GUSTAVO TORNER-2016-CONFERENCIA

GUSTAVO TORNER-2016-CONFERENCIA

GUSTAVO TORNER. LA AMPLIACIÓN DE LAS PREGUNTAS
por
ALFONSO DE LA TORRE
[Conferencia en la UIMP-Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, Cuenca, 23 de noviembre de 2016].

 
 

1.ENCUENTROS CON TORNER. PRIMERAS PREGUNTAS

Rememoro los primeros encuentros con Gustavo Torner (Cuenca, 1925), recuerdos de una amistad que, pienso ahora, ha de mirar treinta años atrás. Aquí, ya se sabe, mención al vértigo de los días, ars longa, vita brevis, etcétera. Retrocedamos pues. Si menciona Torner el travelling esto será un flashback: es el año 1985, quien escribe rondaba los veinticuatro años y, como aquel texto del primer catálogo del Museo de Arte Abstracto Español, podría haber comenzado esta escritura con el telúrico: “una noche de invierno de”[1]. Fue una conversación iniciada al caer la tarde de una primavera de ese año y concluyó entrada la madrugada, palabras hasta la extinción de las fuerzas entre el té y la estufa, en el salón de Torner mirando la hoz, que luego referiremos.  Cada vez que encuentro la fotografía de Eric Schaal de los artistas en ese salón, 1966, con aire de bien estar, toda armonía, recuerdo esa estancia en él.   El asunto quedó narrado con amplitud en la biografía escrita sobre Gerardo Rueda (2006)[2]. Claro, el trabajo durante más de una decena de años con el pintor madrileño, los frecuentes viajes y actividad en Cuenca[3]junto a él, hizo que los encuentros con Torner fueran frecuentes.

Apenas tres años después, en 1988 tuve ocasión de compartir casi un año completo de colaboración, con ocasión de la organización de la exposición antológica sobre Gerardo Rueda que comisarié en Madrid en la llamada, entonces, Casa del Monte, luego sometida a otros nombres y vaivenes, entre ellos Sala de las Alhajas. “Gerardo Rueda. Exposición retrospectiva. 1944-1989” (1989)[4], fue el título de esta revisión de cincuenta años de trabajo de un artista muy silencioso, que había compartido amistad con Torner desde su encuentro, con Zóbel, en la Bienal de Venecia de 1962. Espacio reformado recientemente por el arquitecto Alberto Martín Artajo, tras mostrar exposiciones míticas que recuerdo ahora (como las del retornado[5] José Guerrero o Antonio Saura, fundamentales para nuestra formación plástica contemporánea), precisaba la disposición expositiva, museística, que coincidiría con su apertura y la exposición ruediana. Sería la única retrospectiva que Gerardo Rueda pudo ver en su ciudad natal y que recorría transversalmente su trayectoria.   Torner se ocupó de concebir en ella los elementos que nos permitieran un adecuado discurso expositivo: los muretes, iluminación, disposición de los espacios, etc.   Buena parte de este montaje inicial se mantuvo en la sala durante varios años, mostrando al cabo su eficacia y certificando algo que ya sabíamos, la experiencia de Torner en la adecuación de espacios expositivos, algo que había ejercido, soberanamente, (entre otros lugares) en su tarea con el Departamento de Exposiciones de la Fundación Juan March y en la reforma de algunas salas del Museo Nacional del Prado.     Más importante aún, para los hechos juveniles siempre prestos al ideario de la conmoción, fue que Torner escribió, a solicitud del comisario, un texto crítico. Atrevido, le pedí me relatara su encuentro y el recuerdo de su amistad con Gerardo Rueda. Y me devolvió, no sin regañadientes, apenas un meditadísimo folio de intensidad, -misterios, silencios y hondura, inclusive un rumor de palabras no escritas-, pocas veces superados en la abundante bibliografía del artista madrileño:

Hacia 1961 vi reproducidas por primera vez unas obras grises, casi monocromas, de Gerardo Rueda, que me causaron una cierta desazón. Poco tiempo después le conocí personalmente, apenas hablamos. Encontré una relación coherente entre las obras y su autor, tan faltos de cualquier énfasis. Aquéllas se iluminaron y se llenaron de una misteriosa y profunda presencia. Casi treinta años después, cada vez ocurre lo mismo ante la obra recién terminada. (…) Es difícil y arriesgado escribir sobre arte, especialmente si es acerca de una obra concreta, pues se corre el peligro de fijar unas ideas y comentarios sobre ésta con el riesgo de enturbiar su esplendor.

Más difícil es discurrir sobre la obra de Gerardo Rueda.

¿Cómo es posible hablar sobre el silencio, aunque este silencio sea tan modulado, tan rico, tan sorprendente, tan sincero, tan sencillo en o por su complejidad?

Y tan irónico.

Pero me da la sensación de que su ironía es la forma que adopta el pudor, lleno de rigor, para cubrir lo más hondo de su arte, de su ser, de las miradas simplemente curiosas y un tanto perezosas, que quedan satisfechas ya con la perfecta organización exterior de la obra que encierra un interior lleno de curiosidad, de perplejidad, de ansiedad, de orden, de escepticismo, emparejado todo por una gran generosidad[6].

Unos años después fuimos comisarios de la exposición “El grupo de Cuenca”, mostrada en 1997 en esta misma sala[7].   Escribo “fuimos” porque, aunque este autor figura como “comisario” en el catálogo de la exposición, las directrices de la exposición, selección de obras, montaje y publicación, fueron hechos con la intervención muy directa de Gustavo Torner. Exposición conceptualmente torneriana, ahí se “fijaba” el término, historiográficamente, “grupo de Cuenca”, terminología que luego ha resultado muy transitada.   “Con minúscula, con minúscula grupo”, insistiría Torner a Roberto Turégano, -amigo y tipófilo que se ocupó del catálogo y elementos gráficos-, como para dejar claro el aire de voz baja del encuentro entre quienes Julián Gállego llamaría “los tres santos patronos” o “los tres caballeros de Cuenca”[8].

