EDUARDO BARCO-CALLAR HABLAR DESTRUIR CONSTRUIR

EDUARDO BARCO-CALLAR HABLAR DESTRUIR CONSTRUIR

Texto publicado en el catálogo
EDUARDO BARCO. CALLAR HABLAR DESTRUIR
Madrid, 2017: Tasman Projects, 04/II/2017-15/III/2017

 

EDUARDO BARCO: CALLAR HABLAR DESTRUIR CONSTRUIR.
ALFONSO DE LA TORRE

 

Ahora hablar.

Artista en permanente pregunta sobre el espacio, tiene algo Eduardo Barco (Ciudad Real, 1970) de creador inquieto, infatigado revisitador de las vanguardias abstractas, tal un contemporáneo paseante -distanciado e insistente- entre la historia del arte, a través de las citadas vanguardias a las que, más que rendir culto, plantea transitar bajo una óptica analítica de aire distraído, jamás exento de temblorosa emoción.    Es la suya una cierta deriva geométrica que tienta desde nuevas formas de mirar, deriva devenida pareciere, en ocasiones, auténtica embriaguez. Sí, una sed en tal obsesiva búsqueda que me ha recordado el lache / j’ai soif, / je veux / ce regne de Pablo Palazuelo[1], pintando en la noche de Saint-Jacques, sur noir, cegado por los vitrales vecinos de Saint-Séverin.  Idéntico mirar hasta la extenuación en tenaz análisis de las formas, incesante trabajo a la búsqueda del reino evocador, le dije, de aquello escrito por otra incansable geómetra del siglo veinte: ir, venir, volver a ir[2].

En cierta medida, la voz errante de la linealista Loló Soldevilla tenía equivalencias con el título de esta exposición de Barco, portador de un cierto estrambote infinitivo del verbo, concatenación hecha línea de palabras: construir destruir hablar callar, así, incesante, sin puntuación. O su revés de nuestro título, callar hablar destruir construir.  Par este último, construcción-destrucción, que ha sido un encuentro clásico ya en el informalismo[3]y que debe leerse, antes que como proclama nihilista, como una suerte de matriz generadora de las formas, de nuevo: ir, venir, volver a ir.

Pues también es la palabra otro de los silenciosos objetos de reflexión de nuestro artista, mientras va y viene, se desplaza con aire de distracción entre el ruido del mundo, absorto, embargado con las formas. Artista conmovido, es Barco verdadero soñador y defensor de la letargia de las líneas sobre las que ha reflexionado, con hondura e ironía, llegando a escribirlo en sus hermosos “Pensamientos lineales” (2015)[4], bellas letras donde se encuentran líneas y palabras, los citados pensamientos, a los que veo un cierto aire de linealismo surreal que podría haber suscrito el recordado “dejar hablar a las líneas”[5]. Contemplando sus trabajos he pensado en las hojas de ruta[6] de Cendrars, viajando entre sus líneas hacia Utopialand.

Todo empapado de un manto solitario, es Eduardo Barco otro caballero de la soledad[7] trabajando en un hermoso estudio, escondido en un dédalo callejero con aire de barrio de los pasajes, no lejos de donde hiciera sus primeras construcciones el silencioso Gerardo Rueda, allá por los cincuenta.   En el Impasse Ronsin pensé también, atravesando el hondo pasaje que conduce a su taller, sombras y vegetal, donde se encierra con gozo entre sus formas solo, como Brancusi.  Leía a Piglia estos días y subrayé esta frase que me recordó a nuestro artista: “es uno de esos hombres que con obstinada voluntad sigue adelante con su obra a pesar de todo, como si no pudiera hacer otra cosa (….) sólo le importa encontrar un interlocutor para su obra secreta”[8].

Creador que podría integrarse en la cofradía de los quietos, escribí en cierta ocasión que entre sus padres pictóricos podría estar José Victoriano González, Juan Gris, quien escribiera sobre una nueva forma de ver el mundo.

