AVANT-PROPOS CARMEN CALVO : PRESSENTANT AVEC VIOLENCE [es/fr]

AVANT-PROPOS CARMEN CALVO : PRESSENTANT AVEC VIOLENCE [es/fr]

Texto publicado en el catálogo
LES OPÉRAS DE CARMEN
Paris, 2016: Galerie Thessa Herold

Objetos de destrucción, indestructibles objetos.

Un metrónomo, “Indestructible Object (Objet indestructible)”, de Man Ray, creado en 1923. Sobre la aguja, en el balancín, la imagen de un ojo-collage adherido, posiblemente de Kiki de Montparnasse: un pintor, dirá aquel artista, tiene necesidad de un público. Destruido por su creador en un ataque de rabia, otro dibujo posterior sobre el mismo asunto titulado ahora “Object of Destruction (Objet de destruction)”, portará la siguiente leyenda: “Découper l’oeil dans la photographie de quelq’un que l’on a aimé, mais que l’on ne voit plus. Fixer l’oeil au balancier d’un métronome et régler le contrepoids pour obtenir le rythme désiré. Continuer jusqu’aux limites de l’endurance. En visant bien à l’aide d’un marteau, tenter de détruire le tout d’un seul coup”[1]. El objeto de destrucción, portaba esta vez el ojo de su nueva amada, Lee Miller, y fue remitido a esta con otra nota, escrita en color rojo: “un œil toujours en réserve / Matériau indestructible…/ À jamais remisé / Abusé…/ Mis dans l’embarras…/ La combine continue-/ Je suis toujours en réserve”[2]. El ojo indestructible, ojo que Bataille escribiera es motivo de seducción, certificaría a lo largo del siglo veinte que la seducción extrema es, posiblemente, el límite del horror[3].

Encuentro entre la música y la creación plástica, ojo también indestructible, este conjunto de obras de Carmen Calvo contiene como motivo la ópera, tal pretexto, y hay algo en sus cuchillos, en ciertos objetos presentes encontrados con los rostros, en su temporalidad cierta, en su desgranarse las imágenes en el ritmo del papel, en su reverberación melodramática, que me hicieron recordar el metrónomo de Man Ray, al cabo otro encuentro entre música y creación. Ojos frecuentemente señalados con bandas u objetos, cegados en ocasiones, crecidos por la presencia de elementos, ocultados o pintados, subrayados por notas de color. Obras, estas de Carmen Calvo, que merecerían ser un nuevo apéndice incluido en el capítulo “La mujer surrealista” del Diccionario Surrealista.

Vivimos de cataclismos, sentenciaba Jarry en la acepción “vivir” de dicho Diccionario[4], subrayando así la conmoción que parece conllevar el crear. Violencia, presentida en la vela[5], un viejo retrato con un desecho plástico violáceo y una flor en el rostro, es su particular cataclismo, tal titula Carmen Calvo una de las obras más simbólicas que sigue en estas páginas y se entiende, en ese viaje suyo que goza del viaje entre los extremos, el atractivo que, para esta artista, ha supuesto su encuentro con el exceso, con óperas como “Carmen”, “Das Rheingold”, “La forza del destino”, “L’elisir d’amore”, “Madame Butterfly” o “Il turco in Italia”, entre otras.

Retratos de viejas pasiones, de eternos aconteceres del vivir, al cabo inmemoriales crónicas del ir y venir de los sentimientos, siempre subrayados por el tono melodramático, presentes también una actitud onírica y un cierto aire de turbulencia, destilado por sus obras. Pues el quehacer de Carmen Calvo parece construido al modo de un testigo invisible, quedan las imágenes atestiguando que ya se ha ido, remedando palabras de Derrida[6]. Trabajando, infatigable, habitando las cenizas de la historia, -ella trabaja todo el tiempo-, atravesando su obra varias veces la imagen, infatigada, -la imagen que fue, la que entonces es, tras su trabajo, ahora-, tal una lección de pintura que fija las cosas. Sin medida amplia los símbolos Carmen Calvo, sus particulares fantasmas del yo: delirios, identidades perdidas, huellas como objetos, elementos en los que prevalece, siempre, la autoridad de la mirada. Mirar comprensivamente hacia la creación supone un acto personal, de una solemne individualidad, ha referido recientemente la artista[7]. Ilustremos, dice ella. Experiencia del vivir para la que no hay ruta o restitución posible, ni cartografía certera, la obra de Carmen Calvo refiere una suerte de infatigada travesía, -ya citamos los ojos-, en torno a la ceguera, tal parece rememorar otra obra que ilustra estas páginas, “La mano que aprieta” (2015): la mano sobre el rostro vela la visión permitiendo, entonces la inmersión, el viaje hacia la imaginación. Relatos tal asedios, encadenando imágenes, interrumpiendo relatos, elevando un repertorio de sucesos como imágenes que le servirán para retomar después sus obsesiones: ver para no ver, contemplar y llorar, crear para ver, tentando la (in)visibilidad, gozosa en la contradicción, de ahí que Calvo, con frecuencia, inunde sus obras de dibujos que se encuentran con papeles pegados, fotografías y recortes, elementos por lo general de la historia armados junto a dibujos que parecen haber surgido entre la distracción o el azar, realizados quizás por ello en posiciones dispares, cabeza arriba-cabeza abajo, con técnicas variadas, como trazando una desordenada historia de su memoria y, por tanto navegando por el pasado-ahora. Nombres dichos y nombres escondidos. Buceando. (Historias de familia, a veces historias amadas: suena la música en los viejos discos reunidos en su estudio, que le recuerdan a su hermano, ya ausente). Entre el dolor que es el fulgor, también, del vivir.

