1999- ESCRITOS Y CONVERSACIONES

1999- ESCRITOS Y CONVERSACIONES

Gerardo Rueda. Escritos y conversaciones, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2000, 272 pp.

 

Transcripción de un cuaderno de apuntes de Gerardo Rueda, 1995-1996

 

En 1995 Gerardo Rueda era nombrado Académico de la Real de Bellas Artes de San Fernando.   Recibió la noticia -con más duda que alborozo- en Medellín, lugar al que se había desplazado con ocasión de su exposición antológica “Trayectos” en el Museo de Arte Moderno de la ciudad citada.

Dicho nombramiento lo recibió no sin cierto escepticismo, frecuente en Rueda, e ingrediente también unido a la ya archiconocida ironía ruediana, ironía que afectaba no sólo a su quehacer artístico sino, cómo no, a su vida.

A partir de esa fecha comenzó a realizar una serie de anotaciones que iban destinadas a pergeñar lo que sería su futuro discurso de ingreso a la Real Academia.   A los próximos -y a los no tanto, en la prensa de la época es posible hallar tal dato- nos señaló que el discurso vendría a titularse Verdad y tamaño en el arte contemporáneo actual o El Arte y la cultura de la(s) referencia(s).

No hará falta se diga tal discurso no llegó a pronunciarse, ni siquiera a articularse.   Rueda hubo de pedir una prórroga, transcurrido el preceptivo año para su realización.

Desde aquella fecha tenemos un sencillo cuaderno escolar que carece de título, de cuadritos, levemente verdosos, encuadernado con espiral, margen y escrito con bolígrafo y rotulador, usados indistintamente en ocasiones en el mismo texto.

Junto a su primera página una anotación, en otro papel distinto advierte de las irónicas definiciones ruedianas sobre escultura y pintura contemporáneas. La primera: objeto insólito que ocupa un lugar en el espacio.   La segunda: objeto insólito que ocupa un lugar en el plano.

           Otra hoja suelta le sirve para anotar: EL ARTE. La información y el conocimiento (la comunicación). Caderot.

Ambas anotaciones están hechas en un papel telefónico de un hotel estadounidense y han de corresponderse, por ello, a la estancia de Gerardo Rueda en Los Ángeles y San Francisco en noviembre de 1995.

Era este pues un cuaderno de apuntes, en cuya primera página se evoca una visita a una exposición en París en torno a 1993.   Fue escrito durante sus estancias en París y Santillana del Mar (dos lugares para él muy queridos) Oporto, Los Ángeles, con ocasión de los preparativos de sus exposiciones en el Frederick R. Weisman Museum of Art y en The Armand Hammer Museum of Art.   Con ocasión de ese viaje Rueda tuvo ocasión de visitar algunos de los principales museos norteamericanos.

En enero de 1996 Rueda viaja a Caracas a la inauguración de su exposición “Trayectos” en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber. En esa ciudad y en Madrid escribe sus últimos textos (entre febrero y marzo de ese año).   El último texto de Rueda lleva fecha 13 de marzo de 1996.

Creo preciso indicar que las anotaciones de Rueda que siguen son algo acres, marcadas -hasta en ocasiones con rabia- por el cierto desdén que sentía el artista hacia las manifestaciones podremos decir más histéricas del arte contemporáneo.   Pero hay también sorna, socarronería y siempre una actitud escéptica y un tanto ajena a lo que veía a su alrededor en los nuevos museos de arte contemporáneo.   En ese sentido hemos de entender el cuaderno que sigue, como hemos también de entender sus definiciones antes citadas sobre pintura y escultura en el mundo contemporáneo ya dijimos.

También es preciso decir que las observaciones de Gerardo Rueda que podemos hallar escritas entre 1995 y 1996 eran parejas a las que ya el artista escribía, por ejemplo, en un texto de 1962: Al Margen de la Bienal, en este volumen reproducido.   Algunos temas, como la relación entre el artista y el público, llevaron a Rueda a análisis permanentes, casi con obsesión.   Sobre el tema antes citado Rueda había comenzado a hablar de él con su profesor Literatura en el Liceo Francés (1942) y crítico Manuel Sánchez Camargo en 1956, y lo reiteraría en 1968 en la introducción al catálogo de su exposición en la Galería Juana Mordó. En 1973 insistía sobre él en el catálogo de la exposición “Arte 73” de la Fundación Juan March, en 1982 a petición de la revista “Guadalimar” en el texto Qué funciones debe cumplir el Museo de Arte Contemporáneo y en 1986 en Veinticuatro Confesiones, publicado en el catálogo de su exposición de 1989 en la Casa de las Alhajas.

