DIS BERLIN. MATERIA CELESTE

DIS BERLIN. MATERIA CELESTE

Texto publicado en el catálogo
LOS OTROS (ARTISTAS)-THE OTHER ARTISTS
Madrid, 2016: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 128-138
[Intervenciones de José Luis Alexanco, Victoria Civera, Dis Berlin, Juan Hidalgo, Antonio Pérez y Eulàlia Valldosera, en el contexto de ARCOmadrid 2016. En colaboración con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid].

Quedaba el libro de Jouve quieto sobre la mesa, “Matière céleste”, cuando comenzaba la escritura de estas líneas sobre Dis Berlin (Ciria, Soria, 1959). Y su verso en “Orfeo”, en este mismo volumen: “Ô ombre! Ô sang bouillant de mémoire / Fluente au milieu du temps et non sauvée”.
Sueño, es Orfeo.

Región misteriosa, como la de aquel poeta olvidado, es su pintura, memoria y tiempo, quehacer autorreflexivo proclamador de escenas mentales e incitador de símbolos capaces de sobrepasar la mera representación de formas quietas que, empero, parecen ser animadas y ordenadas en pos de un cierto trascender que, a su vez, no esquiva que sus imágenes se hallen alojadas en un cierto exilio interior, impenitente autorretrato reiterado hasta la saciedad es su pintura, de aire muy poético, donde parece sucederse el encuentro con las citadas imágenes. Viajero así, gozosa y declaradamente inmóvil, muchas de ellas semejare embargadas por la letargia, no pareciendo distinguirse en ocasiones si formas o paisajes, objetos o mundo representado, quizás los personajes o las ciudades, sus composiciones que a veces evocan cosmos alucinatorios, se hallen en el interior de un sueño o bien si el propio pintor se encuentra complacientemente sumergido en ensoñaciones de sus interiores universos. Pues una cualidad a reconocer en su dilatado trabajo de artista otro, más de treinta años ya, es la capacidad de su mundo simbólico de atravesar la mera representación de las formas para, de tal modo, conducirse al espíritu, dotadas así, dichas formas, de una suerte de ánima que las insufla. Son las formas de un artista poético, complacientemente embargado en un dulce, imaginario y confeso, museo, -donde se reúne un complejo corpus intelectual: arte plástico, literatura, cine, música, fotografía y casi la totalidad de la representación visual-, atravesando el más largo recorrido que, como él refiere de Balthus, es un sinuoso camino que decide emprender para aprehender las formas. Creador, por tanto, atravesado por las imágenes, coleccionista de imágenes también, que parecen ser el origen de todo, contenedores de energía semejan sus cuadros, es el poder de una imagen, fuere una presencia abstracta o figurativa, el impulso necesario para emprender la obra, constituida, entonces, como una necesidad. Es su viaje a través de las imágenes, casi como una sanación donde exponer la melancolía, elogio del nomadismo visual como un remedio, -cuando no una reacción-, para el vivir. Es la elevación de tal personal “paraíso”, su “casa en el cielo”, para así desde dentro, desde tal casa celeste, viajar lejos, vida interior para evocar y complacerse, casi delectarse, en extender el imaginario. Es la aventura de un hombre, un artista quieto que, perseverante, mira el poder de encantamiento que acaece ante las cosas de apariencia menor pero que, así reveladas, en tal fascinación, estallan en significaciones alegóricas. Búsqueda de una visión en profundidad que nos promueve, así, ver las cosas, ya fuere animadas o inanimadas, una visión total o absoluta que, mostrándose, se encierra también, sobre sí misma, en una suerte de metafísica compacta y densa, donde proliferan formas, signos y maravillas, espacios en suspensión, solicitaciones, que parecen ser visiones que jamás se detienen, pues se renuevan permanentemente, fragor de las imágenes, danza de vida y caos, como las alucinaciones que fuesen de un viajero telúrico. “Alucino”, pensé, también, haber titulado este texto.

