EVA MILLARES- MEMORIA INSOLUBLE

EVA MILLARES- MEMORIA INSOLUBLE

Texto publicado en el catálogo
EVA MILLARES. GORLUAK
Cuenca: Fundación Antonio Pérez, 16/XII/2016-19/II/2017
EVA MILLARES: MEMORIA INSOLUBLE
ALFONSO DE LA TORRE

 

 

(…) el saber impoluto y libre de una Eva cualquiera.

Manolo Millares, Ante un dibujo de Eva que le salió igual a J. R. 1971[1]

C’est fini le temps des poètes, aujourd’hui je dors.

Gil J. Wolman, 1952[2]

 

EVA MILLARES ESCOBIO, 1961

[ PREÁMBULO ]

Eva Millares Escobio 1961.   Ese era el título, llegado antes de las líneas que siguen.   Todas aquellas palabras servían para definir a nuestra artista.   También acompañando su singular año de nacimiento, viendo en la cronología millaresca este decide contactar con Duchamp, el anartista que llevara al límite el acto de crear.   Hija de artistas, no en vano a su frecuentado apellido Millares ha de sumarse el materno, de la pintora de LADAC, Elvireta Escobio[3].

¿Dónde he recordado a Eva, atravesando mi memoria la biografía del artista de las arpilleras?

Claro, en los dibujos de Manolo, “Eva” es el primer nombre. En las fotografías de Juan Dolcet y Fernando Nuño, con Eva en el suelo y Manolo, aire gigante, a su lado. Es niña pintora de monstruos (ya) sobre la baldosa (1963) y el pintor ladea su cabeza contemplando.   Viaja a la Guayana.   Eva en la playa, durante la visita a la casa del galerista Lionel Cavalero, “El caminito”, Cannes, fin del verano de 1969. Lo narra el artista en sus Memorias. En el mar nada, dorada, y Manolo es dichoso, últimos días felices. Y palabras de pena, otras leídas y que recuerdo siempre, estío de 1972 junto a Moreno Galván en Salas de los Infantes[4].     Fin.

¿Y mil novecientos sesenta y uno?

 

1961

Épica del muro, rapto de los carteles, cicatrices hermosas de las paredes desgarradas: François Dufrêne, Mimmo Rotella, Raymond Hains y Jacques Villeglé[5], Gil J. Wolman, o tantos otros, también Manolo Millares. O Alberto Greco, otro amigo sin rostro[6] cuyo accionismo y letrismo parece también evocarse en algunas de las obras y, tal   Eva-viva-dita, merecidamente integrarse en la incómoda Internacional Letrista, artistas que, evocando a Brassaï, serán capaces de hallar belleza en los lugares menos nobilizados: urbana comedia desarrollada en la calle: el muro, la cicatriz hendida en la corteza del árbol, la letra, el mensaje o cartel efímeros sometidos al vapuleo del peatón, al juego, al viento o la lluvia, decolorados por la luz del estío. Piel recubriendo la ciudad, a nuestro paso transformándose en cada nueva capa de afiches que adherida es sobre lo que un día fue mensaje del futuro. Ayer u hoy, su música, quedan sepultados por nuevos papeles y su engrudo. Se corporeizan los pliegos en su denso estar, a veces humectantes.   Entre tanto, en su metamorfosis de destrucción se elevan palabras poéticas, luchan sonoras las frases por brotar: asoman otrora letras sueltas, fonemas, briznas letristas que, en tal soledad, arden en los muros: “the cut”; “bavarian”, ”saturday”, “plus”, “october”, “live” o “more”[7].   Como en el cuento de Lovecraft, “Las ratas de las paredes”, emergieron inesperadas las palabras desde lugares ignotos.   Gorluaks son sueños de versos sueltos, a lo Mallarmé, salpicando tal misteriosos pecios devueltos desde el fondo de un naufragio. Como un coup de dès el espacio de estas obras: todo pensamiento tiene algo del golpe de los dados, decía el vate.   Collages o, más bien, décollages-collages en cuya creación cooperó la otra vida, imágenes poetizadas por los avatares del meteoro y nuestra artista.    Ultraletrista, Eva Millares es creadora lacerada, le dije hace un tiempo tras ver sus últimas obras. Al cabo, la laceración, expresaba laceré-Villeglé, es un “no”[8], y millaresco es el “no”.

