MANOLO MILLARES-2016-POEMAS-PRÓLOGO

MANOLO MILLARES-2016-POEMAS-PRÓLOGO

Texto publicado en el catálogo
MANOLO MILLARES. REMONTANDO LA COMETA DE SUS SUEÑOS
Madrid: Ediciones del Umbral. Colección Invisible, nº2, XII/2016
  

MANOLO   MILLARES-REMONTANDO LA COMETA DE SUS SUEÑOS-[ ANTOLOGÍA POÉTICA (1953-1970) ]
PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE SUS POEMAS

 

El propio carro de mis ideas, hacia donde LA COMETA DE MIS SUEÑOS SE remonta brillante en el espacio.
Manolo Millares, 1953.

 

Manolo Millares fue un pintor embargado por la poesía.   Recuérdese hijo del poeta Juan Millares Carló y hermano de vates, Agustín y José María, también el breve Sixto, joven olvidado en la eterna noche del tuberculoso[1]. Amigo de poetas y frecuentador de sus tertulias canarias, citó con frecuencia a Ventura Doreste y a Pedro Lezcano[2], buen lector juvenil de poesía como confiesa en sus “Memorias”[3]: Valery, Rimbaud, Baudelaire, Proust o Tagore son algunos de los poetas de infancia y juventud.   No será extraño, por tanto, que la poesía acabara encontrándose con su pintura y que ya en 1953 Sebastià Gasch refiera “plasticidad y poesía” en la obra de Manolo Millares[4] o que Vicente Marrero escribiera también que “le interesa un arte no figurativo en la medida que es poético. Una poesía que, con su aparente anarquismo, se somete a los cánones de una geometría deliciosamente arbitraria. Pintura, la suya, constructivista, lineal, con ese secreto, que solo conocen los artistas, capaz de lograr un interior que no sea frío. Considera Manolo Millares que si un cuadro no está dominado por un sentido constructivo, no se ve. Pero es demasiado poeta para no compensar la rigidez de la línea con ternura y con encantamiento”[5]. “No sé qué poesía extraña”, sentenciará Popovici en 1957[6], redundando en el quehacer de un pintor incluido en un par de ediciones de las míticas exposiciones irlandesas Rosc, célticas, muestras sobre la poesía de la visión[7].

Encontrándose también con Frank O’Hara en los años cincuenta, con ocasión de su visita a España y el comisariado, en cooperación con John Ashbery, más poetas, de la magna muestra nueva pintura española en el MoMA[8].   Exposición ésta que, claro, he venido llamando de los poetas, devienen voces las millarescas arpilleras, al cabo será O’Hara-poeta, quien refiera también esa cualidad casi hipertextual de los cuadros de Millares, su sentido de voz en grito: eran, dirá, como a far cry[9], algo que parecerá reiterar Lasse Söderberg con su poema casi voz alta, “El grito”, ensordeciéndonos los ojos, dirá el poeta.   Otrosí, subrayado el mundo dolorido de Millares por el visionario André Pieyre de Mandiargues, quien no dudará en subrayar la intensidad de su obra emparentándola con poetas o místicos de nuestro tiempo[10]. También se encontrará el pintor con Rafael Alberti, quien ya le dedicara la revista “Realidad”, “con una amistosa dedicatoria”[11] y autor de versos epigonales muy emotivos sobre el pintor canario, recordando aquí la publicación de la carpeta “Mutilados de paz” (1965)[12] y hermosos versos póstumos a Manolo, tal aquel de “sólo una vez te vi”[13]. Mas le bastó, dirá el poeta.

A finales de la década de los cincuenta tendrá ocasión Millares de conocer, de primera mano, la aventura singular de la revista “KWY”, frecuentadora de la poesía, donde colaborará el canario entre 1959 y 1961[14].   Es muy posible que ese encuentro haya conmocionado su escritura proporcionando a MIllares un valioso acercamiento a las nuevas tendencias que revelaba esta experimentoartesanal publicación. Mediante esta revista o “caderno” Millares pudo ser protagonista del viaje de ese tiempo, simbolizado en los primeros números, entre el informalismo y los nuevos realistas. Y me parece que algo de ese aire nuevo se deja ver en la escritura de Millares, en ese tiempo.