En 2004 comisarié la exposición “La poética de Cuenca. 40 años después (1964-2004)”[9], una muestra que se apartaba de los linderos de la historia oficial del Museo de Arte Abstracto Español, de un cierto canónico referir, para recordar que el Museo estaba ya, en 1964, en actividad y comenzando sus ediciones gráficas.   En ella, por tanto celebrando anticipadamente las fechas consabidas, tenté reproducir ese carácter del museo de work-in-progress-museum, el aire libre del encuentro multidisciplinar en Cuenca (artistas, músicos, fotógrafos, escritores, jóvenes críticos, grabadores, coleccionistas, fotógrafos, bibliófilos, esperanzados, cineastas, curiosos, flâneurs, pintores de la generación del cincuenta y futuros artistas). Apartándome del anterior contexto limitado a la tríada de “vacas sagradas” (el término es de Zóbel), y dando cabida a esa comunidad de artistas, e intelectuales en general, que colonizaron Cuenca en la década de los sesenta y setenta, hasta constituir eso que he venido llamando nuestro primer museo democrático. Museo anterior a la llegada a España de la democracia, capaz de mostrar una visión de nuestro país y su extensa cultura, la azoriniana España clara, de la que enorgullecernos al fin, donde se encontraban tendencias diversas: abstracción informal y lírica, tachistas o geómetras, jóvenes y consagrados, los de El Paso junto a lo que he llamado generación del silencio[10]: fue, sin dudarlo, nuestro primer museo de arte contemporáneo.   A Torner, visitante de La poética (me gusta la apócope) el día inaugural del otoño de 2004, sin conocer el proyecto hasta esa fecha, le emocionó ser recibido por jóvenes aficionados, que con entusiasmo visitaban la exposición y se encontraban, admirados, con este último protagonista.

Entre 2008 y 2009 un nuevo encuentro: la invitación realizada a Torner para participar en el programa de intervenciones en los escaparates de “El Corte Inglés-Ámbito Cultural” en colaboración con ARCOmadrid. En aquella ocasión el programa llevaba el título “Objeto sin objeto” (2009) y el trabajo de Torner, de opalino aire místico, titulado “Aparición”. Sobre este proyecto escribió Torner evocando palabras anteriores que:

La cualidad más importante de este elemento cuando su material es muy claro, blanco, y más si su superficie es muy brillante y no se ponen adosados unos junto a otros, es la riqueza del juego de la luz entre ellos, de tal forma que en ciertos casos se pierde totalmente el sentido de lo corpóreo, entrando en el campo de la pura paradoja de atrapar la luz entre sólidos opacos con formas claras geométricas y que lo que percibimos sean los resplandores, geométricamente definidos, y no tomamos conciencia de que estamos ante una cosa dura, que pesa y se puede tocar. Esto entra plenamente en los temas que más me interesan con relación al mundo, y es eso de que las cosas son lo que son, pero no lo que parecen. La visión no agota la realidad que nos desborda y que todos buscamos, que no sabemos lo que es, y que cuando nos creemos que tenemos alguna porción y la queremos transmitir tiene que ser por analogías[11].

Y más reciente, el pasado 2015, un proyecto expositivo en la Catedral de Cuenca. Y una palabra de un poeta sobre otro pintor para comenzar: “Eres la habitación oscura / en la que se vuelve a pensar siempre”[12].   Esta cita de Cesare Pavese me permitió, desplazándome con dulzura en la letargia del imaginar, reflexionar en la imagen de Torner mirando, casi ahora, ya nonagenario, por la ventana de su casa[13].   Frente a él, el vértigo de la hoz del Huécar y delante de los ojos un triángulo casi mercurial. Sus vértices: la iglesia de San Pablo, donde oyó cantar a los Paules y actual “Espacio Torner” (enhorabuena por su reapertura). A la derecha, a unos metros, el lugar donde Gustavo narra tuvo lugar su primera experiencia estética casi infantil (las doradas casullas, incensarios, la música y el medido ritual), la Catedral pintada en los años cincuenta, donde diseñará sus vidrieras.   Unos metros más, enfrente, hasta cerrar el triángulo, las Casas Colgadas y su alma, el Museo de Arte Abstracto Español.

Fue una extraordinaria ocasión: la exposición “Torner entrópico” coincidía con el homenaje que le hacía la “Semana de Música Religiosa de Cuenca”; aportaba numeroso material inédito y recordaba cómo entre 1991 y 1992 se instalaron en la Catedral de Cuenca las vidrieras concebidas por Torner. Dichos vidrios se habían venido preparando en los cuatro años anteriores y el trabajo con Rueda me permitió seguir el proceso entrambos desde su inicio, puesto que este artista hizo también las de la nave central.   Fueron realizadas en colaboración con el maestro vidriero, artista, Henri Dechanet y el taller “Vítrea” y en su iconografía Torner nos revelaría la influencia de trabajos de diversos creadores: Munch o Matisse, pero también otras numerosas referencias iconográficas, algunas poco referidas, a las que la exposición planteaba hacer una aproximación.

Aquel 2015, la exposición de una buena parte de los estudios previos y proyecto de dichas vidrieras, conservados en la colección del MNCARS-Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, permitió aquella singular, e inédita, exposición que, insistiremos: por vez primera, trazaba un dibujo de cuál era, en los años cincuenta, la mirada inicial del artista sobre el lugar donde décadas después se realizarían dichas vidrieras.   Partiendo de dos cuadros de 1955 y 1956 (“Interior” y “Catedral”, la Cuenca que en ese tiempo contempla el artista), esta exposición analizaba el surgimiento del mundo abstracto de Gustavo Torner, revelando su interés por una figuración quieta que, empero, parecía estar en tensión, como a la espera del inmediato encuentro con el mundo moderno.   Concluyendo la década de los cincuenta Torner se incorporaba a un quehacer abstracto y reflexivo, abundando los cuadros magmáticos con materias diversas: raíces, cáñamo, minerales, etc. o sus llamadas pinturas de dos partes y collages matéricos. Presentes estos cuadros en la exposición, así como algunas de la fotografías realizadas por el artista en aquel tiempo y que, prácticamente inéditas, se mostraban ahora.   Anunciaba así Torner su presencia en el mundo del arte desde este insólito lugar del mundo, una presencia que quedaba certificada en sus exposiciones de 1959 en Buchholz y Machetti. Esta última sala conquense había sido diseñada por el artista, como se explicaba en el catálogo, que reproducía por vez primera las fotografías de esos trabajos. La ciudad de Cuenca así, apenas unos años después, se convertiría en la capital del arte de aquel tiempo, con la fundación del Museo de Arte Abstracto Español (1966) y la llegada de numerosos artistas a la ciudad.

 

  1. MAGNIFICAT-AMPLIANDO LAS PREGUNTAS (Y ALGUNAS RESPUESTAS)

(Como en los guiones podremos escribir: ‘Vísperas’, se oye el ‘Magnificat’. Como en los prerrelatos, tal spoilers, de los relatos del Antiguo Testamento)

Me vino a la memoria el otro día, con ocasión de la inauguración de los nuevos espacios del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, un artículo de Raúl Torres entrevistando a Torner publicado en “ABC”, bellamente ilustrado. Era diciembre de 1962[14].