Pintor habituado, ya desde la asunción de un heterónimo para crear, a las alteridades, es sin duda esa alteridad radical el verdadero signo de su identidad compacta, en un pintor que también declara gozoso la intensidad de su literaturafilia que Dis Berlin vive, poeta frustrado Mariano Carrera, cazador de briznas del pasado, como un mal que no puede desprenderse de su condición artística. Y esa alteridad es signo de un mundo que escapa a las conformidades, una extraña inquietud donde es frecuente se pregunte por el tiempo y sus enigmas, por la memoria, desazón tal que le hace plantarse ante la construcción de una cierta epifanía de lo real, un mundo numinoso en el que parecen, a borbotones, brotar las imágenes, en lo que semeja ser un embate, casi una ecuación, entre el ser, el sujeto, el objeto y lo real, en un desbordamiento que jamás hallará fin y en donde se reivindica, sin complejo, aquella vieja aspiración de los artistas de todos los tiempos en pos de la belleza. Aspiración, como se ve, antigua, vergonzante es para otros, pero que refiere, obvio es, el inagotado deseo de tocar lo trascendente, a través de una búsqueda que parece la de quien revelara las múltiples facetas de los lados de una piedra de cristal. Pintor de espejismos, mas pintor quieto, es artista que pinta sus sueños: “mi condición me ha negado el poseer cuanto sueño; por eso lo pinto. A la sazón mi poder, el único, es la ensoñación”. Ah, malinconia de viejas ciudades, de oscuros lugares entrevistos, en sus cuadros que viajaban entre los ochenta y los noventa se revelaba ese asentar su personalidad pictórica en un mundo atmosférico e intenso, denso, donde se entremezclaban puertos que permanecen quietos, metrópolis en la noche, bulevares de sueños rotos, vistas azulinas embargadas por una cierta ebriedad del ver, mundo de lo que pareciere un flâneur gozosamente solitario, capaz de reivindicar a artistas antiguos, una hermandad de creadores varados frecuentemente en sus estudios, casi monacales, como Corot, Morandi, De Chirico, Balthus, Derain o Lindner, por ese orden citados, y reiterados con frecuencia.

Especulación pues sobre el propio acto de ver, mutatis mutandis, el trabajo de Dis Berlin parece promover verdaderos universos en sus posibilidades combinatorias: fenómeno o paisaje, ensoñación, fragmentación del objeto, persona o cosa, ídolo o roca, brancusianos y coloridos monumentos, planos encontrándose o geografía pluridimensional. Energía del objeto en el espacio, al cabo su exploración acaba refiriendo, también, de nuevo la melancolía, los propios límites de la percepción. Juego de las ilusiones, como energía motora de la creación, pero también es el manejo de una panoplia de juegos retóricos donde el lenguaje artístico, el metalenguaje muchas veces, desarrolla un papel fundamental. Un lenguaje que es gozosamente contaminado por la literatura y la historia del arte, ciertos elementos ilusionistas, ilusiones visuales que a veces parecen ubicarse en una poética de lo cotidiano. Siendo fundamental el diálogo con el espectador, pareciere que desplazándole a un cambio de perspectiva de la contemplación, Dis Berlin representa el deseo de crear desde la pintura, celebración de una realidad: que estamos en el mundo, aún con la invasión de todas las dudas sobre lo que somos. Al cabo, interrogación sobre la relación mental con el espacio -cuando no- ilusión sobre lo visible. Frustrados voyeurs que somos, cazadores cazados por las imágenes, asaltados asaltantes por el eterno retorno de la mirada: pues es la estructura retornante de la contemplación. Extrañeza de quien contempla, viéndose así sometido-a-pensar en torno al misterio de las formas, -el abismo de las formas que convoca a lo invisible, que diría Palazuelo-, que parecen entonces crecer, tal la epifanía de una presencia. Artista de mirada alterada, así percibe el mundo, vindicando cómo ciertos elementos que se alojan en lo cotidiano, lo que nos rodea y desapercibido pasa, puede ser también incorporado a la creación: algo común puede devenir extraordinario, tanteando a su vez la explicación de lo inexplicable. Como una cámara de espejos, que desplazara el espacio hacia la infinita ilusión. Mágico espejo que nos refleja, también a quienes contemplamos sus imágenes y que, de alguna forma, devenimos dueños de las mismas, convirtiéndonos en proyección también de nuestros sueños. Especulación sobre el acto de ver, ilusión sobre lo visible. Desde ese sentimiento de poética alteridad que es uno de los latidos del quehacer de nuestro artista, sus poéticas representaciones plantean mundos inquietantes que parecen proponer la ebriedad del crear para olvidar, viaje vertiginoso que transita entre el elogio del silencio de las cosas y la poesía de las imágenes, tránsito de la vida y su memoria, podríamos así decir que ésta aparece trasmutada en una mirada hacia el tiempo o, más bien, hacia los espacios de tiempo. Para Dis Berlin muchas de sus escenas pintadas acaban deviniendo singular espacio de reflexión, pareciendo confluir en sus obras tanto tiempo como espacio, dos de los asuntos capitales de la representación, en tal permanente y complacido desasosiego. Artista que ha reflexionado en torno a los límites de la representación, el espacio virtual y lo real, lo que se esconde bajo las apariencias, su obra no surge tanto de un planteamiento formal como de la idea, abordando cuál sea otra posibilidad de la realidad y cómo esta, al aproximarnos, se disuelve en el camino de dicha reflexión. Y en esa disolución está el milagro, cómo el misterio vuelve, restituido, a recomponer la primigenia forma.

