PABLO PALAZUELO DE LA PEÑA

PABLO PALAZUELO DE LA PEÑA

Texto publicado en el catálogo
DONACIÓN DE PLACIDO ARANGO ARIAS AL MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS (OVIEDO/2018)
Campo de campos I. Pp. 88-91
Museo de Bellas Artes de Asturias
 

PABLO PALAZUELO DE LA PEÑA
(Madrid, 8 Octubre 1915-Galapagar (Madrid) 3 Octubre 2007)

 

CAMPO DE CAMPOS  I
1987
Óleo sobre lienzo
222 x 168 cm.

Procedencia:
Galería Theo, Madrid

Exposición
Galería Theo, Palazuelo.  Pinturas, esculturas y gouaches, Madrid,  7 Mayo-Junio 1987, il. col. s/p, p. 12 (reproducido invertido), cat. s/p, p. 40

Bibliografía
DE LA TORRE, Alfonso.  Pablo Palazuelo. Catálogo Razonado.  Barcelona-Madrid: MACBA-Museu d’Art Contemporani de Barcelona; MNCARS-Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Fundación Pablo Palazuelo y Fundación Azcona, 2015, nº cat. 172 (P-1987-1) e il. col. p. 210.

 

 

Campo de campos.  ¿Tentaría el artista entonces el encuentro entre la extensión y un fragmento del todo o, quizás, referir la summa de sus cualidades?

Fue la naturaleza uno de los centros de energía del quehacer de Pablo Palazuelo (Madrid, 1915-2007), temprana revelación posiblemente durante sus paseos por el gélido bosque de Villaines-sous-bois.  Un año de retiro alejado del mundo de las galerías y el contacto con los artistas en el Paris donde llegara un par de años antes, en 1948.  Que Dios nos asista llega a escribir[1], solo, paseando aquel invierno por su bosque húmedo, casi transido entre robles y avellanos.  Viendo las palomas cuidadas por el escultor Gennarelli.

“Alborada” (1952); “Floración” (1956); “Jardines” (1957)[2]; “Otoños” (1952); “Tierra negra” (1963) o diversos “Paisaje”, son ejemplos de otras obras donde Palazuelo referiría, desde antiguo, lo natural.   En 1951, este caballero de la soledad volverá a otro fértil encierro en Paris, más solitudes, trabajando sin cese en el número trece de la rue Saint-Jacques, hasta mediados los años sesenta.    En 1958 su obra sería incluida en una exposición en Basel que analizaba, justamente, las relaciones entre naturaleza y arte abstracto[3].

Cuando pinte este “Campo de campos”, es 1987, ya retornado a España[4], ha encontrado “Monroy”, un espacio en Cáceres, donde compondrá cuadros con tal título.  Otro lugar alejado del mundo, inmerso en la naturaleza, como lo sería, también, su frecuente estadía en “La Peraleda”, en Galapagar (Madrid), donde vivió hasta sus últimos días.

Pintor lento, cuidadosa la factura de sus lienzos o dibujos, habituado a la destrucción de los que no le satisfacían, durante el año de “Campo de campos” realiza apenas una decena de pinturas, otros cuadros donde Palazuelo refiere también la importancia capital de la línea como constructora de lo real: “Mar” y “Sylvarum” son ciclos de pinturas que le ocupan estos meses.

Para Palazuelo, un pintor gramático[5], el trabajo mediante la línea es irrenunciable, como revelaría su conversación agitada con Will Grohman, el exégeta de Paul Klee: “Palazuelo s’échauffe en essayant de m’expliquer que tel tableau ne peut exister que par des lignes droites (…) . Pour lui le monde n’aboutit pas dans le tableau, mais il y prend naissance. La correspondance ne suffit pas, le tableau doit créer une vie nouvelle. La peintre ne travaille pas pour suffire à ses ambitions, mail il veut contribuer à l’ensemble de l’évolution universelle. Sa mission, comparable à celle du poète et du philosophe, tend ainsi à être mise en pratique, en tant qu’il contribue à modifier le monde actuel des hommes et des choses”[6].     Línea “limpia y precisa”, añadirá Tharrats sobre Palazuelo, ese imaginativo introvertido[7].