El primer texto, del verano de 1995, lleva por título El Arte y la cultura de la referencia y fue escrito rememorando su visita a la colección Barnes expuesta en París, a inicios de los noventa, en el Musée d’Orsay.

Este texto, de tan sólo una página, tiene vocación, como los demás, de incompleto.   A su término Rueda avanza diez páginas, pliega la oncena y escribe un texto en Santillana del Mar, el día treinta de agosto de 1995, solicitado por la galería Greca de Barcelona y titulado Geometrías de la sinrazón, aquí también publicado.

De la página siguiente se nos cae una tarjeta con la reproducción de la obra de René Magritte “Ceci n’est pas une pipe” de la colección de Los Ángeles County Museum of Art.   La existencia de dicha tarjeta, dentro del cuaderno, no puede considerarse anecdótica y sí relacionada con lo escrito. Quizás idea pendiente de atraparse definitivamente gracias a la existencia recordatoria de esta tarjeta.

Una página más adelante el texto de tres líneas, escrito en Oporto, ya lleva vocación discursiva: Discurso Academia S. Fdo.

Trece páginas más adelante el artista pliega verticalmente -con perfección milimétrica- una nueva página. Son textos escritos en los Estados Unidos: Santa Mónica (lugar en el que se alojó el treinta de octubre de 1995), San Francisco (el cuatro de noviembre de 1995), y en el retorno del viaje, de nuevo, camino de San Francisco a Los Ángeles (el día cinco de noviembre de 1995).

Dos páginas después, una página -esta vez cuidadosamente rota por la mano del collagista en su mitad horizontal- nos advierte de un texto escrito en francés, y en llamativa tinta de rotulador rojo, nos habla de la estancia de Gerardo Rueda en París. Sobre la afinidad de Rueda con el mundo francés no será preciso insistir: su madre de origen vasco francés, su educación en el Liceo Francés de Madrid, en los cuarenta, y sus primeros deslumbramientos artísticos en el París que visitó con frecuencia (conservaba familia, de la querida, en París) en la década de los cincuenta. En París expuso Rueda individualmente, en 1957, en la Galerie La Roue, y desde los sesenta su Musée d’Art Moderne tenía una importante obra del artista (“Composición Gris” o “Balbina”, 1962) adquirida por el hispanista Jean Cassou, director del Museo en la época. Rueda, hay que decirlo, recuperó los anteriores recuerdos en la década de los noventa: su intensa amistad con los galeristas Jacques y Thessa Herold, presentados a Rueda por Juan Manuel Bonet, tuvo buena culpa.

Tras este texto, y en el inicio de 1996, Rueda escribe un conjunto de textos que ese mismo año Rafael Sierra, y con ocasión de la exposición del artista en el IVAM, publicó, parcialmente, en el diario “El Mundo” (23/III/1996) con el título de Cuaderno de apuntes.   En este texto Rueda, además de hacer un repaso de su trayectoria vital y artística, recordaba ciertos momentos de sus estancias en París (Centro Pompidou) y sus opiniones sobre pintores imprescindibles en sus tamaños pequeños. Morandi, Schwitters, Torres García y Klee quedaban dentro de esa hermandad artística. Pintores, todos ellos, escribía, que me acompañan siempre en la memoria y en la presencia.

Respecto a la transcripción del cuaderno diremos que hemos procurado transmitir su idea “traduciendo” abreviaturas -generalmente obvias- y algunos signos, como flechas o íbidem. Ciertos cuadros eran citados por Rueda -como vividos- de memoria, y por tanto con títulos aproximados pero claramente identificables. En ocasiones subraya -hasta triple y cuadruplemente- o utiliza mayúsculas que son arbitrarias ortográficamente pero no para su idea. No hará falta decir las hemos respetado.   Como hemos respetado alguna otra arbitrariedad: así utilizar el femenino de ídolo. “Idola” escribe divirtiéndose Rueda al referirse a una exposición visitadísima.

