SAMIR DELGADO Y MANOLO MILLARES. UN ESTADO TOTAL DE POESÍA

SAMIR DELGADO Y MANOLO MILLARES. UN ESTADO TOTAL DE POESÍA

 PRÓLOGO AL LIBRO DE SAMIR DELGADO
LAS GEOGRAFÍAS CIRCUNDANTES. TRIBUTO A MANUEL MILLARES
Viceconsejería Gobierno de Canarias. Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl. Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias. XII/2016
 
 
SAMIR DELGADO Y MANOLO MILLARES. UN ESTADO TOTAL DE POESÍA
POR
ALFONSO DE LA TORRE

Son cuadros aéreos, ricos de materia, casi líquidos al tacto en los que

la gracia se mezcla a un estado total de poesía.

Eduardo Westerdahl, “Hablo de tres pintores jóvenes”, “Aguere”, La Laguna, Tenerife, 21/IX/1952

 

  

Encuentro de dos poetas.   Samir Delgado y Manolo Millares, jóvenes ambos procedentes de eso que el poeta José-Augusto França llamó, magicista, las islas de la Atlántida[1].

Versos de Samir con algo de eco. Deliberada voz del escritor redoblada sobre la del pintor, resonante su poesía sobre las arpilleras, tamtam escritural, el poeta deviene un buen lector de la creación y devenir vital de Millares, conservando siempre un eco trágico. Poeta interpelado por las imágenes artísticas, aquí citaremos “Gaspar de la Noche (Fantasías a la manera de Rembrandt y Callot” (1842), de Aloysius Bertrand; las “Iluminaciones” de Rimbaud; el temprano quehacer crítico de Téophile Gautier temprano diecinueve y, claro está, el Baudelaire de “De la couleur”, en su mítico “Salón de 1846”, antecedentes de este poemario.

Escribirá principalmente el poeta canario sobre las pinturas millarescas (también en torno a los artefactos y dibujos), con aire de narración que queda expresada desde el descriptivo título de cada uno de los treinta y seis poemas, mas también los versos portan nervio sobre el mundo del creador, el desvelado por las “Memorias”[2] o su película “Millares 1970”[3].   Entiendo también que la coincidencia de su nacimiento canario, quizás haber transitado por similares lugares en su isla, y su esencia de artista habrán cooperado para que Samir comprenda el devenir de Manolo.

Por eso, en esa suerte de retragedia que recorre en estos versos el devenir vital del artista de las arpilleras, -del “Autorretrato” hasta la descripción poética queda de sus albos yutes finales, de signos desgarbados y trazos casi gutai-, conservan sus poemas un singular, -por inquietante-, temblor: victoria del blanco entre las hogueras del negro, en sus exactas palabras. Poemas sobre un pintor muy vinculado a la poesía, no olvidemos que Millares era hijo del poeta Juan Millares Carló y hermano de vates, Agustín y José María, también el temprano Sixto, este olvidado en la eterna noche del tuberculoso. Amigo de poetas y frecuentador de sus tertulias canarias, él mismo citó con frecuencia a Ventura Doreste[4], era Millares buen lector juvenil de poesía, como confiesa en sus “Memorias”[5]: Valery, Rimbaud[6], Baudelaire, Proust o Tagore son algunos de los poetas citados.

A finales de la década de los cincuenta tendrá ocasión Millares de conocer, de primera mano, la aventura singular de la revista “KWY”, frecuentadora de la poesía, donde colaborará entre 1959 y 1961[7].   Encontrándose también con Frank O’Hara en los años cincuenta, con ocasión de su visita a España y el comisariado, en cooperación con John Ashbery, de la magna muestra nueva pintura española en el MoMA[8]. Exposición ésta de los poetas, devienen voces las millarescas arpilleras, al cabo será O’Hara-poeta, quien refiera también esa cualidad casi hipertextual de los cuadros de Millares, su sentido de voz en grito: eran, dirá, como a far cry, lo hemos subrayado otras veces[9], algo que parecerá reiterar Lasse Söderberg con su poema casi en voz alta, “El grito”, ensordeciéndonos los ojos, dirá el poeta.   Otrosí, subrayado por el visionario André Pieyre de Mandiargues, quien no dudará en subrayar la intensidad de su obra emparentándola con los poetas o místicos de nuestro tiempo[10]. También se encontrará con Rafael Alberti, autor de versos epigonales muy emotivos sobre el pintor canario, recordando aquí la publicación de la carpeta “Mutilados de paz” (1965)[11] y el hermoso poema del final, aquel de “sólo una vez te vi”[12]. Mas le bastó.

