IRMA ÁLVAREZ-LAVIADA: RONDAR (RESTITUYENDO) LO NO-DICHO

IRMA ÁLVAREZ-LAVIADA: RONDAR (RESTITUYENDO) LO NO-DICHO

Texto publicado en el catálogo
PINTURA-PAINTING?
Madrid, 2018: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 62-83
[Intervenciones de Alfonso Albacete, Irma Álvarez-Laviada, Marta Cárdenas, Menchu Lamas, Carlos León, Juan Ugalde en el contexto de ARCOmadrid 2018.  En colaboración con Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte].

 

IRMA ÁLVAREZ-LAVIADA: RONDAR (RESTITUYENDO) LO NO-DICHO

 

Que no tomara forma nunca (…)

Marcel Duchamp (carta a Jean Suquet, Nueva York, 25/XII/1949)[1]

 

 

En 2015 incluí la obra de Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978) en la exposición “Different Orders”, mostrada en la Casa Mena de Málaga (Universidad Internacional de Andalucía).    Esos órdenes diferentes, o propuestas -reglas y modos- distintos de crear, preguntas sobre la creación, surgía del título de un conjunto de imágenes expuestas de la artista Ana Roldán[2].   A sabiendas que cuestionar la fisicidad y la presencia de los elementos estructurales de la obra de arte, la exploración de espacios de negación o las zonas invisibles a la percepción, son cuestiones que han rondado habitualmente el quehacer de nuestra creadora.

Allí presentaba Irma una obra singular, tal otro conjunto que me dejara estupefacto en la feria “Estampa” de 2015, en el espacio de su galería, Gema Llamazares.  Habituado camino por los márgenes de la pintura, lo recuerdo ahora como un espacio ubicado en un interregno, reino intermedio entre el pintar y el no pintar, lugar suspendido poblado por creaciones erigidas, pareciere, entre los rescoldos de un embate con lo visible.  Embate el de esta creadora, eso sí, donde  siempre se ha elevado un aire lírico, en ocasiones melancólico, deriva en ocasiones hacia un cierto conceptualismo poético y paradójico.  Así lo veo, rondando lo no dicho.  Pues se trata de pintar para negar ¿o negar pintando?.  O, tal vez, tentar ver para esconder ¿o esconder para ver, en sus palabras?[3].   Entonces, la artista reflexionaba sobre cómo su atención se centraba “en los elementos accesorios de la práctica pictórica, cuyo carácter intrínseco parece contener un índice de negación, un impulso virtual para el ocultamiento, la desaparición o la ausencia. Una vez sustraída la obra, lo que más me interesa de estos materiales es su carga negativa, su potencialidad para conjugar los espacios inertes de la práctica artística y su relación particular con la negación de la obra. Se trata de ensayar una búsqueda más allá de las áreas relacionales. Salir del campo expandido de la pintura para llevar a cabo una exploración de los espacios de negación (…) los estados de transitoriedad de las obras, al carácter accesorio de los materiales o la negación de la imagen como estado constitutivo de la propia obra. Pero ante todo lo que se plantea es una tematización del «negativo» que no consista únicamente en la negación, sino en que dicha negación pase de ser nada a convertirse en algo”.   Rondando la fiesta del vacío, tan energético, los plenos poderes de la nada que le dijera Camus a Yves Klein[4], volveré a citar al maestro Duchamp, pensando en Irma y en sus “espacios de negación” que casi veo-visibles, representados en series donde los cuadros parecen apilados, castigados de espalda a la pared y en proximidad a detritus artísticos, como en “Preferiría no hacerlo I” o “The reason” (2011).  Derivas: he pensado en  “Le Boeuf écorché” pintado por Rembrandt y luego por tantos otros: Chaïm Soutine por ejemplo, al ver la pieza de Álvarez Laviada,  “Sobre la pintura I” (2012), bastidor y su piel en proximidad, ensalzadora de la poética del bastidor despojado o frente a las telas colgadas en “Lo necesario y lo posible II” (2015).