Encadenando historias, e interrumpiéndolas con brusquedad, viajando entre las escisiones e incorporaciones, encarnizándose con las imágenes, apropiaciones y reapropiaciones, al cabo un trayecto entre lo presente y el prodigio, aquellos son los dibujos de una artista que se sitúa ante el papel, una actividad compleja y de extrañezas, rasgando el velo. Calvo es una artista dispuesta a presentir que elevar trazos es, también, elogiar la invisibilidad, tal otra forma en que se puede encarar lo visible, ceguera para ver, contradictoria mas irrenunciable tentativa en la noche de quien traza, pareciere conminada a la inapelable forza del destino, iluminación de su destino, signos en la penumbra, elevación, -es el trabajo de lo visible-, entre la ceguera que supone la permanente mención a la vista[8].

Nombres dichos, nombres escondidos, reconstituyendo narraciones que parecen con frecuencia disipar el centro, en especial en sus collages que incluyen dibujo que quedan esparcidos en la superficie del papel, creando historias diversas que se encuentran. En todo caso, el quehacer de Calvo ha tenido siempre algo de pintura de la voz, quiero decir que sus historias han parecido contarse con las palabras, jamás con los silencios, de ahí la importancia que en su trabajo tiene la compañía de los enigmáticos títulos, que a veces parecen impuestos y otras esquivados, también la presencia de la escritura y del recorte timbrado, del papel escrito, tal el despliegue medido de un cierto horror vacui.

Multiplicando el encuentro con los elementos, las citas, las aparentes repeticiones, aislando o recortando, invocando a la memoria, su pintura crece mas no cesando de remitirse a sí misma, hasta alcanzar una cierta coreografía de su quehacer.

Voz de la pintura en los contenidos que habitualmente ha planteado como narraciones, soplos entre el silencio de una lengua incinerada por el duelo, el pasado y el ruido. Pues su pintura ha transitado con frecuencia las formas literarias, el discurso, y ha sido habitual que pudiese poblarse de elementos vinculados a lo musical y, también, lo hemos dicho, sus dibujos y collages están sometidos a un singular ritmo. Sonidos de su pensamiento interior, tal otra sonora soledad presta a restallar, hay algo de mano rítmica componiendo sus obras, que ya en los ochenta parecían evocar extrañas partituras, arqueológicas notas como escrituras, a veces dispuestas linealmente, tal un extraño pentagrama. Canta la cabeza de la muñeca sobre el taburete, canción de la más alta torre evocando a Rimbaud, en soledad, fragmentos del “Libro del desasosiego” de Pessoa devenido extraño poema en las voces de la artista junto a Toni Tordera[9]. Suenan voces infantiles, muñecos habladores, en la habitación y jaula del penar, en “Una jaula para vivir” (1997)[10]. La misteriosa música se extendía en el silencio de la madrileña calle de Preciados, sonidos de la casa, música cotidiana, en palabras de la artista[11], con ocasión de su intervención en el programa “Otras naturalezas”[12]. Late el reloj en su estudio, es otra música que nos acompaña. Pues su pasión por la música le ha llevado a utilizar elementos sonoros en algunas de sus esculturas e intervenciones, música casi compuesta por ella al modo de un collage de sonidos, a veces recogidos en su taller y fragmentos musicales y donde la banda sonora del cine, -una de las pasiones de Carmen, como lo fuera el teatro-, ha tenido un privilegiado lugar[13].

El trabajo de Carmen Calvo, ya hemos señalado, se establece deliberadamente fuera de cualquier consolación, pues en su obra hay algo de distancia, rumor silencioso y lejanía en el fondo de sus propuestas que no le impiden golpear. Inflexible, como canta la Carmen de Merimée-Bizet[14], ella no ha mentido nunca, vengan castañuelas y viejos retratos, antifaces o muñecos, medallas y puñales: zarandeando el espacio pictórico con aire caprichoso, tanteando el abismo sin cesar, compulsivamente al azar, aquí y acullá, del derecho y del revés, en todos los sentidos, Calvo es imparcial en el furor que destilan sus imágenes, furibunda hasta en las propuestas de supuesto placer, porque el mal que padece, la sublevación de su ser de artista, su inmensa sed, no es la mención a un extravío que pudiese repararse, ni a un deseo anhelado. Ante las imágenes de Carmen Calvo hay una llamada, una suerte de vulnerabilidad escogida entre el placentero teatro del mundo, a la par que aporta un inconformismo radical, tan trascendente como zumbón, siempre crítico, que alude a un permanente juego en pos de la escisión retiniana, donde la pintora ejerce una gozosa promiscuidad de la visión, un delirio en permanente éxtasis de las imágenes. Ganando en elipsis y extendiéndose desaforadamente, es la búsqueda del rumor que vaga por el mundo, la propuesta de una saturación, casi paroxística, de los contenidos de sus obras, ficciones sobre las ficciones devenidas ficciones que se encajan así, nuevamente, tal expropiadas en la piel de la realidad. Conviene recordar que la acepción de “belleza” que promueve Calvo es propulsora de inquietudes y tiene que ver con el sentido aludido por el surrealismo extendido inapelable hacia la creación del siglo veinte: una belleza no exenta de pavor y, por ende, sobrecogedora. Una magnificencia trémula y plena de misterio. Belleza convulsa, o no sería.

