CR MANUEL RIVERA

CATÁLOGO    RAZONADO    DE    MANUEL RIVERA

EDITORES: DIPUTACIÓN DE GRANADA Y FUNDACIÓN AZCONA, Madrid, 2008

Un artista: Manuel Rivera Hernández, nacido en 1927 y fallecido en 1995.
Una ciudad: Granada.
Un tiempo: el que ronda a nuestra postguerra civil.
Una frase:
La integridad está en arriesgarlo todo, por nada”.

Nuestro texto introductorio  a este catálogo razonado que hoy presentamos lleva por título “Valor y soledad”.   El texto versa en torno a esa sentencia de Manuel Rivera, escrita en el número dedicado a “El Paso” de “Papeles de Son Armadans” en 1959 y que permanece tras el trabajo realizado.  “La integridad está en arriesgarlo todo, por nada”.

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Características
Formato: 29 x 29 cm / Número de páginas: 692 / Número de obras listadas: 998 / Encuadernado en tela con camisa / ISBN- 978-84-612-8432-5

Rivera padeció en su infancia, no podía ser menos, los rigores de nuestra guerra civil.  También de nuestra no menos dolorosa postguerra.   Parafraseando a su compañero y temprano amigo Manolo Millares, el granadino fue, un “mutilado de paz” más.   Tenía nueve años al inicio de la guerra y oía las campanas de la Torre de la Vela tañer para esconderse.    Desde sus escondites veía a los camiones llevarse a los ya cadáveres vivientes camino de su postrer destino.   Su madre murió teniendo Manuel Rivera 13 años, al parir uno de sus hijos, que también fallecerá.

En esa ciudad, en esos tiempos de luto y congoja, comenzó Rivera sus estudios artísticos.  Una ciudad arrasada en la que apenas quedó vida intelectual en pie.   Que en lo contemporáneo se reducía apenas a la presencia de éste y de Antonio Aróstegui y sus heterónimos (autor del primer libro sobre arte abstracto con dicho título en España, en 19549.

Recordemos que la Granada de esa época, tierra de militares y obispos, era presidida en lo artístico por la pintura sin competencia posible, musculosa y cerúlea, del omnipresente Maestro Morcillo.   De sus enseñanzas, Rivera aprendió sin embargo una que llevó hasta el final: ser “un hombre con el suficiente talento al que le trae sin cuidado lo que sobre mí opine la gente sin talento”.

Desde esta Granada asfixiante Rivera encontró al director del Museo de Arte Contemporáneo, el arquitecto José Luis Fernández del Amo.  Es éste quien le invita al fundamental “Primer Congreso de Arte Abstracto” de Santander en 1953, y le concede el apoyo moral y económico para proseguir su aspiración de convertirse en un pintor de los nuevos tiempos.  Gracias a él, y hasta 1957, realizó numerosos encargos murales en edificios oficiales, buena parte de los cuales han sido rescatados en este catálogo.

Mediados los cincuenta la decisión parece estar tomada.   Las visitas puntuales que habían realizado los Rivera a la capital durante los años anteriores, se convierten en definitivas y a finales del citado 1953 adquieren casa en Madrid.  En la primavera de 1954 se instalan en el barrio madrileño de Quintana.   De “La Quintana” como gusta en escribir, con  resonancias más líricas, Rivera.   Algo que hizo, junto a su esposa Mary, en condiciones de extraordinaria penuria en sus inicios, penuria que incluyó la hambruna.  Algo que parece percibirse en la delgadísima Mary Rivera que el artista retrata en 1955.

Del carácter arriesgado de Rivera – y de su integridad –  da buena fe que cuando recibe su mejor encargo (en 1957 en Córdoba tras realizar los murales de la Universidad Laboral), y el mejor pagado de su trayectoria, rechaza el mismo: “con una alegría nueva me marcho a Madrid a recomenzar mis experiencias, a perderme en un mundo nuevo donde comienzo a ver luz”.   Rivera se instala, ya definitivamente a un Madrid en el que se formaba el grupo “El Paso”.