Ahora lo importante, fue Manolo Millares artista de timbres muy líricos, creador de poemas de extraordinaria compunción y una prosa de indudable raíz poética.   Lo refería recientemente con Elvireta Escobio: a veces es difícil discernir dónde esté realmente la poesía en Millares, si en sus formas poéticas o en sus prosas tan cuajadas de poesía. Así sucede con su farsa muy poética “Otro arte o el tiempo perdido” (1957), a mi juicio una de las piezas escriturales centrales de “El Paso”[15] o ciertos fragmentos, tan temblorosos, de las barrocas “Memorias de una excavación urbana” (1971), y su brega con la certeza de la letra, como titulamos la impecable reedición reciente bilingüe de la Galería Guillermo de Osma[16], ciertos pasajes de este libro son pura poesía.

En 1948, su primera exposición superrealista en el Museo Canario contará, justamente, con la colaboración de sus hermanos poetas[17]y debe recordarse su presencia en diversas publicaciones poéticas, de las que quizás sea “Planas de poesía” (1949-1951) la más conocida, el encuentro de LADAC con los poetas, su amistad con Lourdes Castro y René Bèrtholo, la militancia ZAJ y los homenajes pintados, retratos, colaboración o admiración por poetas como: Federico García Lorca[18], Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Manuel Padorno, Juan Perucho, Alonso Quesada o Miguel Hernández (entre los que llegan ahora a mi memoria, citados acronológicamente).

En 1965 presenta su obra en Pierre Matisse Gallery (Nueva York): “’Los mutilados de paz’, paintings on canvas and paper 1963-1965”. La exposición incluía la carpeta citada “Mutilados de paz”, ilustrada con el poema de Rafael Alberti. El bello catálogo, con portada con agujeros troquelados, contenía un texto de José-Augusto França: “Millares, or the advance into white” que suponía el primer encuentro serio, tras conocerse en 1961, de Manolo Millares con un crítico que era, también, notable poeta. El “mutilado de paz”, a quien Millares dedica in absentia la exposición es otro poeta, su padre, fallecido el año anterior[19], no siendo extraño que el propio Alberti, recordando luego a nuestro artista, le calificara de “pintor del día doloroso y la noche, de la paz mutilada”[20].    Sobre el poeta mutilado, el canario escribió: “su calidad intelectual, su inteligencia y su sensibilidad poética nos llenó siempre de claridad, alimentando nuestra propia sangre y nuestras ideas con esa parte de la que hoy me siento deudor. Le estoy muy agradecido”[21].

En fin, nada extraño referir la poesía de un artista como Millares, creador de formas plásticas, pero también comprometido con la letra, tipófilo he escrito en alguna otra ocasión, generador de inventados misteriosos signos, que llegará incluso a integrar en ocasiones, tal ecos de la escuela del Sur, a sus primeros cuadros. Luego, la obra sobre papel, pintura y obra calcográfica, quedarán frecuentemente impregnadas de extrañas escrituras, paroxísticos textos que surcan el papel, a veces hasta, casi, invadirlo, con algo a lo Artaud o Michaux

Poeta, también, de los títulos, en una extraordinaria concentración lírica. ¿O no son ya bellos poemas títulos de pinturas como: “Asesinato del amor” (1966); “De este paraíso” (1968-1969) o “Sueño de un príncipe”.

Era demasiado poeta, dirá de él Vicente Marrero, refiriendo su pintura[22], ese aspecto lírico, aquel estado total de poesía sería también señalado por Westerdahl[23], recordando la extrañeza poética de su quehacer, para Cirilo Popovici[24]. Creador de jeroglíficos para el futuro, referirá otro poeta, Cirlot[25]. Nuestro pintor, poeta de la visión[26], será bien reconocido por los críticos que en los cincuenta le refieran.

