmentos vitales que reciben una fuerte influencia del cine y, en general, de una suerte de estética ‘road’.  Fotografía posible por la convivencia del fotógrafo con esta comunidad, en extremo celosa de su privacidad.  Los menonitas, debido a su particular lectura de la Biblia, están obligados a una vida de aislamiento y renuncia: sin luz eléctrica, ni automóviles, tampoco televisión o radio, llegaron a estas tierras en el año 1987, procedentes de México y Bolivia.

Sobre la fotografía premiada escribe Curto en este catálogo que “se trata de una imagen para mi con un sentido “muy especial”, que  plasma a un hombre que ha resuelto uno de los sortilegios de la vida, por no decir el “sortilegio de la vida”; un hombre que vive su ciclo vital de la forma más armónica, natural y tranquila, un hombre bueno, noble, sencillo, feliz y con una fuerte base espiritual; lo que podría llamarse “un hombre pleno”. Su mirada, sus manos, su ropa y su actitud denotan que se trata de alguien muy sincero y auténtico.  La fotografía nos podría remitir a un fotograma de un “western” entrañable protagonizado por Sam Shepard o un viejo James Dean, pero… más allá de esto, yo sentía estar con alguien que ya conocía, fue una especie de “dejá-vu”.   Tanto su actitud, sus gestos, como físicamente, me recordaban a mi abuelo  D. Félix Recio muy querido en mi Salamanca natal y muy amado por mi.   En ningún momento el protagonista de la foto se sintió mal, quizás porque sintió mi admiración y respeto hacia él, yo no trataba de sacar una foto a alguien raro (freak), sino todo lo contrario, en él encontré a alguien familiar y entrañable, y creo que le transmití este sentimiento y le causé tranquilidad; por eso empatizamos rápidamente y todo fluyó bien. Yo estaba algo emocionado por todos los recuerdos automáticos que vinieron a mi mente, no podía ni quería disimular mis sentimientos ante la situación, hablamos de la vida, yo le conté del campo donde yo me crié y él me habló de sus nietos y demás cosas importantes de la vida…, después estreché fuertemente  sus manos recias a modo de agradecimiento como si de un fan (yo) se tratara al despedirse de su ídolo musical (Neil Young). (…) La foto fue tomada de  forma natural, no hay nada preparado, lo único que hubo fue mucho respeto y admiración.  Siempre trabajo con la misma cámara “Nikkon 801 AF” de 35mm y 50 de objetivo que me regaló mi madre hace dieciocho años, suelo tomar una sola imagen de cada situación.  Tanto en mi obra fotográfica, como pictórica y escultórica se da el concepto: “homenaje”, y en el arte de la fotografía manejo un cierto “ritual” que he adquirido casi sin querer.  De la misma forma me gustaría dejar muy claro que respeto, admiro y aplaudo a muchos fotógrafos que trabajan de otra forma”.

Los  otro nueve fotógrafos seleccionados, que presentaron fotografías fechadas entre 2006 y 2007, fueron: Bruno ARBESÚ (“Have a Break”, 2007); Raúl BELINCHÓN (“SOLOS (Serie Espacios Aislados)”, 2007); Daniel BLAUFUKS (“O Arquivista (De la serie “O arquivo”)”, 2007-2008); Peter GRANSER (“Texas-Iraq  (from the Project “Signs” photographed in 2006/2007 in Texas USA)”, 2006); Diana LARREA (“Oasis”, 2007); Marcos LÓPEZ (“El cuarto rosa”, 2007); Aitor ORTIZ (“Morpho 001”, 2007); Marc RÄDER (“Green car. San Francisco (From the series: “Californication”)”, 2004) y Juan de SANDE (“Sin título”, 2007)

Los artistas seleccionados explican sus intenciones creadoras en este catálogo junto a la fotografía presentada al Premio y muestran sus obras en la Sala Puerta Nueva de Córdoba entre los meses de febrero y marzo de 2008.   El Premio, es sabido, se vincula al nombre de la coleccionista Pilar Citoler.