Unos meses después a su llegada, se produce el fundamental encuentro en la exposición de Millares en el Ateneo de Madrid (Sala del Prado del Ateneo de Madrid, entre el 2 y el 15 de febrero de 1957).  Días después, unos obreros sitúan por azar un cartel en el paseo de Recoletos, junto a la puerta de la galería Buchholz: “Prohibido el paso”.   En su interior, es el martes 15 de abril de 1957, participa en la primera exposición del grupo (Canogar, Feito, Francés, Millares, Rivera, Saura, Serrano y Suárez) y firmará el primer manifiesto.  Allí colgará sus primeras mallas metálicas, cuyo título se inicia simbólicamente, justamente en el ‘uno’ (“Composición 1”, 1956-1957; MNCARS).  Desde ahí hasta la última exposición del grupo en Roma (Galeria L’Attico, “‘El Paso’, Canogar, Chirino, Feito, Millares, Rivera, Saura, Viola”,  Roma, 15-30 Octubre 1960), en donde cuelga su cuadro “Metamorfosis (Mito)”.

A mediados de ese 1957 su obra se encontraba en la IV Bienal de Sao Paulo y el MoMA adquiría una de sus mallas metálicas. Algo que hará también el Guggenheim Museum poco tiempo después. Apenas un par de años más y se halla entre el selecto grupo de cuatro artistas de “El Paso” que Pierre Matisse lleva a Nueva York.

La exhaustiva información que proporciona la realización de este catálogo razonado nos lleva a hacer dos aseveraciones.   Una, que fue Rivera un artista ya dijimos íntegro, de valiente vocación moderna y en extremo riguroso y ordenado.    La segunda, estamos ante un creador que parecía tener, desde sus orígenes, la noción clara de la misión que, como artista, le tenía predestinado el futuro.  Así, ya lo señalamos en el Catálogo Razonado, junto a su labor creadora, dedicó muchas horas a la taxonomización de su creación.

Este aspecto meticuloso sería citado por Fernando Zóbel cuando conoce a Manuel Rivera en los inicios de los sesenta: “no esperaba encontrar –escribe Zóbel- un estudio tan ordenado. El más ordenado que he visto en mi vida. En mi vida. Incluso escribe las cartas por contestar en su mesa de trabajo. Dice que si algo está fuera de su sitio no puede trabajar”

Precioso legado que nosotros ahora recibimos y que es de justicia mencionar, reintegrando al artista mucho del mérito atribuido a nuestro trabajo.

Resumiendo en apenas líneas los contenidos de este trabajo les señalaré: unas mil obras producidas, desde sus orígenes figurativos a sus últimas mallas metálicas.  El catálogo contiene unas mil doscientas fotografías.

Junto a lo anterior, se documentan sus obras murales y se ha hecho un ímprobo esfuerzo por reconstruir la exposición fundamental de Rivera en Pierre Matisse Gallery en 1966.   Todo ello hasta llegar a recomponer el corpus creativo de las pinturas de Manuel Rivera.

Termino con lo que habitualmente sirve de comienzo: los agradecimientos.   Mas que dejo para el final por mayor significación.   A Paloma López de Letona, Ladislao y Sergio Azcona y a toda la Fundación Azcona por la confianza demostrada en mi trabajo, realizado sin interferencias y con todas las facilidades posibles.   Es sabido que la labor de esta Fundación en catálogos razonados, tan necesarios, ya publicados como el de Manolo Millares, Martín Chirino o Julio González y otros varios en marcha, les sitúa en la primera línea de la moderna historiografía del arte contemporáneo español, tan rala, mas ávida, de trabajos concienzudos, serios y ordenados.

A Mary y a sus hijas Marisa y Elena Rivera les agradezco, enormemente, las facilidades encontradas para hacer este trabajo.  Pusieron en mis manos todo el archivo personal de Manuel Rivera, con documentos de trascendental valor personal.  Materiales que además de cooperar infinitamente en el trabajo llenaron mis rutinarios días de catálogo de una contenida emoción.   A Rosa Juanes, colaboradora, también mi agradecimiento.  Un recuerdo a Luis Toloba López, fotógrafo de este catálogo que nos dejó el pasado 2007.

También agradecimiento a la Diputación de Granada que avala el trabajo de uno de sus capitales artistas contemporáneos.   También a los particulares, Museos, instituciones y colecciones públicas y privadas que comprendieron la fundamental tarea que ahora ve la luz y que colaboraron sin reservas, desde todos los lugares del mundo, en la difusión del proyecto de catálogo y definitiva realización de estas páginas.

Finalmente, mención agradecida al equipo de “Haz comunicación” y a Ana Muñiz, quienes han abordado el complejo trabajo editorial.   Su paciencia y profesionalidad, también amor al trabajo que realizan, han sido capitales en la culminación de esta obra.

(…) Permanecen como el canto de los pájaros, como hace mil años, como hoy, como mañana. Porque aquí la muerte no existe (…) Manuel Rivera. Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, 10 de junio de 1985