La coherencia de los fragmentos, la congruencia de lo separado, la liberación de la justificación formal irrisoria, sicum Breton[15], es esa “arqueología de lo imaginario”, aquel “brusco despliegue” que viera su amado Georges Duby al comentar su exposición en Thessa Herold[16], despliegue incesante mantenido a lo largo de su trayectoria y que alcanzará la verdad, su verdad, en un nuevo orden propuesto por la artista, es la disciplina visual que es posible alcanzar por la incoherencia y las escisiones, por qué no. Es su memoria singular, orgullosamente erigida, elogiadora de lo dislocado frente a la tendencia de la historia del arte por ordenar pacificadoramente transcribiendo un discurso consecutivo, lineal, amable y explicable. Empero, como decía Warburg, el tiempo de las imágenes es más bien fantasmal e impuro, -lo cual explica que hayamos calificado de “impura”, en diversas ocasiones, a nuestra artista[17]-, es el tiempo de las sobrevivencias que Calvo parece encarnar. Pues, esa “impureza” está en la base de su creación, mostrando a la par la capacidad en devastar las clásicas nociones del arte de un tiempo, el nuestro, acostumbrado al encasillamiento en torno a tal o cual proceder. No. Carmen es impura, y gusta vindicarse como tal, hallando muchas veces en los vertederos, en los saldos de las ciudades, en el mercado del suelo, en el baratillo o segunda mano, en los despojos regalados por sus próximos queridos, en la hondura de las historias, algunos de los elementos con los que compondrá sus cuadros, sus collages de objetos e intervenciones tridimensionales, Carmen Calvo ha reivindicado, lo hace siempre, la emoción como principio[18], recordando en este punto, pintiparado, uno de sus títulos con aire de extinción del tiempo: “Perder el tiempo comporta una estética” (2005). Mas junto a su pasión por el despojo y la reliquia, Calvo vindica la voz seria del arte, en especial de su época, ejerciendo una permanente investigación en torno a los procederes más contemporáneos, con una especial querencia por aquellos que han convertido a la fotografía en un elemento de trabajo cotidiano: cajas de luz, fotografías manipuladas, fotos adheridas a dibujo o imágenes sometidas al totus del conjunto en el que se producen encuentros dispares.

Encerrados los seres en el desamparo, en su extraña dulzura inhabitada, escindida hemos dicho ya, es esta la ficción del consuelo, apariencia y placidez de la mentira en lo nuevamente erigido en el espacio: una suerte de nueva resurrección de las formas y cuerpos, pareciere aún aquellas sin nombre, tentando o revelando el tiempo que hubo, exposición de otro espacio suspendido que siempre nos precede semejando, paradojal, referir la posibilidad de otro espacio visible. Quizás el secreto que no esconde Carmen Calvo sea la desmesura. Y, en cierta medida, esa desmesura tiene que ver con una forma peculiar de citar los títulos que, portándolos, parecen despegarse a veces de las imágenes. Nombres para in-nombrar, sus títulos con frecuencia exceden los atributos que las imágenes portan, su retórica, de tal modo que semejare que las obras quedan, nuevamente, en suspensión. Crear es un engaño, ya escribimos[19]. Faltando palabras que expliquen, excediendo las limitaciones del encargo, parece convenir la artista: estos son los títulos, con frecuencia recogidos desde lecturas recientes o libros que, secularmente le han impresionado, tal una retirada irónica de los sucesos que en derredor de su obra acaecen y quizás, estos sus títulos, no embarguen esta u otra obra, sino que acaban convirtiéndose, incluso en su discontinuidad, en un especial dietario de su propio sentido del vivir, tal una declaración que lo ocupase todo. Y la deriva de tal innombrabilidad vuelve a recordarnos: retornamos a estar solos, reina el silencio entre el desierto de lo creado.

Empero todo el trabajo de Calvo revela una voracidad por las imágenes, hambre, también, que no excluye la visibilidad y que incorpora en sus obras lo considerado real, lo frecuentado o lo que procede de su particular imaginario, mas otrosí la mención al sueño de lo que se ha desvanecido, cerremos los indestructibles ojos en pos de su exigencia de la revelación en lo visible, algo de lo que también parece hablar, en discurso lumínico-fotográfico que propende al desvanecimiento, a lo que es de difícil aprehensión, cooperando en ello la presencia de negativos de las imágenes, tal sucede en una de las obras que ilustra los cuentos de Hoffman de Jacques Offenbach (2012). Apofática por tanto en tal placentero tantear los abismos, pues la obra de Carmen Calvo acaba revelando la dificultad del ver, al cabo, la eficacia de una imagen exige conocer no tanto la literalidad de una historia, que puede ser oscura mas también podría redundar en algo que sabemos: que mucha de la historia del arte es un elevado artificio que nos introduce, mediante tal mecanismo, en la falta de realidad del mundo visible. Conociendo “El gran teatro del mundo” (1998), vindicativo título de una antigua obra de Calvo, es capital en este punto subrayar la densidad de las sugerencias que pueden encarnarse, por qué no, en una lectura poética, una suerte de suspendida demostración viajera allende las apariencias formales.

Salida abierta por el pasadizo de la noche, escribimos[20]. Que caiga la noche sobre la orquesta, hablen las imágenes.

Alfonso de la Torre

Febrero de 2016

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[1] This Quarter, vol. 5, nº 1, IX/1932, p. 55.

[2] MUNDI, Jennifer (ed.). Surrealism. Desire Unbound. Princeton : Princeton University Press, 2001, p. 161.

[3] BATAILLE, Georges. L’oeil. Paris : Documents nº 4, IX/1929, p. 216.

[4] BRETON, André-ÉLUARD, Paul. Dictionnaire Abrégé du Surréalisme. Paris: Galerie des Beaux Arts, 1938. La acepción de Jarry se halla en el término “Vivir”. Versión castellano: Diccionario Abreviado del Surrealismo. Madrid: Ediciones Siruela, 2002, p. 108.

