FRANÇOIS BUCHER-CONSTRUYENDO RELATOS

FRANÇOIS BUCHER-CONSTRUYENDO RELATOS

Texto publicado en el catálogo
NUEVAS IMÁGENES-NEW IMAGES
Madrid, 2017: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 112-121
[Intervenciones de Alfredo Alcaín, François Bucher, Joan Fontcuberta, Miki Leal, Guillermo Pérez Villalta, Rosa Torres, en el contexto de ARCOmadrid 2017. En colaboración con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid].

 

FRANÇOIS BUCHER: CONSTRUYENDO RELATOS

 

Todo el campo objetivo del sueño (…)

Pedro Astete, “El sueño de Masma”

 

Conocí la obra de François Bucher (Cali, 1972) en el encuentro con una de sus obras, compleja y misteriosa: “The Second and a Half Dimension – An Expedition to The Photographic Plateau-La Segunda y Media Dimensión-Una Expedición a La Meseta Fotográfica” (2010)[1], obra planteada tal un avance en múltiples direcciones, compuesta por un conjunto de propuestas que, a modo de una enigmática narración visual, se abastecía no sólo de imágenes (quietas o no) sino, también, de un amplio repertorio que podría calificarse de objetual y ritual, casi más sensible que “visual”, emocional y temblorosamente concentrado, a veces mencionando lo esotérico, encontrándose el libro con el cómic, la copia con lo original, sin desdeñar la carta y la filmación, presente o pasado, imagen quieta o en movimiento, lo real y lo, casi, legendario[2]. Mundo en donde realidad y ficción, construcción del pasado y la vana veritas, viajaban entrelazados.   Así, melancolía, historia, reconstrucción, preguntas sobre lo real y recopilación del rastro que fueron otras vidas, todo ello parecería tentarse en el quehacer de Bucher, añadido un fuerte componente imaginativo en pos, pareciere, del descubrimiento (tal sugería aquel título) de otras dimensiones de la realidad. Desplazamiento y serendipia, trayecto desde la mención al espacio cerrado del lector al abierto de lo inefable natural. Somos las antenas del tiempo, sentencia Ruzo, y su heterónimo Bucher preguntaba, antes que ofrecer certezas vanas, sobre la realidad del mundo y la posible reconstrucción de un espacio y tiempo otros, a la búsqueda de lo que este artista ha llamado hiperdimensión, una suerte de viaje de la consciencia quedando atrapado el creador y, claro está, el contemplador, en laberintos tras los que se abrirían nuevas sendas, en ocasiones sin salida. No tendría por qué haberla.

Un dilatado relato elogiador de sueños y visiones, también un fértil pensamiento en incierto equilibrio, destilador de esos numerosos callejones sin salida. Interregno donde se produce la experiencia artística, parecería deudor su quehacer de un cierto aire surreal, atrapadas desde tiempo inmemorial están las preguntas sobre qué cosa sean las imágenes y cuál sea nuestra relación con ellas. Quién sabe.

“Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres” (2016)[3], sentencia titulando Bucher una de sus series con aire, en su composición en la que se superponen las imágenes, de la refulgente semana de bondad de Ernst o las fotografías no-objetivas del mundo surreal.   Una suerte de espacios en suspensión que, empero, no están exentos de tensión donde se confunde, como en los collages de Max Ernst, imagen real o ficción, más bien trascendido lo real, imaginarios reales donde concebir otros.     La cita anterior nos permite mencionar a Borges y su inmemorial “El Aleph”, claro. Y tal alusión, no extendiéndonos, comprender mejor el quehacer de nuestro artista, indagador de espacios de reflexión, oh dicha del pensar, con una cierta promiscuidad de las técnicas artísticas que parecerían referir tanto el tiempo como el espacio, dos de los asuntos capitales que han ocupado la historia del arte. Artista entonces más bien multidimensional, a la búsqueda de la raíz de la raíz[4], ha reflexionado en torno al límite de las palabras y las cosas, el espacio virtual o lo real, surgiendo su obra no tanto de un planteamiento formal como de la idea, abordando acercamientos tentativos a la realidad y revelando cómo esta, al aproximarnos, queda disuelta en el camino de dicha reflexión. Es Bucher amante de lo paradójico, de los juegos de la representación, de una cierta destrucción de los conceptos transitados que transforma en las(sus) metáforas que puedan permitir comprender el mundo. Artista habituado a lo que podríamos llamar la representación de situaciones, Bucher relata cómo conoce bien las dudas que entraña representar lo real y lo mucho que tiene de convención. Las preguntas de Hamlet y Gertrudis que gustamos citar: “no ves nada ahí”, y la respuesta de esta: “No, nada de nada, aunque veo todo lo que hay”. ¿Artista?, en realidad yo quiero ser un anartista, sentenciaba Duchamp a Pierre Cabanne y, como aquel, Bucher descarta transitar los caminos andados, eligiendo más bien el desplazamiento interior, trazar nuevos viajes mentales en un arte que propone una cierta contención, relatando situaciones de nuestro complejo mundo, revelando así el acceso a un nuevo espacio lleno de interrogaciones. Incansado buscador, aire de jeroglífico, cuestionamiento y meditación en torno al enigma de las imágenes, Bucher refiere la posibilidad de una cierta transfiguración del espacio (la citada pluridimensión) pareciendo que, una vez sometidas a una cierta desubicación, desmaterializadas las formas, sucederá que emergerán otras nuevas.