Bajo los adoquines estaría la playa.   Entre las calles vaga Eva Millares, ella es flâneuse como los lacerados, y en sus paseos contempla compungida en derredor: papeles en los muros, suelos, inscripciones, dibujos de grafistas anónimos o reconocidos artistas callejeros.   Se satisface especialmente en establecer resonancias, más que mostrar evidencias, rescatando estratigrafías de carteles en los distritos nobles de la ciudad, pareciere nocturnamente asaltados por la poesía letrista y goliarda de sus paredes. Mas también escudriñan sus ojos el suelo[9], me recuerda a veces la épica intensa e interior de Robert Walser, ese otro amante de las escrituras imposibles y lanzadas a la nada.  Nostalgia de la tierra diría Zambrano, el alma de nuestra artista se serena cuando suenan los papeles que crepitan a su paso: su quehacer se revela en ocasiones gozosamente hermético, entre el ruido habrá de llegar el silencio, ha de buscarse allende lo que está al alcance de la visión. Pues hay algo de quietismo en su actitud, la artista mira el ruido y escoge silenciando lo que fue acción, vocinglero, para reconducirlo a una fértil soledad.   Ahora es poesía.

Por eso su quehacer ensalza lo que fue efímero y sus dibujos en estos papeles son a veces pintados sobre la dificultad, entre las capas y relieves de los mismos, con la complejidad de pasar lápiz o tinta en diversos niveles y aspirando a una cierta confusión, borrosidad, elogiando, ya se dijo, lo que está de paso, dibujos que quedan metamorfoseados entre los accidentes.

Tipófila, como los Millares, novodadaista en su universo de explosión letrista, como Manolo embargado por la mística KWY[10] o los Villeglé y Hains. Acostumbrada a jugar infante entre los collages de detritus, los objetos ensamblados en las arpilleras millarescas, zapatos y latas, papeles, sacos de azúcar momificados, con el olor a yute o cuerda vieja en el estudio de la calle Hilarión Eslava[11], su quehacer tiene algo de ontología del despojo, metafísica del objeto o elemento aherrojado, puerta abierta con aire de jardín cerrado.   Trató nuestra pintora de llegar al silencio, como le dijera Tàpies a Valente[12].

Parece natural que Eva arribe finalmente a mostrar el resultado de varios años de trabajo, en un lugar que siempre ha sido su lugar, en este lugar tal Wunderkammen de lo encontrado. Y, de este modo, emparentarse también en una tradición, la del collage, que ha tenido en España una extraordinaria práctica, pienso ahora en algunos compañeros generacionales de Millares que nuestra artista ha conocido: Farreras, Rueda o Torner, la voz baja en humildes papeles, añadiendo a ello que Cuenca y su Museo, como este Museo Pérez, fue espacio en el que se reivindicó siempre el papel, frente a su amable desprestigio (Zóbel).   Poemas-Objeto, pienso en André Breton, paradas de monstruos que, además de mencionar a quien citamos siempre, podrían recordar a nuestro Bonifacio Alfonso versus Pierre Alechinsky, también a otro vecino de estas paredes, Lucebert. Y a Dubuffet, otro amante de los muros.

1961: Este es el juego de las cronologías: el mismo año en que nace Eva, el artista canario participa en la mítica exposición del MoMA The Art of Assemblage[13],y escribe el conocido texto, tan pintiparado para lo que nos ocupa, “Destrucción-construcción en mi pintura”[14].   En definitiva, fue un año capital para Millares sucediendo encuentros capitales tal conocer chez Cordier, en Paris, a José-Augusto França. Y a Antonio Pérez: oficialmente aquí comienza la correspondencia con Andarríos[15].

