JOSÉ MARÍA CRUZ NOVILLO.  ATENTA ESCUCHA

JOSÉ MARÍA CRUZ NOVILLO. ATENTA ESCUCHA

Texto publicado en el catálogo
CRUZ NOVILLO-OBRAS CRONOCROMOFÓNICAS (09/03/2018-22/04/2018)
Cruz Novillo. Atenta escucha. Pp. 3-9
Museo Francisco Sobrino-Guadalajara
 

CRUZ NOVILLO.  ATENTA ESCUCHA
[ EN TORNO A SUS OBRAS CRONOCROMOFÓNICAS ]

ALFONSO DE LA TORRE

 

 

Pour vous exalter

Guillaume Apollinaire, “Calligrammes” (1925)

Forêt d’étoiles ou limpidité mince de sphères

Pierre-Jean Jouve, “Proses” (1960)

 

La consciencia, dijo imaginación.   Es un fragmento de un verso reciente, pensando en las imágenes.   Construye nuestro artista, inquieto, las formas: pintadas, esculpidas, dibujadas, erigidas, tintadas, ensambladas, proyectadas, musicadas o vaciadas en el espacio.   Tiempo o  forma, el color y los ritmos aplicados devienen, aun de conciencia silenciosa, lugares que evocan la tentativa de la armonía, en especial cuando contemplamos la complejidad de la extensa obra del artista como un corpus, todo-él-uno sometido a la intensidad de las variaciones.    Armonía del pensar, es la suya una armonía propia que hace devenir el mundo hacia una geometría de la extrañeza.  Terminaba de leer a Piglia[1] cuando topé con estas palabras: la realidad nunca está dada, siempre es intrigante, por eso el artista la convierte en objeto de una investigación permanentemente, generadora de búsquedas.   Ensanchemos la mirada, propone José María Cruz Novillo (Cuenca, 1936), escuchemos las líneas y formas extendidas en el tiempo.  Tentemos al azar.   Escuchemos el mundo.

Sí, en lo infinito del espacio, en las innúmeras posibilidades, encontramos las formas mas ¿cómo expresaremos el cuándo?

El contemplador de la obra de Cruz Novillo percibe que las imágenes creadas portan ese elemento temporal que constituye el acontecimiento.    Claro, hay en su quehacer de décadas permanente afán de atenta escucha, dejar hablar a la intensidad de las extensiones en el espacio tentando el avance en la penumbra en múltiples direcciones, tal narrara aquel otro geómetra[2].  Es capaz Cruz Novillo tanto de elevar formas como forjar acto seguido la tentativa de su disolución, un viaje que permitirá el restablecimiento de nuevas presencias, aquello de las palabras de Klee: “todo mi alrededor desaparece, y surgen las obras como por sí solas”[3].   Espacios tentadores del vacío, tal sucede en obras expuestas como “Cuádruple Diafragma Tres 2280” o “Cuádruple Diafragma Tres 66” (1999), o tensiones del concepto como en el tembloroso y delgadísimo “Diafragma Uno Expandido 338-14” (1999), que casi me ha recordado un autorretrato de Jesse Fernández, cilicio suspendido, “Le corps brûlant” (1974), o ciertas obras lígneas de Miura y Schlösser.    Fragmentos de un proceso inacabable, e inabarcable, los restos de su hechura, tentativa desplazada entre las sombras, al cabo una nueva errancia de nuestro artista puesto que, no olvidemos, “la verdad auténtica está en el fondo, por lo pronto invisible”[4].

Sí, sobre sí mismo da la vuelta sin hallar descanso Cruz Novillo, pensando, he recordado las-preguntas-sobre-las-preguntas del libro de Edmon Jabès.    Hastío en el hastío del mundo, quedará un nuevo mundo a elaborar.   Sucesos visuales, sin cese traza Cruz Novillo propuestas que nos derivan vertiginosas hacia los límites.  Unos límites que expande, tal si no temblase el mañana, un espacio devenido fantástico, sin fin, pues supone la imposibilidad de concluir la visión, la sensación abrumadora de que nada quedó fijado y que todo está por ver.   Vivirá su música, una eternidad.   Como una tensión que se meciera hacia lo inabarcable del reino de las posibilidades, emblema son sus “Diafragmas dodecafónicos”, tal el “Diafragma dodecafónico 8.916.100.448.256, opus 14”.