Ahora lo importante, fue Manolo Millares artista de timbres muy líricos, creador de poemas de extraordinaria compunción y una prosa de indudable raíz poética.   Sobre lo último ahí está, para quien lo desee, su farsa muy poética “Otro arte o el tiempo perdido” (1957), a mi juicio una de las piezas escriturales centrales de “El Paso”[13] o las barrocas “Memorias de una excavación urbana” (1971), y su brega con la certeza de la letra, como titulamos la impecable reedición reciente hecha por la Galería Guillermo de Osma[14]. En 1948, su primera exposición superrealista en el Museo Canario contará, justamente, con la colaboración de sus hermanos poetas[15]y debe recordarse su colaboración en diversas publicaciones poéticas, de las que quizás sea “Planas de poesía” (1949-1951) la más conocida, el encuentro de LADAC con los poetas, su militancia ZAJ y los homenajes pintados, colaboración o admiración por poetas como: Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Manuel Padorno, Alonso Quesada o Miguel Hernández (entre los que llegan ahora a mi memoria, citados acronológicamente). Lo que hace que el poemario que sigue estas líneas se encuentre, así, casi naturalmente, con el pintor de las arpilleras.

En fin, nada extraño tentar ahondar en la obra de un artista como Millares, creador de formas plásticas, pero también comprometido con la letra, tipófilo he escrito en alguna otra ocasión, generador de inventados misteriosos signos, que llegará incluso a integrar en ocasiones, tal ecos de la escuela del Sur, a sus primeros cuadros. Luego, en especial en la obra sobre papel, su pintura y obra calcográfica quedará impregnada de extrañas escrituras, paroxísticos textos que surcan el papel, a veces hasta, casi, invadirlo, con un algo a lo Artaud o al Michaux que citará Delgado en su poema “4/Abstracto Marino”.

Era demasiado poeta, dirá de él Vicente Marrero, refiriendo su pintura[16], ese aspecto lírico, estado total de poesía, que encabeza la cita de Westerdahl en este texto, o poesía extraña para Cirilo Popovici[17], creador de jeroglíficos para el futuro, referirá otro poeta, Cirlot[18]. Nuestro pintor, poeta de la visión[19], será destacado por los críticos que en los cincuenta le refieran mas, a mi juicio, empero, quedará encajado en un oscuro mundo, casi sin salida, por la crítica de los sesenta.

Ah, y cómo no referir los bellos poemas de Sancho Negro a, por ejemplo, Manuel Rivera[20] o, sobre todos ellos, el que dedicara al joven Manolo Gil[21], otro que partiera pronto, describiendo la soledad de la estancia del pintor a su marcha.     Sí, todo lo anterior nos permite arribar a estos poemas de Samir Delgado, un poeta pareciere consolado por las artes, como dijera Baudelaire sobre Victor Hugo[22]. Ut pictura poesis, parece cita transitada ineludible en este punto.

Delgado cuenta, entre sus referencias, a Eduardo Westerdahl (aquí vuelvo a recordar los homenajes a amigos sin rostro[23] del Millares nerviosamente insularizado, atrapado en su isla antes de la partida a Madrid). Narración de la conmoción del yo ante la pintura[24], siguiendo un texto de este autor, es este un poemario compuesto en tres capítulos: “Las geografías circundantes”, “Los escombros” y “El grito”.   Viajan los poemas entre los cuadros y sus “Memorias”, desde el autorretrato y lo aborigen hasta el inmediato afuera. Ya se dijo, cita Delgado a Michaux, claro, otro artista acostumbrado a que vaguen las escrituras. Zarpa el poeta con el “Alcántara”, el barco de los artistas que porta también al poeta Padorno. Se disuelve el vapor en el aire.   Volver, dijo otro poeta, no siempre significa regreso.