Amante de lo paradójico, de los juegos de la representación, de la importancia de las metáforas para comprender el mundo, es el suyo un arte esquivo a las jerarquías visuales, arte de las sugerencias y de la intensidad, es el ejercicio de una poderosa plasticidad de lo simbólico en este coleccionista de imágenes, -otro de sus modelos es el aventurero Picabia-, de alguna forma “Belle de nuit”, título de su intervención, en la que se despliegan una treintena de fotomontajes, principalmente referidos al mundo de los escenarios, ¿qué es el escaparate si no, al cabo, el escenario favorito de las ciudades en la noche, en la noche de neón?, se convierte en una suerte de summa creativa, un atlas visual de sueños. Como explica en el texto que acompaña este catálogo, vuelve a la teoría de los paraísos interiores, su casa celeste: “(…) La puesta en escena es un “trompe l´oeil” dentro de un “trompe l´oeil”, es decir una habitación imaginaria llena de cuadros, de los cuales dos de ellos son pantallas, donde se podrán ver los dos trabajos creados para la ocasión. En el más sencillo se van mostrando durante varios segundos una secuencia de fotomontajes donde he recreado, en clave onírica y a veces delirante, escenas que transcurren en escaparates de otras épocas. Es una reivindicación del esfuerzo creativo y raramente reconocido de las ventanas comerciales que tanto impacto tuvieron en un público ideal, es decir inocente y abierto a las sorpresas. (…) He aprovechado para hacer un homenaje a artistas importantes en mi imaginario creativo como Kubin, Max Klinger, Keaton, Felicien Rops… que sacados de su contexto cobran un valor fantasmal”.