Aquí siguen los bellos poemas de Sancho Negro, heterónimo poético donde los haya, soñador y castizo. El extraordinario y extenso, dedicado a Manuel Rivera[27] o, sobre todos ellos, el concentradísimo que dedicara Millares al joven Manolo Gil[28], otro artista que partiera pronto, jovencísimo. Describe en él la soledad de la estancia del pintor a su marcha.     Ut pictura poesis, parece cita transitada ineludible en este punto. El bello poema dedicado a Pollock, viajero con la letra hacia la mancha o el similar, recorriendo tacha y papel, paroxismo lírico que dedica a Mathieu.

Mira Manolo el mar, es el atardecer, en Niza.   “El sol se mete ya por detrás de los riscos de Niza y Cap Ferrat, como un lagarto brumoso sobre un azul oscurecido, queda atrás”.   Poesía hasta el final, concluirá sus días Manolo Millares refiriendo a Fray Luis de León cuando encuentre a Pierre Matisse[29].   Se hurtaban las horas del vivir, el poeta pintor había remontando brillante el espacio, la cometa de sus sueños.

 

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[1] MILLARES SALL, Sixto. Noche Eterna. Las Palmas: Colección para 30 bibliófilos-J. M. Trujillo, nº 13, 1945. Introducción de Juan Millares.

[2] Solía en aquel año de 1947 asistir a las reuniones de poetas en el Café “El Pozo”, sobre el barranco Guiniguada, a las que iban Ángel Johan, Ventura Doreste, Pedro Lezcano, mis hermanos José María y Agustín (…) fue la época en la que hice algunos de los retratos a lápiz para la “Antología cercada”, el primer conjunto de poesía social que se publicaba después de la guerra española, y que han sido tan injustamente olvidado como tal. MILLARES, Manolo (transcripción de Juan Manuel Bonet). Manolo Millares. Memorias de infancia y juventud. Valencia: IVAM, 1998, pp. 110-111.

[3] En 1939 Manolo Millares refiere la Lectura de algunos números de “La Pluma” (1920-1923), revista madrileña dirigida por Manuel Azaña: aquellos artículos y poesía, cosa que me producía gran curiosidad e inquietud. Los números, sin embargo, de la revista “España” me entran mejor e inician mis conocimientos artísticos y literarios (…). Sé también de la existencia de Rostand, Valery, Rimbaud, Baudelaire, Proust y de la gran importancia española de Don Francisco Giner de los Ríos y de otras tantas figuras que guardaba la tinta del humor satírico de Bagaría (Íbid., p. 61).   Allí escribieron, entre otros, Luis y Agustín Millares Cubas. Realizan dos revistas: “Racha” y “Viento y Marea”: Hicimos entonces una revista literaria enteramente de artesanía, cuyo primer número -diez ejemplares- iba dedicado a Rabindranath Tagore. La revista “Racha” y en la portada (llevaba) un dibujo mío del poeta indio.   (Íbid., p. 81).

[4] GASCH, Sebastià. Plasticidad y poesía en la obra de Manolo Millares. Madrid: “Índice”, IX/1953.

[5] MARRERO, Vicente. Manolo Millares (Texto en el catálogo de la exposición en la Galería Clan, Exposición Millares, Madrid, 10-25 Noviembre 1955), Madrid, 1955.

[6] Este discurso puro de la arpillera viene a ser, así envuelto de no sé qué poesía extraña y suave la revelación de un mundo nuevo de formas y valores.   Pero el conjunto permanece tan plástico, tan libre de artificio, que esto nos hace pensar en un Mondrian redivivo en estos humildes sacos.

POPOVICI, Cirilo. Manolo Millares. Paris: Revista “Cimaise”, Marzo-Abril 1957.

[7] Royal Dublin Society y National Museum of Ireland (Mhúsaem na hÉireann), Rosc’67, The Poetry of vision an international exhibition of modern painting and ancien celtic art, Dublin, 14 Noviembre 1967-9 Enero 1968 y Rosc’71, The Poetry of vision an international exhibition of modern painting and ancien celtic art, Dublin, 14 Noviembre 1971-9 Enero 1972.