(Sigue el Magnificat)

1962: Cae la tarde. Contemplando un paisaje hosco y muy hermoso, casi invadida la estancia donde pinta Torner por las rocas, el cielo y las huertas en derredor, “con un ventanal que le mete el paisaje dentro de su casa”[15]. En la hoz, entre las huertas, ladran los perros en la noche. Sigue la música y los libros.   Al alba cantan los gallos. Tañen las campanas del atardecer y salmodian gregoriano, enfrente, en San Pablo, los padres paúles.   Me aclaraba Miguel Ángel Albares, sobre nuestra banda sonora, el Magnificat: “Lo están escuchando a la tarde, al caer el sol.  En la liturgia de la Iglesia y en los seminarios, como es el caso que nos ocupa, a esa hora se cantan vísperas.  El canto que se repite a esas horas un día y otro y siempre en vísperas es el Magnificat. Un canto a la virgen María”[16].

Por cierto, querrán ustedes les aclare el título de aquellas palabras que dan título a la conferencia:  Gustavo Torner, la ampliación de las preguntas. Se explicará al final.   La conferencia refiere el encuentro del artista con la modernidad, a sabiendas de que su origen de pintor explica su obra actual, “nunca ha habido un corte en mi vida de pintor”[17].

(Entra Zóbel en la escena: en la imagen un dibujo de este que representa una vista del estudio de Gustavo Torner)

En una pausa de estos días he consultado los “Diarios” de Fernando Zóbel, a la búsqueda del momento del encuentro entrambos, en la Biennale de Venecia, 1962, de la que escribe Zóbel: “es una especie de mercado de esclavos donde se olfatea y se es olfateado” [18].

La cantidad también puede ser calidad, me ha dicho Torner en alguna ocasión. Otra cuestión que le pertenece y puse en práctica en mi vida profesional: puede ser más importante, y de mayor interés, un buen análisis cronológico de los hechos que un texto crítico al uso, más o menos de compromiso.   Entre 1963 y 1964 Zóbel cita casi cien veces a Torner.   Lo hace cincuenta y seis en 1963 o cuarenta y siete en 1964.     En sus “Diarios”, Zóbel dibuja a Torner, como en un apunte rápido, un dibujo suyo, certero. Inapelable:

Madrid, 21 de Abril, 1963-Voy a Cuenca (…) El estudio de Torner es una antigua cuadra, con una vista extraordinaria sobre la hoz del Huécar. La ha puesto moderna e impecable, con una entrada en roca viva que parece una cueva.   Torner: tímido, inteligente, leído, charlatán, rápido, simpático, preciso; habla subrayando las palabras. Palabra clave; “entendámonos”. La emplea cada cinco minutos y la define.   Todos sus cuadros acaban siendo retratos de Cuenca, aunque él dice que no. Me compro uno de fondo oro.

O esta otra mención:

16/VI/1963. ¿Y dónde vivo? En las Casas Colgadas no quepo. Torner dice que él se ocupa. Torner tiene unas ganas feroces de que esto se lleve a cabo. Y me parece que lo conseguirá. Le conocía la simpatía y la buena mano. Esta faceta nueva de energía que se lleva todo por delante no se la conocía.

Titulé mi texto en el catálogo de la exposición “Torner entrópico” con una reiteración cabezota, por si acaso se dudaba: “Torner, sí, elogio de la entropía”.   Pienso ahora que, al cabo, celebramos el sesenta aniversario de su primera exposición en Cuenca, Salas de las Escuelas Aguirre (1-7 Abril 1955), y que estamos[19] en el año del cincuentenario de la inauguración del Museo de Arte Abstracto Español, ya se sabe, donde él tuvo un relevante papel. Y que hacía veinte años de su última exposición en la ciudad, de aire retrospectivo[20]:

En nuestra revisión entrópica (diré que como saben muchos también declarada y gozosamente on my way), podían verse imágenes, por vez primera, de obras figurativas, –Torner antes de Torner, sería posible escribir-, partiendo de su “Autorretrato” (1952). Junto a las fotografías realizadas por Torner a finales de la década, la exposición contaba con varios cuadros de colecciones conquenses. Aquí anoté, subrayado, para insistir en la conferencia: colecciones conquenses-héroes coleccionistas.

Destacar también que la exposición estaba presidida por la fotografía de Torner de los hermanos Blassi, circa 1967, realizada por estos colaboradores del Museo. Permitió que Daniel de Labra diseñara un hermoso cartel con la base de esa fotografía en varias escenas donde Torner giraba en la butaca sobre sí mismo.   El catálogo reproducía algunos textos antiguos, casi esfumados de la historia, como el muy hermoso escrito por el propio Torner[21] en 1958; el de Juan-Eduardo Cirlot[22], este de 1962 y el muy bello de Fernando Zóbel, ¿que no tiene Torner estilo?[23], en 1978.   Concluyendo con la entrevista de Gustavo Torner a Gustavo Torner: ¿había mayor entropía?[24].

(Gustavo Torner se pinta, ya se dijo, autorretratado. A modo de “Nota”)

El sentido de “entropía”, figurado, que utilizamos en aquella exposición, refería ese permanente mirar hacia dentro como signo de su quehacer en el que confluyen, con naturalidad, caos y equilibrio creador, orden y complejidad, obteniendo de dicho difícil equilibrio, su singular orden creativo. Las relaciones del término con la ciencia, y el interés de Torner por ésta, fueron importantes a la hora de mencionar el título, como también lo fue la concomitancia, en las vidrieras de la Catedral de Cuenca, entre orden y desorden, su alusión a ciencia, estructura del ADN, big-bang o agua primigenia[25].

(Gustavo Torner fotografía el mundo, su mundo. Elegimos las fotografías de las Casas Colgadas y de la Iglesia de San Pablo, finales de los años cincuenta)

Andes describimos la escena. Desde su estudio, un artista mira el mundo, recién iniciada la década de los sesenta, un lugar ubicado en la ciudad alta de Cuenca, suspendido en las alturas como los viejos monasterios griegos de Meteora, colgado del cielo. Quedó atrás el duro destino de estudiante de Ingeniería de montes en Teruel, el paseo por sus lomas descarnadas y gélidas, el retiro en el estudio de la pensión turolense enfrentado a la paciente realización de las láminas de la ingente “Flora Forestal de España”, susurra la música clásica en la radio y es espejo el agua: el aguamanil se hiela, tierra baldía, resuenan los versos de Eliot en el silencio del tiempo de Teruel.   Ideal pasar de los días, ensimismado, para desentrañar los detalles que le permitirán tentar los misterios que se esconden entre el brezo, el pino y los acebos, escudriñando los misterios de las plantas, apresando la naturaleza.