Viajan los versos hacia el mundo y los amigos de Millares, los imaginarios y no, con o sin rostro: Brossa, Antonio Pérez, Alberto Greco (vid. El poema “19/El sillón o Blanco y negro”), Cirlot o Moreno Galván. Así, su poesía será capaz de transportarse desde un notorio aire de compunción, a veces casi sacral, hacia luces surrealizantes, estoy pensando en el muy hermoso poema, casi collage postpostista “10/Grupo El Paso”.   Entre mis poemas favoritos, el que relata la manufactura de sus telas: “la mano y el hilo / tuercen al punzón / su abrigo de junco” (“9/Composición con texturas armónicas) y hallazgos brillantísimos, como esa referencia a “la pandemia del negro” (“13/Cuadro 190 B”)

Segundo capítulo, el del vertedero, asunto sobre el que hemos escrito en ocasiones, casi fijación en Millares desde sus veladas ZAJ[25]. Este era, precisamente, subtítulo de un texto escrito sobre Moreno Galván[26]. Hay hermosas fotografías, oscurísimas, de Millares paseando entre los vertederos madrileños del arrabal, luz de invierno.   Allí le esperan zapatos, latas de sardinas, restos, bidones, con los que compondrá sus cuadros. Vertedero-muy-Pérez, habría que añadir, puesto que muchos de los cuadros que refiere Samir Delgado se hallan colgados en la extraordinaria sala de la Fundación Antonio Pérez, el museo millaresco. Algo lógico, no en vano el canario fue, además de amigo de Antonio, uno de los primeros habitantes de la Cuenca abstracta, como recordara, también, Moreno Galván en “Triunfo”[27].  Otros cuadros de estos capítulos se hallarán en el museo de Zóbel, nuestro primer museo democrático, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Este fue defensor temprano, y también final por lo que hemos leído, del trabajo de Millares, aquí está el relato de la inefable “Galería de la mina” (1965), poema diecisiete que nos recuerda la querencia del pintor por lo oscuro, hondo, por la profundidad abisal y la cueva, la excavación, eso que el poeta llama el “inframundo nigromántico”.

Se presta Delgado, otras veces se apropia en conciencia, de las imágenes millarescas para los poemas. Los de este ciclo central del poemario, -frente al aire más retórico del primer conjunto-, contienen extraordinarios hallazgos, estoy pensando en el hermoso poema sensualizado que dedica Samir al cuadro “14/Divertimento para un político”. Aficionado como soy a los acrósticos, subrayo el dedicado a los artefactos para la paz[28], dos de los cuales se conservan en el museo conquense de Monsieur Pérez, bella la letra, hermoso su final, casi dadá, con números en cuenta atrás y que nos evoca su parentesco, nuevamente, con los de ZAJ. Estamos entre poesía, deformemos la letra, “ArteZAJtos”, acrosticoartezajto podría ser título también dadá de este poema que suena, en su lectura, grueso, con aire de los tanques que recorta Millares en sus álbumes, tan evocadores de esta suerte de objetos barricada.   A ese mundo de poesía visual, cita a Mallarmé toca, hermoso poema concentradísimo y negro, dedicado al imponente tríptico millaresco monocromo “Objeto Negro”, que Millares parecía relacionar, es mi opinión, con un texto escrito por Peter Weiss, ahora el cuadro cuelga en el celdario conquense de las carmelitas, es el poema veintiuno. La tríada de imponentes trípticos negros finales, “De este paraíso” (1969), tal “nudo todopoderoso del negro” (escribirá en el poema veinticinco) será objeto de kis siguientes versos, así el poema veintitrés, prosa poética donde el poeta goza en el negro, en su referirlo con reiteración hasta la hondura (también negra), quintuplicando sus tentáculos, en sus palabras. Estamos ante la verdad del verso, impregnada de la verdad del pintor: “¿Desde este paraíso?”. -dirá otro poeta, França- (,,,) esto es una especie de “Vanitas” porque el paraíso en cuestión, este “Paraíso”, no es sino amenaza, suciedad y muerte (…) Rojo, blanco y negro son los colores de una bandera hecha jirones, inundada de negro, en la que el rojo escasamente gotea, pero donde el blanco espera una oportunidad favorable. Momento de verdad de Manolo Millares”[29]