Y pienso ahora, mencionando la continua inquietud de Barco, hacer un giro a la frase de Gris, siendo poseedor nuestro artista de un espíritu capaz de torcer alguna que otra recta, preciso mas también indagador, declarado buscador de los accidentes de la pintura.

Pintor con aire de pintar no teniendo nada que perder, es Barco fabricante de sueños, con frecuencia elevados elogiando lo mínimo en el espacio. Utilizando materias o elementos de aire esencial u olvidados a un lado del camino creativo, es su voz de artista delgada y medida, expresándose en un verbo bisbiseante pero extraordinariamente eficaz que es capaz de generar un espacio bullente de actividad.     Navegante en dicho espacio, esquivando relatos conocidos, aquella cadencia silenciosa no le impide que le esté reservada la posibilidad de vislumbrar, mercurial, el mundo de las formas. Y, nuevo volver, ejercer un permanente arte de la reserva, pues es Barco poeta de las formas que parece tanto estudiar con aire analítico, como desplazarse entre ellas, planteando una cierta letargia de los encantamientos.   Poseedor de dominio y destreza que le permitirán trazar líneas, planos, círculos o aplicar colores que son extendidos con frecuencia con un aire de fluido, disueltos, como una marea que arriba, va y viene entre los confines de las líneas[9], acariciando leve el color la rada donde navegan círculos o formas diversas, tal un viaje al acecho de las formas, un sacral noli me tangere.      Así sucede en sus obras sobre papel, donde Barco se desplaza concentrado, capaz de reunir ciclos dibujísticos que pueden evocar cierta estirpe cubista u, otrora, formas surreales o misterios kleeianos o, quizás, disfrutar en el ejercicio de un mínimo dibujo, levedad del ser, que le desplaza hacia la nada, tentando los límites del total desvanecimiento.

O en sus construcciones escultóricas, con frecuencia lígneas, reunir elementos que se encuentran mediante la técnica del collage siendo así el suyo un cierto arte del ensamblaje, schwittersiano a veces, otrora palazuelino cuando aborde la elevación de formas de aire plegado o bien ángulos torsionados, Barco me acaba recordando aquella mítica exposición del MoMA, -años sesenta[10], el arte del assemblage-, donde su obra hubiese encajado plenamente.   Herencia ya citada de los viejos cubistas, aire panbrasileiro le veo a veces, le recordaba estos días escribiendo sobre las imágenes y proposiciones de Lygia Clark.

Tienta EB con frecuencia el uso de medios mínimos, mínimos medios-máxima potencia, -aquí citas a admirados, Josef Albers, Alexander Calder o Ellsworth Kelly-, mediante un gozoso ejercicio de la liviandad que llama siempre a un sentido emocionado de la experiencia estética: así arriba Barco al elogio de lo aparentemente sencillo, empero procediendo de una ardua elaboración, esa emotividad sometida a una extraña intensidad que cuestiona el color, las formas y, en definitiva, indaga en rincones pareciere perdidos de la percepción y la memoria, semejase también preguntando en torno a la capacidad para ver. Pues muchas de sus obras, a través de pequeñas menciones, parecen subrayar o modificar el espacio, a la par que El Interlocutor es invitado a compartir esa singular experiencia estética que, además de referir el espacio, introduce otros elementos como la temporalidad, mediante la percepción de los leves cambios que se anotan en él.   De tal modo, en tal huida de lo grandilocuente, EB parece sentenciar cómo un lugar mínimo del espacio puede concentrar el mundo.