[8] En 1958 visita España, donde se reúne con el matrimonio Millares, el poeta y conservador del MoMA, Francis Rusell O’Hara, Frank O’Hara, para componer la exposición New Spanish Painting and Sculpture, celebrada en 1960 en The Museum of Modern Art y The Corcoran Gallery.

[9] Escribiría el poeta y conservador del MoMA en el catálogo que Millares, after his earlier periods, began to examine the torn canvas, stitching over the voids, creating harsh and enigmatic encrustations from burlap dipped in whiting, or bandage-like swathes, painted and splattered (…), his works have more and more taken on the aspect of ceremonial vestiges (…) the homunculi series presents a specifically figurative development, a far cry (…) (Frank O’Hara en “New Spanish Painting and Sculpture”, op. cit. p. 9).

[10] (Millares) construit pour notre imagination un théâtre blessant dans l’immediat (…) le rôle de la matière n’est pas gratuit mais complémentaire d’une vision spirituelle aussi intense que celle des poètes ou des mystiques, et, si je ne craignais de les indigner, j’écrirais que ces trois peintres sont peut-être les plus religieux de notre époque. PIEYRE DE MANDIARGUES, André. Des Visionnaires. Paris : “XX Siecle”, Diciembre 1961.

[11] MILLARES, Manolo. Manolo Millares. Memorias de infancia y juventud, op. cit. p. 129.

[12] Mi pintura debe ser muy sugerente para los poetas, porque todos se deciden a cantarla. SÁEZ, Ramón. Manolo Millares, frente al misterio de su pintura. Madrid: “Arriba”, 26/III/1967

[13] Rafael Alberti, “Millares ahora”, Roma, otoño de 1972

[14] Intensa, revista o “Caderno” KWY, una publicación que -en especial en sus inicios- era prácticamente artesanal, realizada en serigrafía bajo diferentes formatos gráficos y distintas periodicidades, e impulsada por René Bèrtholo (Alhandra, 1935 - Cacela, 2005) y Lourdes Castro (Funchal, 1930). KWY tuvo diversos formatos y periodicidades durante su vida editorial, entre 1958 y 1964. Su presencia en el número primero citado, el de 1959, coincidirá con el poeta portugués Pedro Tamen.   En extenso en: DE LA TORRE, Alfonso. Manolo Millares. La imperiosa necesidad de lo nuevo. En Manolo Millares. Catálogo Razonado de Obra Gráfica. Marbella-Toledo-Cuenca-Madrid, 2016: Museo del Grabado Español Contemporáneo, Fundación Antonio Pérez-Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Fundación Juan March.

[15] MILLARES, Manolo. Otro arte o el tiempo perdido. Madrid: “El Paso”, nº 2, III/1957.

[16] Fue firmado por Millares en enero de 1971 y presentado de modo póstumo en Barcelona por Gustavo Gili, en 1973, dentro de su colección “Letras del arte”, donde se habían editado ya libritos de Juan Gris y Pablo Picasso. Se reeditó el pasado 2015 por la galería Guillermo de Osma de Madrid.

[17] El Museo Canario, Exposición Superrealista de Manolo Millares, Las Palmas de Gran Canaria, 22 Noviembre-9 Diciembre 1948

[18] Galleri Latina, Millares, Stockholm, 12 Octubre-1 Noviembre 1964. Catálogo con texto introductorio biográfico (anónimo), poema “Cueva” de Federico García Lorca y documentación. 8 pp. (s/p), 1 il. b/n