 

3.1953-RETORNO DE TORNER A CUENCA. CRUZARLO TODO, LAS PINTURAS DE FINALES DE LOS CINCUENTA

(Gustavo Torner fotografía la naturaleza. Es un travelling. Retorno a Cuenca, 1953)

De la flora forestal a los paisajes y las fotografías de Cuenca, ciudad y paisajes, cielos o suelos.   Mirada sobre la flora, las tierras, las cortezas y los tocones, los líquenes o las rocas, la naturaleza en derredor vista con ojos de artista ya, un creador romántico. Romántico hipócrita, se definirá el artista precisando el sentido de dicha afirmación: “un romántico disfrazado de frialdad”[26]. Y llegado 1953: retorno a Cuenca, misión cumplida, aún faltan algunos años para el “descubrimiento” de la ciudad, -su parte antigua, entonces un promontorio con un cierto abandono, barco varado en el mar de Castilla-, por los artistas abstractos.   Entre tanto, Torner mide en silencio, nos recuerda al Rimbaud que mira de soslayo la pequeña provincia. En ella, en su quietud tan triste, definirse, transformarse, volverse otro hombre con el conocimiento de sí: “he sido devuelto al suelo con una tarea que buscar”[27], mirando las maravillosas imágenes, tal el poeta.

Soledad. Sigue la soledad.

(La pinturas de Gustavo Torner y la naturaleza. Sigue el travelling)

Paisajes silentes.

Dicho “quietismo” se revelará en algunos primeros lienzos figurativos relativos a paisajes, de pequeños pueblos, de la mínima Cuenca y de la naturaleza, que a veces veo émulos de ciertas vistas silenciosas de la Cuenca de Wifredo Lam, u otras inmemoriales de Carlo Carrá y que no estará reñido, -un buscado pintar torpe, con aire de inacabado (aprendido quizás de Cézanne)-, con una insaciable curiosidad intelectual y nerviosa serenidad. Sobre dichas pinturas, y en relación a su creación, explicaría el artista: “Desde esos cuadros a los de ahora no ha habido saltos. Ha habido, en todo caso, unos intermedios en los que se va notando el paso a la abstracción. Yo quería terminar esos cuadros con calidad pictórica al estilo antiguo, es decir, sin que se notara la pincelada (…).   Son cuadros poco terminados, lo que les da un aspecto de más modernos (…)”[28].

Vista desde la habitación, narración tal un travelling cinematográfico:

(…) empieza uno pintando paisajes y cada vez se va acercando más al tema; esto sólo ocurre en Cuenca porque es un paisaje sin profundidad.   Se acerca aún más hasta que es un paisaje de áreas limitadas, todo esto con técnica tradicional. Luego empiezan a usarse técnicas mixtas con nuevos materiales para después ir obteniendo los máximos efectos expresivos de estos materiales y técnicas (…) intentando conseguir esa expresión casi exclusivamente a través de la textura, o sea, el aspecto puramente material del cuadro (…)[29].

(Pinta Gustavo Torner cuadros en los que se menciona a Van Gogh y Picasso)

“Eres la habitación oscura / en la que se vuelve a pensar siempre”, escribirá Pavese sobre Carrá, ya lo citamos al comienzo, y ciertas otras obras de aquel primer tiempo torneriano, enfrascado en su estudio, no dudarán en mostrar algunas de sus lecturas o querencias juveniles, promisorios libros abiertos sobre Van Gogh o Picasso, que se sumarán al frecuentado Cézanne:

(…) uno de mis primeros cuadros fue una copia de Cézanne. Cézanne es el primero que deja deliberadamente sin pintar un fragmento del lienzo, pero dando el cuadro como terminado. Y eso indica que a él ya no le interesa el cuadro como ventana y sí como objeto. Los cuadros han dejado de ser para él conceptualmente ventanas para convertirse en objeto donde el pintor pone cosas. No quiere que sea un agujero abierto a una realidad por muy extraña que sea esa realidad, que podría ser en la Edad Media ‘la realidad no visible’, tipo cielo o infierno. Por eso estoy de acuerdo cuando se habla de que Cézanne fue un pionero de la idea actual de cuadro[30].

Dulce estar en la vida retirada, adiós gélido aire soplando en las hoces, elogio del encierro y ensimismamiento que tan fértil ha resultado en la historia de la creación.   Torner representa interiores, también fragmentos del estar donde aparecen libros sobre arte y pintores, declarados, plasmados en admirativa plena lectura joven, depositados junto a la taza de té y la pipa, o los volúmenes abigarrados en los anaqueles. ¿Será casual la elección del retrato de Van Gogh que se atormenta, con la oreja cortada?. Nada hay casual en la obra de Gustavo Torner.

Elogio, también, de la habitación para pensar. Nos parece que uno de los símbolos de ese torneriano estar en la entropía es un dibujo al pastel (1955) que refleja su estudio en la antigua casa familiar, aún en la parte baja de la ciudad. Las metáforas, dice Torner, sirven para entender ciertas cosas del mundo.   ¿Qué se representa en esta pintura?: un interior, -apenas muebles: la estantería citada repleta de libros, una mesa y una alfombra- donde mira al paisaje, pues desde la sellada habitación el artista invade la estancia de lienzos pintados con imágenes de la naturaleza, uno de ellos se apoya en una silla. La puerta de la cámara está cerrada.   El título es complacientemente tautológico: “Interior”.

“Obsesionado acaso por la poesía de los suelos”[31] señalaría también temprano Juan-Eduardo Cirlot quien, al cabo, en ese mirar hacia abajo, referirá de nuevo la entropía, la visión hacia dentro, también su “devolución al suelo” buscando la tarea.

Tantas veces hemos referido ese estar quieto de tantos artistas y pintores, meditando entre cuatro paredes en torno a los misterios de lo visible.   El artista varado gozoso en la vía Fondazza o aquel otro, rasgando lienzos desde la soledad de su estudio en Milán. Este, como un noli me tangere, dirá: fotografíeme, pero no en el momento del corte, expresará a Ugo Mulas.   El mundo que cabe en una habitación.   Invención de la soledad, viaje alrededor de una sala, mundo de los encierros de artistas, tal al intenso año de Van Gogh en Arles o el de Morandi en Bolonia.   La habitación en la que éste viviera y trabajara durante más de medio siglo.   El lavadero en el terrado de la casa familiar de Figueras o el molí de la Torre, donde Dalí juega a ser un genio.   Palazuelo en su tour Saint-Jacques, tal Hölderlin en la torre de Tubinga. Elogio de los estudios solitarios, habitaciones de tiempos suspendidos pintadas por Rembrandt, Vermeer, Friedrich o Hopper, y a la que ahora podríamos añadir el torneriano dibujo sobre papel titulado “Interior”.

