1996-CONVERSACIÓN CON GERARDO, MARZO DE 1996

1996-CONVERSACIÓN CON GERARDO, MARZO DE 1996

La materia y el objeto. A propósito del collage. Conversación con Gerardo Rueda, Marzo de 1996
Cronología, bibliografía. Texto y catalogación en “Gerardo Rueda. Collages”, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1997, 304 pp., pp. 132-149

 

LA MATERIA Y EL OBJETO

A PROPÓSITO DEL COLLAGE

 

CONVERSACIÓN CON GERARDO RUEDA, MARZO DE 1996

 

En marzo de 1996, dos meses antes de su óbito y con ocasión de un proyecto del galerista Jorge Mara, realizamos una entrevista en la que Rueda hizo un repaso de su vida creativa.   La conversación se publicó parcialmente en diversas ocasiones, la primera en el catálogo de la exposición de collages del artista en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1997.   Después fue publicado por la Universidad de UCLA (Los Angeles).   La entrevista se desarrolló en varias jornadas del citado mes de marzo y en ella repasamos su historia vital y, muy especialmente, su labor como collagista.

 

¿Cuándo surgen los primeros collages?

Comencé a trabajar el collage en la década de los cincuenta.

En principio surgieron de una necesidad, la de trabajar en la fábrica de curtidos de mi familia, en Carabanchel, y obligado por los ratos libres.   Había de recurrir a los pequeños formatos ya que eran fáciles de guardar, siendo muchos de ellos muy alargados.   Yo los suelo llamar bocadillos porque solía hacerlos a la hora del bocadillo…

 

¿Tenía ya entonces la conciencia de dedicarse al arte?

Lo más importante de mi relativo disgusto al trabajar con los curtidos no era tanto el trabajo en sí como el convencimiento que tenía de ser pintor.

 

¿Cómo fueron aquellos años?

Había mucho de tanteo, de investigación.   Me interesaba utilizar los papeles como un color más, como sucede en el que le hice a Carmina Abril.   Son collages en los que el dibujo ayuda a enlazar lo disperso, como haciendo de estructura, de esqueleto.     Después me ha sorprendido que tienen efectos de vidriera.

 

¿Todos los papeles tienen ese valor?

Depende.   A veces, por ejemplo, el papel de periódico es también color, pero otras veces son el texto y ciertos juegos de palabras una imagen suficiente para valerse visualmente.

 

¿Tiene eso que ver con el valor de los materiales?

Por supuesto.   Siempre me emocionó la presencia de materiales humildes, procedentes de desecho.   En ese sentido, el papel de periódico es ideal.   Hoy vale, mañana…   ya es pasado.   Recuperarlo y que, de alguna manera, quede para siempre, es otro de los objetivos.   Hay algo muy tierno en ese guardar un trocito de papel y poder decir más tarde, ahora aquí pegado…

 

Volvamos al valor del color…

Creo que para entenderlo es preciso examinar los collages de papel de seda arrugado.   Yo mismo entintaba los papeles con tinta china.   Me hace gracia ahora, cuando los veo; algunos de ellos completamente apagados de color.   Y es que la luz ha acabado comiéndose el color…   Pero lo que más gracia me hace es que conservan su valor.   Los colores se han apagado pero el resultado del paso del tiempo me gusta mucho.

 

Creo reconocer otro tipo de efectos en ellos…

Cuando se sacan del marco se comprueba que los trozos de papel están poco pegados, que entre ellos pasa la luz y el aire, que se crean ciertas transparencias…   Todo ello es resultado de mi interés por conseguir ciertos efectos.

 

¿Qué es para Gerardo Rueda el collage?

No se si está bien decirlo, pero creo que son una diversión.   Cuando llego a casa después de estar todo el día corriendo de un lado para otro me pongo sobre la mesa a hacer collages es como una catarsis, una práctica que me relaja.

 

¿Tiene eso algo que ver con la manipulación, con la inmediatez, con la frescura…?

Sí, puede ser.   Pero yo creo que además tiene que ver con otra cosa.   A mí me ha gustado siempre tocar la pintura.   En ese sentido, quitar y poner, pegar y despegar es un acercamiento táctil a la pintura.   Yo soy muy sensitivo.   A veces en los grandes museos, cuando no me ve nadie, toco algunos cuadros.   Cuando no puedo hacerlo, me gusta acercarme para adivinar la pincelada, sentir la mano del artista que pintó aquella obra y emocionarme con su presencia.