En el quehacer de nuestra artista habían aparecido un tiempo antes las “Mohografías”, proceso de construcción de nuevas imágenes sobre otras antiguas, en las que cooperó el tiempo y los azares, con su insistencia y afán destructivo. Tal un agujero negro, fotografías de personas, lugares, encuentros o situaciones, parecen desvanecerse en esta serie: para el arte de nuestro tiempo no hay “destrucción”: tras los hallazgos y el encuentro en el yacimiento de su memoria, la artista escoge la construcción de un nuevo mundo, este ya verdadero, mundo semejare en disolución, parecen algunas de sus imágenes confundirse con la pálida ebriedad de Vuillard. Podrían suscribir las “Mohografías” ciertos versos suspendidos por el tremor nocturno de Paul Celan: “es una hora que hace del polvo tu escolta”. “Mohografías”, como antes señalamos refiriendo las letras, que parecen devenir incandescentes, una trascendencia derivada de su poética contención, al límite de la evanescencia, tal apariciones pareciere sobrenaturales.  Decía Kafka que sus “historias son una forma de cerrar los ojos”[16], elogio de la desaparición de los órdenes que escribiera el paseante Walser por efecto de la bruma relampagueante, tan brillante como imprecisa[17]. Errancia de las imágenes que, al modo de emociones secretas, parecen referir que el lugar verdadero de las mismas, donde se construyen, es en nuestro alma interior.

¿Cuál será el misterio de permanencia de ciertas imágenes?.

Levanta la vista Eva, toma aire, mira en derredor, desciende de nuevo la mirada a sus pies.   Épica del muro y voz del suelo. Tierras y hojarasca, adoquines embarrados o papeles, crepitar de los pasos ya andados, entre ruinas y restos arqueológicos, en los bosques, urbes, sobre la arena. Atenta en el vértigo de la ciudad. Sobre los papeles arrancados o los pecios de las imágenes que recomponen nuestra vida, Gorluak compone un nuevo suelo donde pintar. A veces estos “suelos” parecen agitados, centrifugados. Con aire de masa de signos desplazados a lo Michaux.   Sobre el mar de papeles, en una cierta estructura gráfica amorfa, surgen realidades, a veces de difícil comprensión mas compuestas al modo de imágenes potenciales.   Deconstruye y construye algunas de las imágenes, tal fantásticas deformaciones: personas, animales, criaturas híbridas y personajes de aire fantástico un punto kleeianos a veces, otrora grotescos, se elevan componiendo, unido a una cierta surrealización de los títulos, cadáveres exquisitos, ¿ o exquisitos cadáveres ?.  Lecho de papeles que será el origen de sus dibujos, a los que veo un aire a lo Grosz, un cierto satirismo consolador. Elige Eva la vía que Baudelaire señalara para afrontar la creación artística y que comparte con Klee: desde lo frágil cotidiano sus creaciones devienen significantes, propende un cierto simbolismo de las formas que, de este modo, parecen universales. Antes bien, queda claro que Eva Millares subraya cómo el artista puede ser capaz de aspirar a lo espiritual rememorando los afanes humanos, tal rescoldo del vivir diario.

“No me siento artista. Solo soy una intermediaria entre mis universos soñados y el mundo real”, me dice Eva.   Poesía voluntaria son los sueños, recuerda el Diccionario surrealista[18].

 

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N O T A S

[1] Ante un dibujo de Eva que le salió igual a J. R. en: MILLARES, Manolo. Memorias de una excavación urbana y otros escritos. Barcelona: Gustavo Gili, Colección Letras de Arte, 1973, p. 58.

[2] En L’Anticoncept, 1952)

[3] En 1950 tuvo lugar la primera exposición de LADAC (Los Arqueros del Arte Contemporáneo) (1950-1952) en El Museo Canario. Editarán las monografías de arte “Los Arqueros”, y, con el impulso de Westerdahl, y encuentro con Santos Torroella, establecerán relaciones con el mundo artístico catalán, a través del grupo LAIS.   En 1951 se publica un folleto, titulado “LADAC”, en el que se establece la relación definitiva de artistas de este grupo: Elvireta Escobio, Plácido Fleitas, Juan Ismael, José Julio, Alberto Manrique, Manolo Millares y Felo Monzón.

[4] Entre otros artículos, lo narró el crítico en: MORENO GALVÁN, José María. Manolo Millares. Madrid-Barcelona: Revista “Triunfo”, nº 514, Año XXVII, 5/VIII/1972, p. 46. En la muerte de Manolo Millares. Revista “Triunfo”, nº 516, Año XXVII, 26/VIII/1972, pp. 52-53.