(Gustavo Torner en la Librería Machetti, 1959)[32]

Cuarenta y cuatro fotografías, hechas en Cuenca por Torner durante mil novecientos cincuenta y cinco. Algunas las expondrá en su ciudad ese mismo año y, algo más tarde, en Zaragoza, convirtiéndose así aquella en una de las primeras exposiciones de fotografías, con sentido artístico, realizadas en la languideciente España de la postguerra.   El asunto de las fotografías no deja lugar a dudas sobre qué preocupa al artista Torner en ese tiempo: es la naturaleza, sólo la naturaleza vista en un viaje, mención de nuevo al travelling, que va desde la distancia (paisajes: campos y rocas) a, otrora, la proximidad deformante: rocas agrietadas, tocones, líquenes, cortezas de árbol, viejas maderas, muros y graffitis o inscripciones… También hay algo de querencia por aquella desrealización citada en otras fotografías en las que muestra el paisaje, esa región inagotable y misteriosa, en una mayor extensión: la niebla, un matorral, la noche o el agua que, corriendo, parece transformarse, desvelando algo así como una presencia de la naturaleza.

En la exposición celebrada en las conquenses Escuelas Aguirre, 1955, ya hubo seis fotografías (nºs 55-60 del cat.: “Paisajes, nocturnos”)[33].   Torner expuso también quince de sus fotografías en Zaragoza, en 1958 en la exposición: Gustavo Torner. Naturalezas vivas al aire libre[34]. Dichas fotografías fueron expuestas, monográficamente, en la Galería Machetti, que Torner había diseñado en esta ciudad de Cuenca (1959)[35], tanto la arquitectura interior y mobiliario a la par que concebía dos mosaicos para su fachada (50 x 200 cm aprox. c. u.), que se reprodujeron en el catálogo “Torner entrópico”, por vez primera.

En mi opinión, estas fotografías de Torner devendrán fundamentales para ese veloz desplazarse, que dijera Antonio Saura: “¡Qué barbaridad!, lo que hacías antes y a qué velocidad estás cruzando todo”, pudiéndose así colegir que la mirada en torno será, justamente, la que le lleve, tan veloz, a la naturaleza, “sólo Naturaleza”[36]. Algo que abordará en su inmediato “abandono” de la pintura sobre la superficie del lienzo o el papel pues a partir de los primeros años sesenta, con sus conocidos como cuadros de dos partes o composiciones binarias, el collage devendrá una presencia fundamental en su quehacer. Desde los cuadros de materias que parecen compactas, magmáticos mas de nervioso estar, a veces pareciendo haber sido quebrados por su propia fuerza interior, estuvieron presentes en aquella exposición: “Plateado I” (1959); “Ratón” (1959); “Azules” (1960) o “Blancos, grises, marrones” (1960). Y de ahí a composiciones donde la superficie parece dividirse entre horizonte y tierra, presentando frecuentemente contrastes entre ambas zonas. Es usual que la parte baja quede poblada por materias que servirán para propulsar sus ideas: tierras con raíces, chatarras, elementos o telas metálicas, fragmentos lígneos, feldespato y cáñamo, como algunos raramente vistos, en “Torner entrópico”, casi por vez primera, conservados por nuestros héroes coleccionistas: “Negro – Azul y blancos” (1960) y “Rojo – Marrón gris”. O el muy raro, tan de cruda y enmarañada presencia: “Blancos – Azules” (1961). Y, también mostrado, que fuera del coleccionista Amos Cahan: “Diversas texturas blancas” (1962), emparentados los “Gris, con rojo” y “Fuera de serie o Marrones y blancos”, todos ellos -tan misteriosos, a veces oscurísimos, otrora refulgentes, siempre refinados, de dramática eficacia- de ese año parece crucial: 1962.   Lo explicaba con claridad este artista capaz de expresarse con lúcida precisión, como pocos en nuestra historia del arte (que sabemos, por él, no existe[37]):

Debió ser la primera vez cuando a una superficie lisa, con un color plano, le añadí una chatarra envejecida.   El proceso artístico es totalmente misterioso. A veces se tiene clara conciencia de lo que se quiere hacer, pero cuando la obra está terminada y se considera válida, también intuitivamente, su validez puede no corresponder a la intención inicial. En aquel caso, me interesaba exponer la potencia de la materia en sí –la realidad, lo existente- y el tiempo, su otra medida, y la forma más rotunda era la más sencilla: pegar esa materia, emblemática, sea encontrada o muy buscada, pero nunca manipulada, al lado de una superficie inerte, lisa e incluso hasta antinatural por el color y textura elegidos, color y textura que en esa masa no se darían nunca en la naturaleza[38].

Al cabo, sentenciará este creador, “la naturaleza lo es todo”[39]. Un viaje, por cierto, este en torno a lo natural, no disímil del emprendido por otros radicales de la abstracción en nuestro tiempo, estoy pensando en algunos artistas admirados: Mondrian y Ben Nicholson, Rueda o Zóbel[40]. Cruzarlo todo para, quizás, seguir quieto (en el sentido de continuar durante toda su trayectoria en torno a símiles reflexiones).

Dice Torner (muy interesante, me he anotado):

Creo que nunca ha habido un corte, ni siquiera desde el principio de mi actividad como pintor (…) me inicié con unas láminas de botánica, muy detallistas. Después de eso, mis primeras obras como pintor eran paisajes.   En el año 1958 realicé, en una galería de Cuenca, una exposición de fotografía, algo inusual para la época, cuyo tema eran las cortezas de árboles.   Después, siguiendo con las pinturas de paisajes, Cuenca me ofrece un paisaje singular, nada común, que no tiene horizontales, vista la colina desde el otro lado del río. Es todo verticales, como en el cuadro de la catedral de Cuenca, vista desde atrás: la catedral y las rocas llegando hasta el río, todo marcado por verticales. Entonces resulta que mi evolución es como un travelling de cine, te vas acercando a la roca, ves los líquenes, el moho, las porosidades, y pintas la roca del tamaño del cuadro. Luego te planteas hacerlo con el mismo material, roca triturada, y además someterlo al mismo proceso de la intemperie: le ha llovido, se ha secado, le ha corrido barro, le sale moho, líquenes. Y esas son mis obras de los años cincuenta, en los que, valga la frase, llegué a la abstracción por una acentuación del realismo.   Luego, para que lo real parezca más real, se le añade un trozo no real, en los cuadros de las dos partes. Un fondo de un color que en la naturaleza no se da nunca en un tamaño tan grande, como de un lienzo de dos por dos metros. Aquí se presenta la naturaleza, la materia en su estado bruto; luego vendrá la naturaleza ya elaborada, objetos ensamblados (…) lo que quiero decir es que nunca he dado saltos en el vacío (…) los grandes artistas, lo que en definitiva hacen con su arte es preguntarse qué es el mundo, y buscan analogías. Hay una constante en mi obra, consciente o inconsciente, una cuestión obsesionante que es que la realidad es algo que se ve, pero también que no se ve, que no se conoce (…) es el juego de la apariencia, de la percepción, las cosas no siempre son tal como las percibimos.