Es “Campo de campos” ejercicio de un declarado “dejar hablar a las líneas”[8],  lineaje de líneas y formas  devenido también laberinto conducente hacia el plano que, expandido, le permitiría abordar su trabajo escultórico, tan riguroso.  Línea como imagen que es emblema del movimiento en el espacio, activadora de éste mas también de la verdadera visión, conformadora del mundo, vehículo de energías capaz, en palabras del artista, de hacer visible lo invisible.   Palazuelo, un pintor poeta, heredero de Rimbaud[9], un artista intenso y reflexivo explorador de un insólito lenguaje, una belleza otra, fue creador plenamente abstracto e indagador de la reducción a la síntesis de las formas del universo: “las formas muy concretas y nobles, los acordes potentes y extraños”[10].    Y luego, resonancia kleeiana, concibiendo obras que muestran el incesante quehacer tal incansable pensador de la línea, el pintor austero, en palabras de Joan Miró[11].  Al cabo, Klee había sido esencial referencia en el encuentro de Palazuelo con la abstracción: “me causó una profunda impresión, quizás fue la emoción más fuerte que yo había sentido desde que empezara a pintar.  Me intrigaba su interés por la geometría, su percepción de las manifestaciones de la geometría en la naturaleza hechas poesías: esas líneas y colores que sueñan (…) es su relación con la energía en la naturaleza lo que más me atrae de la obra de Klee.  Sus paisajes, las fantásticas ciudades y las ruinas, las personas fantasmagóricas, sus líneas y sus colores: todo se encuentra en un estado de máxima atención hacia la intensidad y la energía”[12].

Pinta el paisaje, el campo,  contempla la realidad Palazuelo devenida en “Campo de campos” un tangram que me recuerda a sus grandes estudios[13] de finales de los cincuenta, tentando “ver lo no visto antes, conocer una parte de lo desconocido para mí”[14], máxima palazuelina que reflexiona sobre el complejo sentido de la creación artística: el mundo es forma capaz de revelar la idea.    Formas que, más que encontrarse, muestran su agitada vida, el lineaje: el permanente engendramiento de unas formas a otras[15].

Pinta el mundo Palazuelo sin olvidar el rumor del existir de los arcanos, –imaginalia, como titulará uno de sus poemas- en una cierta mención a lo oscuro y telúrico.  Escribirá el pintor: “La naturaleza se imita a sí misma sin descanso, y así se especializa, se individualiza cada vez más, hasta crear formas nuevas. La metamorfosis es el fin de una “misteriosa” autoimitación, que constituye, en cierto modo, una ley. Una ley de la naturaleza que despierta en el hombre (aquí, resonador) una fuerza que, a su vez, puede provocar esa ley, reforzarla y dirigirla. Tiene lugar una operación en la naturaleza, que provoca en nosotros una operación semejante –o quizá distinta- que, a su vez, reverbera sobre la primera, amplificándola, o bien transformándola conjuntamente con ella, formando entonces las dos una sola. La realidad no tiene los contornos difusos. Sólo los accidentes (realidad también) de la visión por el paso del tiempo”[16].

Naturaleza pues que le embarga y que no sólo pinta sino que es tentada también en la voz de sus poemas, muchos de ellos se construyen desde la mención a  lo natural: sol, luna, agua, jardín, noche o vegetación.   Cuando el místico contempla esa tierra / se contempla a sí mismo. escribirá. O bien: Visión matutina./ Tesoro de auroras levantes. / Mansión de los himnos. / Torrente de aguas vivas./ Flor inmortal. / Monte esmeralda.  Naturaleza devenida lenguaje, ya se ha dicho en cierta ocasión, Palazuelo oscuro y mercurial, alguno de sus poemas sobre la naturaleza portan como título “Avesta”, la lengua de las lenguas: Extrême / Pulsante / Iridiscente / Radiante / Source / Extrême / Pulsante / Obscure / Semence[17].

 

_________________________

[1] El asunto está referido en: Alfonso de la Torre.  Pablo Palazuelo. Le chevalier de la solitude. Madrid: Galería Fernández Braso, 2016.  La cita pertenece a un cuaderno inédito del artista, en Ibíd.

[2] El asunto del jardín fue preocupación de nuestro artista vid.: Pablo Palazuelo, Jardin.  Paris :  “Chroniques de l’Art Vivant, nº 10, Editions Maeght, 1970.

[3] George Schmidt y Robert Schenk, Kunst und naturform-Form in Art and Nature-Art et Nature, Basel : Basilius Presse, 1960.   Se relacionaba con la exposición : Kunsthalle, Kunst und Naturform, Basel, 20 Septiembre-19 Octubre 1958

[4] Su primera exposición individual en España tuvo lugar en la Galería Iolas-Velasco, Palazuelo, Madrid, 14 Marzo-28 Abril 1973.  Su retorno había tenido lugar unos cinco años antes.

[5] “Grammairien comme Juan Gris et poète comme Miró, j’ai confiance que Palazuelo comptera un jour parmi les meilleurs peintres d’un pays qui en a tant donné á son art national d’hier et à l’art français d’aujourd’hui”. Bernard Dorival, “Palazuelo”, en “Les mains éblouies”.  Paris : Derrière le miroir, nº 22, Galerie Maeght, Éditions Pierre à Feu, 4/X/1949, s/p, p. 3

[6] Will Grohmann,  “Une visite-Palazuelo”.  Paris: Derrière le miroir, nº 73, Galerie Maeght, Éditions Pierre à Feu, II-III/1955.