Autora de un trabajo resonante: estuvieron sus formas y se ausentaron, o están en trance de desaparición: vuela la luciérnaga alejándose su haz de luz.  Se pliegan o despliegan, interrogan sobre la superficie, dejan la cicatriz de los dobleces (“Escenarios de producción”, 2011).    Delicadas, en ocasiones, se cierran a la contemplación tal flor mirabilis nocturna o devienen una misteriosa forma, otras veces con aire exhibido parecen revelarse los procesos[5].

Dejaron su huella las formas en un fondo, delicadas, o permanecen apoyados los planos como a la espera de un suceso.  Descarna la pintura despojando las pieles, el lienzo, del bastidor.   Y permanecen, a veces, ausentes las dermis de la pintura, arrebujadas a un lado[6], tal  descolgadas de sus soportes o envueltas, plegaditas, encerradas en una misteriosa caja traslúcida, o apiladas atentas a que llegue su turno.    Trabajo en torno a lo visible, es este el verdadero emblema del quehacer de Álvarez-Laviada, asumido en su trabajo, declarado en alguno de sus recientes ciclos, “Modalidades de lo visible” (2016), ejercicio de un pensar metapictórico[7] generador de un espacio creativo poblado por la ampliación de las preguntas, antes que por la profusión consabida de respuestas o certezas sobre el crear.  Radical incitación al pensar, Álvarez Laviada no sólo acomete el proceso de plantear la resolución de una idea sino que, a la par, ésta es deconstruida, parece sin fatiga tras realizar el análisis de un extensísimo campo de posibilidades, una feraz convergencia en la sutil divergencia de las formas, un quehacer expandido en la interrogación también, en preguntas sobre el vacío y sus límites, en torno a las formas y sus fronteras.  Asida al vacío, podríamos escribir remedando a Manolo Millares[8], una acción (inclusive una no-acción) -señala nuestra artista- puede poner en cuestión la estructura misma del cuadro y el ejercicio de la práctica pictórica. Preguntas en torno al vasto espacio del afuera trascendidas hacia las metáforas y lo simbólico.  En sus palabras, en esta publicación: “Desde hace años mi trabajo está vinculado al cuestionamiento de la fisicidad y la presencia de los elementos estructurales de la obra de arte y gira entorno al estudio de fenómenos de desdoblamiento y oposición, verso y reverso, saturación y negación. Se trata de ensayar una búsqueda más allá de las áreas relacionales. Salir del campo expandido de la pintura para llevar a cabo una exploración de espacios de negación. Lugares presentes en los talleres o espacios expositivos destinados a ser contenedores o zonas invisibles a la percepción, que ofrecen la posibilidad de intentar nuevas formas de articulación”[9].

Sí, tales incitaciones para pensar develan preguntas sobre la pintura, el oficio de crear, los límites de los objetos artísticos, el propio espacio, en torno al destierro de los géneros artísticos, cruzándose la elevación de pinturas y esculturas en frecuente trompe l’oeil sosteniendo la artista la tensión con el ojo del contemplador.   Un trabajo riguroso que no le exime de un cierto desdoblamiento irónico, un deslizamiento entre los pliegues de lo aparencial, frecuentador del homenaje a la literatura del “no”, simbolizada en el escribiente que preferiría no hacerlo, de Melville, homónimo título de una serie de nuestra artista, concebida en 2011.

Serial, se dijo ya, elogiadora también de ciertas derivas de lo frágil, es el suyo un mundo de intensidades que no esquiva reflexionar en torno a lo sutil.    Una suerte de delicada poética expansiva que no elude lo concentrado, capaz de encontrar la contundencia y la claridad en muchas ocasiones destilada por la presencia del orden o ritmos compositivos, con materias o elementos rescatados de un misterioso mundo de artista.  Directa y alegórica, sin abandonar misterio y extrañamiento tal el ejercicio gozoso de una poética alteridad, su exploración acaba refiriendo melancolía y deseo, también los propios límites de la percepción.  Álvarez-Laviada parece elevar sin reparo el juego de las ilusiones como una exigencia de la energía motora de la creación, contaminada gozosa por numerosos elementos ilusionistas.