O, lo que viene a ser lo mismo, subyaciendo la misma forma de entender el arte no tiene por qué concretarse este en una única forma de hacer, algo que, una vez que lo explicara Fernando Zóbel, en su inigualado texto sobre Torner, evita nuevas reiteraciones: su hacer es consecuencia de su estilo de pensar. O, en las mismas palabras del artista: “una especie de mirar lo de alrededor y luego pensar en lo que ves y comunicar el resultado. Con las dudas y las ansiedades que todo ello conlleva (…) en todas mis obras subyace la misma forma de entender el arte, lo que no tiene por qué concretarse en una única forma de hacer[41].

“Buscamos plenitud”[42], sanación de las heridas, escribirá nuestro artista en 1958, es el misterioso poder que la certera palabra presiente, la esperanza que tientan todas las tradiciones, “que el hombre está a medio camino entre Dios y la oscuridad de la materia; que él lleva una chispa de Dios; y, además, que él es libre. El hombre puede decidir su salvación”.

Fenomenología de lo sagrado y postulación de la poesía en el arte, defensa de la creación artística como una ética, puro fulgor, es buena conclusión la palabra de nuestro artista.   Aquella cita cerraba la exposición en la Catedral de Cuenca.

Y, ¿qué pide Torner al arte?. (Es Torner entrópico, recordemos). Se pregunta a sí mismo.

“Gustavo Torner entrevista a Gustavo Torner” y, claro, sabe las respuestas:

Una nueva medida del hombre. No una mera habilidad manual, aunque sea extraordinaria. Ser testigo de la excelsitud de ser hombre. Que me enseñe a ver la riqueza del mundo, a entenderlo un poco más, a saborearlo un poco más, o incluso a odiarlo. La magia del arte puede hacer que coexista lo terrible y lo sublime a la vez, porque plantea más profundas preguntas. El arte no enseña con respuestas, sino con la ampliación de las preguntas[43].

Preguntas empero que, tal arcanos, quedan, resonando en el aire, frente al paisaje solitario.

 

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BIBLIOGRAFÍA CITADA EN ESTE ARTÍCULO

BONNEFOY, Yves. Rimbaud por sí mismo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1975.

CIRLOT, Juan-Eduardo. La pintura de Gustavo Torner. Cuenca: Imprenta Conquense, 1962.

GÁLLEGO, Julián. Los tres caballeros de Cuenca. Madrid: “ABC Cultural”, 27/XI/1992, p. 31.

PANYAGUA, Enrique R. El arte de Gustavo Torner. Salamanca: Caja Duero, 2003.

TORNER, Gustavo.

-Gustavo Torner. Naturalezas vivas al aire libre. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1958.

-El arte, víctima de sus teorías y de su historia (Discurso). Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1993.

Gustavo Torner. Escritos y conversaciones. Valencia: Pretextos, 1996.

DE LA TORRE, Alfonso:

-Gerardo Rueda. Bodegones. Madrid: Galería Estampa, 1986. Reproducido en la revista “Guadalimar”, Año XII, nº 88, Madrid, Abril-Mayo 1986, pp. 16-17.

-¿Pero hubo alguna vez un grupo de Cuenca?. Madrid: Caja de Madrid, Madrid, 1998, pp. 55-73

-El grupo de Cuenca. Madrid: “Revista Guadalimar”, junio de 1998, p. 22

-Cegadora belleza. Burgos: Caja de Burgos, Burgos, 1998, pp. 11-21

-La poética de Cuenca: Una forma (Un estilo de pensar). Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 2004, pp. 11-62.

-Gerardo Rueda. Sensible y moderno. Una biografía artística. Madrid: Ediciones del Umbral, 2006.

-Nicholson y Rueda. Frente al Mar [ Ben Nicholson-Gerardo Rueda. Confluencias ]. Madrid: Galería Leandro Navarro, 2013.

-Torner, sí, elogio de la entropía. En Torner entrópico. Cuenca: Semana de Música Religiosa, 2015.

TORRES, Raúl. Gustavo Torner, pintor en Cuenca. Madrid: “ABC”, 9/XII/1962. 

ZÓBEL, Fernando. Colección de Arte Abstracto Español. Casas Colgadas. Museo. Cuenca. Cuenca: 1966.

ZÓBEL, Fernando. Pensando en Gustavo Torner. En: Torner. Madrid: Ediciones Rayuela, Colección Poliedro, 1978.

 

ALFONSO DE LA TORRE Y CUENCA

Alfonso de la Torre es teórico y crítico de arte, especialista en el tiempo de creación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, ha sido comisario de diversas exposiciones sobre este particular: El grupo de Cuenca (Sala de las Alhajas, Caja de Madrid, Madrid, Febrero-Abril 1997); El grupo de Cuenca (Casa del Cordón, Caja de Burgos, Burgos, 30 Abril-27 Junio 1998 y Parque de la Ciudadela, Pamplona, 3-26 Julio 1998) y Cuenca: Cuarenta años después (1964-2004). La poética de Cuenca (Ayuntamiento de Madrid-Centro Cultural de la Villa, Madrid, Noviembre 2004–16 Enero 2005).   Colaboró también en el desarrollo de las exposiciones: La ciudad abstracta. 1966: El nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español (Fundación Juan March-Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, Junio-Diciembre 2006) y Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca: Fernando Zóbel. 50º Aniversario: 1966 – 2016 (Galería Juana de Aizpuru, Madrid, 3 de septiembre al 22 de octubre de 2016).

Es autor de numerosos textos monográficos en al grupo de Cuenca, entre otros: “¿Pero hubo alguna vez un grupo de Cuenca?” (Caja de Madrid, Madrid, 1998, pp. 55-73); “El grupo de Cuenca” (Revista Guadalimar, Madrid, junio de 1998, p. 22); “Cegadora belleza” (Caja de Burgos, Burgos, 1998, pp. 11-21); “La poética de Cuenca: Una forma (Un estilo de pensar)”, (Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 2004, pp. 11-62).

Ha impartido conferencias sobre el Museo de Arte Abstracto Español en diversas ocasiones:

-“La abstracción española desde el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca”: Museo de Arte Moderno de Bogotá; Centro Colombo Hispano-Americano, Medellín; Museo de Arte Moderno de Medellín; Universidad de los Andes, Bogotá; Universidad Nacional de Colombia, Medellín; Universidad de Antioquia, Medellín (1995) y Fundación Ludwig, La Habana (1999).

-“El grupo de Cuenca”, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 10 y 17/XI/2003.

-“Nuestro primer Museo democrático. El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca”, Universidad Internacional Menéndez y Pelayo-UIMP, Santander, 28/VI/2016.