El trabajo de Bucher viaja entre lo ficticio y lo no ficticio a la búsqueda de un sentido oculto de la realidad, dulce disfrute de la confusión entre la narración de certezas y lo que parece desvanecerse, así, disolviéndose las fronteras. La realidad deviene en otro plano, semejare también referir nuestro artista la sobreabundancia de imágenes del mundo y la conmoción resultante de su aislamiento una vez queden derivadas hacia su discurso de artista. Claro, no es extraño que, una vez más, aquí deba citarse, aunque sólo sea otra energética ocasión, la voz “Duchamp”, que parece también recordada por Bucher en su “Ready Mades with a fold” (2005-2009), que ilustra estas páginas. Mundo también en el que pasean las letras, mensajes y subtítulos, a veces en gozoso escapismo de la écfrasis.  Al cabo, no es este exactamente un arte de explicaciones o tangibilidades sino, más bien, elogiador de un suspendido misterio, de unos ciertos jeroglíficos surgiendo entre otro laberinto, el de la supuesta conformación de lo real.   Reside su trabajo en la realidad en suspensión, su carácter inaprehensible y efímero, para lo cual aborda una estética experiencial mediante elementos procedentes de búsquedas científicas, históricas, literarias, poéticas, visuales o bien del noticiario de actualidad y el exceso de imágenes[5]. Retórico, por tanto, de la exploración, sus preguntas son abordadas tal instalaciones en las que indaga sobre asuntos que es frecuente puedan escapar a la mirada habitual.   Viaje hacia lo ilimitado, semeja ser la tentativa de este artista un arte pleno de preguntas antes que fatua exposición de certezas, mundo agitado de ideas que a fuer de expuesto deviene un territorio enmudecido, silencioso, sutil indagador de nuevos sentidos que favorezcan el encuentro.   Al cabo, desplazado entre exteriorización e interioridad, Bucher parece entender que sólo el cuestionamiento de lo visible será lo que nos permita avanzar tras los enigmas y, de este modo, su interrogación es tan radical como clásica: ¿qué son las apariencias?. Mas, también, ¿qué es la realidad?.   Deambulando en los límites de lo real, desvelando pequeños micro-fenómenos, paseando entre las imágenes a veces pareciere heridas, tal sucede en obras como “Spiritual Still” (2005), agitado en las fronteras de lo visible, es fundamental el uso que hace de estas imágenes (¿nuevas imágenes?) a las que parece otorgar un componente casi sacral. El misterio de las imágenes.

Citas sobre las citas, imágenes sobre las imágenes, duda embargada por la duda, viendo su trabajo acabo pensando que todas las obras de Bucher se interrelacionan hasta componer un corpus, de tal modo que pareciere asistimos al acontecimiento de una vida de artista compuesta por numerosos relatos, significados y encuentros, inclusive citas sobre su propio quehacer que, aun pudiendo existir de modo independiente, plantean una obra total, su personal e interdimensional Gesamtkunstwerk, tal un intento romántico de tratar, como aquel emperador que citara Borges, cerner el mundo.   Capaz inclusive de narrar los conflictos del mundo desde una visión que entra y sale de ellos, desplazando sus narraciones hacia lugares habitados por una temblorosa consciencia[6]. Realidad tal Narciso: el mundo es el espejo en el que vemos las sombras de lo que consideramos leer, tal nuestra temblorosa luminaria “Logos” invertida, legible en el espejo del agua[7].