 

Hablando de emociones, ¿a qué obras se encuentra más cercano?

Con aquellas con las que pueda sentir al artista que las hizo.   Schwitters, Motherwell, Torres García, Cornell…

 

Es curioso que muchos de esos autores sean grandes collagistas…

Curioso pero razonable.   Creo que es importante la idea sobre la materia que tienen, esa idea sobre los materiales humildes y sobre su recuperación.

 

Repasando la evolución de sus collages se descubre que progresivamente van engrosándose en su estructura, ¿cómo explica esos cambios?

Es verdad que los límites se van borrando cada vez más.   He hecho collages con tapas de pintura, con tubos, con carpetas, con cuadernillos, con telas y hasta con maderas muy finas.   Es difícil determinar si son collages o pinturas.   Tampoco me preocupan las definiciones.   Yo acabo siempre diciendo que toda mi pintura es collage.

 

¿Incluso los grandes relieves?

Sí, así es.   Cuando he hecho alguna de esas grandes obras trato las planchas de hierro con la ayuda de operarios y de grúas, como si fueran grandes cartulinas, las superpongo como si lo fueran y me distancio para verlo como hago con los collages en la mano.   En el fondo todo es lo mismo.   Sin embargo, siempre me sorprenden las magnitudes.   Mi idea es tratar de eso en el discurso de ingreso en la Real Academia.Pero un collage no puede competir con una gran instalación…

 

No obstante, siempre ha defendido el valor que en arte tiene lo mínimo, lo que se dice con voz queda…

Por supuesto.   Yo siempre me refiero a eso que decía D’Ors sobre la intensidad que existe en un minué…

 

Hay un momento en que el planteamiento de los primeros collages da un giro y aparecen los fechados a final de la década de los sesenta.   ¿Qué pasó entonces?

Bueno, en esos primeros collages de la siguiente etapa el sobre es un elemento más de composición.   Nacen de un gesto que realizamos todos:   recibir la correspondencia, seleccionarla y, pasado un tiempo, tirarla a la papelera.   Se produce una superposición arbitraria de papeles y sobres que es el origen de los collages.   He de decir que muchas invitaciones son suficientemente bellas como para utilizarlas como material de primera mano…

 

¿Qué importancia tiene lo aleatorio?

Mucha.   A veces la simple rotura de esas invitaciones y su superposición da resultados muy hermosos.   Otras veces, rompes los papeles y los metes en un sobre y de repente te dices, ¡Caray…!, y los vuelves a guardar.

 

¿Existe alguna mecánica para ordenar la casualidad?

Yo trato de unir las cosas más diversas, incluso las más dispares.   Cuando eso sale bien, como espero, algo sucede…   No suelo dar importancia a los objetos en sí mismo, ni por lo que tienen de singulares, ni por lo que son de cotidianos.   Es posible que, en ocasiones, eso lleve a efectos chocantes.

 

¿Está ahí el origen de la ironía ruediana?

Puede ser.   Pero lo que más cuenta es la emoción, lo demás viene añadido.   Una vez traje del desierto una latita que me gustaba para integrarla en una escultura.   Tenía una pátina hermosísima por los años que se había pasado tirada en la arena, al sol…           Cuando fui a hacer la escultura, en el tallar, salió de su interior un chorro de arena…   Fue, aunque parezca absurdo, una de las mayores emociones de mi vida.   Algo parecido ocurre con los papeles.

 

Volvemos a la recuperación del material…

A veces pienso que la realidad imita al arte y encuentro cosas al azar, sintiendo que estén esperándome.   Un día me encontré en un bosque mallorquín un tubo de óleo.     Pensé en el pintor que estuvo tiempo atrás allí, pintando posiblemente aquel paisaje.       Esos encuentros me emocionan mucho.   Por eso me importa tanto integrar en los collages las cosas que voy sintiendo, cosas que son humildes y pueden resultar dispersas, pero que crean otra cosa nueva, o distinta.

 

¿En ese sentido deben entenderse los collages de cajas de cerillas y tabaco?