[5] “Presintiendo la vela con violencia“ (2014) es el título de una de las obras que pueden verse en este catálogo.

[6] DERRIDA, Jacques. Aletheia. En Artes de lo visible (1979-2004). Pontevedra: Eliago Ediciones, 2013, p. 267. Procede de Nous avons voué notre vie à des signes….Bordeaux: William Blake & Co. Edit., 1996, pp. 75-81.

[7] “Esta obra es, a su vez, un tratado sobre el arte de la mirada, un sentido que todo artista debe ejercitar en su trabajo. Mirar arte es un acto personal, de una solemne individualidad (…)”. CALVO, Carmen. Goya: los tapices y la artesanía. Madrid. Fundación Amigos del Museo del Prado, 2016, pro manuscripto.

[8] Algunos dibujos que cito pertenecen a la serie de la ópera homónima. También sobre lo dicho, podrían ilustrarse con “Street Scene de Kurt Weill” (2012).

[9] Chanson de la plus haute tour (2006).

[10] “Los sonidos musicales de “Una jaula para vivir ” están grabados de los muñecos mismos. Lloros, risas, frases…Hay muñecos habladores”. Conversación de este autor con la artista, 5/II/2016.

[11] Así lo señaló en el programa “Juego de espejos”, que luego referimos.

[12] En su intervención en “Otras naturalezas” (2011), para ARCOmadrid, Carmen Calvo utilizó músicas de diversas procedencias, principalmente bandas sonoras de películas clásicas: “Vértigo” y “Los pájaros” (1958) de Alfred Hitchcock o “Taxi Driver” (1976) de Martin Scorsese (con músicas de Bernard Herrmann); “Peeping Tom (El fotógrafo del pánico)” o “El mirón” (1960) de Michael Powell (música de Brian Easdale) u “Ópalo de Fuego” (1978) de Jesús Franco. La banda sonora, collage de sonidos, se podía calificar de creación propia, al incorporar Calvo otros diversos elementos tomados al azar, como el reloj de su estudio. Carmen Calvo, “Entrad, entrad, no tengáis miedo de quedar cegados”, en “Otras Naturalezas”, Ámbito Cultural-El Corte Inglés, ARCOmadrid 2011.

[13] A este respecto aconsejamos la audición de su presencia en el programa español de Radio Clásica, “Juego de espejos” (RTVE, 27/X/2014). Las músicas elegidas por Calvo fueron, por este orden: Claude Debussy (“Nocturnos”); Bessie Smith; Franz Liszt (“Pensamiento de los muertos”, del ciclo “Armonías poéticas y religiosas”); Quincy Jones-Count Basie (“Li’l Ol’ Groovemaker”); Igor Stravinsky (“Petrushka”) y Richard Strauss (“Primavera-Frühling”): http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SJUEGO/mp3/7/7/1414452103977.mp3

[14] Pides lo imposible. Carmen no ha mentido nunca, su alma es inflexible. “Carmen”, Acto IV.

[15] BRETON, André-ÉLUARD, Paul. Dictionnaire Abrégé du Surréalisme. Op. cit.

[16] DUBY, Georges. Carmen Calvo. De l’esprit à la matière, une archéologie de l’imaginaire, Paris : Galerie Thessa Herold, Primavera 1995, pp. 7-8. Duby había escrito ya en 1988 sobre la obra de Calvo. DUBY, Georges. Carmen Calvo. Palma de Mallorca: Sala Pelaires, VI/1988. Como hemos señalado en cierta ocasión era singular que una joven artista tomara la decisión de invitar a una gloria de la historia, Duby, un medievalista reconocido, -historiador ecléctico, riguroso y próximo, de aire poético-, para encontrarse con su pintura de ese tiempo.

[17] DE LA TORRE, Alfonso. Carmen Calvo. La artista impura. Cuenca: Fundación Antonio Pérez, 2013. “(…) Artista impura, adjetivo que le es caro, y que expresa diversas cuestiones de su quehacer: el carácter híbrido de su creación, su capacidad para pertrecharse de los más dispares medios de expresión, la querencia objetual dispar, la frecuencia con la que viaja del dibujo o el collage a la fotografía y, desde esta, nueva vuelta, retornando a mencionar la técnica descubierta por los cubistas. Sin olvidar el variado uso de materiales: minerales, corporales, papeles, vestimentas, cerámicas, muñecos, objetos y restos varios. También sonidos. (…) creemos un nuevo mundo para, acto seguido, ponerlo, como si tal cosa, en cuestión. También lo de “impura” habla de algo más intenso y sugerente, como es un permanente viaje en torno a la noción misma del pecado, tan arraigada en la hondura de lo nuestro, en la cultura hispana”. Ibíd. p. 11.

[18] BONO, Ferrán. La emoción como principio. Madrid: “El País”, “Babelia”, n º 1107, 9/II/2013, p. 2

[19] DE LA TORRE, Alfonso. Carmen Calvo: Crear es un engaño. Fuenlabrada: CEART-Centro de Arte Tomás y Valiente, 2014.

[20] DE LA TORRE, Alfonso. Carmencalvilia. Valencia-Madrid: Edición ilustrada por la artista, 2014. Fue reproducido en: DE LA TORRE, Alfonso. Carmen Calvo. La artista impura. Op. cit.

Texte publié dans le catalogue
LES OPÉRAS DE CARMEN
Paris, 2016: Galerie Thessa Herold

Objets de destruction, indestructibles objets.