[7] “Palazuelo es un auténtico ejemplo de imaginación introvertida. Sus pinturas, elaboradas lentamente –en alguna parte hemos leído que no produce más de media docena de cuadros por año- suelen ir acompañadas de títulos que invitan serenamente a la meditación: ‘Soledad’, ‘Metamorfosis’, ‘Imaginación del tiempo’, ‘Floración’, ‘Mandala’, ‘Tiempo azul’, ‘Blues’, etc.”.  Juan José Tharrats, “Artistas de hoy. Pablo Palazuelo”. Barcelona: Revista, XII/1958.  O, en palabras de Moreno Galván: “(…) gran nitidez lineal, grandes formas, delimitadas por grandes líneas –preponderantemente rectas- y, por tanto, en su torsión conformadora con mucha recurrencia a la organización quebrada y a una especie de cristalización”.  José María Moreno Galván, “La vuelta a Madrid de Pablo Palazuelo”. Madrid: Triunfo, 5/V/1973, pp. 46-47.

[8] Claude Esteban-Pablo Palazuelo, Palazuelo. Paris: Éditions Maeght, 1980, p. 141

[9] Yves Bonnefoy, “Palazuelo: Un héritier de Rimbaud”.  Paris: Derrière le miroir, nº 29, Maeght éditeur, V/1978, s/p.

[10] Mariano Rodríguez de Rivas, “El pintor pinta”. Madrid: Arriba, Sección “Noche y día”, 6/I/1948: “Me auxilian las formas muy concretas y nobles, los acordes potentes y extraños. Indudablemente siento mucho más a los grandes maestros contemporáneos, Juan Gris, Picasso, Braque y el misterioso Paul Klee, porque creo que son los que representan la expresión de nuestro tiempo”.

[11] En 1951, Miró escribe a Palazuelo celebrando su reconocimiento y señalándole “tuve ocasión de ver unas telas suyas que me impresionaron mucho. Encontré en ellas toda la fuerza racial española-austeridad de Zurbarán i (sic.) ascetismo de los místicos, con sus destellos de sensibilidad y eso en sentido universal, claro está”. Alfonso de la Torre, Pablo Palazuelo: 13 rue Saint-Jacques (1948-1968).   Madrid-Alzuza: Fundación Juan March-Museo Jorge Oteiza, p. 202.  Correspondencia.  Joan Miró (Folgaroles, 9-Barcelona) a Pablo Palazuelo de 31/X/1951.  Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.

[12] Pablo Palazuelo a Kevin Power, Geometría y visión. Granada: Diputación de Granada, 1995, pp. 12-13.

[13] “Grande étude”, ciclo de obras de Palazuelo, circa 1957.

[14] Pablo Palazuelo a Kevin Power, op. cit. pp. 14 a 23.

[15] “(…) l’apparition des formes qui s’engendrent les unes des autres (…)  obéissent aux mêmes injonctions et suivent  les mêmes lois de metamorphoses que celles mêmes de la Nature: «Les formes diverses et séparées se réunissent dans l’Amour et se désirent les unes par les autres»”.   Georges Limbour, Empedocle chez Palazuelo.  Paris : “Derrière le miroir”, nº 73, Galerie Maeght, Éditions Pierre à Feu, II-III/1955.  Vid. También el texto de G. W. Russell, que Palazuelo selecciona para su exposición de 1958 : “En effet, j’étais ébloui, (…) pénètre dans quelque beau jardin où les couleurs remplissent les yeux de joie, et dont l’air est lourd du parfum des lilas et de la rose. De même que la terre devient plus brillante quand nous passons du pôle obscur au pays du soleil, ainsi une beauté semblable commence à briller sur nos pas au cours de notre voyage vers la divinité. Je voudrais crier à notre humanité qui s’enfonce de plus en plus dans l’âge de fer que le « monde d’or » nous entoure, que la beauté est ouverte à tout le monde et qu’aucun de ceux qui se tournent vers elle et la recherchent n’en est exclu”. George William Russell, L’architecture du rêve. En  Palazuelo, Paris: “Derrière le miroir”, nº 104, Maeght Éditeur, 1958.

[16] Pablo Palazuelo, Ritmo, Simetría y Mímesis.  Madrid: “Cuadernos Hispanoamericanos”, nº 215, 1967.

[17] Su poesía está reunida en: Alfonso de la Torre, Pablo Palazuelo-Poemas.  Madrid: Ediciones del Umbral, Colección Invisible, 2016.