Al cabo, pintar y amar, es decidir morir un poco, recuerda otro poeta, evocando ahora el poema “18/Asesinato del amor”, sobre el que escribiera, también Juan Perucho, otro poeta más a la lista que hicimos, interesado por el quehacer millaresco. Paroxismo poético, el poeta, Samir, evoca al pintor poeta Millares y su cuadro-homenaje a Miguel Hernández, en el que nuestro joven vate hace surgir a Josefina, tal Penélope a la espera. Es el poema veinteno.

Tiene todo este poemario, como otros de Delgado, un aire metapoético, se deslizan sus poemas desde la resistencia de la imagen hacia la emergencia de la palabra, las imágenes devienen búsquedas poéticas.     Nos deslizamos en este viaje, recordando el viaje era amado por Millares, como símbolo, casi paradigma, de la creación artística.   Vengo de los viajes de Brancusi y Rimbaud, en fecha reciente. Sé que Samir Delgado admira también esta última figura. “22/Humboldt en el Orinoco” refiere al explorador y la aventura viajera, hermosos los versos finales que refieren su periplo del Orinoco al Amazonas, tal Millares.

El poema antes citado de Söderberg dará paso a la última parte de este poemario, también devenido tríptico, como los negros millarescos.   Qué bien le va la palabra citada de su amigo de cenizas, José María Moreno Galván, su poco complaciente amigo, claro: “esas rupturas sangrantes con las leyes de la melodía”, que escribiera en la hermosa monografía que Gustavo Gili publicara en 1970.   Ve música Delgado en el “27/Gran díptico”, que otros, con Juan Manuel Bonet, viéramos evocador de Motherwell.

Culto a las imágenes que, como dijera también Baudelaire[30], nuestro autor glorifica sin detención, embargado en la écfrasis, una suerte de embriaguez o éxtasis por querer pintarlo todo, desde lo visible a lo invisible.

Poesía hasta el final, concluirá sus días Manolo Millares refiriendo a Fray Luis de León cuando encuentre a Pierre Matisse[31].   Se hurtaban las horas del vivir y Samir cierra el círculo: las pinturas tuvieron un espectador que las interpreta, y las transporta al mundo de la palabra. Al cabo, nuestro poeta, en ese proceso, observa también a quienes lo leemos. Y llegados al final, parecen irse adelgazando los poemas de Samir Delgado, según lleguen a término, como las blancas arpilleras de Millares de finales de los sesenta, que fueron deviniendo nada, tras el negro, blanco calcáreo. Vanitas, tal son los poemas veintiocho, dedicado al “Sueño de príncipe” (1970), y treinta, este al “Sarcófago para Felipe II” (1970), el primer cuadro que ingresara en la pinacoteca de las Casas Colgadas[32].

Como los cuadros millarescos, se livianan los poemas, skyline de la antropofauna, describe Delgado, deviene desierto al describir uno de los dibujos de su serie de animales del desierto, con “la vieja osamenta / desleída en su arena” hasta llegar al hermoso final y treinta y seis, casi un numerológico final civil.

Viaje del negro al blanco, el “blanco cerrado / del ojo bajo tierra”, el negro como símbolo de lo “abso-luto”, negro póstumo. Tributo a Manolo Millares.

 

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[1] José-Augusto França escribió en marzo de 2005 un texto dedicado a Elvireta Escobio titulado: “La esperanza oceánica del mundo”, con ocasión de la exposición retrospectiva celebrada ese año en La Coruña, “Manolo Millares. La destrucción y el amor”.

[2] MILLARES, Manolo (transcripción de Juan Manuel Bonet). Manolo Millares. Memorias de infancia y juventud. Valencia: IVAM, 1998,

[3] Película en blanco y negro y color de 22’ 30” de duración. Rodada por Elvireta Escobio y Manolo Millares (1970). Montaje y sonido: Manolo Millares. Música: Pierre Henry (“Expresionisme 1952”: Musique sans titre, Le voile d’Órphée, Tam Tam IV, Astrologie), Pierre Schaeffer (“Trois directions : a/Bruitage-Étude aux chemins de fer, b/Poethique-Étude pathétique, c/Une seule source sonore”) y Pierre Schaeffer y Pierre Henry (“Symphonie pour un homme seul”).

