MENCHU LAMAS:  NUMINOSO TERRITORIO DE RESERVA

MENCHU LAMAS: NUMINOSO TERRITORIO DE RESERVA

Texto publicado en el catálogo
PINTURA-PAINTING?
Madrid, 2018: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 124-143
[Intervenciones de Alfonso Albacete, Irma Álvarez-Laviada, Marta Cárdenas, Menchu Lamas, Carlos León, Juan Ugalde en el contexto de ARCOmadrid 2018.  En colaboración con Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte].

 

MENCHU LAMAS:  NUMINOSO TERRITORIO DE RESERVA

No veo más posibilidad que la Revelación
Gustave Flaubert, “Bouvard y Pecuchet”[1].
FLAUBERT, Gustave.  Bouvard y Pécuchet.   Barcelona: Penguin Clásicos, 2915, p. 279 (la edición consultada).

 

El tiempo es un círculo, sentenciaba la artista.

Preside un hermoso cuadro de Menchu Lamas (Vigo, 1954) el lugar del estar de otro pintor, Gustavo Torner.  Simbólica escena transgeneracional que subrayo en el comienzo de estas palabras[2].  Navega el esquimal, en su barca con triángulos.   Toca el pífano aquella otra, sirena.  Las manos de los siameses tientan el giroscopio, u otras sostienen formas de coloridos peces, acullá tañen instrumentos musicales.   Manos: de galos, azules, remeros o laudistas, figuras elevando sus palmas.    Y sostienen algunos personajes pintados, mediados los años dos mil, las formas pictóricas representadas (“Arbore-Maraña”; “Círculo rojo”; “Cariátide”; “Ela-Chuvia” o “Mirada” (2006), son ejemplos), también sucede en el espacio de su intervención en Preciados, compuesto de diversas “pantallas” de imágenes.  Tal palmas incrédulas palpan otras los círculos lunares, tramas y redes, bosques, zonas de color, formas o espirales (“Man-Espiral”, 2008).  En la pintura “Soño da Piramide” (2006), la mano es sostén del dibujo del poliedro soñado, que parece encerrado en el tondo del mundo, en la eternidad del tiempo.   La dialéctica entre la figura y el fondo -escribirá nuestra pintora en esta publicación- “establece una tensión siempre viva, en continua metamorfosis cromática”.   Representa Lamas la mano, manos, manos que ya poblaran sus cuadros de los ochenta.   Se extienden las manos reflejadas en sus lienzos[3], de este modo devendría merecedora de estar su pintura en un viejo libro, “Le mani nella pittura” (1951), que he citado a veces.  Tal en “Juego de manos” (2001), veo otro retrato fotográfico de Lamas y tienta la pintora, con sus propias manos, el “Laboratorio de sombras” o, similar, en “Acción círculo”.  Habitar el color, un acto, ese de sumergirse la creadora, a la par que preguntándose, en sus acercamientos a su  propia pintura equivalentes a la búsqueda de certezas en el acto del crear, tal el deseo de esquivar un noli me tangere.   Otrora su aproximación a los lienzos es, casi, como la de quien ejecuta una danza, en cuerpo y alma[4], recordando la fisicidad de su quehacer, el poder que con frecuencia imprime en las lonas hasta embargar el espacio con sus obras.

En la pintura, parece una artista conmovida cuyos signos pictóricos cristalizan su ser íntimo, allí preserva sentir y mover, elevando nuevos significados de las formas, deriva[5] más allá de los significados convenidos en la pintura tradicional.   Pintora fascinada de lo sígnico, de la extensión de formas en la pintura, signo y color con frecuencia en querencia del centro, ha sido su pintura la exaltación del oficio de crear[6], a la par que lugar de un fértil encuentro entre lo formal y lo abstracto, siempre tentando una especial intensidad expresiva que no ha excluido la representación de una cierta (des)composición y fuga.    Inmemoriales signos, semejare arraigados en la hondura de su ser, que son confiados al instante, a un fuego convocador de la fragilidad del juego de las apariencias: se elevan los signos en el espacio pictórico, revelando el suspenso del tiempo que fluye invisible.     He recordado el pensar de Aby Warburg, contemplando las imágenes de Lamas, tal mitologías misteriosas. Como la elevación de formas y signos surgidos desde la necesidad, las visiones de esta pintora: pueden compararse las imágenes, unas y otras, de todos los tiempos, más allá de los siglos de diferencia.   Gesto y movimiento, tal signos rescatados, sus nuevas imágenes enlazan el Atlas de aquel y la prosodia de los tiempos, la antigüedad con el Renacimiento y, tal vemos, con nuestro tiempo. Sí, podrían  haberse insertado ciertas obras de la artista en las escenas que, tal panoplia, compusieron el empolvado y capital Atlas Mnemosyne de Warburg, el cazador-relator de imágenes, el investigador entrópico.