Participó en la mesa redonda: “Retrato y memoria de Fernando Zóbel” (4/VI/2009), en el Museo de Arte Abstracto Español, con motivo del XXV aniversario de la muerte de Fernando Zóbel (1984-2009).   Intervino en el programa monográfico “Documentos RNE”, en torno al pintor Fernando Zóbel (23/I/2010). Actualmente trabaja en la realización del Catálogo Razonado de pinturas de Fernando Zóbel, por encargo de la Ayala Foundation, Fundación Juan March y Fundación Azcona.

 

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[1] ZÓBEL, Fernando. Colección de Arte Abstracto Español. Casas Colgadas. Museo. Cuenca. Cuenca: 1966.

[2] “Ese año, como sucediese a algunos otros “iniciados” por Gustavo, tuve la oportunidad de conversar con Torner quien, con su generosidad habitual, dedicó varias horas de la tarde (creo recordar comenzamos a media tarde y terminamos de madrugada) a una conversación de esas que uno no olvida, y en la que, con el susurro de fondo de la ausencia de Zóbel, charlamos sin cesar de casi todo lo humano y lo divino.   Una vez más, quizás, debería hablar -no sin sonrojo ahora- de la inocencia y la osadía que hace -cuando se tienen veinticinco años- sentarte, como si tal cosa, a conversar con ese hombre de vastísima cultura, hondo conocimiento y completo saber que es Gustavo Torner, del que luego he seguido -y felizmente sigo- aprendiendo tanto en otros muchos encuentros que he compartido.   Es seguro que ese atrevimiento no sería el de un hombre que supera la cuarentena. En este caso (…) para nosotros, lo divino era el mundo del arte, ese eliotiano hacer que la vida valga más a través de la cultura. Esa conversación, desarrollada en su casa, colgada ésta del otro lado de la hoz, esta vez la del Huécar, es ahora, también lo fue entonces, uno de mis mejores recuerdos -por más impresionante- de aquellos años de encuentros”. DE LA TORRE, Alfonso. Gerardo Rueda. Sensible y moderno. Una biografía artística. Madrid: Ediciones del Umbral, 2006, p. 34. En esa biografía colaboró también nuestro artista: “Gustavo Torner ha sido también colaborador de estas líneas.   Con breve intensidad conversamos sobre el asunto en marzo de 2005, en una comida en un restaurante en el campo conquense.   Sus aseveraciones ayudaron a saber que estas líneas trazaban una descripción próxima a la realidad”. Ibíd. p. 36.

[3] Comisariando buena parte de sus exposiciones individuales en ese tiempo, entre ellas sus principales antológicas. La primera exposición y texto crítico de De la Torre sobre el artista tuvo lugar en 1985. Realizó la primera retrospectiva de Rueda en España, en 1989, luego se cita en este texto, y fue también comisario de su exposición itinerante “Rueda una visión-Trayectos” que, partiendo de Tecla Sala (L’Hospitalet) viajaría por la mayoría de los museos nacionales de América del Sur entre 1994 y 1997. Escribió más de una veintena de textos críticos monográficos vinculados a la obra de Gerardo Rueda. Su trabajo junto al legado de ese artista quedó concluido en 2001, con ocasión del comisariado (junto a Tomàs Llorens) de la retrospectiva del artista que tuvo lugar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Buena parte de dicho trabajo, curatorial y textos, junto a este importante artista puede consultarse en la numerosa bibliografía generada en ese tiempo. Realizó la catalogación de su obra grabada para el Museo de Bellas Artes de Bilbao (1993) y la Diputación de Córdoba (2007) y compiló sus textos críticos por encargo del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid, 2001).

[4] Casa del Monte, Gerardo Rueda. Exposición retrospectiva. 1944-1989, Madrid, 11 Mayo-30 Junio. El asunto de la colaboración con Torner en esta exposición quedó también ampliamente narrado en el libro ya citado: DE LA TORRE, Alfonso. Gerardo Rueda. Sensible y moderno. Una biografía artística. Op. cit., p. 92.

[5] Aunque sabemos el retorno de José Guerrero había sido anterior (1965) con aire de reivindicativo “retorno” se sintió esta exposición entre las nuevas generaciones de pintores y críticos.

[6] DE LA TORRE, Alfonso. Gerardo Rueda. Sensible y moderno. Una biografía artística. Ibíd. pp. 31-32. “Gustavo Torner, con su habitual y afilada agudeza lo escribió en 1989, en un texto breve, apenas un folio, pero intensísimo.   El texto fue realizado con ocasión de la exposición antológica de Rueda que organizamos para la Sala de las Alhajas de Madrid en junio de aquel año.   Exposición que, al pasar los años, se convertiría en la única retrospectiva que el artista pudo ver en su ciudad natal.   Recordemos que las dos exposiciones antológicas del artista en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía tuvieron lugar tras su fallecimiento (1997 y 2001). Con ocasión de la primera exposición citada: “Gerardo Rueda. Exposición Retrospectiva, 1944-1989” escribía Torner la introducción al catálogo.   En él indagaba, justamente, sobre nuestras primeras líneas: el enigma ruediano y la dificultad de una aproximación al creador (…). Torner seguía hablando de la ironía ruediana, archiconocida, como forma que adopta el pudor, para cubrir lo más hondo de su arte.   En consecuencia, y por si no fuera poca la dificultad, la ironía -más complejo, en un artista descreído- como forma de análisis de las cosas”.   El texto figuraba en el catálogo de la exposición citada más arriba, pp. 21-23.

[7] El grupo de Cuenca. Sala de las Alhajas, Caja de Madrid, Madrid, Febrero-Abril 1997. Tuvo luego itinerancia, bajo el título, más explícito: Rueda, Torner, Zóbel. El grupo de Cuenca. Casa del Cordón, Caja de Burgos, Burgos, 30 Abril-27 Junio 1998 y Parque de la Ciudadela, Pamplona, 3-26 Julio 1998.

[8] GÁLLEGO, Julián. Los tres caballeros de Cuenca. Madrid: “ABC Cultural”, 27/XI/1992, p. 31.

[9] Cuenca: Cuarenta años después (1964-2004). La poética de Cuenca. Centro Cultural de la Villa, Madrid, 25 Noviembre 2004–16 Enero 2005,

[10] DE LA TORRE, Alfonso. Gerardo Rueda. Bodegones. Madrid: Galería Estampa, 1986. Reproducido en la revista “Guadalimar”, Año XII, nº 88, Madrid, Abril-Mayo 1986, pp. 16-17.

[11] TORNER, Gustavo. Gustavo Torner. En: Torner. Madrid: Ediciones Rayuela, Colección Poliedro, 1978, pp. 44-45.