Añadiremos un excursus para finalizar: un texto de Gerardo nunca hallado, y transmitido por Daniel Giralt-Miracle(“Avui”, 25/VI/1981), no queremos se pierda: Creo que hay imágenes que llegan a hacer batir el corazón, que hay volúmenes pintados que son tan reales que nos permiten respirar profundamente y que marcan un ritmo de pulsaciones que dan al hombre fuerza, paz, paciencia y alas.

 

 

(TEXTOS DE RUEDA)

El Arte y la cultura de la referencia.

Visita colección Barnes, Paris, Agosto 1993 (?)

Museo D’Orsay

 

Lleno total: sala Picasso: (archillena).

Sala Degas (pasteles): vacía.

Los visitantes, masa, colas, actúan por referencias: referencia Picasso, no referencia Degas.

Hablar del Museo D’Orsay (rehabilitación reciente).

Moda arquitectónica: lo abigarrado igual al antimuseo.

Moda arquitectónica para museos, referencias: Pompidou, Foster, Ghery (Mº Bilbao) etc…, que son referencias (los museos se citan por el nombre del arquitecto: Referencia D’Orsay (Gae Aulenti) ).

Citar la Marquesa de la Romana del Louvre (Goya). Recordar el Goya (“óleo en Madera” sic. (vivencia directa del arte) ).

Citar la Batalla de San Romano (Paolo Ucello) de la National Gallery (vivencia directa del arte).

(Hablar de) Juan Gris y del cuidado y temblor de su pincelada.

 

 

Discurso Academia San Fernando.

Agosto 1995

 

Instalación Fundación Serralves igual a Fiesta Catequesis igual a introducción a la cultura mediática (cultura del culebrón).

 

 

Notas varias (diaria)

Santa Mónica. 30 de octubre de 1995

 

Anoche, después de cenar, pararnos en Santa Mónica para echar una ojeada al Museo de Arte Moderno, obra de Gehry, más bien el Museo de Gehry (lo importante de un museo actual (o anti-museo) es que represente y magnifique a su autor, lo demás no ¡ qué importa ¡ ).   Espacio angosto. Angostura similar a los callejones comerciales de otros tiempos (Torremolinos ¡ qué fue de Torremolinos ¡). Angostura acentuada por la acumulación de volúmenes varios (nuestra época se caracteriza por lo abigarrado) acumulación de anti o no-paralelepípedos de toda suerte). Escasean las líneas y los planos paralelos: todo crujiente y equívoco. El museo estaba cerrado por la hora y no puedo comentar el contenido.   Creo que a punto de cerrar definitivamente. Falta de dinero (¿Crisis o aburrimiento, o falta de estímulo o de moda en este momento? Los patrocinadores no patrocinan).

Comparar con otros museos de Gehry (el de Bilbao).   El primer museo Guggenheim fue el de Nueva York, un estilo de Museo de Autor que inició caminos.

Continúa con los artistas que producen noticias (en vez de obras de arte); en nuestro mundo consumista, se consume mucha noticia (por ejemplo la noticia del nuevo museo de autor). (La noticia del nuevo envoltorio, véase -noticia mundial- Christo en su envoltorio del Reichstag, en la que no se cuenta qué se hace con el envoltorio al día siguiente, etc.).

 

San Francisco de C.

4 de noviembre de 1995

 

Ejemplo de museo de autor: Museo MOMA de San Francisco o Museo Botta.

Edificio moderno, grandioso y grandiosamente abigarrado, pensado y calculado para hacer imposible su utilización como museo. Sólo importa el espacio, sólo. Algunas zonas sirven, en proporción menor, para albergar algunas exposiciones (por ejemplo últimos obras de De Kooning que allí quedan como colección de sellos).

Nota triste: una treintena de dibujos de Paul Klee mal iluminados, grisáceos, perdidos en una pared inmensa (unos siete metros de altura) desconsiderados absolutamente.

Exposición “De Matisse a Diebenkorn” Idola de la ciudad, nativo, preciosa calidad en un lugar mediocre. Otras tintas sobre papel.

 

De San Francisco a Los Ángeles (5 noviembre 1995)

 

Siete horas de carretera recta, inacabable tráfico, y un puro desierto; sequía, ni un solo árbol, ni arbusto; me río yo de la mañana.   Ni poblaciones ni pobladores.

Repaso el título: “El Arte y la cultura de las referencias”.

El recuerdo y la definición de Esteban Vicente, precisa y lacónica de castellano viejo y experimentado con sus noventa y tantos años lúcidos.   El arte ha de considerarse con la vista; el ojo es el órgano para ver la pintura. A esta simple notación se opone el no vidente-autista y el sumiso a las referencias (explicar los dos).