[4] Solía en aquel año de 1947 asistir a las reuniones de poetas en el Café “El Pozo”, sobre el barranco Guiniguada, a las que iban Ángel Johan, Ventura Doreste, Pedro Lezcano, mis hermanos José María y Agustín (…) fue la época en la que hice algunos de los retratos a lápiz para la “Antología cercada”, el primer conjunto de poesía social que se publicaba después de la guerra española, y que han sido tan injustamente olvidado como tal. MILLARES, Manolo. Manolo Millares. Memorias de infancia y juventud. Op. cit. pp. 110-111.

[5] En 1939 Manolo Millares refiere la Lectura de algunos números de “La Pluma” (1920-1923), revista madrileña dirigida por Manuel Azaña: aquellos artículos y poesía, cosa que me producía gran curiosidad e inquietud. Los números, sin embargo, de la revista “España” me entran mejor e inician mis conocimientos artísticos y literarios (…). Sé también de la existencia de Rostand, Valery, Rimbaud, Baudelaire, Proust y de la gran importancia española de Don Francisco Giner de los Ríos y de otras tantas figuras que guardaba la tinta del humor satírico de Bagaría (Íbid., p. 61).   Allí escribieron, entre otros, Luis y Agustín Millares Cubas. Realizan dos revistas: “Racha” y “Viento y Marea”: Hicimos entonces una revista literaria enteramente de artesanía, cuyo primer número -diez ejemplares- iba dedicado a Rabindranath Tagore. La revista “Racha” y en la portada (llevaba) un dibujo mío del poeta indio.   (Íbid., p. 81).

[6] También sé que hacia el viajero y poeta desquiciado Rimbaud siente Samir especial querencia.

[7] Intensa, revista o “Caderno” KWY, una publicación que -en especial en sus inicios- era prácticamente artesanal, realizada en serigrafía bajo diferentes formatos gráficos y distintas periodicidades, e impulsada por René Bèrtholo (Alhandra, 1935 - Cacela, 2005) y Lourdes Castro (Funchal, 1930). KWY tuvo diversos formatos y periodicidades durante su vida editorial, entre 1958 y 1964. Su presencia en el número primero citado, el de 1959, coincidirá con el poeta portugués Pedro Tamen.

En extenso en: DE LA TORRE, Alfonso. Manolo Millares. La imperiosa necesidad de lo nuevo. En Manolo Millares: Catálogo Razonado de Obra Gráfica. Marbella-Toledo-Cuenca-Madrid, 2016: Museo del Grabado Español Contemporáneo, Fundación Antonio Pérez-Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Fundación Juan March.

[8] En 1958 visita España, donde se reúne con el matrimonio Millares, el poeta y conservador del MoMA, Francis Rusell O’Hara, Frank O’Hara, para componer la exposición New Spanish Painting and Sculpture, celebrada en 1960 en The Museum of Modern Art y The Corcoran Gallery.

[9] Escribiría el poeta y conservador del MoMA en el catálogo que Millares, after his earlier periods, began to examine the torn canvas, stitching over the voids, creating harsh and enigmatic encrustations from burlap dipped in whiting, or bandage-like swathes, painted and splattered (…), his works have more and more taken on the aspect of ceremonial vestiges (…) the homunculi series presents a specifically figurative development, a far cry (…) (Frank O’Hara en “New Spanish Painting and Sculpture”, op. cit. p. 9).

[10] (Millares) construit pour notre imagination un théâtre blessant dans l’immediat (…) le rôle de la matière n’est pas gratuit mais complémentaire d’une vision spirituelle aussi intense que celle des poètes ou des mystiques, et, si je ne craignais de les indigner, j’écrirais que ces trois peintres sont peut-être les plus religieux de notre époque. PIEYRE DE MANDIARGUES, André. Des Visionnaires. Paris: “XX Siecle”, Diciembre 1961.   Se refiere este autor, cuando escribe “trois peintres” a Burri, Millares y Tàpies.