Un métronome, « Indestructible Object » (Objet indestructible), de Man Ray, créé en 1923. Sur l’aiguille, sur le balancier, l’image d’un œil-collage adhéré, probablement de Kiki de Montparnasse : un peintre, dira cet artiste, a besoin d’un public. Détruit par son créateur dans un accès de rage, un autre dessin ultérieur sur le même thème, intitulé maintenant « Object of Destruction » (Objet de destruction), portera la légende suivante : « Découper l’œil dans la photographie de quelqu’un que l’on a aimé, mais que l’on ne voit plus. Fixer l’œil au balancier d’un métronome et régler le contrepoids pour obtenir le rythme désiré. Continuer jusqu’aux limites de l’endurance. En visant bien à l’aide d’un marteau, tenter de détruire le tout d’un seul coup ». L’objet de destruction portait cette fois l’œil de son nouvel amour, Lee Miller, et fut remise à celle-ci avec une autre note, écrite en rouge : « un œil toujours en réserve / Matériau indestructible… / À jamais remisé / Abusé… / Mis dans l’embarras… / La combine continue / Je suis toujours en réserve ». L’œil indestructible, œil qui selon Bataille est motif de séduction, certifierait tout au long du vingtième siècle que la séduction extrême est, probablement, la limite de l’horreur.

Rencontre entre la musique et la création plastique, œil également indestructible, cet ensemble d’œuvres de Carmen Calvo comprend comme motif l’opéra, tel un prétexte. Et il y a quelque chose dans ses couteaux, dans certains objets présents que l’on trouve avec les visages, dans sa temporalité certaine, dans son égrenage des images au rythme du papier, dans sa réverbération mélodramatique, qui m’a rappelé le métronome de Man Ray, en somme, une autre rencontre entre musique et création. Des yeux souvent signalés avec des bandes ou des objets, parfois aveuglés, agrandis par la présence d’éléments, dissimulés ou peints, soulignés de notes de couleur. Ces œuvres de Carmen Calvo mériteraient de constituer une nouvelle annexe au chapitre « La femme surréaliste » du Dictionnaire du surréalisme.

Nous vivons de cataclysmes, affirmait Jarry dans l’acception de « vivre » de ce Dictionnaire, soulignant ainsi la commotion que semble comporter la création. Violence, pressentie dans la veille, un vieux portrait avec un déchet plastique violacé et une fleur sur le visage, est son cataclysme particulier et le titre que Carmen Calvo donne à une de ses œuvres les plus symboliques, qui est présentée dans ces pages. Et l’on comprend, dans ce voyage qui est le sien, un voyage entre les extrêmes, l’attrait suscité chez cette artiste par la rencontre avec l’excès, avec des opéras comme « Carmen », « Das Rheingold », « La forza del destino », « L’elisir d’amore », « Madame Butterfly » ou « Il turco in Italia », entre autres.

Portraits de vieilles passions, d’événements éternels du vivre, somme toute, chroniques immémoriales de l’aller et venir des sentiments, toujours soulignés par le ton mélodramatique, sans oublier l’attitude onirique et un certain air de turbulence distillé par ses œuvres. Car le travail de Carmen Calvo semble construit comme un témoin invisible, laissant derrière lui les images qui témoignent du fait qu’il est déjà parti, pour reprendre les mots de Derrida. Travaillant, infatigable, habitant les cendres de l’histoire, – elle travaille tout le temps –, l’image traverse plusieurs fois son œuvre, infatiguée, – l’image qui fut, et qui est donc, après son travail, le maintenant –, comme une leçon de peinture qui fixe les choses. Sans mesure, Carmen Calvo étend les symboles, ses fantômes particuliers du moi : délires, identités perdues, empreintes comme des objets, éléments où prévaut toujours l’autorité du regard. Se tourner complètement vers la création suppose un acte personnel, d’une individualité solennelle, a récemment déclaré l’artiste. Illustrons, dit-elle. Expérience du vivre pour laquelle il n’y a pas de chemin ou de retour possible, ni de cartographie précise, l’œuvre de Carmen Calvo porte sur une sorte de traversée infatiguée, – nous avons déjà cité les yeux –, autour de la cécité, comme semble le rappeler une des autres œuvres qui illustrent ces pages, « La mano que aprieta » (La main qui serre, 2015) : la main sur le visage voile la vision permettant l’immersion, le voyage vers l’imagination. Des récits tels des sièges, enchaînant les images, interrompant les histoires, dressant un répertoire d’événements comme des images qui lui serviront à reprendre plus tard ses obsessions : voir pour ne pas voir, contempler et pleurer, créer pour voir, en tentant l’(in)visibilité, joyeuse dans la contradiction. C’est pourquoi Calvo inonde fréquemment ses œuvres de dessins accompagnés de papiers collés, de photographies et de découpages. Ces éléments appartenant généralement à l’histoire sont armés de dessins qui semblent surgir de la distraction ou du hasard. C’est peut-être pour cela qu’ils sont réalisés dans des positions disparates, tête en haut-tête en bas, avec des techniques variées, comme traçant une histoire désordonnée de sa mémoire et, par conséquent, navigant dans le passé-maintenant. Noms cités et noms occultés. Immersion. (Histoires de famille, histoires parfois aimées : la musique des vieux disques sonnant dans son atelier lui rappelle son frère, déjà absent). Dans la douleur qui est la splendeur, également, du vivre.

Enchaînant des histoires et les interrompant brusquement, voyageant entre les scissions et les incorporations, s’acharnant avec les images, appropriations et réappropriations, en somme, un trajet entre le présent et le prodige, ainsi sont les dessins d’une artiste qui se place face au papier, une activité complexe et riche en étonnements, déchirant le voile. Calvo est une artiste disposée à pressentir que lever des traits est, aussi, faire éloge de l’invisibilité, comme une autre forme permettant d’affronter le visible, cécité pour voir, tentative contradictoire mais incontournable dans la nuit de celui qui trace, comme condamné à l’inévitable force du destin, illumination de son destin, signes dans la pénombre, élévation, – c’est le travail du visible –, entre la cécité liée à la mention permanente de la vue.