[19] Manolo Millares era hijo Juan Millares Carló (1895-1965) “rubicundo y colorado, unos ojos azules detrás de una redonda montura de color peine”.   Profesor y poeta, hijo de Agustín Millares Cubas y hermano de Agustín Millares Carló. “Hombre alto, de iniciada panza y pelo rubio sobre pronunciada calva”, profesor auxiliar de Filosofía y Letras en el Instituto de Enseñanza Media. Su madre, Dolores Sall, una mujer menuda a quien la prole numerosa “no le merma en su belleza (…) no es inteligente pero tiene carácter (y cierta sensibilidad para la música). Mi padre es inteligente pero carece de carácter” (MILLARES, Manolo. Manolo Millares. Memorias de infancia y juventud, op. cit. p. 21). Sobre éste añadió en sus Memorias, y sirve para entender el término “mutilado de paz”: “Mi padre no servía -ni sirvió nunca- para luchar en circunstancias adversas (…) era en cierto modo un hombre débil y este mismo fallo -pese a ser un hombre inteligente y de una gran bondad- hizo de él una víctima arrastrada por la desgracia que nunca logró remontar. Esta misma situación de su carácter le obligaba a evadirse y la bebida fue uno de sus medios de combatir la cortedad (…) pasando por alto este mal menor, guardo de mi padre el más hermoso de los recuerdos ya que siempre le tuve en el más alto concepto. Su calidad intelectual, su inteligencia y su sensibilidad poética nos llenó siempre de claridad, alimentando nuestra propia sangre y nuestras ideas con esa parte de la que hoy me siento deudor. Le estoy muy agradecido a Don Papas (nombre familiar que le dábamos a mi padre) (por) lo que de él aprendí en humanidad. De él nos queda su vida y no su muerte” (Ibíd. p. 52).

[20] Ibíd.

[21] MILLARES, Manolo. Manolo Millares. Memorias de infancia y juventud, op. cit. p. 52.

[22] Le interesa un arte no figurativo en la medida que es poético. Una poesía, que con su aparente anarquismo, se somete a los cánones de una geometría deliciosamente arbitraria. Pintura, la suya, constructivista, lineal, con ese secreto, que solo conocen los artistas, capaz de lograr un interior que no sea frío. Considera Manolo Millares que si un cuadro no está dominado por un sentido constructivo, no se ve. Pero es demasiado poeta para no compensar la rigidez de la línea con ternura y con encantamiento. MARRERO, Vicente. Manolo Millares. Op. cit.

[23] Son cuadros aéreos, ricos de materia, casi líquidos al tacto en los que la gracia se mezcla a un estado total de poesía. WESTERDAHL, Eduardo. Hablo de tres pintores jóvenes. La Laguna, 21/IX/1952,

[24] Este discurso puro de la arpillera viene a ser, así envuelto de no sé qué poesía extraña y suave la revelación de un mundo nuevo de formas y valores.   Pero el conjunto permanece tan plástico, tan libre de artificio, que esto nos hace pensar en un Mondrian redivivo en estos humildes sacos. POPOVICI, Cirilo. Manolo Millares. Op. cit.

[25] Algunas imágenes, menos dolorosas, tienden hacia una abstracción pausada, negra, explícita, descrita incluso, a veces, mediante grafismos que son como los “jeroglíficos del futuro” (…) el llamamiento de la multitud innumerable, sin nombre, sin otro destino que la nada, la sombra y la ceniza.(…). CIRLOT, Juan-Eduardo. Millares y la “muerte del hombre. Barcelona: “La Vanguardia”, 4 de julio de 1968

[26] Lo que explicará su inclusión en las citadas colectivas, ya citadas, Rosc.

[27] MILLARES, Manolo. Con el heterónimo de “Sancho Negro”. Poema a Manuel Rivera. Madrid: “Punta Europa, nº 10, X/1956.

[28] MILLARES, Manolo. Elegía a Manuel Gil Pérez. Valencia: “Arte Vivo”, nº 3, XII/1957

[29] El matrimonio Millares visita a primeros de septiembre de 1969 a Pierre Matisse en Cap Ferrat (Niza).   Durante dicha estancia inicia la serie “Antropofauna”.   Una casa hermosa (con) una terraza colgada sobre el agua (“Memorias de infancia y juventud”, op. cit., p. 140), en donde -rodeados de obras de Picasso, Miró, Matisse, Giacometti- conversan largamente sobre pintura, Castilla, Fray Luis de León… El fragmento citado sobre la marcha, tal lagarto brumoso, en Íbid, p. 141.