Asistimos a sus narraciones, en un proceso que tiene algo de inconcluso, pues algunas de sus obras se comprenden mejor si se ven otras, tal un processus interminado, emblema de la elevación de un lugar poblado por el tremor de lo poético donde la imaginación parece devenir una suerte de contenedor de energía.  Un repertorio de historias misteriosas.  Desplazada entre exteriorización e interioridad, Álvarez-Laviada parece señalar que sólo el cuestionamiento de lo visible será aquello que nos permita avanzar tras  los enigmas y, de este modo, su interrogación es tan radical como clásica: ¿qué son las apariencias?. Mas, también, ¿qué es la realidad?.   Deambulando en los límites de lo real, presente o ausente Irma, pareciendo alejarse de la grandilocuencia y serio rictus de la historia del arte, pinta o construye enigmas que ya sean o parece estuvieron.  Indaga en torno a las formas, nos devuelve a las preguntas sobre el tiempo y, no esquivando un inquietante mundo ordenado, no ceja en plantear dichas formas con un aire paradójico.  Es justamente ese aspecto paradojal de su creación (sentido y contrasentido, su carácter de afirmación a la par que niega) el que le constituye, pues tienta espacios esta creadora inquieta capaz de indagar desde la necesidad de explorar insólitos lenguajes a la búsqueda de una belleza otra.  Pienso en aquello que decía Bonnefoy, sobre Rimbaud y su alejarse de las lenguas conocidas para hallar una palabra distinta, lenguaje surgido desde un cierto y fértil desarreglo sensorial[10].   Desde la tentativa de una pureza abstracta, el intenso quehacer de Álvarez-Laviada no está exento del desasosiego de los signos, misterios y preguntas sobre los límites, sobre dónde se hallare el fin de un plano.  Una cierta tensión sensorial, un fuerte poso de indagación intelectual en torno a qué cosa sea un objeto instalado en el espacio.

Mundo de ironías y perplejidades que no excluye la poesía y una cierta actitud que, a fuer de expresiva, acaba deviniendo melancólica: preguntas sobre la percepción, qué cosa sea el ver, pareciere que refiriendo también el tiempo, e indagando en torno a color o estructura, sucede ese inquietante viaje que no cesa, de lo encerrado a lo que se despliega.    Crear, sostiene Álvarez-Laviada, es pensar en crear: es referir el enigma de lo (in)visible.

Es el de esta artista un mundo extraño, que pareciere en ocasiones obsesionada en completar el vacío y el contundente desasosiego de tal circunstancia.  Revelando las contradicciones del mundo en torno, sus obras parecen entonces evocar también el juego que se desarrolla en el teatro de las representaciones.  Ecoecoeco, responden los arcanos a sus preguntas y la respuesta titila, tal una cifra esperando su desvelamiento.    Hay algo de ensoñación en sus creaciones, como un asistir el contemplador a una visión entre lo real y lo imaginado, pendería, por tanto, un enigma sobre lo representado.   Suspendidos los sentidos tentando, en rumorosa tensión, el acceso a otra dimensión de la realidad: “a través de los distintos proyectos que he ido desarrollando en estos últimos años -escribe la artista en nuestra publicación- aparece de forma recurrente una idea del vacío en relación a la producción artística y las dinámicas de aprehensión de la obra. Esta idea tiene su fundamento inicial en el entendimiento del trabajo como obra abierta, tal y como lo plantea Umberto Eco. No sólo se plantea la necesidad de la terminación de las obras por parte de los espectadores –una dinámica de progresiva incorporación de subjetividades a los proyectos– sino también la necesaria in-completitud de los trabajos, algo que ata en un mismo nudo la presencia y el vacío”.

Un cuadro.  Examina con paroxismo Irma el mundo de las formas, gozosa en su laberinto construye y deconstruye mediante variaciones, -saludos a Blanchot o Derrida-, reflexiona -en particular liturgia entre el desaparecer y el estar- sobre el objeto artístico, mas sin esquivar el murmullo, reverberante, de lo que sucede alrededor, el campo de las posibilidades.   Álvarez-Laviada se suma así a una cofradía de artistas que preguntan sobre las formas, de un modo trascendente, sugiriendo sus escenarios de representación el relato de lo inasible.  Como una voz no dicha.