Noms cités, noms occultés, reconstituant les narrations qui semblent souvent dissiper le centre, en particulier dans ses collages comprenant du dessin qui sont éparpillés sur la surface du papier, créant des histoires diverses que l’on découvre. En tout état de cause, le travail de Calvo a toujours eu quelque chose de la peinture de la voix. Ce que je veux dire, c’est que ses histoires semblent être racontées avec les mots, jamais avec les silences, d’où l’importance que revêt dans son travail la compagnie de titres énigmatiques, qui paraissent parfois imposés et d’autres fois esquivés, tout comme la présence de l’écriture et du découpage timbré, du papier écrit, tel le déploiement mesuré d’un certain horror vacui.

Multipliant la rencontre avec les éléments, les rendez-vous, les répétitions apparentes, isolant ou découpant, invoquant la mémoire, sa peinture évolue mais ne cesse jamais de se reporter à elle-même, jusqu’à atteindre une certaine chorégraphie dans le travail de l’artiste.

Voix de la peinture dans les contenus qu’elle a habituellement présentés sous forme de narrations, des souffles dans le silence d’une langue incinérée par le deuil, le passé et le bruit. Car sa peinture a souvent parcouru les formes littéraires, le discours, et il était habituel qu’elle puisse se peupler d’éléments liés au musical. En outre, nous l’avons déjà dit, ses dessins et collages sont soumis à un rythme singulier. Sons de sa pensée intérieure, comme une autre solitude sonore prête à claquer, il y a une certaine main rythmique composant ses œuvres qui, dans les années 80, semblaient déjà évoquer d’étranges partitions, des notes archéologiques comme des écritures, parfois disposées de façon linéaire, comme un étrange pentagramme. La tête de la poupée chante sur le tabouret, chanson de la plus haute tour évoquant Rimbaud, dans la solitude, des fragments du « Libro del desasosiego » (Livre de l’inquiétude) de Pessoa devenu un étrange poème dans les voix de l’artiste avec Toni Tordera. Sonnent des voix enfantines, des poupées parlantes, dans la chambre et la cage de la peine, dans « Una jaula para vivir » (Une cage pour vivre, 1997). La mystérieuse musique s’étend dans le silence de la rue madrilène de Preciados, sons de la maison, musique quotidienne, selon les mots de l’artiste à l’occasion de son intervention dans le programme « Otras naturalezas » (Autres natures). L’horloge bat dans son atelier, c’est une autre musique qui nous accompagne. Car sa passion pour la musique l’a amenée à utiliser des éléments sonores dans certaines de ses sculptures et interventions, musique pratiquement composée par elle sous la forme d’un collage de sons, parfois réunis dans son atelier et de fragments musicaux, où la bande sonore du ciné, – une des passions de Carmen, comme le fut le théâtre –, a occupé une place privilégiée.

Le travail de Carmen Calvo, nous l’avons déjà signalé, se définit délibérément hors de toute consolation, car il y a dans son œuvre une certaine distance, un grondement silencieux et un éloignement au fond de ses propositions qui ne l’empêchent pas de frapper. Inflexible, comme le chante la Carmen de Merimée-Bizet, elle n’a jamais menti, qu’il s’agisse de castagnettes et de vieux portraits, de masques ou de poupées, de médailles et de poignards : bousculant l’espace pictural avec un air capricieux, tâtonnant sans cesse l’abîme, compulsivement au hasard, d’un côté et d’un autre, à l’endroit et à l’envers, dans tous les sens, Calvo est impartiale dans la fureur que distillent ses images, furibonde jusque dans les propositions d’un prétendu plaisir, car le mal dont elle souffre, le soulèvement de son être d’artiste, sa soif immense, n’est pas la mention d’un égarement qui pourrait être réparé, ni d’un désir attendu. Face aux images de Carmen Calvo, il existe un appel, une sorte de vulnérabilité choisie dans l’agréable théâtre du monde, tout en apportant un non-conformisme radical, tant transcendent que moqueur, toujours critique, qui évoque un jeu permanent en quête de la scission rétinienne, où l’artiste exerce une joyeuse promiscuité de la vision, un délire en extase permanente des images. Croissant en ellipse et s’étendant avec démesure, c’est la recherche du bruit qui erre dans le monde, la proposition d’une saturation, presque paroxystique, des contenus de ses œuvres, fictions sur les fictions devenues fictions qui s’articulent ainsi, à nouveau, comme expropriées dans la peau de la réalité. Il convient de rappeler que l’acception de « beauté » promue par Calvo est moteur d’inquiétudes et se rapporte au sens évoqué par le surréalisme étendu et sans appel vers la création du vingtième siècle : une beauté non exempte de frayeur et donc saisissante. Une magnificence vacillante et pleine de mystère. Beauté convulsive, il ne pourrait en être autrement.