[11] Mi pintura debe ser muy sugerente para los poetas, porque todos se deciden a cantarla. SÁEZ, Ramón. Manolo Millares, frente al misterio de su pintura. Madrid: “Arriba”, 26/III/1967

[12] ALBERTI, Rafael. Millares ahora, Roma, otoño de 1972,

[13] MILLARES, Manolo. Otro arte o el tiempo perdido. Madrid: “El Paso”, nº 2, III/1957

[14] Fue firmado por Millares en enero de 1971 y presentado de modo póstumo en Barcelona por Gustavo Gili, en 1973, dentro de su colección “Letras del arte”, donde se habían editado ya libritos de Juan Gris y Pablo Picasso. Se reeditó el pasado 2015 por la galería Guillermo de Osma de Madrid.

[15] El Museo Canario, Exposición Superrealista de Manolo Millares, Las Palmas de Gran Canaria, 22 Noviembre-9 Diciembre 1948

[16] Le interesa un arte no figurativo en la medida que es poético. Una poesía, que con su aparente anarquismo, se somete a los cánones de una geometría deliciosamente arbitraria. Pintura, la suya, constructivista, lineal, con ese secreto, que solo conocen los artistas, capaz de lograr un interior que no sea frío. Considera Manolo Millares que si un cuadro no está dominado por un sentido constructivo, no se ve. Pero es demasiado poeta para no compensar la rigidez de la línea con ternura y con encantamiento. MARRERO, Vicente. Manolo Millares. (Texto en el catálogo de la exposición en la Galería Clan, Exposición Millares, Madrid, 10-25 Noviembre 1955), Madrid, 1955

[17] Este discurso puro de la arpillera viene a ser, así envuelto de no sé qué poesía extraña y suave la revelación de un mundo nuevo de formas y valores.   Pero el conjunto permanece tan plástico, tan libre de artificio, que esto nos hace pensar en un Mondrian redivivo en estos humildes sacos.

Cirilo Popovici, “Manolo Millares”, Revista “Cimaise”, Paris, Marzo-Abril 1957

[18]    Algunas imágenes, menos dolorosas, tienden hacia una abstracción pausada, negra, explícita, descrita incluso, a veces, mediante grafismos que son como los “jeroglíficos del futuro” (…) el llamamiento de la multitud innumerable, sin nombre, sin otro destino que la nada, la sombra y la ceniza.(…)Juan-Eduardo Cirlot, “Millares y la “muerte del hombre”, “La Vanguardia”, Barcelona, 4 de julio de 1968

[19] Lo que explicará su inclusión en la colectiva: Royal Dublin Society y National Museum of Ireland (Mhúsaem na hÉireann), Rosc’67, The Poetry of vision an international exhibition of modern painting and ancien celtic art, Dublin, 14 Noviembre 1967-9 Enero 1968

[20] Con el heterónimo de “Sancho Negro”, “Poema a Manuel Rivera”, “Punta Europa, nº 10, Madrid, X/1956

[21] Manolo Millares, “Elegía a Manuel Gil Pérez”, “Arte Vivo”, nº 3, Valencia, XII/1957

[22] BAUDELAIRE, Charles. L’art romantique. Manchecourt: Flammarion, 1968.

[23] Manolo Millares-Enrique Azcoaga, “El hombre de la pipa”, “Planas de Poesía” nº XIII, Las Palmas, 1951 (11 dibujos de Manolo Millares).   La dedicatoria del libro reza: “a juan antonio gaya nuño, enrique azcoaga, ángel ferrant, rafael santos torroella, tomas seral casas, jorge campos, enrique planas durá, ángel marsá, santi suros, modesto cuixart, sebastián gasch, juan ramón masoliver y eduardo clrlot, amigos sin rostros, por el lenguaje del color y la palabra” (sic.).

[24] DELGADO, Samir. Galaxia Westerdahl. Invitación al museo. Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias.