Parte de lo dicho hasta ahora puede aplicarse a esas obras.   Un material humilde como son las cajas de cerillas, por ejemplo, un material de todos los días pero que tienen todas las posibilidades.   El artista ve a veces cosas que los demás no ven, quizás por eso sea artista.   En ese sentido me fascinaba ver ese objeto, si se quiere industrial, tan perfecto.   En un mundo como el nuestro, en el que cada vez se hacen peor las cosas, que por unos céntimos existía un objeto tan bello y perfecto me fascinaba.

 

En los años ochenta reaparecen los papeles pintados…

Los collages con papeles pintados de los ochenta nacen del deseo de utilizar papeles hechos a mano que empecé a comprar en Cuenca.   Me gustaba su textura y comencé a pintarlos.   Después empecé a incluir los que me servían de protección, aprovechando incluso los que se habían dañado cuando se absorbía el pegamento o se quedaban las huellas de la pintura o de otros papeles.

Volvemos de nuevo a la emoción y a la sorpresa, al azar y a la reutilización de todo aquello que nos sorprende y puede ser útil.

 

¿Cómo es la actividad del Gerardo Rueda collagista?

Yo me planteo el trabajo como una actividad que debe proporcionar satisfacción al sentir que se ha cumplido con un deber.   Hay una parte de mi trabajo de collages que me gusta bautizar como nocturnos porque están hechos durante las noches de insomnio.   Tengo la mesilla de noche repleta de papeles y cartones ya cortados que son la base de los collages; a ellos recurro y, si no he dormido bien, pienso que hay otros resultados que me satisfacen y que me evitan tener que angustiarme.

 

¿Se podría llamar a eso gozar con el trabajo?

Creo que sí.   El collage me quita la mala conciencia cuando no he tenido posibilidad de hacer grandes pinturas.

 

¿Cómo sucede en la práctica ese trabajo?

Yo creo que por acumulación.   Me gusta guardar cosas.   Es cierto que no utilizo todo lo que guardo pero me gusta acumular elementos que van creando estratos en mi mesa de trabajo.   A veces suceden cosas curiosas;   un día comienzo a pegar dos o tres papeles y luego los abandono;   eso explica que en la mesa haya no sólo papeles como tales, sino collages en proceso.

 

¿Se recuperan esas obras?

Sí, pero no siempre.   A veces encuentro uno de esos inicios, hecho a lo mejor hace unos meses, y me digo, Caray, esto no estaba tan mal, y lo reutilizo.   Quizás tenga que ver con eso del deber cumplido.   Yo lo relaciono con mi educación infantil, con algo que me obliga a recuperar y terminar, siempre que sea posible, esos “collages” abandonados.

 

Y ¿en el aspecto manual?

Hay de todo.   Me gustan mucho los collages pequeños, esos que nacen sin haber usado las tijeras, con los papeles a su tamaño natural.   A veces con un solo corte, al rasgarlos por la mitad, vale.   Si no, utilizo las tijeras.   También cuando los corto me gusta el borde que queda, de la calidad de papel.   Pero lo que realmente me gusta es mover las piezas, buscar la armonía con la esencia de lo que tengo, que la manipulación sea sobre todo la espacial.

 

¿Qué importancia tiene el acabado y los elementos que completan el collage?

Mucha más de la que la gente piensa.   Para mí es fundamental el passe-partout, ya que es un elemento más de la composición.   El passe-partout es como una ventana que permite descubrir qué hace falta poner y qué hace falta quitar.   En cierto sentido es como el marco de una pintura, un accesorio pero también un complemento necesario.

 

Fue Apollinaire el que dijo aquello de que puede pintarse con lo que se quiera…

Yo firmaría también esa sentencia.   Lo importante es el valor de la emoción, de lo que hagas sea de verdad, que lo que dices sea sincero.   Uno piensa que lo demás viene después.   Siempre he intentado que lo que hago sea resultado de una sinceridad permanente, producto de la reflexión y no de bandazos, según lo que dicten las modas.   En ese sentido creo que los que ven mis obras lo descubren.

 

 

La materia y el objeto. A propósito del collage. Conversación con Gerardo Rueda, Marzo de 1996

En “Gerardo Rueda. Collages”, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1997, pp. 132-149

Concerning collage

En “Gerardo Rueda. Spanish Master of Collage”, UCLA at the Armand Hammer Museum of Art and Cultural Center, Los Angeles, 1997, pp. 70-80