Colección la suya que ejemplifica, de modo señero, lo que ha sido el transcurso de la historia de la fotografía.   Desde sus ejemplos más antiguos (la primera fotografía, cronológicamente es una “rayografía” de Man Ray de 1924) hasta la actualidad del mismo ayer.   Todo ello, fotografía y vídeo, pudo verse en la muestra que sobre su colección tuvo lugar el pasado año en el  Palacio de la Diputación de esta ciudad. En sus rarezas, lo hemos mencionado hasta el hartazgo, la visión, muy certera, sobre el arte internacional, y una extraordinaria intuición, fuera de toda duda, para conformar una colección desde el conocimiento más profundo del arte.   En ella ocupan lugar de privilegio la fotografía y el vídeo contemporáneos.  El apoyo que ha otorgado Pilar Citoler a este premio que lleva su nombre ha sido fundamental y en este sentido no está de más reiterarle, de nuevo, el agradecimiento de las instituciones convocantes y de los miembros del Jurado.  Ella otorgó la confianza a dichas instituciones organizadoras y sumó fuerzas con el aval de una colección que puede calificarse como una de las más importantes existentes en España.   Un país que, como es sabido, no ha tenido una gran tradición coleccionista.   El que Citoler comenzara su callada labor hace más de treinta años, habla de la seriedad -e intensidad- de sus intenciones.  En 2005 recibió el Premio ARCO al coleccionismo privado en España y el pasado mes de diciembre de 2007 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Sobre lo antes citado, sobre el apoyo otorgado por Pilar Citoler al Premio de fotografía, escribió la coleccionista con ocasión la presentación del mismo en Paris en 2006: “supone depositar vuestra confianza en el presente y en el futuro del Premio, apostando por una empresa llena de ilusión, en la que todos deseamos tenga la proyección que merece como premio español, dentro y fuera de nuestras fronteras. Vuestro apoyo, reflejado en esta presencia, es decisivo para su consolidación e importancia futura.  La Universidad y la Diputación de Córdoba (…) como instituciones vivas y solidarias, de máxima influencia en la sociedad cordobesa, deciden unir esfuerzos para divulgar la cultura más actual y hacer patente su vocación y trayectoria universalista.  El trabajo de ambas Instituciones es amplio y tenaz.  Han elegido dentro de las Artes Plásticas un Premio de Fotografía para hacer patente su interés por las técnicas artísticas más actuales y vanguardistas.  Córdoba, ciudad de encantos, poética y mágica, donde cada calle y rincón es un mensaje constante de su legado cultural y artístico, quiere trascender de su propia herencia, cargada de historia, y persigue una nueva dimensión: el encuentro y búsqueda de la modernidad.  Bisagra de culturas, heredera de siglos de civilización y con el don de la concordia y la yuxtaposición, respetando la esencia de cada una, ha engrandecido el pensamiento y el alma de sus gentes.  Generosos, activos, afables, imaginativos y siempre anteponiendo la amistad, por encima de toda adversidad.  Partiendo de todo ello, Córdoba quiere transmitirnos su riqueza de sentimientos, su visión de la vida y su grandeza.  La creación  del Premio Internacional de Fotografía, no es más que el reflejo de todo ese potencial anímico, de su vocación de entrega y transmitirnos su visión de futuro. Córdoba apuesta por esa modernidad apoyándose en la fuerza y seguridad que dan, sus siglos de historia y cultura”.

Queda todo el futuro por hacer pues es sabido que el Premio prosigue su andadura y se preparan nuevas presentaciones de la tercera convocatoria para este recién iniciado 2008.   Premio que nace con la fuerza del éxito de las dos ediciones anteriores, el entusiasmo de las instituciones convocantes, su indudable presencia internacional y el apoyo de la coleccionista que da nombre al Premio.  Vocación cosmopolita y muy contemporánea la de esta última que ha querido que Córdoba se ubique, también, sin ambages en el mundo de la contemporaneidad.

 

Alfonso de la Torre

Noviembre-Diciembre de 2007/Enero de 2008