[25] Y en esta basura indiferente, una lata de sardinas -ya vacía de inmundicias y fines de semana-; un zapato negro, sin suelas ni cordones, desalquilado entre los vertederos de extramuros; un harapo sin alquimias eróticas, gritan su cercanía a los pliegues postreros de la tierra (…) alguien espera que se opere el milagro de una explosión en flor nacida precisamente sobre esa misma tierra-zapato-lata-harapo-basura que hacen el montón tácito de nuestra preclara historia.

Manolo Millares, “Velada Zaj” (o “Esto está hecho así y asao”), Galería Divulgaçao, Lisboa, Marzo de 1965. Dos Versiones [Manolo Millares, “Zaj” (o “Esto está hecho así y asao”), Madrid, Marzo de 1965]. Reproducido en el catálogo de la exposición de Millares en el Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, 1975, s/p, p. 117

[26] José María Moreno Galván: montando nuevamente la estructura de nuestra modernidad o, mejor, del vertedero a la modernidad. O, mejor, del vertedero a la modernidad.

[27] MORENO GALVÁN, José María. Visitas al arte español: Pintores en Cuenca. Triunfo, 25/IX/1965, nº 173, pp. 30-37.

[28] La primera noticia sobre la realización de los artefactos u objetos (objetos sin nombre) se la daba Manolo Millares al crítico Enrico Crispolti en carta del 21 de noviembre de 1960, en la que le citaba su preocupación por la supresión del bastidor de los lienzos, realizando unas obras “que no vienen a ser ni cuadros ni esculturas”.   Tras la realización de sus objetos, “objetos sin nombre”, en torno a 1960, entre 1964 y 1965 Millares trabaja con Alberto Greco, en casa de este último, sobre viejas estructuras de sillones para crear lo que llamaría “artefactos al 25” contraconmemorando las celebraciones oficiales de los veinticinco años “de paz”.   Realiza una serie de tres que después se denominaron “Artefactos para la paz” y que se expusieron por primera vez en la galería Edurne (“Edurne, Estudio de Arte”) de Madrid en una sola jornada de mayo de 1965. Una de estas obras será presentada posteriormente a un círculo reducido de amigos el 11 de noviembre de 1965 en una velada en el taller-jardín de Martín Chirino donde bajo el impulso de Juan Hidalgo y Walter Marchetti (grupo ZAJ) organizan una velada musical.

[29] José-Augusto França, “Millares or the white victory”, texto en el catálogo de la exposición del artista en Pierre Matisse Gallery, New York, 1974 en “Escritos de Millares y otros textos”, Ediciones Rayuela, Madrid, 1975, p. 34

[30] BAUDELAIRE, Charles. Op. Cit. p. 432. Y la cita que concluye este párrafo en Íbid. P. 308

[31] El matrimonio Millares visita a primeros de septiembre de 1969 a Pierre Matisse en Cap Ferrat (Niza).   Durante dicha estancia inicia la serie “Antropofauna”.   Una casa hermosa (con) una terraza colgada sobre el agua (“Memorias de infancia y juventud”, op. cit., p. 140), en donde -rodeados de obras de Picasso, Miró, Matisse, Giacometti- conversan largamente sobre pintura, Castilla, Fray Luis de León… Cuando marchan, escribe el poeta Millares, el sol se mete ya por detrás de los riscos de Niza y Cap Ferrat, como un lagarto brumoso sobre un azul oscurecido, queda atrás (Íbid, p. 141).

[32] Zóbel adquiría en octubre de 1963 el fundamental “Sarcófago para Felipe II”, tras descartar otra ofrecida por Millares, y ya referida, “Divertimentos para un político” (1963).   Fernando Zóbel describía, con mucha admiración, la obra vista en el estudio de Manolo en su cuaderno de apuntes: un díptico grande que representa un sarcófago, el cadáver de Felipe II (…) con toda su pobreza y con toda la brutalidad de la materia, es de una elegancia impresionante. La diferencia entre pop-art y Millares es que Millares estetiza, compone. El susto no es el asunto, es más bien una propina o algo parecido. Él mismo lo dice: El neodadá no me interesa lo más mínimo. (AAVV, “Zóbel”, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Ediciones Aldeasa, Madrid, 2003, p. 220).