Como en un monólogo interior, una máscara fulgurante que sirviera para marcar el paso de las horas, no desdeña viajar entre las imágenes, las representativas, en muchos casos son imágenes de la historia de la pintura, sus admiraciones, fijaciones o bien imágenes poderosas, algunas de ellas destiladas desde el cine.    De memoria cito a Van der Weyden, Zurbarán, Courbet o las propuestas de Malevitch, estas con frecuencia imbricadas en su filiación elogiadora del cuadrado.   Tal revelando parte de la trama, la inteligencia de Cruz Novillo consiste en erigir, sobre esas estructuras de sentido, mundos irreales y complejos.    Tembloroso detalle de territorio planetario, otrora, los fragmentos misteriosos de sus primeras esculturas[5].   Suenan a silencio.  Un universo gozosamente desbordante, abstracto, sin límites, tentador de una música (para ver, música, para escuchar) que es también hipnótico sonido de lo imposible e infinito.  Sumido con frecuencia en el delicado vértigo de la variación, que se erige como símbolo del pensar.  Paradojal otrora, su melodía sucede en cascada y queda hermanado en la estampida de preguntas que formulara su calmo amigo Marcel pues antes que explicar, expande y disuelve las relaciones, disgrega el sentido.   Entre la reflexión sobre las formas o el color, la interrogación en torno al espacio e, incluso, su puesta en cuestión, eleva nuestro artista intensas reflexiones conceptuales que veo no tanto tal una elección como la declaración de su propia estupefacción.   No servirán los símbolos ya establecidos en el mundo: hay otras leyes.  Y otras regiones.   Pensemos.   Soñemos.

Nuestro artista, quien no en vano participó en un complejo proyecto expositivo bajo el título “El trabajo de lo visible” (2014)[6], acomete el proceso (el anhelo) de resolver una idea en tanto es deconstruida tras realizar el análisis de un extensísimo capítulo de lo que podríamos llamar el campo de sus posibilidades. Deriva imaginante, una búsqueda  realizada allende la razón, es Cruz Novillo otro imaginativo introvertido[7], creador que nos invita a la desrealización de las apariencias en aras a la construcción de su otro mundo, siendo capaz de revelarnos el proceso que acontece y las derivas que pudieron trazarse en el camino, ora revelación ora deconstrucción, quizás variación.  Pareciere Cruz Novillo no cejar en la infatigada búsqueda de la idea que, hasta en el título de este proyecto expositivo, en su lenguaje, logra ese aire de verbalizar el ritmo de una imagen: “cro-no-cro-mo-fó-ni-cas”.    Cro-cro, no-mo-no-mo, crono-cromo-fono, tal un poema verbal, poesía sonora enfatizada que evoca la luminaria del caligrama:  pinto para exaltaros, parece cantar Cruz Novillo remedando la ebriedad de monsieur Apollinaire-de-la-guerra[8].    Y, en tanto sucede la búsqueda y despliegue de las ideas, en su avance en la penumbra, en su tentativa multidireccional, queda el camino poblado por rescoldos, tal un interregno aesthetico, sensación y percepción, un espacio crecido sin esquivar el ludus, creación que se eleva entre el goce del riesgo y, desde el conocimiento, la extensión del placentero juego (en el sentido serio del término).  Sin por ello descartar el ofrecimiento de la trascendencia ante la constitución de ese nuevo mundo, que es dado al contemplador a compartir.   Pintura en trance de ser revelada pero que no desdeña el aire hermético, portando títulos que parecen invocar algo que no estuviera al alcance de la visión y encontrado así su quehacer con lo desconocido misterioso, que hubiere crecido como una epifanía, tentando revelar formas que vagaron por el mundo, surgiendo nuevas otras formas, recordando aquello de los acordes potentes y extraños que serán habitados por quien los contempla, así transmutado el contemplador, en un trance, en conciencia resonante del artista.

Claro, escribiendo este texto pensé en el mundo de las correspondencias musicales de Baudelaire, en “Les fleurs du mal” (1857).  O en Klee y su constante investigación de las estructuras del lenguaje musical, Klee ese país fértil que dijera Boulez[9].   Y tantos otros, Ellsworth Kelly pienso ahora.  En fin, llegó a mi recuerdo una nota de un “Cuaderno” palazuelino: “es bajo la progresión rítmica del tiempo como nacen las formas”[10]y pienso en tantos encuentros con la música.   Desde luego, la tentativa de aquel por abordar la “Sonorité Jaune” de Kandinsky, circa 1953, de quien escribe, casi con un murmullo revelador de arcanos, que: “al visitar su casa pude ver que su biblioteca contenía obras de teosofía y otras obras sobre la correspondencia de los colores con los sonidos”[11].