Diálogo universal, prodigioso, que el artista emprende con el cosmos, intenso y enérgico, el trabajo de Bucher se ha caracterizado por un cierto indagar en la búsqueda de otro plano de la realidad humana, hermético o explícito, pareciendo otrora escapar inclusive a sus propias tentativas[8], ensayar un lenguaje nuevo, lengua otra extendida hacia nuevas posibilidades de la visión, que permitiera tentar los enigmas del universo[9]. Comprendemos a Bucher según vamos asistiendo a sus narraciones, a la par que transcendiéndolas, en un proceso que tiene algo de inconcluso, pues algunas de sus obras se comprenden mejor si se ven otras, tal un proceso sin fin, emblema de la elevación de un lugar poblado por el tremor de lo poético donde la imaginación parece devenir una suerte de contenedor de energía. Un repertorio de historias misteriosas.

 

 

[ Nota epilogar: Tuve un sueño. Una vez escrito este texto.   Desperté y alguien lo había escrito. Sí, a la manera de Borges. Era su título “Escaparada en Logos”.   Conste ]

 

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[1] François Bucher lo presentó en la 55ª Bienal de Venecia siendo seleccionada en 2014 por la Fundación ARCO.   Ilustra nuestra publicación una vista de su exposición en la Haus Der Kulturen der Welt, Berlín.

[2] Tras el argumento de los hallazgos en la fotografía y su negativo, del archivo de Daniel Ruzo en Lima.

[3] Se reproduce en esta publicación.

[4] “La Raíz de la Raíz (Todo pueblo tiene su historia)” (2008).

[5] Quizás uno de los ejemplos de ese aire pluridimensional de sus propuestas sea: “La duración del presente. Notas sobre la frecuencia”. (2012-2013).

[6] “(…) no hay nada más político que entender los conflictos que vivimos hoy en día dentro de una esfera más amplia que la de lo político/social/anecdótico como una cuestión que tiene que ver con la civilización entera, con sus mutaciones de un nivel de consciencia a otro. Al tiempo que se recorre el camino al que le apuntamos en la exposición, que lleva de una tierra plana a una consciencia holográfica, podemos ver resonancias muy reales con situaciones políticas de este momento”. OCHOA, Úrsula. El mundo era plano, ahora es redondo y será un holograma. Santiago de Chile: “Artishock”, 18/XII/2015.

[7] Una obra vinculada al “Logos” de Preciados se podía ver en la exposición: François Bucher. La duración del presente (notas sobre la frecuencia). Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla. VI/2014.

[8] “Algo le sucede a uno, que no concuerda con las teorías que uno tiene; no concuerda con el yo intelectual, es algo que simplemente se experimenta. Y luego hay un problema tremendo, insalvable con la contemporaneidad occidental, con su razón de ser y sus axiomas de fondo. Pero, no hay revés. No es una metáfora escrita, es una metáfora que uno habita. Al habitarla, la verdad de esa metáfora lo toca a uno y le habla. Y por más de que no se pueda llegar al mundo civil a decir que ya se percibió una verdad eterna que está más allá de toda apariencia, pues es claro que no (y se puede caer en esas trampas mil veces y de mil maneras), de todas formas lo que uno sabe es que se ha quedado marcado o tatuado por esa metáfora viva que le habló, y ya no se puede relativizar esa experiencia.(…)”.   VALENCIA, Natalia. Formas de contacto. Sobre François Bucher. México: “Terremoto”, Otoño 2016, p. 47.

[9] “El interés por el plano insondable de la existencia humana es una de las líneas que han marcado el trabajo de François Bucher desde hace casi una década. Hablar de aquello que es tan omnipresente y verdadero como imposible de articular es claramente un camino espinoso para transitar, pero la maleabilidad del lenguaje del arte contemporáneo es fértil para esta búsqueda. ¿Qué metáforas utilizamos para referirnos a lo inconmensurable? François revisa protocolos de comunicación entre lo humano y lo no-humano que funcionan a un nivel que él llama “interdimensional,” para así identificar una especie de código cosmológico que da cuenta de una verdad singular irrevocable en el universo. La idea del código y la metáfora tecnológica es clave para entender el proceso de un artista mestizo occidental que busca interpretar y traducir formas de conocimiento con las que entra en contacto pero que están por fuera de las ontologías occidentales. Los sistemas y lenguajes de la ciencia, por su racionalidad, se ajustan convenientemente, hasta cierto punto, a este intento de traducción”. Ibíd. p. 45..