Tal mundo visto en una linterna mágica, tiene algo nuestra pintora de estar ubicada en un declarado territorio de extrañeza, creadora de irrealidades erigidas sobre la irrealidad, elevando formas visuales y sugerencias que le otorgan la consabida complejidad de hallarse en lugar ajeno, delicado y jubiloso paseo como artista por una tierra de nadie.  Fabrica pinturas que emulan versos nuestra artista, poemas visuales, como el resto diurno que quedó del sueño, tal un espacio de imágenes rotas, recuerdos y fragmentos  perdidos.    Tienta (en)sueños Menchu Lamas, algunos con aire tembloroso, como “A chuvia do soño” (2010), de presagio o tentativa de vaticinio, tal una visitante del abismo que, a su retorno, perpleja mostrara un universo de signos poblados de arcanos.    A la par que construye poderosas imágenes, es capaz de elevar el elogio de lo mínimo, en el sentido de los signos esenciales para el discurso, una cierta austeridad formal es convocada en un espacio que tiende a esquivar los relatos conocidos pues, -con aire de navegar en ese misterio que es el espacio, aun poblados sus cuadros de formas-, permanece en la pintura de Lamas una cadencia silenciosa que no parece impedirle vislumbrar el surgimiento de un territorio de aire nuevo.  Tal una mediación con la realidad donde surgiere el alzamiento del reservorio de un espacio íntimo y poético, un lugar oculto de impulsos oscuros y resistencia, cosmos silencioso que le permitiera tentar la conciencia de una-otra realidad.

Como si refutara nuestra artista los principios de coherencia que han constituido el relato oficial de lo real, describe Lamas un mundo extraño, tan riguroso como cambiante, similar a un contratiempo que modificara la temporalidad y contuviera múltiples sentidos.  Extrañeza que, como si se tratase de un suceso sorprendente o unerhörte Begebenheit, deviene un nuevo relato, historia nunca narrada que ahora ve la luz y compondrá el acontecimiento que Lamas semeja referir desde otro mundo, no cejando de interrogarse por  lo interior, ya se dijo: pareciere en permanente letargia mas sin ejercer la soledad.  Preguntándose en sus creaciones sobre la complejidad del propio acto de ver, el soplo de un misterioso espíritu que vagara en el inmemorial espacio suspendido, Muchas de sus pinturas convocan ilusiones espaciales, lonas o lienzos de aire introspectivo (aunque a veces estén nutridos de la complejidad y hasta el ruido del mundo en derredor) a los que aplica un color y una luz subjetivos, mediante la irradiación de vibraciones cromáticas.     Habita, sí, -como recordamos ha escrito en esta publicación la artista-, el color.

“Me interesa la pintura como proceso de abstracción simbólica”, añadía en el texto citado.   Concibe alegorías, Lamas traza el relato de una misteriosa energía desprendida entre las imágenes que son elevadas con la presencia de mecanismos de equivalencia y sustitución, procedimientos metafóricos que parece fundar tanto en semejanzas como en desplazamientos (ya dijimos, desplazada como en un sueño).    Ciertas preguntas que nuestra pintora eleva en la soledad del mundo defienden el hipnótico encuentro entre idea y azar, claro, tienen que ver con la construcción de las imágenes, eso que antes llamamos “nuevas imágenes”, pues de estas se nutre su quehacer, imágenes tan patentes como misteriosas.  Alegórica y cercana al extrañamiento mediante tal corpus de enigmáticas formas poblando el espacio, algunas de sus creaciones conservan un cierto aire de esfuerzo, laberinto[7], en la lucha por emerger.     Crear que refiere el crear.    Crecen las preguntas que componen su obra portando esta un aire exilar, pues al construirse llega un momento en que, ya erigida, transformó a su constructora.  Y se hace obra.      Estados de conciencia, fuerzas o modos de energía precisos para conocer, entre emergencia-resurgencia, destructora y constructora, elevadora de micro relatos que elogian una memoria con permanente aire de invención.