La energía y el número presiden los destinos del Cosmos, recuerdo decía Claude Esteban.    En la intersección del tiempo, encontrado con el espacio de las pinturas de Cruz Novillo, surgen bandas de color, espectros o diafragmas, elementos circulares o elípticos que parecen portar su condición ocular.   Y la citada aplicación de títulos con aire objetivo refiere una complejidad que pareciere calma su piel sensible.  Preguntas sobre las dimensiones del espacio, en torno a los pliegues o los elementos constructivos. Verdadera realidad, una vez transformada deviene una poética perceptiva, un fulgor, un estado de consciencia.     La forma activa el espacio, dejando la marca de la experiencia y los sueños.    Indagación sobre el vacío, dibujo en el espacio, preguntas ensimismadas lanzadas, incesantes, a dicho espacio.  Resonantes las preguntas que traza en sus pinturas, evocando a erratum Marcel[12].

Si, nuestro artista crea planteando interrogaciones esperando, semejare, que las imágenes fueren reclamadas por otra imaginación, preguntas sobre la representación o sobre la vana verdad, si no concibiendo con aparente sencillez elementos que son conducidos hasta los límites.

Tienta conocer Cruz Novillo, algo de lo desconocido que hay en él.

 

 

[ EPÍLOGO EN MALINCONIA

Pintor nacido mirando, así crecieron sus primeros paisajes frente a la naturaleza.   Recuerdo a Gerardo Rueda invitándome, con entusiasmo, a visitar una nueva exposición de Cruz Novillo, en aquella ocasión en la galería de Anselmo Álvarez, en Madrid, era 1995.   Mi impresión al ver con Rueda aquellas pinturas, contemplarlas más bien[13], era encontrarme ante un misterioso espacio hipnótico no exento de pathos, eran pinturas intensas pero podría ser también la contemplación que se alcanza frente a las aguas y el horizonte, por qué no, la escucha de los arcanos encerrados en una música.

Claro, ya entonces percibía estaba no solamente frente a un pintor o escultor, sino encontrándome con la complejidad de un artista inquieto, al que le valdría como título otro leído a un conquense: “Pensando en Cruz Novillo”.    Esto me sirve para recordar la proximidad de su obra a otros artistas surgidos en la desolación de esa ciudad entre las rocas, Cuenca.  Refiero personalidades inasibles tal otros conquenses, Torner es buen ejemplo, en proximidad a Cruz Novillo.   Artistas que califico de entrópicos, en el sentido que estableciera Arnheim y que hemos explicado en otras ocasiones[14].   Creadores complejos que, aun defensores del trabajo en el estudio, su irradiación se ha expandido en torno al mundo de las artes visuales.  Pudiendo confirmar que el estilo de Cruz Novillo, un estilo de pensar, es también un estilo claro, sutil, agudo, elíptico, atrevido, sensual y extraordinariamente inteligente. Una vez reconocido resulta inconfundible[15].

Es creador elogiador de la insistencia de las formas, en muchas ocasiones de engañoso aire modular, semejando emerger en el silencio.   Estructuras como modelos, silencios de herencia minimalista, mas también como centros de energía, arribando a lo complejo a través del aspecto que porta lo sencillo de apariencia.    Elogiador, Cruz Novillo, de Alberto Caeiro[16] ¿mas por qué no referir el silencio?.   Un silencio en el sentido de transitar un camino propio y distinguido.  Silencio por cierto, frecuentado en el arte de nuestro tiempo, si pensamos en los citados Malévich, Duchamp o Klein, añadiendo a esta breve y caprichosa lista al inefable Cage.  Silencio elogiado por Bataille: la palabra más poética y perversa[17].  Silencio de un tiempo artístico frecuentador de las exposiciones vacías[18].  Mudez en un país, el nuestro, acostumbrado a la alharaca del texto grupal, la era de los manifiestos para Arthur Danto[19], y al elogio de las sempiternas cuestiones raciales que han pervivido en nuestra modernidad en torno al debate, inútil, del sentido del ser español.  Entre tanto ruido, este artista de estirpe bauhausiana, el deseo de poblar la vida con belleza, pronunciará algunas palabras poco oídas en el repertorio transitado, a veces de exactitud gélida, por artistas constructivos: esperanza de la belleza, es una de ellas, voz temida pareciere que exhalada como contrapunto necesario de la exaltación del orden que tiembla en el universo ].

 

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[1] PIGLIA, Ricardo.  Los diarios de Emilio Renzi.   Años de formación.  Barcelona: Anagrama, 2015, p. 301.