All cabo, caprichos de la belleza, otro título de un fotomontaje, creaciones plagadas de metáforas, como bien sabe Juan Manuel Bonet el escaparate parece, más que nunca, uno de los recovecos sentimentales del mundo de Dis Berlin, que este artista aborda con ironía y distancia, mas también con melancólica ternura, aprovechando para que en ciertos escenarios aparezcan personajes de su particular inventario iconográfico sentimental, ecléctico y en permanente transformación, un metafísico mundo capaz de abastecerse de su colección de imágenes del cine y la fotografía, la publicidad o la postal, bibliomanía que le permite encontrar sus recursos para concebir así tal particular summa de fábulas y prodigios, una suerte de espacios en suspensión que, empero, no están exentos de una cierta tensión y donde se confunde, como en la semana de bondad de Max Ernst, realidad y ficción, máxime considerando la técnica de verdadera fusión de estos fotomontajes que, ya virtuales, borran pegados y superposiciones creando, eso es lo que pretende el artista, nuevas e indelebles ventanas, imaginarios reales, que se conciben también como extraños sueños, un recuerdo ahora a Grete, donde seguir mirando, eso sí quieto, nuevos mundos. Conversaciones al atardecer, fantasías de aire onírico de un pintor surreal al que le iría bien el calificativo de neometafísico, retablos para la ciudad de neón, podría haber sido otro título para esta panoplia incesante. Enciclopedia ilustrada del acontecer del escaparate, surtido de imágenes que Dis Berlin, un pintor de trampantojos sublimes y emblemas, anacrónico testigo y heredero de la modernidad, propone en Preciados. Mundo que no excluye la citada tensión y evita la distracción, pareciere derivarse su universo de una búsqueda desaforada de plenitud, es el intento de atrapar una cierta imagen ideal abastecida desde su imaginario intensísimo de coleccionista y clasificador de imágenes, un mundo paralelo, así se titula otro de los fotomontajes de su intervención, universo de exaltaciones y delirios, con algo de medido ritual esotérico, que es el resultado del personal intento de este portador de una imaginación introvertida por reconstruir un mundo misterioso y enigmático.

Toca la lira Dis Berlin, es Orfeo.
Silencio, caemos embargados por el sueño.

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[1] JOUVE, Pierre Jean.  Matière céleste.  Paris : Gallimard, Poésie, 1964-1995, p. 155.

[2] Ese era el título de un cuadro del artista y de su exposición en el Castillo de Valderrobres, organizada por Museo de Teruel, en 1991, “El viajero inmóvil”.  El asunto, y el origen de la expresión de Pierre Marc Orlan, lo explicaba: BONET, Juan Manuel.  La Europa de Dis Berlin.  Teruel: Castillo de Valderrobres, 1991, p. 9.

[3] DIS BERLIN.  Las Confesiones de un Artista Solitario.  Valencia: Fundación Bancaja, pp. 30-43, 1999.

[4] Ibíd. p.  31: “Más que sus temas, me interesa su forma de vivir el proceso creativo, siempre opta por el camino más largo”.

[5] Ambos términos evocan títulos de proyectos expositivos de Dis Berlin.  “Mi casa en el cielo”, Galería Victor Saavedra, 2007 y “Esculturas del paraíso”, Ayuntamiento de Jerez, 2009.

[6] Título de un cuadro de Dis Berlin de 2006: “Fragor. Danza de vida y caos”.

[7] Título de un cuadro de Dis Berlin de 2007.

[8] En el citado texto del artista puede seguirse su ideario estético: DIS BERLIN.  Las Confesiones de un Artista Solitario, op. cit.

[9] Citado por Juan Manuel Bonet.  BONET, Juan Manuel.  La Europa de Dis Berlin, op. cit. p. 8.

[10] Carta de 1983 referida por BONET, en Ibíd.

[11] DIS BERLIN.  Las Confesiones de un Artista Solitario, op. cit. p. 31.

[12] Ibíd.

[13] Título, en singular, de uno de sus cuadros de 2008.

[14] Los términos de este párrafo le pertenecen a: BONET, Antonio.  Los enigmas paradigmáticos de Dis Berlin.  Miengo: Sala de Arte Robayera, 2012, pp. 5-6: “Si se tratase de un pintor del pasado lo clasificaríamos como un pintor de “emblemas” (…) día a día va elaborando unos cuadros que cada vez más profundizan en el sentido emblemático de la representación”.

[15] El término es de Juan José Tharrats, aplicado a Pablo Palazuelo, y explicado en: Alfonso de la Torre, “Pablo Palazuelo.  La imaginación introvertida”, Fundación Juan March-Fundación Museo Jorge Oteiza, Madrid-Alzuza, 2010-2011, pp. 8-35.