¿Y, llegados a este punto, qué concluimos?, que mutatis mutandis, nuestra artista refiere la pintura, pero -es más importante- el objetivo de Lamas como creadora es preguntarse, en su extrañeza, sobre el deseo, la melancolía y cuáles sean los límites de la percepción, de tal modo, en ese juego de ilusiones se construye su alteridad tal una energía que fuere exigencia del serio juego la creación.   Ilusionista, sus imágenes semejan soplos -tal reza el título de una de sus pinturas[8]–  construcciones concebidas desde el misterio de signos y parábolas, sugiriendo fueron destiladas, también, desde un numinoso territorio de reserva.   Lamas indaga en un otro incandescente espacio de reflexión, pues muchas de sus preguntas, claro, tienen que ver con la construcción, casi la aparición y presencia de las imágenes en el espacio, refiriendo el complejo enigma de lo visible, algo quizás simbolizado en ese hermoso cuadro titulado “Espejo lunar” (2008).   Citas sobre las citas, imágenes sobre las imágenes, corpus que parece mencionar el acontecimiento de una vida de artista compuesta por numerosos relatos, misteriosos significados y encuentros.  Diálogo universal, con rasgos a veces de revelación de prodigios, que nuestra artista emprende con el cosmos, con intensidad y energía.   Así se muestra cómo, tentando paradojas, elevando juegos representativos, Lamas conoce la importancia de las metáforas para comprender el mundo y las dudas que entraña representar lo real.    Un mundo con aire de olvidado, o cifrado, pleno de huellas que, quizás, encierren el secreto del porvenir ignoto.  Expandió imágenes que, empero, debemos interpretar como fértil errancia y despliegue de su cartografía interior, con desazón a la búsqueda de signos que le permitieran el autoconocimiento, más que la certeza.

Recomencemos poblando con imágenes la duda que crece en el día.  Planteando el elogio de lo real como un suceso de discontinuidades y fugacidad, nuestra artista busca imágenes en el paisaje yermo.

Esta tierra que ha quedado, -sí, triste amigo Thomas-, baldía.

 

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[1] FLAUBERT, Gustave.  Bouvard y Pécuchet.   Barcelona: Penguin Clásicos, 2915, p. 279 (la edición consultada).

[2] “El esquimal”, 1983, Pintura acrílica sobre lona, 130 x 195 cm.

[3] DE LA TORRE, Alfonso.  Notas a las “Notas a pie de obra” de  Julio López Hernández.  Madrid: Galería Leandro Navarro, 2016, p. 52: “Entre la escritura hallo otro libro.  Un bello volumen que pensé jamás serviría (“Le mani nella pittura”, de Electa Editrice (Florencia, 1951)).    Catálogo de las manos en el arte, mis dedos ahora hojean sus páginas. Hay una doble memorable: las manos de los retratos de Tiziano de Paolo III, -agazapada mano con el anillo-, y la Magdalena: con sus manos sujeta y mesa el cabello que cubre unos pechos estallantes”.

[4] JAUREGUIZAR, Santiago.  Menchu Lamas: ”Gústame meterme de corpo enteiro dentro das miñas pinturas”.  Lugo: “El Progreso”, 15/I/2009: “me gusta meterme de corpo enteiro nas obras; é como unha danza. Teimo ata que dou feito a obra que teño na cabeza”.  Y, en el mismo sentido, CASANOVA, Jorge.  Menchu Lamas: “No puedes huir de ti misma”.  A Coruña: “La Voz de Galicia”, 4/VIII/2017: “Si quieres vivir de esto tienes que meterte en cuerpo y alma. Estar creando es una forma de vida. No puedes huir de ti misma”.

[5] Vid. “Deriva circular”, 1997, Pintura acrílica sobre lona, 250 x 250 cm.

[6] “(…) la pintura de Menchu Lamas tiene como protagonistas al signo y al color, todo ello a través de una composición -frecuentemente en gran formato- en la que ocupa lugar capital la presencia de una simbología evocadora de lo primitivo y del mundo de lo natural.    En muchas ocasiones el punto de partida de su pintura sería la representación de elementos del mundo cotidiano al  modo de pretextos formales que le permitan abordar la indagación artística.  Universo sígnico, en frecuente movimiento, que aúna expansión pictórica y personal lenguaje.   Desde ese punto de partida autóctono, Lamas sintetizaría su lenguaje, desde la esencia de la intensidad de su trabajo.    Semiótica pictórica depurada, formas simples, ensoñaciones en las que se alude a la mística rothkiana y, posteriormente, experimentación con formas circulares evocadoras del paisaje celeste, también del viaje y del eterno retorno.  Del ensueño visto desde la materialidad formal, emblema de la dualidad vital, vigilia y sueño.  Símbolos, sabemos también por María Zambrano, de vida y muerte…”.  DE LA TORRE, Alfonso.  Viento del Oeste, viento del Este.  México-Guadalajara: Colegio de San Ildefonso-Instituto Cultural Cabañas, 2008-2009.

[7] Vid. “Laberinto rojo”, 2004, Pintura acrílica sobre lona, 250 x 400 cm. (díptico)

[8] Vid. “El soplo”, 2006, Pintura acrílica sobre lona, 250 x 200 cm.