[2] DE LA TORRE, Alfonso. Pablo Palazuelo.  Inextinguible llama.  Poemas (Antología).  Madrid: Ediciones del Umbral, 2015-2016.  “Después de la noche, al alba, lentamente, los ángulos se modificaron. Entonces, avancé por la penumbra, en múltiples direcciones. Allí donde la forma declina como sol poniente al occidente de la materia (…)”. PALAZUELO, Pablo. Jardin (1961).  París: “Chroniques de l’Art Vivant, nº 10, Editions Maeght, 1970. 

[3] KLEE, Paul.  Diarios 1898/1918. Editados y prologados por Felix Klee.  México: Biblioteca Era-Serie Mayor, 1970, p. 449.

[4] Ibíd. p. 436

[5] Me refiero a las obras llamadas “Fragmento de primera escultura”, de 1986-1987.

[6] DE LA TORRE, Alfonso.  El trabajo (y el anhelo) de lo visible.  Madrid-Caracas: Galería Odalys, 2014-2015.

[7]  THARRATS, Juan José. Artistas de hoy.  Pablo Palazuelo, Barcelona: “Revista”, XII/1958.

[8] APOLLINAIRE, Guillaume.  Calligrammes.  Poèmes de la paix et de la guerre (1913-1916).  Paris: Gallimard, 1925. “J’écris seulement pour vous exalter” (p. 11).

[9] BOULEZ, Pierre (Paule Thévenin).  Le pays fertile. Paul Klee.  París : Editions Gallimard, 1989

[10] Luc Benoist, anotado por Pablo Palazuelo en su “Cuaderno de Paris” (1953).  Lo hemos citado en un texto que refiere el encuentro de Kelly y Palazuelo: DE LA TORRE, Alfonso.  Pablo Palazuelo.  La oración silenciosa.  Fuenlabrada: CEART, 2013.

[11] PALAZUELO, Pablo-POWER, Kevin. Geometría y visión.  Granada: Diputación de Granada, p. 17.

[12] Marcel Duchamp compuso en 1913 dos piezas musicales: Erratum Musical y La Mariée mise à nu par ses célibataires même./Erratum Musical.  Tentativa de aprehender las cualidades musicales a través de lo sensible, casi música conceptual.

[13] Hay imágenes de esa exposición evocada en esta publicación.

[14] El sentido de “entropía”, figurado, que utilizamos, refiere ese permanente mirar hacia dentro como signo de su quehacer confluyendo en su obra un mundo complejo en donde hallamos la citada complejidad junto al equilibrio, orden y complejidad, obteniendo de dicho difícil encuentro, su singular orden creativo.  Término que nos ha sido caro, remitimos con frecuencia a la revisión conceptual de ARNHEIM, Rudolf. Entropy and art: and essay on disorder and order (1971), en él refiere cómo, revisando la complejidad de lo real, puede destilarse una armonía otra.

[15] ZÓBEL, Fernando.   Pensando en Gustavo TornerEn “Torner”.  Madrid: Ediciones Rayuela, Colección Poliedro, 1978, pp. 3-6.

[16] Me estoy refiriendo a su Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, “Diseño de un discurso”, RABBAA San Fernando, Madrid, 2009, cuyo prólogo era un poema del heterónimo de Pessoa citado.

[17] BATAILLE, Georges. La experiencia interior.  Madrid: Taurus, 1972, p. 29.

[18] Centre Pompidou, Vides-Une retrospective-Art & Language, Robert Barry, Stanley Brouwn, Maria Eichhorn, Bethan Huws, Robert Irwin, Yves Klein, Roman Ondák, Laurie Parsons, Paris, 25 Febrero-23 Marzo 2009.

[19] DANTO, Arthur C. Tres décadas después del fin del arte.  En “Después del fin del arte”.  Barcelona: Paidós Estética, 2010, pp. 49-71.  “La cuestión de la era de los manifiestos es que introdujo la filosofía en el corazón de la producción artística.  Aceptar el arte como arte significó aceptar la filosofía que lo legitimó, y esa filosofía consistió en un tipo de definición especulativa de la verdad del arte, a la manera de una relectura tergiversada de la historia del arte, como una historia del descubrimiento de su verdad filosófica (…) la verdad profunda del presente histórico, me parece, se vincula con el fin de la era de los manifiestos; porque la premisa subyacente en los manifiestos del arte es filosóficamente indefendible (…)”.  Ibíd.  pp. 60-65.