Sensible y riguroso es indagador, le dije hace tiempo, del trabajo de lo visible[11]. Un artista resistente que propone un quehacer en obsesiva búsqueda, tal se ve en sus series, como la “42” o el conjunto de hermosos pequeños dibujos expuestos en “Tasman Projects”, que revelan esa investigación sobre el espacio pictórico no exenta de una mirada melancólica e irónica, paradojal también, inclusive sobre el propio acto de ver, mirada que es capaz de llevar desde el rigor, la máxima intensidad, hasta la temblorosa suspensión de la nada, su puesta en cuestión.     Puede su arte ser elevado en la alba pureza del papel, mas también desde la maraña de la derrota y así elevarse, fértil, el trazo de la tinta o el grafito entre el borrado, desde lo que estuvo y es, tal si presintiéramos el escalofrío del surgimiento de unas formas potentes y extrañas[12]. Ya se dijo, fluctúan en ocasiones sus formas, tal el agua y atmósfera, entre lo compacto y lo fluido recordando la misteriosa afirmación de Klee: “ciertas cosas pueden pasar bajo nuestros pies, existen regiones donde otras leyes son en vigor, para las que sería preciso encontrar nuevos símbolos (…) el reino intermedio de la atmósfera donde su hermano más pesado, el agua, nos da la mano y se entremezcla para que podamos llegar, acto seguido, al gran espacio cósmico”[13]. A veces sus creaciones tientan los propios límites y EB refiere también lo escaso del país rectilíneo como un lugar donde habitar y propone más bien, la huida de la rectilinealidad y las restricciones de la bidimensión.

Otrora, como en la compleja citada “Serie 42” (2013), EB revela su querencia por una cierta música serialista, la reiteración de formatos rectangulares, encontrados horizontal y verticalmente, que luego quedan titulados con pares de letras, como exigiendo al contemplador la máxima concentración en los hechos que suceden en la pintura antes que ser desviado por la música artera de las sugerencias titulares. Pinturas que parecen reflejar una cierta malinconia de sus hermanos-los-dibujos-de-libreta, si seguimos las palabras de Barco, aunque de su realización se desprenda la importancia de los materiales utilizados, deviniendo, en sus palabras “habitantes de ese lugar real”[14].

Habitación y nomadismo son dos términos esenciales en el hacer de EB, pues es la suya una errancia construida desde el intento de fijar una cierta desposesión resonante. Ello no le impide pasear entre formas y líneas, reservado a veces, con aire distraído otrora, vagar creando y desplazándose acto seguido, tal si soltara pistas del errar en el camino que le conducirá a su utopialand.   Capaz de revisitar, ya se dijo al comienzo, la historia de la pintura, a la par que referir de inmediato el choque de ésta con sus propuestas.     Buscador de la perfección de lo inacabado, de la elevación de misteriosos símbolos, de la expansión de las formas al pintar, como su admirado Blinky Palermo, EB es artista que explora sin fatiga mientras piensa.   Reflexiona, claro, también sobre el tiempo, pues parece su obra un permanente referir el clásico ars longa vita brevis est, su mirada refiere lo frágil y lo fugaz. Aquello que, como agua, se nos escapa entre los dedos.

He recordado a Huysmans citando a Whistler[15]: Eduardo Barco es un artista extralúcido.   Artista en extremo exigente con su búsqueda es creador extralúcido e inquieto, capaz de hacer compatible orden y vibración: pintor, dibujante, constructor de formas en el espacio, explorador de la visión y obsesivo demiurgo de imágenes nuevamente creadas. Sí, las imágenes suponen para EB no tanto un objetivo conseguido como nueva ocasión de seguir, sin cansancio, elevando en el aire las preguntas en torno al fuego que le consume.

 

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N O T A S   A L     T E X T O

[1] PALAZUELO, Pablo. Pablo Palazuelo. Inextinguible llama. Poemas (Antología de Alfonso de la Torre). Madrid: Ediciones del Umbral-Colección Invisible, nº 1, 2015-2016, p. 13. El término “sed”, metafóricamente, será también utilizado por Barco en sus “Pensamientos lineales”, que luego referiremos.

[2] SOLDEVILLA, Loló. Ir, venir, volver a ir: crónicas (1952-1957). La Habana: Editorial R(evolución), 1963.