La cohérence des fragments, la congruence du séparé, la libération de la justification formelle dérisoire, sicum Breton, c’est cette « archéologie de l’imaginaire », ce « brusque déploiement » que son cher Georges Duby a vu lorsqu’il a commenté son exposition à Thessa Herold, un déploiement incessant maintenu tout au long de sa trajectoire et qui atteindra la vérité, sa vérité, dans un nouvel ordre proposé par l’artiste, c’est la discipline visuelle qu’il est possible d’atteindre par l’incohérence et les scissions, et pourquoi pas ? C’est sa mémoire singulière, fièrement érigée, faisant l’éloge du disloqué face à la tendance de l’histoire de l’art d’ordonner de manière pacificatrice en transcrivant un discours consécutif, linéaire, aimable et explicable. Cependant, comme disait Warburg, le temps des images est plutôt fantomatique et impur, – raison pour laquelle nous avons qualifié, à de nombreuses reprises, notre artiste d’« impure » –, c’est le temps des survies que Calvo semble incarner. Car cette « impureté » est à la base de sa création, montrant à la fois la capacité à dévaster les notions classiques de l’art d’un temps, le nôtre, habitué à l’étiquetage autour de tel ou tel procédé. Non. Carmen est impure, et aime se revendiquer comme telle, trouvant souvent dans les décharges, dans les soldes des villes, sur le marché du sol, dans les brocantes ou ventes d’occasion, dans les restes offerts par ses proches qui lui sont chers, dans la profondeur des histoires, une partie des éléments avec lesquels elle composera ses tableaux, ses collages d’objets et ses interventions tridimensionnelles. Carmen Calvo a revendiqué, elle le fait toujours, l’émotion en tant que principe, ce que nous rappelle, à la perfection, un de ses titres évoquant l’extinction du temps : « Perder el tiempo comporta una estética » (Perdre le temps comporte une esthétique, 2005). Mais conjointement avec sa passion pour la spoliation et la relique, Calvo revendique la voix sérieuse de l’art, en particulier de son époque, effectuant une recherche permanente autour des procédés les plus contemporains, avec un attachement particulier pour ceux qui ont converti la photographie en un élément de travail quotidien : boîtes de lumière, photographies manipulées, photos collées sur le dessin ou aux images soumises au totus de l’ensemble où se produisent des rencontres disparates.

Êtres enfermés dans la détresse, dans son étrange douceur inhabitée, scindée, comme nous l’avons déjà dit, telle est la fiction du réconfort, apparence et placidité du mensonge au sein du nouvellement érigé dans l’espace : une sorte de nouvelle résurrection des formes et des corps, comme celles sans nom, tentant ou révélant le temps qui fut, exposition d’un autre espace suspendu qui nous précède toujours et qui semble, paradoxalement, évoquer la possibilité d’un autre espace visible. Le secret que Carmen Calvo ne cache pas est peut-être la démesure. Et, d’une certaine façon, cette démesure se retrouve dans sa manière particulière de citer les titres qui semblent parfois se décoller des images qui les portent. Des noms pour in-nommer, ses titres dépassent souvent les attributs que portent les images, leur rhétorique, de telle sorte qu’il semble que les œuvres sont, à nouveau, en suspension. Créer est une tromperie, nous l’avons déjà écrit. Manquant de mots qui expliquent, dépassant les limitations de la commande, semble convenir l’artiste : ce sont les titres, souvent issus de lectures récentes ou de livres qui, séculairement, l’ont impressionnée, comme un retrait ironique des événements qui surviennent autour de son œuvre. Peut-être que ses titres ne saisissent pas telle ou telle œuvre, mais ils finissent par devenir, y compris dans leur discontinuité, un journal particulier de son propre sens du vivre, comme une déclaration qui occupe tout. Et la dérive d’une telle innommabilité nous le rappelle encore une fois : nous nous retrouvons seuls, le silence règne au sein du désert du créé.
Toutefois, tout le travail de Calvo révèle une voracité pour les images, une faim, également, qui n’exclut pas la visibilité et qui incorpore dans ses œuvres ce qui est considéré réel, ce qui est fréquenté ou ce qui provient de son imaginaire particulier, mais aussi la mention du rêve de ce qui s’est évanoui ; nous fermons les yeux indestructibles en quête de son exigence de la révélation dans le visible, un thème dont elle semble également parler, dans un discours lumineux-photographique qui tend à la disparition, à ce qui est difficile à appréhender, avec la coopération de la présence de négatifs des images, comme on peut le voir dans une des œuvres qui illustre les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach (2012). Apophatique, donc, dans ce tâtonnement si plaisant des abîmes, car l’œuvre de Carmen Calvo finit par révéler la difficulté du voir. Somme toute, l’efficacité d’une image exige non pas tant de connaître la littéralité d’une histoire, qui peut être sombre, mais pourrait également conduire à quelque chose que nous savons déjà : que grande partie de l’histoire de l’art est un artifice élevé qui nous introduit, au moyen de ce mécanisme, au manque de réalité du monde visible. Connaissant « El gran teatro del mundo » (Le grand théâtre du monde, 1998), titre vindicatif d’une ancienne œuvre de Calvo, il est capital de souligner en ce point la densité des suggestions qui peuvent s’incarner, pourquoi pas, dans une lecture poétique, une sorte de démonstration voyageuse suspendue au-delà des apparences formelles.

Sortie ouverte par le passage de la nuit, avons-nous écrit. Que tombe la nuit sur l’orchestre, que parlent les images.

Alfonso de la Torre
Février 2016

Mise en page 1

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1 This Quarter, vol. 5, nº 1, IX/1932, p. 55.

2 MUNDI, Jennifer (ed.). Surrealism. Desire Unbound. Princeton : Princeton University Press, 2001, p. 161.

3 BATAILLE, Georges. L’œil. Paris : Documents nº 4, IX/1929, p. 216.

4 BRETON, André-ÉLUARD, Paul. Dictionnaire Abrégé du Surréalisme. Paris : Galerie des Beaux-Arts, 1938. L’acception de Jarry se trouve dans le terme « Vivre ». Version espagnole : Diccionario Abreviado del Surrealismo. Madrid : Ediciones Siruela, 2002, p. 108.