 

16 Noviembre 1995

 

J’ai rencontré pas mal de personnes perfectionistes. Leur caractère specifique est l’imposibilité creative (ou realisatrice), une imposibilité possiblement physique, mais surtout psicologique et mentale. Elles n”arrivent pas à la definition de leur projet, donc, à la finition de leur oeuvre.

            L’art se doit d’être ARTISTIQUE. Ses manifestations changent à travers l’histoire.

 

27 Febrero 1996

 

Pintar, en mi infancia, era un deseo. Su necesidad me acompaña toda la vida.

Desazón: una forma no está en su sitio. La inquietud y el trasiego para encontrarlo.

Un color no está en su sitio. Su búsqueda para encontrarlo.

Distancia para mirar y ver, encontrar el lugar exacto.

 

9 Marzo 1996

De 1942. Es curioso: dar clase con Ángel Mínguez, anciano “Pintor de Historia” y estar esperando a Klee…

 

Caracas, 20 enero 1996

 

En las exposiciones de pintura hay dos tipos de visitantes: los que contemplan los cuadros y los que miran las firmas (en relación con el conocimiento del autor y su lugar en el “ranking” de artistas).

(Sobre la pintura de anécdota). En la aurora del año 2000 caemos en otro renacer del asunto. Casi la totalidad del arte actual y seguramente del arte próximo va por esos caminos.

 

Madrid, 28 de enero 1996

 

(Sobre la enseñanza del arte). Grupos de estudiantes de Arte recorren el Museo. Uno dirige la operación. En voz alta lee todas las notas y carteles legibles por las paredes; los demás apuntan en sus cuadernos, no miran los cuadros. Pregunto a una muchacha que corre de un lado a otro, despendolada.   No mira los cuadros porque tiene prisa.

Fue hace un par de años (Museo Reina Sofía, exposición “Viena 1900”, sala de Klimt).

¿ Qué métodos de enseñanza, qué profesores, y qué alumnos tenemos ?

 

París, 29 de enero 1996

 

(El Museo Pompidou). El Museo Pompidou es de un manejo complicado, es de uso confuso, para iniciados.

Entrada inmensa: “gente” que lo habita, control de entradas (con registro de paquetes), “indicaciones” confusas en sitios diversos, exposiciones de pago y otras gratis… mostrador de información y mostrador de “Caja” y, luego, una cola interminable, para acceder a los diversos lugares, lugares de difícil acceso y mal especificados. ¡ Viva la organización ¡   ¿ Dónde está el racionalismo francés ?

 

(Exposición en el Museo Pompidou). También para uso de “iniciados”.

Por cierto, los iniciados, pasan mirando, con cara absolutamente inexpresiva, comprenden ¿ se supone ? el mensaje.

 

La obra es puramente anecdótica. Los conocedores del “ranking” y espectadores de “marcas” lo aceptan. ¿Qué se glorifica ?: la anécdota y el tamaño y la repetición.

 

2 de febrero de 1996

 

Nuestra cultura suele contar con pocos nombres pero muy repetidos.

 

 

13 de marzo 1996

 

Algunos pintores de mi incumbencia (imprescindibles en sus tamaños pequeños…):

 

Schwitters. Una ligereza, una sobriedad alada. A veces escuetos, a veces prolijos, esos collages pardos del aire tienen que comunicar, necesariamente, conmigo.   Me acompañan siempre, en la memoria y en la presencia.

 

Morandi. Sus bodegones, como un sutil Zurbarán, tienen una leve materia compacta, en un clima de algo soñado. La pincelada ensimismada y aplicada. ¡Qué paciente observación y qué poética esencia¡

 

Torres García. Sus maderas, tan vivas y tan bien posadas. El color tan oportuno, verdadero, la realidad trascendida y evidente.   Hay un frágil equilibrio, una serenidad implacable.   Esos cuadros ¡ qué bien se está con ellos ¡

 

Klee. Sutileza e inteligencia. Consigue, sin que apenas se note, integrar todos los istmos de su momento. ¡Ya es difícil que el surrealismo no cante¡   La ironía está clara; equilibrio y orden.   La materia no abruma.   Todo está en su sitio, todo dice algo. Observador agudo.

 

 

Transcripción de Alfonso de la Torre

Otoño de 1999