[5] El título de este texto recoge, a su vez, un cuadro de Jacques Villeglé: La mémoire insoluble (1998-2008).

[6] MILLARES, Manolo-AZCOAGA, Enrique. El hombre de la pipa. Las Palmas: Planas de Poesía, nº XIII, 1951. La dedicatoria del libro reza: “a juan antonio gaya nuño, enrique azcoaga, ángel ferrant, rafael santos torroella, tomas seral casas, jorge campos, enrique planas durá, ángel marsá, santi suros, modesto cuixart, sebastián gasch, juan ramón masoliver y eduardo clrlot, amigos sin rostros, por el lenguaje del color y la palabra” (sic.).

[7] Estos “restos letristas” están en obras de Eva Millares.

[8]La lacération est un Non ! (…) Un non adressé à la forme subtile de pouvoir tapie dans tout discours”. FRANCBLIN, Catherine (et al.). Jacques Villeglé. La Comédie Urbaine. Paris: Editions du Centre Pompidou, 2008.

[9] “De esa (pasión) su aproximación al paisaje – siempre con la vista clavada en el suelo- a la caza de algún fósil, de algún fragmento de sigillata hispánica, de una de aquellas monedas con la efigie de Augusto como la que tuve la fortuna de hallar, hace ya muchos años, en los alrededores de Segóbriga”. Eva Millares, 21/V/2016. O, también:“Aquí, como siempre, con un invierno otoñal que no baja de los 14 grados. El suelo está cubierto de hojas y de flores… un caos muy australiano”.

[10] Revista creada por René Bèrtholo (Alhandra, 1935 - Cacela, 2005) y Lourdes Castro (Funchal, 1930). KWY tuvo diversos formatos y periodicidades durante su vida editorial, entre 1958 y 1964.

[11] También estas palabras son de la propia artista: “¿De los sacos de azúcar momificados, del olor a yute, a cuerda vieja, del estudio de mi padre?”. Conversación con este autor (21/VI/2016).

[12] TÀPIES, Antoni-VALENTE, José Angel. Comunicación sobre el muro. Barcelona: Ediciones de la Rosa Cúbica, 1998.

[13] En 1961 tuvo lugar en el MoMA, The Art of Assemblage, en la que participó Millares y que posteriormente, 1962, se mostraría en The Dallas Museum for Contemporary Arts y San Francisco Museum of Art.

[14] Manolo Millares escribe, “Destrucción-construcción en mi pintura” para la revista “Acento Cultural” (nºs 12-13, Madrid, 1961)

[15] Si seguimos las “Cartas” que publicó la Fundación Antonio Pérez, la correspondencia se inicia el 14/X/1961. “Andarríos” es el epónimo con que Juan Marsé calificó a Pérez. Cuenca: “Cuadernos del Hocinoco”, nº 8, 2001. Así consta en los archivos de esta Fundación. Conversación con Mónica Muñoz, IX/2016.

[16] JANOUCH, Gustav. Conversaciones con Kafka. Frankfurt am Main: Fischer Verlag GmbH, 1968. Versión en castellano de Ediciones Destino, Barcelona, 1997, p. 74

[17] “Secreta y misteriosamente, siguen al paseante toda clase de hermosos y sutiles pensamientos de paseo, de tal modo que en medio de su celoso y atento caminar tiene que parar, detenerse y escuchar, que está cada vez más arrebatado y confundido por extrañas impresiones y por la hechicera fuerza del espíritu, y tiene la sensación de ir a hundirse de pronto en la tierra o de que ante sus ojos deslumbrados y confusos de pensador y poeta se abre un abismo (…). Tierra y cielo fluyen y se precipitan de golpe en una niebla relampagueante, brillante, apelotonada, imprecisa; el caos empieza, y los órdenes desaparecen”.   WALSER, Robert. El paseo. Madrid: Ediciones Siruela, Madrid, 1996

[18] BRETON, André-ÉLUARD, Paul. Dictionnaire Abregé du Surréalisme. Paris: Galerie des Beaux Arts, 1938. Versión en castellano: Diccionario Abreviado del Surrealismo. Madrid: Ediciones Siruela, 2002, p. 95.