5 « Presintiendo la vela con violencia » (Pressentant la veille avec violence, 2014) est le titre d’une des œuvres qui figurent dans ce catalogue.

6 DERRIDA, Jacques. Aletheia. Dans Artes de lo visible (1979-2004). Pontevedra : Eliago Ediciones, 2013, p. 267. Extrait de Nous avons voué notre vie à des signes…. Bordeaux : William Blake & Co. Edit., 1996, pp. 75-81.

7 « Cette œuvre est, par ailleurs, un traité sur l’art du regard, un sens que tout artiste se doit d’exercer dans son travail. Contempler l’art est un acte personnel, d’une individualité solennelle (…) ». CALVO, Carmen. Goya: los tapices y la artesanía. Madrid. Fundación Amigos del Museo del Prado, 2016, pro manuscripto.

8 Certains des dessins que je cite appartiennent à la série de l’opéra homonyme. Ce qui précède pourrait également être illustré par « Street Scene de Kurt Weill » (2012).

9 Chanson de la plus haute tour (2006).

10 « Les sons musicaux de « Una jaula para vivir » (Une cage pour vivre) proviennent des poupées elles-mêmes. Pleurs, rires, phrases… Il y a des poupées parlantes ». Conversation de cet auteur avec l’artiste, 5/II/2016.

11 Ainsi l’a-t-elle signalé dans le programme « Juego de espejos » (Jeu de miroirs), que nous mentionnons plus loin.

12 À l’occasion de son intervention dans « Otras naturalezas » (Autres natures, 2011), pour ARCOmadrid, Carmen Calvo a utilisé des musiques de différentes provenances, principalement des bandes sonores de films classiques : « Sueurs froides » et « Les oiseaux » (1958) d’Alfred Hitchcock ou « Taxi Driver » (1976) de Martin Scorsese (avec des musiques de Bernard Herrmann) ; « Le voyeur » (1960) de Michael Powell (musique de Brian Easdale) ou « Deux espionnes avec un petit slip à fleurs » (1978) de Jesús Franco. La bande sonore, collage de sons, pouvait être qualifiée de création propre, car Calvo a intégré d’autres éléments divers pris au hasard, comme l’horloge de son atelier. Carmen Calvo, « Entrez, entrez, n’ayez pas peur d’être aveuglés », dans « Otras Naturalezas » (Autres natures), Ámbito Cultural-El Corte Inglés, ARCOmadrid 2011.

13 À ce sujet, nous conseillons d’écouter sa participation au programme espagnol de Radio Clásica, « Juego de espejos » (Jeu de miroirs, RTVE, 27/X/2014). Les musiques choisies par Calvo ont été, dans l’ordre suivant : Claude Debussy (« Nocturnes ») ; Bessie Smith ; Franz Liszt (« Pensée des morts », du cycle « Harmonies poétiques et religieuses ») ; Quincy Jones-Count Basie (« Li’l Ol’ Groovemaker ») ; Igor Stravinsky (« Petrushka ») et Richard Strauss (« Printemps-Frühling ») : http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SJUEGO/mp3/7/7/1414452103977.mp3

14 Tu demandes l’impossible. Carmen n’a jamais menti, son âme est inflexible. « Carmen », Acte IV.

15 BRETON, André-ÉLUARD, Paul. Dictionnaire Abrégé du Surréalisme. Op. cit.

16 DUBY, Georges. Carmen Calvo. De l’esprit à la matière, une archéologie de l’imaginaire, Paris : Galerie Thessa Herold, Primavera 1995, pp. 7-8. Duby avait déjà écrit en 1988 sur l’œuvre de Calvo. DUBY, Georges. Carmen Calvo. Palma de Mallorca : Sala Pelaires, VI/1988. Comme nous avons déjà eu l’occasion de le signaler, il était singulier qu’une jeune artiste prenne la décision d’inviter une gloire de l’histoire, Duby, un médiévaliste reconnu, – historien éclectique, rigoureux et proche, à l’air poétique –, pour rencontrer sa peinture de ce temps.

17 DE LA TORRE, Alfonso. Carmen Calvo. La artista impura. Cuenca : Fundación Antonio Pérez, 2013. « (…) Artiste impure, adjectif qui lui est cher, et qui exprime différentes questions de son travail : le caractère hybride de sa création, sa capacité à s’équiper des moyens d’expression les plus disparates, l’attachement objectal dépareillé, la fréquence avec laquelle elle voyage du dessin ou du collage à la photographie et, depuis celle-ci, nouveau tournant, mentionnant à nouveau la technique découverte par les cubistes. Sans oublier l’utilisation variée de matériaux : minéraux, corporels, papiers, vêtements, céramiques, poupées, objets et restes divers. Également des sons. (…) créons un nouveau monde pour le remettre tout de suite en question, comme si de rien n’était. Quant à « impure », cela évoque aussi quelque chose de plus intense et de plus suggestif, comme un voyage permanent autour de la notion même du péché, si ancrée dans la profondeur de ce que nous sommes, dans la culture hispanique ». Ibíd. p. 11.

18 BONO, Ferrán. La emoción como principio. Madrid : « El País », « Babelia », nº 1107, 9/II/2013, p. 2

19 DE LA TORRE, Alfonso. Carmen Calvo: Crear es un engaño. Fuenlabrada : CEART-Centro de Arte Tomás y Valiente, 2014.

20 DE LA TORRE, Alfonso. Carmencalvilia. Valencia-Madrid : Édition illustrée par l’artiste, 2014. Reproduit dans : DE LA TORRE, Alfonso. Carmen Calvo. La artista impura. Op. cit.