 

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[1] Recogido en: DUCHAMP, Marcel.  Afectuosamente, Marcel.  Correspondencia de Marcel Duchamp.  Murcia: CENDEAED-Región de Murcia, 2014, p. 227

[2] “Seis horas de pintura” (2012) era el título de la obra de Álvarez-Laviada expuesta en Different Orders. Reflexiones en torno a la Nueva Colección de Pilar Citoler (11/XII/2015-24/I/2016).   Málaga, 2015: Universidad Internacional de Andalucía-UNIA-Edificio Mena 

[3] Me refiero a su serie de trabajos “Algo que ver, algo que esconder” (2016-2017).

[4] Entre el 28 de abril y el 12 de mayo de 1958, Klein presentó en la galería parisina Iris Clert, : “La Spécialisation de la sensibilité à l’état matière première en sensibilité picturale stabilisée”.   En el libro de visitas escribió Albert Camus: visitas “Con el vacío plenos poderes”. Citado en el catálogo: AAVV.  Vides. Paris: Centre Pompidou, 2009, p. 38.  “Desde hace años mi trabajo está vinculado -escribe Álvarez-Laviada en esta misma publicación- al cuestionamiento de la fisicidad y la presencia de los elementos estructurales de la obra de arte y gira entorno al estudio de fenómenos de desdoblamiento y oposición, verso y reverso, saturación y negación. Se trata de ensayar una búsqueda más allá de las áreas relacionales. Salir del campo expandido de la pintura para llevar a cabo una exploración de espacios de negación. Lugares presentes en los talleres o espacios expositivos destinados a ser contenedores o zonas invisibles a la percepción, que ofrecen la posibilidad de intentar nuevas formas de articulación”.

[5] “Escenarios de producción se enmarca en un proyecto más amplio que aborda la relación “desdoblamiento y oposición”. La obra da a entender la pintura como un problema de superficie donde verso y reverso del papel, pueden ser susceptibles de numerosos interrogantes, a partir de los cuales problematizar el ejercicio de la práctica pictórica. La colocación del papel sobre el bastidor, el desmontaje y plegado del mismo, una vez pintado, se convierten en acciones pictóricas que giran en torno a una imagen, o más bien una superficie, que parece incapaz de contener imagen alguna. Una acción que pone en tela de juicio la estructura misma del cuadro y el ejercicio de la práctica pictórica. El planteamiento de estas piezas acota una acción o un espacio en el que transcurre el acto creativo: se trata del espacio de creación que hay entre la doblez o el desdoblamiento del papel y su oposición a una mirada frontal en el bastidor”. ÁLVAREZ LAVIADA, Irma.  En www.irmalavarezlaviada.com

[6] Obras agrupadas en el ciclo “Desapariciones” (2011-2014).

[7] “(…) elementos cotidianos del espacio íntimo de los talleres que componen una arqueología del momento, un reflejo de lo que se pone en juego en la configuración de la obra, un instante detenido en la corriente transformadora que el artista proyecta sobre su realidad más inmediata.  El propio trabajo, los materiales, el taller constituyen uno de los ejes centrales de la obra, pues traer los materiales al terreno de lo visible nos ayuda a desvelar su carácter innato, su relación intrínseca con la inercia del artista, su capacidad retentiva, su memoria persistente”. ÁLVAREZ LAVIADA, Irma.  En www.irmalavarezlaviada.com

[8] Sancho Negro, heterónimo de Millares, refiriendo a Feito:  “asido al vacío, con voluntad ciega en dejar resueltamente atrás las cosas de un mundo conocido” (Nota en la Tercera carta de El Paso, 1958).

[9] ÁLVAREZ-LAVIADA, Irma. No figurable.  Texto reproducido en esta misma publicación.

[10] RIMBAUD, Arthur. Lettre du Voyant (a Paul Demeny, 15 Mayo 1871. En “Œuvres complètes”, Paris : Gallimard, La Pléiade, 1972.