[3] MILLARES, Manolo. Destrucción-construcción en mi pintura. Madrid: “Acento Cultural”, nºs 12-13, 1961

[4] BARCO, Eduardo. Pensamientos lineales. Ciudad Real: Colección Ojo de pez-Diputación Provincial, nº 88, 2015.

[5] ESTEBAN, Claude-PALAZUELO, Pablo. Palazuelo. Paris: Éditions Maeght, 1980. Versión castellano de “Ediciones 62”, Barcelona, p. 141.

[6] CENDRARS, Blaise. Feuilles de route. Paris: Au Sans Pareil, 1924.

[7] DE LA TORRE, Alfonso. Pablo Palazuelo: el caballero de la soledad. Madrid: Galería Fernández Braso, 2016. El término le corresponde a: FAVRE, Louis-Paul. Palazuelo. Chevalier de la solitude. Paris : “Combat-Le journal de Paris”, nº 3327, 14/III/1955, p. 7.

[8] PIGLIA, Ricardo. Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices. Barcelona: Editorial Anagrama, 2016, p. 245.

[9] “Cada individuo insiste en sus motivos. Invariablemente yo trabajo con la LÍNEA. Un concepto lleno de conceptos que sigo completando (…) porque relaciono línea con lo básico, con lo mínimo y con lo máximo. Porque quiero contarlo, leerlo todo en una línea, o en dos líneas breves. (…) Porque la línea es ubicua, está en todo pero afortunadamente no lo es todo. No es suficiente. (…)”. BARCO, Eduardo. Pensamientos lineales. Op. cit.

[10] The Museum of Modern Art, The Art of Assemblage, New York, 2 Octubre-12 Noviembre 1961, itinerante a The Dallas Museum for Contemporary Arts, 9 Enero-11 Febrero 1962 y San Francisco Museum of Art, 3 Marzo-15 Abril 1962

[11] Me refiero a su inclusión en la exposición: Galería Odalys, El trabajo de lo visible, Madrid, 20 Noviembre 2014-17 Enero 2015.   Sobre EB escribí que “Una de las claves de su poética está basada en la realización de obras mediante un colorido de apariencia velado, con algo del orgullo kleeiano del soy pintor, frecuentador algún tiempo la lona humildísima dejando ver sus costuras incorporadas, como un elemento más, a la particular geografía pictórica ortogonal del artista.   Este pintor antiguo demuestra con sus pinturas, (…) la creencia -no exenta de riesgo- frente al nuevo mundo artístico habitualmente descreído del uso de los soportes tradicionales, en la posibilidad de decir -más difícil- cosas nuevas desde conceptos de apariencia tradicional.   Obtiene de ello pinturas icónicas en las que hay que destacar la presencia de una silente voz propia de indudable matiz personal”. TORRE, Alfonso de la. El trabajo (y anhelo) de lo visible. En cat. Exp. (Ibíd).

[12] En carta de Pablo Palazuelo a Eduardo Chillida. Paris, finales de diciembre de 1951.   “(…)  Trabajo (…), sobre todo dibujos, pues preveo un gran cambio, necesito entrar más profundamente, una emoción mucho más intensa y pura, y hay momentos que tengo como fiebre y escalofríos al presentirlo.  Por ahora no llego, pero la cosa está ahí, estoy seguro, si no, no lo sentiría como lo siento”.   Cortesía de la Fundación Pablo Palazuelo.

[13] KLEE, Paul. Cours du Bauhaus-Weimar 1921-1922. Contributions à la théorie de la forme picturale. Paris: Éditions des Musées de Strasbourg-Editions Hazan, 2004.   “Cours V” 30/I/1922, nota 64, en la edición citada, en p. 96.   La traducción es nuestra. Klee subraya los términos “atmósfera” y “agua”.

[14] BARCO, Eduardo. Serie 42. Madrid: 2013. En archivo del artista.

[15] HUYSMANS, Joris-Karl. El Arte Moderno. Algunos. Madrid: Tecnos, 2016, p. 178.