[12] PAVESE, Cesare. La tierra y la muerte (1945-1946). En: Cesare Pavese. Poesías completas. Edición de Italo Calvino. Madrid: Visor, 2008.   Traducción de Carlos José i Solosora. En italiano: “Sei la camera buia / cui si ripensa sempre”.

[13] DE LA TORRE, Alfonso. Torner, sí, elogio de la entropía. En Torner entrópico. Cuenca: Semana de Música Religiosa, 2015.

[14] TORRES, Raúl. Gustavo Torner, pintor en Cuenca. Madrid: “ABC”, 9/XII/1962, pp. 57-59.

[15] En Ibíd.

[16] Conversación de este autor con Miguel Ángel Albares, Director de la Catedral de Cuenca, a quien el autor expresa su agradecimiento.

[17] PÉREZ JOFRE, Teresa (Gustavo Torner). Gustavo Torner, la pulcritud del estilo.   En: Gustavo Torner. Escritos y conversaciones. Valencia: Pretextos, 1996, pp. 82-83.

[18] ZÓBEL, Fernando. Diarios, pro manuscripto.   Consulta Cortesía de la Fundación Juan March, Madrid.

[19] En la fecha de esta conferencia, 23/XI/2016.

[20] Gustavo Torner. Galería Granero, Cuenca, Diciembre 1995-Enero de 1996.

[21] TORNER, Gustavo. Gustavo Torner. Naturalezas vivas al aire libre. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1958. Ahí escribió una bella definición de su concepto creador: “Es como curar las heridas, no la enfermedad que las ocasiona. Deseamos tener algún asidero, aunque pequeño, seguro. No hay. Buscamos plenitud, y nos encontramos la mediocridad. Pero encendemos la radio, suena cierta música de repente caemos en la cuenta que por ahí va la cosa. A veces viendo museos nos hartamos de tanta pintura, y de pronto un cuadro tiene la extraña virtud de reconciliarnos con todo, del cansancio, del hastío, de la lluvia de fuera, de las caras desilusionadas de nuestros compañeros de visita… Es que hemos entrevisto algo muy de verdad”.

[22] CIRLOT, Juan-Eduardo. La pintura de Gustavo Torner. Cuenca: Imprenta Conquense, 1962, s/p.

[23] ZÓBEL, Fernando. Pensando en Gustavo Torner. En: Torner. Madrid: Ediciones Rayuela. Op. cit. pp. 3-6.

[24] TORNER, Gustavo. Gustavo Torner entrevista a Gustavo Torner. En: Gustavo Torner. Escritos y conversaciones. Op. cit., p. 101 y ss..

[25] Remitimos a la revisión conceptual de ARNHEIM, Rudolf: Entropy and art: and essay on disorder and order (1971), donde este autor refiere cómo, revisando la complejidad de lo real, puede destilarse otra armonía.

[26] ANTOLÍN, Enriqueta. Conversación II. “La mayoría de las pinturas no son arte, son sólo pinturas”. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones, op. cit. p. 121: “Hay quien dice que mi pintura es fría.   Pero yo estoy más de acuerdo con la frase que me define como un romántico hipócrita. Un romántico disfrazado de frialdad”.

[27] “(…) He sido devuelto al suelo con una tarea que buscar”. Rimbaud, citado por: BONNEFOY, Yves. Rimbaud por sí mismo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1975. Las reflexiones de Bonnefoy sobre la relación de Arthur Rimbaud con las “pequeñas ciudades de provincia”, creemos pueden ser equiparables al caso de Torner. Ibíd. pp. 8 y ss. Por ejemplo: “Es preciso tal vez el rostro ingrato del abandono provincial para que se deje entrever la más esencial libertad”. Ibíd. p. 11.

[28] TORNER, Gustavo. Conversación I. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones, op. cit. p. 61.

[29] TORRES, Raúl. Gustavo Torner, pintor en Cuenca, op. cit. El término “travelling” es utilizado ya en este temprano artículo por el propio Torner.

[30] TORNER, Gustavo. Conversación. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones, op. cit. p. 68.

[31] CIRLOT, Juan-Eduardo. La pintura de Gustavo Torner. Op. cit.

[32] Torner. Galería Machetti, Cuenca, 22 Agosto-4 Septiembre 1959.

[33] Torner. Escuelas Aguirre, Cuenca, 1-7 Abril 1955.

[34] Gustavo Torner. Naturalezas vivas al aire libre. Sala de Exposiciones del Palacio Provincial, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 28 Febrero-12 Marzo 1958.

[35] Torner. Fotografías. Galería Machetti, Cuenca, 3-20 Abril 1960

[36] PANYAGUA, Enrique R. El arte de Gustavo Torner. Salamanca: Caja Duero, 2003, p. 46.

[37] Nos referimos, se habrá entendido, a la tesis de Torner en: TORNER, Gustavo. El arte, víctima de sus teorías y de su historia (Discurso). Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1993.

[38] TORNER, Gustavo. Gustavo Torner entrevista a Gustavo Torner. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones, op. cit. p. 101.

[39] PÉREZ JOFRE, Teresa (Gustavo Torner). Gustavo Torner, la pulcritud del estilo. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones, Ibíd. p. 84: “La naturaleza, la realidad, el mundo. La naturaleza lo es todo, desde los agujeros negros o el Big-Bang hasta los átomos, desde lo más grande a lo más pequeño, desde lo que vemos a lo que no vemos.   La realidad es sólo aquella parte que vemos, que conocemos, pero yo quiero que realidad coincida con naturaleza (…)”. Ibíd.

[40] El asunto de la fascinación de la naturaleza está tratado en: DE LA TORRE, Alfonso. Nicholson y Rueda. Frente al Mar [ Ben Nicholson-Gerardo Rueda. Confluencias ]. Madrid: Galería Leandro Navarro, 2013.

[41] PÉREZ JOFRE, Teresa (Gustavo Torner). Gustavo Torner, la pulcritud del estilo. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones, op. cit. pp. 82-83.

[42] TORNER, Gustavo. Gustavo Torner. Naturalezas vivas al aire libre. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1958. “Es como curar las heridas, no la enfermedad que las ocasiona. Deseamos tener algún asidero, aunque pequeño, seguro. No hay. Buscamos plenitud, y nos encontramos la mediocridad. Pero encendemos la radio, suena cierta música de repente caemos en la cuenta que por ahí va la cosa. A veces viendo museos nos hartamos de tanta pintura, y de pronto un cuadro tiene la extraña virtud de reconciliarnos con todo, del cansancio, del hastío, de la lluvia de fuera, de las caras desilusionadas de nuestros compañeros de visita… Es que hemos entrevisto algo muy de verdad”. Son las citas de este párrafo.

[43] TORNER, Gustavo. Gustavo Torner entrevista a Gustavo Torner, op. cit. p. 104